CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

jueves, 12 de abril de 2012

JUSTICIA HUMANA, CIVIL O DIVINA?

Me acabo de sobrecoger al ver la salida de los juzgados, de Sor María Gómez Valbuena, hija de la caridad (?), y supuestamente responsable del robo de bebés en aquellos años difíciles.

Me sobrecojo por dos motivos, por ella misma ahora en su ancianidad, y por la responsabilidad que se le imputa, y de la es víctima al menos dos personas; la madre robada y la propia niña desaparecida.

Ver ahora a esta señora salir del juzgado con su hábito puesto, anciana y protegida por la policía casi da pena; sobre todo porque la han insultado duramente una vez montada en el coche, y eso es tan deleznable como el crimen que se le atribuye.

¿Hubiera esperado esta mujer que de aquellos hechos ahora por demostrar, tendría que rendir cuentas ante la justicia de los hombres?

¿Cómo mitigó las decisiones tomadas entonces? ¿Con la confesión ante un sacerdote?

Está claro que tuvo que tener su escrúpulo al participar de aquellos actos, pero no está claro el nivel moral de su mente, para desarrollar semejante ética.

A la próxima que tengas, también te la voy a quitar por adultera. Le dijo esta monja a la mujer que le acusa de robarle a su hija.

En definitiva, la justicia de los hombres no pasa por caminos distintos a la justicia de Dios. ¿Cuál será la opinión de los obispos y de la jerarquía eclesiástica española?

¿Pensará el obispo de Alcalá –que excepto a sí mismo, a todos nos puso a caldo el viernes santo- que de estas monjas tendría que tener la iglesia varios millones, para ser flagelo del pecado?

Señores obispos, amigos todos, todo es animado por el espíritu, todo.

No utilicemos al espíritu y a la norma para lo que exclusivamente nos conviene.

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - RECORRIDO HACIA LA FE


RECORRIDO HACIA LA FE
2 Pascua (B) Juan 20, 19-31
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
Estando ausente Tomás, los discípulos de Jesús han tenido una experiencia inaudita. En cuanto lo ven llegar, se lo comunican llenos de alegría: "Hemos visto al Señor". Tomás los escucha con escepticismo. ¿Por qué les va creer algo tan absurdo? ¿Cómo pueden decir que han visto a Jesús lleno de vida, si ha muerto crucificado? En todo caso, será otro.

Los discípulos le dicen que les ha mostrado las heridas de sus manos y su costado. Tomás no puede aceptar el testimonio de nadie. Necesita comprobarlo personalmente: "Si no veo en sus manos la señal de sus clavos... y no meto la mano en su costado, no lo creo". Solo creerá en su propia experiencia.

Este discípulo que se resiste a creer de manera ingenua, nos va a enseñar el recorrido que hemos de hacer para llegar a la fe en Cristo resucitado los que ni siquiera hemos visto el rostro de Jesús, ni hemos escuchado sus palabras, ni hemos sentido sus abrazos.

A los ocho días, se presenta de nuevo Jesús a sus discípulos. Inmediatamente, se dirige a Tomás. No critica su planteamiento. Sus dudas no tienen nada de ilegítimo o escandaloso. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le entiende y viene a su encuentro mostrándole sus heridas.

Jesús se ofrece a satisfacer sus exigencias: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano, aquí tienes mi costado". Esas heridas, antes que "pruebas" para verificar algo, ¿no son "signos" de su amor entregado hasta la muerte? Por eso, Jesús le invita a profundizar más allá de sus dudas: "No seas incrédulo, sino creyente".

Tomás renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo experimenta la presencia del Maestro que lo ama, lo atrae y le invita a confiar. Tomás, el discípulo que ha hecho un recorrido más largo y laborioso que nadie hasta encontrarse con Jesús, llega más lejos que nadie en la hondura de su fe: "Señor mío y Dios mío". Nadie ha confesado así a Jesús.

No hemos de asustarnos al sentir que brotan en nosotros dudas e interrogantes. Las dudas, vividas de manera sana, nos salvan de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, sin crecer en confianza y amor. Las dudas nos estimulan a ir hasta el final en nuestra confianza en el Misterio de Dios encarnado en Jesús.

La fe cristiana crece en nosotros cuando nos sentimos amados y atraídos por ese Dios cuyo Rostro podemos vislumbrar en el relato que los evangelios nos hacen de Jesús. Entonces, su llamada a confiar tiene en nosotros más fuerza que nuestras propias dudas. "Dichosos los que crean sin haber visto". 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

RESUCITO Y NOS PRECEDE AL MUNDO ENTERO

¡¡¡feliz Pascua de Resurrección, amigos y amigas!!!




lunes, 9 de abril de 2012

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - Misterio de esperanza

 

MISTERIO DE ESPERANZA


Domingo de Resurrección (B) Juan 20, 1-9

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

ECLESALIA,

Creer en el Resucitado es resistirnos a aceptar que nuestra vida es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándonos en Jesús resucitado por Dios, intuimos, deseamos y creemos que Dios está conduciendo hacia su verdadera plenitud el anhelo de vida, de justicia y de paz que se encierra en el corazón de la Humanidad y en la creación entera.

