CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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viernes, 6 de septiembre de 2019

El PAPA FRANCISCO, ¿PASTOR O GOBERNANTE?

Papa Francisco: "Un homosexual no puede ser sacerdote ni consagrado"

Con todo respeto.
Dice el papa Francisco que "parece que la homosexualidad está de moda". No santo padre, no está de moda. Siempre ha existido, forma parte de la naturaleza humana y el hecho de que nunca haya sido tratada debidamente por la Iglesia, no quiere decir que sea algo que está de moda como usted publica en su libro.
Lo que sucede es que las personas se sienten hoy más libres que ayer. Y en esa libertad también está Dios que nos hizo libres y libres nos quiere.

Y por cierto, un homosexual que quiera ser sacerdote NO es un problema para usted ni para la Iglesia.
Imagínese si no es un problema, habida cuenta de que un homosexual es tan capaz como otra persona de ser célibe si se lo propone.
SI es un problema para usted la cantidad de sacerdotes -sea el porcentaje que sea- que viven su homosexualidad reprimida y estando amargados y amargando a quienes tienen a su lado. Ese sí es SU problema, y el problema de los hijos e hijas de Dios que sufren las consecuencias de quienes viven mal.
Lo único que pasa con estas afirmaciones del papa es que la juventud -en gran medida- se siente cada vez más alejada de una Iglesia que NO acaba de abrazar, ni dar oportunidades reales a las Mujeres, ni de ser nazarena y evangelizadora.
Yo lo tengo claro desde hace tiempo.
Busco al Señor en la persona que desde el plano que sea, personal o político me necesita. Ahí está la llamada del señor que nos quiere atentos al servicio, humanos y fraternos. A esa Iglesia me apunto. De otra manera, me niego a desandar el camino.

Al hilo de: https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-un-homosexual-no-puede-ser-sacerdote-ni-consagrado-89755?fbclid=IwAR198vYzoCHuTkfABQoni-cBqrpj1hWLYGAKXw-ao5NZmsfQggZpfhpP-c8

viernes, 12 de abril de 2019

HOMOSEXUALIDAD E IGLESIAS


Hace unos días vi la película recién estrenada IDENTIDAD BORRADA [1] protagonizada magníficamente por  Lucas Hedges, Nicole Kidman y Russell Crowe entre otros actores. La película basa en hechos reales se basa en la experiencia del hijo de un pastor al cual ante su homosexualidad manifiesta le envía su padre a una terapia para dejar de ser gay. Lo envían en nombre de Dios y Cristo, a una terapia del horror. Ahí lo dejo por si alguien quiere verla. 
Es una absoluta coincidencia que precisamente en España en estos días más de medio país se escandaliza con la certeza de que también en la Iglesia Católica española existen estas terapias del horror para dejar de ser gay, aunque se suavice admitiendo que solo es desde el plano espiritual. Una burla vistas las grabaciones clandestinas de periodistas, gracias a los cuales estas cosas no se hubieran sabido. ¡Y DEBEN SABERSE!
La gente está muy cabreada, sí lo está y no le falta razón. Pues como digo triste y nuevamente en toda España de nuevo se habla de homosexualidad e Iglesia. De cursos que hacen en la diócesis de Alcalá de Henares y otros lugares del mundo, para que los que son gays dejen de serlo. Del apoyo de la conferencia episcopal española a estos cursos del horror [2]. Esto además de ser una estupidez es una incongruencia, pues cada persona es creada por Dios a “su imagen y semejanza”. 

Lo cual quiere decir que Dios tiene –en sí mismo- bastante de usted y de mí seamos homosexuales o heterosexuales. Dios tiene mucho de cada una de las personas que pueblan el mundo. Así lo creo yo.
De lo que digan los obispos a mí particularmente me da absolutamente igual, pues desde hace tiempo tengo muy claro que son hombres que viven en un estrato de la sociedad completamente distinto al de la mayoría de las personas. No digo que sean ni buenos ni malos, habrá de todo; y siendo así tienen mi respeto –solo y exclusivamente- como personas. Pero ellos están en su sitio y usted y yo como creyentes, frente a ellos somos el último botón de la cremallera de macaco. Sí, que nadie se engañe.
Eso sí, volveré a decir que ME ENTRISTECE MUCHO el nivel en el queda el Evangelio de Cristo cuando se escuchan las barbaridades que se escuchan por boca de algunos obispos, tales como comparar la unión de dos hombres con la de los perros[3] (Monseñor Catalá obispo de Málaga). Yo se que Jesús de Nazaret vive en usted y en mí y que no necesita más que personas en el mundo con determinación de abrazar, decir la verdad y ser fraternos sin preguntarle a nadie de donde viene o a donde va. 

Esa dualidad con la que se maneja el evangelio en la Iglesia ya la hemos superado muchas personas. Pero es cierto que otras muchas personas sienten un auténtico hastío pues su referente son los sacerdotes, los obispos, el propio Papa –que a los gays nos llama raritos- el cual no acaba de acercarnos esa primavera que se prometía y que ni eclosiona ni lo hará en función de las presiones que ese pobre hombre recibe de los propios muros del Vaticano.
Es una barbaridad que cualquier persona en nombre de Dios pretenda someter a una persona a una terapia del horror para dejar de ser, lo que por naturaleza es. ¡Basta de utilizar el nombre de Dios para horrendas justificaciones!
Es un escándalo que los que hablan de “antinatura” sentando cátedra, se afanen en hacer cursos para transformar la NATURALEZA PROPIA que a una persona le es conferida por Dios Padre y que la Iglesia considera que es una perversión de la vida. Todo esto viene de una obsesión denodada por el sexo, la genitalidad, por una tergiversación absoluta del concepto de virginidad y de tantas y tantas cosas como a lo largo de la historia le hemos achacado a Dios, importándole a Dios un rábano lo que hagamos de cintura para abajo. No así con lo que hagamos con el corazón, ya que en Jesús Dios nos enseña que el único camino en la vida es el amor.

“Sobreviví a un centro de conversión gay: esas terapias te llevan al suicidio”. Palabras de una entrevista el “EL PAIS” [4] a Garrard Conley, hijo de un pastor baptista que ingresó en un centro de conversión en 2004. Su experiencia, narrada en su autobiografía 'Boy Erased' (Dos Bigotes) es la película que vi ayer recién estrenada en los cines.
Acabo. Siento dolor por tanta noticia perversa que se escucha por boca de “hombres de Dios”. Siendo dolor porque causan mucha angustia sobre muchas personas que lo pasan mal y no acaban de ver una Iglesia entregada a LA PERSONA su vida y dignidad. Siento lástima por tantas personas que en la Iglesia se dejan lo mejor de sus vidas, que son reflejo de Cristo, a quienes quiero y personas a las cuales estos titulares episcopales les dañan y mucho. Siento pena por la juventud que EN ABSOLUTO ve incentivo alguno para acercarse a escuchar en la Iglesia el mensaje de Cristo si no es a través de la pastoral de la obligatoriedad. Siento pena por los que poco a poco nos vamos quedando en el camino.  Personas a las cuales el sentido de comunidad cristiana se nos va diluyendo como la arena de la playa se nos escurre por entre los dedos de la mano. No así el sentido de comunidad humana donde –desde luego- habita Dios, al que QUIERO Y AMO.

