CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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domingo, 7 de enero de 2018

¡BASTA DE MANIPULAR A CRISTO! Él es vida y No ley a cumplir.

Cuando escribí hace unos años “El lodazal del Jordán”[1], ya pensaba en ciertas cosas que omití entonces, para no hacer de insoportable lectura el artículo. Pienso muchas veces, en la cantidad de personas que siendo bautizadas en su momento, hoy en día viven sin tener nada que ver con el catolicismo. Sí, digo bien, catolicismo. 

Estoy plenamente convencido –y lo he escrito bastantes veces- que los que decimos estar en comunión con la Iglesia, debiéramos de estar muy atentos a ejemplos de vida que muchas personas ofrecen, sin hacerlo directamente en nombre de Jesús; pero ofreciendo solidaridad, respeto fraternidad…etc[2]. 
El bien en sí mismo es un principio de humanidad, y prestarse a ello es dar lo mejor de uno mismo en pos de la creación, donde resaltamos de una manera notable, tanto en el aspecto positivo como en el negativo, los hijos de Dios. Es por ello, que siempre he estado a favor de dar todo el significado posible a los símbolos. Intentaré explicarme. 
Cuando pienso en el bautismo de Jesús, veo a un Jesús que se presta a realizar un símbolo aun sin necesitarlo. Él era el hijo de Dios. Y si bien es verdad que el bautismo de Jesús por Juan en el Jordán, la apertura del cielo y aquella voz que se oyó, responde a una epifanía más de Jesús; también es verdad que Jesús se presta a que le echen en la cabeza un agua que no necesita por ser el Hijo de Dios, con el nombre sobretodo nombre. 
Al uso de este tema, entiendo la necesidad de muchas personas que por estar, vivir o encontrarse en unas determinadas circunstancias, pueden tener una acogida fraterna en nuestra Iglesia, pero una acogida a medias e incluso me arriesgo a decir hipócrita, ya que se les cierra la puerta a los sacramentos o determinadas ceremonias simbólicas. 
Estos al contrario de los que ignoran su bautismo, desean dar plenitud a su condición de bautizados pero no encuentran lugar en la “comunidad eclesiástica” al no vivir una circunstancia “normal” o conforme al derecho canónico. En cierto modo (y es algo que he dicho muchas veces) nuestra Iglesia, aun tras la venida de Jesús y todo lo que de nuevo inaugura, sigue empecinada en dar cumplimiento a la antigua economía de la salvación. 
Economía que se basa en: te salvas si cumples la ley, exclusivamente. La Nueva Economía de la salvación que inaugura Jesús, se basa en el amor exclusivamente. O sea, te salvas si amas. Eso es suficiente para Jesús. Que nos ofrece en su bautismo lo que yo entiendo por un acto sencillo que puede realizar cualquier persona por si misma o de manos de otra persona, siempre que desee, no ya formar parte de la Iglesia y participar de la vida “cultual” y tradicionalmente sacramental; sino simplemente considerarse seguidor de Jesús y miembro de la comunidad cristiana. 
Es curioso como muchas personas critican el anquilosamiento del magisterio eclesiástico, pero luego en sí mismos son más papistas que el papa (salvando de ello al propio papa que es fraternidad absoluta y un claro ejemplo de lo que estoy defendiendo aquí). 
Cualquiera haciendo gala de un buen grado de ignorancia, es capaz de pedir que la Iglesia venda el Vaticano para dárselo a los pobres, pero es incapaz de asimilar que Jesús defiende ante todo en su vida la dignidad, la salud universal y el AMOR con mayúsculas, se dé entre las personas que se dé. Aquí ya se le ponen a muchos la mosca tras la oreja, pero es el tema de fondo de este artículo. La acepción de personas que hacemos de una manera colectiva (en la Iglesia) o individualizada. 

Hoy y ante una ceremonia no canónica que realicen seria y responsablemente unas personas incluso en el nombre de Jesús y atendiendo Su Palabra, pero donde no haya un sacerdote, digo que es fácil que se tilde esa ceremonia de “paripé”, burla o incluso de cachondeo. Pero si me mira de manera objetiva, en primer lugar se aprecia que el marco celebrativo -por ejemplo de una boda- no garantiza de ningún modo la durabilidad de unión y ni mucho menos el amor de la pareja. Además, todo lo que se relativiza aunque sea en nombre de Jesús, creo que una ofensa al propio Hijo de Dios que nos dijo algo irrenunciable, y es que podemos reunirnos en su nombre para que Él esté en medio de nosotros[3]. Acabo. 
Ojalá nuestra iglesia pueda ser en algún momento autentica comunidad, porque en la actualidad no lo es, ya que excluye a muchos. 
Ojalá se dé a los laicos el papel fundamental que tienen en la Iglesia y se deje de subordinarlo todo al ministerio del presbiterado. 
Ojalá se deje lo que yo considero una huída hacia adelante, la pastoral de la obligatoriedad y la obligada formación impartida mayoritariamente por los no formados ni cristiana ni teológicamente. 
Ojalá se dé respuesta a aquellos que necesitan un marco celebrativo no canónico para celebrar en nombre de Jesús. 
Ganaríamos todos, pero la que más ganaría sería la Iglesia, porque sería sin posibilidad ninguna de acepciones, una comunidad autentica de paz y amor. 

Insisto en felicitaros el 2018.
Fraternalmente, Floren.

HIMNO DEL AMOR – Pedro Casaldáliga, Obispo.
Si yo tuviese en mí todas las emisoras
y todos los tablados de rock del mundo entero
y los altares y cátedras y los parlamentos todos,
mas no tuviese Amor,
yo sería ruido sólo, ruido en el ruido.

Si yo tuviese el don de adivinar
y el don de llenar estadios
y el don de hacer curaciones
y una supuesta fe, capaz de trasportar cualquier montaña,
mas no tuviese Amor,
yo sólo sería un circo religioso.

Si yo distribuyese
los bienes que gané mal – quién sabe, quién no sabe-
en cestas de Navidad
y en aireados gestos caritativos
y fuese capaz de dar mi salud
en prisas y eficacias
más no tuviese Amor,
yo sólo sería imagen entre imágenes.

Paciente es el amor y predispuesto, como regazo materno.
No tiene envidia ni se vanagloria.
No busca el interés como hacen los bancos:
sabe ser gratuito y solidario, como la mesa de Pascua.
No pacta nunca con la injusticia, nunca.
Hace fiesta de la Verdad.
Sabe esperar, forzando con coraje las puertas del futuro.
El Amor no pasará, pasando todo lo que no sea él.
En la tarde de esta vida nos juzgará el Amor.

Inmadura es la ciencia y gateando,
inmadura la ley, juguete el dogma.
El Amor ya tiene la edad sin edad de Dios.
Ahora es un espejo la luz que contemplamos,
un día será el Rostro, cara a cara.
Veremos y amaremos como Él nos ve, como nos ama.

Ahora están las tres:
la fe, que es noche oscura,
la pequeña esperanza, tan persistente;
y él, el Amor, que es el mayor.
Un día, para siempre,
lejos de toda noche y toda espera,
ya sólo será el Amor.