Creer en el Resucitado es rebelarnos con todas nuestras fuerzas a que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo han conocido en esta vida miseria, humillación y sufrimientos, queden olvidados para siempre.

Creer en el Resucitado es confiar en una vida donde ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podremos ver a los que vienen en pateras llegar a su verdadera patria.

Creer en el Resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas sin salud, enfermos crónicos, discapacitados físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión, cansadas de vivir y de luchar. Un día conocerán lo que es vivir con paz y salud total. Escucharán las palabras del Padre: "Entra para siempre en el gozo de tu Señor".

Creer en el Resucitado es no resignarnos a que Dios sea para siempre un "Dios oculto" del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos. Lo encontraremos encarnado para siempre gloriosamente en Jesús.

Creer en el Resucitado es confiar en que nuestros esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no se perderán en el vacío. Un día feliz, los últimos serán los primeros y las prostitutas nos precederán en el Reino.

Creer en el Resucitado es saber que todo lo que aquí ha quedado a medias, lo que no ha podido ser, lo que hemos estropeado con nuestra torpeza o nuestro pecado, todo alcanzará en Dios su plenitud. Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor.

Creer en el Resucitado es esperar que las horas alegres y las experiencias amargas, las "huellas" que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que hemos construido o hemos disfrutado generosamente, quedará transfigurado. Ya no conoceremos la amistad que termina, la fiesta que se acaba ni la despedida que entristece. Dios será todo en todos.

Creer en el Resucitado es creer que un día escucharemos estas increíbles palabras que el libro del Apocalipsis pone en boca de Dios: "Yo soy el origen y el final de todo. Al que tenga sed, yo le daré gratis del manantial del agua de la vida". Ya no habrá muerte ni habrá llanto, no habrá gritos ni fatigas porque todo eso habrá pasado.

 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

viernes, 30 de marzo de 2012

MI ENCUENTRO CON JOSÉ MARÍA CASTILLO Y JOSE ANTONIO PAGOLA

DOS ESPERADOS ABRAZOS
“Tenemos que trabajar, para superar las barreras de una iglesia descristianizada […], demasiado atenta al pecado de las personas, aun cuando Jesús hizo de la acogida y la compasión, el elemento primordial de su mensaje y su vida”
(José Antonio Pagola)

Bueno, amigos y amigas.
Le dije ayer a José María Castillo tras un fuerte y esperado abrazo, “José María, me siento junto a usted, como un hincha del atlético tras la portería”. A lo cual, el respondió con una sonora carcajada.
(José Mª Castillo y Floren de Estepa)

Sinceramente os digo, que menos mal que el regusto y la alegría del día de ayer, me acompaña hoy y durante toda la semana santa, porque el día de hoy ha sido demasiado largo.

Pero el caso es que ayer, pues marche a Granada junto a mi hermano Jesús, para asistir a la conferencia de José Antonio Pagola en el Centro Mediterráneo – Universidad de Granada, invitado por el doctor en teología José María Castillo, que me invitó al acto.

El curso en sí mismo se titula, “Diez miradas sobre la crisis global”. Y la mirada de ayer a investigar, era la mirada de Jesús, expuesta por Pagola. La sala habitual de conferencias se quedó pequeña y nos trasladaron al aula magna, donde tuvo lugar la disertación.

No sé de quienes lean estas líneas, quienes han leído a Pagola, pero se pueden imaginar la clarividencia de esta magnífica persona en directo. Nos expuso pinceladas a groso modo sobre economía, campo que admitió no dominar, pero cuyas realidades no desconoce. Y planteó la mirada de Jesús desde tres gritos concretos que desmenuzó, concentrándose en los desfavorecidos del mundo, como causa y objetivo primordial del Reino de Dios.

