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martes, 3 de febrero de 2015

Teresa Forcades: “La historia de Jesús es muy cercana a la de la izquierda radical

Teresa Forcades: “La historia de Jesús es muy cercana a la de la izquierda radical: detenido, torturado y acusado falsamente”


- viene de: http://blog.cristianismeijusticia.net/?p=11815&lang=es
Voces. Irene Ramentol. [Crític] Teresa Forcades (Barcelona, 1966) es monja benedictina, teóloga y médico internista. Cofundadora de Procés Constituent juntamente con el economista Arcadi Oliveres (…) Su vocación religiosa surge de un “enamoramiento” a los 15 años después de leer los evangelios y desde entonces concibe el activismo como una parte irrenunciable de su fe. 
“La religión es el opio del pueblo”. Seguro que esta frase de Marx te suena
Es una frase del joven Marx, de cuando tenía 25 años. Otros filósofos ya habían expresado la misma idea, pero él la recoje y a partir de ahí se difunde. Normalmente se acostumbra a citar en el sentido de que la religión es algo negativo. Y evidentemente Marx es crítico, pero en el contexto de esta crítica lo que está reconociendo es que la religión, de hecho, es útil para consolar al pueblo. El problema, según Marx, es que el pueblo consolado no tiene la fuerza necesaria para cambiar las estructuras. Y entonces es cuando realiza la crítica radical diciendo que el consuelo que la persona oprimida busca externamente y que es bueno, ha de encontrarlo dentro. La justicia no se ha de buscar más allá, fuera de la historia. El evangelio de Juan habla de una noción teológica que llamamos escatología realizada. Afirma que todas estas promesas de Dios en el cristianismo no son solamente para el más allá. Es cierto que la religión cristiana sostiene que el justo nunca quedará defraudado, que hay una justicia final. Que esta realidad donde el que tiene más poder oprime al que menos tiene y donde reina la injusticia, que esto Dios no lo quiere y que hay una posibilidad de vivir con justicia, sin violencia, sin lágrimas y sin dolor. Todo esto es cierto. Pero esto no es auténticamente fiel al evangelio si no pensamos que empieza ahora. Y esta esperanza ha de ser para la acción, no para la inacción.
Sea o no sea un consuelo, el hecho es que la religión ha ido perdiendo adeptos. ¿Somos más incrédulos?
En este país nos lo hemos ganado a pulso. La Iglesia católica- no toda- estuvo durante 40 años dando apoyo a una de las dictaduras más criminales del siglo XX. Es cierto que el caso de Cataluña fue un poco diferente porqué aquí hubo una entidad como el monasterio de Montserrat donde se produjo aquel encierro de intelectuales y muchas otras iglesias que acogieron grupos clandestinos que trabajaron para la democracia. Por tanto, aquí tenemos una historia plural. Pero jerárquicamente y de forma mayoritaria se dio apoyo a un régimen dictatorial. Y este es uno de los elementos que explican el alejamiento de muchas personas que podrían haber estado de acuerdo con este espíritu de justicia social pero que han decidido buscarlo fuera de la religión. Otro elemento a tener en cuenta, es que en la actualidad la posibilidad de dar sentido religioso a nuestra vida es mucho más amplio que antes. Tenemos acceso a textos impresionantes desde el punto de vista de la profundidad religiosa. Esto contribuye a que mucha gente tienda a un sincretismo religioso. Interesa la espiritualiad, pero no quieren sentirse encajados en una institución. Es una inquietud religiosa que quiere romper con los límites institucionalizados. Y, esta inquietud, la necesitamos porque de estos límites los hay que no tienen ningún sentido.
¿Por qué creer en un Dios “todopoderoso” que permite tanta miseria en el mundo?
Esta es una pregunta clásica; en teología se llama “teodicea”. Efectivamente podríamos pensar que, si Dios es todopoderoso, entonces es el responsable de todo lo que pasa. El Dios en el que creo es un Dios que en el momento de la creación hizo un movimiento de repliegue, como explica la filósofa Simone Weil. No hizo la creación como un apéndice suyo. Crea algo que sea capaz de amarlo en libertad. Por esta razón se repliega, para crear un espacio donde sea posible una realidad que sólo estará en Dios si esta realidad lo quiere.
Libre albedrío…
Sí, pero no solamente. Para mi es la radicalidad de la autodeterminación. Lo que viene de Dios siempre es una oferta. Nos invita a decir sí o no. Y no solamente de una forma existencialmente compleja. Cada día elegimos. Y esta elección existe no porqué Dios es impotente y no es poderoso, sino porqué es potente y ha elegido la libertad. Y el correlato es como nos hemos de comportar con los otros o la Iglesia respecto al mundo. No puede ir a imponer, ha de ir con una propuesta que respete de una forma radical la autodeterminación del otro. Si no, sería incoherente.
¿Se puede captar desde la reclusión monástica la realidad social y participar de los cambios? De entrada parece contradictorio, teniendo en cuenta que allí no se experimentan las principales problemáticas sociales: desahucios, paro…
…o propiedad privada, que tampoco tenemos. Somos como una comunidad neorural que no se espera a que la sociedad cambie en su conjunto para intentar vivir de una manera diferente. En nuestra comunidad, cuando entras, si tienes alguna posesión, la das. Si trabajas y ganas dinero, también lo das y de esta caja común dispones cuando lo necesitas. A mi evidentemente me resulta muy positivo experimentar algunos aspectos que demuestran que es posible vivir de una manera diferente. Ahora bien, ¿lleva esto a una incapacidad de incidir en las luchas sociales? Yo espero que no. A mí personalmente me conlleva unas limitaciones de tiempo, pero también me pasaría si tuviese una familia. En cambio, creo que el vivir como posible una organización alternativa me da fuerza para participar en las luchas sociales.
Todo lo que explicas choca con las ostentaciones que hay dentro de la Iglesia…
Igual que en la sociedad, creo que en la Iglesia el cambio nunca viene de arriba. Ahora la Iglesia católica tiene un papa al cual se le han de reconocer gestos y algunos cambios muy importantes. Ha actuado, por ejemplo, contra la corrupción en la banca vaticana, un escándalo mayúsculo. Pero lo que está haciendo este papa no es la revolución dentro de la Iglesia. Está levantando bloqueos con la fuerza que viene desde abajo. Con este cambio de papado creo que empezamos a hacer pasos institucionales dirigidos a eliminar el exceso de ostentación. Pero, todavía más que la ostentación, lo que me gustaría que eliminásemos inmediatamente es cualquier privilegio que pueda tener la Iglesia.
¿Es una utopía pensar en una revolución dentro de la Iglesia?
La respuesta espontánea es no. Aún más: es necesaria. En el caso de la Iglesia, la revolución debería ser anticlerical y contra la misoginia estructural si lo que queremos es una ruptura radical con las estructuras que no están al servicio de las personas. El clericalismo no tiene nada a ver con el evangelio ni con las comunidades. Es decir, que entre Dios y las personas hay unos mediadores que son los clérigos. En el evangelio de Mateo, cuando Cristo muere, dice que en aquel momento se rasgó de arriba abajo la cortina del templo, la que marcaba la separación entre el espacio sagrado y el que no lo era. Esta separación, no solamente en los textos sino también en la historia, ha comportado divisiones sociales. Pues ¿qué hay más simbólico que afirmar que en el momento de la muerte de Cristo se ha dado fin a esta división? En ello hay algo tan radical que aún no hemos entendido después de veintiún siglos. Y, por otro lado, es necesario que la revolución sea contra la discriminación de las mujeres. Hoy en día en la Iglesia católica hay un vínculo entre el hecho de ser ordenado como sacerdote y poder tener acceso a los cargos de toma de decisión dentro de la Iglesia. Ya que las mujeres se supone que no podemos estar ordenadas, esto significa que no podemos tener acceso a los lugares de toma de decisión que nos afectan a todos.
Y ¿que debería pasar para que cambiasen estos roles patriarcales?
