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domingo, 29 de mayo de 2022

ASCENSIÓN, ASCENDER, SECUESTRO, ABDUCCIÓN.

Lo cierto es que antes de la fiesta de Pentecostés la liturgia nos ofrece esta bella fiesta de la Ascensión de Jesús. Si es un mito o una realidad que los discípulos vivieron físicamente lo podemos ver ahora a continuación. Pero profundicemos un poco en anteriores ascensiones. A pesar de los numerosos personajes que pueblan la biblia de los setenta y de las grandes personalidades que relatan, profetas, reyes, sacerdotisas, jueces, apóstoles, vírgenes...etc; solo tres personas de toda nuestra Biblia ascendieron al cielo.


Estos fueron el patriarca Enok (Enoc), el profeta Elías y Jesús de Nazaret. Hay una salvedad muy significativa y es que excepto Jesús que murió y resucitó, Enok y Elías fueron abducidos o secuestrados en vida. Es por ello que les buscaron en la tierra y sin haberlos encontrado, a Elías -por ejemplo- siempre se le esperó. 

Se le esperó e incluso se consideró que su espíritu era el de Juan el Bautista confundiéndole con él en una especie de reencarnación. Igualmente se llega a decir lo mismo de Jesús en comparación con Elías. Enok simplemente es arrastrado hacia el cielo. El relato de Elías es magnífico, ya que sube en el conocido carro de fuego dejando a su criado Eliseo como profeta heredero de su misión. 

Por el contrario la ascensión de Jesús solo la cuentan tres relatos, dos del mismo autor -Lucas- en el evangelio y en los Hechos de los Apóstoles y el tercero perteneciente a Marcos, el cual se sabe que fue incluido muy posteriormente como influencia de los relatos lucanos. Es muy significativo que el relato de la ascensión de Jesús no figure en ningún otro evangelio, aunque sí se haga alusión al hecho en las cartas de San Pablo y en alguna otra aunque sea sólo por alusión o suposición. 


Cierto es que Lucas elimina un último versículo al final de su evangelio, para no colocar la ascensión en el mismo momento o ligeramente posterior a la resurrección de Jesús. Es por ello que en Hechos vuelve a repetir el relato -ahora sí- para dejar claro que sucedió cuarenta días después. Cuarenta "quadraquinta" sabemos que en la biblia no tiene valor cuantitativo sino cualitativo. No es que fueran específicamente cuarenta días, sino que fue tras un largo periodo de tiempo el que los discípulos de Jesús y sus seguidores primigenios tuvieron que pasar para experimentar nuevamente a Jesús con una significación particular. Los "Hechos" lo presentan como un acto vivido y en el cual físicamente han visto a Jesús elevarse y ser tapado por una nube que -interpretan- lo sube al cielo. 

Hay que tener en cuenta que Jesús NO revivió -volver a la vida biológica y física-, sino que RESUCITÓ -vivir espiritualmente-. Por ello, considero que en realidad lo que vivieron los discípulos en el momento llamado de la ascensión, fue una nueva experiencia del resucitado como la transfiguración; en la cual se exalta el poder de Jesús que -como Dios- es llevado al cielo como anteriormente fueron llevados  Enok y Elías; por ser estos merecedores de la morada eterna al ser considerados semejantes a Dios por su ejemplaridad y santidad. 

En la ascensión de Jesús los discípulos conmemoran el gran tiempo de la espera como expresa magistralmente José Enrique Galarreta: "¡VOLVERÁ!" A nosotros vino y de aquí se marcha, pero volverá y nos enviará su espíritu. Y cuando lo tengamos, solo nos queda escuchar su Palabra. Creer en el Padre suyo y Padre nuestro, y perseverar en nuestras actitudes cristianas para ser merecedores de aquel principio por el que Lucas escribe su Evangelio y Hechos, LA MISIÓN. Id por el mundo y anunciad a Jesucristo. 


Jesús no volverá a nosotros en cuerpo, pero habita en nosotros por medio de su Espíritu que es el mismo Espíritu de Dios. Una fuerza defensora que iluminada con la luz de la conciencia a través del conocimiento de la Palabra de Dios, tiene que hacernos en el mundo instrumentos del Reino de Dios."Mirando al presente, porque la aceptación de Jesús es la aceptación de la misión. Todos los textos terminan, de una u otra forma, en la Misión. Para eso se nos manifiesta Jesús. El sentido de la vida de los cristianos es diferente: constituidos en el nuevo pueblo de Dios, han sido elegidos para la misión, para dar a conocer a todos lo que han recibido. Se puede no aceptar la misión. Se puede no ser cristiano. El que acepta, es para convertirse en mensajero de Jesús." (J.E.Galarreta)

Concluyo. No creo que Jesús subiera al cielo al más puro estilo de superman, no. Eso sería lo más fácil pues para Dios no hay nada imposible. Los discípulos lo expresaron a través del relato de la ascensión, contemplando esta como eclosión máxima de todo lo vivido junto a Jesús tras su resurrección y las muchas veces que le sintieron junto a ellos. De esta manera, lo complejo es glorificarlo con nuestra vida. Considerarlo excelso por su mensaje y obras y estar dispuestos a seguir sus huellas. Eso es lo complicado del asunto. Tras la misa del domingo el día que llamamos del señor, vienen seis días más en los cuales también somos del Señor. 

¿Qué hacemos en ese diario? ¿Pasamos de largo por el misterio continuo de un Dios que nos muestra en cada instante su rostro a través de Jesús resucitado? Ojalá aprendamos que más allá del culto externo, la magnificencia...etc, hay un capítulo muy importante en la vida del cristiano que es la interiorización. La profundización de la Palabra. Estamos viviendo una situación de furor hacia la celebración externa tras el rigor y el terror de la pandemia. 

Pero debiéramos de haber aprendido del silencio, de la búsqueda de Dios en lo cotidiano y en el susurro de su palabra diaria. Debemos ser merecedores del Espíritu de Jesús. Algo que no se nos dará por añadidura, sino por un motivo específico. Continuar con la MISIÓN profética de Jesús de ser en el mundo ejemplo e instrumento de PAZ Y BIEN.

Que tengáis un buen finde de la Ascensión.

Fraternalmente, Floren.

 

¡SALID, AMIGOS Y AMIGAS! (Florentino Ulibarri)

¡Salid, amigos y amigas!

Marchad sin miedo.

Vosotros sois mis testigos en medio del mundo.

¡Salid, amigos y amigas!

Marchad sin miedo.

Os esperan fuera vecinos y conciudadanos.

Sed expresión certera

de la ternura del Dios de la vida.

 

Ternura en vuestro rostro,

ternura en vuestros ojos,

ternura en vuestra sonrisa,

ternura en vuestras palabras,

ternura en vuestras obras,

ternura en vuestra lucha.

¡Salid, amigos y amigas!

Marchad sin miedo.