No perdamos de vista que al final todo lo alienta el Espíritu y este mismo Espíritu nos muestra el camino, nos va mostrando un sendero por el que a través de los años y las experiencias, vamos percibiendo las cosas con más clarividencia, más sabiduría, templanza y siempre con determinación.
No sé que le parecerá este escrito a más de uno. El de siempre aprovechará para imprimirlo y enviarlo a la autoridad eclesiástica. ¡Pues oye, genial! No somos enemigos aunque -de momento- estemos lejos de la fraternidad. Sigamos caminando, al menos en paz y bien.

miércoles, 11 de enero de 2017

LA SEXUALIDAD DE LOS DISCAPACITADOS

Me parecen estos temas importantes para la normalización de la sociedad, en pro del respeto mutuo que a toda persona se le debe. Esta mañana, estando mi madre y yo haciendo una cola para ser atendidos, hemos estado comentando la excepcional entrevista que Gemma Nierga -directora del programa Hoy por Hoy de la Cadena SER- ha realizado a Dimitri Zorzos, acompañante sexual. 

Dicho así de golpe y porrazo, acompañante sexual es algo novedoso para muchos; pero si escuchas la entrevista del enlace probablemente entenderás mucho más de lo que yo aquí manifestaré. 

El caso es todas las personas por la razón que sea, pagamos algún servicio que otra persona realiza sobre nuestro cuerpo o persona. Peluquería, dieta, estilismo, cirugía, odontología, enseñanza, alimentación, asistencia personal en el aseo…etc. 
Todo esto nos puede parecer razonable o normal. Pero, ¿y el hecho de que una persona discapacitada pague un servicio de acompañamiento, para satisfacer sus necesidades sexuales? 
Si esta cuestión se mira desde la perspectiva de lo que está bien o está mal, de lo que es propio o impropio, seguramente la mayoría de las personas lo verán mal, indecente o yo que sé. Pero, en primer lugar póngase usted en la piel del otro; de esa persona a la cual su cabeza le pide sexo y sus miembros no se acompañan por la minusvalía. 
En segundo lugar, mire usted la sexualidad como una dimensión natural del ser humano, respecto de la cual sobran los tabúes, que solo sirven para desfigurar el tema. ¿No tienen derecho a la sexualidad los ancianos, o las personas gordas, o no tiene derecho a la sexualidad todo aquello que se aleja de lo que la sociedad piensa que está bien o está mal? 
La sexualidad está en la cabeza. En la entrevista se habla de una mujer que manifestaba que su hijo discapacitado/minusválido necesitaba ser masturbado, y que ella no podía atenderle en esa necesidad. 
¿Horror? En absoluto. 
Miremos el tema desde la perspectiva de una necesidad natural, que tienen personas con circunstancias muy específicas a las cuales no se les puede negar lo que necesitan –y que no hace mal a los demás-. Miremos el tema desde la generosidad y el respeto más absoluto a personas que porque la naturaleza o las circunstancias fueron caprichosas con ellos, no se merecen estar enterrados en vida.

Felicidades a Gemma Nierga y a su equipo que ha tratado el tema con tanto respeto y profesionalidad. Así da gusto escuchar.

Un saludo. atte Floren.
Este es el enlace de la entrevista:
Otro enlace sobre un artículo propio de SEXO Y ESPIRITUALIDAD

jueves, 23 de junio de 2016

¿DE QUÉ TE ASOMBRAS SEVILLA? DÍA DEL ORGULLO GAY

¿De qué te asombras Sevilla?

Varias personas me han pedido mi opinión, al respecto de unas banderolas colocadas en pleno centro de Sevilla, con motivo del Orgullo gay el 28 de Junio. Las banderolas en sí, muestran a personas del mismo sexo besándose o personas paseando con atuendos de cuero…etc. Como es natural es ABC de Sevilla (impreso y web)[1] quien se hace eco de la noticia como extraordinaria.
¿Extraordinaria? Es cierto que lo extraordinario es que el ABC no salga del los pases taurinos de Curro Romero, la incesante actividad cofrade de la ciudad y todo lo que es propio de la tradición sevillana y sus aledaños. Bien. 
Pero señoras y señores, Sevilla es mucho más que todo eso. Porque lo que la hace grande, estoy convencido que es su diversidad y no solo sus torres, iglesias e imágenes; que contribuyen a esa riqueza. ¿Cómo se atreve Alberto García Reyes en su artículo “Suspenso en educación sexual” (ABC edición impresa), a tachar las imágenes de “nudismo, obscenidad y mala educación”; utilizando términos como “templos genitales, reivindicaciones exhibicionistas desagradables, inmoralidad y despiporre carnal”? 

Estas imágenes de personas besándose, ojo, ¡¡PERSONAS!! no causan violencia ni incitan a nada. Gustaran o no gustaran, como a muchas personas les puede gustar o no que Sevilla la corten de cabo a rabo para tal o cual manifestación o procesión; pero no es violencia. Y si no es violencia y encima se hace eco de una realidad, considero muy positivo apostar de una vez por la normalidad y no atacar cíclicamente con estos órdagos lo que no es tradicional. 
Una de las cosas que nos dejan claras estos ataques, es que de muchas personas que se dicen ser solidarios y respetuosos, NADA DE NADA. Hipocresía de la buena y al mejor precio, pues todo al 50% y sálvese quien pueda. 
¿De qué te asombras Sevilla? Si a lo largo de la historia siempre han existido estos besos entre tu gente desde la clandestinidad. ¿Acaso reniegas de tu principal valor, que es la libertad?
Sevilla, como sus pueblos, es o ha sido judía, cristiana y musulmana, de izquierdas y de derechas. Los sevillanos y sevillanas son creyentes y no creyentes, sevillistas y béticos, heterosexuales y homosexuales, gordos o flacos, feos o bonitos, ricos y pobres, bisexuales y transexuales, con derechos y sin derechos…etc. 
Y si cada una de esas realidades se muestra como se muestran estas fotografías, yo diré que si que está bien; mientras mi opción y mi espacio en mi ciudad se me permita tenerlo en libertad y cuando me corresponda. 

¿Por qué no pone el ABC el grito en el cielo, cuando hemos sabido que el arzobispo de Sevilla, no permite a cristianos homosexuales rezar en una iglesia diocesana, cuando Jesucristo se partió la cara por los desfavorecidos? Pues probablemente porque ninguno de ellos compra este medio de comunicación. 
Acabo. Mi enhorabuena a Sevilla, a quienes impulsan esta muestra fotográfica, a quienes la disfrutan y a quienes respetuosamente la toleran. Y es que como dicen las sevillanas: “Sevilla tiene una cosa, que solo tiene Sevilla”.

viernes, 17 de junio de 2016

LA OBSESIÓN DE LA HOMOFOBIA - JOSÉ MARÍA CASTILLO, TEÓLOGO

 LA OBSESIÓN DE LA HOMOFOBIA
José M. Castillo (Doctor en Teología)

            Con demasiada frecuencia, de una manera o de otra, nos llegan noticias desagradables y preocupantes de personas o grupos que tienen comportamientos que expresan una evidente obsesión de homofobia. Lo que – como es sabido – consiste en la aversión o rechazo hacia la homosexualidad o a las personas homosexuales (Diccionario de la RAE). Estos comportamientos siempre se manifiestan en formas de violencia, desde el desprecio o el insulto, pasando por la marginación o la exclusión, y llegando (tantas veces) a la agresión contra la dignidad, los derechos humanos, la integridad física o incluso la vida misma. Estamos, pues, ante un fenómeno de consecuencias espantosamente crueles y de cuya gravedad mucha gente ni se da cuenta. 

"cuando un cardenal, un obispo, un sacerdote, por más que aduzca motivos religiosos, sagrados y divinos, si no respeta a las personas – a todos y todas por igual -, ¿cómo va a tener la credibilidad indispensable para hablar de Dios o de Jesús y explicar su Evangelio, de bondad y misericordia con todos los humanos por igual?"