Lo primero es que las mujeres estuviésemos convencidas nosotras mismas. Yo siempre intento alejarme de cualquier victimismo. De acuerdo que lo tenemos que hacer entre todos, pero el motor principal hemos de ser las mujeres. En la misma comunidad, si preguntase a mis treinta hermanas qué les parece la ordenación de las mujeres, la mayoría no estarían de acuerdo. Para mi es una obviedad teológica y, además, humana. Pero, cuando me doy cuenta de que no lo es para todo el mundo, siento una mezcla de tristeza y coraje al mismo tiempo porque pienso que no es que arriba nos tengan oprimidas: es que aquí, a ras de tierra, tenemos mucho trabajo que hacer. Y en el ámbito social pienso lo mismo. Claro que existen los grandes capitales, es evidente que estos poderes existen. Pero el punto determinante de la revolución no es la presencia o la ausencia de la represión externa: es la presencia o la ausencia de la conciencia; la subjetivación o la activación de la subjetividad política.
Tú que lo has estudiado en profundidad, ¿qué papel tiene la mujer en la religión?
En el caso del cristianismo, hay pasajes de los textos sagrados que son claramente y explícitamente discriminatorios, como, por ejemplo, el pasaje de la primera carta a Timoteo que afirma que las mujeres se mantengan en silencio en la iglesia, que no se les permita enseñar y que, si no han entendido alguna cosa, cuando lleguen a casa, que lo pregunten al marido. O el texto de Ezequiel donde Dios sostiene que la menstruación es una inmundicia. ¿Qué se puede hacer con estos textos? Yo creo que nos sirven para no idolatrar la Biblia, para poder asumir responsabilidad con la propia fe y para la correcta interpretación, sabiendo que tomamos la decisión de dar más importancia a unos textos que a otros y de rechazar algunos. En las otras grandes tradiciones religiosas (judaismo, islam, hinduismo, budismo) pasa lo mismo.
La izquierda política actual ¿está alejada del cristianismo?
Cuando escucho la palabra izquierda, no puedo evitar preguntarme cuál. Soy consciente de toda la tradición europea que ha visto la izquierda como una reforma del capitalismo. Pero, cuando yo utilizo la palabra izquierda, es para indicar una alternativa al capitalismo. Si pienso en esta izquierda, yo creo que sí que está bastante alejada del cristianismo. Porque son anticlericales y la Iglesia católica hoy en día es clerical. Pero no hay historia más cercana a la izquierda radical que la de Jesús. Detenido por la policía del momento, es torturado como a tanta gente hoy en día y es asesinado, ajusticiado por el Estado bajo una falsa acusación. Evidentemente, los que nos llamamos seguidores de este Jesús no acostumbramos a tener una historia así. Los hay que sí, y tenemos a un Pedro Casaldáliga y a otras figuras, pero la mayoría nos hemos acomodado. Y a mí lo que me gustaría es contribuir a descentrar este acomodamiento.
Los dogmas de la institución eclesiástica cada vez están más lejos de la sociedad. Justamente lo contrario de lo que defiendes. ¿Qué es lo que te motiva a seguir?
Yo no nací en una familia religiosa. Fue a los 15 años cuando leí los evangelios por primera vez y me impactaron. Por tanto, yo parto de una cosa que es profunda en mí. Como un enamoramiento. A partir de este primer impacto, leí la teología de la liberacion y quedé fascinada por todo lo que decían. Después fui a la parroquia de Sant Pere Claver en el Poble Sec (Barcelona). Allí eran coherentes con lo que estaba leyendo. Y todo esto fue tejiendo una biografía imborrable. Pero de hecho, hasta el día de hoy, no he sentido en la pertenencia eclesial que se me cerrase la puerta de trabajar con autenticidad en aquello que creo he de trabajar. De los tres lugares -universidad, hospital y comunidad- donde he pasado o paso más tiempo, es en el monasterio es donde me siento más libre. En la universidad debes tener cuidado con las vacas sagradas porque pisas según que callos y acabas fuera. En los hospitales, algo parecido y más últimamente y, cuando lo viví en los Estados Unidos, me sentí completamente ahogada. Por tanto, esta comparativa entre una iglesia represora y una sociedad que ya lo tiene superado no es mi experiencia.
Hablas de enamoramiento: ¿la fe es para ti irracional?
No, pero no es racionalista. ¿Es irracional amar? Puede serlo, a veces, pero lo que no es, es racionalista. El amor no se puede cuadricular, no se puede conceptualizar, no se puede reducir a un argumento cognitivo. ¿La poesía es irracional? No, pero no es racionalista. Es una actividad del espíritu humano que dinamiza la parte más libre. Lo mismo vale para la religión.
¿Has recibido alguna vez presiones por tu activismo político?
Por mi activismo político propiamente, no. Recibí una carta de amonestación del cardenal Rodé, pero eso fue por el tema del aborto. He tenido también algunas censuras en que me han prohibido hablar. Me pasó en Tarragona cuando fui a hablar críticamente de las beatificaciones que hicieron el año pasado de los mártires de la Guerra Civil. Iba a dar una charla y el arzobispo de Tarragona la prohibió. Pero donde he tenido más intentos de censura es en la parte médica. En un congreso me dijeron que ya no me podrían invitar más porque dos farmacéuticas habían retirado la financiación. Y otra este mismo año: tenía que hablar en Lleida sobre la vacuna del papiloma y hubo presiones incluso del Ministerio. No niego pues problemas dentro de la Iglesia, pero fuera veo todavía mucha falta de libertad.
El obispo de Solsona opina que el aborto no es un “derecho”, sino un “crimen terrible y abominable”. ¿Qué piensas de ello?
Reconozco que hay un conflicto ético en el tema del aborto. Uno de los derechos fundamentales e innegociables es el derecho a la vida. Pero el derecho a la autodeterminación es tan fundamental como el derecho a la vida. A veces se plantea el tema del aborto como un tema donde no hay conflicto, y yo creo que sí que lo hay. Porque reconozco no solamente un principio, sino dos. El magisterio católico afirma que este conflicto siempre se ha de resolver de modo que la vida pase delante. Pero yo he encontrado ejemplos en que ante esta colisión de derechos la Iglesia permite que el derecho a la autodeterminación pase delante. En el caso, por ejemplo, de un hijo que necesita un trasplante de riñón y su padre tiene uno compatible. Es un ejemplo real. En los Estados Unidos 90.000 personas esperan cada año un trasplante de riñón. En estas circunstancias, la Iglesia católica sostiene que quien ha de decidir es el padre. Pues eso es una hipocresía.
¿Qué te parece que la Iglesia disfrute de exenciones en el impuesto de los bienes immuebles?
Me parece bien. Tampoco pagan los bienes de las confesiones no católicas ni los de las entidades u ONG por ser colectivos sin ánimo de lucro. Pero efectivamente creo que hoy en día hay una situación de privilegio de la Iglesia en España porque sí hay algunas subvenciones que llegan por vías indirectas a según que escuelas. Pero no sé si este impuesto es el mejor ejemplo.
Por cierto, ¿el monasterio de Sant Benet paga IBI?
No, no lo paga, como el resto de monasterios e iglesias.
Hemos hablado de justicia social pero desde el cristianismo, y aún más estos días, se habla mucho de caridad. Hay quien critica este concepto porque, en su opinión, suplanta el concepto de solidaridad que defiende un reparto justo y sobre la base de unos intereses comunes.
La noción de caridad, la defiendo porque tal y como la entiendo tiene relación con la dignidad y la libertad. Ahora bien, también veo la versión paternalista. Hay quien puede decir: no toquemos las estructuras que generan la pobreza; demos al pobre una limosna y hagámosle saber que es una lismosna. Esta es la gran diferencia entre derechas e izquierdas. Los de derechas son personas que piensan que la competitividad en el ámbito social es bueno que exista. Y entonces utilizan las instituciones caritativas para ayudar a las personas que puedan tener una desventaja competitiva. En cambio, una persona de izquierdas, para mí, no cree en la competitividad como valor fundamental, sino en la solidaridad porque toma la perspectiva de la persona desfavorecida.
Y en este contexto evidente de injusticias ¿no te invaden nunca crisis de fe?
De fe no he tenido nunca. He tenido momenos de desánimo. Pero momentos de tener dudas de que Dios existe, no. Algunas veces sí que he pensado: Dios me llama a estar en el monasterio pero yo no puedo más. Durante el noviciado viví momentos así, porque sentía que me había puesto en un agujero en el cual no veía como sería mi vida diez años después. Lo pasé mal durante unos meses muy largos. Y ahora, con el proceso político, cuando a veces veo que por cuestiones incluso personales se hace imposible un paso que habría sido bueno, también hay momentos de desánimo. Pero esto es humano.