Vosotros sois mis manos

para construir un mundo nuevo

de fraternidad, libertad y justicia.

Vosotros sois mis labios

para anunciar a pobres y marginados

la buena noticia de la libertad y la abundancia.

Vosotros sois mis pies

para acudir al lado de los hombres y mujeres

que necesitan palabras y gestos de ánimo.

Vosotros sois mi pasión

para hacerme creíble en vuestras casas y ciudades

y lograr que todas las personas vivan como hermanos.

Vosotros sois mi avanzadilla

para lograr la primavera del Reino

y ofrecer las primicias a los que más lo necesitan.

¡Salid, amigos y amigas!

Derramad por doquier

ternura y vida.

¡Salid, amigos y amigas!

Marchad sin miedo.

Mirad toda esa multitud que os espera.

Marchad con alegría.

¡Yo voy con vosotros!

jueves, 24 de agosto de 2017

BARTOLOMÉ = NATANAEL y el nombre “Patronimico” en la Biblia


Hoy es el día de San Bartolomé, el apóstol de Cristo. Si bien es verdad que la lectura del evangelio que propone la liturgia propia de la fiesta de los apóstoles, hace alusión a Natanael y no a Bartolomé, como debiera corresponder. El caso es que los dos nombres se refieren a la misma persona, aunque cada nombre signifique una cosa distinta.

Juan (1,45-51.21,2) hace referencia a Natanael, el nombre con más probabilidades por el que fuera llamado o nombrado este apóstol. Natanael es un nombre muy común entre los contemporáneos de Jesús, aunque solo dos hombres son llamados así en la Biblia de los 70. Natanael que en hebrero puede leerse como “nêtan´el” significa DON DE DIOS, y es muy probable que por este nombre fuera llamado o nombrado el apóstol de Cristo.
Sin embargo en los sinópticos (Marcos 3,18 Lucas 6,14 y Mateo 10,3) se nombra a este apóstol como Bartolomé. En hebrero se puede pronunciar “bal tôlm´ay”, hijo de Tolmai. Y hay que tener en cuenta que responde a una tradición patronímica. El nombre Patronímico es el nombre que hace referencia a la ascendencia, o procedimiento tribal, familiar u territorial de una persona, y es comúnmente utilizado tras el nombre de pila. Esta tradición es originaria de países eslavos o zonas de Rusia.
Espero que esta pequeña información ayude a la cultura general bíblica.

Con mis saludos para el pueblo de Aguadulce (Sevilla) que se ampara bajo su patronazgo.
Ilustro el artículo con un cuadro de San Bartolomé del Greco que vi el martes en Toledo.

miércoles, 26 de julio de 2017

EL NOMBRE DE ANA - "GRACIA"


El nombre de Ana data desde la antigüedad, desde hace más de 2500 años.

Hay una interpretación posible de su origen, respecto de que se pudo derivar de “ÂNÂB”. Anab es una localización bíblica que significa “lugar de uvas”, o por considerar un lagar un lugar de de abundancia bien se le puede considerar lugar de abundancia y de ahí su derivación hacia el significado de abundancia, plenitud o gracia en cuanto a beneficio o donación. 


Lo cierto es que Ana tal y como lo conocemos, tiene su raíz hebrea en “Hannah”, que significa Gracia (Don) y así lo traduce la Vulgata desde el griego, “Anna”.

Al menos que sepamos por la documentación bíblica canónica cuatro mujeres llevaron ese nombre en el libro sagrado, aunque hay que tener en cuenta la utilización de este nombre en otras culturas; tales que el nombre de Ana fue impuesto a los hombre en época fenicia, tal y como lo atestiguan las tradiciones onomásticas, bien desde su nombre original o a través de nombres compuestos o derivaciones del mismo.

Mujeres que llevan en la Biblia el nombre de Ana o su derivación:

1. Ana: La esposa predilecta de “Elqanah” y madre del profeta Samuel, juez de Israel. Este mujer es la que compuso el canto original llamado Magnificat, que luego usaría Isabel la prima de la virgen María ante la visita de esta. (1Sam 1,1-2.10.19ss)

2. Ana: La mujer de Tobit, de la tribu de Neftalí y madre del joven Tobías. (Tob 2,11-14)

3. Ana: Mujer de Ragüel y pariente de Tobit. (Tob 7,2-17.8,12)

4. Ana: Profetisa Ana hija de Fanuel de la tribu de Aser, mujer anciana que enviudó a los siete años de casada y que se consagró al servicio del templo. A sus 84 años presenció la presentación de Jesús en el templo y profetizó sobre él. (Lc 2,36-38)

No hay certeza bíblica escrita del nombre de la madre de la virgen María, pero muchos escritos antiguos no reconocidos canónicamente, documentan el nombre de Ana como el de la madre de la virgen María.

Ciertamente como ha informado mi hermano José María en una publicación, el origen de esta fuente es apócrifa, pero lo apócrifo no es sinónimo de mentira en absoluto. La propia biblia está llena de incongruencias y absurdos aunque la consideremos en su conjunto Palabra de Dios. Un ejemplo. ¿Qué hace el Cantar de los cantares en la Biblia? Un libro amoroso-erótico en el cual no se nombra ni alude a Dios en ningún párrafo.

El nombre de Ana fue el de la abuela del Señor, sí.

Debemos confiar en las fuentes escritas que nos enseñan que esta mujer tuvo ese nombre, y que el mismo nombre fue significación de su propia personalidad, lo que ella misma atesoraba y que transmitió a su Hija María, la capacidad de testimoniar desde la humildad y el ser ambas GRACIA DE DIOS entregada como regalo a los hombres y mujeres del mundo.

Espero que esta aportación propia y de mi extensa biblioteca bíblico teológica, ayude a despejar incógnitas y a conocer más a estas mujeres maravillosas que como tantas que pueblan el mundo son “Anas” y pueden ser mujeres dignas y portadoras de la Gracia de Dios.

Fraternalmente, Floren.

sábado, 25 de marzo de 2017

TUS CINCO MINUTOS PARA EL SEÑOR - DOMINGO IV DE CUARESMA

IV DOMINGO DE CUARESMA A. Tus cinco minutos para el Señor.

"el evangelio es una llamada constante a ser luz"

¡Ama y haz lo que quieras!

Si callas, calla con amor.
       
Si gritas, grita con amor.
       
Si corriges, corrige con amor.
       
Si perdonas, perdona con amor.
       
Que el amor sea la raíz interior de tus obras.

Lectura del santo evangelio según san Juan (9,1.6-9.13-17.34-38):

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían: «El mismo.»

