CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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martes, 3 de noviembre de 2015

CARTA ABIERTA AL CONSEJERO DE SALUD DE LA JUNTA DE ANDALUCÍA

Carta abierta al Ilmo. Sr. Consejero de Salud de la Junta de Andalucía, Don Aquilino Alonso Miranda
Señor Consejero, muy buenas tardes desde Estepa (Sevilla)

Quien le escribe es alguien que observa el mundo desde la pequeñez de su vida, desde la cotidianeidad y el quehacer de su pueblo. Y en la sucesión de los días y las horas, tiene uno en ocasiones la oportunidad de palpar con su propia mano las alegrías y sinsabores que la vida proporciona a cada persona, en función de sus circunstancias concretas.


Hoy he sido testigo de la desesperación de una mujer, que desde hace años solicita una ayuda concreta para que su marido “gran dependiente” tenga una vida lo más digna posible y la ayuda no acaba de llegar. La espera –como dice la señora- no es que se pueda llamar larga, sino que es lo siguiente. Ella admite que desde que la solicitó, por Estepa han pasado tres alcaldes, por la Junta han pasado dos presidentes, por España han pasado dos reyes y por Roma han pasado tres Papas.

Puede que suene a broma, pero el caso es serio. No tengo los pormenores del caso de esta señora y su marido dependiente; pero me dirijo a usted para que tenga la bondad de interesarse por el caso y se haga cargo de esta necesidad concreta, porque la realidad indiscutible es que esa ayuda tan necesaria no llega.

Sr. Consejero, le planteo esto no porque estemos en pre-campaña electoral, no. Aunque todos somos conscientes de que para el pueblo nunca llueven los jamones como en campaña. Le escribo porque soy consciente de que esta familia lo está pasando mal. Y por muchas que sean las necesidades en los 87.268 km² que abarca nuestra comunidad autónoma, debemos de hacer todo lo posible para que la vida de los andaluces y andaluzas sea lo más digna posible.

Le pido esto como ciudadano y como socialista, pues nada podemos prometer si dejamos a la gente al borde del camino que supone la prolongación en el tiempo de una resolución o ayuda concreta mientras la gente vive a trancas y barrancas e incluso muere esperando. Espero que usted y nuestro gobierno autónomo tengan la suficiente sensibilidad como para ayudar a una familia concreta; lo cual supondrá un orgullo para los que en ustedes pusimos nuestra confianza.

Un saludo cordial desde Estepa (Sevilla)

Fdo. Florencio Salvador Díaz Fernández.

P.D. La carta ha sido enviada al Consejero a las 18:45h del día de la publicación en este blog.

lunes, 13 de enero de 2014

DIOS NO CASTIGA A NADIE - JOSÉ MARÍA CASTILLO, TEÓLOGO

Desde hace unos días, se comenta (entre indignación y escándalo) lo que ha dicho recientemente el párroco de un pueblo de León, asegurando tranquilamente que el cáncer, que sufre un conocido político del PSOE, podría ser “un castigo de la Divina Providencia”, por causa de la condición homosexual del mencionado político. 

