CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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jueves, 19 de marzo de 2020

SAN JOSÉ EN LA VIDA DE JESÚS.


“Salve, José amante y tierno padre.
Salve, guardián de nuestro redentor.
Esposo fiel de su bendita madre,
y salvador del mismo salvador” (Liturgia de las Horas)


Os aseguro que es una auténtica lástima que José haya sido borrado de un plumazo de las sagradas escrituras, simplemente porque desde tiempo inmemorial se le consideró un obstáculo difícil de resolver a la encarnación de la virgen María.

Algo que se sabe de la época en la que se configuraron las escrituras tal y como las conocemos hoy, más o menos durante los dos primeros siglos de nuestra era. A José bien se le puede aplicar aquello que en las cortes europeas se le denominaba, el manejo de los príncipes. O sea, se le da toda a autoridad y luego se le quita.

Más o menos, es lo que sucedió con José. Se le honra como lo que es, pero no se le acaba de reconocer todo su mérito junto a María, como “simples” padres de Jesús. Luego vuelvo sobre esto.

Solo comentar que desde los orígenes ha existido un interés primordial en ligar a Jesús con la casa real de David, rey de Israel. Es algo que Jesús no necesitaba, pues ciertamente como él admitió “su reino no es de este mundo”. Pero aun así, se establece una genealogía que no cuestiono sobre el parentesco putativo de José y Jesús, ya que según las escrituras José era su padrastro.

Cuidado sobre esto, que muchos somos de la opinión que se le escapa a San Pablo en su credo de la carta a los Romanos (1,3-4), en la cual afirma que la ascendencia real a Jesús se le confiere de manera carnal (Un judio marginal I, John P.Meier) con lo cual se puede interpretar que se deja una puerta abierta a la paternidad biológica de Jesús, sin menoscabo de la pureza inmaculada de su madre que de ninguna manera está ligada a la genitalidad; así como tampoco es en menoscabo de la acción del Espíritu que obra en todos y por todos.

Regreso sobre aquello de “simples padres” de Jesús.
Esta mañana temprano mientras reflexionaba sobre el evangelio de la fiesta de San José, me maravillo la reflexión de Julio Colomer Casanova (jesuita) sobre el papel de San José en la vida de Jesús. Partimos de la base de que Jesús en su crianza, no era un super niño ni nada por el estilo. En Jesús como crío hasta su vida adulta, se produjo un profundo proceso evolutivo en el cual fue asumiendo su vocación y posterior misión.

Pero es más que claro que ahí tuvo necesariamente que existir –y existió- una poderosa educación e influencia de unos padres José y María, que tuvieron la destreza de inculcar a Jesús; no la visión rígida que el judaísmo tiene de Dios. Sino que por el contrario, ellos supieron enseñar a su hijo Jesús una dimensión amable de Dios. 

Amable hasta el punto de hacerle considerar a Dios su propio Padre, así como a tratarlo con una familiaridad que a cualquier judío hubiera escandalizado, llamándole “papaíto” (abba). Pues así debía considerar Jesús a su padre José, como una persona llena de ternura, cariño y compasión.

“¿De donde aprendió Jesús esa visión tierna de Dios? Lo aprendió en Nazaret, en su casa, en el hogar de un carpintero que se llamaba José. Por la experiencia del padre que tenía, pudo y quiso Jesús hablar de Dios como Padre. José, su padre, fue una persona que impactó sobre Jesús. José, el justo, fue el hombre que le dio a Jesús la experiencia y los materiales para hablar de Dios como Padre.” (Julio Colomer reflexión de Mt 1,16.18-21.24a)


Permita la vida y la responsabilidad individual, que nos encontremos por la vida muchas personas con el talante de San José. Personas que creyentes o no creyentes, con fe o sin ella, apliquen la buena voluntad y la ternura a sus vidas. Personas que trabajen por el bien común y eduquen a los pequeños desde el respeto y la solidaridad coelctiva.

Hoy más que nunca hace falta este tipo de educación. Valores que en la difícil situación en la que vive la humanidad, nos haga sentirnos parte de esta gran comunidad de personas que juntas tiene que soportar el ataque de esta amenaza microscópica llamada “conoravirus”.

Una educación que no se fundamente en ideales radicales y fanáticos que separan, sino en el sentido más fraterno que conocemos de la palabra humanidad. Una palabra que es el eje de la vida y obras de Jesús de Nazaret, el cual rescató a los perdidos del camino de la vida y devolvió la dignidad a las personas a quienes la sociedad se la había arrebatado.

Bendito sea Jesús, su madre María y San José. Este anónimo personaje a quién María amó y de cuyo amor nació Jesús. Un hombre bueno que puede ser prefiguración de todos los hombres buenos que conocemos y que viven cerca de nosotros.

Por mi parte, tengo la familia plagada de “Joses”. Papá, hermano, sobrino y otros que no son “Joses” pero son padres. En mi padre, admito que veo una bondad sin límite. Pues si Dios tiene rostro, seguro que se parece a mi papá. El mejor hombre que parió madre.

Ánimo para todos y todas en los difíciles momentos que vivimos.

Cuidaros mucho, sobre todo los mayores y enfermos. Ahora toca estar en casa, ya hablaremos eso de que la feria en Septiembre dure veinte días… jajajaja; es broma.
Besos mil. Para todos y todas. Paz y bien.

Fraternalmente, Floren.

domingo, 15 de octubre de 2017

¿QUÉ HACE DIOS CON UN ALMA QUE PESA 21 GRAMOS?

¿Qué hace Dios con un alma que pesa 21 gramos?
Esta tarde una persona me pregunta algo que verdaderamente parece que no es ya de este mundo. El PURGATORIO. Lo estudié en "Soteriología". En este breve escrito no trataré este tema con frivolidad, empezando porque seguro que hay personas que creen en este estado y sobre ello tienen problemas de opinión y sufren. Según la más antigua tradición de la iglesia, el purgatorio es el estado en el que el alma del pecador se encuentra tras haber fallecido. Hasta que sea llevado ante Dios para dar cuenta de sus actos, debe padecer el tormento eterno, el castigo que no se acaba. 