viernes, 18 de enero de 2013

EN QUÉ CREO? EN EL PERDÓN (Mc 2,1-12)


Amigos y amigas, buen día. ¿El evangelio de hoy (Mc 2,1-12) nos habla de perdón, o del ansia de conocer al Señor, porque en él tenemos puesta nuestra confianza total?
De lo que estoy convencido que no nos habla es del la penitencia como sacramento en el cual una persona autorizada por Nuestra Iglesia, le concede jurisprudencia para perdonar, o no perdonar los pecados a otra persona.
Perdonar implica ante todo generosidad, apertura, gestualidad humana para con la otra persona.
Por casualidad -aunque no creo en ella-, he tropezado con este texto de Teresa Forcades, a la cual aprecio y de qué manera.

En qué creo
En el perdón
   
 
Teresa Forcades i Vila 
 
Creo, ante todo, en el perdón. 
Creo que la capacidad de perdón muestra la verdad desnuda de nuestra capacidad de amar, y me sorprende encontrarlo en personas a las que no aprecio especialmente y echarlo en falta en algunas que amo mucho. 
Más de una vez me he sorprendido a mí misma con dificultades para el perdón y he experimentado el milagro de ser perdonada. Es como nacer de nuevo. Nacer del amor. El evangelio nos dice que la mujer pecadora amó mucho puesto que mucho le fue perdonado. 
Nos advierte también que incluso aquél a quién mucho se perdona puede actuar de forma mezquina e inmisericorde con los demás. Y esto es la segunda parte de lo que creo: creo en la libertad, creo en la ruptura de la cadena causal que abre el mundo a la poesía y también a la arbitrariedad más injusta. 
Creo que el perdón es el mayor acto de libertad. Por eso todo se puede perdonar pero a nadie se puede exigir que perdone. 
No se puede forzar el perdón y no se pueden prever sus resultados. 
La mujer que perdona al marido que abusa de ella puede decidir a la vez que le perdona que la convivencia debe cesar. Nadie sino Dios puede juzgar la autenticidad y el alcance de un acto de perdón. 
El perdón es el acto más razonable, puesto que reconoce que algo más que el automatismo rige el mundo. 
El perdón es el acto que nos permite ser, como Dios, creadores. 
El acto que nos permite empezar de nuevo. Setenta veces siete.

Viene de: 
http://www.elciervo.es/html/default.asp?area=articulo&revista=115&articulo=945

miércoles, 28 de septiembre de 2011

CARTA A MIS OBISPOS JUAN JOSÉ Y SANTIAGO, EN RESPUESTA A LA SUYA PASTORAL ENVIADA A LA ARCHIDIÓCESIS DE SEVILLA

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Carta a mis Obispos Juan José y Santiago, en respuesta a la suya pastoral enviada a la Archidiócesis de Sevilla


"espero y deseo que atendáis a la riqueza que aporta a la comunidad diocesana de Sevilla, la diversidad de planteamientos ortodoxos u heterodoxos. En cada uno de estos planteamientos habita el Espíritu que nos anima e impulsa, aun a pesar de los posibles naufragios, a continuar en la Iglesia de Jesucristo"

Estimados Obispos, Don Juan José y Don Santiago:
Vayan por delante mi saludo en la paz del Señor y mi gratitud por la enriquecedora carta que con motivo del curso, han tenido a bien escribir a la Iglesia de Sevilla con la cual estoy en comunión.