Tuve oportunidad de agradecerles en público sus testimonios, al plantearles una pregunta, y me alegro como un colegial de poder decir que a mi identificación como Floren de Estepa, reaccionaron con inusitada alegría y una calorosa acogida.
(José Antonio Pagola y Floren de Estepa)

Mi pregunta fue la siguiente:

Sr. Pagola. Usted habla de países capitalistas, y entiendo que si el papa acude a Cuba como cabeza de un estado, y considerando a la iglesia capacitada para captar recursos –cosa a lo que nadie le gana-, podemos considerar a la iglesia desde el vaticano, corresponsable en la crisis mundial establecida. Siendo esto así Sr.Pagola, son muchos los cristianos que no nos sentimos en comunión con la iglesia, al ver sus quejas con el pago del IBI, querer zafarse de sus responsabilidades con los distintos estados, y requiriendo el mantenimiento de obsoletos privilegios y prebendas. ¿Nos puede usted dar un consejo o una orientación, para mantener la ilusión y la esperanza, dentro de la comunidad eclesial?
(De nuevo Pagola y Floren)

Pagola: Estimado Floren, mi esperanza no está en la iglesia. Tenemos que superar por nosotros mismos, las barreras de una iglesia descristianizada. La comunidad de los creyentes es demasiado plural, como para pedirnos a todos que nos ciñamos a unas reglas concretas, siendo tan variada la vida y las personas. Yo no te voy a dar un consejo, yo te voy a expresar cual es el fundamento de mi esperanza e ilusión. JESÚS. Es la única receta posible. Un Jesús con los brazos extendidos a todos y a todas. Un Jesús que no soñó con una iglesia sacralizada, ni con una religión determinada. Mi ilusión está en un Jesús, que es la prefiguración o la misma encarnación, de Dios hecho materia humana, carne. Y que nos espera en el mundo.

Esta fue más o menos la respuesta, a la cual respondimos todos con un sonoro aplauso. Por cierto, nos recito una interpretación propia del Padre Nuestro de Jesús, que casi lloramos de emoción.

En fin, luego tras la conferencia pudimos tener unos minutos de tertulia y ya quedé con José María en el final de Abril, para su conferencia en Estepa.