Y como, por otra parte, el número de personas, que son víctimas de esta forma de violencia, es mucho mayor de lo que normalmente imaginamos, se puede asegurar que seguir callando el sufrimiento y la humillación, que este fenómeno desencadena, es una conducta cobarde e indigna, que colabora - desde la pasividad – de forma muy activa y eficaz, en el mantenimiento de este “crimen colectivo” en el que todos participamos (por acción o por omisión) de forma bastante más eficaz de cuanto podemos imaginar. También aquí se puede repetir la severa sentencia evangélica según la cual “el que tenga las manos limpias, que tire la primera piedra”.

Pero no es esto lo peor. Lo más grave, en este desagradable asunto, viene de dos frentes que suelen ser bastante activos en cuanto concierne a este problema. Me refiero al frente de “los obsesivos”, por una parte, y al frente de “los moralizantes religiosos”, por otra. Estos dos frentes se suelen aunar, los unos con los otros, en un potente colectivo, al que gustosamente se suman los “hipócritas”, excelentes colaboradores de esta renovada “Fiesta de Locos”, que ha degenerado, desde los gozosos festejos de la Edad Media (Harvey Cox), hasta las vergonzosas y crueles violencias que hoy tienen que soportar los que han nacido como son y no les queda otra salida en este mundo que aguantar la burla y la amenaza de los que se ven a sí mismos como los selectos, los sanos, los ejemplares, los que se sienten con el derecho y el deber de obligar a los demás a cambiar o desaparecer.
            ¿Qué demonios hay detrás de este brutal y vergonzoso embrollo, que produce y reproduce tanta crueldad desde la apariencia y la conciencia del que se piensa que está defendiendo la honestidad más pura y la sociedad más sana que imaginarse puede?  

"Es un dolor y una vergüenza que haya tantos clérigos que dan la impresión de que les interesa y les preocupa más el sexo que el hecho básico y fundamental de que las personas, todas las personas, se respeten y se quieran."

            No es posible, en el limitado espacio de esta reflexión, ponerse a explicar los resultados de la enorme y certera investigación que sobre este problema se ha llevado a cabo. Sobre los resultados de lo mucho – y a fondo – que se ha estudiado este problema, me limito a pedir que los habladores y sermoneadores, que, cuando menos te lo esperas, sueltan sus sentencias irrefutables y tantas veces insultantes, nacidas de la homofobia, lo primero – me parece a mí – que deberían hacer es ponerse a leer y enterarse de que en este orden de cosas no van a poner una pica en Flandes, ni por supuesto van a resolver el asunto, soltando (con más desparpajo que sapiencia) sus despiadadas condenas contra las víctimas de la homofobia. No, ¡por favor! Si tuvieran alguna idea de lo que sueltan, no se atreverían a decir lo que dicen. El tema es demasiado serio como para despacharlo con cuatro bravuconadas que suenan a burda   palabrería de gente que no da para más.
            Esto supuesto, me quiero fijar aquí en la obsesiva homofobia que con frecuencia se advierte, se nota, se palpa en no pocos “hombres de Iglesia”. Un hecho que llama la atención tanto más cuando sabemos que, por lo que relatan los evangelios, Jesús jamás se preocupó de este asunto. Ni hizo la más mínima alusión a él. El Evangelio no vio peligro alguno en la condición sexual de los humanos. Como es bien sabido, fue el apóstol Pablo quien rechazó con toda energía la homosexualidad (Rom 1, 26-27), que la considera, no solamente como algo “malo”, sino además “antinatural”. Pero aquí es importante saber que, en la mentalidad de Pablo, es igualmente “antinatural” que los hombres se dejaran el cabello largo y las mujeres se lo cortaran (1 Cor 11, 14-15). Lo mismo en Rom 1, 26 que en 1 Cor 11, 14, Pablo utiliza el sustantivo physis, que Pablo utilizaba para expresar lo que es “natural” en el sentido más genérico y amplio de esa palabra. Llegar a otras conclusiones, más o menos precisas y concretas, depende de la mentalidad de cada uno. Los textos no dan para más.

            El problema, que a muchas personas les plantea el tema de la homosexualidad, no proviene de los textos de san Pablo. Este problema se plantea desde el momento en que la sexualidad humana se reduce a la mera genitalidad. Si reducimos la sexualidad humana a la mera capacidad para engendrar, la reducimos, por eso mismo, a la mera condición animal, la capacidad de tener hijos y así perpetuar la especie. Pero sabemos que lo específico de los seres humanos no se reduce a lo meramente biológico, sino que se define específicamente por la capacidad de dar amor y recibir amor. Una capacidad que puede nacer, crecer y vivir lo mismo entre seres humanos de distinto sexo que entre seres del mismo sexo.

            Así las cosas, los responsables de la religión, por respeto a las personas a las que se dirigen en sus enseñanzas, lo mismo que por respeto a la misma religión y su propia credibilidad, deberían ser sumamente cautos, cuidadosos y humanos. No para ganar adeptos, sino para cuidar con el máximo respeto la dignidad e igualdad de todos los seres humanos.  Por esto, cuando un cardenal, un obispo, un sacerdote, por más que aduzca motivos religiosos, sagrados y divinos, si no respeta a las personas – a todos y todas por igual -, ¿cómo va a tener la credibilidad indispensable para hablar de Dios o de Jesús y explicar su Evangelio, de bondad y misericordia con todos los humanos por igual? Es un dolor y una vergüenza que haya tantos clérigos que dan la impresión de que les interesa y les preocupa más el sexo que el hecho básico y fundamental de que las personas, todas las personas, se respeten y se quieran.   

domingo, 27 de diciembre de 2015

DÍA DE LAS SAGRADAS FAMILIAS

Hoy es el día de la Sagrada Familia, y en el ejemplo de José y María, padres del niño Jesús; admiro a todas las familias y todos los hogares -creyentes y no creyentes- que se afanan por vivir y educar en respeto y valores cívicos y humanos.

Aquellos hogares y familias conformados por una mama y un papá, o dos mamas, o dos papás, o solo una mama, o solo un papá, o un papá y una mama que no es mama de verdad pero quiere como una mama y a la inversa, e incluso las familias donde no hay ni papá ni mama, sino abuelos -o cuidadores- que hacen las veces de papás y mamas. Incluso quiero tener presente aquí a todas las familias de acogida, que siendo familia de prestado, aman y cuidan y quieren hasta el extremo.


Pues eso es la familia. ¡¡basta de estructuras cerradas que empobrecen la vida y la perspectiva humana!!


Quien se quiera quedar con un solo modelo -el llamado tradicional- pues todo para él, pero que deje vivir. Así de sencillo.


Pero creo que la diversidad es riqueza, y mientras haya amor, cariño, respeto y sensibilidad; los hijos, la pareja o la persona individual, pueden florecer hasta dar excelentes frutos. Y por ello, doy gracias a Dios al termino de este día.


Así que feliz día de las familias.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

OTRA BOFETADA DE LA IGLESIA A UN HIJO DE DIOS

"Yo la fe la voy a seguir aparte, tal y como se debe, amando a las personas y tal como son, no prohibiéndoles estar en una iglesia porque sean gays, lesbianas o transexuales" (Alex Salinas)

Alex es un chico transexual al que el obispado de Cádiz le dijo en primer lugar que no podía ser padrino de un sobrino por su sexualidad, por "su modo de vida". Después de la repercusión en los medios de comunicación el obispo dio marcha atrás y le dijo que "SI". Y hoy dan otra vez marcha atrás y definitivamente le dicen que no, pues según declaraciones del obispo la orden ha venido desde Roma. ¿El papa sabe esto? Va a ser que no. 