Suelo dar lectura a las cartas que Don Juan José, nos escribe de manera periódica; pero esta del comienzo del curso suscitaba en mí un interés particular, porque en ella se explicitan los principales proyectos a impulsar en el presente curso. Por ello, entre las reflexiones del pasado evangelio dominical, entre hijos que trabajan o dicen de trabajar en la viña, -digo que- he dado lectura a vuestra carta, de la cual sustraigo algunas conclusiones propias y concretas.
Juventud, laicos, caridad y familia. Ambicioso proyecto, que desde diferentes flancos debe ser impulsado, con la asistencia del Espíritu Santo y las artes que cada uno posee y para beneficio del pueblo de Dios. Desde luego la frase citada por vosotros: “No hay prioridad más grande que ésta: abrir de nuevo al hombre de hoy el acceso a Dios, al Dios que habla y nos comunica su amor para que tengamos vida abundante”  (Benedicto XVI, VD 2); es más que oportuna para denotar la innata vocación a la que es llamada la Iglesia de Jesucristo, desde su colectividad.
Lo que me inquieta es si precisamente nuestra iglesia, está descifrando correctamente los signos de los tiempos, para alcanzar esa iluminación que le predisponga a indicar a otros, cual es el camino oportuno o determinado para acceder a Dios y lo que entendemos por voluntad de Este.
Para intentar ser objetivo, no me puedo centrar en una pastoral concreta para opinar sobre el tema de la juventud, pero si tengo claro, que aunque considero correcto el objetivo del Plan Pastoral Diocesano, “La Parroquia, casa de la Familia Cristiana”; estoy más a favor de descentralizar la parroquia. Intentaré explicarme.
Sevilla, como dijo aquel lema de difusión turística “son sus pueblos”, y los pueblos de Sevilla centran su labor pastoral en el templo sedente y parroquial donde se celebran los ritos religiosos y de carácter cultual. Aun así, todos los que trabajamos a pié de calle reconocemos el déficit colectivo por una vivencia profunda, meditada y auténticamente comunitaria de la vida sacramental de las comunidades locales. La mayoría de las actuaciones pastorales de las parroquias –aunque son voluntarias-, se basan en la pastoral de la costumbre o la obligatoriedad, sin que se realicen actividades determinadas para que por sí mismos, acudan los jóvenes a la iglesia. 

Ampliación de actividades varias a los márgenes de la feligresía, diversidad en los proyectos a llevar a cabo sin que implícitamente tenga que mediar el carácter religioso, para que siendo humanos atraigamos a la gente a la carencia de Dios. Diversidad en la celebración eucarística y los lugares de culto, que pueden llegar a ser incluso itinerantes. Inclusión de actividades pastorales y sus agentes, en actividades sociales y municipales, así como la colaboración con determinadas ONG católicas o aconfesionales…etc. Todo ello podría ayudar a la inclusión de los jóvenes a una vida de fe, desde la propia vida vivida junto a ellos. Para plantearlo de manera coloquial, luego de ser sus amigos le hablaríamos de Dios.
Lo que ustedes desarrollan en su carta, respecto de la formación de los laicos es una necesidad imperiosa en nuestra iglesia, la cual no acabo de tener claro. No lo veo claro, quizás porque no soy clérigo ni estoy ordenado de ningún modo ministerialmente. Pero si tengo claro, que el interés fundado de ustedes por la formación de los laicos, es algo respecto de lo que nuestra iglesia esta muy necesitada y a lo cual nunca se le ha dado el impulso necesario. Casi me atrevo a afirmar, que este asunto se les fue de las manos a ustedes los obispos al meter en un profundo cajón la esperanza y el “aggiornamento” del Vaticano II –autentica esperanza para los laicos de la Iglesia; pero creo que de profundizar en este tema me tilden de demagogo, pues todos somos corresponsables en buena medida, en el correcto funcionamiento de nuestra católica iglesia.
Sinceramente, no se cual es el cimiento sobre el que sustentará la iglesia de Jesucristo en el futuro, pero creo ver por los acontecimientos recientes que este sustento no está en el ministerio de los ordenados presbiteralmente. ¿Será quizás lo laico? No lo se, pues no tengo aptitudes vaticinadoras.
Pero considero que nunca se impulsará de una manera decidida la llamada Nueva Evangelización, mientras no se equipare en cada comunidad de una manera equilibrada la responsabilidad entre Laicos y Clérigos en nuestra Iglesia.
Nombran acertadamente ustedes, a un teólogo español –creo que Olegario González de Cardedal- que afirmo que: “la Iglesia en España tiene atrofiado uno de sus pulmones, necesario para la respiración interior y acción exterior: los seglares”. ¿Esta atrofiado el pulmón seglar o el pulmón clerical?, me pregunto con absoluta sinceridad. Desde luego entiendo que el teólogo afirma aquí, que a los seglares es preciso formarles y concederles campo de actuación de una manera efectiva y responsable.
Pero, ¿qué formación? Los programas educativos son variados y cuantiosos y nuestra diócesis posee los suyos propios. Pero, ¿formación doctrinal señores obispos? Me da un poco de vértigo esa palabra pues se desprende intrínsecamente de la dureza y complexión del magisterio de la Iglesia, el cual determina con su enseñanza si uno está dentro o fuera de lo que piensa la iglesia, antes que la enseñanza de los cauces de la felicidad bienaventurada que Jesús nos ofreció en aquella montaña cercana a Tiberiades. Los seglares, la juventud, los niños, las personas en general no necesitamos una formación doctrinal que piense en los frutos de vocaciones sacerdotales o religiosas de una manera concreta.

Entiendo que ese es un camino por el que nunca veremos la luz. Y las cifras vocacionales desgraciadamente hablan por si solas. ¿Acaso no sería más conveniente una formación explicita para vivir bien la vida, descifrando a Dios poco a poco en la vida de los formados, ayudándoles en sus vidas por medio de un apoyo incondicional sea cual fuere su manera de vivir y su propia naturaleza?
Llegado a este punto, respecto de la vida de los humanos y su concepción de Dios, me pierdo un poco, pues ustedes afirman que el hombre se aparta de la verticalidad respecto de Dios y la comunicación con este. Pero Benedicto XVI nos dice que: “el auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que viene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación”. Yo desde la pobreza de mi conocimiento teologal, considero que para orientarse en la vida, antes que nada hay que ser consciente de la propia realidad de cada uno, desde el estrato en el que vive. El mundo, situado bajo nuestros pies y en una situación horizontal.
La verticalidad de nuestra relación con Dios, es algo heredado del judaísmo y a lo que Jesús renunció con aquello de “donde dos o mas se reúnen en mi nombre…”. Por ello considero que solo en lo humano y por su medio, el hombre y la mujer de hoy hallaremos a Dios.
Cuando ustedes nos escriben sobre la información a desarrollar sobre la pastoral familiar y la difusión del método “Teen Star” de la doctora Hanna Klaus, entiendo que ustedes consideran al igual que esta profesional de la sanidad y religiosa, que la abstinencia es la mejor receta para el orden sexual afectivo y el control de enfermedades de transmisión sexual. ¿Es malo el placer sin que medie el interés por aumentar la prole, señores obispos? ¿De corazón creen ustedes, que estos planteamientos llegarán a las familias cristianas de hoy y se llevaran a cabo en cada uno de sus miembros?
Permítanme la frivolidad señores obispos, pero “ni claro ni tan calvo”. El método “Tenn Star” y su fundadora han sido denunciados en EE.UU. por otros profesionales de la salud sexual, que han definido este programa como «programa de educación sexual extra-curricular discriminatorio, sexista y médicamente inexacto». Y algo sobre lo que hay tal irregularidad respecto de opiniones y presenta una manifiesta inexactitud, al menos yo no lo considero plausible, para desarrollarlo en nuestra pastoral familiar Diocesana.
Puedo entender que ustedes no aconsejen a este respecto a la profesional de la salud, hermana Teresa Forcades y que ni siquiera recomienden la “Nueva ética sexual” de Benjamín Forcano ya que fue denunciado por el entonces cardenal Ratzinger. Pero esto de “Tenn Star” es algo parecido pero un poco mas documentado y moderno, que aquel método tan fallido de “Ogino-Knaus”, por medio del cual algunos creo que llegamos felizmente al mundo. Lo cual quiere decir que de haber salido las cuentas a nuestro progenitores, al menos yo estaría en el inestable limbo.