LA REFORMA Y LA HUELGA - JOSÉ ARREGUI

La reforma y la huelga



En esto que llaman la crisis económica, me siento como perdido en medio del mar, sin faro en la tierra ni estrella en el cielo, y sin una roca en el fondo adonde echar el ancla. ¿Por qué estamos donde estamos? ¿Sabemos exactamente dónde estamos? Y si la latitud y la longitud son tan inseguras, ¿cómo sabremos el rumbo a seguir? Es una profunda crisis económica que revela una crisis espiritual más profunda todavía.
Vamos en una pobre barquita, pero es la barquita de todos –empresarios y asalariados y parados de toda la Tierra, y estos sauces y estos herrerillos felices que estrenan la primavera, ajenos a nuestra crisis; ajenos no, pues nada nos es ajeno–. Si no nos salvamos todos, todos nos perderemos. Y quien crea salir con vida mientras su hermano se muere, ya está muerto en su humanidad. Cuidemos entre todos nuestra pobre barquita a la deriva.
“La crisis impone una reforma laboral”, dicen. Pues bien, aun sabiendo que el margen de este gobierno español en Europa es estrecho –¿acaso no sabían antes que era igualmente estrecho el margen del gobierno anterior?–, me atrevo a afirmar: esta reforma laboral no cuida nuestra pobre barquita común, y no la puedo aceptar.
Alguna reforma laboral será necesaria, no lo discuto. No hace falta ser un lince para ver que aquí ha habido mucha irresponsabilidad en el trabajo: trabajadores que no trabajan, que defraudan cuanto pueden y cogen bajas sin escrúpulos para irse a esquiar. Pero ¿alguien piensa de verdad que ha habido más abuso de trabajadores que de patronos? Sea como fuere, esta reforma no puede es el remedio. Más bien da pábulo a toda clase de abusos por parte del patrono.
“Es preciso mejorar la competitividad”, se dice: bajar el salario, endurecer la jornada, acomodar el funcionamiento a las exigencias del mercado, facilitar la movilidad (si te mandan a Laponia, vete a Laponia, tierra maravillosa por cierto, donde a veces el cielo se vuelve una danza de colores)… ¿La competitividad? De acuerdo, pero no a cualquier precio. No al precio de arrojar por la borda a los más débiles de la barquita, y que se hundan en el mar (con ellos nos hundiremos todos tarde o temprano). Inventemos una forma de competir que no sepulte a las personas y a los pueblos. Vosotros que tenéis los mayores resortes para hacerlo, inventad otra economía: una economía no dirigida a producir y ganar y consumir lo más posible, sino a distribuir lo mejor posible y dar de comer a todos.
“Es preciso flexibilizar el despido en época de crisis”, se dice también, y uno tiene la impresión de que eso es, en definitiva, lo que busca esta reforma: no ya solamente flexibilizar y abaratar el despido, sino simple y llanamente de permitir el despido libre. El pretexto es la creación del empleo en esta coyuntura de grave de crisis, pero el despido libre ya era la aspiración de muchos patronos, los peores, en tiempos de bonanza. Que un empresario pueda echar gente a la calle, sin indemnización alguna, alegando solamente una previsión de pérdida de ganancias o de disminución de ventas durante tres trimestres consecutivos… es cruel e inhumano. (¿Y razonable? ¿Es económicamente razonable? Si empobrecen a los trabajadores, no sé a quién venderán los fabricantes sus productos…).
Se me erizan los pelos cuando oigo a algunos empresarios felicitarse por esta Reforma. Pero me horrorizo más todavía cuando veo… que el cardenal Rouco, presidente de la Conferencia Episcopal Española, mediante una carta a todos sus sacerdotes de Madrid, ha desautorizado una crítica que la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) había elaborado contra esta reforma. Al fin y al cabo, un gobierno de derecha que promueve esta reforma o unos empresarios que se felicitan por ella defienden sus intereses, que no son los de la pobre gente. Pero ¿qué intereses y a quién defiende el cardenal Rouco cuando no acepta ni siquiera que se critique la reforma laboral? Sus intereses no son los de Jesús. Lo digo rotundamente. ¿Entonces qué? Será que está diciendo al gobierno de Rajoy: “Tú me das dinero, tú me aseguras la enseñanza de la religión católica en la escuela pública, tú me reformas la ley del aborto… y yo te salvaré los votos”. Pero eso es como la bofetada que dio el sumo sacerdote a Jesús en el Sanedrín, es como la burla que le hizo la guardia romana en el Pretorio, es como la lanzada del soldado en la cruz.
La cosa sigue. Anteayer me horroricé cuando supe que el obispo de Bilbao, Mario Iceta, ha prohibido al secretario diocesano de pastoral obrera firmar un documento de la HOAC y de la JOC (Juventud Obrera Católica) de Bizkaia a favor de la huelga general del próximo día 29. ¿Quién es el obispo para prohibir tal firma? ¿A quién defiende el obispo? Quizás no haya leído nunca los sermones de san Ambrosio de Milán, san Agustín, san Gregorio de Nisa, san Basilio o san Juan Crisóstomo defendiendo a los pobres contra los abusos de los ricos. Ni la Mater et Magistra de Juan XXIII: “Si el funcionamiento y las estructuras de un sistema productivo ponen en peligro la dignidad del trabajador, o debilitan su sentido de responsabilidad, o le impiden la libre expresión de su iniciativa propia, hay que afirmar que este orden económico es injusto” (n. 83). Ni la Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II: “La huelga puede seguir siendo medio necesario, aunque extremo, para la defensa de los derechos y el logro de las aspiraciones justas de los trabajadores” (n. 68).
Una huelga general no es una medida deseable, y menos en una situación económica tan crítica como la presente. Pero, a veces, la situación puede hacerse tan crítica que no hay más remedio que hacerla más crítica todavía, y a lo peor nos hallamos en esa situación. Por algún lado hay que romper este círculo vicioso, y ahora menos que nunca podemos consentir que vuelva a romperse como siempre por el lado del más débil. ¿Que esta huelga puede empeorar más todavía el drama del más débil? Puede ser, y me asusta. Pero si fuera así, a lo mejor habrá que pensar en hacer otra huelga. ¿Hasta cuándo? Hasta que todos reconozcamos la dignidad del más débil, hasta que juntos inventemos otro modelo más digno para todos. Si todos queremos, podemos. Y no podemos cejar hasta que todos queramos y entre todos podamos.
Señores banqueros, empresarios, presidentes, y también vosotros, hermanos obispos: no nos impidáis este sueño despierto. Si lo impedís, será la ruina de todos. Será la ruina del sueño de Dios.
¡Ojalá sea ésta la última huelga y no sea necesaria ninguna más! ¡Ojalá baste para que todos entendamos hasta dónde es justo acatar las órdenes de la señora Merkel y del señor Sarkozy, servidores sumisos del dios Mamón y de todos sus agentes! ¡Ojalá sirva para que juntos secundemos la sagrada divisa inscrita en el origen de nuestra historia: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”! Con sudor, sí, pero ganarás. Con sudor, sí, pero con dignidad.
Entonces encenderíamos un farito en la tierra, una estrellita en el cielo, y el ancla de la esperanza nos sostendría. Y estaríamos de regreso a un paraíso por estrenar.