Más allá del disparate, que entraña semejante afirmación, la injustificada (y nunca demostrable) opinión de este sacerdote nos lleva derechamente a afrontar una pregunta de ésas que tocan fondo en asuntos de religión. La pregunta es ésta: ¿Dios puede ser vengativo y castigador?Más concretamente: el Dios en el que creemos los cristianos, el Dios que se nos reveló en Jesús, ¿puede utilizar la venganza y el castigo contra aquellos a los que considera pecadores o indignos por el motivo que sea? No entro aquí en el juicio que pueda hacerDios de la homosexualidad. En cualquier caso, afirmar que la condición homosexual es una perversión que merece un castigo divino, que se traduce en los sufrimientos de un cáncer, representa un disparate tan monumental como indemostrable. ¿De dónde sabe ese cura que Dios castiga la homosexualidad con los padecimientos de un cáncer?
Pero no es esto lo más grave que ha dicho el mencionado clérigo de la diócesis de León. Lo peor de todo ha sido presentar a Dios como justiciero, vengativo y agente de castigos que nos estremecen de miedo. El Dios que nos enseña el Evangelio, ¿puede ser un Dios vengativo y castigador?
En los evangelios, el término “castigo” (“dikê”) ni se menciona. Y el verbo “castigar” o “vengar” (“ekdikéô”) sólo aparece en la parábola de la viuda que pide justicia (Lc 18, 3 ss). Es verdad que, en los escritos de Pablo, se habla de la venganza de Dios (2 Tes 1, 8; Rom 12, 19 s; cf. Deut 32, 35. 43). Pero será bueno saber que, cuando Pablo habla de Dios, se refiere al Dios de Abrahán y a las promesas hechas a Abrahán (Gal 3, 16-21; Rom 4, 2-20) (U. Schnelle, Paulus. Leben und Denken, Berlin 2003, 56). Y sobre todo es fundamental recordar que el Dios, al que se refiere Jesús, es el Padre bueno que no hace distinción entre buenos y malos, entre justos e injustos (Mt 5, 43-48). Es, además, el Padre que acoge al perdido y al extraviado, sin reprenderle ni pedirle explicaciones, haciéndole fiesta en el colmo de su alegría (Lc 15, 11-32). Pero, sobre todo, cuando los cristianos hablamos de Dios, jamás deberíamos olvidar que la definición que se nos da de ese Dios se reduce a que “es amor” (1 Jn 4, 8. 16). Ahora bien, si Dios se define esencialmente por el amor a los demás, sean quienes sean y vivan como vivan, eso quiere decir que Dios no sabe, ni quiere, ni puede hacer otra cosa que no sea amar y hacer felices a los seres humanos, como bien ha hecho notar el prof. A. Torres Queiruga.
Por eso, deberíamos distinguir cuidadosamente que no es lo mismo castigar que corregir. El castigo es “un fin en sí”; y no tiene, ni puede tener, otra finalidad que hacer sufrir. Es lo más opuesto a cualquier forma de bondad y amor. La corrección es “un medio” (doloroso o desagradable) para obtener un fin posterior, que siempre es positivo y gozoso. Por eso, los padres corrigen a sus hijos, los maestros a sus alumnos. Jesús no castigó a los fariseos cuando les dijo que eran “hipócritas”. Como tampoco castigó a Pedro cuando lo calificó de “¡Satanás!” (Mt 16, 27 par). En éstos - y en tantos otros casos - Jesús no actuó como “castigador”, sino como “corrector” del que sólo pretende el bien y la dicha de aquellos a quienes corrige.
De ahí que podemos (y debemos) preguntarnos: ¿es compatible la existencia del infierno con la bondad y el amor que definen a Dios? Si el infierno, por definición, es eterno, eso quiere decir que el infierno no puede ser medio para nada ulterior. El infierno es lo último y definitivo. El Dios, que hace y mantiene el infierno, no puede ser sino un Dios castigador, un Dios que jamás podría ser definido como amor. Por lo demás, el Magisterio de la Iglesia no ha definido nunca, como dogma de fe, la existencia del infierno. Lo que la Iglesia ha dicho es quien muere en pecado mortal, se condena. Pero la misma Iglesia no ha dicho (ni puede decir) de nadie que una persona concreta haya muerto en pecado mortal. Digamos, pues, con más lógica y más humildad, que el lenguaje metafórico del fuego, las tinieblas exteriores y el rechinar de dientes no pasan de ser formas de expresión que nos dicen que Dios es justo y hace justicia. Pero, ¿cómo la hace? Eso, nadie lo sabe. Ni puede saberlo.
Aceptemos, pues, nuestra limitación en todo cuanto se refiere a nuestro conocimiento del “más allá”. Y, por supuesto, jamás utilicemos a Dios o a la eternidad para fomentar el miedo y el sometimiento de la gente a los intereses de poder y autoridad de los que usan y abusan los profesionales de la religión. Echando mano de semejantes intereses, lo único que se consigue es hacer más odiosa e insoportable la causa de Dios.

lunes, 25 de noviembre de 2013

NO ES UN DÍA CUALQUIERA… 25 DE NOVIEMBRE Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

ECLESALIA, 25/11/13.- «Libre te quiero, como arroyo que brinca de peña en peña. Pero no mía. Grande te quiero, como monte preñado de primavera. Pero no mía. Buena te quiero, como pan que no sabe su masa buena. 