Reflexionemos hoy sobre esto, reflexionemos porque en primer lugar esto hace un daño a la iglesia tremendo. Esa amada e imperfecta iglesia -como decía nuestro padre San Francisco de Asís-, que continua realizando una absoluta acepción de personas apartando a un lado a los cristianos de primera y a otro lado a los cristianos de segunda. 
Esto hace daño a todos los niveles incluso a nivel local. ¿O que pueden pensar los jóvenes cuando vean semejante órdago? ¿SE van a apuntar a catequesis por voluntad propia? ¡Irán Obligados como a casi todo, sino no funciona el chiringuito! O dirán que "no quieren saber nada de la Iglesia" como afirma este chico, que también confirmó que el niño no se bautizará por el malestar creado a toda la familia.
¡¡Es de película pero de la edad media!!
No dejan a este chico ser padrino por "su modo de vida". ¿Cómo vive usted, don Rafael Zornoza Boy señor obispo de Cádiz? ¿Tiene usted problemas para llegar a fin de mes? ¿Le alcanza el sueldo para el transporte público? ¿Se tiene usted que defender constantemente de la sociedad por considerarlo ciertos sectores anti-natural? ¿Se apunta usted a la cola del paro?
No. seguro que el obispo vive en otra onda y en otro espacio palaciego donde estas cosas dirá que le duele, que reza por ellas y bla bla bla, bla.
Precisamente este obispo y todos y todas las personas que piensan como el, ¿son conscientes de que esta iglesia que ellos hacen no tiene nada que ver con la comunidad creyente que impulso e inauguró Jesús de Nazaret?

Entonces visto lo visto, ¿con que nos quedamos? nos podemos preguntar.
Pues quedémonos con el gozo de quien se siente hijo e hija de Dios, pues por amor nos creó. Quedémonos con esa OTRA IGLESIA NO INSTITUCIONALIZADA ni sacralizada donde se vive y se deja vivir, sintiendo el amparo mutuo de la solidaridad efectiva y la fraternidad.
Quedémonos con ESA IGLESIA DEL PAPA FRANCISCO donde a todos se nos abraza en nombre de Jesús, sin interesarse por los ceros de nuestra cuenta corriente o nuestra genitalidad. 
Quedémonos con el Espíritu que nos anima desde la familia, amigos y los que se alegran y adolecen con nosotros. Ese Espíritu que es aliento, sabiduría, saber estar, comunión, derecho y democracia.
Quedémonos con Dios y con la vida, y sacudámonos el polvo de los sitios donde al rechazarnos a nosotros, rechazan al mismo Jesucristo (Mateo 10,14).
Ánimo para Alex y a todos paz y bien.

La imagen de Alex viene de: http://cadenaser.com/programa/2015/09/02/hoy_por_hoy/1441171062_228275.html?ssm=14092012-Ser-rs-1-Fb

jueves, 23 de julio de 2015

EL PLACER SEXUAL, ¿ES CONTRARIO A DIOS?

El Sínodo no aborda el placer sexual en la pareja 

(tampoco aparece el tema de la Mujer)

"La familia como lo propone la jerarquía corresponde a un modelo obsoleto"

(Paul Buchet en RyL).- El Sínodo de los obispos convocado por el Papa Francisco va terminar en octubre su segunda y última sesión. Se pretende poner al día el pensamiento eclesial en los temas del matrimonio y de la familia a fin de reformar la pastoral al respecto. El lineamento de los obispos y las preguntas que dirigieron a la feligresía en una segunda vuelta fueron muy extensos pero dejaron facetas sin abordar. 
Un primer tema descuidado es el tema del placer afectivo y sexual en el matrimonio. En realidad el placer del sexo y aún el íntimo disfrutar de la afectividad son temas reservados en muchas culturas: en las más primitivas como en las más modernas. El sexo se insinúa en los chistes picarescos, o en ambientes de licencias sexuales, se lo utiliza comercialmente por el voyeurismo y la pornográfia, se reprime o se lo exalta en el arte pero en torno al placer sexual reina un profundo silencio de significado.
A lo más se le encuentra un sentido primario, común a todos los animales, un sentido de conservación de la especie, pero n o mucho más. Las dificultades de la educación sexual en las familias y en los liceos sufren este vacío de sentido profundo.
Levy Strauss, en su libro "Tristes trópicos" cuenta como los Nambiquaras, de esa tribu primitiva del Mato Groso, que vivían desnudos, se retiraban fuera del grupo tribal para aparearse. Cuenta como esto provocaba risas y bromas de los demás sobre todo con el aprendizaje de los jóvenes; de hecho miraban los animales acoplarse con las mismas risas, unas risas que sin duda celebraba la vida que así se recreaba. El placer sexual manifiesta la felicidad de existir, de vivir.
En la Biblia antigua, tenemos también una famosa sonrisa, la "sonrisa de Sara", la legitima del Padre Abraham. Ella se rió al escuchar las promesas sorprendentes de Dios de que su marido le iba a dar un hijo propio, a ella, a quien se le había terminado la regla de las mujeres como lo cuenta el Génesis 18, 12 . Esta historia chistosa fue tergiversada por los piadosos exegetas que prefirieron comentar la representación de los tres personajes que visitaron Abraham y que vieron como la Santa Trinidad.
También hubo algunos exegetas que comentaron la risa de Sara como si ésta se habría reído desconfiando de las promesas de Dios. Pero hay que leer bien el texto y lo que explica la misma Sara que dice: " Ahora que estoy ‘pasada' sentiré placer, y además con mi marido viejo...?" Son las perspectivas de un placer algo tardío para ella y también para su "viejo" que motivaron su sonrisa. Prueba de eso es la molestia de Abraham, su marido que le reprocha de haber reído... de él. El placer sexual y ser madre le despertaba una alegría intima de lo bueno que es vivir en una relación conyugal.
Tenemos que liberarnos de la manía de muchos "sabiondos" que ven pecado en todas partes. Dijeron "In risu semper pecatum" (en la risa siempre pecado) y se argumentaba que Jesús nunca había reído. Con esta mentalidad, no es extraño que la teología tradicional considerará siempre los arrebatos afectivos y sexuales como si fueran parte de la dramática condición humana aquejada por las consecuencias del famoso "pecado original".
Muchos cristianos comprendieron e identificaron este pecado original como el primer acto sexual de unos Adán y Eva primordiales. Si es cierto que tendremos que reconocer que la sexualidad está marcada por la ambivalencia de la condición humana pero lo primero que la Biblia cuenta es que la sexualidad humana ha sido creada "antes" de que se estropeará el mundo y que es buena. En el primer relato de creación se lee: "Macho y hembra los creó Dios" a su "imagen" los creó "y a continuación se lee: "vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien" (Gen 1,27, 31).
En el segundo relato (Gen 2, 4ss), las cosas son más específicas todavía para entender la sexualidad como una realidad de muy buena creación. "Antes" de contar la famosa caída original, el texto dice: después que Yahvé tuvo modelado a la mujer como compañera para Adán, éste celebró efusamente su compañera "carne de su carne" y, el redactor de la Biblia sentencia diciendo: "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne. Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro".
Estos relatos mitológicos enseñan cosas preciosas. Hay cosas escondidas desde la creación del mundo, cosas buen hechas. Y los gozos afectivos y el placer sexual a pesar de ser tan tergiversados son de estas. Dios ha visto todo lo que había hecho y era "bien bueno". Las intimidades placenteras, carnales en la desnudez pueden enseñarnos a re-encontrarlo ese "paraíso perdido".
La tradición cristiana perdió muchas veces este sentido primordial del sexo. Como botón de muestra basta recordar una frase de San Jerónimo que llegó hasta decir que "En el matrimonio, hacer el amor voluptuosamente e inmoderadamente es adulterio". El santo era un exegeta fantástico pero era un clérigo que sostenía una absurda pelea con su propia sexualidad. Desde siglos, obsesionados del sexto y noveno mandamiento, en la Iglesia, hemos quedado varados en esta mentalidad.
Para leer el artículo completo, pinche aquí
viene de: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2015/07/21/el-sinodo-no-aborda-el-placer-sexual-en-la-pareja-iglesia-religion-dios-jesus-papa-sinodo-amor.shtml

martes, 16 de junio de 2015

LAS PINTADAS DE LA VERGÜENZA

Un pueblo es grande hasta que deja de serlo, cuando tolera que aunque sea uno solo de sus ciudadanos sea vilipendiado por una causa injusta. De la misma manera un cristiano pierde su propia esencia, cuando hace añicos el evangelio de Jesucristo anulando el principio básico del servicio a los demás. 