Otros decían: «No es él, pero se le parece.»
Él respondía: «Soy yo.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó: «Que es un profeta.»
Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
Palabra del Señor

REFLEXIÓN
La ceguera es algo que no nos podemos imaginar los que tenemos la dicha de ver, aunque cerremos momentáneamente los ojos. Pero no debemos olvidar, que es posible andar por el mundo sin percibir muchas cosas que están en el mundo. De ahí que haya una ceguera inducida, que nos lleva pasar de largo ante en entorno en el que vivimos. 
Solo basta mirar las noticias para tener conciencia de lo que pasa en el mundo. ¿Qué papel juego yo en el cotidiano avatar del mundo? Pues eres ni más ni menos que esencial a los ojos de Dios. Este domingo el evangelio es una llamada constante a ser luz. LUZ para nosotros en nuestra vida, para que a su vez otros vean la luz a través nuestro. 
No es complicado, no. 
Solo hay que tener determinación, y saber que este mundo está perdido si en la vida no hay personas que se comprometan con la causa del ser humano y el respeto al medio natural. 
Tu juegas un papel determinante, pues los valores cristianos que nos enseña Jesús llegarán allí donde tú te propongas testimoniar. También esto es cuaresma. 
También esta percepción de la realidad es caminar; percibiendo todo lo que te rodea, y sin perder de vista la actitud con la que el Señor desea que actuemos, la pequeñez. 
Muchas veces hemos llamado a Dios “todopoderoso”, una palabra demasiado grande para el sentido con el que Él hace las cosas desde Jesús. No en balde eligió de entre toda una estirpe al más pequeño de una familia –David-, para hacerlo rey de su pueblo. 
En resumen: la pascua está cerca y en ella Jesús se nos presentara como Luz del mundo. Luz resucitadora. Pongamos las bases para ser participes de esa luz. En Francisco de Asís pobre entre los pobres, tenemos un bello ejemplo de entrega y sencillez.

fraternalmente, Floren


viernes, 10 de marzo de 2017

TUS CINCO MINUTOS PARA EL SEÑOR - DOMINGO II CUARESMA A

DOMINGO II CUARESMA A - La transfiguración

"Cada creyente que camina por el desierto cuaresmal, debe aspirar a vivir la Pascua como una eclosión de alegría donde se celebre a Cristo con la predisposición de los apóstoles"

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9):

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN
La transfiguración del Señor es un acontecimiento de la vida de la primera comunidad creyente, en la cual experimenta la vivencia del resucitado. Es algo importante pues estos acontecimientos son expresiones de la culminación de una etapa, en la cual la maduración en la fe es fundamental. 
El Ejemplo más elocuente de ello es el de san Pablo, que no conoció al Señor físicamente. Sin embargo tuvo la experiencia del resucitado, por medio de una conversión de sus actitudes. 
Cada creyente que camina por el desierto cuaresmal, debe aspirar a vivir la Pascua como una eclosión de alegría donde se celebre a Cristo con la predisposición de los apóstoles. Y la cuaresma es el camino por medio del cual podemos alcanzar la perfección de nuestra vida cristiana y vocacional, trazándonos –al menos- una trayectoria a seguir con determinación. 
La prueba más hermosa de esta maduración en la fe es la de Abrán (Gn 12,1-4ª); representación de aquella primera comunidad que creyó en Dios y en Él puso su confianza. ¡Sal de tu tierra! invita el Señor a Abrán. 
Una comunidad creyente que maduró en la fe, cuyo simbolismo lo prefigura Dios cambiándole el nombre en Abraham; pues alcanzaron la plenitud a los ojos de Dios conformándose como autentica comunidad creyente. 
Por ello, Abraham también es ejemplo de caminar junto a Dios, aun a pesar de los posibles naufragios. No todo es fácil para la vida del creyente. Sin embargo, es vital confiar en Dios, ponerse en sus manos y anonadarse ante su bondad enorme y su amor sin medida. 
Esa fue la entrega de Jesús, la de su vida por la causa del Reino de Dios, su Padre y tu Padre. Ojalá lleguemos a confiar en Él, hasta el punto de sentirnos como obra suya, de sus manos. Para llegar a la plenitud de nuestras obras, por medio de la transfiguración de nuestro corazón, dando testimonio para sembrar por el mundo la paz y el bien.

fraternalmente, Floren



viernes, 3 de marzo de 2017

EL RESPETO A LA PALABRA DE DIOS


(*) Una de las cosas que más me ha fascinado desde que estudio y escudriño las escrituras, es la gran significación que tiene para otras religiones las palabras sagradas o escritas, valga el magno ejemplo de los judíos. Es impecable el trato que dispensan a las escrituras Sagradas –Sagrada Torah-, a las cuales se les rinde culto, siendo uno de los elementos más significativos para ellos. Cada judío aproximadamente a la edad de doce años alcanza la condición de “Benei Mitzvá” (hijos de los mandamientos), por la cual pueden asistir a la proclamación de las escrituras en la sinagoga. 

Para aclamarla visten el “Talit gadol”, manto de oración del que con total seguridad se deriva la casulla sacerdotal utilizada por los cristianos. Colocan la Palabra en los dinteles de sus casas (Mezuzá), la estudian, besan con devoción y la procesionan. Si bien es cierto que estos no reconocen la llegada del hijo de Dios en carne mortal, a los ojos del mismo Dios al que llamamos Padre, no son menos dignos que los cristianos pues no en balde los llamo Juan Pablo II, “nuestros hermanos mayores en la fe”. 
Y es que cuando decimos Palabra de Dios o Sagradas Escrituras, debiéramos de asumir la enormidad de lo que nombramos y su significancia en la vida de un creyente. Cuando una persona da su palabra, se da a sí mismo. La palabra, en sí misma es un elemento sobre el que poder fiar una actitud o una circunstancia determinada, pues si está dada tu palabra, está presente la voluntad del sujeto aunque este se ausente. 
Dios, en su gran misericordia consideró legarnos su Palabra como un elemento en el que poder escudriñar los distintos episodios y épocas de la vida, en las cuales el hombre y la mujer de cada tiempo se han relacionado con Él. Eso es la Biblia. Es la misma historia de la salvación, por medio de la cual y a través del tiempo y de la historia Dios se ha revelado a la humanidad desde la creación del mundo. El primer testimonio escrito que dio lugar al primer libro de la Biblia no fue el Génesis. El Génesis es el libro primero según el ordenamiento del Canon católico, y fue escrito en el destierro de Babilonia. 
El primer libro escrito de la Biblia fue probablemente el libro de Job (1400 a.C. aprox). Pero si bien es cierto que la Biblia es en su conjunto la Palabra de Dios revelada a los hagiógrafos para nuestro conocimiento; en el episodio del Monte Horeb (Exodo 20,1-17) tenemos la primera iniciativa por parte de Dios para dejarnos su palabra escrita, los famosos diez mandamientos. Las segundas copias de las tablas de piedra junto a una dalmática de Josué, fueron guardadas –por voluntad de Dios- en un arca, a la cual se le rendía culto desde una tienda llamada “del encuentro” (Exodo 25,10ss). 
Por ello, no cabe la menor duda de que Dios siempre ha deseado que no solo observemos su Palabra, sino que la admiremos y le rindamos culto, como elemento fundamental de su presencia entre nosotros, junto a otros elementos sagrados y semejantes a este como es la sagrada Eucaristía. Dios desea que asumamos su Palabra como vida propia nuestra, «meteré mi ley en su pecho, la escribiré en su corazón» (1Reyes 31,33). 