Pero no mía. Alta te quiero, como chopo que en el cielo se despereza. Pero no mía. Blanca te quiero, como flor de azahares sobre la tierra. Pero no mía». García Calvo, en este poema, refleja como nadie el buen querer, ese querer que necesariamente se ha de vivir en y desde la libertad, construyendo relaciones igualitarias, lejos de toda opresión y violencia.
No puede ser de otra forma, es imposible mirar hacia otro lado; libertad frente a dominación, rebeldía frente a sumisión, autonomía frente a dependencia, valor frente a miedo, ruido frente a silencio, denuncia frente a encubrimiento; Hay que prevenir, educar, y la Iglesia debe estar a la altura y ser agente de cambio, visualizadora, implacable, contundente, garante. No hay resquicios, ni atajos, ni rendijas; No, No, No a la violencia ejercida contra las mujeres, en ningún escenario, en ningún contexto, bajo ninguna circunstancia.
Iguales ante la ley, iguales a la luz de la Palabra, sin hacer la menor concesión al que maltrata, al que asesina, al que justifica «Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivo de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser superada y eliminada por ser contraria al plan de Dios». 
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

jueves, 10 de enero de 2013

Prebendas y privilegios en tiempos de crisis. Juan José Tamayo Acosta - Teólogo


“Por culpa vuestra y por vuestra inhumanidad han venido a parar a la Iglesia campos, casas, alquileres de viviendas, carros, mulos y muleros y todo un tren de semejantes cosas. Todo este tesoro de la Iglesia debiera de estar en vuestro poder, y vuestra buena voluntad debiera ser su mejor renta… De ahí que nosotros no podamos abrir la boca, ya que la Iglesia de Dios no se diferencia en nada de los hombres del mundo… Nuestros obispos andan más metidos en preocupaciones que los tutores, los administradores y los tenderos. Su única preocupación debieran ser vuestras almas y vuestros intereses, y ahora se rompen la cabeza por los mismos asuntos que los recaudadores, los agentes del fisco, los contadores y los despenseros”.



