CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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lunes, 1 de noviembre de 2021

SANT@S POR LA GRACIA DE DIOS

Hoy es día de todas las santas y de todos los santos. No es el día de los difuntos, ese día es mañana. Si mañana es día de tristeza, luto y memoria, hoy es día de gozo y de alabanza y gratitud por el testimonio –sobre todo- de todas las personas que de manera anónima, vivieron su vida de manera que les hizo alcanzar la santidad.

¿Qué es ser santo o santa? ¿Cómo se alcanza la santidad?


Desde luego, no proponiéndoselo como una meta para conseguir un mérito determinado. Y ahí es donde comenzó la subversión de este concepto desde que allá por el siglo III Cipriano de Cartago,  recomendara la máxima diligencia en la investigación de quienes se decía habían muerto por la fe. Ello se debió a que era el pueblo quien declaraba la santidad de cualquier persona como “santo súbito”. 

Pero la jerarquía católica nunca ha sido favorable al libre juicio del pueblo de Dios, y se arrogaron la potestad exclusiva de declarar lo que se llama la canonización. Proceso que hoy en día está más que cuestionado en procesos tales como los de José María Escribá de Balaguer fundador del instituto ultra conservador “Opus Dei” y la canonización de Juan Pablo II que protegió y silencio miles de casos de abusos sexuales en la iglesia de los que tenía conocimiento.

Cuestiones de importancia capital que impedirían la canonización de estas personas si no fuera por los intereses que se mueven en derredor y que son más políticos que otra cosa.

¿Cuánto se tardó en canonizar a Oscar Romero, mártir por la libertad del pueblo salvadoreño? Pues eso.

Volviendo al tema central. “Solus sanctus” proclama la liturgia a Dios, el solo santo. La santidad proviene de la expresión semítica “qôdes (elemento o cosa santa), derivada de una raíz que significa “cortar, separar” y pretende con su significado orientar la idea de alejar o separar de lo profano todo aquello que está revestido de un halo de pureza, luz o una característica trascendental.

La biblia tal y como la conocemos, asumió de las lenguas semíticas de próximo oriente esta expresión de “santidad” y la atribuyo a Dios –Yavhe- y todo lo que le rodea, estableciendo por medio de la fenomenología  un propio estatus de todo lo que es o puede llegar a ser santo.

Pero es muy curioso que toda la norma establecida para la santidad, Jesús la desmonta con un breve discurso a sus discípulos.

Sí. Sé que es una interpretación muy personal pero lo creo firmemente. Porque en el antiguo testamento la santidad se establece con unos parámetros determinados de ritos, purificaciones…etc. Luego la Iglesia lo estructura a través del código de derecho canónico y la sagrada congregación de los santos. Normativas, leyes, cánones…etc.

Pero Jesús de Nazaret nos muestra otro camino diferente. No digo que pase por encima de nada, pero nos ofrece –quizás- un camino más radical y más al alcance de la gente corriente. Jesús nos ofrece para alcanzar la santidad un camino de bienaventuranza.

Por favor, lee atentamente estas palabras de Jesús a sus discípulos:

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5,1-12)

Te has dado cuenta de que Jesús NO hace referencia a ninguna práctica religiosa concreta. Te has dado cuenta de que no te pide que reces o vayas a tal o cual sitio o asistas a misa o hagas lo que sea que hagas para alcanzar lo que TU consideras que es santidad.

No. Jesús nos muestra el camino de la santidad en tu propia vida, en mi propia vida. Es fácil, solo hay que ponerse en camino y trazar una senda de HUMANIDAD que nos lleve a parecernos a la revelación del “santo de los santos” (Dios”, Jesús de Nazaret el hijo de José y de María.

Termino. Recuerdo aquí unas palabras de Jon Sobrino en el diccionario teológico del amigo Juan José Tamayo Acosta en el capítulo “Practicar a Dios”. Dios es verdad, Dios es vida y en Jesús se hace humanidad.