[2] Marcos 9,38-40 “El que no está contra nosotros, está a nuestro favor.”
[3] Mateo 18,20 “donde dos o más se reúnen en mi nombre, ahí estoy Yo en medio de ellos”

lunes, 28 de diciembre de 2015

¿NAVIDAD PARA LOS POBRES?- PEDRO CASALDÁLIGA - DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES

De la oración de hoy, en memoria de los santos inocentes, que siguen siendo víctimas de tantas decisiones injustas.
Todavía "no hay lugar para ellos"

ni en Belén ni en Lampedusa.
¿Navidad es un sarcasmo?
"Si tu Reino no es de este mundo",
¿qué vienes a hacer aquí
subversivo, aguafiestas?
Para ser el Dios-con-nosotros
has de serlo en la impotencia,
con los pobres de la Tierra,
así, pequeño, así,
desnudo de toda gloria,
sin más poder que el fracaso,
sin más lugar que la muerte,
pero sabiendo que el Reino
es el sueño de tu Padre,
y también es nuestro sueño.
Todavía hay Navidad,
en la Paz de la Esperanza,
en la vida compartida,
en la lucha solidaria,
¡Reino adentro, Reino adentro!

(Pedro Casaldáliga)

miércoles, 18 de marzo de 2015

JESÚS Y EL "CHICO" HOMOSEXUAL: Mt 8, 5-13 par (Ariel A. y Xavier Pikaza)

Viene de: http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2015/03/17/p365991#more365991
RD ha publicado hace unos días la noticia de que el Papa Francisco nombrará un coordinador para la investigación de la pederastia clerical en España. En ese contexto se sigue planteando en algunos medios no sólo el tema de la pederastia (que es un crimen), sino el de la homosexualidad(que es una conducta afectiva y sexual).
En principio esos temas no tienen relación ninguna, pues la pederastia puede darse lo mismo entre homo- como entre hetero-sexuales (aunque en ciertos ambientes cerrados ha podido darse más entre homosexuales).
Pero, a fin de plantearlos mejor, en clave de evangelio, me parece conveniente recoger en este portal un trabajo que mi amigo Ariel Álvarez Valdés acaba de publicar sobre el milagro de Jesús con el “amante” del Centurión de Cafarnaúm. Es difícil mejorar lo que Ariel dice pero, dado que me cita (he desarrollado el tema en algún lugar de mi Diccionario de Biblia y en un Blog de RS21, año 206), publicaré tras el estudio de Ariel mi propio y pequeño trabajo sobre el tema.
Gracias, Ariel, una vez más, por admitir mi compañía en este portal de RD.
¿HIZO JESÚS UN MILAGRO A UN HOMOSEXUAL?
Las iglesias cristianas suelen condenar de manera terminante la práctica homosexual. La consideran un acto intrínsecamente desordenado e inaceptable. El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, por ejemplo, la califica de grave depravación, y de triste consecuencia del rechazo a Dios (nº 2357). Y algunos teólogos protestantes, como Kart Barth, la han llamado “fenómeno perverso” y “una inversión del orden natural de la creación”. A su vez, todos dicen oponerse a ella basándose en la Biblia.
Ahora bien, resulta curioso que en los Evangelios no exista ninguna frase o enseñanza de Jesús sobre el tema, algo sumamente llamativo porque la homosexualidad era un fenómeno bastante extendido en la cultura greco-romana de su tiempo. Los poetas la ensalzaban en sus obras; la sociedad la toleraba como un hecho habitual; y Palestina estaba rodeada e impregnada de esa cultura. Basta ver un mapa del país para comprobar que existían unas 30 ciudades griegas en su territorio.
¿Cómo es que Jesús no opinó o aludió nunca a esa cuestión?
Un número creciente de biblistas, como T. Horner (1978), M. Gray-Fow (1986), G. Theissen (1987), D. Mader (1992), J. E. Miller (1997), T. D. Hanks (2000), T. Jennings (2004), T. Benny Liew (2004), R. Goss, y X. Pikaza (2006), sostienen que no hallamos en los Evangelios referencias a ella porque Jesús nunca condenó expresamente la homosexualidad. Y para ilustrarlo, afirman que una vez le hizo un milagro a un homosexual sin cuestionar su condición. El favorecido fue un centurión de Cafarnaúm (Mt 8,5-13).
Tierra de dos gobiernos
Este hombre es uno de los personajes más impresionantes del Evangelio. Se trata del único militar que acude a Jesús. El único que le pide un milagro a distancia. El único que le contó una parábola. Y el único al que Jesús alabó por tener la fe “más grande” de todo Israel (Mt 8,10), colocándolo así por encima de sus discípulos y de la virgen María.
El relato comienza diciendo que cierto día en que Jesús se hallaba en Cafarnaúm, se le acercó un centurión para rogarle: “Señor, mi muchacho está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente” (Mt 8,6).
En aquella época, Palestina contaba con dos clases de ejércitos. Uno era el de Roma, ya que el país estaba sometido a su dominio desde hacía muchos años. El Nuevo Testamento menciona a varios de sus integrantes: el soldado (Mc 15,16), el centurión (Mc 15,39), el tribuno (Jn 18,12), la cohorte (Jn 18,3), la caballería (Hch 23,23). Todos ellos dependían del gobernador romano Poncio Pilato.
Pero Pilato sólo administraba el centro y sur del país (Samaria, Judea e Idumea), y sólo allí estaban sus tropas, mientras que el milagro de Jesús ocurrió en Cafarnaúm, es decir, al norte. Por lo tanto, este militar no pertenecía al ejército de Pilato. Formaba parte del regimiento provinciano de Galilea, que protegía esa región, y dependía del tetrarca Herodes Antipas. Aunque más modesto y reducido que el romano, estaba organizado a semejanza de éste, tanto en su estructura, como en su jerarquía y su disciplina. Sus integrantes eran en su mayoría paganos, y de cultura griega. De hecho, Mateo indica expresamente que el militar que fue a verlo no era judío (Mt 8,10).
Ni hijo ni sirviente
Este oficial tenía el grado de “centurión”. Así se llamaban los que estaban al frente de una centuria, es decir, cien soldados. Tenía, pues, una categoría alta dentro del ejército herodiano.
La presencia de un funcionario de esa jerarquía en Cafarnaúm es comprensible. La ciudad se hallaba en la frontera internacional, a sólo 5 kilómetros del límite entre Galilea y Galaunítide. Además, la atravesaba una de las rutas comerciales más importantes del país. Por eso estaba protegida por una centuria. El centurión era la máxima autoridad civil de la ciudad.