No, no es este un texto escrito por los teólogos y las teólogas de la liberación de América Latina, ni una declaración de las comunidades de base, que defiendan la vuelta a la puesta en común de los bienes de los orígenes del cristianismo, ni un documento de cristianos y cristianas indignados por la crisis económica. Es un sermón pronunciado por san Juan Crisóstomo (=boca de oro), patriarca de Constantinopla, hace 16 siglos, en una época en la que la situación de extrema pobreza de la mayoría de los habitantes de la ciudad contrastaba con la ingente acumulación de bienes de la Iglesia. Juan Crisóstomo atribuía esta situación a la inhumanidad de los eclesiásticos y a la indiferencia irresponsable de los cristianos más pudientes. 
La postura del obispo de Constantinopla choca con la de no pocos eclesiásticos –obispos y sacerdotes-, que acumulan “campos, casas, alquileres de viviendas…”, tienen miles de bienes registrados a nombre de la Iglesia católica, inmatriculan edificios que pertenecen al pueblo, invierten en bolsa, se niegan a pagar el IBI, se resisten a renunciar a las exenciones fiscales, y defienden con uñas y dientes sus privilegios, concedidos durante la dictadura por legitimar el golpe militar contra la República y el régimen de Franco, mantenidos, e incluso incrementados, por los diferentes gobiernos de la democracia. Y los defienden alegando que son derechos de Dios y de la Iglesia.
La Iglesia católica no ha renunciado a ninguno de sus privilegios. Es, además, la única religión que cuenta con unos ingresos procedentes de las arcas del Estado recaudados por la vía fácil y segura de la declaración de la renta, teniendo al Estado como fiel y sumiso recaudador. Ella es hoy en España una de las instituciones con mayor número de propiedades, exentas de tributación, con el añadido de que de muchas de ellas extrae una pingüe rentabilidad.
La mayoría de los obispos se muestra contraria al pago del IBI alegando razones, muchas de ellas falaces. Dicen que tampoco lo pagan los partidos políticos y los sindicatos, cuando sí lo hacen. Apelan a la Ley de Mecenazgo aprobada en diciembre de 2002 que recoge la exención. Consideran su  impago un incentivo fiscal lógico para las instituciones que trabajan por el bien común. Apelan al Acuerdo para Asuntos Económicos entre la Santa Sede y el Estado Español, de rango internacional, cuando dicho Acuerdo es preconstitucional y, según no pocos juristas, inconstitucional. Dicen que su pago detraería el destino de sumas ingentes a Cáritas, cuando lo que destinan a Cáritas es un porcentaje mínimo.
Lo que está demostrando la Conferencia Episcopal Española con esta actitud es  que vive instalada en una situación de privilegio impropia de un Estado no confesional, contraria a la Iglesia de los pobres y cada vez más alejada del proyecto liberador de Jesús de Nazaret.  Y eso constituye una contradicción en toda regla, detrás de la que se oculta una insolidaridad nada evangélica. Es todo lo contrario a lo que expresara el Concilio Vaticano II al comienzo de la Constitución sobre la Iglesia en el Mundo Actual: “Los gozos y las esperanzas, las alegrías y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son también gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”.
Pero si irresponsable es la jerarquía católica al incumplir sus deberes cívicos en un Estado de derecho y seguir disfrutando de los favores del poder mientras este expolia al pueblo, más irresponsables son los políticos del Partido Popular que gobiernan en las instituciones estatales, municipales y autonómicas, y se muestran contrarios a cobrar a la Iglesia católica el IBI, que pagan todos los españoles propietarios de inmuebles. ¿A quién sirven estos políticos: a Dios o al César, a Iglesia católica o a los intereses del pueblo? ¿A quién son fieles: al erario público o a una institución religiosa? ¿Por qué criterios se rigen: por sus creencias religiosas o por sus convicciones políticas? Vuelve la alianza entre el trono y el altar, entre el conservadurismo político y el oportunismo religioso. La historia se repite, pero con tonos cada vez más nacionalcatólicos, como, parece, demostrará la futura Ley de Educación, negociada previamente con los obispos.
Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Invitación a la utopía (Trotta, 2012).
Viene de ATRIO: http://www.atrio.org/2013/01/prebendas-y-privilegios-en-tiempos-de-crisis/#more-8365
Y a su vez de: 

jueves, 20 de diciembre de 2012

FALSEDAD EN LA VERDAD ECLESIÁSTICA


Falsedad en la Verdad Eclesiástica
Florencio Salvador Díaz Fernández
Estudiante de Teología Cristiana

Hoy soy participe de dos circunstancia distintas, que a su vez tienen un nexo de unión; la Hipocresía de la Verdad Eclesiástica. Y diferencio algo. 

Verdad Eclesiástica es la de los obispos y los jerarcas católicos. La Verdad Eclesial por el contrario, es la Verdad del pueblo, la verdad de la vida y de la gente. La verdad de quienes son objeto de la sensibilidad de Jesús y fundamentan su verdad en la vida, sin preocuparse por sentar cátedra o escribir una excelente y teologal homilía. Comienzo por la primera circunstancia. 



Hace unos días escuche al rosado obispo portavoz de la CEE (Conferencia Episcopal Española), referirse al contento de los obispos con la reciente resolución del gobierno para con la asignatura de religión. ¿Qué persona que puebla España, no advirtió que la Iglesia Católica Española se alegró más que nadie, del triunfo del Sr. Rajoy? ¡Bien me lo fiáis!, pudiéramos decir. 

El caso es que inmediatamente recordé varias opiniones al uso del tema, una de ellas de un sacerdote cercano y otra de una conocida profesora de religión. El sacerdote es categórico, al admitir que la escuela no es el lugar idóneo para enseñar religión específicamente católica, y menos aun para ser el primer arranque del proselitismo católico. Digo yo, que si tanto apuestan los obispos por la “familia Tradicional”, poca confianza le otorga sin embargo, al no fiarse de ella para transmitir exclusivamente y con la ayuda de la parroquia la esencia de la fe. A esto se le llama en mi pueblo, adoctrinamiento. 