Pero vueltos a la realidad actual, la Palabra de Dios es un elemento que no interesa a los creyentes –practicantes o no-; sino que más bien llega a ser un elemento decorativo que sirve para llenar un espacio de nuestras celebraciones rituales. Si en la actualidad nuestra iglesia tiene serios problemas para hacer atrayente el mensaje y obra de Jesús de Nazaret, no digamos ya la tarea titánica de saber crear entre los creyentes la iniciativa particular o comunitaria de escudriñar y discernir las escrituras para beneficio de la vida del creyente y de la comunidad. “Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Lo he jurado y he de cumplirlo” (Salmo 118,105-106), dice el autor de este Salmo, el cual elabora una gran plegaria de alabanza y súplica a Dios y a su ley. 
Quizás no debiéramos de perder de vista, el uso que muchos antes que nosotros han hecho de la Palabra de Dios. Ella es testimonio vivo de la presencia de Dios entre nosotros, como palabra inspirada y hecha vida desde el mismo Jesús de Nazaret, palabra hecha camino verdad y vida. Me fascina un relato del libro del Génesis que quiero compartir al uso del tema (28,10-13): “Jacob salió de Berbeba y fue a Jarán. Llegando a cierto lugar, se dispuso a hacer noche allí, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso por cabezal y se acostó en aquel lugar. Y tuvo un sueño: soñó con una escalera apoyada en tierra y cuya cima tocaba los cielos, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y vio que Dios estaba sobre ella[…]”. 

Las claves simbólicas son claras y nos pueden enseñar más sobre la relación con Dios, que cualquier predicador o teología concreta. Ese Jacob somos cada uno de nosotros y se nos ofrece un medio para comunicarnos con Dios. Es posible la comunicación entre nuestra tierra y la dimensión celestial de Dios –el Trascendente-, pues la simboliza el subir y el bajar de los ángeles por la escalera; mensajeros de Dios. Por ello, desde tiempo inmemorial Dios se nos ha revelado a través de la historia y su Palabra como un Padre comunicativo que desea encontrarnos en la vida, cercano y accesible. 
¿En qué lugar de culto o templo tiene lugar esta experiencia religiosa de Jacob? En ningún lugar sagrado. El sitio es la propia vida sencilla y vivida y además en la oscuridad del sueño, cuando la persona es más vulnerable. Solo basta esperar en Dios y en querer asumir su palabra de vida: «Dios mío, lo quiero, llevo tu ley en las entrañas» (Sal 40,9). 
Como he dicho son muchos los elementos sagrados que nos llevan a Dios y por medio de los cuales asimilamos su voluntad y nuestra condición de Hijos. En un lugar primordial de nuestra vida de creyentes, debe estar la Palabra de Dios. Significada y dignificada como testimonio de la vida y obra de un Dios, que por amor nos creó. Se nos reveló en la vida y en Jesucristo, y que desea por encima de todo que lleguemos a la salvación de nuestra vida por la propia observancia de Su Palabra. 
Sin mengua de la verdad y de la santidad de Dios, la sagrada Escritura nos muestra la admirable condescendencia de Dios, “para que aprendamos su amor inefable y cómo adapta su lenguaje a nuestra naturaleza con su providencia solícita” (S.Juan Crisóstomo S.IV). 
Hermanos y hermanas de la hermandad del Dulce Nombre, la cuaresma es un tiempo más que oportuno para hacer desierto. No debemos de perder la oportunidad de hacer silencio, de encontrarnos con Dios desde la realidad de nuestro propio yo –con sus luces y sus sombras-. ¿Qué puede obrar la Palabra de Dios en el mundo, si Dios no cuenta con las obras de tus manos? Seamos merecedores de su amor asumiendo su Palabra, rindiéndole culto, considerándole un trato sagrado y oportuno. Ojalá nos lleguemos a decir de una forma plenamente consciente, que para nosotros: “lo mejor es estar junto a Dios” (Salmo 73,28). Buen camino a través del desierto cuaresmal. Un saludo fraterno en Jesús, que es Palabra, camino, verdad y vida.

Florencio Salvador Díaz Fernández

(Estudiante de Teología y Sagrada Biblia)

(*) Publicado en la revista cuaresmal "BLANCA Y COLORÁ" nº 14 Cuaresma 2017.

sábado, 9 de enero de 2016

¿CABALGATA DE REYES, O LA PERVERSIÓN DE UNA TRADICIÓN?

¿Cabalgata de reyes, o la perversión de una tradición?
El espectáculo no tiene parangón en algunos lugares de España, y me atrevo a decir que si fueran preguntados al respecto los propios reyes magos, quizás dirían que: “si llegamos a saberlo ni aparecemos por allí”. El caso es que da la sensación en algunos casos, de que hay una intencionalidad clara por hacerlo todo del revés, para así demostrar que se es más “guay” o más progre, o más de izquierdas o más contracorriente. 
Yo me considero una persona tolerante de amplias expectativas, o progresista si se quiere, y opino categóricamente que la cabalgata de reyes o se ciñe a la realidad o no es cabalgata. 
Son tres hombres y punto, y –según la tradición- se llaman Melchor, Gaspar y Baltasar; pues aunque la Biblia nunca dice sus nombres ni en Mateo (2,1-12) se nombra si son tres o veinte –solo se les nombra como magos en plural-, estos magos representan a las tres grandes civilizaciones paganas de aquellos entonces. 
Todo esto desde la tradición. Ya que desde la historicidad bíblica “es sabido que el relato de los Magos no pasa de ser una leyenda, redactada además de una manera inverosímil” (José Mª Castillo-Teólogo). Pero es una bella tradición que podrá gustar o no gustar, pero él no participar de ella no significa que haya que alterarla. 
Casi toda la sociedad participa de esta fiesta que implica la ilusión y alegría, sobre todo de los más pequeños que tienen idealizada la figura de los tres reyes magos. A mi particularmente me da igual la indumentaria más o menos clásica o modernista, mientras los niños vean a los reyes. Incluso admito –como no podía ser de otra manera- que sean mujeres las que se vistan de reyes, con su posible voluptuosidad, ¡claro que si! 
Pero pretender hacer pasar a tres mujeres con cara descubierta, traje de fantasía y sendos tocados a juego colocados en el pelo, me parece un despropósito que ralla en el ridículo más absoluto, pues esta tradición de los reyes no se puede manipular desde su esencia. El ser humano es muy creativo y por ello confío en que quienes gustan de hacerlo todo del revés, busquen o creen espacios adecuados para instalar otra posible tradición paralela a esta. 

