CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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jueves, 24 de noviembre de 2016

EL PREOCUPANTE SILENCIO DE LOS OBISPOS - JOSÉ MARÍA CASTILLO, TEÓLOGO

José M. Castillo, Doctor en teología.

Es un hecho que hay asuntos importantes, que afectan a la vida nacional o a grandes sectores de la población, en los que los obispos no se callan. Baste pensar en asuntos que afectan a la moral pública, como puede ser el tema del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo o los privilegios legales y fiscales que afectan a la Iglesia. Y no hay que insistir en el empeño responsable de nuestros Prelados por difundir la religiosidad y las creencias cristianas, cosas que tanto bien hacen a no pocos sectores de la sociedad.  Sabemos de sobra que, en estos casos (y otros que se podrían señalar), hay obispos – o incluso la Conferencia Episcopal en pleno – que se pronuncian con decisión y, en algunos casos, con una energía que llama la atención.
Por supuesto, los obispos – como los demás ciudadanos – tienen perfecto derecho a manifestar en público sus ideas, sus convicciones y, en general, aquellas cosas con las que están o no están de acuerdo. Lo que resulta aún más comprensible, si tenemos en cuenta que los obispos, como  dirigentes y además responsables en el gobierno de la Iglesia Católica, tienen por eso mismo el derecho y el deber de orientar a la sociedad en aquellas cuestiones que, desde las creencias cristianas, inciden en la vida de los individuos y de la sociedad en asuntos muy determinantes para la ciudadanía, como tales ciudadanos y, además, como personas que tienen el derecho y el deber de cumplir con sus obligaciones religiosas.
Pero ocurre que, en la situación tan amplia y tan   problemática, que acabo de plantear, tienen una importancia decisiva, no sólo las cosas que se dicen, sino también las que no se dicen. Como bien sabemos, a veces sucede que un silencio resulta más elocuente que mil palabras. En este sentido – y desde este punto de vista – hablo aquí del preocupante silencio de los obispos.
No me refiero, ni puedo referirme, a todos los obispos. El episcopado español es lo bastante numeroso como para que en él haya hombres de las más diversas mentalidades y formas de vida, dentro de lo que permite la condición de “obispo de la Iglesia Católica”. Como también es verdad que, a veces, los medios de comunicación conceden más o menos importancia a una determinada noticia según la mentalidad o las conveniencias de quien difunde los hechos y las ideas ante la opinión pública.

Todo esto es así. Pero precisamente porque es así, por eso mismo resulta tan preocupante el hecho de que los obispos españoles no se pronuncien, como tendrían que hacerlo, en asuntos muy graves, que afectan a grandes sectores de la población, y en los que una palabra autorizada, como lo sigue siendo (para esos asuntos) la palabra del episcopado o el pronunciamiento de un determinado obispo en ciertos casos.
Basta poner algunos ejemplos, para hacerse una idea más concreta de la gravedad del asunto. Ahora mismo están en juego, en España, problemas tan graves como el futuro de las pensiones de ancianos, viudas y huérfanos. ¿Y no tienen nada que decir nuestros obispos, al menos en las rayas rojas de mínimos que los legisladores nunca deberían traspasar? ¿Tampoco tienen nada que decir cuando se trata de gestionar la economía de manera que la consecuencia es que cada año la distancia entre los más ricos y los más pobres resulta más asombrosa? ¿Ni se les ocurre nada para quejarse – al menos “quejarse” – de la cantidad de familias que tienen que vivir de la limosna, buscar algo de comida en los contenedores de basura o sencillamente acostarse sin cenar? ¿Ni existe un pronunciamiento religioso a favor de los refugiados que aquí no encuentran refugio, ni de los jóvenes que aquí no encuentran trabajo, ni futuro, ni esperanza de una vida digna? Por no hablar de la cantidad de años que los jerarcas de la Iglesia se han callado los abusos que no pocos clérigos han cometido contra menores. Y en esto – también hay que decirlo – lo más doloroso es que la imposición del silencio venía de Roma (eran otros tiempos). Porque lo que más importaba no eran los derechos de las víctimas, sino la “respetabilidad” de los clérigos.
Y a estas alturas, no faltan obispos que ponen el grito en el cielo cuando alguien se pone a defender los derechos de personas homosexuales, feministas, transexuales…. ¿No se les cae la cara de vergüenza a los sedicentes “hombres de Dios”, cuando desde tales posturas nos quieren hablar precisamente de Dios? ¿De qué Dios nos están hablando? ¿Del Dios de los palacios episcopales, las vestimentas doradas, los títulos y las reverencias que pretenden promover entre la gente una “mentalidad sumisa” para que no haya “desorden” y todo siga tal como está?

No sigo. Con lo dicho, basta para ponerse a pensar a fondo en el problema que tenemos que afrontar quienes, a pesar de todo, queremos seguir creyendo en el Evangelio. He sufrido “de la Iglesia y por la Iglesia” más de lo que algunos se imaginan. Porque quiero a esta Iglesia, que, a pesar de todo, me ha conservado la “memoria peligrosa” del Evangelio. Y por eso – precisamente por eso – no me callo. El día que perdamos el miedo a la libertad, sin duda alguna, empezaremos a trazar un camino con menos sufrimiento y más esperanza.     

jueves, 18 de febrero de 2016

EL SILENCIO DE NUESTROS OBISPOS - JOSÉ MARÍA CASTILLO SÁNCHEZ, DOCTOR EN TEOLOGÍA

  
              EL SILENCIO DE NUESTROS OBISPOS

                                     José M. Castillo


        En la situación tan decisiva y difícil, como la que estamos viviendo en España, llaman la atención, sorprenden y escandalizan muchas cosas, que no es el caso (ni pretendo) enumerar aquí. Pero hay una, en concreto, que no me puedo callar. Cuando se está decidiendo el futuro de nuestro país, lo que es tanto como hablar de la felicidad o la desgracia de tantas familias y de tantos ciudadanos, los obispos españoles dan la impresión de que no tienen prácticamente nada que decir.


        Por supuesto, en determinados momentos, sabemos que la Conferencia Episcopal (o quizá algún que otro obispo) han dicho que quieren el bien de España, la paz entre los ciudadanos, la justicia social, la rectitud ética o quizá otros tópicos y lugres comunes por el estilo. Pero afrontar directamente y con claridad los problemas que más nos preocupan ahora mismo a los españoles, de eso ni media palabra. O por lo menos, decir algo que haya sido importante y útil, de eso - que sepamos - nada de nada.