La segunda opinión admite con la boca demasiado chica, que nunca ha obtenido el profesorado de religión tantos derechos, como con el otrora presidente Zapatero. Antes de este, cotizaban a la seguridad social por horas lectivas. Tenían un sueldo muy escueto pagado por el estado. Los docentes como en la actualidad, son elegidos a dedo por el obispo diocesano (ordinario del lugar). En algunas diócesis –valga el ejemplo pasado de las islas Canarias- se les devenga un porcentaje del sueldo a modo de “regalo para el obispo”; especie de un óbolo obligatorio a los pobres profesores. Y admite la profesora, que cada cierto tiempo acude al seminario del centro educativo donde enseña, una especie de inspector que adoctrina a los profesores, sobre la orientación de la moral a enseñar y lo que deben de inculcar al alumnado, -nombra el condón, aborto, el asco a los matrimonios gay, etc- según las orientaciones de la CEE. 

Esto, apreciado/a lector/a, es un escándalo de tamañas dimensiones, que luego de saber la certeza de estos testimonios a algunas personas me dicen que se les quita la gana de casi todo a lo que huele a curas en el sentido más peyorativo de la palabra (admiten estos). Y que me disculpen por estas afirmaciones –por amor de Dios- los buenos curas, que son buenas personas antes que buenos curas.

La segunda circunstancia, es que esta mañana saludo y beso por la calle a una señora mayor, amiga, educada y muy buena persona. Esta mujer es una mujer de mucha generosidad y puntal esencial para los miembros de su familia. Resumo al decir que parece que está superando una depresión. Según ella, el mérito no es del todo de ella, sino que el Señor le ayuda –me dice-. 
Yo le confirmo sus palabras y le digo que es así, porque ella lleva a Jesús en su corazón por medio de muchas cosas, entre ellas la generosidad. En un momento de su vida en el que estaba muy enferma y consternada por ciertas cosas, un hombre cercano a ella y católico recalcitrante le dijo que: “Dios te manda la enfermedad para castigarte por tus ideales”. Porque es una mujer de izquierdas. 
Y esto le causó a ella tamaño temor, que a día de hoy aun no acaba de superarlo. Tal es así, que ella se pregunta si ciertos aspectos de las relaciones personales de algunos miembros de su familia, que no están –por decirlo de alguna manera- sujetos a la tradición, son objeto de la ira y el castigo de Dios.

¡Esto es otro escándalo! Como escandaloso fue en su día, escuchar al hoy monseñor Mazuelos hablar durante 45 minutos sobre la cultura de la muerte relativa a la sociedad, aun cuando la iglesia ha culturizado en la muerte a millones de hijos que han pasado de largo por el misterio de la resurrección (valga el ejemplo anterior). Sin culpa de ellos, sino por ignorancia general básica, ya que se les ha denegado desde la Iglesia el acceso al conocimiento libre, la libre formación y la búsqueda de la Verdad libre subjetiva y concreta de cada individuo.

El evangelio del domingo nos habló de generosidad y de vida (Lc 3,10-18). Nos dice que en la vida el compartir es el mejor cauce para hallarse ante los ojos de Jesús. Nos habla de vida, de un Espíritu de la vida, que será el garante de la propia vida, pues con Él y ante Él, seremos personas sin dobleces ni mentiras. Seremos personas de verdad. Pero, ¿qué verdad amigos y amigas? ¿La del pueblo, la del grupo, la de los obispos, la de tal o cual pascual? “El hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre” (Vat II. GS 16). ¿Anulamos nuestra conciencia para dejarnos guiar por tal o cual?