Según Mateo, el militar se presentó ante Jesús y le rogó que curara a un joven paralítico que estaba en su casa y sufría mucho. ¿Quién era el enfermo? Mateo no lo dice. Sólo lo identifica con la palabra “páis”, término griego que significa “joven”, “muchacho”. Algunas Biblias lo traducen por “sirviente”. Pero es un error, porque cuando Mateo se refiere a un sirviente usa la palabra “doúlos”. Así por ejemplo, en este mismo episodio el centurión le dice a Jesús: “cuando le pido a mi sirviente (doúlos)que haga algo, lo hace” (v.9). Evidentemente el muchacho no era un sirviente. Otras Biblias prefieren traducirlo por “hijo”. Pero tampoco es correcto, porque Mateo para hablar de un hijo emplea el término “houiós”, como se ve también en este episodio (v.12). Nunca, de las 26 veces que Mateo utiliza la palabra “páis”, se refiere a un “hijo”.
Existe además una razón histórica que impide traducirlo por “hijo”. Y es que los centuriones tenían prohibido casarse y tener hijos mientras prestaban servicio en el ejército. Sabemos que hacia el año 13 a.C. el emperador Augusto prohibió mediante una ley a los soldados que estaban por debajo del grado de oficiales senatoriales y ecuestres (incluidos los centuriones) tomar esposa y formar una familia. La prohibición fue levantada en el 197 d.C. por el emperador Septimio Severo. Por lo tanto, el muchacho paralítico no podía haber sido hijo del centurión.
Por un sueldo superior
Si el joven enfermo no era ni sirviente ni hijo del centurión, ¿qué relación tenía con él? Existe un tercer sentido de la palabra “páis” (muchacho), conocido gracias a los estudios de la literatura clásica, y es el de “amado” o “favorito” en una relación homosexual. Se lo llamaba “muchacho” afectuosamente, aun cuando fuera adulto.
En efecto, historiadores griegos como Tucídides (s.V a.C.), Jenofonte (s.IV a.C.), Calímaco (s.III a.C.), Polieno (s.II a.C.) y Plutarco (s.I), cuentan cómo ya en aquel tiempo los comandantes griegos solían tener sus jóvenes amantes (“páis”) dentro del ejército, con los cuales convivían. Algunos describen incluso las peleas que a veces se daban entre los oficiales por “algún muchacho bello en el que un soldado había puesto su corazón”. Otros autores e historiadores romanos como Plauto (s.III a.C.), Valerio Máximo (s.I), Marcial (s.I) y Tácito (s.II) narran historias de oficiales de la legión romana que tenían soldados como amantes, y dan hasta los nombres de ciertos centuriones afectos a esas prácticas.
El término “páis”, pues, en el ambiente castrense antiguo, era comúnmente utilizado para referirse al joven amante de una pareja homosexual.
Que semejante práctica se hallaba muy extendida, lo confirma un reciente estudio arqueológico realizado en un campamento romano del siglo I, en Vindolanda (Inglaterra). Los restos hallados en algunas de las habitaciones excavadas, han llevado a los arqueólogos a exclamar que éstas se asemejaban más a un burdel masculino que a un cuartel.
Esto corrobora que en el ejército romano (y sin duda también en el de Herodes) los centuriones y demás superiores convivían con jóvenes amantes; lo cual les era facilitado porque recibían una paga superior a la del resto de los soldados, y dormían en cuarteles más amplios.
Fuera de casa es mejor
Es posible, entonces, que el joven por el que viene a interceder el centurión sea su propia pareja. Si esto es así, se aclara un detalle difícil de explicar, y es por qué un militar de su rango se toma el trabajo de ir personalmente a implorar a Jesús por un simple sirviente. Pero al ser una persona afectivamente importante para él, la dificultad desaparece.
También se aclara otro punto oscuro del relato, y es la negativa del centurión a que Jesús vaya a su casa. En efecto, cuando Jesús quiere ir a curar al enfermo, sorpresivamente el centurión se lo impide y le dice: “Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que digas una palabra y mi muchacho se sanará” (Mt 8,7-8).
¡Qué reacción tan insólita! Todo el mundo quería que Jesús tocara a sus enfermos y les impusiera las manos. Algunos incluso los llevaban cargando con grandes sacrificios, como los cuatro amigos que descolgaron por el techo a un paralítico (Mc 2,1-12), o el padre que llevó a su hijo en medio de convulsiones (Mc 9,14-27). Y cuando era imposible llevarlo, le pedían que Jesús fuera a su casa, como Jairo cuando se moría su niña (Mc 5,21-24), o la mujer griega con su hijita endemoniada (Mc 7,24-26). Pero que alguien se oponga a que Jesús vaya a ver a un enfermo, es algo inaudito en el Evangelio. ¿Qué razón poderosa movió al centurión a obrar de esa manera?
Según sus propias palabras, él no era digno. Pero no explica porqué. Ahora bien, sólo una razón de tipo moral puede justificar semejante indignidad. Y debió de haber sido la vergüenza de llevar a Jesús a donde convivía con su joven amante, sabiendo que los judíos rechazaban enérgicamente la práctica de la homosexualidad.
Que lo arregle una embajada
La versión de este milagro, que encontramos en el Evangelio de Lucas, reafirma en cierto modo tal interpretación (Lc 7,1-10). Este evangelista, al contar el episodio, debió hacerle algunos cambios para evitar el escándalo de sus lectores.
En primer lugar, viendo que la palabra “páis” (“joven”) tenía connotaciones sexuales, prefirió reemplazarla por el término griego “doúlos”, presentando así al joven como “sirviente” del centurión. Pero con este cambio creó un problema: ¿cómo era posible que un militar de su categoría se interesara por un simple esclavo?
Para solucionarlo, añadió que era un sirviente “muy querido” (v.2). Además agravó la enfermedad del muchacho: en vez de decir que estaba paralítico, dijo que se estaba muriendo (v.2). Con todo esto, pretendía justificar la urgencia del centurión. Pero de nuevo uno se pregunta: ¿por qué quería tanto a su sirviente, al punto de abandonar sus obligaciones militares e ir personalmente a buscar a alguien que lo curara?
Comprendiendo la nueva dificultad que había provocado, decidió hacer un segundo cambio y decir que no fue el centurión quien salió a buscar a Jesús, sino que mandó una delegación de judíos para que lo buscara en su nombre.
Atenuando la humillación
Estas modificaciones operadas por Lucas en su relato generaron un tercer inconveniente. Ahora el centurión no tiene problemas de que Jesús vaya a su casa. Pero si Jesús va, pierde fuerza el sentido del milagro, cuyo centro es la fe del centurión en el poder a distancia de Jesús. Entonces Lucas resolvió agregar una segunda embajada del centurión, para detener a Jesús y que no llegara a su casa (v.6). ¡Una evidente incoherencia, ya que dos versículos antes le había rogado que fuera!
Cuando llega la primera embajada ante Jesús, resulta curioso ver cómo en vez de pedirle que vaya a curar al joven (que era lo esperable), comienza a alabar al centurión y a decir que es un hombre “digno” (v.4). ¿Por qué? Es que Lucas, sabiendo que más adelante llegará la segunda embajada del centurión diciendo que no es digno de que vaya a su casa, lo hace alabar de antemano, con el fin de alejar cualquier sospecha de indignidad moral del militar.
De este modo, con modificaciones, incoherencias, marchas y contramarchas, Lucas pudo rescatar el episodio para sus lectores.
Ahora es otro el que no quiere
Una tercera versión de este milagro la encontramos en el Evangelio de Juan (Jn 4,46-53). Y también él debió realizar cambios para evitar la posible turbación de sus destinatarios.
Ante todo, al igual que Lucas suprimió la palabra “páis” por las connotaciones sexuales que podía tener, y en su lugar empleó el término griego “huiós”, convirtiendo así al joven en “hijo” del centurión.
Pero el evangelista sabía que eso no era posible, porque los militares no solían tener hijos ni vivir con sus familias hasta después de licenciarse. Entonces tuvo que reemplazar al centurión por un “funcionario real”, es decir, por un empleado de la corte del gobernador Herodes Antipas. Así, transformó al soldado pagano y de costumbres sospechosas en un judío (como se deduce del v.48).
Al tratarse ahora de un judío, cuya moral no encerraba escándalo alguno, el Evangelio de Juan no tiene ya motivos para que el funcionario no quisiera recibirlo en su casa. Pero si Jesús va, no podrá curarlo a distancia, que es el objetivo del relato. Entonces dice Jesús mismo se niega a ir. ¿El motivo? Porque el funcionario, como buen judío, sólo quiere ver signos maravillosos. Y le pide que regrese a su casa confiando en la sanación de su hijo. Ahora ya no es el hombre el que muestra una fe prodigiosa, sino Jesús el que le pide una fe prodigiosa.
Una terrible palabra
Mateo parece haber conservado, en su Evangelio, el recuerdo de un milagro a un homosexual, retocado más tarde por Lucas y Juan. Y llama la atención el silencio de Jesús ante su condición. No lo reprende por su forma de vida, ni lo rechaza, ni lo condena. Lo cual no significa que Jesús estuviera a favor de la homosexualidad, ni que la fomentara. Simplemente no la juzgó. No entró en cuestiones de sexualidad, seguramente por considerarlas de índole privada.
Lo mismo hizo el día que una prostituta se echó a sus pies llorando y buscando el perdón. Le dijo: “Tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lc 7,50). No le dijo: “no peques más”, como le ordenó a la adúltera (Jn 8,11). Le otorgó el perdón sin meterse en su vida sexual, ni condicionarla a que cambiara de profesión. Quizás prudente ante la posibilidad de que aquella pobre mujer no tuviera otra forma de ganarse la vida. Muchas vivían en aquel tiempo en condiciones sociales deplorables, a veces impuestas por la sociedad, y Jesús no interfirió en lo que tal vez era su único medio de subsistencia.