Para orar. “DEJA LA CURIA, PEDRO”
Deja la curia, Pedro,
desmantela el sinedrio y la muralla,
ordena que se cambien todas las filacterias impecables
por palabras de vida, temblorosas.
Vamos al Huerto de las bananeras,
revestidos de noche, a todo riesgo,
que allí el Maestro suda la sangre de los Pobres.
La túnica inconsútil es esta humilde carne destrozada,
el llanto de los niños sin respuesta,
la memoria bordada de los muertos anónimos.
Legión de mercenarios acosan la frontera de la aurora naciente
y el César los bendice desde su prepotencia.
En la pulcra jofaina Pilatos se abluciona, legalista y cobarde.
El Pueblo es sólo un «resto»,
un resto de Esperanza.
No Lo dejemos sólo entre guardias y príncipes.
Es hora de sudar con Su agonía,
es hora de beber el cáliz de los Pobres
y erguir la Cruz, desnuda de certezas,
y quebrantar la losa—ley y sello— del sepulcro romano,
y amanecer
de Pascua.
Diles, dinos a todos,
que siguen en vigencia indeclinable
la gruta de Belén,
las Bienaventuranzas
y el Juicio del amor dado en comida.
¡No nos conturbes más!
Como Lo amas,
ámanos,
simplemente,
de igual a igual, hermano.
Danos, con tus sonrisas, con tus lágrimas nuevas,
el pez de la Alegría,
el pan de la Palabra,
las rosas del rescoldo…
…la claridad del horizonte libre,
el Mar de Galilea ecuménicamente abierto al Mundo.
(Pedro Casaldáliga)

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - IDENTIFICADO CON LAS VÍCTIMAS

IDENTIFICADO CON LAS VÍCTIMAS
Domingo de Ramos (B) Marcos 14, 1¬15,47

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
Ni el poder de Roma ni las autoridades del Templo pudieron soportar la novedad de Jesús. Su manera de entender y de vivir a Dios era peligrosa. No defendía el imperio de Tiberio, llamaba a todos a buscar el reino de Dios y su justicia. No le importaba romper la ley del sábado ni las tradiciones religiosas, solo le preocupaba aliviar el sufrimiento de las gentes enfermas y desnutridas de Galilea.

No se lo perdonaron. Se identificaba demasiado con las víctimas inocentes del imperio y con los olvidados por la religión del templo. Ejecutado sin piedad en una cruz, en él se nos revela ahora Dios, identificado para siempre con todas las víctimas inocentes de la historia. Al grito de todos ellos se une ahora el grito de dolor del mismo Dios.

En ese rostro desfigurado del Crucificado se nos revela un Dios sorprendente, que rompe nuestras imágenes convencionales de Dios y pone en cuestión toda práctica religiosa que pretenda dar culto a Dios olvidando el drama de un mundo donde se sigue crucificando a los más débiles e indefensos.
Si Dios ha muerto identificado con las víctimas, su crucifixión se convierte en un desafío inquietante para los seguidores de Jesús. No podemos separar a Dios del sufrimiento de los inocentes. No podemos adorar al Crucificado y vivir de espaldas al sufrimiento de tantos seres humanos destruidos por el hambre, las guerras o la miseria.
Dios nos sigue interpelando desde los crucificados de nuestros días.
No nos está permitido seguir viviendo como espectadores de ese sufrimiento inmenso alimentando una ingenua ilusión de inocencia. Nos hemos de rebelar contra esa cultura del olvido, que nos permite aislarnos de los crucificados desplazando el sufrimiento injusto que hay en el mundo hacia una "lejanía" donde desaparece todo clamor, gemido o llanto.

No nos podemos encerrar en nuestra "sociedad del bienestar", ignorando a esa otra "sociedad del malestar" en la que millones de seres humanos nacen solo para extinguirse a los pocos años de una vida que solo ha sido muerte. No es humano ni cristiano instalarnos en la seguridad olvidando a quienes solo conocen una vida insegura y amenazada.

Cuando los cristianos levantamos nuestros ojos hasta el rostro del Crucificado, contemplamos el amor insondable de Dios, entregado hasta la muerte por nuestra salvación. Si lo miramos más detenidamente, pronto descubrimos en ese rostro el de tantos otros crucificados que, lejos o cerca de nosotros, están reclamando nuestro amor solidario y compasivo.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

martes, 27 de marzo de 2012

EN EL ÁNIMO DE LA SOLEDAD


CENTINELA, ¿QUÉ HAY DE LA NOCHE?

Solo una cinta en flor guarda el entorno
de la garita, libres los ejidos.
Tarda la lluvia, pero en el bochorno
ya estalla nuestra sed de redimidos.


Para que Dios se vea Dios ahora,
hay que ir haciendo el Reino, a contramano
de cualquier otro reino; y es la hora
de que este mundo lobo sea humano.


¿Qué fue del latifundio, centinela?
¿Qué hay de la esperanza, compañeros?
La noche de los pobres está en vela


y el Dueño de la tierra ha decretado
abrir todos los surcos y graneros,
porque el eón del lucro ya ha pasado.