Creo que no, que debemos mantenerlos lúcidos y coherentes en el pensar y en el vivir, mientras nuestra senda sea la de la felicidad. Esta Navidad, somos muchas las personas que vamos a tener que hacer un acopio considerable de generosidad, para tener buenos deseos para con la jerarquía eclesiástica. Hace días el Papa dijo que “los homosexuales ponen en peligro la paz mundial”. No se refirió el obispo de Roma, ni al hambre, ni a las armas “con cuyos bancos vinculados tienen planes de pensiones invertidos” (Tika Font), ni a la violencia de cualquier tipo. La homosexualidad, es lo que pone en peligro la paz mundial. 



¡Vaya Benedicto, haber empezado por ahí!

Llegará el día en que el papa y cada uno de sus funcionarios episcopales, nos pidan perdón por tanta injuria y daño que hacen a muchas personas, con la cantinela del sermón sexual, sea cual fuere la orientación a tratar. ¡Basta ya de falsedades! ¡Basta ya de utilizar el nombre de Dios para condenar a sus propios hijos y las vidas de sus hijos! 

Por incomprensible que sea, ni en Navidad paran estos señores de blanco y negro de plantar sus insidias junto a la letra del Evangelio para escarnio de esta. Luego nos hablan de oración. Bien, buena cosa es. 40 horas de adoración ante el santísimo para pedirle por la”S” familia”S”. ¡No! Por la familia tradicional. Señor te pedimos por las familias heterosexuales o tradicionales que lo pasan fatal. Las otras, que no son familias, no te puedo pedir por ellas.

¡Cuánta sensibilidad evangélica, cuanta fraternidad! ¡Cuánto ejemplo a seguir! ¿Verdad? Es que estos hombres, son el vivo reflejo de Jesús de Nazaret. ¿Le preguntamos si está de acuerdo a Resurrección Galera, la profesora de religión defenestrada en 2001 por el obispado de Almería, tras casarse con un divorciado?
Amigos y amigas, en esta Navidad intentaré convencerme, de que verdaderamente:
ESTA ES LA IGLESIA QUE QUISO JESÚS. ¡ja!

viernes, 6 de julio de 2012

PERLAS DE PAGOLA PARA EN FINDE - RECHAZADO ENTRE LOS SUYOS

RECHAZADO ENTRE LOS SUYOS
14 Tiempo ordinario (B) Marcos 6, 1-6

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, Jesús no es un sacerdote del Templo, ocupado en cuidar y promover la religión. Tampoco lo confunde nadie con un maestro de la Ley, dedicado a defender la Torá de Moisés. Los campesinos de Galilea ven en sus gestos curadores y en sus palabras de fuego la actuación de un profeta movido por el Espíritu de Dios.

Jesús sabe que le espera una vida difícil y conflictiva. Los dirigentes religiosos se le enfrentarán. Es el destino de todo profeta. No sospecha todavía que será rechazado precisamente entre los suyos, los que mejor lo conocen desde niño.

El rechazo de Jesús en su pueblo de Nazaret era muy comentado entre los primeros cristianos. Tres evangelistas recogen el episodio con todo detalle. Según Marcos, Jesús llega a Nazaret acompañado de un grupo de discípulos y con fama de profeta curador. Sus vecinos no saben qué pensar.

Al llegar el sábado, Jesús entra en la pequeña sinagoga del pueblo y “empieza a enseñar”. Sus vecinos y familiares apenas le escuchan. Entre ellos nacen toda clase de preguntas. Conocen a Jesús desde niño: es un vecino más. ¿Dónde ha aprendido ese mensaje sorprendente del reino de Dios? ¿De quién ha recibido esa fuerza para curar? Marcos dice que todo “les resultaba escandaloso”. ¿Por qué?

Aquellos campesinos creen que lo saben todo de Jesús. Se han hecho una idea de él desde niños. En lugar de acogerlo tal como se presenta ante ellos, quedan bloqueados por la imagen que tienen de él. Esa imagen les impide abrirse al misterio que se encierra en Jesús. Se resisten a descubrir en él la cercanía salvadora de Dios.

Pero hay algo más. Acogerlo como profeta significa estar dispuestos a escuchar el mensaje que les dirige en nombre de Dios. Y esto puede traerles problemas. Ellos tienen su sinagoga, sus libros sagrados y sus tradiciones. Viven con paz su religión. La presencia profética de Jesús puede romper la tranquilidad de la aldea.