Por ello, creo que deberíamos de seguir con toda práctica religiosa que nos apetezca, es algo que no tiene porqué restar yo mismo rezo a diario la liturgia de las horas. Pero proponiéndonos un objetivo no de santidad, pero sí de bienaventuranza, de dicha y de felicidad al saber que pasamos por el mundo haciendo el bien.

Jesús renunció a la realeza a la pompa. Devolvió la dignidad a la mujer y a los enfermos la salud. Fue ejemplo de amor y ternura. ¿Qué mejor testimonio podemos seguir?

Pues como él, muchas mujeres y hombres fueron bienaventurados en la obra, en el campo o en la ciudad. Sacando a su gente adelante como pudieron, guardando cuatro perras para que los hijos pudieran tener un porvenir y haciendo –como decimos en el pueblo- manguillos y capirotes para llevar adelante la vida de la mejor manera posible, amando y queriendo a la gente y siendo BUENOS desde el más absoluto anonimato.

Hace setenta años mi abuela Concha con hijos pequeños y uno de ellos minusválido, salía a coser a las casas de las señoras pudientes del pueblo. Le daban de merienda un trozo de pan y chocolate a media tarde. Ella se lo guardaba para sus hijos y le decía a la señora que se lo había comido allí en el trabajo. Hasta que la señora se dio cuenta y en adelante le daba la merienda para ella y otro tanto para sus hijos. Eso es santidad tanto por parte de la una como por parte de la otra.

Feliz día de todos los santos.

Fraternalmente, Floren.

 

 

 

 

 

 

 

martes, 1 de noviembre de 2016

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS, FIESTA DE VIDA

Hoy es el día de Todos los Santos, sí.
Para un florista es día de descanso o de comienzo de descanso, pues el cuerpo acusa el gran esfuerzo de la campaña floral, y poco a poco hay que recuperar el ritmo de la cotidianeidad. Para un creyente –como también es mi caso-, es un día por el que dar gracias a Dios por muchas cosas.

Hoy es día de alegría grande y gozosa, pues hoy es la fiesta del TESTIMONIO por antonomasia. Una lástima y un desastre litúrgico absoluto y sin parangón, es que muchas personas sigan deformando la realidad y maleducando a los fieles, relacionando esta fiesta de hoy con el día de mañana, día de los difuntos; diciendo –en el día de hoy- misas en los cementerios y esas lides.
Mañana es día de muerte y hoy es día de vida, pues todos aquellos que alcanzaron la santidad, lo hicieron porque testimoniaron y sembraron vida y amistad, mucho más allá de sus vidas. Sembraron hasta el punto de dejar un bagaje eterno, por medio del cual siempre les recordaremos. 
Estos son santos, igual que los santos canónicos reconocidos por la Iglesia; y cuyos procesos canónicos en muchos casos responden a intereses determinados -incluidos los políticos-.

Sino que por el contrario, esta fiesta de hoy fundamentalmente celebra la santidad callada y silente de tantas y tantas personas que han pasado por el mundo dejando un reguero de entrega, amor, solidaridad, servicio, comprensión…etc; llevando a cabo los valores esenciales que adornan a aquellas personas que viven según el Reino de Dios o los valores Humanos.
Madres, abuelas, esposos, hijos e hijas, nietos, personal entregado a la solidaridad en otros lugares del mundo donde nadie vá; médicos sin fronteras y gentes de ONGs que han perdido la vida por dar vida o prolongar la vida de otros, gentes que han dado la vida por los derechos sociales y la libertad…etc. Personas que se afanan por el bienestar de los suyos aun sin tener donde caerse muertos, y sobre todo, todo posible testimonio o vida entregada que no busca reconocimiento.