        ¿En qué país viven nuestros obispos? ¿Es que no se enteran de lo que está ocurriendo? ¿No se han dado cuenta todavía de la descomposición ética que está viviendo España? ¿No tienen ni idea del sufrimiento, de la humillación, de la desesperación en que viven tantas familias, tantos enfermos, tantos niños, tantas personas sin trabajo ni esperanza de tenerlo, tantos trabajadores mal pagados, tantas personas que tienen que huir de España porque aquí no se puede vivir, tantos políticos que se han enriquecido escandalosamente, tanta desigualdad entre unos pocos multimillonarios y millones de criaturas que no tienen fuerzas para seguir callando y aguantando, etc, etc?

        Ya sé que habría que recordar otras cosas de las que los jerarcas eclesiásticos, por lo visto, no tienen nada que decir. No pretendo (ni puedo) ser exhaustivo. En cualquier caso, lo que yo me pregunto es por qué se callan en estos asuntos tan graves, cuando sabemos que algunos de nuestros prelados tienen la lengua tan suelta para decir cosas  muy desagradables (y hasta injustas) contra las mujeres, contra los homosexuales, contra las personas que tienen una mentalidad  secular, laica o atea.

        ¿Por qué se callan nuestros obispos ante tantas cosas que claman al cielo? Me sospecho que, en muchos casos, callan porque tienen miedo. Miedo a perder privilegios legales, económicos y fiscales. Miedo a que les echen en cara con qué autoridad o credibilidad se ponen a decir lo que se tiene que hacer en la “ciudad secular” cuando ellos son los primeros que no ponen en práctica esas mismas cosas en la “Ciudad de Dios”? ¿Cómo va a exigir la Iglesia que se pongan en práctica los derechos humanos cuando la Iglesia no los reconoce ni los pone en práctica dentro de ella misma?


        Es triste y duro tener que reconocerlo. La Iglesia se ha quedado atrás en la historia. Su mentalidad, su teología, sus leyes, sus rituales, su moralidad, todo eso y tantas otras cosas, dan la impresión que son cosas de tiempos pasados, muy pasados. Tan pasados y atrasados, que cuando de pronto aparece un papa - tal es el caso de Francisco - que se ha empeñado en ponerse al día, es precisamente dentro de la misma Iglesia donde este obispo de Roma encuentra una oposición más fuerte e intolerante. ¿Y así queremos los cristianos poder decirle a nuestra sociedad y a nuestro país alguna palabra que le sea útil?   

lunes, 3 de noviembre de 2014

¡HABLEN, POR FAVOR, SEÑORES OBISPOS!

¡HABLEN, POR FAVOR, SEÑORES OBISPOS!
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, joanzapatero@gmail.com
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 03/11/14.- Está tan reciente, que si se tratase de una obra manual podría deshacerse todavía en las manos. Me estoy refiriendo a la corrupción política que estos días (finales de octubre) está acaparando todo tipo de medios. Como ciudadano me siento igualmente de indignado que lo están yo diría que todas las personas que formamos este país. Pero también lo estoy, o quizás de manera especial, no lo sé muy bien, como persona que intenta seguir a Jesús (soy muy amante de esta expresión); pero si alguien quiere que sea más explícito, no tengo ningún inconveniente en decir que lo estoy como católico que lo soy o que por lo menos me siento. 

Es precisamente desde esta segunda perspectiva que me gustaría decir alguna cosa, porque encuentro a faltar ciertas actitudes que hacen subir todavía más mi indignación. Veo que la Iglesia, me refiero muy especialmente a la jerarquía, a quien le falta tiempo para salir al paso a la hora de dar normativas a sus fieles, manifiesta una celeridad inusitada, a la vez que levanta la voz todo lo que puede en según qué circunstancias y en lo relacionado a según qué temas y, en cambio, calla o “hace mutis por el foro” en según qué otros. Pienso que no hace falta decir en cuáles, pero, ya puestos, podríamos hablar entre otros del aborto, de los homosexuales, de los divorciados vueltos a casar a quien, por cierto, se les niega la comunión, etc.
Algunos representantes de dicha jerarquía ponen el grito en el cielo llegando a pronunciar exabruptos cuando creen que algunas de estas cuestiones son transgredidas por parte de los gobernantes de turno. Baste recordar todo lo que llegó a decir el obispo de Alcalá de Henares, Monseñor Reig Pla, cuando el gobierno de Rajoy echó para atrás el proyecto de ley relativa al aborto, favorable a los principios de la Iglesia, que había presentado el anterior ministro de justicia, Sr. Gallardón. Parece ser que lo que estaba en juego era la vida o lo que es lo mismo el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios, lo cual no dejaba el más mínimo resquicio a la hora de infringir la condena en toda su dureza.
¿Dónde está el Séptimo Mandamiento? ¿Que acaso es de condición inferior al Quinto o al Sexto en cuanto a las relaciones humanas se refiere con todas las facetas a través de las cuales puede manifestarse, como por ejemplo el matrimonio fracasado y vuelto a rehacer o las uniones homosexuales, entre otros? ¿Por qué a estos se les dice que no pueden participar de pleno en la Eucaristía concretamente y, en cambio, reina el silencio más absoluto respecto a otras personas que roban y estafan, tanto sean descubiertas o no?
Señores representantes de la Iglesia simplemente les pediría dos cosas: en primer lugar hablar, pues el silencio a sabiendas es totalmente cómplice. En segundo lugar decir las cosas tal y como son, sin emplear embudos ni rodeos; nadie les pide que digan nombres, en caso que los supieran, porque pienso que no están acreditados para ello. Sino sencillamente decir que robar es un pecado tan fuerte y tan grave como cualquier otro que pueda hacer daño al prójimo.
No se escuden diciendo que ya lo hace Cáritas con toda la crudeza que es capaz de hacer desde sus palabras y desde sus hechos. Por cierto, aprovecho para decir que vayan desde aquí hacia ella todas mis gracias. Pero sean ustedes quienes den la cara y recuerden a quienes olvidan o postergan el Séptimo Mandamiento que ya desde tiempos bien antiguos, el pueblo de Israel en concreto, robar a los pobres constituía una de las ofensas más duras contra Yahavé y, por tanto, era uno de aquellos pecados que clamaban al cielo con todo lo que esta expresión encerraba en sí misma. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

lunes, 4 de marzo de 2013

EL SILENCIO DE LA CEE


EL SILENCIO DE LA CEE
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com MADRID.