Asimismo en el sermón de la montaña Jesús prohibió reírse de las minorías sexuales. Allí enseñó: “Todo el que diga a su hermano «raka» será condenado por el Sanedrín” (Mt 5,22). Las Biblias suelen traducir esa palabra por “insensato, necio”. Pero no parece ser ése el sentido. Jesús llama insensatos y necios a los fariseos (Mt 23,17), y es absurdo que después prohíba usar esa palabra. En realidad rakaderiva del arameo “reqa”, que significa “suave, blando, tierno” (Gn 18,7; 29,17; 33,13), y aludía a las personas afeminadas. Lo que Jesús dijo, entonces, fue: “Todo el que le diga a su hermano «maricón» será condenado por el Sanedrín”.
Por el sol y por la lluvia
Resulta asombroso ver lo tolerante que fue Jesús con las personas y grupos marginados de su tiempo: pecadores, mujeres, cobradores de impuestos, samaritanos, prostitutas, locos, extranjeros, endemoniados, homosexuales. Hasta llegó a comer con ellos (Mc 2,15), lo que en su cultura era la forma suprema de unión con esa gente.
Su tolerancia llegó a escandalizar a muchos (Lc 15,1), porque esas personas estaban condenadas por la religión de su tiempo. Pero Jesús tenía en claro que, entre lo religioso y lo humano, sólo lo humano es intocable y fundamental. A veces por salvar los derechos de la religión hemos vulnerado los derechos humanos. Por defender un dogma hemos quemado al hereje. Por cuidar la moral hemos despreciado al homosexual. Por preservar una ética hemos apedreado a la adúltera.
Ciertamente la tolerancia entraña sus peligros, y puede hacer creer que todo vale y que todo está bien. Pero para Jesús más peligroso aún era humillar a una persona por motivos religiosos, ya que con ello se justifica un sectarismo que convierte la vida en opresiva, despótica e injusta. Y esto hace más daño que cualquier idea religiosa desviada.
Jesús enseñó que el Padre que está en los cielos no hace diferencias con sus hijos. Que “hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45). Todos necesitan el sol de nuestro amor, y precisan la lluvia de nuestro respeto. Y si queremos parecernos al Padre del cielo, como Jesús lo ordenó, debemos aceptar a quienes son diferentes, sin humillarlos ni querer cambiarlos. Y mucho menos en nombre de Dios.
JESÚS SANA AL AMANTE DEL CENTURIÓN 
Xabier Pikazahttp://21rs.php/2006/05/25/jesus-sana-al-amante-del-centurion
En tiempos de Jesús, había en Palestina dos tipos de soldados oficiales (dejando a un lado a los posibles celotas o soldados-guerrilleros al servicio de la liberación judía).
Unos eran los del ejército romano propiamente dicho, que dependían del Procurador o Prefecto (Poncio Pilatos), que gobernaba de un modo directo sobre Judea y Samaría. Otros eran los del tetrarca-rey Herodes Antipas, que gobernaba bajo tutela romana en Galilea (y los de su hermano Felipe, tetrarca de Iturea y Traconítide, al otro lado de la frontera galilea).
El Prefecto romano contaba con unos tres mil soldados de infantería y algunos cientos de caballería, acuartelados básicamente en Cesarea, que solían provenir del entorno pagano de Palestina y funcionaban como ejército de ocupación. De todas formas, no era frecuente verlos en la calle o en los pueblos, ni siquiera en Jerusalén, donde gobernaba el Sumo Sacerdote y su consejo, con la ayuda de algunos miles de «siervos» o soldados de la guardia paramilitar del Templo. De todas formas, en los tiempos de crisis o en las fiestas, el Prefecto romano subía a Jerusalén y se instalaba en la Fortaleza Antonia, junto al templo, desde donde controlaba el conjunto de la ciudad.
Probablemente residía allí una pequeña cohorte destacamento militar, pero no se mezclaba en la vida civil y religiosa de la ciudad.
El Rey (=Tetrarca) Herodes Antipas gobernaba en Galilea, bajo control de Roma, pero con una gran autonomía. Tenía que proteger las fronteras y mantener el orden dentro de su territorio, pagando un tributo a Roma. Para ello tenía sus propios soldados, organizados como los de Roma.
En caso de necesidad, los soldados romanos tenían que ayudar a los de Herodes y los de Herodes ayudar a los romanos. Según eso, en Galilea no existía un «ejército de ocupación», ni tampoco un dominio directo de Roma, aunque muchos «nacionalistas galileos», partidarios de un estado israelita, consideraban a Herodes como a un usurpador y a sus soldados como ejército opresor. Por otra parte, es normal que los soldados de Herodes fueran también de origen pagano, como los de Poncio Pilato, aunque podían ser también judíos.
Desde ese fondo han de entenderse algunos pasajes del evangelio que hablan de la relación de Jesús y de sus seguidores con soldados. El texto más significativo es aquel donde se dice a los creyentes que superen la actitud del «ojo por ojo y diente por diente», propia de los ejércitos del mundo, para añadir: «No resistáis al que es malo (al mal); por el contrario, si alguien te hiere en la mejilla derecha, ponle también la otra...; y al que te obligue a llevar la carga por una milla llévasela dos» (Mt 5, 39-40).
Estas últimas palabras se refieren al servicio obligatorio que las fuerzas del ejército (de Herodes o Pilato) podían imponer sobre los súbditos judíos: obligarles a llevar cierto peso o cargamento a lo largo de una milla. Pues bien, en vez de pregonar la insurrección o la protesta violenta, Jesús pide a los oyentes que respondan de manera amistosa a la posible violencia de los soldados. Esta es su forma de (no) oponerse al mal, para vencer la perversión del mundo a través de un gesto bueno. Jesús no condena a los soldados imperiales: quiere enfrentarles ante el don del reino, enriquecerles con la gracia del Padre que es bueno para todos (cf. Mt 5, 45).
En este fondo se sitúa su relación con el centurión que tiene un amante enfermo y que pide a Jesús que le cure (Mt 8, 5-13 par.). La escena ha sido elaborada por la tradición en el contexto de apertura eclesial a los paganos, pero en su fondo hay un relato antiguo (transmitido al menos por el Q; cf. Lc 7, 1-10; Jn 4, 46b-54). Jesús no ha satanizado a los soldados, ni ha querido combatirlos con las armas, sino que ha descubierto en ellos un tipo de fe que no se expresa en la victoria militar, sino en la curación del amigo enfermo:
Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, que le rogaba diciendo: «Señor, mi amante (pais) está postrado en casa, paralítico, gravemente afligido». Jesús le dijo:«Yo iré y le curaré». Pero el centurión le dijo: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi siervo sanará, pues también yo soy hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este "ve" y va y al otro "ven" y viene; y a mi siervo "haz esto", y lo hace». Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes». Entonces Jesús dijo al centurión: «Vete, y que se haga según tu fe». Y su amante quedó sano en aquella misma hora (Mt 8, 5-12).
Este es un soldado con problemas. Es un profesional del orden y obediencia, en el plano civil y militar, un hombre acostumbrado a mandar y a ser obedecido. Es capaz de dirigir en la batalla a los soldados, decidiendo así sobre la vida y la muerte de los hombres. Pero, en otro nivel, es un muy vulnerable: padece mucho por la enfermedad de un siervo amante. Pero antes de seguir será preciso que nos detengamos y preguntemos sobre la identidad de este pais del centurión, que hemos traducido como «amante».
Esa palabra (pais) puede tener tres sentidos, siervo, hijo y amante (casi siempre joven), y puede resultar escandalosa. El texto paralelo de Jn 4, 46b evita el escándalo y pone huios (hijo), en vez de pais; pero con ello tiene que cambiar toda la escena, porque los soldados no solían vivir con la familia ni cuidar sus hijos hasta después de licenciarse; por eso, el centurión aparece aquí como un miembro de la corte real de Herodes (un basilikós). También Lc 7, 2 quiere eludir las complicaciones y presenta a ese pais como doulos, es decir, como un simple criado, al servicio de centurión; con eso ha resuelto un problema, pero ha creado otro: ¿es verosímil que un soldado quiera tanto a su criado?
Por eso preferimos mantener la traducción más obvia de pais dentro de su contexto militar.
En principio, el centurión podría ser judío, pues está al servicio de Herodes, en el puesto de frontera de su reino o tetrarquía (Cafarnaúm). Pero el conjunto del texto le presenta como un pagano que cree en el poder sanador de Jesús, sin necesidad de convertirse al judaísmo (o cristianismo). Pues bien, como era costumbre en los cuarteles (donde los soldados no podían convivir con una esposa, ni tener familia propia), este oficial tenía un criado-amante, presumiblemente más joven, que le servía de asistente y pareja sexual. Este es el sentido más verosímil de la palabra pais de Mt 8,6 en el contexto militar. Ciertamente, en teoría, podría ser un hijo o también un simple criado (como suponen los paralelos de Juan y Lucas). Pero lo más sencillo y normal es que haya sido un amante homosexual, alguien a quien otros libros de la Biblia (quizá Rom 1, 24-27) habrían condenado.
Pero, gracias a Dios, como sabemos por el texto siguiente («¡cargó nuestras enfermedades...!»: Mt 6, 17), Jesús no era un moralista, sino un mesías capaz de comprender el amor y debilidad de los hombres (en el caso de que el amor homosexual lo fuera). Jesús sabe escuchar al soldado que le pide por su amante y se dispone a venir hasta su casa-cuartel (¡bajo su techo!), para compartir su dolor y ayudarle. Hubiera ido, pero el oficial no quiere que se arriesgue, pues ello podría causarle problemas: no estaba bien visto ir al cuartel de un ejército odiado para mediar entre dos homosexuales; por eso le suplica que no vaya: le basta con crea en su dolor y diga una palabra, pues él sabe lo que vale la palabra. Jesús respeta las razones del oficial, acepta su fe y le ofrece su palabra. El resto de la historia ya se sabe: Jesús cura al siervo-amigo homosexual y presenta a su amigo-centurión como signo de fe y de salvación, sin decirles lo que deberán hacer mañana. Es evidente que no exige, ni quiere, que rompan su amor, sino que lo viven en fe y amor de Reino.

