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jueves, 8 de junio de 2017

¿CON QUÉ COMBATIREMOS EL FANATISMO?

¿Con qué combatiremos el fanatismo?
Seria desmedido hablar de pánico mundial respecto de los atentados que se suceden en Europa, en primer lugar porque sin haber en el mundo muertos de primera ni de segunda; en otros lugares de la tierra –puntos calientes le llaman- hay matanzas con más frecuencia que en nuestro continente. Si es cierto que los movimientos de masas se intensifican, por la necesidad humana de vivir mejor y buscar oportunidades. 
El hecho es que en la actualidad es innegable que el terrorismo fanático es un asunto de capital interés, por la importancia de su erradicación. Además, los grupos terroristas al alza y conocidos por todos pues perpetran en la actualidad las mayores catástrofes incluso con los de su propia religión; atentan contra todo aquello que pueda ser vulnerable sin pretender justificarse por medio de la enseñanza coránica. 
Algo impensable pues el dios Alah del sagrado Corán, no es ni más ni menos violento o bondadoso que el Dios que se nos muestra en algunas páginas de la Biblia. ¿Quizás se trata de un conflicto cultural en sí mismo? Creo que sí. Cultural y social. 
Hay reconocidas en el mundo países y zonas absolutamente debilitadas y desfavorecidas a los largo de épocas, bien por causa de los incesantes conflictos y también por el retroceso al que sus gobernantes han obligado al pueblo, al pretender aplicar tradiciones fundamentalistas del más extremo integrismo religioso. Muchos de estos gobernantes y aquellos a los que adoctrinan, pretender ganar terreno a occidente, no por medio del desarrollo intelectual, avances culturales o ampliación de derechos, no. 
Su planteamiento se basa en la más absoluta ignorancia –incluso de su propia religión-, pues pretenden ganar su batalla contra todo, por medio de la conquista como si viviéramos en plena edad media, cuando se conquistaban terrenos a golpe de espada. 
El caso es que es un autentico quebradero de cabeza para muchos países la actual situación, pues es casi imposible controlar la libertad humana de cada individuo, para no permitirle causar el mal. Además es un complejo encaje que nunca debe  restringir derechos, como el de la privacidad y la libre autonomía de movimientos. Eso sí, algo hay que hacer. Y en ese algo hay dos factores que considero esenciales o que pueden colaborar de manera muy efectiva para erradicar el fanatismo religioso. 
Esos dos factores son el Cristianismo y el Islam. Cada cual como dimensión religiosa por medio de la cual el individuo se relaciona con Dios y con su entorno, y como elementos desde cuya doctrina –oportunamente contextualizada- se pueden derivar enseñanzas muy válidas para construir la paz, aplicando el respeto, la colaboración y la fraternidad; todo ello al servicio de toda la sociedad religiosa o no religiosa. 
Cuando hablo colaboración, llamo la atención de los hermanos islámicos pues ellos son de vital importancia para detectar en sus congéneres actitudes, predicamentos y enseñanzas que puedan adoctrinar hacia un fundamentalismo que capte personas para hacerlos objeto del terror y la muerte de inocentes. Es cierto que también hay fundamentalismo en el cristianismo, incluso ha existido de manera agudizada en ciertos grupos establecidos en países concretos. 
Pero en la actualidad es más que necesario el educar y enseñar en la necesidad vital de ser fraternos y humanos para poder tener cada cual nuestro espacio. Corán e Islam no pueden ser relativos a terrorismo, eso es un despropósito. Puestos así, no sé qué religión tendría más millones de muertos inocentes a sus espaldas. Es más que preciso no relacionar movimientos migratorios y refugiados con bombas, caos e inseguridad. 
Un mundo fraterno es un buen mundo, y la diversidad siempre ha enriquecido las culturas. Dejándonos cada uno nuestro espacio, pero sin pretender ser colonizadores de manera velada. 
He escuchado varias veces algo de me chirria los oídos respecto de los inmigrantes: “-que se acostumbren ellos a nuestras tradiciones que para eso están en nuestro país”. Pues, “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis, anduve sin ropa y me vestisteis, caí enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme”. (Mateo 25,35) 
Si Cristo puede estar en cada uno de estos, ¿a cuál de ellos le vas a preguntar su procedencia como condicionante a tu fraternidad? Demostremos nuestra talla humana. Hagamos gala de cristianismo autentico –no solo del de la misa de los domingos-. Atendamos que en el Islam también se salvarán y que incluso habrá quienes nos lleven la delantera. Apliquemos el amor y las buenas intenciones, para llevar la bondad a los corazones y aspirar un mundo mejor, donde cabemos todos. Solo hay que apretarse un poquito.
Mi oración con Ignacio Echeverria -fallecido defendiendo la libertad en Londres- y mi solidaridad con toda su familia; así como con las demás victimas y heridos del terrorismo mundial.