Pero que no moleste, ni estorbe ni pretenda enmendar o sustituir. 
Acabo. Como creyente y como ciudadano si me apena algo, y es lo siguiente. Aunque es reconocido como un personaje histórico en Jesús de Nazaret se podrá creer o no creer, pero lo que es curioso es que se lie semejante lio con la cabalgata de reyes, y se omita el mensaje que encierra la tradición y el misterio de la EPIFANÍA –manifestación del Hijo-. 
Y este mensaje es el siguiente: que los valores que Jesús de Nazaret trajo al mundo y sigue trayendo, son asumibles por toda persona de buena voluntad sea cual sea su religión o condición. Porque superan la dimensión de toda religión por su universalidad, ya que Jesús nos enseña que Su prioridad es la dignidad personal, el servicio a los necesitados, la ayuda a los pobres y la asistencia a los enfermos.
 HUMANIDAD al fin y al cabo. HUMANIDAD de la que tanta falta nos hace y de la que se hacen eco tantos partidos políticos. Y mientras, por aquí nos seguimos peleando a modo de policías y ladrones, pervertimos una tradición haciéndola pasar por un jocoso carnaval y dejamos de lado lo principal; que lo más importante y necesario es la PERSONA. Sin el ser humano no existe, ni Jesús, ni Dios ni nada. Esa es la realidad.

Feliz año. Sereno año. Vive y deja vivir.

Atte. Floren.   

Posdata para el ámbito local de mi pueblo Estepa. Sres/as. Miembros de la comisión de festejos y sr. Alcalde; el ser rey Mago es un honor que debe de estar al alcance de cualquier estepeño o estepeña. No solo los industriales o personas acomodadas pueden serlo. Hay que equilibrar la designación de los reyes para que toda la ciudadanía pueda acceder a ello, si se quiere. Y si alguien quiere o puede serlo y es humilde, pues se le apoya de manera más significativa. OK? pues eso.

miércoles, 18 de marzo de 2015

JESÚS Y EL "CHICO" HOMOSEXUAL: Mt 8, 5-13 par (Ariel A. y Xavier Pikaza)

Viene de: http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2015/03/17/p365991#more365991
RD ha publicado hace unos días la noticia de que el Papa Francisco nombrará un coordinador para la investigación de la pederastia clerical en España. En ese contexto se sigue planteando en algunos medios no sólo el tema de la pederastia (que es un crimen), sino el de la homosexualidad(que es una conducta afectiva y sexual).
En principio esos temas no tienen relación ninguna, pues la pederastia puede darse lo mismo entre homo- como entre hetero-sexuales (aunque en ciertos ambientes cerrados ha podido darse más entre homosexuales).
Pero, a fin de plantearlos mejor, en clave de evangelio, me parece conveniente recoger en este portal un trabajo que mi amigo Ariel Álvarez Valdés acaba de publicar sobre el milagro de Jesús con el “amante” del Centurión de Cafarnaúm. Es difícil mejorar lo que Ariel dice pero, dado que me cita (he desarrollado el tema en algún lugar de mi Diccionario de Biblia y en un Blog de RS21, año 206), publicaré tras el estudio de Ariel mi propio y pequeño trabajo sobre el tema.
Gracias, Ariel, una vez más, por admitir mi compañía en este portal de RD.
¿HIZO JESÚS UN MILAGRO A UN HOMOSEXUAL?
Las iglesias cristianas suelen condenar de manera terminante la práctica homosexual. La consideran un acto intrínsecamente desordenado e inaceptable. El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, por ejemplo, la califica de grave depravación, y de triste consecuencia del rechazo a Dios (nº 2357). Y algunos teólogos protestantes, como Kart Barth, la han llamado “fenómeno perverso” y “una inversión del orden natural de la creación”. A su vez, todos dicen oponerse a ella basándose en la Biblia.
Ahora bien, resulta curioso que en los Evangelios no exista ninguna frase o enseñanza de Jesús sobre el tema, algo sumamente llamativo porque la homosexualidad era un fenómeno bastante extendido en la cultura greco-romana de su tiempo. Los poetas la ensalzaban en sus obras; la sociedad la toleraba como un hecho habitual; y Palestina estaba rodeada e impregnada de esa cultura. Basta ver un mapa del país para comprobar que existían unas 30 ciudades griegas en su territorio.
¿Cómo es que Jesús no opinó o aludió nunca a esa cuestión?
Un número creciente de biblistas, como T. Horner (1978), M. Gray-Fow (1986), G. Theissen (1987), D. Mader (1992), J. E. Miller (1997), T. D. Hanks (2000), T. Jennings (2004), T. Benny Liew (2004), R. Goss, y X. Pikaza (2006), sostienen que no hallamos en los Evangelios referencias a ella porque Jesús nunca condenó expresamente la homosexualidad. Y para ilustrarlo, afirman que una vez le hizo un milagro a un homosexual sin cuestionar su condición. El favorecido fue un centurión de Cafarnaúm (Mt 8,5-13).
Tierra de dos gobiernos
Este hombre es uno de los personajes más impresionantes del Evangelio. Se trata del único militar que acude a Jesús. El único que le pide un milagro a distancia. El único que le contó una parábola. Y el único al que Jesús alabó por tener la fe “más grande” de todo Israel (Mt 8,10), colocándolo así por encima de sus discípulos y de la virgen María.
El relato comienza diciendo que cierto día en que Jesús se hallaba en Cafarnaúm, se le acercó un centurión para rogarle: “Señor, mi muchacho está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente” (Mt 8,6).
En aquella época, Palestina contaba con dos clases de ejércitos. Uno era el de Roma, ya que el país estaba sometido a su dominio desde hacía muchos años. El Nuevo Testamento menciona a varios de sus integrantes: el soldado (Mc 15,16), el centurión (Mc 15,39), el tribuno (Jn 18,12), la cohorte (Jn 18,3), la caballería (Hch 23,23). Todos ellos dependían del gobernador romano Poncio Pilato.
Pero Pilato sólo administraba el centro y sur del país (Samaria, Judea e Idumea), y sólo allí estaban sus tropas, mientras que el milagro de Jesús ocurrió en Cafarnaúm, es decir, al norte. Por lo tanto, este militar no pertenecía al ejército de Pilato. Formaba parte del regimiento provinciano de Galilea, que protegía esa región, y dependía del tetrarca Herodes Antipas. Aunque más modesto y reducido que el romano, estaba organizado a semejanza de éste, tanto en su estructura, como en su jerarquía y su disciplina. Sus integrantes eran en su mayoría paganos, y de cultura griega. De hecho, Mateo indica expresamente que el militar que fue a verlo no era judío (Mt 8,10).
Ni hijo ni sirviente
Este oficial tenía el grado de “centurión”. Así se llamaban los que estaban al frente de una centuria, es decir, cien soldados. Tenía, pues, una categoría alta dentro del ejército herodiano.
La presencia de un funcionario de esa jerarquía en Cafarnaúm es comprensible. La ciudad se hallaba en la frontera internacional, a sólo 5 kilómetros del límite entre Galilea y Galaunítide. Además, la atravesaba una de las rutas comerciales más importantes del país. Por eso estaba protegida por una centuria. El centurión era la máxima autoridad civil de la ciudad.