ECLESALIA, 04/03/13.- Cuántas veces las palabras nos confunden, nos hacen pensar en otro significado. Y si las palabras pueden llevarnos a confusión, qué decir de las siglas. La cosa se complica si a eso le sumamos que al leerlas no estés en tu mejor momento, como me ocurrió hace unos días, medio adormilada por un fuerte catarro.
Leí distraídamente el siguiente titular: “La CEE ha donado casi 20 millones de euros en cinco años” y, recostada en el sofá, la sigla me trajo el recuerdo de Cee, un pueblo de Galicia cerca de Finisterre, bella tierra cerca de la Costa da Morte. 
El siguiente intento de leer la noticia entera fue también fallido: la somnolencia producida por el catarro y el sofá me dejaron en estado de duermevela y la sigla esta vez me recordó la antigua denominación de la actual Unión Europea: “Comunidad Económica Europea”, quizás hubiera sido más real haberlo dejado como estaba, al fin sólo se habla de dinero. De nuevo caí en letargo.
Al rato me enderecé con decisión, resuelta a dejar de divagar y centrarme en la lectura detallada del artículo que seguía al titular. Lo conseguí: “La Conferencia Episcopal Española entrega a Cáritas 6 millones de euros” (…) “en cinco años, casi 20 millones en aportaciones extraordinarias de la CEE con motivo de la crisis.
Es una buenísima noticia, sin duda. Cada vez se acercan a Cáritas más personas para  recibir todo tipo de ayuda. Las noticias dicen que están desbordados y sigue subiendo el número de necesidades provocadas por los recortes, el paro, los desahucios y, todo ello, aderezado con el continuo goteo de nuevos a casos de corrupción que están minando la credibilidad de partidos, instituciones y organismos del Estado.
Cáritas es la Iglesia con sus miles de voluntarios. También son Iglesia quienes marcan una X en la Declaración de la Renta; y la Conferencia Episcopal Española (CEE) también es la Iglesia con sus 2 cardenales, 14 arzobispos, 52 obispos titulares y 9 obispos auxiliares; más los llamados “Eméritos”: 4 cardenales, 5 arzobispos, 23 obispos titulares y 3 obispos auxiliares (Fuente:conferenciaepiscopal.es).
El tercer grupo citado, la CEE (compuesto por 112 personas) representan a todo el Pueblo de Dios de nacionalidad española. Creo no equivocarme entendiendo que son los padres y pastores, como decimos en las preces, que guían y pastorean al rebaño. Es natural queCáritas reciba y siga recibiendo dinero de la CEE, pero eso no le exime de profundizar más en el cuidado y protección de la gente. Con el término “gente” (de nuevo las palabras hay que explicarlas) me estoy refiriendo a seres humanos, hijos de Dios, sin distinciones.
Habrán de ahondar en el meollo de la injusticia que se está llevando a cabo contra los más débiles o debilitados por la situación económica que sufre este país, a causa de la ambición y la corrupción de unos cuantos (bastantes, por cierto).
¿Qué se está echando de menos de la CEE? Que, de una vez, deje el silencio de cinco años (los mismos que llevan aportando dinero para ayudar a los que lo necesitan) y como un coro de 112 voces al unísono denuncie lo que está pasando. Que convoquen a la gente en la plaza de Colón, como en tantas otras ocasiones (Visitas de Papas, Familias, Derecho a la Vida, etc.), y en otras plazas de ciudades y pueblos, para que sientan que están a su lado y que denuncian con la Buena Nueva una situación de injusticia que está causando mucho dolor.
Veinte millones de euros, y muchos más que hubieran aportado, no hacen olvidar el sentimiento de orfandad que genera el silencio de laCEE.
Encabezar y acompañar en la denuncia para desenmascarar la injusticia y la corrupción es Caridad, que significa AMOR a Dios y a los hermanos.
Y aquí quedo tarareando con la media voz que me dejó mi catarro de hace pocos días: “Ubi Caritas et amor, ubi Caritas… Deus ibi est”hasta que pueda cantarlo con otros el próximo Jueves Santo. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

miércoles, 30 de enero de 2013

ME DUELE LA CABEZA, SR. OBISPO

Me duele la cabeza, Sr. Obispo

¿Entienden los obispos que a las personas nos importa más la sanidad y nuestra dignidad, que de quien se enamora tal o cual persona?


“Haced memoria de cuanto recibisteis” (Nm 11,5), se le decía al antiguo pueblo de Israel, para recordar los beneficios del Señor. 
Eso es lo que pretendo hacer yo en este momento, un poco de memoria. Hacen ya bastantes meses que el gobierno de España tomo la medida de negar la tarjeta sanidad a los inmigrantes, para el ahorro de unos 500 millones de €uros. Algo sorprendente, sobre todo para quien no esperara medidas de este calado en un gobierno conservador. 
Han sido muchas más. Pero hoy concretamente, sabemos que la atención a los inmigrantes, es paralizada en Navarra, porque el Constitucional ha admitido a trámite el recurso del gobierno. Mientras sus señorías deliberen sobre el asunto, los inmigrantes en Navarra, no tendrán sanidad al menos durante cinco meses. Esto desde luego es la guinda del pastel –por decirlo de algún modo-, ya que ONGs de atención a sin papeles y  comunidades como la Canaria, llevan meses lamentándose por la nefasta política de atención a estas personas. 
Repito, ¡PERSONAS! No hablamos de animales ni otros seres que deben de ser atendidos igualmente. Hablamos de seres humanos, que tienen –y deben tener- por su propio derecho una dignidad e integridad reconocidas. Al uso de la memoria que hoy realizo, quiero llamar humildemente la atención sobre los obispos españoles y su recomendación ante las elecciones generales de 2011, para que los católicos orientáramos nuestro voto. 
Los obispos, hay que reconocer que se emplearon bien, pues al uso del tema en el cap.6 de aquel escrito decían que: “la grave crisis económica actual reclama políticas sociales y económicas responsables y promotoras de la dignidad de las personas […], políticas que atiendan a las necesidades de los más vulnerables, como son los ancianos, los enfermos y los inmigrantes”. 
Cualquiera pudiera gritar palabra de Dios, si estos deseos episcopales fueran hoy una realidad en España. Pero sube el número de ancianos dependientes sin atender por la paralización de la Ley de la Dependencia, menguan las ayudas para la investigación de enfermedades raras, se quitan urgencias en nutridos grupos poblacionales, se deniega la atención a muchos inmigrantes, se congelan las pagas de los jubilados mientras suben los impuestos…etc. 
Yo creo que bien merecen aquellos que nos recomendaron el voto, que les preguntemos quien les inspiro tal decisión. 