Los cristianos tenemos imágenes bastante diferentes de Jesús. No todas coinciden con las que tenían los que lo conocieron de cerca y lo siguieron. Cada uno nos hacemos nuestra idea de él. Esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe será pobre, parcial o distorsionada.

¿Por qué nos esforzamos tan poco en conocer a Jesús? ¿Por qué nos escandaliza recordar sus rasgos humanos? ¿Por qué nos resistimos a confesar que Dios se ha encarnado en un Profeta? ¿Tal vez intuimos que su vida profética nos obligaría a transformar profundamente su Iglesia?

lunes, 5 de septiembre de 2011

GENERACIÓN SIN FUTURO


En el último número de Le Monde Diplomatique encontramos este excelente artículo de Ignacio Ramonet. Creeemos que puede ser una buena reflexión para comprender lo que de común tienen los movimientos  de los jóvenes indignados que están brotando no sólo en España sino en todo el mundo. El artículo es encabezado por esta cita:
“El mundo será salvado, si puede serlo, sólo por los insumisos“. André Gide
Primero fueron los árabes, luego los griegos, a continuación los españoles y los portugueses, seguidos por los chilenos y los israelíes; y el mes pasado, con ruido y furia, los británicos. Una epidemia de indignación está sublevando a los jóvenes del mundo. Semejante a la que, desde California hasta Tokio, pasando por París, Berlín, Madrid y Praga, recorrió el planeta en los años 1967-1968, y cambió los hábitos de las sociedades occidentales. En una era de prosperidad, la juventud pedía paso entonces para ocupar su espacio propio.
Hoy es diferente. El mundo ha ido a peor. Las esperanzas se han desvanecido. Por vez primera desde hace un siglo, en Europa, las nuevas generaciones tendrán un nivel de vida inferior al de sus padres. El proceso globalizador neoliberal brutaliza a los pueblos, humilla a los ciudadanos, despoja de futuro a los jóvenes. Y la crisis financiera, con sus “soluciones” de austeridad contra las clases medias y los humildes, empeora el malestar general. Los Estados democráticos están renegando de sus propios valores. En tales circunstancias, la sumisión y el acatamiento son absurdos. En cambio, las explosiones de indignación y de protesta resultan normales. Y se van a multiplicar. La violencia está subiendo…
Aunque, en concreto, el formato mismo del estallido no es semejante en Tel Aviv y Santiago de Chile o Londres. Por ejemplo, la impetuosa detonación inglesa se ha distinguido, por su alto grado de violencia, del resto de las protestas juveniles, esencialmente no violentas (aunque no hayan faltado los enfrentamientos puntuales en Atenas, Santiago de Chile y varias capitales).
Otra diferencia esencial: los amotinados ingleses, quizás por su pertenencia de clase, no supieron verbalizar su desazón. Ni pusieron su furor al servicio de una causa política. O de la denuncia de una iniquidad concreta. En su guerrilla urbana, ni siquiera saquearon con ira sistemática los bancos… Dieron la (lamentable) impresión de que sólo las maravillas de los escaparates atizaban su rabia de desposeídos y de frustrados. Pero, en el fondo, como tantos otros “indignados” del mundo, estos revoltosos expresaban su desesperación, olvidados por un sistema que ya no sabe ofrecerles ni un puesto en la sociedad, ni un porvenir.
Un rasgo neoliberal que, de Chile a Israel, irrita particularmente es  la privatizacion de los servicios públicos. Porque significa un robo manifiesto del patrimonio de los pobres. A los humildes que no poseen nada, les queda por lo menos la escuela pública, el hospital público, los transportes públicos, etc. que son gratuitos o muy baratos, subvencionados por la colectividad. Cuando se privatizan, no sólo se le arrebata a la ciudadanía un bien que le pertenece (ha sido costeado con sus impuestos) sino que se desposee a los pobres de su único patrimonio. Es una doble injusticia. Y una de las raíces de la ira actual.