jueves, 26 de febrero de 2015

LA BÚSQUEDA DEL AUTENTICO BAUTISMO

La búsqueda del autentico bautismo
Según el título puede preguntarse usted, cuántos bautismos existen. En la teoría uno, y en la práctica también aunque con una salvedad. Lo que ocurre es que hay que saber diferenciar un poco lo que es el carácter ritual y simbólico del bautismo, lo que entraña en realidad. Bautismo deriva del verbo “baptein/baptizein”, que significa sumergir, lavar. Encontramos en el lavado de la ropa el ejemplo más exacto de lo que significa, pues la prenda sale sin impurezas del agua. 

La práctica bautismal se cree que tiene su origen en la clase alta de la cultura egipcia, donde se observaba la pulcritud y la pureza por medio de los lavatorios diarios y el rasurado total del bello. Históricamente desde la práctica creyente, los baños rituales son frecuentes entre los esenios según Flabio Josefo, así como en las comunidades de Damasco y Qumrán; aunque nunca pueden ser aguas estancadas “o muertas”, sino “aguas vivas” de algún arroyo o río que pueda llevarse lo impuro. Me refiero aquí a un bautismo cotidiano y ritualista destinado a manifestar la sinceridad de la conversión, o la adhesión a un concreto modo de vida, manifestando la aspiración a la gracia purificadora –más o menos como la renovación de unos votos religiosos-. Uno mismo se sumerge en al agua, mientras que los penitentes que se presentan a Juan recibirán el bautismo de sus manos y una vez para siempre. Y en esto último vemos la dualidad de lo que significaba el bautismo y lo que nos mueve al bautismo tras conocer a Jesús de Nazaret. Está claro que la persona que se bautiza no puede ser la misma tras el bautismo, aunque no apreciamos cambios significativos pues los bautizados son generalmente recién nacidos. El bautismo que tradicionalmente tenemos inculcado no es un mero trámite –aunque tristemente lo sea para muchos-, esta asistido por el Espíritu Santo, aunque esta asistencia sea mucho más efectiva si el bautizado tiene la luz de la razón que ilumina la conciencia. ¿Cómo entender un bautismo sin conciencia? En muchos casos, la conciencia de los llamados no es idéntica a la conducta, y esto tergiversa todo el sentido de la realidad sacramental. Se nos debe notar que somos bautizados. Por ello es tan importante el vivir y disponerse a la experiencia de Dios. Experiencia de Dios, es lo fundamental de un bautismo que se considere efectivo y adulto. Experiencia de Dios que por ejemplo tuvo Naamán el sirio, el potentado que según la biblia tuvo lepra. El profeta Eliseo le invita a bañarse siete veces en el Jordán y el, tras alguna reticencia lo hace y queda limpio. ¿Realmente se curó de la lepra? Es muy posible que fuera otro mal el que aquejaba a Naamán, y mucho peor que la lepra; la oscuridad del entendimiento, la sinrazón y cerrazón de su corazón. Al conocer a Eliseo, este le abre el entendimiento le habla al corazón le restituye como persona y como sujeto que puede volver a mirar cara a cara a Dios sin avergonzarse. Ahí está la penitencia: báñate siete veces. O sea, siempre –significa siete- as de vivir con amor y compasión, pues con amor y compasión te creó Dios. 