Como ustedes entenderán, estas reflexiones han sido meditadas pero provienen de un espíritu joven y libre. Al menos espero que ustedes acojan estas letras con fraternidad cristiana, pues para muchos jóvenes no son un asunto baladí.
Desde luego, a pesar de mi disensión con algunos de vuestros planteamientos, me siento en comunión con vosotros. Junto a Cristo, os ofrezco mi humilde trabajo por la difusión del Evangelio de Jesucristo, y espero y deseo que atendáis a la riqueza que aporta a la comunidad diocesana de Sevilla, la diversidad de planteamientos ortodoxos u heterodoxos. En cada uno de estos planteamientos habita el Espíritu que nos anima e impulsa, aun a pesar de los posibles naufragios, a continuar en la Iglesia de Jesucristo.

Gracias de corazón por vuestra carta. Paz y bien.

Estepa a 28 de Septiembre de 2011. Laus Deo

Atte. Floren Salvador Díaz Fernández
Estudiante de Teología Cristiana 

martes, 6 de septiembre de 2011

DIOS EN DANZA - TERESA FORCADES

TERESA FORCADES, MONJA BENEDICTINA

Dios en danza

Teresa Forcades es monja benedictina, médica y teóloga. Tiene un doctorado en salud pública y otro en teología fundamental sobre la trinidad y el concepto de persona. Se hizo muy conocida hace un par de años por sus opiniones críticas sobre la gripe A, pero ése es sólo uno de los temas sobre los que resulta fascinante hablar con ella. Entre sus publicaciones recientes, Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas (Cuadernos CiJ 141), La Trinitat, avui (Abadía de Montserrat, 2005) y La teología feminista en la historia(Fragmenta, 2007).
Vicepresidenta de la Asociación Europea de Mujeres en la Investigación Teológica (ESWTR) (www.eswtr.org/es), es un referente en teología feminista, que “no es un subapartado: o toda la teología es liberación, o no es teología. O es feminista -entendiendo feminista como una identidad, para hombres y mujeres, a imagen de Dios, sin quedar coartada por ningún estereotipo-, o no es teología”. Cuando tenemos esta conversación, se prepara la conferencia bianual de la ESWTR, celebrada en Salamanca a finales de agosto sobre La teología feminista: escuchar, comprender y responder en un mundo secular y plural.
Las aportaciones de Teresa son conocidas en sus escritos y en su accesible –y muy recomendable- web (http://www.benedictinescat.com/mont...). Esta tranquila conversación en su monasterio de Montserrat trata de algunas de ellas.
Me resulta especialmente interesante que comience el libro señalando que la teología feminista nace de una experiencia de contradicción. Es decir, algo que no queda fuera de la persona, lo que viene a significar que esta teología cuestiona tanto el objeto de estudio como quien estudia.
Me gusta que lo plantees así, porque lo que menos me gusta es lo políticamente correcto, que significa “esto ya me lo sé, ya sé lo que tengo que decir y lo que tengo que hacer”. Creo que esto, en cualquier ámbito, es lo contrario de lo que tenemos que hacer. Lo que yo aprendo en la experiencia monástica es a vivir de este inédito de Dios. En palabras de Santa Teresa, son esas moradas, en cuyo centro está la cámara nupcial, imagínate, ¿qué es eso? Es el encuentro interpersonal, el encuentro amoroso; sólo puedes entrar allí si das el todo. Y si haces eso, las cosas cambian. Precisamente hoy nos dice el Evangelio que los zorros tienen madriguera, los pájaros tienen nidos, el hijo del hombre no tiene donde reposar la cabeza. Siguiendo esto, que cuando hagamos teología no sea desde ningún tipo de dogmatismo, sino desde la autenticidad de la experiencia. Creo que la teología feminista –y toda la teología de la liberación- es exactamente eso: poner en el centro la persona con su experiencia única.
Quiero decir que, en tanto que experiencia, es algo que le afecta personalmente.
Claro. Escribir este libro me costó lágrimas. Por ejemplo, cuando ves que Gregorio de Nacianzo denunciaba con enorme clarividencia algunos aspectos de la situación de las mujeres en el siglo IV que siguen igual en el XXI, como si Dios hubiera asignado a las mujeres unos roles que en realidad les ha adjudicado una evolución social de un determinado tipo. Esa percepción de que ha habido en la historia, generación tras generación, mujeres que se han sentido limitadas en su desarrollo personal a causa de estos estereotipos causa pena y congoja.
Junto a esto, causa gozo ver que, también generación tras generación, a lo largo de la historia también ha habido personas que no se conforman ante esta situación. Aunque hay una reacción constante contra este anhelo, aunque muchas de estas experiencias acaban mal, el anhelo surge y tampoco cesa, porque mientras haya mujeres existirá este anhelo de ser lo que te parezca que tienes que ser, lo que Dios te dé a entender que tienes que ser.
En más de una ocasión dice y escribe–la traducción en términos simples es mía- que la sociedad patriarcal no es cosa sólo de hombres. Entiendo que esto significa que usted no asigna a las mujeres un papel de víctimas, sino de sujetos. ¿Es esto lo que distingue la teología femenina –hecha por mujeres- de la feminista?
Yo suelo explicar esto diciendo que para mí el patriarcado no es la sociedad que han hecho los varones en contra de las mujeres, sino la sociedad que hemos construido y mantenemos aún hoy, mujeres y varones, en tanto que vivimos nuestra vida adulta en continuidad con el patrón de subjetivación infantil, que tiene como referente la figura materna. A mí me convencen las teorías que sostienen que los niños y las niñas tienen género; y eso no se debe sólo a la cultura, es que lo tienen, porque tienen en su punto de mira de referente subjetivo a una figura que es la madre. Si soy niño, me percibo como distinto; si soy niña, soy como ella. Creo que esto es la base de la subjetivación infantil. La subjetivación plena, que es la adulta, no te viene dada desde fuera, sino que tienes que adquirirla desde la libertad. Da igual cómo empieces, pero si en la edad adulta vives aún con el referente materno, tienes mujeres que hacen de mamá a los hombres –en el trabajo, a su marido, al jefe, a quien sea, a todo el mundo- y hombres que “se dejan querer” y se aprovechan de esta situación en la que se sitúa la mujer, no sólo por presión social, aunque está claro que la sociedad puede ayudar –a hombres y mujeres- a superar el patrón infantil, o puede dificultarte muchísimo esta liberación. Esta perspectiva saca a las mujeres del rol de víctimas, en cuanto rol. Esto no significa que no haya mujeres víctimas de abusos que hay que denunciar. Eso es distinto que colocar a las mujeres en la sociedad patriarcal en un rol que no tiene en cuenta su papel activo. Es bastante común entre las mujeres preferir varones en los roles de autoridad, lo que debería hacernos reflexionar a las que queremos pensar desde categorías feministas. No para frustrarnos, sino para ser conscientes de que la fuerza que crea y sostiene la sociedad patriarcal no es coyuntural, sino que está enraizada en la propuesta de crecimiento personal. Y el precio es, en palabras de Fromm, el miedo a la libertad. Es muy bonito hablar de libertad cuando estás en tu sillón tranquilita, pero en la vida real, cuando te encuentras en una situación en la que no sabes qué hacer, te retrotraes al patrón infantil: tú haces de mamá y el otro se deja querer, que es donde encontramos una seguridad afectiva superficial, ficticia, que no satisface a la persona adulta.