"lo que más desearía es ver la palmadita de un obispo en la espalda de un inmigrante, cuando este le dijera: me duele la cabeza, Sr. Obispo."

El Espíritu Santo no desde luego, ya que su altura demuestra más cordura que los seres terrenales. Porque gobiernan aquellos que los obispos bendicen con solicitud, y aquellos que han aupado la asignatura de religión como evaluable en la ESO y han puesto trabas a la mujer sobre su derecho a abortar. 
Creo que desde el flanco dogmático, los obispos están contentos con nuestros gobernantes. Desde el plano social, ni están ni se les espera. Todo los despachan en la Conferencia Episcopal Española con cartas larguísimas e imposibles de leer, en las cuales dejan caer como perlas: “…hacemos una llamada a la gratuidad. Trabajemos por la justicia para que todos vean respetados sus derechos. […] Jesucristo ya nos advirtió que los pobres los tendríamos siempre entre nosotros. (cf. Mt 26, 11). […]Ello supone que esta reflexión debe hacerse teniendo en cuenta la opción cristiana por los pobres y la realidad de los más débiles y desposeídos” (C.E.Pastoral Social 10-06-2012). 
De pasada hablan los obispos de los inmigrantes –aunque se muestran muy preocupados-, en el documento Ante la crisis, solidaridad CEE. Documentos muy logrados lingüísticamente hablando, pero que son autentico papel mojado, para crear conciencia o dar solución a problemas básicos de los ciudadanos. Hago memoria hoy, y recuerdo cuando los obispos –en la voz del rosado monseñor Camino- amenazaron con la excomunión a los políticos que votaran leyes inmorales a los ojos de la jerarquía eclesiástica. 
¿A quien han amenazado con excomulgar ahora, tras estos flagrantes recortes en sanidad y en derechos básicos de las gentes? ¿Entienden los obispos que a las personas nos importa más la sanidad y nuestra dignidad, que de quien se enamora tal o cual persona? 
Lo digo –por ejemplo-, porque siento un poco de vergüenza ajena al ver campañas contra los recortes sanitarios en otras iglesias como la Evangélica, la cual denuncia con la frase “la misma ley regirá para el natural que para el extranjero que habite entre vosotros” (Exodo 12.49). Vamos con otra pregunta al uso. Admitiendo como curiosa la circunstancia, de que la partida presupuestaria del estado español a la Iglesia Católica es de las pocas partidas que no se han recortado, me pregunto. 
¿De los 249.000.000 millones de €uros que reciben los obispos, cuantos €uros son destinados a la atención social y cuántos son dedicados al mantenimiento del organigrama eclesiástico? Si supiéramos las cifras, se nos quitarían las ganas de comer hoy. 
Sí. Cáritas es el flotador de los obispos, cuando se esgrimen estos temas, pero ojo; Cáritas fundamentalmente se nutre de la ayuda económica y de labores de voluntariado de personas corrientes. 
Que son iglesia, sí. 
Pero son la base, la comunidad de los creyentes, los que siguen los pasos de Jesús y se “pringan” en la vida y con los problemas de la gente. Gente que teniendo lo justo, dan 100, 200€ o un pan grande –como hacemos en casa- un día sí y otro también, para que coma una familia de cinco personas. 
Esto es vida junto a Jesús, y no estar esgrimiendo diariamente la barita mágica para no pagar el IBI al estado y mantener los privilegios. 
Lo he dicho muchas veces y no me importa seguir siendo polémico para algunos. ESTAN HUNDIENDO LA IGLESIA DE JESÚS, porque no testimonian. No llegan a la gente. Y lo que más desearía es ver la palmadita de un obispo en la espalda de un inmigrante, cuando este le dijera: me duele la cabeza, Sr. Obispo.

viernes, 20 de julio de 2012

LA VERDAD DEL AMOR HUMANO EN LA FAMILIA CELESTIAL


La verdad del amor humano en la familia celestial
Autor: Nicolás Puente http://www.redescristianas.net/
Reproduzco aquí este articulo de Nicolás Puente, por la clarividencia con la que escribe y la responsabilidad y precisión con la que lo hace. El articulo no es mío, por lo tanto. Aun así suscribo cada letra, pues la acepción de personas que nuestra iglesia realiza por legitimar a un concreto modelo de familia, es algo innombrable para quienes predican que todos somos iguales ante los ojos de Dios. (Floren Salvador)
La conferencia Episcopal Española, presentó el documento salido de Asamblea Plenaria: “La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar”. El texto se presentó el 4 de julio después de que lo revisara la Permanente.
Si algo tiene este documento de interesante es el descubrirnos cuáles son las preocupaciones más importante que laten en el corazón y la cabeza de nuestros obispos. Y su desvelos principales tienen como causa la situación jurídica y valoración social que está padeciendo en estos momentos la familia. No se trata de la familia concreta, esa que sufre, esa que tiene a sus miembros todos en paro, esas que no llega al fin de mes, ni esas a las que dejan en la calle después de embargar su casa.
Tampoco de esas a las que ahora le obligarán al copago de los medicamentos ni a esas a las que el gobierno les subirá los impuestos, ni a esas otras que no pueden llegar a familia, porque los jóvenes que desean casarse tienen que seguir viviendo en casa de sus padres. Se trata de unas familias a las que hay que hablarle de amor, de leyes morales, de formación de conciencia, de la belleza del amor humano.
En el número cuatro dicen nuestros obispos: “Estas luces, sin embargo, no pueden hacernos olvidar las sombras que se extienden sobre nuestra sociedad. Las prácticas abortivas, las rupturas matrimoniales, la explotación de los débiles y de los empobrecidos –especialmente niños y mujeres–, la anticoncepción y las esterilizaciones, las relaciones sexuales prematrimoniales, la degradación de las relaciones interpersonales, la prostitución, la violencia en el ámbito de la convivencia doméstica, las adicciones a la pornografía, a las drogas, al alcohol, al juego y a Internet, etc., han aumentado de tal manera que no parece exagerado afirmar que la nuestra es una sociedad enferma” (El subrayado es mío). Tengo mis dudas. Pienso que nuestra conferencia Episcopal vive en otro país o por lo menos padece miopía.  [...] 
En la apertura de la XCIX Asamblea Plenaria de la CEE decía el cardenal Rouco: «la fe sin la caridad no da fruto y la caridad sin la fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda… que la fe y la caridad se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino». Estas palabras las tomaba el Cardenal de la carta Apostólica Porta Fidei (14,2).