(Pedro Casaldáliga)

sábado, 24 de marzo de 2012

32 AÑOS DE TESTIMONIO, DE VIDA ETERNA, DE LIBRE OPCIÓN POR CRISTO. OSCAR ROMERO



A los 32 años de su asesinato, y dejando un reguero de santidad y testimonio martirial, el Vaticano no le considera Santo.
Por mi parte, sigo las huellas de este gran hombre.
Unas huellas de libertad, que dejó impresas en el pueblo salvadoreño, latinoamericano, y en la humanidad que se siente apretada y oprimida.

jueves, 22 de marzo de 2012

EL ATRACTIVO DE JESÚS


EL ATRACTIVO DE JESÚS

5 Cuaresma (B) Juan 12, 20-33
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA


Unos peregrinos griegos que han venido a celebrar la Pascua de los judíos se acercan a Felipe con una petición: «Queremos ver a Jesús». No es curiosidad. Es un deseo profundo de conocer el misterio que se encierra en aquel hombre de Dios. También a ellos les puede hacer bien.
A Jesús se le ve preocupado. Dentro de unos días será crucificado. Cuando le comunican el deseo de los peregrinos griegos, pronuncia unas palabras desconcertantes: «Llega la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre». Cuando sea crucificado, todos podrán ver con claridad dónde está su verdadera grandeza y su gloria.
Probablemente nadie le ha entendido nada. Pero Jesús, pensando en la forma de muerte que le espera, insiste: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». ¿Qué es lo que se esconde en el crucificado para que tenga ese poder de atracción? Sólo una cosa: su amor increíble a todos.
El amor es invisible. Sólo lo podemos ver en los gestos, los signos y la entrega de quien nos quiere bien. Por eso, en Jesús crucificado, en su vida entregada hasta la muerte, podemos percibir el amor insondable de Dios. En realidad, sólo empezamos a ser cristianos cuando nos sentimos atraídos por Jesús. Sólo empezamos a entender algo de la fe cuando nos sentimos amados por Dios.
Para explicar la fuerza que se encierra en su muerte en la cruz, Jesús emplea una imagen sencilla que todos podemos entender: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». Si el grano muere, germina y hace brotar la vida, pero si se encierra en su pequeña envoltura y guarda para sí su energía vital, permanece estéril.
Esta bella imagen nos descubre una ley que atraviesa misteriosamente la vida entera. No es una norma moral. No es una ley impuesta por la religión. Es la dinámica que hace fecunda la vida de quien sufre movido por el amor. Es una idea repetida por Jesús en diversas ocasiones: Quien se agarra egoístamente a su vida, la echa a perder; quien sabe entregarla con generosidad genera más vida.
No es difícil comprobarlo. Quien vive exclusivamente para su bienestar, su dinero, su éxito o seguridad, termina viviendo una vida mediocre y estéril: su paso por este mundo no hace la vida más humana. Quien se arriesga a vivir en actitud abierta y generosa, difunde vida, irradia alegría, ayuda a vivir. No hay una manera más apasionante de vivir que hacer la vida de los demás más humana y llevadera. ¿Cómo podremos seguir a Jesús si no nos sentimos atraídos por su estilo de vida?

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

LO NUEVO DE PAGOLA - EL CAMINO ABIERTO POR JESÚS "LUCAS"

No hace mucho comuniqué la publicación de Pagola, EL CAMINO ABIERTO POR JESÚS, "MARCOS", publicado por Descleé de Brouwer. Sin lugar a dudas, interpretación fidedigna de los evangelios, desde una perspectiva humana, didáctica e histórica.
Hoy la buena noticia nos la ofrece Religión Digital, al comunicarnos que como la edición de Mateo, editorial PPC, publica a Pagola el libro nuevo en el que disecciona el texto de Lucas.

No dejéis de buscar a Jesús, junto a José Antonio Pagola. Es algo que para la vida de un cristiano, merece autenticamente la pena.

Esta obra, que recoge algunos de los muchos comentarios a los textos de los cuatro evangelios publicados por el autor, se titula El camino abierto por Jesús. Está redactada con la finalidad de ayudar a entrar por la senda abierta por Jesús, centrando nuestra fe en el seguimiento a su persona. Un libro que nace de la voluntad de recuperar la Buena Noticia de Jesús para los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
El evangelio de Lucas es probablemente el más atractivo. El primero que hemos de leer para descubrir con gozo a Jesús, el Salvador enviado por Dios «para buscar y salvar lo que estaba perdido». Al mismo tiempo es el más accesible para captar el mensaje de Jesús como Buena Noticia de un Dios compasivo, defensor de los pobres, curador de los enfermos y amigo de pecadores.