Uno de los males que aquejan al mundo es el alto nivel de hipocresía en el que muchos nos movemos –yo no soy una excepción-. Hay que corregir ese defecto en el ser humano, para llegarnos a ser auténticos e imitar a toda esa santidad reconocida en las vidas de aquellos que por nosotros y otras causas, se entregaron y dieron su vida, creyeran o no creyeran en Dios –eso es lo de menos-.
Hay en el mundo demasiado bien por hacer, para que nos calentemos la cabeza por el nombre de en quien lo hacemos. Se hace y punto, sin que ello tenga que repercutir en nuestra promoción personal o beneficio propio. O se es bueno o nos e es, pero uno no puede obligarse a ser algo, si no responde a su ser natural. Acabo.
Por ello, hoy recuerdo a quienes pasaron por el mundo siendo buenos y fraternos. Sobre todo a todas aquellas personas que a lo largo y ancho del mundo dieron lo mejor de sí mismo, solo porque sí y punto. ¡¡Benditos sean estos santos anónimos y silentes!!
Permita Dios y nuestra conciencia, que atendamos a los testimonios que abundan entre nosotros de personas que viven la santidad como norma de vida y le imitemos por ello, haciendo la vida más llevadera, digna y justa a quienes están junto a nosotros.

PLEGARIA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR LOS SANTOS
Dios y Padre bueno, que nos amas y nos buscas:
¡¡Gracias por los santos silentes!!
Gracias por tantas manos bondadosas
y anchos corazones que tanto amaron,
hasta el punto de ponerse al nivel del amor
que Tu Hijo Jesús tuvo a la Humanidad.

Permite, Padre de amor, que tu santo Espíritu
ilumine nuestras conciencias
para discernir con clarividencia cual es el camino correcto
para alcanzar la santidad aquí en la tierra.
Una santidad que está absolutamente reñida
con “postureos” y protocolos, pues no es de este mundo.

Una santidad que facilite a la persona una vida digna y justa.
Una santidad que como san Francisco de Asís,
nos haga abrazar sin medida y ofrecer ampliamente la paz y el bien.
Una santidad de los que dicen amar y por ti son amados.

Ojalá nos lleguemos a esa santidad, Padre bueno y Santo.

Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo
y por intercesión de tantos Santos anónimos y silentes,
cuyas almas cubren el cielo de la misma bondad
que dejaron aquí en la tierra. Amén.


Fraternalmente, Floren.

sábado, 1 de noviembre de 2014

SEPAMOS DESCIFRAR LA SANTIDAD ENTRE NOSOTROS... Y SIGÁMOSLA

Es de sobra conocido la deslocalización que tenemos con la solemnidad de Todos los Santos. Es un día en que dedicamos a los difuntos -cuyo día litúrgico es mañana-, aun cuando es una fiesta que debe celebrarse desde la resurrección y la gratitud por tantos y tantos testimonios de personas buenas que fueron dignos de la santidad.
Desde luego, todos pensamos que nuestros difuntos fueron buenissimos y hacemos bien. La vida tiene sus luces y sus sombras, y soy hombre de confiar en que Dios al final de nuestros días, ilumina nuestras sombras con la luz de su misericordia.
De todas formas hoy pensaba yo, en la necesidad que tenemos de descifrar la santidad en el mundo y entre nosotros.
Sí. El cielo está lleno de santos, pero la mayoría de ellos no son canónicos. No son santos porque un papa de Roma dijera que son santos. Son santos porque amaron, fueron buenas personas fundamentalmente y porque fueron testigos de Jesús de Nazaret en el mundo sencillo, callado y silente en el que muchos vivieron.
Y me atrevo a decir que hoy día, la santidad camina por las calles de nuestras ciudades y pueblos.
Es una actitud que puede percibirse en personas sencillas y corrientes, buenas y HUMANAS. Personas que son amorosas y sensibles, equilibradas, sinceras y fieles a la verdad cueste lo que les cueste. Son personas fundamentalmente sensibles, respetuosas y como Jesús de Nazaret, conceden a cada persona su sitio reconociendole su dignidad.
Digamos que si de algo huyen es de reconocimientos concretos, pues su vida son su gente.
Hoy le pido al Señor que nos conceda reconocer a estas personas para darle gracias por ellas, y para poder mirarles de frente y seguir sus ejemplos y testimonios de vida.
Buenas noches.