Cuando escribo estas letras, tengo ante mí tres titulares recientes sobre los que reflexionar como ciudadano y como cristiano que soy. Por un lado “la justicia Mexicana reconoce la validez del matrimonio homosexual”, todo un logro en la lucha por la discriminación sexual a la que se suman otros muchos países. 
El segundo titular: “la jerarquía Vaticana aun no ha aceptado al embajador francés ante la Santa Sede Laurent Stefanini, por ser un homosexual reconocido”. Por ello el Papa Francisco cediendo a presiones internas, aun no ha recibido a este embajador para que le sean entregadas las cartas credenciales. 
Tercer titular: “en Pozoblanco (Córdoba) aparecen pintadas ofensivas e insultantes en la fachada de la casa de una pareja homosexual, comprometida activamente en la Iglesia católica”. Son noticias que implican muchas cosas, y desde luego la más significativa es que respecto de los derechos humanos no toda la batalla está ganada. Ojo, no se trata aquí de lo que usted considera que es normal o moralmente aceptable, o de lo que se debe o no se debe hacer. Se trata de permitir la libertad del sujeto, de la otra persona, para vivir su vida y manifestarse libremente. 
A esta deformación de la realidad siempre ha contribuido de una manera significativa la moral católica más antigua, mal educando a las personas al respecto de algo tan esencial para la persona como es el sexo. El sexo no está reñido con el Reino de Dios, ni a Dios le place el que la persona reprima su sexualidad y sufra por ello. ¿Es tan complicado entender que Dios que es Padre y Madre, nos quiere felices para obrar maravillas en el mundo? ¿Qué efecto malintencionado tiene sobre la gente, el que dos chicos se quieran y se unan en matrimonio? Ninguno, absolutamente ninguno. 
Sin embargo hay personas indeseables que haciendo suya una especie de justicia divina se toman la –supuesta- justicia por su mano y pretenden enseñar a estos chicos con ocultismo y unas pintadas de la vergüenza, que su camino no está en la cofradía en la que colaboran y trabajan. 
Esta actitud condenatoria, de ninguna manera está ligada al ideal conservador de la vida, ni desde el plano político ni el religioso. El conservadurismo atesora grandes valores y somos muchos –estos chicos incluidos- los que se enorgullecen de tener amigos conservadores, muchos de los cuales son un gran apoyo en su cruzada en favor de la normalidad. 
Tampoco es la cofradía en sí misma la que propicia en su conjunto este desprecio a esta pareja, ¡faltaría más! Aquí solo basta decir, que la hermandad del Resucitado de Pozoblanco hace honor a la inmensa mayoría de sus miembros, pues como la imagen a la que dan culto, son luz verdad y vida. 
El problema es la intransigencia de algunos. El problema es la envidia y la obtención de un pretexto para que estos chicos -que lo que hacen es trabajar y testimoniar-, abandonen su puesto para ser ocupado por tal o cual persona. Al respecto de estas actitudes que alejan a los agresores del rostro de Jesucristo, quizás convendría tener en cuenta las recientes palabras del Papa francisco: "Si una persona es gay, y busca a Dios ¿quién soy yo para juzgarla?". Así como el llamamiento del papa para no “estar obsesionados con estos temas”. O aquellas del Señor: “haced con los demás lo mismo que queréis que los demás hagan con vosotros” (Mateo 7,12ª) y otros muchos ejemplos del evangelio; pues si en algo coincidimos estudiantes de cristología, teólogos y estudiosos de las escrituras es que la "EXCLUSIÓN" era impensable para Jesús de Nazaret. El abrazaba y abraza sin preguntar quien eres ni de donde vienes.
En definitiva, es una lástima que haya personas que no reconozcan el amor entre dos hombres y encima se atrevan a juzgarlo. Porque Dios no nos juzgará por pequeñeces cuando lleguemos a su presencia, no. “Al atardecer de la vida nos examinarán del amor” (San Juan de la Cruz). 
Estos chicos se aman, y solo por ello Dios está con ellos y con todos los que los apreciamos y queremos. El descubrimiento de la homosexualidad no es fácil para una persona, pues implica vivir siendo especial o extraordinario. Y esta etapa siempre suele darse en la adolescencia o juventud. 

A Blas y Braulio la vida los bendijo con el encuentro mutuo. Se encontraron a sí mismos y en cada cual el otro descubrió un rostro de luz, una complementariedad que les hace ser personas en plenitud, felices y de verdad (Juan 14,6). Y en sus vidas descubrieron el autentico rostro del resucitado.
Hago desde aquí un llamamiento para que hermandades, cofradías y asociaciones cristianas fomenten el respeto mutuo y la aceptación de cada cual en la diversidad de la vida, pues todos somos hijos e hijas de Dios que es Padre y Madre, y que al crearnos por amor nos otorgó su propia dignidad (Gn 2).
Mi total apoyo hacia esta pareja, mi abrazo a todos los que os quieren y os demuestran respeto con la vida. Quien no os respete, se las verá con Dios y con su conciencia.

Florencio Salvador Díaz Fernández

Titulado Superior en Teología. I.I.T.A. Universidad Pontificia de Comillas

miércoles, 18 de marzo de 2015

JESÚS Y EL "CHICO" HOMOSEXUAL: Mt 8, 5-13 par (Ariel A. y Xavier Pikaza)