Abrazos pues.

miércoles, 21 de marzo de 2012

LA PALABRA, LO MÁS IMPORTANTE

LA SALADA, COMPLETAS. 19 Marzo, Lunes

La Palabra, lo más importante

Solo una simple reflexión al término de este día de San José, a pesar de que esta reflexión no se fundamente en la nombrada festividad. Eso no quita que manifieste mis mejores deseos con los “Josés” y las Josefas. El caso es que hoy es día de San José y se conmemoran los 200 años de la primera constitución democrática y liberal. Aquella que sentaría las bases para nuestra Carta Magna Española, y otras constituciones de países, algunos de ellos muy influyentes en el mundo.
Hace unos días, se nos informaba a los ciudadanos, de que el original de la constitución de 1812, “La Pepa”, viajaba desde la Cámara Baja (Madrid), con unas medidas de seguridad impresionantes a la ciudad de Cádiz. Toda una protección para una insigne obra de arte y símbolo del país, que consiste en un cúmulo de folios escritos, que desarrollan el articulado constitucional. Todo un merito para los de entonces y una ocasión para congratularnos los de ahora. Códigos civiles que velan por el cumplimiento de las constituciones, jueces y policías que velan por el cumplimiento del orden establecido…etc.
Esta reflexión sobre la Pepa,  es parte de las conclusiones que he sacado personalmente del escrito de fray Zurera Ribó, en el boletín de semana santa de la hermandad estepeña de El Calvario. Escrito que me ha gustado bastante. Denota el amigo y franciscano, la necesidad de profundizar, agudizar los sentidos y edificar nuestras diversas comunidades, en la Palabra de Dios, como norma de vida. Casi como norma constitucional, me atrevo a añadirle yo. Y desde este pensamiento, recuerdo unas palabras de hace muchos años, con un amigo cura que se fue al cielo, y como sabéis fue mi mentor en la fe cristiana junto a mis padres. Son muy pocas las personas, que conocían la faceta moderada y progresista –intelectual y litúrgicamente hablando- de Manuel Santos Ortega. Cura a la antigua usanza, conocedor del latín perfecto y cura de sotana casi hasta el concilio. Sin embargo, desde su apariencia no traslucía lo que guardaba auténticamente en su interior. Por la estrecha amistad que nos unía –hermoso vinculo heredado de mis padres-, siempre vislumbré en este amigo cura, unas posibilidades excepcionales respecto de su concepción moral y de fe, respecto de muchas cosas. Algo que confirme en vida de Manuel Santos, cuando de su mano heredé la mayoría de sus libros. Voy al asunto de la Palabra. Viajó una vez a Madrid, y me decía que le gustaba de entrar en todas las iglesias que veía abiertas, pues era una autentica catequesis la devoción popular de las distintas comunidades cristianas. Me comento fascinado, que en una parroquia junto a la mesa del altar, había un ambón de cara al público, con una gran biblia abierta en el. Me dijo que le fascino, el ver a la gente que junto al saludo del sagrario, acudían a aquel ambón a besar la biblia, como signo de respeto y consideración hacia la Palabra de Dios. Todo esto me lleva a decir algo archi-repetido, la Palabra es para muchos miembros de nuestras comunidades, el furgón de cola, pues casi tenemos su utilización cedida a los sacerdotes o intelectuales. Error total, pues la Palabra de Dios siendo accesible a toda persona, debe ser escrutada, leída e interpretada responsablemente por quienes deseen acceder a ese depósito de fe, que es la espina dorsal sobre el que fundamentamos el “Kérigma”, o enseñanza vital o esencial de Jesús. ¿Nuestras hermandades de nuestra ciudad? Bueno, hacen lo que pueden. Hay grandes focos de juventud, a los cuales merece la pena mostrar la Palabra de Dios, desde un plano evangélico, por Dios no desde la dogmatización, pues de ser así los perderíamos. Pero llamo la atención aquí sobre algo. De los muchos enseres que tienen, maravillosos y bien conservados, y que procesionan por las calles de nuestra ciudad de Estepa, creo que puede faltar uno. Es  curioso como muchas hermandades miran constantemente a Sevilla como modelo de procesionar y otros asuntos cofrades. Y sin embargo, a pesar de los muchos estandartes, banderas, trompetas, faroles, pertigueros…etc.; aun no he visto ni oído, que una hermandad procesione de una manera digna la Palabra de Dios, y aun menos que la trate debidamente al comienzo de su cabildo. Sé que esto último lo hacen muchas hermandades, pero lamentablemente no es la tónica general.

En definitiva, como dice el teólogo José Arregui, “la palabra es la finitud donde Dios se nos revela, y desde esa finitud debemos hacer el hombre y la mujer de cada tiempo nuestro propio punto de partida”.