Una de las afirmaciones dogmáticas más antiguas sobre el purgatorio la encontramos en el Concilio Ecuménico de Florencia en el siglo XV: “si los verdaderos penitentes salieren de este mundo antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por lo cometido y omitido, sus almas son purgadas con penas purificadoras después de la muerte” (Papa Eugenio, Bula “Laetentur caeli” sobre la suerte de los difuntos). 
También se considera que cuando una persona en vida sufre remordimientos o se adolece por el daño causado, se dice que se está purgando, que se está purificando. Hay que tener cuidado sobre esto último que acabo de escribir, porque hay personas que incluso se pueden congratular de que quien tanto daño hizo, ahora lo pene y lo pague en vida. 
Si así nos comportamos dejaremos mucho que desear como hijos e hijas de Dios que somos, ya que “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y que viva” (Ezequiel 18,21ss). Lo diré más claro, Dios no quiere el sufrimiento de nadie, ni en vida, ni el sufrimiento del alma tras la muerte. Tampoco admite Dios el dolor gratuito que alguien se inflige como oblación a Dios, eso es un absurdo. Porque Dios es amor. Y si Dios admitiera el dolor aunque fuera mínimamente, estaría anulando el principio fundamental que le adorna que es el AMOR y la MISERICORDIA, lo que significa la caridad infinita. 
Particularmente creo que le mismo hecho de la muerte y todo lo que conlleva, ya redime –en cierto modo- a la persona para pasar de este, al otro mundo. Lo que sí es cierto es que, teniendo en cuenta que nadie ha venido del otro lado y dejando aparte todos los romanticismos posibles establecidos sobre la “otra” vida; tras la muerte humana, estamos en manos de Dios. Convendrá usted conmigo en la muerte, como los efectos meteorológicos, son algo que aun es un enigma para el hombre y la mujer de hoy. Podemos hacer vaticinios sobre una cosa y otra, pero nadie tiene certeza de lo que acontecerá, hasta que los hechos sucedan por sí mismos. 

El alma humana pesa 21 gramos. Es un dato no científico pero en el que están de acuerdo muchos investigadores. Digamos que por muchas o pocas posesiones que tenga una persona, lo que de ella va al más allá pesa 21 gramos. O sea nada. Evidentemente, es más a tener en cuenta la esencia personal del interfecto que el peso que su alma pueda tener. Lo cierto es que es un enigma, que los humanos y sobre todos los cristianos hemos resuelto siempre estructurando el cielo a nuestra más absoluta conveniencia. Una estructura, inframundo o subsuelo, suelo y estado celestial, que le debemos a la cultura judía y que gustosamente hemos heredado. Sino pregúntate tú, lector.  
¿Cuántas veces has pensado en que el difunto se encontrará con los anteriores difuntos y que se conocerán y abrazarán y de nuevo compartirán la “otra” vida? Quizás muchas veces has caído en este pensamiento, y desde luego si así se cree yo lo veo genial y lo respeto. Lo que ocurre es que como en muchos casos, una cosa es la realidad y otra cosa es el afán que ponemos los humanos –creyentes y no creyentes- para creer lo que mejor conviene para la tranquilidad de nuestra conciencia. 
Por lo tanto, no existe el purgatorio. 
Creo firmemente que cuando una persona muere su alma, su esencia vuelve al lugar del que provino, o sea vuelve a Dios que armoniza el ciclo de la vida. Y cuando así sea, junto a todos los que están en esa dimensión, formarán todos una sola cosa junto a Aquel que les dio la vida y que es fuente de energía y vida. Nadie se va a conocer en la “otra” vida, ni volverá a abrazarse (Mateo 22, 23-32). 

Pero ojo, todos formaremos el día de mañana una sola cosa junto a Aquel al que aquí en la tierra rezamos y que nos sostiene. En Él tenemos puesta nuestra esperanza. Y aunque nos afanemos en querer ver a tal o cual ser querido en el más allá, debe ser un motivo de esperanza el saber que nuevamente volveremos a ser vida; espiritual pero vida. Pues como dijo aquel, los lazos del amor son más fuertes que los lazos de la muerte. 
Afanémonos pues, en construir aquí en la tierra y mientras estemos, toda la amistad posible y todo el amor posible; pues obras son amores y no buenas razones. Abrazo con todo cariño a quienes han perdido a un ser querido de manera temprana o dolorosa. Puede que estén llenos de dudas y de interrogantes, pero les debe consolar la revitalización del recuerdo del finado, para que viva en sus corazones. Con todo respeto.

Fraternalmente, Floren.
p.d. siento no poder extenderme más, sino el escrito sería de difícil digestión. 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

LA COBARDÍA PRODUCE DESVERGÜENZA

La cobardía produce desvergüenza
Hasta hoy no he podido darme una vuelta por el blog[1] de mí querido y apreciado amigo y doctor en teología José María Castillo, para dar lectura a sus artículos con los que no dejo de aprender; pero sobre todo interesado por el vapuleo que le han dado al pobre hombre a la sazón de los últimos escritos sobre la cuestión del infierno y el pecado.

Como muy bien dice él, hay personas que necesitan de un foro y la complicidad del anonimato para desahogarse, sacar sus miserias y así demostrar en muchos casos la ignorancia sobre muchos temas o cosas. Siempre me ha costado entender que en el mundo haya personas que disfrutan fastidiándoles la vida a otras personas. Personas que manipulan, socaban, crispan y encima pueden tener la desfachatez de considerarse iluminados, personas de Dios o dignos de consideración; aun cuando sus actos hablan por sí solos.
En el caso presente de los duros escritos que le han dedicado al teólogo castillo, llegando casi al insulto; considero que en cada uno de los despropósitos que a este hombre le dedican hay mucho de cobardía y de temor. Temor, sí, temor. Vistos los comentarios me pregunto cómo tiene la gente valor para echarle la culpa del fanatismo solo a los musulmanes. Hace unos días comentaba un escrito en facebook que me dedicaba el amigo Antonio Alcaide, un hombre que profundiza en la fe y la concepción de Dios de una manera formidable. El planteamiento que hacía Antonio sobre el libro que estaba comentando “Vivir en espíritu y en verdad” (Consuelo Martí), se fundamentaba en la simbiosis que representa Dios y el sujeto humano en el mundo, como causa y efecto de la misma realidad de Dios y lo humano; considerando la conciencia como elemento más que fundamental para ordenar la vida y el pensamiento, así como establecer las bases de la fe.
¿A dónde quiero ir? Sencillo. Este tipo de pensamientos como los que presenta J.Mª Castillo, son detestables para muchos creyentes –o que dicen ser creyentes- porque les hace plantearse cuestiones que hacen tambalear el chiringuito de la fe, que en muchos casos se han montado. Chiringuito llamo a la hipocresía de denominarse creyente y ser un calavera con los semejantes sin considerar la máxima evangélica e inmutable de que “lo que hicisteis a uno de estos a mí me lo hicisteis” (Mt 25,35). O vivir la intransigencia ignorando que comunidad cristiana es fraternidad, respeto y acogida, incluso con aquellos que tienen una deriva de pensamiento distinta a la nuestra.