Viene de: http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2015/03/17/p365991#more365991
RD ha publicado hace unos días la noticia de que el Papa Francisco nombrará un coordinador para la investigación de la pederastia clerical en España. En ese contexto se sigue planteando en algunos medios no sólo el tema de la pederastia (que es un crimen), sino el de la homosexualidad(que es una conducta afectiva y sexual).
En principio esos temas no tienen relación ninguna, pues la pederastia puede darse lo mismo entre homo- como entre hetero-sexuales (aunque en ciertos ambientes cerrados ha podido darse más entre homosexuales).
Pero, a fin de plantearlos mejor, en clave de evangelio, me parece conveniente recoger en este portal un trabajo que mi amigo Ariel Álvarez Valdés acaba de publicar sobre el milagro de Jesús con el “amante” del Centurión de Cafarnaúm. Es difícil mejorar lo que Ariel dice pero, dado que me cita (he desarrollado el tema en algún lugar de mi Diccionario de Biblia y en un Blog de RS21, año 206), publicaré tras el estudio de Ariel mi propio y pequeño trabajo sobre el tema.
Gracias, Ariel, una vez más, por admitir mi compañía en este portal de RD.
¿HIZO JESÚS UN MILAGRO A UN HOMOSEXUAL?
Las iglesias cristianas suelen condenar de manera terminante la práctica homosexual. La consideran un acto intrínsecamente desordenado e inaceptable. El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, por ejemplo, la califica de grave depravación, y de triste consecuencia del rechazo a Dios (nº 2357). Y algunos teólogos protestantes, como Kart Barth, la han llamado “fenómeno perverso” y “una inversión del orden natural de la creación”. A su vez, todos dicen oponerse a ella basándose en la Biblia.
Ahora bien, resulta curioso que en los Evangelios no exista ninguna frase o enseñanza de Jesús sobre el tema, algo sumamente llamativo porque la homosexualidad era un fenómeno bastante extendido en la cultura greco-romana de su tiempo. Los poetas la ensalzaban en sus obras; la sociedad la toleraba como un hecho habitual; y Palestina estaba rodeada e impregnada de esa cultura. Basta ver un mapa del país para comprobar que existían unas 30 ciudades griegas en su territorio.
¿Cómo es que Jesús no opinó o aludió nunca a esa cuestión?
Un número creciente de biblistas, como T. Horner (1978), M. Gray-Fow (1986), G. Theissen (1987), D. Mader (1992), J. E. Miller (1997), T. D. Hanks (2000), T. Jennings (2004), T. Benny Liew (2004), R. Goss, y X. Pikaza (2006), sostienen que no hallamos en los Evangelios referencias a ella porque Jesús nunca condenó expresamente la homosexualidad. Y para ilustrarlo, afirman que una vez le hizo un milagro a un homosexual sin cuestionar su condición. El favorecido fue un centurión de Cafarnaúm (Mt 8,5-13).
Tierra de dos gobiernos
Este hombre es uno de los personajes más impresionantes del Evangelio. Se trata del único militar que acude a Jesús. El único que le pide un milagro a distancia. El único que le contó una parábola. Y el único al que Jesús alabó por tener la fe “más grande” de todo Israel (Mt 8,10), colocándolo así por encima de sus discípulos y de la virgen María.
El relato comienza diciendo que cierto día en que Jesús se hallaba en Cafarnaúm, se le acercó un centurión para rogarle: “Señor, mi muchacho está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente” (Mt 8,6).
En aquella época, Palestina contaba con dos clases de ejércitos. Uno era el de Roma, ya que el país estaba sometido a su dominio desde hacía muchos años. El Nuevo Testamento menciona a varios de sus integrantes: el soldado (Mc 15,16), el centurión (Mc 15,39), el tribuno (Jn 18,12), la cohorte (Jn 18,3), la caballería (Hch 23,23). Todos ellos dependían del gobernador romano Poncio Pilato.
Pero Pilato sólo administraba el centro y sur del país (Samaria, Judea e Idumea), y sólo allí estaban sus tropas, mientras que el milagro de Jesús ocurrió en Cafarnaúm, es decir, al norte. Por lo tanto, este militar no pertenecía al ejército de Pilato. Formaba parte del regimiento provinciano de Galilea, que protegía esa región, y dependía del tetrarca Herodes Antipas. Aunque más modesto y reducido que el romano, estaba organizado a semejanza de éste, tanto en su estructura, como en su jerarquía y su disciplina. Sus integrantes eran en su mayoría paganos, y de cultura griega. De hecho, Mateo indica expresamente que el militar que fue a verlo no era judío (Mt 8,10).
Ni hijo ni sirviente
Este oficial tenía el grado de “centurión”. Así se llamaban los que estaban al frente de una centuria, es decir, cien soldados. Tenía, pues, una categoría alta dentro del ejército herodiano.
La presencia de un funcionario de esa jerarquía en Cafarnaúm es comprensible. La ciudad se hallaba en la frontera internacional, a sólo 5 kilómetros del límite entre Galilea y Galaunítide. Además, la atravesaba una de las rutas comerciales más importantes del país. Por eso estaba protegida por una centuria. El centurión era la máxima autoridad civil de la ciudad.