Aprendamos de la Palabra. La civil, la sagrada, la que podemos hacer vida y que nos humanice al leerla al construirla, al enseñarla. Que por medio de la contemplación de la palabra, seamos seres de salvación, para que por el trabajo de nuestras manos, nuestros prójimos vean la salvación de un Dios hombre, y sus posibilidades de resucitar.

martes, 20 de marzo de 2012

viernes, 16 de marzo de 2012

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - MIRAR AL CRUCIFICADO

MIRAR AL CRUCIFICADO
4 Cuaresma (B) Juan 3, 14-21

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 14/03/12.- El evangelista Juan nos habla de un extraño encuentro de Jesús con un importante fariseo, llamado Nicodemo. Según el relato, es Nicodemo quien toma la iniciativa y va a donde Jesús «de noche». Intuye que Jesús es «un hombre venido de Dios», pero se mueve entre tinieblas. Jesús lo irá conduciendo hacia la luz.
Nicodemo representa en el relato a todo aquel que busca sinceramente encontrarse con Jesús. Por eso, en cierto momento, Nicodemo desaparece de escena y Jesús prosigue su discurso para terminar con una invitación general a no vivir en tinieblas, sino a buscar la luz.
Según Jesús, la luz que lo puede iluminar todo está en el Crucificado. La afirmación es atrevida: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna». ¿Podemos ver y sentir el amor de Dios en ese hombre torturado en la cruz?
Acostumbrados desde niños a ver la cruz por todas partes, no hemos aprendido a mirar el rostro del Crucificado con fe y con amor. Nuestra mirada distraída no es capaz de descubrir en ese rostro la luz que podría iluminar nuestra vida en los momentos más duros y difíciles.
Sin embargo, Jesús nos está mandando desde la cruz señales de vida y de amor.
En esos brazos extendidos que no pueden ya abrazar a los niños, y en esa manos clavadas que no pueden acariciar a los leprosos ni bendecir a los enfermos, está Dios con sus brazos abiertos para acoger, abrazar y sostener nuestras pobres vidas, rotas por tantos sufrimientos.

Desde ese rostro apagado por la muerte, desde esos ojos que ya no pueden mirar con ternura a pecadores y prostitutas, desde esa boca que no puede gritar su indignación por las víctimas de tantos abusos e injusticias, Dios nos está revelando su "amor loco" a la Humanidad.
«Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». Podemos acoger a ese Dios y lo podemos rechazar. Nadie nos fuerza. Somos nosotros los que hemos de decidir. Pero «la Luz ya ha venido al mundo». ¿Por qué tantas veces rechazamos la luz que nos viene del Crucificado?
Él podría poner luz en la vida más desgraciada y fracasada, pero «el que obra mal... no se acerca a la luz para no verse acusado por sus obras». Cuando vivimos de manera poco digna, evitamos la luz porque nos sentimos mal ante Dios. No queremos mirar al Crucificado. Por el contrario, «el que realiza la verdad, se acerca a la luz». No huye a la oscuridad. No tiene nada que ocultar. Busca con su mirada al Crucificado. Él lo hace vivir en la luz.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

LA SEMANA SANTA... Y MÁS

Algunos que lean estas palabras, sobre todo los de edad o que se relacionaran directamente con el culto litúrgico en semana santa, puede que recuerden unas pequeñas ediciones de la B.A.C. tituladas "Subsidia litúrgica para la semana santa", que a modo de manual, hacían más cercana las celebraciones del triduo pascual a la gente que en el participan.
Eso era a modo litúrgico, explícitamente hablando.
Hoy os recomiendo un libro, que viene a ser una ventana a la esperanza para vivir de una manera fresca y renovada, la Semana Santa.

Es de fácil lectura, ameno, bien documentado y sobre todo desde un plano profundo y espiritual como solo sabe hacerlo el padre Arroniz. En Estepa lo distribuye Mª Carmen Mesa.

LA SEMANA SANTA ...Y MÁS
La vida cristiana es, radicalmente, Vida pascual. Vivir cristianamente es actualizar en la propia vida los Misterios de Cristo. La Pascua es el núcleo de la vida eclesial. Todo el dinamismo pastoral y litúrgico de los creyentes y de las comunidades procede de esta fuente que riega abundantemente la historia de la salvación.

Por ello la espiritualidad medular de los cristianos no es otra que la identificación con Cristo muerto, resucitado y glorificado. El bautismo, asumido, nos ha de impulsar a compenetrarnos con Él para irradiar con entusiasmo el alcance pujante de la Redención.

No obstante, se comprueba una presencia menguante en las celebraciones pascuales, mientras esos mismos días las calles se llenan de gentes que miran, admiran y aplauden el derroche de las Cofradías y Hermandade. Sorprende aún más la reducida asistencia a la Vigilia Pascual, como si fuera una convocatoria para grupos selectos… ¿Por qué no celebrar los Misterios de la fe con la intensidad de las primeras comunidades cristianas? ¿Por qué no disfrutar con mayor difusión comunitaria el Misterio de Cristo resucitado? Este libro orienta y estimula en esta perspectiva.


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