Pero, lo triste es que se olvida que en 14,1 ,un párrafo antes, recuerda Benedicto XVI el texto de St 2, 18 “Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro”. Y quizá no llegó a leer el final de (14,2) o quizá lo leyó, pero no le pareció importante: “Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1)”.
Decía antes que este documento estaba pensado para las familias que están más allá de lo real, esas que no son de este mundo ni viven en este momento. Eso aclara que un documento pensado para la reflexión y el estudio sobre la situación actual de de familia que no llegue a condenar de manera explícita la violencia familiar entre las líneas en las que explican lo inadecuado de usar el término violencia de género (58).
Intentar escapar del deber creando cortinas de humo es cuando menos un pecado de omisión. Callarse ante decisiones políticas, aunque estas sean del PP, alegando que la iglesia no debe meterse en política es irresponsable. No recuerdo nada más político que el mandamiento nuevo, amar al otro como Cristo nos amó. Porque si lo amas, no dejarás que le quiten su casa; si lo amas, no dejaras que pisen sus derechos; si lo amas, no dejarás que le roben en educación ni en medicinas; si lo amas no le cerrarás las puertas de la casa de Dios….

martes, 6 de marzo de 2012

CARTA A LOS OBISPOS ANDALUCES ANTES LAS ELECCIONES DEL 25 DE MARZO


Carta a los obispos Andaluces con motivo de las elecciones del 25 de Marzo al Parlamento Andaluz

Señores obispos de nuestra comunidad autónoma andaluza:

Con detenimiento y respeto, he dado lectura a vuestra carta del 29 de Febrero, que con motivo de los próximos comicios andaluces, escriben a los cristianos católicos con derecho al voto, para aconsejar sobre este mismo derecho. Pues “todos los ciudadanos debemos recordar nuestro derecho y, al mismo tiempo, el deber de emplear el voto libremente para promover el bien común.” (Gaudium et Spes nn.75)

Yo, a su vez, deseo haceros unas consideraciones. De vuestra carta señores obispos, sobre todo me llama poderosamente la atención el interés que suscita para vuestras ilustrísimas las votaciones andaluzas, que como fiesta democrática celebramos en nuestra comunidad. Me llama la atención el que ustedes se pronuncien con tanto entusiasmo sobre el próximo proceso democrático, cuando en nuestra iglesia actual, precisamente no se observa el valor democrático como necesario para el funcionamiento de nuestra comunidad.

¿Es completamente improcedente, el que a una comunidad diocesana se le permita elegir personalmente su obispo? Entendemos aquello de la autoridad apostólica, que desde el solio pontificio deriva hacia vosotros y la constante asistencia del espíritu; pero por esa misma asistencia espiritual a la que todos estamos expuestos en igualdad de oportunidades, los cristianos andaluces podíamos elegir a nuestros obispos y que estos fueran hijos de nuestra tierra si lo consideramos oportuno. 

Lo democrático, señores obispos, no es contraproducente para la nueva evangelización a la que parece aspiráis vosotros nuestros pastores. Si lo es para la dogmatización –autentico objetivo de la iglesia desde mi punto de vista-, que es a lo que nos lleva los planes pastorales actuales. Pero la evangelización precisa de la responsable libertad de la persona, para estar y ser en el mundo la voz de Dios, en su medio social y su espacio vital.

Tenemos que aprender todos de la democracia, pues “entendemos democracia, como un clima de vida pública en que todos participan responsablemente de una obra común; […] podríamos decir que hay una tendencia que señala el espíritu democrático, como opuesto al totalitarismo”. (Pacem in terris nn.78) Y atiendan a un antiguo papa de nuestra Iglesia, “la forma democrática de gobierno adoptada por nosotros (republica de Italia) no es contraria en manera alguna a las máximas que voy a exponer; no repugna el Evangelio, sino que, por el contrario, exige esas virtudes sublimes que sólo se adquieren en la escuela de Jesucristo. La igualdad civil derivada del derecho natural, embellecida por la moral, establece la armonía del cuerpo político cuando cada cual coopera al bien de todos según la extensión de sus facultades físicas y morales” (Cardenal Chiaramonti obispo de Imola, luego S.S Pío VII).

Por otro lado, no advierto nada nuevo sobre vuestras indicaciones o las de la CEE ante otras elecciones. Matrimonios de una manera sí, matrimonios de otra no –esto es pastoral de exclusión-, y defensa de un concreto modelo de familia. Derecho a la vida, al menos a toda vida nacida bajo las expectativas eclesiásticas, trabajo para todos y derechos para las personas, desde la visión que ustedes tienen como derechos fundamentales. ¿Espero que en los derechos a la vida, incluyan la investigación con células madre, pues todos estos logros los anima el mismo Espíritu que les asiste a ustedes y a la comunidad?

Libertad religiosa, bien. Pero no pierdan de vista sus ilustrísimas que España es laica y hacia esa senda caminamos la sociedad. Quizás convendría un modelo educativo donde se incluyera historia de las religiones desde una antropología didáctica, y no una enseñanza católica a ultranza, dogmatizando a los maestros de religión por los colegios sobre lo que tienen que decir en las aulas.

Además de todo esto, inciden ustedes en la responsabilidad del voto, algo que ya tenemos asumido la ciudadanía, pues lo nuestro nos duele y lo local y autonómico, es lo que más de cerca nos afecta a los ciudadanos, como ustedes pueden entender. Pero, se dan ustedes cuenta de que se aprecia por vuestra parte una clara inclinación para votar a una determinada orientación política.

Esto es triste y sobre todo desalienta a muchos hijos e hijas de la iglesia. Y es triste, porque los esfuerzos de los obispos no son iguales en fuerza ni en maneras, pues están demasiado condicionados con la moral católico conservadora que impera en la iglesia española.

Hace unos días, leí una noticia de Latinoamérica muy curiosa que deseo comentaros para realizar una comparación aunque estas no sean deseables. En la región de Pasta de Conchos (México febrero de 2006), hubo una catástrofe minera, cuyo resultado se saldo con varias decenas de criaturas enterradas vivas y ya fallecidas. Se aprecia un conflicto para recuperar los cuerpos, y ha sido precisamente el obispo don Raul Vera, el que ha levantado su voz en una eucaristía para implorar la recuperación de estos cadáveres, para tranquilidad del dolor incesante de sus familias.