Según Mateo, el militar se presentó ante Jesús y le rogó que curara a un joven paralítico que estaba en su casa y sufría mucho. ¿Quién era el enfermo? Mateo no lo dice. Sólo lo identifica con la palabra “páis”, término griego que significa “joven”, “muchacho”. Algunas Biblias lo traducen por “sirviente”. Pero es un error, porque cuando Mateo se refiere a un sirviente usa la palabra “doúlos”. Así por ejemplo, en este mismo episodio el centurión le dice a Jesús: “cuando le pido a mi sirviente (doúlos)que haga algo, lo hace” (v.9). Evidentemente el muchacho no era un sirviente. Otras Biblias prefieren traducirlo por “hijo”. Pero tampoco es correcto, porque Mateo para hablar de un hijo emplea el término “houiós”, como se ve también en este episodio (v.12). Nunca, de las 26 veces que Mateo utiliza la palabra “páis”, se refiere a un “hijo”.
Existe además una razón histórica que impide traducirlo por “hijo”. Y es que los centuriones tenían prohibido casarse y tener hijos mientras prestaban servicio en el ejército. Sabemos que hacia el año 13 a.C. el emperador Augusto prohibió mediante una ley a los soldados que estaban por debajo del grado de oficiales senatoriales y ecuestres (incluidos los centuriones) tomar esposa y formar una familia. La prohibición fue levantada en el 197 d.C. por el emperador Septimio Severo. Por lo tanto, el muchacho paralítico no podía haber sido hijo del centurión.
Por un sueldo superior
Si el joven enfermo no era ni sirviente ni hijo del centurión, ¿qué relación tenía con él? Existe un tercer sentido de la palabra “páis” (muchacho), conocido gracias a los estudios de la literatura clásica, y es el de “amado” o “favorito” en una relación homosexual. Se lo llamaba “muchacho” afectuosamente, aun cuando fuera adulto.
En efecto, historiadores griegos como Tucídides (s.V a.C.), Jenofonte (s.IV a.C.), Calímaco (s.III a.C.), Polieno (s.II a.C.) y Plutarco (s.I), cuentan cómo ya en aquel tiempo los comandantes griegos solían tener sus jóvenes amantes (“páis”) dentro del ejército, con los cuales convivían. Algunos describen incluso las peleas que a veces se daban entre los oficiales por “algún muchacho bello en el que un soldado había puesto su corazón”. Otros autores e historiadores romanos como Plauto (s.III a.C.), Valerio Máximo (s.I), Marcial (s.I) y Tácito (s.II) narran historias de oficiales de la legión romana que tenían soldados como amantes, y dan hasta los nombres de ciertos centuriones afectos a esas prácticas.
El término “páis”, pues, en el ambiente castrense antiguo, era comúnmente utilizado para referirse al joven amante de una pareja homosexual.
Que semejante práctica se hallaba muy extendida, lo confirma un reciente estudio arqueológico realizado en un campamento romano del siglo I, en Vindolanda (Inglaterra). Los restos hallados en algunas de las habitaciones excavadas, han llevado a los arqueólogos a exclamar que éstas se asemejaban más a un burdel masculino que a un cuartel.
Esto corrobora que en el ejército romano (y sin duda también en el de Herodes) los centuriones y demás superiores convivían con jóvenes amantes; lo cual les era facilitado porque recibían una paga superior a la del resto de los soldados, y dormían en cuarteles más amplios.
Fuera de casa es mejor
Es posible, entonces, que el joven por el que viene a interceder el centurión sea su propia pareja. Si esto es así, se aclara un detalle difícil de explicar, y es por qué un militar de su rango se toma el trabajo de ir personalmente a implorar a Jesús por un simple sirviente. Pero al ser una persona afectivamente importante para él, la dificultad desaparece.
También se aclara otro punto oscuro del relato, y es la negativa del centurión a que Jesús vaya a su casa. En efecto, cuando Jesús quiere ir a curar al enfermo, sorpresivamente el centurión se lo impide y le dice: “Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que digas una palabra y mi muchacho se sanará” (Mt 8,7-8).
¡Qué reacción tan insólita! Todo el mundo quería que Jesús tocara a sus enfermos y les impusiera las manos. Algunos incluso los llevaban cargando con grandes sacrificios, como los cuatro amigos que descolgaron por el techo a un paralítico (Mc 2,1-12), o el padre que llevó a su hijo en medio de convulsiones (Mc 9,14-27). Y cuando era imposible llevarlo, le pedían que Jesús fuera a su casa, como Jairo cuando se moría su niña (Mc 5,21-24), o la mujer griega con su hijita endemoniada (Mc 7,24-26). Pero que alguien se oponga a que Jesús vaya a ver a un enfermo, es algo inaudito en el Evangelio. ¿Qué razón poderosa movió al centurión a obrar de esa manera?
Según sus propias palabras, él no era digno. Pero no explica porqué. Ahora bien, sólo una razón de tipo moral puede justificar semejante indignidad. Y debió de haber sido la vergüenza de llevar a Jesús a donde convivía con su joven amante, sabiendo que los judíos rechazaban enérgicamente la práctica de la homosexualidad.
Que lo arregle una embajada
La versión de este milagro, que encontramos en el Evangelio de Lucas, reafirma en cierto modo tal interpretación (Lc 7,1-10). Este evangelista, al contar el episodio, debió hacerle algunos cambios para evitar el escándalo de sus lectores.
En primer lugar, viendo que la palabra “páis” (“joven”) tenía connotaciones sexuales, prefirió reemplazarla por el término griego “doúlos”, presentando así al joven como “sirviente” del centurión. Pero con este cambio creó un problema: ¿cómo era posible que un militar de su categoría se interesara por un simple esclavo?
Para solucionarlo, añadió que era un sirviente “muy querido” (v.2). Además agravó la enfermedad del muchacho: en vez de decir que estaba paralítico, dijo que se estaba muriendo (v.2). Con todo esto, pretendía justificar la urgencia del centurión. Pero de nuevo uno se pregunta: ¿por qué quería tanto a su sirviente, al punto de abandonar sus obligaciones militares e ir personalmente a buscar a alguien que lo curara?
Comprendiendo la nueva dificultad que había provocado, decidió hacer un segundo cambio y decir que no fue el centurión quien salió a buscar a Jesús, sino que mandó una delegación de judíos para que lo buscara en su nombre.
Atenuando la humillación
Estas modificaciones operadas por Lucas en su relato generaron un tercer inconveniente. Ahora el centurión no tiene problemas de que Jesús vaya a su casa. Pero si Jesús va, pierde fuerza el sentido del milagro, cuyo centro es la fe del centurión en el poder a distancia de Jesús. Entonces Lucas resolvió agregar una segunda embajada del centurión, para detener a Jesús y que no llegara a su casa (v.6). ¡Una evidente incoherencia, ya que dos versículos antes le había rogado que fuera!
Cuando llega la primera embajada ante Jesús, resulta curioso ver cómo en vez de pedirle que vaya a curar al joven (que era lo esperable), comienza a alabar al centurión y a decir que es un hombre “digno” (v.4). ¿Por qué? Es que Lucas, sabiendo que más adelante llegará la segunda embajada del centurión diciendo que no es digno de que vaya a su casa, lo hace alabar de antemano, con el fin de alejar cualquier sospecha de indignidad moral del militar.
De este modo, con modificaciones, incoherencias, marchas y contramarchas, Lucas pudo rescatar el episodio para sus lectores.
Ahora es otro el que no quiere
Una tercera versión de este milagro la encontramos en el Evangelio de Juan (Jn 4,46-53). Y también él debió realizar cambios para evitar la posible turbación de sus destinatarios.
Ante todo, al igual que Lucas suprimió la palabra “páis” por las connotaciones sexuales que podía tener, y en su lugar empleó el término griego “huiós”, convirtiendo así al joven en “hijo” del centurión.
Pero el evangelista sabía que eso no era posible, porque los militares no solían tener hijos ni vivir con sus familias hasta después de licenciarse. Entonces tuvo que reemplazar al centurión por un “funcionario real”, es decir, por un empleado de la corte del gobernador Herodes Antipas. Así, transformó al soldado pagano y de costumbres sospechosas en un judío (como se deduce del v.48).
Al tratarse ahora de un judío, cuya moral no encerraba escándalo alguno, el Evangelio de Juan no tiene ya motivos para que el funcionario no quisiera recibirlo en su casa. Pero si Jesús va, no podrá curarlo a distancia, que es el objetivo del relato. Entonces dice Jesús mismo se niega a ir. ¿El motivo? Porque el funcionario, como buen judío, sólo quiere ver signos maravillosos. Y le pide que regrese a su casa confiando en la sanación de su hijo. Ahora ya no es el hombre el que muestra una fe prodigiosa, sino Jesús el que le pide una fe prodigiosa.
Una terrible palabra
Mateo parece haber conservado, en su Evangelio, el recuerdo de un milagro a un homosexual, retocado más tarde por Lucas y Juan. Y llama la atención el silencio de Jesús ante su condición. No lo reprende por su forma de vida, ni lo rechaza, ni lo condena. Lo cual no significa que Jesús estuviera a favor de la homosexualidad, ni que la fomentara. Simplemente no la juzgó. No entró en cuestiones de sexualidad, seguramente por considerarlas de índole privada.
Lo mismo hizo el día que una prostituta se echó a sus pies llorando y buscando el perdón. Le dijo: “Tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lc 7,50). No le dijo: “no peques más”, como le ordenó a la adúltera (Jn 8,11). Le otorgó el perdón sin meterse en su vida sexual, ni condicionarla a que cambiara de profesión. Quizás prudente ante la posibilidad de que aquella pobre mujer no tuviera otra forma de ganarse la vida. Muchas vivían en aquel tiempo en condiciones sociales deplorables, a veces impuestas por la sociedad, y Jesús no interfirió en lo que tal vez era su único medio de subsistencia.