La teología, que es una reflexión sobre Dios, creo que enlaza muy bien con esta propuesta del feminismo porque es exactamente eso lo que el Evangelio nos dice: “Deja al padre y a la madre; si no odias al padre y a la madre, tú no puedes venir conmigo. Deja ya a la familia y mírame a mí, que soy amor y libertad total y absoluta y camina sobre las aguas”. Eso es fascinante cuando lo oyes, pero en la vida real quiere decir “atrévete a dar pasos que no sabes cómo van a acabar”. Eso creo que le da a la vida un dinamismo, un interés, al mismo tiempo que el miedo este.
"La teología feminista -y toda la teología de la liberación- consiste en poner en el centro a la persona"
Seguir los caminos trazados tampoco garantiza no equivocarte…
Claro, pero te parece que sí.
En último término, el patriarcado es una cuestión de poder, de manera que supongo que la propuesta de la teología feminista, en cuanto teología de liberación, no es –dicho vulgarmente- de “darle la vuelta a la tortilla”, que el poder cambie de manos, sino cambiar dominio por comunión.
Esto es fundamental. El reino de lo humano no podrá existir hasta que no estemos juntos hombres y mujeres. Este reino de lo humano no es el de los varones al que las mujeres solicitamos entrada. Yo no quiero ir a tu reino, que es un reino en el que tú has aceptado que la mitad de la humanidad esté por debajo. ¿Cómo va a ser eso el reino de lo humano? El reino de lo humano está allí y, si quieres, caminamos como compañeros a ver si llegamos, pero mi llegada feminista no será una llegada hacia ti, como varón, a ver si te alcanzo. Eso sería el feminismo burgués -o ni eso- y a mí no me interesa para nada.
Mi idea no es pensar que hay un espacio de poder que ya está ocupado y vamos a ver si conseguimos meternos ahí dentro. Eso no me interesa para nada. Yo quiero vivir de otra manera; creo que esa utopía real está ahí, más adelante y es Cristo que nos precede a la Galilea, el Cristo resucitado que nos desconcierta, que dice “os encontraré en Galilea”, y ahí vamos con lo que tenemos, con nuestras dificultades, pero de ninguna es algo que ya sabemos lo que es, sino que lo vivimos en la medida en que lo experimentamos. No es que lo piensas primero y lo vives después, sino que es vivir desde la confianza, desde la fe.
¿Enlaza esto con otro tema muy suyo, la trinidad? Más allá de las “explicaciones” intelectuales y oscuras de la trinidad, nuestra experiencia humana es que, allá en el centro, somos irreductiblemente una, así que qué gusto ser esencialmente comunidad. Una sociedad, una historia, unas relaciones humanas construidas no sobre el dominio, sino sobre la comunión sí que serían imagen de Dios. No sé si se me va la olla relacionando temas…
Para mí son temas muy cercanos. El cristiano, la cristiana adulta, hace de su referencia central no la madre, que ya hizo su trabajo y hay que dejarla descansar, sino un Dios que es comunión. ¿Qué quiere decir esto? En primer lugar, que la diversidad no es sub-óptima. Muchas filosofías, la más conocida de las cuales es el platonismo, han sostenido y sostienen que la unidad es óptima, la diversidad es sub-óptima; es la multiplicidad del mundo caído: nos diversificamos cuando estamos por debajo de la perfección; cuando llegas al uno, eso es monolitico.
Pero el dios cristiano dice que no es así, porque ese uno es una falacia, es una quimera para el mundo cristiano, porque en el centro de la inteligibilidad de todo lo que existe coloca un dinamismo, una danza de tres irreductibles, por encima de los cuales no hay nada. Por lo tanto, la diversidad es óptima, es máxima, no hay unidad que la supere; lo que no niega la unidad, porque lo que ocurre es que no opone diversidad/unidad; formula una unidad que sólo es posible desde y en la diversidad: más unida, más diversificada. Y creo que esto no es una afirmación vana, sino que es la experiencia que hace todo el mundo cuando se siente amado. En una relación de amor no sabes dónde acabas tú y dónde empieza la otra persona, a la vez que potencia que seas tú misma. Son dos dimensiones que se viven simultáneamente. Que Dios es amor no es una metáfora, es una vivencia.
La experiencia humana va por ahí y más iría si cambiáramos “o” por “y”, la adversativa por la coordinada, si cambiáramos el régimen de incompatibilidad de la libertad kantiana (tu libertad acaba donde empieza la mía) por la experiencia elemental de que los demás hacen posible nuestra libertad; las otras personas, de hecho, no son rivales, sino posibilidades.
Claro, esta es una libertad capitallista: somos rivales; mientras más tengas tú, menos tengo yo, en las antípodas de la frase de Rosa Luxemburgo -“la libertad es siempre la libertad de quien piensa distinto”- o el ideal anarquista de que nadie será libre hasta que todos seamos libres.
“El reino de lo humano no es el de los varones, al que las mujeres solicitamos entrada”.
Volvamos a la Trinidad…
¿En qué sentido es sacramento el matrimonio? A veces he desarrollado esta idea para argumentar teológicamente la posibilidad del matrimonio homosexual bendecido por la Iglesia, que creo que no es contradictorio con nada de la teología. Soy consciente de que el magisterio actual no va en este sentido, pero la teología, como yo la comprendo en su profundidad no contradice eso.
Respecto al matrimonio cristiano como sacramento, algunas personas consideran el punto capital de esa unión la complementariedad. Sin embargo, si decimos que es sacramento será porque es signo de algo, que es el amor de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu y esos tres no se complementan para nada. El Padre no le dice al Hijo “eres lo que me falta”. Esto no va así en la trinidad: el Padre le ama gratuitamente -no porque le falte nada- y esto es lo esencial de este amor. Eso es lo esencial de ese amor, como todo amor; si no, es una mercancía, un mercadeo. Es un amor que no puedes razonar. ¿Por qué amas a esa persona así? ¿Porque es rubia? ¿El día que se tiña, se acabó? Eso es una tontería. “Porque me hace sentir bien” Pues el día que esté de malas, tú ya puedes empezar a hacer aguas. No, es otra cosa. Las personas somos capacidad de ser y cuando tú te unes a otra con esa voluntad de caminar juntos, el camino queda abierto. Eso no quiere decir, por supuesto, que tengas que soportar una situación de abuso, pero eso es otra cosa.