A este respecto, para justificar la furia de los insurrectos de Tottenham, un testigo declaró: “El sistema no cesa de favorecer a los ricos y de aplastar a los pobres. Recorta el presupuesto de los servicios públicos. La gente se muere en las salas de espera de los hospitales después de haber esperado a un médico una infinidad de horas…” (1).
En Chile, desde hace tres meses, decenas de miles de estudiantes, apoyados por una parte importante de la sociedad, reclaman la desprivatización de la enseñanza (privatizada bajo la dictadura neoliberal del general Pinochet, 1973-1990). Exigen que el derecho a una educación pública y gratuita de calidad sea inscrito en la Constitución. Y explican que “la educación ya no es un mecanismo de movilidad social. Al contrario. Es un sistema que reproduce las desigualdades sociales” (2). A fin de que los pobres sean pobres para la eternidad…
En Tel Aviv, el 6 de agosto pasado, al grito de “¡El pueblo quiere la justicia social!”, unas 300.000 personas se manifestaron en apoyo al movimiento de los jóvenes “indignados” que piden un cambio en las políticas públicas del gobierno neoliberal de Benyamin Netanyahou (3). “Cuando a alguien que trabaja –declaró una estudiante– no le alcanza ni siquiera para comprar de comer es que el sistema no funciona. Y no es un problema individual, es un problema de gobierno”(4).
Desde los años 1980 y la moda de la economía reaganiana, en todos estos países –y singularmente en los Estados europeos debilitados hoy por la crisis de la deuda–, las recetas de los gobiernos (de derechas o de izquierdas) han sido las mismas: reducciones drásticas del gasto público, con recortes particularmente brutales de los presupuestos sociales. Uno de los resultados ha sido el alza espectacular del paro juvenil (en la Unión Europea: 21%; en España: ¡42,8%!). O sea, la imposibilidad para toda una generación de entrar en la vida activa. El suicidio de una sociedad.
En vez de reaccionar, los gobiernos, espantados por los recientes derrumbes de las Bolsas, insisten en querer a toda costa satisfacer a los mercados. Cuando lo que tendrían que hacer, y de una vez, es desarmar a los mercados (5). Obligarles a que se sometan a una reglamentación estricta. ¿Hasta cuándo se puede seguir aceptando que la especulación financiera imponga sus criterios a la representación política? ¿Qué sentido tiene la democracia? ¿Para qué sirve el voto de los ciudadanos si resulta que, a fin de cuentas, mandan los mercados?
En el seno mismo del modelo capitalista, las alternativas realistas existen. Defendidas y respaldadas por expertos internacionalmente reconocidos. Dos ejemplos: el Banco Central Europeo (BCE) debe convertirse en un verdadero banco central y prestarle dinero (con condiciones precisas) a los Estados de la eurozona para financiar sus gastos. Cosa que le está prohibida al BCE actualmente. Lo que obliga a los Estados a recurrir a los mercados y pagar intereses astronómicos… Con esa medida se acaba la crisis de la deuda.
Segundo: dejar de prometerlo y pasar a exigir ya la Tasa sobre las Transacciones Financieras (TTF). Con un modesto impuesto de un 0,1% sobre los intercambios de acciones en Bolsa y sobre el mercado de divisas, la Unión Europea obtendría, cada año, entre 30.000 y 50.000 millones de euros. Suficiente para financiar con holgura los servicios públicos, restaurar el Estado de bienestar y ofrecer un futuro luminoso a las nuevas generaciones.
O sea, las soluciones técnicas existen. Pero ¿dónde está la voluntad política?
NOTAS:
(1) Libération, París, 15 de agosto de 2011.
(2) Le Monde, París, 12 de agosto de 2011.
(3) Según una encuesta de opinión, las reivindicaciones de los “indignados” israelies cuentan con la aprobación del 88% de los ciudadanos. (Libération, op. cit.)
(4) Le Monde, París, 16 de agosto de 2011.
(5) Léase Ignacio Ramonet, “Desarmar a los mercados”, Le Monde diplomatique en español, diciembre de 1997.
http://www.atrio.org/2011/09/generacion-sin-futuro/