Asimismo en el sermón de la montaña Jesús prohibió reírse de las minorías sexuales. Allí enseñó: “Todo el que diga a su hermano «raka» será condenado por el Sanedrín” (Mt 5,22). Las Biblias suelen traducir esa palabra por “insensato, necio”. Pero no parece ser ése el sentido. Jesús llama insensatos y necios a los fariseos (Mt 23,17), y es absurdo que después prohíba usar esa palabra. En realidad rakaderiva del arameo “reqa”, que significa “suave, blando, tierno” (Gn 18,7; 29,17; 33,13), y aludía a las personas afeminadas. Lo que Jesús dijo, entonces, fue: “Todo el que le diga a su hermano «maricón» será condenado por el Sanedrín”.
Por el sol y por la lluvia
Resulta asombroso ver lo tolerante que fue Jesús con las personas y grupos marginados de su tiempo: pecadores, mujeres, cobradores de impuestos, samaritanos, prostitutas, locos, extranjeros, endemoniados, homosexuales. Hasta llegó a comer con ellos (Mc 2,15), lo que en su cultura era la forma suprema de unión con esa gente.
Su tolerancia llegó a escandalizar a muchos (Lc 15,1), porque esas personas estaban condenadas por la religión de su tiempo. Pero Jesús tenía en claro que, entre lo religioso y lo humano, sólo lo humano es intocable y fundamental. A veces por salvar los derechos de la religión hemos vulnerado los derechos humanos. Por defender un dogma hemos quemado al hereje. Por cuidar la moral hemos despreciado al homosexual. Por preservar una ética hemos apedreado a la adúltera.
Ciertamente la tolerancia entraña sus peligros, y puede hacer creer que todo vale y que todo está bien. Pero para Jesús más peligroso aún era humillar a una persona por motivos religiosos, ya que con ello se justifica un sectarismo que convierte la vida en opresiva, despótica e injusta. Y esto hace más daño que cualquier idea religiosa desviada.
Jesús enseñó que el Padre que está en los cielos no hace diferencias con sus hijos. Que “hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45). Todos necesitan el sol de nuestro amor, y precisan la lluvia de nuestro respeto. Y si queremos parecernos al Padre del cielo, como Jesús lo ordenó, debemos aceptar a quienes son diferentes, sin humillarlos ni querer cambiarlos. Y mucho menos en nombre de Dios.
JESÚS SANA AL AMANTE DEL CENTURIÓN 
Xabier Pikazahttp://21rs.php/2006/05/25/jesus-sana-al-amante-del-centurion
En tiempos de Jesús, había en Palestina dos tipos de soldados oficiales (dejando a un lado a los posibles celotas o soldados-guerrilleros al servicio de la liberación judía).
Unos eran los del ejército romano propiamente dicho, que dependían del Procurador o Prefecto (Poncio Pilatos), que gobernaba de un modo directo sobre Judea y Samaría. Otros eran los del tetrarca-rey Herodes Antipas, que gobernaba bajo tutela romana en Galilea (y los de su hermano Felipe, tetrarca de Iturea y Traconítide, al otro lado de la frontera galilea).
El Prefecto romano contaba con unos tres mil soldados de infantería y algunos cientos de caballería, acuartelados básicamente en Cesarea, que solían provenir del entorno pagano de Palestina y funcionaban como ejército de ocupación. De todas formas, no era frecuente verlos en la calle o en los pueblos, ni siquiera en Jerusalén, donde gobernaba el Sumo Sacerdote y su consejo, con la ayuda de algunos miles de «siervos» o soldados de la guardia paramilitar del Templo. De todas formas, en los tiempos de crisis o en las fiestas, el Prefecto romano subía a Jerusalén y se instalaba en la Fortaleza Antonia, junto al templo, desde donde controlaba el conjunto de la ciudad.
Probablemente residía allí una pequeña cohorte destacamento militar, pero no se mezclaba en la vida civil y religiosa de la ciudad.
El Rey (=Tetrarca) Herodes Antipas gobernaba en Galilea, bajo control de Roma, pero con una gran autonomía. Tenía que proteger las fronteras y mantener el orden dentro de su territorio, pagando un tributo a Roma. Para ello tenía sus propios soldados, organizados como los de Roma.
En caso de necesidad, los soldados romanos tenían que ayudar a los de Herodes y los de Herodes ayudar a los romanos. Según eso, en Galilea no existía un «ejército de ocupación», ni tampoco un dominio directo de Roma, aunque muchos «nacionalistas galileos», partidarios de un estado israelita, consideraban a Herodes como a un usurpador y a sus soldados como ejército opresor. Por otra parte, es normal que los soldados de Herodes fueran también de origen pagano, como los de Poncio Pilato, aunque podían ser también judíos.
Desde ese fondo han de entenderse algunos pasajes del evangelio que hablan de la relación de Jesús y de sus seguidores con soldados. El texto más significativo es aquel donde se dice a los creyentes que superen la actitud del «ojo por ojo y diente por diente», propia de los ejércitos del mundo, para añadir: «No resistáis al que es malo (al mal); por el contrario, si alguien te hiere en la mejilla derecha, ponle también la otra...; y al que te obligue a llevar la carga por una milla llévasela dos» (Mt 5, 39-40).
Estas últimas palabras se refieren al servicio obligatorio que las fuerzas del ejército (de Herodes o Pilato) podían imponer sobre los súbditos judíos: obligarles a llevar cierto peso o cargamento a lo largo de una milla. Pues bien, en vez de pregonar la insurrección o la protesta violenta, Jesús pide a los oyentes que respondan de manera amistosa a la posible violencia de los soldados. Esta es su forma de (no) oponerse al mal, para vencer la perversión del mundo a través de un gesto bueno. Jesús no condena a los soldados imperiales: quiere enfrentarles ante el don del reino, enriquecerles con la gracia del Padre que es bueno para todos (cf. Mt 5, 45).
En este fondo se sitúa su relación con el centurión que tiene un amante enfermo y que pide a Jesús que le cure (Mt 8, 5-13 par.). La escena ha sido elaborada por la tradición en el contexto de apertura eclesial a los paganos, pero en su fondo hay un relato antiguo (transmitido al menos por el Q; cf. Lc 7, 1-10; Jn 4, 46b-54). Jesús no ha satanizado a los soldados, ni ha querido combatirlos con las armas, sino que ha descubierto en ellos un tipo de fe que no se expresa en la victoria militar, sino en la curación del amigo enfermo:
Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, que le rogaba diciendo: «Señor, mi amante (pais) está postrado en casa, paralítico, gravemente afligido». Jesús le dijo:«Yo iré y le curaré». Pero el centurión le dijo: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi siervo sanará, pues también yo soy hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este "ve" y va y al otro "ven" y viene; y a mi siervo "haz esto", y lo hace». Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes». Entonces Jesús dijo al centurión: «Vete, y que se haga según tu fe». Y su amante quedó sano en aquella misma hora (Mt 8, 5-12).
Este es un soldado con problemas. Es un profesional del orden y obediencia, en el plano civil y militar, un hombre acostumbrado a mandar y a ser obedecido. Es capaz de dirigir en la batalla a los soldados, decidiendo así sobre la vida y la muerte de los hombres. Pero, en otro nivel, es un muy vulnerable: padece mucho por la enfermedad de un siervo amante. Pero antes de seguir será preciso que nos detengamos y preguntemos sobre la identidad de este pais del centurión, que hemos traducido como «amante».
Esa palabra (pais) puede tener tres sentidos, siervo, hijo y amante (casi siempre joven), y puede resultar escandalosa. El texto paralelo de Jn 4, 46b evita el escándalo y pone huios (hijo), en vez de pais; pero con ello tiene que cambiar toda la escena, porque los soldados no solían vivir con la familia ni cuidar sus hijos hasta después de licenciarse; por eso, el centurión aparece aquí como un miembro de la corte real de Herodes (un basilikós). También Lc 7, 2 quiere eludir las complicaciones y presenta a ese pais como doulos, es decir, como un simple criado, al servicio de centurión; con eso ha resuelto un problema, pero ha creado otro: ¿es verosímil que un soldado quiera tanto a su criado?
Por eso preferimos mantener la traducción más obvia de pais dentro de su contexto militar.
En principio, el centurión podría ser judío, pues está al servicio de Herodes, en el puesto de frontera de su reino o tetrarquía (Cafarnaúm). Pero el conjunto del texto le presenta como un pagano que cree en el poder sanador de Jesús, sin necesidad de convertirse al judaísmo (o cristianismo). Pues bien, como era costumbre en los cuarteles (donde los soldados no podían convivir con una esposa, ni tener familia propia), este oficial tenía un criado-amante, presumiblemente más joven, que le servía de asistente y pareja sexual. Este es el sentido más verosímil de la palabra pais de Mt 8,6 en el contexto militar. Ciertamente, en teoría, podría ser un hijo o también un simple criado (como suponen los paralelos de Juan y Lucas). Pero lo más sencillo y normal es que haya sido un amante homosexual, alguien a quien otros libros de la Biblia (quizá Rom 1, 24-27) habrían condenado.
Pero, gracias a Dios, como sabemos por el texto siguiente («¡cargó nuestras enfermedades...!»: Mt 6, 17), Jesús no era un moralista, sino un mesías capaz de comprender el amor y debilidad de los hombres (en el caso de que el amor homosexual lo fuera). Jesús sabe escuchar al soldado que le pide por su amante y se dispone a venir hasta su casa-cuartel (¡bajo su techo!), para compartir su dolor y ayudarle. Hubiera ido, pero el oficial no quiere que se arriesgue, pues ello podría causarle problemas: no estaba bien visto ir al cuartel de un ejército odiado para mediar entre dos homosexuales; por eso le suplica que no vaya: le basta con crea en su dolor y diga una palabra, pues él sabe lo que vale la palabra. Jesús respeta las razones del oficial, acepta su fe y le ofrece su palabra. El resto de la historia ya se sabe: Jesús cura al siervo-amigo homosexual y presenta a su amigo-centurión como signo de fe y de salvación, sin decirles lo que deberán hacer mañana. Es evidente que no exige, ni quiere, que rompan su amor, sino que lo viven en fe y amor de Reino.