Según Mateo, el militar se presentó ante Jesús y le rogó que curara a un joven paralítico que estaba en su casa y sufría mucho. ¿Quién era el enfermo? Mateo no lo dice. Sólo lo identifica con la palabra “páis”, término griego que significa “joven”, “muchacho”. Algunas Biblias lo traducen por “sirviente”. Pero es un error, porque cuando Mateo se refiere a un sirviente usa la palabra “doúlos”. Así por ejemplo, en este mismo episodio el centurión le dice a Jesús: “cuando le pido a mi sirviente (doúlos)que haga algo, lo hace” (v.9). Evidentemente el muchacho no era un sirviente. Otras Biblias prefieren traducirlo por “hijo”. Pero tampoco es correcto, porque Mateo para hablar de un hijo emplea el término “houiós”, como se ve también en este episodio (v.12). Nunca, de las 26 veces que Mateo utiliza la palabra “páis”, se refiere a un “hijo”.
Existe además una razón histórica que impide traducirlo por “hijo”. Y es que los centuriones tenían prohibido casarse y tener hijos mientras prestaban servicio en el ejército. Sabemos que hacia el año 13 a.C. el emperador Augusto prohibió mediante una ley a los soldados que estaban por debajo del grado de oficiales senatoriales y ecuestres (incluidos los centuriones) tomar esposa y formar una familia. La prohibición fue levantada en el 197 d.C. por el emperador Septimio Severo. Por lo tanto, el muchacho paralítico no podía haber sido hijo del centurión.
Por un sueldo superior
Si el joven enfermo no era ni sirviente ni hijo del centurión, ¿qué relación tenía con él? Existe un tercer sentido de la palabra “páis” (muchacho), conocido gracias a los estudios de la literatura clásica, y es el de “amado” o “favorito” en una relación homosexual. Se lo llamaba “muchacho” afectuosamente, aun cuando fuera adulto.
En efecto, historiadores griegos como Tucídides (s.V a.C.), Jenofonte (s.IV a.C.), Calímaco (s.III a.C.), Polieno (s.II a.C.) y Plutarco (s.I), cuentan cómo ya en aquel tiempo los comandantes griegos solían tener sus jóvenes amantes (“páis”) dentro del ejército, con los cuales convivían. Algunos describen incluso las peleas que a veces se daban entre los oficiales por “algún muchacho bello en el que un soldado había puesto su corazón”. Otros autores e historiadores romanos como Plauto (s.III a.C.), Valerio Máximo (s.I), Marcial (s.I) y Tácito (s.II) narran historias de oficiales de la legión romana que tenían soldados como amantes, y dan hasta los nombres de ciertos centuriones afectos a esas prácticas.
El término “páis”, pues, en el ambiente castrense antiguo, era comúnmente utilizado para referirse al joven amante de una pareja homosexual.
Que semejante práctica se hallaba muy extendida, lo confirma un reciente estudio arqueológico realizado en un campamento romano del siglo I, en Vindolanda (Inglaterra). Los restos hallados en algunas de las habitaciones excavadas, han llevado a los arqueólogos a exclamar que éstas se asemejaban más a un burdel masculino que a un cuartel.
Esto corrobora que en el ejército romano (y sin duda también en el de Herodes) los centuriones y demás superiores convivían con jóvenes amantes; lo cual les era facilitado porque recibían una paga superior a la del resto de los soldados, y dormían en cuarteles más amplios.
Fuera de casa es mejor
Es posible, entonces, que el joven por el que viene a interceder el centurión sea su propia pareja. Si esto es así, se aclara un detalle difícil de explicar, y es por qué un militar de su rango se toma el trabajo de ir personalmente a implorar a Jesús por un simple sirviente. Pero al ser una persona afectivamente importante para él, la dificultad desaparece.
También se aclara otro punto oscuro del relato, y es la negativa del centurión a que Jesús vaya a su casa. En efecto, cuando Jesús quiere ir a curar al enfermo, sorpresivamente el centurión se lo impide y le dice: “Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que digas una palabra y mi muchacho se sanará” (Mt 8,7-8).
¡Qué reacción tan insólita! Todo el mundo quería que Jesús tocara a sus enfermos y les impusiera las manos. Algunos incluso los llevaban cargando con grandes sacrificios, como los cuatro amigos que descolgaron por el techo a un paralítico (Mc 2,1-12), o el padre que llevó a su hijo en medio de convulsiones (Mc 9,14-27). Y cuando era imposible llevarlo, le pedían que Jesús fuera a su casa, como Jairo cuando se moría su niña (Mc 5,21-24), o la mujer griega con su hijita endemoniada (Mc 7,24-26). Pero que alguien se oponga a que Jesús vaya a ver a un enfermo, es algo inaudito en el Evangelio. ¿Qué razón poderosa movió al centurión a obrar de esa manera?
Según sus propias palabras, él no era digno. Pero no explica porqué. Ahora bien, sólo una razón de tipo moral puede justificar semejante indignidad. Y debió de haber sido la vergüenza de llevar a Jesús a donde convivía con su joven amante, sabiendo que los judíos rechazaban enérgicamente la práctica de la homosexualidad.
Que lo arregle una embajada
La versión de este milagro, que encontramos en el Evangelio de Lucas, reafirma en cierto modo tal interpretación (Lc 7,1-10). Este evangelista, al contar el episodio, debió hacerle algunos cambios para evitar el escándalo de sus lectores.
En primer lugar, viendo que la palabra “páis” (“joven”) tenía connotaciones sexuales, prefirió reemplazarla por el término griego “doúlos”, presentando así al joven como “sirviente” del centurión. Pero con este cambio creó un problema: ¿cómo era posible que un militar de su categoría se interesara por un simple esclavo?
Para solucionarlo, añadió que era un sirviente “muy querido” (v.2). Además agravó la enfermedad del muchacho: en vez de decir que estaba paralítico, dijo que se estaba muriendo (v.2). Con todo esto, pretendía justificar la urgencia del centurión. Pero de nuevo uno se pregunta: ¿por qué quería tanto a su sirviente, al punto de abandonar sus obligaciones militares e ir personalmente a buscar a alguien que lo curara?
Comprendiendo la nueva dificultad que había provocado, decidió hacer un segundo cambio y decir que no fue el centurión quien salió a buscar a Jesús, sino que mandó una delegación de judíos para que lo buscara en su nombre.
Atenuando la humillación
Estas modificaciones operadas por Lucas en su relato generaron un tercer inconveniente. Ahora el centurión no tiene problemas de que Jesús vaya a su casa. Pero si Jesús va, pierde fuerza el sentido del milagro, cuyo centro es la fe del centurión en el poder a distancia de Jesús. Entonces Lucas resolvió agregar una segunda embajada del centurión, para detener a Jesús y que no llegara a su casa (v.6). ¡Una evidente incoherencia, ya que dos versículos antes le había rogado que fuera!