Por eso decía yo a Alcaide en Facebook, que son muchas las personas creyentes que quieren a Jesús, Dios o la Virgen María: en la procesión, en el altar, en el sagrario, en la estampa. Lejanos, hieráticos, inmutables y dispuestos a escucharnos bajo mercadeo sin decir ni mu. Eso sí, sin que nos interpelen, ni pregunten, ni motiven nuestra conciencia, ni sus vidas nos causen interrogantes de ningún tipo, so peligro de que se tambalee esta religión tan romántica y a la carta que entre todos nos afanamos en alimentar y que –considero- tiene los días contados.
Yo me considero una persona muy evolucionada respecto del pensamiento cristiano y la concepción de la fe. Son muchas las cosas que ni escribo ni digo, quizás para no herir sensibilidades de algunas personas, pues soy consciente de que el blog “Cartujo con licencia propia” tiene un eco profundo en un sector concreto de la sociedad. Pero es un alivio más que considerable, el saber que hay persona que siendo jóvenes o viviendo la madurez de su vida no dejan de realizar planteamientos que nos movilizan y nos animan a establecer un criterio personal o conceptual sobre algo, aun a riesgo de replantearnos cosas. Dios no está exento de este constante replanteamiento, pues Él forma parte de la misma evolución humana y mundial. Como he dicho y como creo: Él es Espíritu, Esencia y Materia. Y por eso ES LO QUE ES (Ex 3,14).
Ojalá se abran sendas pacificas de pensamiento y de comunión. Ahí está el papa Francisco dando constantes muestra de apertura fraterna, sin preguntar a nadie el cómo ni el cuándo. Ojalá prevalezca siempre el respeto en las opiniones diversas. Ojalá tod@s entendamos que seguir a Jesús es ser “Camino verdad y vida” (Jn 14,6); y que no hay otra posibilidad que no pase por testimoniar y ser Luz.
¡Ánimo apreciado José María! Continúe su andadura cuyo pensamiento nos aporta luz y alegría.
Fraternalmente, Floren de Estepa



[1] http://blogs.periodistadigital.com/teologia-sin-censura.php

viernes, 23 de junio de 2017

LA ESTUPIDEZ TIENE SUS CONSECUENCIAS

"¿Cuando nos vamos a enterar que Dios es un Todo y que responde al amor, el respeto y la fraternidad antes que a cualquier nombre?"
Usted que lee estas letras, ¿es posible que crea una ofensa a la ciudadanía, a Dios, su Madre o lo que sea; el hecho de que una comunidad musulmana se reúna en la calle para rezar? Sí, para rezar. No se reunieron para poner una bomba, molestar ni nada por el estilo. Sino para hacer una de las cosas más inofensivas que hay en el mundo, orar. 

El problema –que puede ser un problema social para algunos- es que los que rezaban eran musulmanes y el sitio donde rezaban llevaba el nombre de la virgen, como muchas calles de nuestros pueblos. Pues esto ha sucedido hace unas semanas en Granada[1]. Y para colmo del asunto, un grupo de católicos que no quiero calificar, hicieron una convocatoria para rezar un rosario de desagravio en el lugar donde antes rezaron los musulmanes. 
Una acción de desagravio tiene lugar cuando hay una ofensa o se ha producido una situación violenta o de otra índole que ha perturbado el sentido del lugar, la paz social…etc; pero insisto, los musulmanes lo que hicieron fue rezar. Hay que reseñar que el arzobispado de Granada se desvinculó de este rezo del rosario de desagravio, menos mal[2]. 
Lo que está claro es que hay personas, aunque no demasiadas gracias a Dios, con capacidad para crispar y hacer de su creencia un vehículo a través del cual politizar situaciones. ¿Acaso el espacio público solo lo pueden ocupar las procesiones de nosotros los católicos? ¿Cuando nos vamos a enterar que Dios es un todo y que responde al amor, el respeto y la fraternidad antes que a cualquier nombre? ¿Cuándo nos vamos a convencer de que no es posible dar culto a Dios si no se antepone a cualquier situación el respeto y la dignidad humana? 
Para eso vino Jesús al mundo como la revelación de Dios, para ser carne de nuestra carne y uno de los nuestros a todos los efectos. Lo preocupante de estas cosas es que pueden dar lugar a situaciones desagradables aunque sean aisladas, por suerte. Hoy es noticia la agresión a una religiosa en la misma ciudad de Granada. La mujer iba de seglar, o sea no iba vestida de monja pero el agresor pudo conocerla. La agredió “por ser monja”. Nunca el fin justifica los medios y menos aun si la situación es violenta. 
No sé por qué este hombre actuó así con esta mujer inocente e indefensa, pero cuando los ánimos están crispados puede que haya personas que pretendan tomarse la revancha de esta manera deplorable e injusta, haciendo pagar justos por pecadores, como pasa casi siempre. Insisto en algo, el catolicismo tiene que convivir en paz y armonía con otras confesiones religiosas. Se terminaron los tiempos de conquista y consagraciones de pueblos y ciudades. Cada cual debe actuar desde el respeto y el bien común, y ya esto es motivo suficiente para que todos –creamos en lo que creamos- tengamos un punto de encuentro. Trabajemos por la paz, sobre todo por la paz interior. Fraternalmente, Floren.
p.d. al final del artículo en el enlace de ATRIO, se encuentra una manifiesto muy interesante de las COMUNIDADES CRISTIANAS POPULARES DE GRANADA