Fraternalmente, Floren.

sábado, 14 de noviembre de 2015

PLEGARIA POR LOS INJUSTAMENTE ASESINADOS - Ante el Terrorismo en Francia

Cuando el mundo despierta horrorizado
ante una ejecución masiva de personas,
así de silenciosos y estremecidos,
con la mirada perdida en el horror,
te bendecimos hoy Padre de los ajusticiados.

En la Cruz de Jesús converge, como en un cáliz,
la sangre viva de los mártires por la libertad,
de los hombres y mujeres justos
que testimoniaron humanidad;
el cuello segado de los rebeldes,
las mujeres que se revelaron ante el abuso,
el pensamiento prohibido de los creadores,
la lengua torturada de los profetas,
el cuerpo quemado de los reformadores
y las manos amputadas de los que edificaron el futuro.

No podemos nombrar el número de cruces
que pueblan el horizonte de las tierras.
Desde el filo de la espada, hasta los modernos explosivos;
desde el mar traicionero de los “sin-patria”,
desde el cañón de los fusiles y las armas atómicas;
desde el estremecimiento de la inyección letal
y la devastadora hambre que también mata en el mundo.

Desde el horror de los hornos crematorios
de los campos de exterminio
hasta el asesinato de los mejores de la tierra,
se alza el alarido salvaje del dolor,
como el de un caballo herido en el pecho.

Es la cara de la humanidad humillada,
que como en un Guernica de Picasso
sostiene a sus hijos sin vida y sin alma.
Masas de pueblos enteros, Padre,
-del primer, segundo y tercer mundo-,
están siendo ametrallados, exterminados,
doblegados con vara de hierro y concertinas.

A todo este horror humano decimos ¡¡NO!!

Como una montaña de bronce se levanta la indignación
y apelamos a tu nombre –nuestro más sagrado compromiso-
para luchar contra toda pasión y todo martirio.
Sabemos que sea cual sea el nombre con el que se te invoque,
Tú no eres el Dios de los asesinos;
eres el Dios de los que viven en fraternidad y se entregan por amor.

Como tu Hijo Jesús de Nazaret,
el cual siguió amando en la Cruz,
concedió el perdón y la reconciliación,
no se retractó ni un ápice de su evangelio.

Su Espíritu sigue vivo, inquieta y mueve,
es la fuerza más revolucionaria de la tierra,
a pesar de que hemos pretendido domesticarlo a nuestro interés.

Unidos a este Espíritu, y uniendo a la Cruz de Jesús
a los injustamente ajusticiados, reconocemos
que la sangre de los justos será semilla de hombres y mujeres nuevos.
Los cuales conquistaremos el mundo y los corazones,
por medio del respeto, la aceptación mutua, la humanidad y la fraternidad.

Que tu Presencia, Padre,
sea bálsamo para los familiares y amigos de los asesinados;
que estos se hallen en Ti la paz,
y a nosotros danos cordura para testimoniar

y poder hacer la vida más fácil en este suelo que pisamos. Amén.

viernes, 25 de enero de 2013

PLEGARIA BUDISTA DEL SUFRIMIENTO


Para orar
Que todos los seres de todo lugar,
víctimas del sufrimiento de cuerpo y de espíritu,
puedan lograr un océano de dicha y de gozo
en virtud de mis méritos.
Que los desnudos encuentren vestido,
los hambrientos, alimento,
los abandonados, nueva esperanza,
dicha y prosperidad para siempre.
Que todos los enfermos e inválidos
se vean muy pronto libres de su enfermedad,
y que todas las enfermedades del mundo
desaparezcan para siempre.
Que los que están aterrados cesen de tener miedo
y los encadenados vuelvan a encontrar la libertad;
que los sin-poder encuentren el poder
y los hombres no olviden el gesto de la amistad.
Que todos los viajeros encuentren la felicidad
allí donde vayan,
y realicen sin esfuerzo
aquello por lo que un día se fueron.
Que ninguna criatura viva sufra jamás,
cometa el mal o caiga enferma;
que ninguna tenga miedo o sea despreciada,
o que ningún espíritu sea jamás humillado.
Que mientras dure el espacio
y queden seres vivos,
también yo permanezca
para eliminar del mundo la miseria
(Plegaria de Shantideva, santo y sabio budista del s. VIII)
Ofrecida por José Arregui en: http://www.atrio.org/2013/01/yo-estuve-en-bilbao/