Cuando llega la primera embajada ante Jesús, resulta curioso ver cómo en vez de pedirle que vaya a curar al joven (que era lo esperable), comienza a alabar al centurión y a decir que es un hombre “digno” (v.4). ¿Por qué? Es que Lucas, sabiendo que más adelante llegará la segunda embajada del centurión diciendo que no es digno de que vaya a su casa, lo hace alabar de antemano, con el fin de alejar cualquier sospecha de indignidad moral del militar.
De este modo, con modificaciones, incoherencias, marchas y contramarchas, Lucas pudo rescatar el episodio para sus lectores.
Ahora es otro el que no quiere
Una tercera versión de este milagro la encontramos en el Evangelio de Juan (Jn 4,46-53). Y también él debió realizar cambios para evitar la posible turbación de sus destinatarios.
Ante todo, al igual que Lucas suprimió la palabra “páis” por las connotaciones sexuales que podía tener, y en su lugar empleó el término griego “huiós”, convirtiendo así al joven en “hijo” del centurión.
Pero el evangelista sabía que eso no era posible, porque los militares no solían tener hijos ni vivir con sus familias hasta después de licenciarse. Entonces tuvo que reemplazar al centurión por un “funcionario real”, es decir, por un empleado de la corte del gobernador Herodes Antipas. Así, transformó al soldado pagano y de costumbres sospechosas en un judío (como se deduce del v.48).
Al tratarse ahora de un judío, cuya moral no encerraba escándalo alguno, el Evangelio de Juan no tiene ya motivos para que el funcionario no quisiera recibirlo en su casa. Pero si Jesús va, no podrá curarlo a distancia, que es el objetivo del relato. Entonces dice Jesús mismo se niega a ir. ¿El motivo? Porque el funcionario, como buen judío, sólo quiere ver signos maravillosos. Y le pide que regrese a su casa confiando en la sanación de su hijo. Ahora ya no es el hombre el que muestra una fe prodigiosa, sino Jesús el que le pide una fe prodigiosa.
Una terrible palabra
Mateo parece haber conservado, en su Evangelio, el recuerdo de un milagro a un homosexual, retocado más tarde por Lucas y Juan. Y llama la atención el silencio de Jesús ante su condición. No lo reprende por su forma de vida, ni lo rechaza, ni lo condena. Lo cual no significa que Jesús estuviera a favor de la homosexualidad, ni que la fomentara. Simplemente no la juzgó. No entró en cuestiones de sexualidad, seguramente por considerarlas de índole privada.
Lo mismo hizo el día que una prostituta se echó a sus pies llorando y buscando el perdón. Le dijo: “Tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lc 7,50). No le dijo: “no peques más”, como le ordenó a la adúltera (Jn 8,11). Le otorgó el perdón sin meterse en su vida sexual, ni condicionarla a que cambiara de profesión. Quizás prudente ante la posibilidad de que aquella pobre mujer no tuviera otra forma de ganarse la vida. Muchas vivían en aquel tiempo en condiciones sociales deplorables, a veces impuestas por la sociedad, y Jesús no interfirió en lo que tal vez era su único medio de subsistencia.
Asimismo en el sermón de la montaña Jesús prohibió reírse de las minorías sexuales. Allí enseñó: “Todo el que diga a su hermano «raka» será condenado por el Sanedrín” (Mt 5,22). Las Biblias suelen traducir esa palabra por “insensato, necio”. Pero no parece ser ése el sentido. Jesús llama insensatos y necios a los fariseos (Mt 23,17), y es absurdo que después prohíba usar esa palabra. En realidad rakaderiva del arameo “reqa”, que significa “suave, blando, tierno” (Gn 18,7; 29,17; 33,13), y aludía a las personas afeminadas. Lo que Jesús dijo, entonces, fue: “Todo el que le diga a su hermano «maricón» será condenado por el Sanedrín”.
Por el sol y por la lluvia
Resulta asombroso ver lo tolerante que fue Jesús con las personas y grupos marginados de su tiempo: pecadores, mujeres, cobradores de impuestos, samaritanos, prostitutas, locos, extranjeros, endemoniados, homosexuales. Hasta llegó a comer con ellos (Mc 2,15), lo que en su cultura era la forma suprema de unión con esa gente.
Su tolerancia llegó a escandalizar a muchos (Lc 15,1), porque esas personas estaban condenadas por la religión de su tiempo. Pero Jesús tenía en claro que, entre lo religioso y lo humano, sólo lo humano es intocable y fundamental. A veces por salvar los derechos de la religión hemos vulnerado los derechos humanos. Por defender un dogma hemos quemado al hereje. Por cuidar la moral hemos despreciado al homosexual. Por preservar una ética hemos apedreado a la adúltera.
Ciertamente la tolerancia entraña sus peligros, y puede hacer creer que todo vale y que todo está bien. Pero para Jesús más peligroso aún era humillar a una persona por motivos religiosos, ya que con ello se justifica un sectarismo que convierte la vida en opresiva, despótica e injusta. Y esto hace más daño que cualquier idea religiosa desviada.
Jesús enseñó que el Padre que está en los cielos no hace diferencias con sus hijos. Que “hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45). Todos necesitan el sol de nuestro amor, y precisan la lluvia de nuestro respeto. Y si queremos parecernos al Padre del cielo, como Jesús lo ordenó, debemos aceptar a quienes son diferentes, sin humillarlos ni querer cambiarlos. Y mucho menos en nombre de Dios.
JESÚS SANA AL AMANTE DEL CENTURIÓN 
Xabier Pikazahttp://21rs.php/2006/05/25/jesus-sana-al-amante-del-centurion
En tiempos de Jesús, había en Palestina dos tipos de soldados oficiales (dejando a un lado a los posibles celotas o soldados-guerrilleros al servicio de la liberación judía).
Unos eran los del ejército romano propiamente dicho, que dependían del Procurador o Prefecto (Poncio Pilatos), que gobernaba de un modo directo sobre Judea y Samaría. Otros eran los del tetrarca-rey Herodes Antipas, que gobernaba bajo tutela romana en Galilea (y los de su hermano Felipe, tetrarca de Iturea y Traconítide, al otro lado de la frontera galilea).
El Prefecto romano contaba con unos tres mil soldados de infantería y algunos cientos de caballería, acuartelados básicamente en Cesarea, que solían provenir del entorno pagano de Palestina y funcionaban como ejército de ocupación. De todas formas, no era frecuente verlos en la calle o en los pueblos, ni siquiera en Jerusalén, donde gobernaba el Sumo Sacerdote y su consejo, con la ayuda de algunos miles de «siervos» o soldados de la guardia paramilitar del Templo. De todas formas, en los tiempos de crisis o en las fiestas, el Prefecto romano subía a Jerusalén y se instalaba en la Fortaleza Antonia, junto al templo, desde donde controlaba el conjunto de la ciudad.