Naamán por lo tanto vive en sus carnes una experiencia religiosa. No nos importa si verdaderamente hubo o no agua, todo es ritual, lo verdaderamente importante es la actitud ante la realidad que se nos presente y en esa realidad está el Señor. La Biblia está plagada de ejemplos semejantes en los cuales se nos hablan de aguas que lavan – “os lavaré con agua pura, os limpiaré de todas vuestras impurezas, os purificaré […] y pondré en vosotros un corazón nuevo y un espíritu nuevo”, (Exequiel 36,25-25a), cuando lo que se nos quiere decir es que lavemos nosotros mismos nuestras conductas, reconduzcamos nuestra realidad o la senda de nuestro caminar, y se nos dice con insistencia: - “Una voz grita: Preparad al Señor un camino en el desierto, trazad para nuestro Dios una calzada recta en la región estéril”, (Isaías 40,3.3). Todos estos llamamientos nos hablan de actitud ante Dios y ante los hombres y mujeres de nuestro mundo. Sentir la experiencia de Dios es estar sometido a unas circunstancias extraordinarias –sean positivas o negativas-, en las cuales sentimos la dura prueba, experimentamos el gozo o la dicha, flaquea nuestra fe, apreciamos el tener o no tener salud, la marcha de los seres queridos, un alumbramiento, un estado de shock. Y en esta experiencia formidable, encontramos el rostro de Jesucristo y la razón de nuestra vida y nos sentimos en consonancia con el medio y participes de la humanidad e hijos de Dios. Por ello, “zambullirse en el agua y salir de nuevo simboliza hundirse en la muerte y renacer a la vida. Jesús abandonó su pueblo, su casa, su familia. Se quedó solo. Y emprendió una forma de vivir y hablar que le llevó al conflicto, al juicio, la condena y la muerte. Se “auto-estigmatizó”. Y así nos dijo cómo podemos renovar esta iglesia y este mundo” (José Mª Castillo-teólogo). Por ello, “es importante que cada persona asuma su realidad, su YO. Y de esta manera, el YO del sujeto de estas experiencias vitales participa de manera más o menos consciente de todos los actos de la conciencia” (Joseph Ternus-Doc.Filosofía). Una de las características de Jesús es que aun siendo una persona sin formación reconocida (Jn 7,15b), atesoraba una sabiduría que le llevó a ser un conocedor nato de la escrituras sagradas. El sabía del pasaje de Jeremías, “así te blanquees con salitre (natrón) y te des bien con lejía, se te nota la culpa en mi presencia“ (Jr 2,22), pero no es por eso por lo que decide bautizarse pues no podía ser consciente de que como hijo de Dios estaba exento de pecado. ¿Por qué se bautiza Jesús? ¿Acaso lo necesitaba? Tengamos en cuenta algo. Salvando el episodio de la perdida en el templo a la edad de doce años (Lc 2,41ss), desde el nacimiento de Jesús hasta el episodio del bautismo como primera aparición pública siendo adulto, pasan veintiocho años “pues fue esa con toda probabilidad la edad del bautismo” (J.Ant. Pagola). Nadie se equivoca al pensar que Jesús durante toda su vida pública solamente fue una persona normal que vivía entre los suyos y como judío de aquel tiempo. El no pudo prepararse para actuar, premeditando sus actuaciones para favorecer la puesta en escena de él mismo como hijo autentico de Dios. Cuando el acude al bautista, acude porque se siente llamado a realizar un signo que determine la culminación de un proceso interior y de maduración interna; por medio del cual se decide a apostar su vida por la causa del Reino de Dios, asumiéndolo como tal y llamándole “abba” = Padre. 

Los demás acuden a limpiarse de los pecados, sin embargo Jesús le da al bautismo su autentico toque, pues para él como para otros que lo han vivido; bautismo es cambiar el sentido de la vida y vivirla según Dios. Juan el Bautista era muy consciente de la simpleza de su rito bautismal, sabía que una vez anunciado el Mesías “era preciso que el menguara para que Jesús creciera” (Jn 3.30); por eso mismo le anuncia como Cordero, como pieza fundamental de la obra de Dios en el mundo. No perdamos de vista algo muy importante. Jesús apuesta por el Reino porque se deja iluminar por “Su” Espíritu. ÉL, el Espíritu es la fuerza que nos llama, nos interpela, nos anima en la lucha, nos predispone a la maduración y nos ilumina en la oscuridad. En esta cuaresma, busquémosle como le buscó Jesús. Retirémonos a sitios apartados, reflexionemos sobre nuestra vida a la luz de la Palabra inspirada. En ella y solo en ella, encontramos la clave para parecernos cada vez más a Jesús. Y siendo así, viviremos en nuestra vida una autentica plenitud sacramental pues le tendremos siempre. Hermanas y hermanos, feliz y fructífero camino por el desierto cuaresmal.

Florencio Salvador Díaz Fernández.

Titulado superior en Teología. (I.I.T.A.U.P.Comillas)

sábado, 1 de noviembre de 2014

SEPAMOS DESCIFRAR LA SANTIDAD ENTRE NOSOTROS... Y SIGÁMOSLA

Es de sobra conocido la deslocalización que tenemos con la solemnidad de Todos los Santos. Es un día en que dedicamos a los difuntos -cuyo día litúrgico es mañana-, aun cuando es una fiesta que debe celebrarse desde la resurrección y la gratitud por tantos y tantos testimonios de personas buenas que fueron dignos de la santidad.
Desde luego, todos pensamos que nuestros difuntos fueron buenissimos y hacemos bien. La vida tiene sus luces y sus sombras, y soy hombre de confiar en que Dios al final de nuestros días, ilumina nuestras sombras con la luz de su misericordia.
De todas formas hoy pensaba yo, en la necesidad que tenemos de descifrar la santidad en el mundo y entre nosotros.
Sí. El cielo está lleno de santos, pero la mayoría de ellos no son canónicos. No son santos porque un papa de Roma dijera que son santos. Son santos porque amaron, fueron buenas personas fundamentalmente y porque fueron testigos de Jesús de Nazaret en el mundo sencillo, callado y silente en el que muchos vivieron.
Y me atrevo a decir que hoy día, la santidad camina por las calles de nuestras ciudades y pueblos.
Es una actitud que puede percibirse en personas sencillas y corrientes, buenas y HUMANAS. Personas que son amorosas y sensibles, equilibradas, sinceras y fieles a la verdad cueste lo que les cueste. Son personas fundamentalmente sensibles, respetuosas y como Jesús de Nazaret, conceden a cada persona su sitio reconociendole su dignidad.
Digamos que si de algo huyen es de reconocimientos concretos, pues su vida son su gente.
Hoy le pido al Señor que nos conceda reconocer a estas personas para darle gracias por ellas, y para poder mirarles de frente y seguir sus ejemplos y testimonios de vida.
Buenas noches.