ORACIÓN DESDE EL RESPETO A LA FE
Señor y Padre bueno que nos amas y nos buscas;
nos afanamos en ponerte nombres,
Señor, Yahvé, Allah, Dios, Jehovah;
en invocarte de tal o cual manera,
pero Tú siempre estás ahí, junto a todos.
Tu bondad de Padre nos hace ser conscientes
de lo que verdaderamente merece la pena en la vida.
Que nuestro afán por adorarte se traduzca
en servicio y fraternidad a la comunidad humana,
tal y como nos lo enseñó tu Hijo Jesús.
Que en sus ojos encontremos
el camino hacia la sinceridad, la bondad
y la entrega por la causa de tu Reino,
respetando siempre a los hermanos y hermanas
que pertenecen a otras confesiones religiosas.
Mantenlos a ellos también ante tu mirada
y concédenos a todos tu Santo Espíritu
para que nunca dejemos de trazar senderos de paz, amén.

jueves, 11 de mayo de 2017

LA RELIGIÓN TIENE SU PELIGRO - José Mª Castillo, Teólogo

José M. Castillo

La religión no es Dios. La religión es un conjunto de creencias y prácticas (ritos, observancias, rezos y ceremonias) que, según pensamos los creyentes, nos llevan a Dios. Por eso hay tantas personas convencidas de que, si su relación con la religión es correcta, su relación con Dios también es correcta. Y aquí es donde está el peligro que entraña la religión.
Este peligro consiste en que la religión nos puede engañar. Porque nos puede hacer pensar que estamos bien con Dios, si somos religiosos, si somos observantes de las cosas que manda la religión, defendemos sus intereses y promovemos su esplendor.  

Esto es lo que explica – seguramente y entre otras cosas – por qué hay tantas personas, países y culturas, que son tan religiosas como corruptas. Es más, posiblemente no es ningún disparate afirmar que la tranquilidad de conciencia, que proporciona la religión, es (o puede ser) un factor que ayuda a que los corruptos cometan sus fechorías, pensando que ellos son religiosos y que los buenos servicios que le hacen a la Iglesia, al clero (o a la religión que sea), eso justifica sus conciencias. De forma que su fiel observancia religiosa es lo que explica por qué pueden decir que ellos tienen la “conciencia tranquila” y “las manos limpias”.  
Por todo esto se comprende que los evangelios sean la hiriente y dura historia de aquel hombre de pueblo, un galileo, Jesús de Nazaret, que fue rechazado, condenado y asesinado por la religión. Porque puso al descubierto lo engañados que vivían los hombres más religiosos de su tiempo. No porque aquellos hombres fueran religiosos, sino porque su religiosidad les permitía despreciar a todo el que no pensaba como ellos. Y condenar a todo el que no hacía lo que hacían ellos.  
Exactamente lo mismo que ocurre ahora con no pocos profesionales de la religión. Y con los observantes fanáticos. Los que le dan más importancia a “lo sagrado” que a “lo profano”. Hasta el extremo de pensar que, si “lo sagrado” está bien protegido y bien costeado, “lo profano” es asunto que corresponde a los poderes públicos, con los que hay que mantener buena relación, con tal que nos respeten y nos costeen lo más digno que hay en la vida: la seguridad y la dignidad de “lo sagrado”. De lo demás…, “se hará lo que se pueda”. ¿No acabamos de ver el peligro que entraña todo esto?

Al decir todo esto, no es que yo desprecie a “lo sagrado”. Lo que digo es que tan sagrado es un templo como el dolor de un enfermo, el hambre de un pobre o la vergüenza humillante del que tiene que vivir “de la caridad” de otros. Es más, si el Evangelio dice la verdad, el día del juicio final no nos van a preguntar si fuimos a visitar los templos, sino si estuvimos cerca del que sufre, ya sea por hambre, por estar enfermo, por ser extranjero o estar en la cárcel (Mt 25, 37-40).   

viernes, 3 de marzo de 2017

EL RESPETO A LA PALABRA DE DIOS


(*) Una de las cosas que más me ha fascinado desde que estudio y escudriño las escrituras, es la gran significación que tiene para otras religiones las palabras sagradas o escritas, valga el magno ejemplo de los judíos. Es impecable el trato que dispensan a las escrituras Sagradas –Sagrada Torah-, a las cuales se les rinde culto, siendo uno de los elementos más significativos para ellos. Cada judío aproximadamente a la edad de doce años alcanza la condición de “Benei Mitzvá” (hijos de los mandamientos), por la cual pueden asistir a la proclamación de las escrituras en la sinagoga. 

Para aclamarla visten el “Talit gadol”, manto de oración del que con total seguridad se deriva la casulla sacerdotal utilizada por los cristianos. Colocan la Palabra en los dinteles de sus casas (Mezuzá), la estudian, besan con devoción y la procesionan. Si bien es cierto que estos no reconocen la llegada del hijo de Dios en carne mortal, a los ojos del mismo Dios al que llamamos Padre, no son menos dignos que los cristianos pues no en balde los llamo Juan Pablo II, “nuestros hermanos mayores en la fe”. 
Y es que cuando decimos Palabra de Dios o Sagradas Escrituras, debiéramos de asumir la enormidad de lo que nombramos y su significancia en la vida de un creyente. Cuando una persona da su palabra, se da a sí mismo. La palabra, en sí misma es un elemento sobre el que poder fiar una actitud o una circunstancia determinada, pues si está dada tu palabra, está presente la voluntad del sujeto aunque este se ausente. 
Dios, en su gran misericordia consideró legarnos su Palabra como un elemento en el que poder escudriñar los distintos episodios y épocas de la vida, en las cuales el hombre y la mujer de cada tiempo se han relacionado con Él. Eso es la Biblia. Es la misma historia de la salvación, por medio de la cual y a través del tiempo y de la historia Dios se ha revelado a la humanidad desde la creación del mundo. El primer testimonio escrito que dio lugar al primer libro de la Biblia no fue el Génesis. El Génesis es el libro primero según el ordenamiento del Canon católico, y fue escrito en el destierro de Babilonia. 
El primer libro escrito de la Biblia fue probablemente el libro de Job (1400 a.C. aprox). Pero si bien es cierto que la Biblia es en su conjunto la Palabra de Dios revelada a los hagiógrafos para nuestro conocimiento; en el episodio del Monte Horeb (Exodo 20,1-17) tenemos la primera iniciativa por parte de Dios para dejarnos su palabra escrita, los famosos diez mandamientos. Las segundas copias de las tablas de piedra junto a una dalmática de Josué, fueron guardadas –por voluntad de Dios- en un arca, a la cual se le rendía culto desde una tienda llamada “del encuentro” (Exodo 25,10ss). 
Por ello, no cabe la menor duda de que Dios siempre ha deseado que no solo observemos su Palabra, sino que la admiremos y le rindamos culto, como elemento fundamental de su presencia entre nosotros, junto a otros elementos sagrados y semejantes a este como es la sagrada Eucaristía. Dios desea que asumamos su Palabra como vida propia nuestra, «meteré mi ley en su pecho, la escribiré en su corazón» (1Reyes 31,33). 