Esta visión de complementariedad creo que pone en cuestión la teología del matrimonio como sacramento, porque tiene que ser signo de algo y ese algo es el amor de Dios, tanto el intratrinitario como el amor hacia nosotros, que no es nunca de complementariedad. Esa es una de las afirmaciones de la teología cristiana, en contra de otras teologías y filosofías que vienen a decir que a Dios le falta algo y por eso nos crea. La teología cristana desde el principio dice que a Dios no le falta nada; es una creación gratuita, es puro amor. Esto es fundamental entenderlo. Eso no significa que, en lo concreto, uno tenga un don y otro tenga otro y que se complementen, pero eso es otro nivel, no es lo fundamental. Lo fundamental es que se reconozca un yo y un tú como distintos y al mismo tiempo capaces de unirse de una forma que va más allá de lo que podemos formular con palabras. Por tanto, lo esencial de ese amor sacramental, matrimonial cristiano, de pareja, como quieras llamarlo, es esa capacidad de reconocer en el otro a un tú irreductible y de tratarlo con respeto, para ser libertad humana, con que se tratan Padre, Hijo y Espíritu Santo. Lo que es sacramental en las relaciones, sean de pareja sean de comunidad - nuestra comunidad, como cualquier comunidad cristiana también es en sí sacramento de ese amor- lo que las constituye como sacramento es esa dinámica del dar y el recibir: si tú tienes algo para dar, pues das y si no tienes, no pasa nada. Si se establece esa dinámica, tienes un entorno de compartir.
Esto se contrapone a lo que podríamos llamar teología o antropología capitalista, en la que lo bueno es tener; si tengo para dar, soy y si no tengo para dar, no soy. Por tanto los pobres, ya se sabe que se quedan a la cola de todo. Es esa dinámica la que hace decir a Teresa “¿Qué queréis, Señor, de mí? (…) sea viña fecunda o estéril…” Si tienes algo para dar, das; si no, pides. Eso es lo que pasa en la trinidad, porque el Padre lo da todo y el Hijo lo recibe, y no está acomplejado. Lo dice claramente en Juan, 10: “Yo todo lo he recibido del Padre”. Pues vaya niñato, ¿no? Al menos que diga que tiene algo suyo. Y te miraría diciendo “Pues claro que no tengo mío, pero me lo da el Padre y yo lo acepto y en ese acto de aceptación me constituyo como sujeto en la relación”.
Ahí hay mucho contenido, porque lo femenino normalmente se postula como receptivo y lo receptivo se subordina a lo activo, cuando lo receptivo puede ser más activo a veces porque supone la capacidad tal vez más profunda de activarse como sujeto receptor. Porque dar puede ser un acto externo a la persona. Dios es amor, estamos hechos para el amor y en cualquier situación que nos encontremos podemos amar, porque el amor no se va a adulterar. Recibir es compartir. Podemos dar porque estamos hechos a imagen de Dios y Dios es Padre (padre-madre, no es el nombre); podemos recibir porque estamos hechos a imagen de Dios y Dios es Hijo; podemos compartir porque estamos hechos a imagen de Dios y Dios es Espíritu. Entonces, en cualquier stuación en la que estés es posible cumplir la voluntad de Dios -que es amar- y en alguna de esas tres modalidades siempre lo puedes hacer.
Por eso digo que la teología de la liberación, o la feminista, no es un subapartado: o toda la teología es liberación, o no es teología. O es feminista, entendiendo feminista como hemos dicho: una identidad, para hombres y mujeres, a imagen de Dios, sin quedar coartada por ningún estereotipo, o toda la teología es feminista, o no es teología. Puesto que el patriarcado es violencia, ¿la telogía feminista es en algún sentido teología pacifista?
Yo creo que sí, por la falta de violencia intrínseca. Eso me remite a lo que Lacan y otros dicen: que el patriarcado tiene no sólo una violencia explícita, sino que tiene una implícita, que es encasquillar a la gente en unos roles que son externos. Y eso no puede ser, no queremos imaginar la posibilidad de crecimiento, de educación, de sociedad en la que los roles no permitan que cada cual se determine desde su interioridad. Dios nos deja hacer, aunque a veces nos determinemos de formas que Dios debe decir ¡qué desastre! Pero de ahí aprendemos la paciencia del amor, que acompaña sin suplantar, porque si suplantas, dónde queda el otro. En ese sentido profundo, dejar espacio.
Hay una palabra muy bonita, técnica, que se usa en teología para referirse al amor trinitario, descrito como relaciones pericoréticas. Coreo es “espacio” y peri, “alrededor”; pericoreo significa “alrededor de”. Coreo es danza; coreografía, por ejemplo. Pericorético es, pues, un amor que no invade, te deja sitio, es el amor que dice “yo te amo en tanto te hago espacio para que tú seas. No te ato. Soy feliz si tú eres feliz, no si estás ahí mirándome, en función mía”. Eso no significa distancia ni contradice el amor erótico y ahí está el Cantar de los cantares. En el mismo fuego, la misma unión amorosa es amor pericorético. Es esa capacidad de respirar, de dejar espacio, de no anular al otro. Es fascinante que Dios nos enseñe amar así.
¿Cuál es la respuesta de la academia a sus propuestas?
Hay dos niveles. Uno serían las facultades de teología, que en España, donde predomina la teología católica, son eclesiásticas y no pertenecen a la universidad civil. Aquí hay una dificultad clarísima -un recelo- y tendría que usar un término más fuerte: hay un espanto. Es una especie de reacción alérgica, un rechazo visceral, un miedo de estereotipos, de prejuicios arrastrados… En cambio -y por suerte- hay otros ámbitos, como la Asociación Europea de Mujeres en la Investigación Teológica, de la que ahora soy vicepresidenta, que en agosto hacemos el congreso este, que también es un ámbito de teología académica. No quiere decir que no tenga sus problemas, en el ámbito protestante y demás, pero da una posibilidad de diversificar lo que llamamos teología académica en el hecho de que haya facultades no controladas por el estamento eclesiástico, con lo que implica como ámbito de pensamiento libre, porque si no es libre no es pensamiento. Evidentemente, a mí, como teóloga católica y dentro de la Iglesia católica, no me resulta problemática mi responsabilidad de estar al día del magisterio, de tenerlo en cuenta.
Creo que es fundamental entenderse en esta 'casa común', que tiene muchas habitaciones y tienes que dar espacio a cada cual
¿Qué significa para mí que haya magisterio, cómo entiendo yo la función magisterial? La entiendo como función de unidad. Todo lo que hemos hablado del amor, del sacramento y de la plenitud cobra sentido en el seno de un todo, que no es uniforme, que es extraordinariamente diverso, pero que no se fragmenta en guetos. Creo que es fundamental entenderse en esa casa común, que tiene muchas habitaciones y tienes que dar espacio a cada cual. Yo ya no puedo pensar mi vida dejando de lado a las otras personas que no piensan como yo y eso es para mí la actualización del magisterio de unidad. De mi comunidad me gusta que pensamos todas diferente, lo que resulta problemático cuando tenemos reuniones, pero es esencial porque, si no, seríamos un grupo de amigas o un grupo que se ha autoseleccionado por tendencia ideológica; aquí hay gente de derechas, de izquierdas, feministas, no feministas, etc., pero vivir juntas en serio es un reto. En ese sentido, creo que cuando cada cual va por su lado nos perdemos algo. A mí me parece importante que exista el magisterio como función de consenso, como función de unidad, donde las afirmaciones que se hacen sobre el sentido de la vida sean afirmaciones que no salgan del magín peculiar y particular de un señor inspirado o una señora, sino que recojan todo un diálogo con Dios de siglos y yo a eso le tengo mucho respeto.