viernes, 1 de agosto de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - DADLES VOSOTROS DE COMER

28 Tiempo ordinario (A) Mateo 14, 13-21
DADLES VOSOTROS DE COMER
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA, 30/07/14.- Jesús está ocupado en curar a aquellas gentes enfermas y desnutridas que le traen de todas partes. Lo hace, según el evangelista, porque su sufrimiento le conmueve. Mientras tanto, sus discípulos ven que se esta haciendo muy tarde. Su diálogo con Jesús nos permite penetrar en el significado profundo del episodio llamado erróneamente “la multiplicación de los panes”. 

Los discípulos hacen a Jesús un planteamiento realista y razonable: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Ya han recibido de Jesús la atención que necesitaban. Ahora, que cada uno se vuelva a su aldea y se compre algo de comer según sus recursos y posibilidades.
La reacción de Jesús es sorprendente: “No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer”. El hambre es un problema demasiado grave para desentendernos unos de otros y dejar que cada uno lo resuelva en su propio pueblo como pueda. No es el momento de separarse, sino de unirse más que nunca para compartir entre todos lo que haya, sin excluir a nadie.
Los discípulos le hacen ver que solo hay cinco panes y dos peces. No importa. Lo poco basta cuando se comparte con generosidad. Jesús manda que se sienten todos sobre el prado para celebrar una gran comida. De pronto todo cambia. Los que estaban a punto de separarse para saciar su hambre en su propia aldea, se sientan juntos en torno a Jesús para compartir lo poco que tienen. Así quiere ver Jesús a la comunidad humana.
¿Qué sucede con los panes y los peces en manos de Jesús? No los “multiplica”. Primero bendice a Dios y le da gracias: aquellos alimentos vienen de Dios: son de todos. Luego los va partiendo y se los va dando a los discípulos. Estos, a su vez, se los van dando a la gente. Los panes y los peces han ido pasando de unos a otros. Así han podido saciar su hambre todos.
El arzobispo de Tánger ha levantado una vez más su voz para recordarnos “el sufrimiento de miles de hombres, mujeres y niños que, dejados a su suerte o perseguidos por los gobiernos, y entregados al poder usurero y esclavizante de las mafias, mendigan, sobreviven, sufren y mueren en el camino de la emigración”.
En vez de unir nuestras fuerzas para erradicar en su raíz el hambre en el mundo, solo se nos ocurre encerrarnos en nuestro “bienestar egoísta” levantando barreras cada vez más degradantes y asesinas. ¿En nombre de qué Dios los despedimos para que se hundan en su miseria? ¿Dónde están los seguidores de Jesús? ¿Cuándo se oye en nuestras eucaristías el grito de Jesús. “Dadles vosotros de comer”?

EL CARDENAL CAÑIZARES Y "SU" DELGADA LINEA ROJA

El Cardenal Cañizares y "SU" delgada línea roja
Bueno, personalmente creía que el poder de asombrarnos estaba ya agotado para el cardenal Cañizares, pero por lo que nos cuenta religióndigital nada de eso. 

El caso es que aun a pesar de los muchos esfuerzos que se hacen en muchos sitios por parte de los sacerdotes y los agentes de pastoral para acercar la eucaristía a las personas, siempre estarán en guardia sobre posibles concesiones a la dureza del rito de la misa, aquellos que se empeñan en delimitar una delgada línea roja que delimita los espacios; haciendo de la eucaristía una celebración con actores determinados y diferenciados. 

"lo más triste es que la celebración sigue cerrada a la comunidad pues sin el cura no hay misa, lo cual proporciona una pobreza que el Espíritu no se merece"

Desde luego planteamientos hay para todos los gustos, pues somos muchos los que nos hemos manifestado abierta y respetuosamente por un rito eucarístico abierto a todos y de todos, en el cual prime el compartir y la actitud de servicio antes que la importancia de quien preside, celebra o consagra –pues se consagra con la presencia comunitaria ya que en todos reside el Espíritu-. 
Hago aquí mención de una opinión del “Cartujo con licencia propia” en la cual discernía sobre la conveniencia de cambiar la materia –el alimento- en la eucaristía, sin menoscabo de la significancia sacramental:  http://cartujoconlicencia.blogspot.com.es/2011/06/si-en-lugar-de-pan-fueran-naranjas.html. 
El caso es que el cardenal Cañizares Pide que se mantenga el rito, pero sin "el canto de la paz". Alerta el prelado contra algunos "abusos" en el rito eucarístico de la paz. Y lo más desconcertante es que ordena que el cura no baje del altar y que los fieles no se desplacen. 

O sea –si se me permite la frivolidad-, como no pagas la entrada no hace falta ni que te muevas. El cura ya te va diciendo lo que tienes que responder. No pienses, no cuestiones nada. Di a todo amén o roguemos al Señor, y se bondadoso en la colecta pues eso –sobre todo- si que agrada al Señor. 
Sinceramente y dejando la sorna a un lado, me parece increíble que este hombre piense que con estas actitudes se le hace un favor a Cristo. 
Me parece aun más lamentable que a esto se reduzca la misión evangelizadora de un señor que será cardenal de la Iglesia, pero como dijo el papa Francisco a los obispos, tiene necesidad de impregnarse del olor de las ovejas y relacionarse con el pueblo. 
Particularmente considero agotado el rito de la misa en la actualidad. Fallece una señora mayor y nadie ocupa su lugar. Los sacerdotes continúan predicando desde la perspectiva paternalista haciéndonos a todos conscientes de las muchas faltas que tenemos, en primer lugar; y lo más triste es que la celebración sigue cerrada a la comunidad pues sin el cura no hay misa, lo cual proporciona una pobreza que el Espíritu no se merece. 
Mientras tanto, seguiremos asistiendo a misa y haciendo comunidad de corazón. Pero también seguiremos haciendo eucaristía con la gente, compartiendo el pan, el vino y las patatas fritas. Pero lo que compartamos lo haremos en nombre de Jesucristo y en nombre de la amistad, el servicio y la fraternidad. 
A esto y solo esto, se reduce la vida de un cristiano hoy día. Todo lo demás es relativo como decía Casaldáliga, menos el hambre. Por ello, seamos consecuentes con lo que verdaderamente merece la pena. 
Saludos calurosos desde Andalucía. Atte. Floren.

sábado, 28 de junio de 2014

SER PERSONAS DIGNAS - 28 DE JUNIO

Nos gustan tanto las efemérides que hay un día para todo y para todos, y como bien es sabido hoy es el día del Orgullo Gay. Y en el propio colectivo gay, transexual y bisexual, pues existe de todo pues el abanico es tan amplio como amplias son las posibilidades de SER personas. También hay cristianos y cristianas.