Pero vueltos a la realidad actual, la Palabra de Dios es un elemento que no interesa a los creyentes –practicantes o no-; sino que más bien llega a ser un elemento decorativo que sirve para llenar un espacio de nuestras celebraciones rituales. Si en la actualidad nuestra iglesia tiene serios problemas para hacer atrayente el mensaje y obra de Jesús de Nazaret, no digamos ya la tarea titánica de saber crear entre los creyentes la iniciativa particular o comunitaria de escudriñar y discernir las escrituras para beneficio de la vida del creyente y de la comunidad. “Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Lo he jurado y he de cumplirlo” (Salmo 118,105-106), dice el autor de este Salmo, el cual elabora una gran plegaria de alabanza y súplica a Dios y a su ley. 
Quizás no debiéramos de perder de vista, el uso que muchos antes que nosotros han hecho de la Palabra de Dios. Ella es testimonio vivo de la presencia de Dios entre nosotros, como palabra inspirada y hecha vida desde el mismo Jesús de Nazaret, palabra hecha camino verdad y vida. Me fascina un relato del libro del Génesis que quiero compartir al uso del tema (28,10-13): “Jacob salió de Berbeba y fue a Jarán. Llegando a cierto lugar, se dispuso a hacer noche allí, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso por cabezal y se acostó en aquel lugar. Y tuvo un sueño: soñó con una escalera apoyada en tierra y cuya cima tocaba los cielos, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y vio que Dios estaba sobre ella[…]”. 

Las claves simbólicas son claras y nos pueden enseñar más sobre la relación con Dios, que cualquier predicador o teología concreta. Ese Jacob somos cada uno de nosotros y se nos ofrece un medio para comunicarnos con Dios. Es posible la comunicación entre nuestra tierra y la dimensión celestial de Dios –el Trascendente-, pues la simboliza el subir y el bajar de los ángeles por la escalera; mensajeros de Dios. Por ello, desde tiempo inmemorial Dios se nos ha revelado a través de la historia y su Palabra como un Padre comunicativo que desea encontrarnos en la vida, cercano y accesible. 
¿En qué lugar de culto o templo tiene lugar esta experiencia religiosa de Jacob? En ningún lugar sagrado. El sitio es la propia vida sencilla y vivida y además en la oscuridad del sueño, cuando la persona es más vulnerable. Solo basta esperar en Dios y en querer asumir su palabra de vida: «Dios mío, lo quiero, llevo tu ley en las entrañas» (Sal 40,9). 
Como he dicho son muchos los elementos sagrados que nos llevan a Dios y por medio de los cuales asimilamos su voluntad y nuestra condición de Hijos. En un lugar primordial de nuestra vida de creyentes, debe estar la Palabra de Dios. Significada y dignificada como testimonio de la vida y obra de un Dios, que por amor nos creó. Se nos reveló en la vida y en Jesucristo, y que desea por encima de todo que lleguemos a la salvación de nuestra vida por la propia observancia de Su Palabra. 
Sin mengua de la verdad y de la santidad de Dios, la sagrada Escritura nos muestra la admirable condescendencia de Dios, “para que aprendamos su amor inefable y cómo adapta su lenguaje a nuestra naturaleza con su providencia solícita” (S.Juan Crisóstomo S.IV). 
Hermanos y hermanas de la hermandad del Dulce Nombre, la cuaresma es un tiempo más que oportuno para hacer desierto. No debemos de perder la oportunidad de hacer silencio, de encontrarnos con Dios desde la realidad de nuestro propio yo –con sus luces y sus sombras-. ¿Qué puede obrar la Palabra de Dios en el mundo, si Dios no cuenta con las obras de tus manos? Seamos merecedores de su amor asumiendo su Palabra, rindiéndole culto, considerándole un trato sagrado y oportuno. Ojalá nos lleguemos a decir de una forma plenamente consciente, que para nosotros: “lo mejor es estar junto a Dios” (Salmo 73,28). Buen camino a través del desierto cuaresmal. Un saludo fraterno en Jesús, que es Palabra, camino, verdad y vida.

Florencio Salvador Díaz Fernández

(Estudiante de Teología y Sagrada Biblia)

(*) Publicado en la revista cuaresmal "BLANCA Y COLORÁ" nº 14 Cuaresma 2017.

sábado, 6 de agosto de 2016

DIOS ES NUESTRO - FLASH DE LA PALABRA DE DIOS PARA EL FINDE. Domingo 19º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Dios es nuestro – flash de la palabra de Dios para el finde

Pero no acabamos de entenderlo ni de asumirlo en nuestra vida de creyentes. No me gusta  hablar de culpas, pero sí de responsabilidad. Desde un plano general, nunca se ha apostado por la formación ni por el estudio o el escudriñamiento de las escrituras. Sencillamente porque nunca les ha convenido a nuestros pastores –que nos quieren ignorantes-, ni al creyente en general; pues ponerse a ello supone un autentico dolor de cabeza y una implicación más intensa en el proyecto del “Reino”. 
Es mucho más fácil ir a misa el domingo –o cuando sea- y que el cura te ponga a parir y te diga que es lo que tienes que hacer. Todo esto es lo fácil, aquello a lo que se prestan un buen número de creyentes, a los cuales respeto. Lo difícil, considero yo que es el asumir que somos proyectos de Dios, cada uno de nosotros de manera individualizada; y teniendo esto claro aspirar a la comunidad desde un plano bastante general. 
"Lo único que hace verdaderamente hace falta para SER del Reino de Dios, es escuchar su palabra y aplicarla en el mundo con solidaridad y fraternidad, todo lo demás es absolutamente accesorio, todo."