¿Quién de ustedes se ha manifestado de una manera contundente en favor de la recuperación de nuestros muertos de la guerra civil? El dolor no prescribe como ustedes saben, y además no es de izquierdas ni de derechas. La diferencia dolorosa, es que por un lado se han elevado a los altares a los que se ha considerado que lo merecían; y otros que fueron igualmente inocentes, están en las cunetas sepultados y merecen ser llorados por sus familiares en una sepultura digna. No les culpo del dolor pues sería una irresponsabilidad, pero si quisiera unos obispos más comprometidos con la sociedad y su pluralidad. Unos obispos, que además de escribir incesantes cartas pastorales –algunas de gran calidad-, tengan el valor evangélico de coger junto al pueblo una pancarta y estar adheridos a esa causa concreta que afecta a los derechos y la vida de las personas.

Comentan ustedes la necesaria austeridad y recuerdo la noticia de hace días, que informaba de vuestra critica en el pago del IBI. Si Cáritas generalmente se financia con la ayuda gubernamental que el estado le aporta directamente y las aportaciones de los fieles, ¿por qué no puede pagar la iglesia proporcionalmente sus impuestos como toda asociación de personas? Por otro lado, ¿darán ustedes muestras de austeridad por ejemplo bajándose el sueldo como Xavier Novell (obispo de Solsona), que lo ha hecho un 25%?

En resumidas cuentas, solo escribo estas líneas a título personal y como reflexión que nunca les enviaré directamente. Pero aquí están. Estas letras se escriben desde la fraternidad para con ustedes y desde el convencimiento, de que si de algo estamos necesitados en el mundo, es del testimonio contundente y la demostración de la solidad efectiva de los que decimos seguir a Cristo. Nos salvaremos si amamos, señores obispos. No si amamos de una concreta y determinada manera. Ya lo dijo Agustín de Hipona al que ustedes conocen mejor que yo, “AMA, Y HAZ LO QUE QUIERAS”.

En definitiva, somos un poco mayores, para que se nos oriente y casi se nos diga a quién votar, aunque sus palabras sean útiles para ciertos núcleos eclesiales.

Con mis mejores deseos para con vosotros, hermanos en la fe y obispos Andaluces del Sur.

Fdo. Florencio Salvador Díaz Fdez.

Estudiante de Teología Cristiana

viernes, 24 de febrero de 2012

¡NO ES CUESTIÓN DE QUERER, ES CUESTIÓN DE TENER!

¡No es cuestión de querer, es cuestión de tener!

Aun a pesar de los muchos problemas que pueblan el mundo a día de hoy, parece que se nos toma el pelo a la gente con ciertos titulares o noticias, que por su singularidad, parecen no tener cabida en las mentes de personas, por considerar el tema a tratar como de otro siglo pasado.

Es imposible no detenerse hoy, ante este planteamiento tan particular que sobre la vigilia de cuaresma, hace José María de la Torre Martín, obispo de Aguascalientes. Que conste que la noticia me llega de Religión Digital. Un medio de comunicación bastante responsable y objetivo; lo anoto por aquello de la demagogia.

El titular no deja pasivo a nadie: Por una dispensa cuaresmal del nombrado obispo,

“Los pobres pueden comer carne en Cuaresma”.


De corazón manifiesto mi  absoluto respeto, a las personas que se presten a estas costumbres cuaresmales; ceniza, vigilias, ayunos, confesiones…etc. Aunque solo una cosa es importante, y los cristianos lo sabemos.

Pero con el tema de los obispos, yo no sé, si es que estos hombres verdaderamente piensan que esto de la contención alimenticia es verdaderamente importante para el Reino de Dios, o que ellos nos quieren hacer ver que es importante, para –quizás- mantener una cuota de limitada autoridad, por aquello de las dispensas y otras hiervas.

El Evangelio de hoy, nos invita a no privarnos de nada. ¡Absolutamente de nada, que nos proporcione la alegría, ilusión, libertad responsable y esperanza, en la vivencia cotidiana de la relación con Jesús! (Mt9,14-15) ¿Porqué dispensar a una persona de algo, cuando responsable y moralmente, cada ser humano sabe cuándo puede o debe comer, o dejar de comer algo?

Pero esto todavía, a los que estamos en el primer o segundo mundo, pues como que venga; lo aceptamos. Pero, ¿Qué a los pobres del mundo, los que necesitan que les prestemos incondicionalmente nuestra solidaridad, los que necesitan hartarse de comer en pascua, cuaresma y todos los día del año, y los que NO TIENEN CARNE ROJA a diario en su plato, les invite un obispo a comerla en viernes y fiestas de guardar, por aquello de la vigilia dispensada?

Esto es una irresponsabilidad de órdago. A mis ojos. Mi interés no radica en que usted esté de acuerdo conmigo, eso a mí no me importa. A mí lo que me importa son dos cosas. La primera es que hay personas pobres a las que les caerá mal esta tomadura de pelo episcopal, aun respetando ellos la autoridad del obispo. La segunda cosa que me importa, es que ESTE NO ES EL CAMINO para la pregonada nueva evangelización.

¿Nueva evangelización, de qué? Diciéndole todavía a la gente lo que puede o no puede comer.

miércoles, 26 de octubre de 2011

RECETAS DE NUESTROS QUERIDOS PASTORES, PARA QUE NUESTRO VOTO EL 20-N SEA MAS DIVINO QUE HUMANO


Otra deplorable intromisión de la jerarquía eclesiástica en la conciencia ciudadana