"¡Yo no quiero misericordia por ser gay, pues la condición homosexual no lleva implícito el pecado! Yo quiero todo aquello a lo que un digno hijo de Dios pueda aspirar. Todo. Ni más ni menos."

Y como cristianos que somos, tenemos un motivo de ejemplaridad para afrontar este día y todos los días, Jesucristo. ¿Sabía Jesús de sexualidad? Claro que supo de sexualidad. La sexualidad está en la mente y en la propia esencia del ser humano, y como humano que era “Jesús tuvo que tener deseo sexual” (José Mª Castillo). Ojo, hablo de deseo no de relaciones sexuales. De esas cosas personales respecto de Jesús, el evangelio no dice nada aunque si las hubiera tenido, su mensaje, persona y la obra de la redención hacia nosotros, no queda invalidada desde ningún punto de vista, pues todo lo ánima el Espíritu Santo de Dios como aliento de vida (Jürgen Moltmann). 


Lo que es una autentica lastima, es que centrándose Jesús en la necesidad de la felicidad para el ser humano, en el interés que tuvo por la salud de las personas y su propia vida afectiva, desarrollando lazos sensibles de autentica fraternidad comunitaria como autentica táctica para la evangelización; nuestra Iglesia Católica –especialmente la española- se afane constantemente en denostar a los homosexuales y demás grupos de género.

Al no acoger a ciertos sectores, la jerarquía debiera darse cuenta de que devalúan plenamente el sentido de comunidad, realizan una acepción de personas denunciada por Jesús y encima pierden un motivo ejemplar para estar orgullosos de sí mismos como pastores. Y es que, todo lo que para los obispos no es normal, está intrínsecamente desordenado. Todo lo que no es conforme a su opinión sobre cualquier cosa, está apartado de la comunión de la iglesia.

¿Cómo así somos Iglesia? Esta es ya una guerra declarada y defendida por los obispos, en pro de un magisterio que es causa interpretativa de la Palabra de Dios realizada por hombres; pero que nunca puede ser flagelo para subyugar denostar y anatematizar la vida de la gente. Nos refresca el espíritu, el percibir que entre los muchos gestos del Papa Francisco están los dirigidos tímidamente a los homosexuales, dejando claro que no hay que estar obsesionados ni nada por el estilo; y haciendo constantemente un llamamiento hacia una pastoral de inclusión y no de exclusión.

Aun así, todos los creyentes homosexuales o que pertenezcamos a la diversidad sexual considero que debemos ser cautelosos, pues el hecho de que el Papa pregunte por nosotros a los obispos del mundo, no nos garantiza una inclusión de nuestra afectividad sexual y nuestro “Ser” como personas. Se habla de mostrar misericordia, de ser generosos…etc. ¡A ver si encima de lo que llevamos aguantado les vamos a tener que dar las gracias por pedir para nosotros misericordia! 

¡Yo no quiero misericordia por ser gay, pues la condición homosexual no lleva implícito el pecado! Yo quiero todo aquello a lo que un digno hijo de Dios pueda aspirar. Todo. Ni más ni menos. 
Y ello implica el que a nosotros o se nos quiere con nuestra sexualidad incluida y se reconoce nuestra propia naturaleza de personas, o que simplemente se nos deje en paz para seguir –como hasta ahora- iluminando nuestra vida desde la Luz del Evangelio, siendo entre los nuestros la levadura de Jesús de Nazaret.

Considero un derecho el ejercer libremente lo que cada uno viva en sí mismo y lo viva con naturalidad. Creo que es una grandeza para la humanidad, y creo que da pleno sentido al evangelio de Jesús el que muchas personas podamos hacer un uso particular de la libertad, aunque la jerárquica iglesia solo considere libertad a la suya, la llamada libertad responsable, que descansa en el principio anunciado de que “quien se mueva no sale en la foto”. Me duelen las personas y me duele la iglesia. Me duele que algunos quieran esgrimir la Biblia al pié de la letra para condenar por ejemplo la homosexualidad; y no cojamos el pié de la letra otros pasajes para defender aquello en lo que jamás debiera de haberse convertido la Iglesia de Jesús.

“Obedecedlos y haced todo lo que os digan. Pero no sigáis su ejemplo, porque dicen una cosa y hacen otra” (Mt 23,3). ¡Qué sabio fue Jesús!
Para terminar, solo dar un mensaje esperanzador. Los que en Jesús tenemos puesta nuestra mirada y nos tratamos de manera fraternal y solidaria, seremos Iglesia aun a pesar de los que piensan que no los somos. Aquellos que pasaron de largo ante el hombre herido en el camino (Lc 10, 31-32), no se pararán en el camino ante nuestra necesidad. Dios Padre si lo hace pues es bondadoso y es lo que llamamos en el pueblo harina de otro costal.

Este Dios Padre, en Jesús y por Jesús -su revelador- renueva nuestra esperanza en la superación diaria de obstáculos y controversias. De sus labios recibimos un apoyo, para dejar caer la cabeza en su hombro para poder reír y llorar. La amplitud de su corazón, en Dios se hace acogida total pues con el profeta nos dice: “¿acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo? Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré” (Isaías 49,15). Ánimo a todos los que amáis sin tener que pedir permiso para ello. Ánimo a los que os amáis tal y como somos. Tened en cuenta que si no os amarais os respetarais y aceptarais, le estaríais faltando el respeto a Dios.
Floren de Estepa.

PADRE NUESTRO, DE TODOS LOS AMORES

Padre nuestro y padre de todos.
De los altos y los bajos,
de los hambrientos y los hastiados,
de los tradicionalmente casados,
y padre también de los homosexuales.
Como me siento hijo/a  tuyo/a, te digo
que quiero vivir en ese reino que prometes
y que día a día esperamos.
Queremos repartirnos entre todos
el pan, las flores, el tiempo y el trabajo.
Equitativamente y sin desigualdades,
ya que todos, ¡todos somos imagen y semejanza tuya!
Espero de ti el perdón tan necesario,
para ofrecerlo a aquellos que nos ofenden
con teorías sobre nuestra sexualidad,
que se basan en la muerte y la degradación;
Ese perdón que nos haga vivir serenamente el futuro.
También nosotros queremos perdonarnos,
colaborando a levantar un mundo derruido,
Un mundo que se atreve a pesar el amor
para separar el legítimo del ilegitimo.
Como si todo el amor no proviniera de ti.
Queremos aportar nuestra fuerza en la lucha,
del odio egoísta,
de la boca soberbia,
de la ciega violencia,
de la xenofobia bendecida,
de los deseos que esclavizan,
de toda individualidad que excluya.
Tentaciones que cada día nos acosan
como a Jesús un día le acosaron.
Con su fuerza, que es la tuya,
queremos rechazarlas
y bendecirte por nuestro amor y sexualidad.
Quiero ser fuerte para rechazar,
todo aquello que lastre mi dignidad personal,
y convencid@  de la enormidad de tu corazón
poder decirte:

(Adaptación del P.N. de Arbeloa)