Probablemente residía allí una pequeña cohorte destacamento militar, pero no se mezclaba en la vida civil y religiosa de la ciudad.
El Rey (=Tetrarca) Herodes Antipas gobernaba en Galilea, bajo control de Roma, pero con una gran autonomía. Tenía que proteger las fronteras y mantener el orden dentro de su territorio, pagando un tributo a Roma. Para ello tenía sus propios soldados, organizados como los de Roma.
En caso de necesidad, los soldados romanos tenían que ayudar a los de Herodes y los de Herodes ayudar a los romanos. Según eso, en Galilea no existía un «ejército de ocupación», ni tampoco un dominio directo de Roma, aunque muchos «nacionalistas galileos», partidarios de un estado israelita, consideraban a Herodes como a un usurpador y a sus soldados como ejército opresor. Por otra parte, es normal que los soldados de Herodes fueran también de origen pagano, como los de Poncio Pilato, aunque podían ser también judíos.
Desde ese fondo han de entenderse algunos pasajes del evangelio que hablan de la relación de Jesús y de sus seguidores con soldados. El texto más significativo es aquel donde se dice a los creyentes que superen la actitud del «ojo por ojo y diente por diente», propia de los ejércitos del mundo, para añadir: «No resistáis al que es malo (al mal); por el contrario, si alguien te hiere en la mejilla derecha, ponle también la otra...; y al que te obligue a llevar la carga por una milla llévasela dos» (Mt 5, 39-40).
Estas últimas palabras se refieren al servicio obligatorio que las fuerzas del ejército (de Herodes o Pilato) podían imponer sobre los súbditos judíos: obligarles a llevar cierto peso o cargamento a lo largo de una milla. Pues bien, en vez de pregonar la insurrección o la protesta violenta, Jesús pide a los oyentes que respondan de manera amistosa a la posible violencia de los soldados. Esta es su forma de (no) oponerse al mal, para vencer la perversión del mundo a través de un gesto bueno. Jesús no condena a los soldados imperiales: quiere enfrentarles ante el don del reino, enriquecerles con la gracia del Padre que es bueno para todos (cf. Mt 5, 45).
En este fondo se sitúa su relación con el centurión que tiene un amante enfermo y que pide a Jesús que le cure (Mt 8, 5-13 par.). La escena ha sido elaborada por la tradición en el contexto de apertura eclesial a los paganos, pero en su fondo hay un relato antiguo (transmitido al menos por el Q; cf. Lc 7, 1-10; Jn 4, 46b-54). Jesús no ha satanizado a los soldados, ni ha querido combatirlos con las armas, sino que ha descubierto en ellos un tipo de fe que no se expresa en la victoria militar, sino en la curación del amigo enfermo:
Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, que le rogaba diciendo: «Señor, mi amante (pais) está postrado en casa, paralítico, gravemente afligido». Jesús le dijo:«Yo iré y le curaré». Pero el centurión le dijo: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi siervo sanará, pues también yo soy hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este "ve" y va y al otro "ven" y viene; y a mi siervo "haz esto", y lo hace». Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes». Entonces Jesús dijo al centurión: «Vete, y que se haga según tu fe». Y su amante quedó sano en aquella misma hora (Mt 8, 5-12).
Este es un soldado con problemas. Es un profesional del orden y obediencia, en el plano civil y militar, un hombre acostumbrado a mandar y a ser obedecido. Es capaz de dirigir en la batalla a los soldados, decidiendo así sobre la vida y la muerte de los hombres. Pero, en otro nivel, es un muy vulnerable: padece mucho por la enfermedad de un siervo amante. Pero antes de seguir será preciso que nos detengamos y preguntemos sobre la identidad de este pais del centurión, que hemos traducido como «amante».
Esa palabra (pais) puede tener tres sentidos, siervo, hijo y amante (casi siempre joven), y puede resultar escandalosa. El texto paralelo de Jn 4, 46b evita el escándalo y pone huios (hijo), en vez de pais; pero con ello tiene que cambiar toda la escena, porque los soldados no solían vivir con la familia ni cuidar sus hijos hasta después de licenciarse; por eso, el centurión aparece aquí como un miembro de la corte real de Herodes (un basilikós). También Lc 7, 2 quiere eludir las complicaciones y presenta a ese pais como doulos, es decir, como un simple criado, al servicio de centurión; con eso ha resuelto un problema, pero ha creado otro: ¿es verosímil que un soldado quiera tanto a su criado?
Por eso preferimos mantener la traducción más obvia de pais dentro de su contexto militar.
En principio, el centurión podría ser judío, pues está al servicio de Herodes, en el puesto de frontera de su reino o tetrarquía (Cafarnaúm). Pero el conjunto del texto le presenta como un pagano que cree en el poder sanador de Jesús, sin necesidad de convertirse al judaísmo (o cristianismo). Pues bien, como era costumbre en los cuarteles (donde los soldados no podían convivir con una esposa, ni tener familia propia), este oficial tenía un criado-amante, presumiblemente más joven, que le servía de asistente y pareja sexual. Este es el sentido más verosímil de la palabra pais de Mt 8,6 en el contexto militar. Ciertamente, en teoría, podría ser un hijo o también un simple criado (como suponen los paralelos de Juan y Lucas). Pero lo más sencillo y normal es que haya sido un amante homosexual, alguien a quien otros libros de la Biblia (quizá Rom 1, 24-27) habrían condenado.
Pero, gracias a Dios, como sabemos por el texto siguiente («¡cargó nuestras enfermedades...!»: Mt 6, 17), Jesús no era un moralista, sino un mesías capaz de comprender el amor y debilidad de los hombres (en el caso de que el amor homosexual lo fuera). Jesús sabe escuchar al soldado que le pide por su amante y se dispone a venir hasta su casa-cuartel (¡bajo su techo!), para compartir su dolor y ayudarle. Hubiera ido, pero el oficial no quiere que se arriesgue, pues ello podría causarle problemas: no estaba bien visto ir al cuartel de un ejército odiado para mediar entre dos homosexuales; por eso le suplica que no vaya: le basta con crea en su dolor y diga una palabra, pues él sabe lo que vale la palabra. Jesús respeta las razones del oficial, acepta su fe y le ofrece su palabra. El resto de la historia ya se sabe: Jesús cura al siervo-amigo homosexual y presenta a su amigo-centurión como signo de fe y de salvación, sin decirles lo que deberán hacer mañana. Es evidente que no exige, ni quiere, que rompan su amor, sino que lo viven en fe y amor de Reino.