No diré comunidad cristiana, pues eso hoy es día es puro reduccionismo, sino comunidad humana; pues un cristiano o un creyente hace falta en cualquier parte del mundo. Ojo, no para anunciar nada con aspiraciones de conquistadores, sino para testimoniar humanidad, que es de lo que auténticamente está necesitado el mundo. 
Este “finde” es intenso pues junto a la Liturgia de la Palabra del Domingo celebramos la transfiguración del Señor. Pueden ir la de la mano muy fácilmente las dos cosas. La transfiguración es una experiencia más del Jesús Resucitado que tuvieron los apóstoles. Es una situación épica, en la cual Dios da a Jesús plena autoridad para hablar en “SU” nombre y “SER” escuchado en su nombre; como garante absoluto del proyecto del Reino de Dios. 
Un Reino que está en ti y en mí, si así lo deseamos. Lo está por inercia, sin más. No cabe aquí decir que el Reino de Dios sea exclusivo de los bautizados, pues hay bautizados que dejan bastante que desear. Para ser del Reino, basta con querer serlo; y a posteriori ya se preocupará uno de desarrollar las actitudes propias del Reino de Dios en la vida de cada uno. 
Un Reino para el que Jesús nos advierte en el evangelio, que no debemos tener miedo. El miedo es propio de la condición humana, es algo que sentimos cuando peligra nuestra seguridad. Pero la seguridad máxima del Reino de Dios es la dignidad humana, la propia y la ajena. Y al respecto recibimos de Jesús un llamamiento concreto a vivir el miedo desde un plano ofensivo y no defensivo. 
El miedo puede paralizarte, pero sí que quedas estático –condición defensiva- te pierdes. Por el contrario Jesús nos llama a vivir el Reino de Dios desde la defensiva, afrontando así el miedo, la alegría y toda circunstancia positiva o negativa que se nos pudiera dar. 
Eso sí, una actitud defensiva desde el amor, el respeto y la fraternidad. El papa Francisco lo ha dicho hace unos días en Cracovia, “nuestra respuesta a un mundo en guerra se llama fraternidad”. Ojalá vivamos ampliamente nuestra condición de hijos e hijas de Dios, necesarios y precisos para Él que es la vida misma; el origen y sentido de todas las cosas. 
Un Dios que es fe consolidada y desde cuya fe se persevera (Hebreos 11,1-2.8-19). Un Dios que desde antiguo animó a los creyentes a estar en acción permanente escuchando Su Palabra y aspirando a la promesa de la esperanza, en cuya acción debemos colaborar (Sabiduría 18,6-9). Un Dios que nos ama y en la vida nos busca, y del que nos debemos sentir dichosos de que nos acoja en su corazón (Salmo 32), que es la vida misma del mundo. Amén.

Fraternalmente, Floren.

viernes, 27 de mayo de 2016

PLEGARIA DEL CUERPO, DE TU CUERPO, SEÑOR - FIESTA DEL CORPUS CHRISTI

PLEGARIA DEL CUERPO, DE TU CUERPO, SEÑOR


¡¡Bendito seas, Padre Dios por tu Cuerpo!!
Una vez me preguntaron quien es Dios.
“La definición de lo indefinible”, dije.
Y es que eres tan grande y tan extenso, y abarcas tanto,
que solo puedo decir de ti que eres VIDA.
Toda la vida.
Toda vida creada desde el germen de la tierra.
Toda vida que germina, y se seca,
y produce frutos, y grita por ser respetada.
Toda vida, cuyo germen reside en cada célula
y en cada molécula de cada ser vivo
que puebla la tierra y el cosmos.
¡¡Mil veces bendito seas!!
Porque eres vida, Padre,
creaste el ciclo de la existencia
que armoniza el tiempo de vida de cada ser
y el movimiento de los distintos elementos
que conforman el mundo.
¡¡Que grande eres!!
Tu obra es un mecanismo sabio,
que a lo largo de mil eternidades
ha dado muchos frutos, creado caos
del cual nació el género humano,
como paradigma de tu creación y de tu propia vida.
¿Somos como Tu, Padre?
¿Estamos a la altura de tu creación?
¿Somos capaces de imitar tu ejemplo creador de dar vida?
Nos diste unas manos para hacer muchas cosas,
pero el hombre y la mujer se revelaron a través del tiempo,
como la especie más invasiva y perjudicial para la Tierra,
nuestra casa común.
No sé si por el amor que tienes a toda tu creación,
o porque nunca te cansas de darnos otra oportunidad,
un día nos ofreciste a tu Hijo Jesús,

nacido de una gran mujer como cada uno de nosotros.
Parido por la tierra, para dar frutos
con las obras de sus manos y la hondura de su corazón.
¡Y de qué manera, Padre!
Si su vida era tu vida, es fácil comprender
la belleza del mundo y lo mucho que nos afanamos
en ocasiones en su destrucción masiva
y en destruir puentes a menor escala.
Jesús fue precursor de un amor,
cuya esencia es la apertura hacia el otro,
la fraternidad, el respeto y la sanación de las heridas del cuerpo y el alma.
¡Y cuanto nos fatigamos, Padre,
por ser los primeros en esta absurda carrera de obstáculos,
en la cual nada podemos hacer contra los elementos que nos superan!
Estamos rodeados de ejemplos de vida que necesitan ternura,
misericordia, compasión y entrega.
A todas y todos los que decimos seguir las huellas de tu hijo,
se nos debería de caer la cara de vergüenza,
al mirar expectantes como se falta al respeto a la persona,
como se le anulan sus derechos en favor de la “prima de riesgo”;
y como se sobre explota a la tierra,
comenzando por la falta de urbanidad
al cuidar el espacio común y que es de todos.
Fraternidad, solidaridad efectiva, ecología cristiana, ternura…etc;
aspectos de los que no se hablan en las grandes reuniones,
pero que pueden ser la receta para comenzar a construir de nuevo,
o recomponer tu agrietado CUERPO.

Tu cuerpo es pan, recién salido del horno,
que calma el hambre y "comensalia" pues puede ser compartido
en nombre de Jesucristo.
Tu cuerpo es mujer, golpeada y no escuchada y mal pagada.
Tu cuerpo es iglesia NO CORPÓREA ni institucional,
de los que no van a misa pero a todos nos llevan la delantera.
Tu cuerpo es juventud, necesitada de pastoral
puerta a puerta y testimonios creíbles de vida.
Tu cuerpo es voluntariado callado y silente
de los que ayudan porque sí.
Tu cuerpo es apuesta por lo humano,
y lo divino desde lo humano, pues
“un vaso de agua que demos, a Ti te lo damos”.
Tu cuerpo es amor, tradicional de arco iris  o amor de
“te quiero porque te quiero y punto”.
Tu cuerpo es fiesta y alegría permanente en el Resucitado.
Tu cuerpo es necesidad de acogida,
diálogo, paz y silencio.
Tu cuerpo es donación, coherencia y compromiso.
Tu cuerpo es vida, Padre.
Tu cuerpo es tierra, animales, plantas y árboles callados.
Tu cuerpo es energía.
Tu cuerpo es "Espíritu Indomable y Santo".
Tu cuerpo es yo, Tu y aquel.
¡¡Bendito seas, Padre, por tu cuerpo!!
Ojalá todos nos comprometamos en la escucha,
en el trabajo, en la observancia de Tu Palabra de amor;
para hacer grande tu cuerpo
y alabarte con nuestro cuerpo en el mundo.
Amén.