Federico Mayor Zaragoza, lunes 24 de octubre de 2011 WWW.ATRIO.ORG
“Los Obispos piden votar a quien defienda la vida y el matrimonio”… “El Episcopado ofrece a los católicos consideraciones que ayuden al ejercicio responsable del voto”… anunció la prensa del pasado 22 de octubre.
Una vez más, la jerarquía eclesiástica –como en el caso de la educación para la ciudadanía, que tanta falta nos hace, que tanta falta les hace- juzga aspectos situados totalmente fuera de su jurisdicción y del ámbito religioso: así, reconoce “la legitimidad moral de los nacionalismos o regionalismos que, por métodos pacíficos, desean una nueva configuración de la unidad del Estado español… aunque es necesario tutelar el bien común de la Nación española en su conjunto, evitando riesgos de manipulación por causa de pretensiones separatistas o ideológicas de cualquier tipo”.
Ya ven: evitar manipulaciones manipulando con afirmaciones que, además de ser impropias en un país democrático y aconfesional, son en ocasiones totalmente infundadas científicamente. La historia de las indebidas injerencias de la religión en la ciencia es especialmente rica en episodios que empañan la imagen de la iglesia y que no se debieron producirse si se hubieran mantenido en el espacio intelectual que le corresponde.
Recuerdo cuando en 1981 tuve el honor de asistir en la Academia Pontificia, al lado del Papa Juan Pablo II, a una sesión conmemorativa de Albert Einstein. Asistían muchos Premios Nobel, entre ellos D. Severo Ochoa. De pronto, el Papa pidió disculpas por el inicuo tratamiento que dio la Iglesia a Galileo Galilei. Cuando la religión pasa de la metafísica a la física, corre el grave peligro de equivocarse, dijo. Lo mismo sucede –añadió, porque no daba puntada sin hilo- cuando la ciencia hace incursiones en las creencias… Se refería seguramente al libro “El azar y la necesidad”. “A la iglesia le da lo mismo que la Tierra sea redonda o plana y que se mueva o no por sí misma”, me comentó… D. Severo y la comunidad científica allí representada quedaron muy satisfechos por las inesperadas explicaciones dadas por el Papa… que ya se encargó el Vaticano de ir “poniendo en su contexto” progresivamente.
Pues bien: al hablar de la defensa de la vida –que todos queremos defender pero no sólo en el nacimiento sino a lo largo de toda la existencia- el Padre Martínez Camino no se olvida de recordar “el peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural”. Los científicos hemos prestado toda la atención que se merece el origen del ser humano. D. Pedro Laín Entralgo y D. Xavier Zubiri publicaron reflexiones muy profundas al respecto. Yo mismo, ya en los 80, publiqué un trabajo sobre las implicaciones, en las prácticas para vencer la infertilidad, que pueden tener cuando se realizan con los genes pero no en los genes…
Unos años más tarde, en 1992, inicié como Director General de la UNESCO, alarmado por la posibilidad de que la ingeniería genética pudiera lograr el perverso sueño de Hitler y Mengele, que no habían alcanzado con la genética mendeliana, un proceso de consultas a todos los especialistas que, con la creación de una Comisión Mundial de Bioética, desembocó en 1997 en la Declaración Universal del Genoma Humano, en cuyo artículo undécimo se prohíbe taxativamente la clonación de genes humanos con efectos reproductivos.
En 2003 publiqué, como coordinador junto a Carlos Alonso Bedate, S.J., el libro “Gen-Ética”, donde se aportan los datos y conocimientos que permiten abordar con rigor los temas relacionados con el fantástico progreso de la expresión genética y regulación epigenética.
Por todo cuanto antecede, como creyente y miembro de la Iglesia “del Evangelio y de las sandalias”, según expresión del Obispo Pere Casaldáliga, protesto enérgicamente de esta nueva e intolerable intromisión de la jerarquía eclesiástica, aduciendo aspectos en los que la Conferencia Episcopal es absolutamente incompetente, cara a las próximas elecciones.
También se refieren a la homosexualidad (tema en el que harían bien en mantener una gran discreción) y a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, como cuestiones que deben tenerse en cuenta a la hora de decidir el voto.
¡Educación para la Ciudadanía! Para ser “libres y responsables”, como define la UNESCO, en el artículo primero de su Constitución, a las personas educadas. Seamos libres y responsables: votemos, después de reflexionar, a quienes creamos que mejor permitirán a todos los ciudadanos actuar en virtud de sus propias reflexiones, sin obediencia ni sumisión a opiniones o ideologías que limitan la grandeza de cada vida humana: su autonomía.
¡Frente a cualquier imposición y cortapisa, venga de quien venga, nosotros procuraremos ser libres y responsables!

lunes, 3 de octubre de 2011

LO DIRÉ: TAMBIÉN YO ME SIENTO INDIGNADO DENTRO DE LA IGLESIA

Lo diré: también yo me siento indignado dentro de la Iglesia.
Reflexión tras la lectura de la carta de Floren

Movido por un irrefrenable e impetuoso  impulso, me atrevo a decir sin más y sencillamente: “¡Hombres de poca fe!.
Pienso que ya en la Iglesia no creemos en Dios, no creemos en Jesús, no nos fiamos de la palabra del Evangelio. Solo sustentamos nuestra pastoral y nuestra “evangelización” en la propia doctrina, en los propios criterios estrechos y pobres en que llevamos siglos encerrados, merced a una visión paupérrima del hombre redimido por Jesús, amnistiado por Jesús, amado por Dios incondicionalmente, sin tantos prerrequisitos fariseos con que hoy nos tenemos que enfrentar, olvidando la palabra del Señor y atendiendo a nuestras tradiciones humanas.

Miremos el Evangelio, ¡por Dios!, oigamos a Jesús dirigiéndose a los fariseos, diciendo que las prostitutas y los publícanos se nos adelantan en el perdón y en el reino, hablándonos en parábolas tan claras como el agua, pero que las reconvertimos para ajustarlas y adaptarlas a nuestra tradición.
Dale que dale seguimos colando el mosquito, y tragándonos los camello, adornando nuestros templos, rodeando de oro todo lo que se refiere a Jesús, que en su kénosis y en sus palabras sobre el oro el dinero y los tesoros dejó tan en evidencia la trampa de la tentación que él mismo superó en su desierto.

No podemos permitir que ahora lleve razón Nietzsche cuando decía refiriéndose a los cristianos de entonces y a la iglesia de entonces: “Su redentor los ha cargado de cadena, ¡quién los redimiera de su redentor!”
Cómo se quiere atraer  a los jóvenes a una iglesia “infectada” de normativas y estrecha, que defenestra a sus mejores teólogos, que aleja de sí a quienes de comprometen en serio con el dolor de los pobres, con las esperanza de los pobres y que por eso mismo defiende la viabilidad de una teología de la liberación entendida sin tantos prejuicios antimarxistas,  frente a una Iglesia jerárquica que no ha querido condenar DEFINITIVAMENTE  la perversidad deshumanizadora del sistema capitalista y del neocapitalismo al que sin embargo la propia iglesia se agarra para no renunciar a sus poderes, o para mantener a toda costa lo más rancio de su teología y sus postura reaccionaria de Trento y del Vaticano I con tal de llevar a cabo una contrarreforma  y no una verdadera conversión, impulsados por las justas críticas que desde tantos ámbitos  se lanzaron frente a una Roma inquisitorial y montada en la riqueza, el poder y la ambición, el lujo y por qué no decirlo, la deshonestidad…?