Dice que “si la mayoría lo quisiéramos de verdad, la jerarquía sería diferente”.
Me refiero a esta postura de “cuando el obispo quiera”. Oiga, no; si usted espera a que el obispo quiera para dar el paso, ya le digo yo que no va a dar ni uno, porque las cosas no van de arriba abajo, Claro que algunas van así, pero esas no son las que nos interesan; las que nos interesan no han ido nunca de arriba abajo, no ha habido ninguna revolución de arriba abajo, son todas de abajo arriba. El cristianismo va de abajo arriba y empieza donde empieza y Jesús se encarna como se encarna. No se encarna emperador, que hubiera sido más fácil: se encarna emperador y decide cómo tiene que ir todo. Pero se encarnó en el pueblucho ese, en la punta esa colonizada: un desastre a ojos humanos, pero ese es el reto a nuestra manera de pensar. En fin, que no estoy yo para quejarme de qué obispos tenemos, sino para ver cómo vivimos nuestro cristianismo de tal manera que todo tenga que cambiar necesariamente, pero para eso tenemos que estar todos en la onda.
En algún sitio he leído, con perplejidad, que en algún momento de su vida había querido ser cura.
Pues yo nunca he dicho eso, pero sé que alguien lo puso en mi boca en algún momento.
Lo borro
Sí, sí. Sí, sí.
¿Por qué las religiones, que tienen un mensaje de liberación, resultan tan patriarcales, incluso más que la sociedad?
Tengo interés en ir estudiando más esto y no digo que no sea así, pero no me gustaría aceptarlo de entrada sin haber profundizado más. Yo tengo que oponer ahí mi propia experiencia. He encontrado unos espacios en lo que podemos llamar el ámbito religioso mucho más liberadores o al menos patriarcales en su día a día que en otros espacios, como por ejemplo la universidad y el hospital, donde las relaciones laborales son un desastre. Ahí las vacas sagradas son las vacas sagradas que, por supuesto, siempre son toros y el “niña” y las bromitas están al orden del día y lo que significa tener que aprender a hacer, dónde se toman las decisiones, por qué hay más estudiantes de medicina que “estudiantos” pero el porcentaje de catedráticas es un ridículo 1%. Que el discurso de la Iglesia está, digamos demodé, que a veces sale con unas cosas que mira tú y que el discurso de la sociedad parece súper, pero que a la hora de la verdad quienes se operan son las mujeres, quienes sufren por no dar la imagen como objeto de deseo son las mujeres, etc., pues no sé si menos que otras generaciones. Me interesa este estudio crítico de nuestra sociedad contemporánea como sociedad más liberada para la mujer, que en algunas cosas es obvio, pero en otras tal vez no tanto. No digo esto para hacer apologética, que es algo que a mí no me interesa, sino para intentar ver dónde está el problema.
Por ejemplo, este monasterio tiene desde el siglo XIII una tradición ininterrumpida de mujeres viviendo solas, con un archivo que deja constancia de ello. El feminismo en general se queja de que se rompe la tradición, que tenemos que reinventar la rueda cada vez; bueno, pues hay ciertos ámbitos, no solo en la Iglesia católica, también, por ejemplo, en el budismo, donde ha sido posible crear estas tradiciones, claro que con dificultades y límites, pero en la sociedad secular esto en la historia no tiene un paralelo claro. Hoy en día el lenguaje no parece que salga del siglo pasado y no es muy apropiado, pero la realidad del respeto con el que te puedes sentir tratada en ciertos ámbitos, desde luego yo con estos monjes de aquí [Monserrat], mejor que con los compañeros de la universidad.
Los monasterios tienen una historia como espacios de libertad (¿qué habría sido de sor Juana Inés o de Teresa de Ávila fuera de un monasterio?), pero la realidad de los cristianos comunes no es esa.
Sé bien que hay parroquias en las que el párroco hace y deshace, pero la gente que no le gusta, se va. Tengo que decir que mi experiencia de comunidad parroquial también ha sido mejor que los ambientes laborales que antes decía.
A mi esto me vale para plantear bien el problema y no quedarme en lo que es más visible. Intento no asociar Iglesia con jerarquía; no prescindo ni miro para otro lado, está ahí, pero eso no es para mí lo más importante de la Iglesia. Cuando, por ejemplo, miro grupos de base, no sólo en la Iglesia católica, veo que la gente que profundiza en su relación con Dios crece como persona y se ayudan mutuamente. Y suerte hemos tenido de que existan grupos como los cuáqueros, tan importantes, con Margaret Fell, que me dejaron muy fascinada cuando los conocí, cómo ya en el siglo XVII y con continuidad hasta hoy siguen con ese modelo no jerárquico, con una igualdad de género que casi dan ganas de hacerse cuáquera.
Me llama la atención que cuando le preguntan dónde nació, una mujer de mirada tan amplia, respondes con el barrio. Sí, sí, así es: nací en Gracia [Barcelona]. Como me dijo una vez un amigo mío, también teólogo, nací en el barrio de Gracia, en la calle Libertad, que es exactamente mi tesis doctoral: solamente en el “barrio” de la gracia se puede vivir la libertad personal máxima.
Parece que este año no ha habido gripe A. ¿En qué ha quedado todo aquel barullo?
La supuesta vacuna de la gripe A se ha incorporado a la vacuna de la gripe estacional, pero lo que está claro es que esa pandemia terrible, asociada al miedo, no se aguantaba sobre ninguna base. Hubo muchos médicos y médicas que no lo siguieron, que yo creo que es lo que tenemos que hacer, tener siempre sentido crítico, con lo que regresamos al inicio de la entrevista: la experiencia de contradicción que no tiene por qué darnos miedo. Vivir es luchar, no en el sentido de violencia, sino no entender la vida diciendo “¿cómo es que no me sale todo bien?”. ¿A qué te crees que has venido?
Una historia budista –contada en versión rápida- habla de un maestro que a quienes venían a consultarle, les decía “Mire, no me cuente su problema, porque usted viene a contarme un problema y yo quizá le pueda ayudar, pero luego le vendrá otro, porque todo el mundo tiene que tener 83 problemas, y yo con esos no tengo nada que hacer; yo sólo puedo hacer algo con el 84”. “¿Y cuál es ese?”, pregunta su interlocutor. “El problema 84 es que nos creemos que no tenemos que tener problemas”. Esta es la experiencia de contradicción, que creo que también es una manera contemporánea de expresar la humildad: pensar que es normal que tengas problemas, de modo que, cuando te viene uno, en lugar de poner el grito en el cielo, empieces a ver cómo se soluciona, sin quedarte en el lamento de ¡cielos, tengo un problema!