Floren de Estepa

(el autor autoriza la difusión indicando su procedencia)

jueves, 4 de febrero de 2016

AMAR A DIOS ES...

*AMAR A DIOS ES... 

Amar a Dios es...
aunque te vayan golpeado el alma cada día,
una y otra vez, decirle:
contigo, puedo.

Amar a Dios es...
no dar un buen consejo, sino amar
un poquito a quien necesita.

Amar a Dios es...
decirle cada día
dame fuerza para seguir.

Amar a Dios es...
descubrir que el tiempo es
demasiado importante,
para desperdiciarlo.

Amar a Dios es...
oír gritar silenciosamente,
como los demás piden amor.

Amar a Dios es...
Descubrir al mundo
que la mejor medicina es amar.
Y la mejor terapia el perdón.

Amar a Dios es...
Aprender a ser feliz,
a través del sufrimiento.

Amar a Dios es...
comprender que la distancia
entre un "si pero",
y un "si quiero"
es estar comprometidamente
enamorado.

(Charo Sánchez)

miércoles, 12 de noviembre de 2014

DIOS ESTÁ CON NOSOTROS

Dios está con nosotros

Recuerdo hace unos años una campaña publicitaria en autobuses urbanos, la cual decía “probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta la vida”. No me gusto esa campaña. No, porque cuando una persona tiene una creencia o una convicción determinada y la vive desde la responsabilidad y el respeto al otro, no necesitamos que nadie venga a abrirnos los ojos hacia otra realidad distinta que puede no ser mejor. 

Tenemos claro que esta campaña apostaba por la laicidad en sentido de negación hacia el “Teísmo”, hacia la religión sea la que sea. Quiero aclarar que la negación de la religión en demasiadas ocasiones se ha confundido con la palabra Laico o laicidad. A veces incluso se habla de sana laicidad, bueno. La laicidad no es ni mala ni buena, si se ignora. Pero hay que tener claro que lo laico es lo relativo al pueblo, lo propio del pueblo, lo que se refiere al pueblo. 
Es por eso que en el catolicismo los laicos somos los no ordenados, el pueblo al fin y al cabo. Y yo soy laico y pertenezco al pueblo. Considero que todos los privilegios de este mundo deben ser suprimidos pues Jesús siempre quiso igualdad de oportunidades, sobre todo para las clases desfavorecidas. Y por encima de todo soy creyente y un hombre de fe. 
Puede que en muchos casos me aparte de la ortodoxia católica. Puede incluso que esté más fuera que dentro, pero creo en Dios como dador de vida, en Jesús que nos revela en su vida al Padre y en el Espíritu Santo que nos hace percibir la realidad misma de Dios. No quiero caer en la intransigencia, pero jamás consentiré que nadie me coloque en la disyuntiva de si Dios existe o no existe. 
Es imposible para un creyente dirimir esta cuestión. Quizás lo sea solamente, porque Dios no puede ser demostrable sino es desde la propia vida, viviéndolo y respirándolo. Decía Albert Camus que “juzgar si al vida vale o no la pena de ser vivida es responder a la cuestión fundamental de la filosofía”. Y si la persona es creyente y tiene su fe fundamentada, opino que siempre tiene que apostar por la vida en un sentido esperanzado si es posible. 
Y si pierde la esperanza, los que vivimos en fraternidad y comunidad debemos ser sensibles a las realidades presentes para paliar las causas del desaliento. Todas estas actitudes merecen ser vividas considerando a Dios como Padre que nos ama con ternura, desde el sentido más profundo de la palabra “abba”, papaíto (Rom 8,15). 
En demasiadas ocasiones hemos convertido a Dios en Dios cebolla cubriéndolo de multitud de obstáculos, sacralizando elementos y situaciones donde es imposible que Dios se haga presente. Y por ello, ignorando la realidad primigenia donde Dios se nos hace “Presencia” y se nos hace realidad. 
Siempre me ha llamado la atención el episodio de Ex 3,5b; “descalza tus pies, porque el lugar que pisas es suelo sagrado”, le dice Dios a Moisés. Moisés acude a la cumbre Sinaítica a resolver una duda sobre un fuego que no se apaga. El fuego que no se apaga es la propia situación interior que Moisés vive y por la cual sufre, al saber de la injusticia de sus hermanos oprimidos en Egipto. Anda el camino hacia la cumbre hacia Él mismo, y allí se encuentra con Dios. 
Es el momento de la presencia de ambos el que Dios –digamos que- hace sagrado y por el cual le invita a desprenderse del calzado, porque es en la tierra, en la vida de cada uno y en su propia realidad donde Dios se nos revela de una manera más impresionante y magnifica. La tierra, la vida, la existencia…etc; todo es Presencia de Dios si en el nos apoyamos para llevar adelante nuestra vida, nuestro proyecto y la construcción sencilla y sin demasiadas historias del Reino de Dios cuyas bases nos muestra en tantas ocasiones Jesús de Nazaret. 
Recuerdo hoy a Pedro Casaldáliga y ese largometraje sobre su vida titulado “Descalzo sobre la tierra roja”. Allí tuvo Pedro su misión y allí la tiene. Le pudo costar la vida pero le costó mucho más, la vida de los suyos y de quienes por su sufrimiento se hicieron suyos. Es cierto que no somos Pedro, pero tenemos una tierra con unas personas conocidas o no y unas causas por las que luchar. 
El evangelio siempre nos anima a tomar el arado, el rumbo con determinación y hacerlo descalzo si es posible. Descalzo por muchos motivos. En primer lugar por sentido del desprendimiento, en segundo lugar quizás porque descalzo no se duerme uno y consigue atemperar la cabeza y actuar con responsabilidad. Descalzos para como Moisés, ser conscientes de que es en ese momento inesperado donde Dios se revela, como fuego que no se apaga. Y nos invita a vivir la vida desde “Su” propia vida y/o existencia. 