No se trata de ir para atrás, sino de arriesgarse y aceptar el reto del presente y del futuro confiando también en la fuerza del Espíritu.
Cómo vamos a caminar hacia delante, dejando en el baúl de los recuerdos tantísimos principios de apertura de la Iglesia reflejadas en las constituciones y en el resto de los documentos del Vaticano II?

El cariz ritualista-litúrgico, el fomento de las procesiones, las peregrinaciones, la potenciación de las devociones alejadas del compromiso con la vida. La importancia que se da a las formas, a los santuarios, a la “fidelidad litúrgica no son sino una más de las señales de esta lejanía.

HUMANISMO, el humanismo de nuestro Dios manifestado en la humanidad del propio Hijo de Dios, Jesús, es lo único que debe seguir orientando la acción de la comunidad eclesial en su conjunto, y no solamente la actividad clerical y jerárquica. Los laicos, la gente de a pie son aquellos a los que Jesús se acercaba, predicaba, con los que comía, a los que acompañaba y le acompañaban…. A que viene este miedo a estar ahí.
El más grave de los errores es no moverse por miedo a errar. ¡Tanto miedo a errar con tantos errores cometidos! Vamos a recuperar una necesaria humildad frente a esa orgullosa posesión de la verdad.

Ay de vosotros que recorréis cielo y tierra para hacer un prosélito y luego lo convertís en esclavo de la Gehena… que ni entráis vosotros ni dejáis entrar a quienes lo desean.
Y digo yo. ¿Es que la iglesia no tiene nada que pensar, nada que replantearse, nada de que corregirse? ¿Es la perfección suma? ¡Por díos!, bajemos ya de ese poderío de convertirnos en los únicos intérpretes de lo divino y ser el modelo más sofisticados y obsoleto de intransigencia. ¿Quién puede atreverse a echar la barrera en la frontera en la que los humanos puedan pasar a comunicarse con Dios?.

Y finalmente afirmo: La Iglesia, es la madre que me ha dado a Jesús, que me ha trasmitido los evangelios y que me invitó a intentar seguir los pasos de este Jesús de Nazaret…. Y eso es lo que intento. Pero esta postura de la iglesia bonachona parece que siempre nos obliga a usar la diplomacia, la ambigüedad y la moderación en todo, con lo cual parece que nunca acaban de darse por enterados. Ya me da igual que me incluyan en el número de los excluidos, del pensamiento libre o de una artificiosa y despótica excomunión, como en los viejos tiempos. Es verdad que si soy sincero, no acabaría.
Perdón si alguien lo ha malinterpretado.

Paco López de Ahumada

martes, 20 de septiembre de 2011

CARTA ABIERTA A LOS OBISPOS DEL MUNDO


 Carta abierta a todos los obispos del mundo
Aprecié mucho que el papa Benedicto, al poco de su elección, me invitara a mí, su crítico, a una conversación de cuatro horas, que discurrió amistosamente. En aquel momento, eso me hizo concebir la esperanza de que Joseph Ratzinger, mi antiguo colega en la Universidad de Tubinga, encontrara a pesar de todo el camino hacia una mayor renovación de la Iglesia y el entendimiento ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II.
Mis esperanzas, y las de tantos católicos y católicas comprometidos, desgraciadamente no se han cumplido, cosa que he hecho saber al papa Benedicto de diversas formas en nuestra correspondencia. Sin duda, ha cumplido concienzudamente sus cotidianas obligaciones papales y nos ha obsequiado con tres útiles encíclicas sobre la fe, la esperanza y el amor.
Pero en lo tocante a los grandes desafíos de nuestro tiempo, su pontificado se presenta cada vez más como el de las oportunidades desperdiciadas, no como el de las ocasiones aprovechadas:
- Se ha desperdiciado la oportunidad de un entendimiento perdurable con los judíos.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de un diálogo en confianza con los musulmanes.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de la reconciliación con los pueblos nativos colonizados de Latinoamérica: el Papa afirma con toda seriedad que estos «anhelaban» la religión de sus conquistadores europeos.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de ayudar a los pueblos africanos en la lucha contra la superpoblación, aprobando los métodos anticonceptivos, y en la lucha contra el sida, admitiendo el uso de preservativos. 
- Se ha desperdiciado la oportunidad de concluir la paz con las ciencias modernas.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de que también el Vaticano haga, finalmente, del espíritu del Concilio Vaticano II la brújula de la Iglesia católica, impulsando sus reformas.
Se sitúa expresamente contra el concilio ecuménico, que según el derecho canónico representa la autoridad suprema de la Iglesia católica:
- Ha readmitido sin condiciones en la Iglesia a los obispos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, ordenados ilegalmente fuera de la Iglesia católica y que rechazan el concilio en aspectos centrales.
- Apoya con todos los medios la misa medieval tridentina y él mismo celebra ocasionalmente la eucaristía en latín y de espaldas a los fieles.
- No lleva a efecto el entendimiento con la Iglesia anglicana, firmado en documentos ecuménicos oficiales (ARCIC), sino que intenta atraer a la Iglesia católico-romana a sacerdotes anglicanos casados renunciando a aplicarles el voto de celibato.
- Ha reforzado los poderes eclesiales contrarios al concilio con el nombramiento de altos cargos anticonciliares (en la Secretaría de Estado y en la Congregación para la Liturgia, entre otros) y obispos reaccionarios en todo el mundo.
El Papa Benedicto XVI parece alejarse cada vez más de la gran mayoría del pueblo de la Iglesia, que de todas formas se ocupa cada vez menos de Roma y que, en el mejor de los casos, aún se identifica con su parroquia y sus obispos locales.
Precisamente vosotros, como obispos, lo lamentaréis en lo más profundo: desde el concilio, decenas de miles de obispos han abandonado su vocación, sobre todo debido a la ley del celibato.
La renovación sacerdotal, aunque también la de miembros de las órdenes, de hermanas y hermanos laicos, ha caído tanto cuantitativa como cualitativamente. La resignación y la frustración se extienden en el clero, precisamente entre los miembros más activos de la Iglesia. Muchos se sienten abandonados en sus necesidades y sufren por la Iglesia. Puede que ese sea el caso en muchas de vuestras diócesis: cada vez más iglesias, seminarios y parroquias vacíos.

HANS KÜNG (Teólogo)