Creo en Dios porque creo en la vida. Una vida a la que nací hace treinta y siete años tal día como hoy. Dios se bendiga así mismo por la oportunidad que me dio y a mis padres por amarse hasta el extremo y traer otra vida al mundo. Permita la vida que todas las ocasiones de mi vida sean ocasiones de Presencia ante Dios. Que al estar con las personas –con la gente- aprenda a estar con Dios, su Hijo y su Espíritu, pues cada humano es Templo del Espíritu. 
El Señor ilumine a todos aquellos que tenemos la osadía de ponernos en su Presencia.
El Señor nos ilumine para saber "Ser Presencia" entre los hermanos. Con Clara de Asís proclamo. “¡¡Gracias Señor, porque me creaste!!”. Paz y bien.

lunes, 13 de enero de 2014

DIOS NO CASTIGA A NADIE - JOSÉ MARÍA CASTILLO, TEÓLOGO

Desde hace unos días, se comenta (entre indignación y escándalo) lo que ha dicho recientemente el párroco de un pueblo de León, asegurando tranquilamente que el cáncer, que sufre un conocido político del PSOE, podría ser “un castigo de la Divina Providencia”, por causa de la condición homosexual del mencionado político. 

Más allá del disparate, que entraña semejante afirmación, la injustificada (y nunca demostrable) opinión de este sacerdote nos lleva derechamente a afrontar una pregunta de ésas que tocan fondo en asuntos de religión. La pregunta es ésta: ¿Dios puede ser vengativo y castigador?Más concretamente: el Dios en el que creemos los cristianos, el Dios que se nos reveló en Jesús, ¿puede utilizar la venganza y el castigo contra aquellos a los que considera pecadores o indignos por el motivo que sea? No entro aquí en el juicio que pueda hacerDios de la homosexualidad. En cualquier caso, afirmar que la condición homosexual es una perversión que merece un castigo divino, que se traduce en los sufrimientos de un cáncer, representa un disparate tan monumental como indemostrable. ¿De dónde sabe ese cura que Dios castiga la homosexualidad con los padecimientos de un cáncer?
Pero no es esto lo más grave que ha dicho el mencionado clérigo de la diócesis de León. Lo peor de todo ha sido presentar a Dios como justiciero, vengativo y agente de castigos que nos estremecen de miedo. El Dios que nos enseña el Evangelio, ¿puede ser un Dios vengativo y castigador?
En los evangelios, el término “castigo” (“dikê”) ni se menciona. Y el verbo “castigar” o “vengar” (“ekdikéô”) sólo aparece en la parábola de la viuda que pide justicia (Lc 18, 3 ss). Es verdad que, en los escritos de Pablo, se habla de la venganza de Dios (2 Tes 1, 8; Rom 12, 19 s; cf. Deut 32, 35. 43). Pero será bueno saber que, cuando Pablo habla de Dios, se refiere al Dios de Abrahán y a las promesas hechas a Abrahán (Gal 3, 16-21; Rom 4, 2-20) (U. Schnelle, Paulus. Leben und Denken, Berlin 2003, 56). Y sobre todo es fundamental recordar que el Dios, al que se refiere Jesús, es el Padre bueno que no hace distinción entre buenos y malos, entre justos e injustos (Mt 5, 43-48). Es, además, el Padre que acoge al perdido y al extraviado, sin reprenderle ni pedirle explicaciones, haciéndole fiesta en el colmo de su alegría (Lc 15, 11-32). Pero, sobre todo, cuando los cristianos hablamos de Dios, jamás deberíamos olvidar que la definición que se nos da de ese Dios se reduce a que “es amor” (1 Jn 4, 8. 16). Ahora bien, si Dios se define esencialmente por el amor a los demás, sean quienes sean y vivan como vivan, eso quiere decir que Dios no sabe, ni quiere, ni puede hacer otra cosa que no sea amar y hacer felices a los seres humanos, como bien ha hecho notar el prof. A. Torres Queiruga.
Por eso, deberíamos distinguir cuidadosamente que no es lo mismo castigar que corregir. El castigo es “un fin en sí”; y no tiene, ni puede tener, otra finalidad que hacer sufrir. Es lo más opuesto a cualquier forma de bondad y amor. La corrección es “un medio” (doloroso o desagradable) para obtener un fin posterior, que siempre es positivo y gozoso. Por eso, los padres corrigen a sus hijos, los maestros a sus alumnos. Jesús no castigó a los fariseos cuando les dijo que eran “hipócritas”. Como tampoco castigó a Pedro cuando lo calificó de “¡Satanás!” (Mt 16, 27 par). En éstos - y en tantos otros casos - Jesús no actuó como “castigador”, sino como “corrector” del que sólo pretende el bien y la dicha de aquellos a quienes corrige.
De ahí que podemos (y debemos) preguntarnos: ¿es compatible la existencia del infierno con la bondad y el amor que definen a Dios? Si el infierno, por definición, es eterno, eso quiere decir que el infierno no puede ser medio para nada ulterior. El infierno es lo último y definitivo. El Dios, que hace y mantiene el infierno, no puede ser sino un Dios castigador, un Dios que jamás podría ser definido como amor. Por lo demás, el Magisterio de la Iglesia no ha definido nunca, como dogma de fe, la existencia del infierno. Lo que la Iglesia ha dicho es quien muere en pecado mortal, se condena. Pero la misma Iglesia no ha dicho (ni puede decir) de nadie que una persona concreta haya muerto en pecado mortal. Digamos, pues, con más lógica y más humildad, que el lenguaje metafórico del fuego, las tinieblas exteriores y el rechinar de dientes no pasan de ser formas de expresión que nos dicen que Dios es justo y hace justicia. Pero, ¿cómo la hace? Eso, nadie lo sabe. Ni puede saberlo.
Aceptemos, pues, nuestra limitación en todo cuanto se refiere a nuestro conocimiento del “más allá”. Y, por supuesto, jamás utilicemos a Dios o a la eternidad para fomentar el miedo y el sometimiento de la gente a los intereses de poder y autoridad de los que usan y abusan los profesionales de la religión. Echando mano de semejantes intereses, lo único que se consigue es hacer más odiosa e insoportable la causa de Dios.