CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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viernes, 29 de diciembre de 2017

BELÉN: PARADA SIN FONDA - DOLORES ALEIXANDRE






(*) Belén fue solo un lugar de tránsito, una parada imprevista en el itinerario de los dos forasteros que buscaron refugio en una de sus cuevas. No lo habían elegido: se lo impusieron unas circunstancias inesperadas y no sabían que aquel lugar de estancia breve sellaría para siempre al que venía a estar entre nosotros como uno de tantos.
Y es que si iba a vivir sin tener donde reclinar la cabeza, más valía que se fuera acostumbrando. Si iba a moverse entre los que no tenían nada seguro, mejor que se hiciera pronto aprendiz de intemperies. Si iba a caminar expuesto y sin defensas, una cuadra era un buen lugar para ensayar esa extraña manera de vivir sin abrigo.
Si venía a buscar a los más olvidados, mejor que estuviera al alcance de los que se parecían tanto a la gente de los que se iba a rodear después. Si iba a poner del revés el lenguaje de la ganancia y de la pérdida, convenía que supiera por experiencia lo que decía. Si iba a confiar perdidamente en Dios, que supiera pronto que eso no le eximía de probar el desamparo. 
Si iba a morir desnudo en una cruz, estaba bien que tiritara antes como recién nacido en una noche con frío. Si cuando muriera iban a envolver su cuerpo en un lienzo, mejor que probara antes el roce de unos pañales. Si iba a hacerse él mismo banquete, Belén anticipaba el sabor del pan en la alegría de la mesa compartida.

Recién llegado a nuestra humanidad y portador ya para siempre de las marcas que deja un nacimiento intempestivo. Si de adulto un quiromante le hubiera leído la palma de la mano, le habría augurado: “La línea de la vida, corta; la de la suerte, aventurada y peligrosa; la del corazón, desmesurada”.
A la larga, fue una buena ventura no encontrar sitio en la posada. Qué feliz culpa la de aquel posadero: les cerró la entrada para impedir que entraran y no sabía que estaba abriendo para nosotros las puertas de tanta dicha.
(*) Viene de: http://blogs.periodistadigital.com/un-grano-de-mostaza.php/2017/12/27/belen-parada-sin-fonda

viernes, 23 de junio de 2017

LA ESTUPIDEZ TIENE SUS CONSECUENCIAS

"¿Cuando nos vamos a enterar que Dios es un Todo y que responde al amor, el respeto y la fraternidad antes que a cualquier nombre?"
Usted que lee estas letras, ¿es posible que crea una ofensa a la ciudadanía, a Dios, su Madre o lo que sea; el hecho de que una comunidad musulmana se reúna en la calle para rezar? Sí, para rezar. No se reunieron para poner una bomba, molestar ni nada por el estilo. Sino para hacer una de las cosas más inofensivas que hay en el mundo, orar. 

El problema –que puede ser un problema social para algunos- es que los que rezaban eran musulmanes y el sitio donde rezaban llevaba el nombre de la virgen, como muchas calles de nuestros pueblos. Pues esto ha sucedido hace unas semanas en Granada[1]. Y para colmo del asunto, un grupo de católicos que no quiero calificar, hicieron una convocatoria para rezar un rosario de desagravio en el lugar donde antes rezaron los musulmanes. 
Una acción de desagravio tiene lugar cuando hay una ofensa o se ha producido una situación violenta o de otra índole que ha perturbado el sentido del lugar, la paz social…etc; pero insisto, los musulmanes lo que hicieron fue rezar. Hay que reseñar que el arzobispado de Granada se desvinculó de este rezo del rosario de desagravio, menos mal[2]. 
Lo que está claro es que hay personas, aunque no demasiadas gracias a Dios, con capacidad para crispar y hacer de su creencia un vehículo a través del cual politizar situaciones. ¿Acaso el espacio público solo lo pueden ocupar las procesiones de nosotros los católicos? ¿Cuando nos vamos a enterar que Dios es un todo y que responde al amor, el respeto y la fraternidad antes que a cualquier nombre? ¿Cuándo nos vamos a convencer de que no es posible dar culto a Dios si no se antepone a cualquier situación el respeto y la dignidad humana? 
Para eso vino Jesús al mundo como la revelación de Dios, para ser carne de nuestra carne y uno de los nuestros a todos los efectos. Lo preocupante de estas cosas es que pueden dar lugar a situaciones desagradables aunque sean aisladas, por suerte. Hoy es noticia la agresión a una religiosa en la misma ciudad de Granada. La mujer iba de seglar, o sea no iba vestida de monja pero el agresor pudo conocerla. La agredió “por ser monja”. Nunca el fin justifica los medios y menos aun si la situación es violenta. 
No sé por qué este hombre actuó así con esta mujer inocente e indefensa, pero cuando los ánimos están crispados puede que haya personas que pretendan tomarse la revancha de esta manera deplorable e injusta, haciendo pagar justos por pecadores, como pasa casi siempre. Insisto en algo, el catolicismo tiene que convivir en paz y armonía con otras confesiones religiosas. Se terminaron los tiempos de conquista y consagraciones de pueblos y ciudades. Cada cual debe actuar desde el respeto y el bien común, y ya esto es motivo suficiente para que todos –creamos en lo que creamos- tengamos un punto de encuentro. Trabajemos por la paz, sobre todo por la paz interior. Fraternalmente, Floren.
p.d. al final del artículo en el enlace de ATRIO, se encuentra una manifiesto muy interesante de las COMUNIDADES CRISTIANAS POPULARES DE GRANADA

ORACIÓN DESDE EL RESPETO A LA FE
Señor y Padre bueno que nos amas y nos buscas;
nos afanamos en ponerte nombres,
Señor, Yahvé, Allah, Dios, Jehovah;
en invocarte de tal o cual manera,
pero Tú siempre estás ahí, junto a todos.
Tu bondad de Padre nos hace ser conscientes
de lo que verdaderamente merece la pena en la vida.
Que nuestro afán por adorarte se traduzca
en servicio y fraternidad a la comunidad humana,
tal y como nos lo enseñó tu Hijo Jesús.
Que en sus ojos encontremos
el camino hacia la sinceridad, la bondad
y la entrega por la causa de tu Reino,
respetando siempre a los hermanos y hermanas
que pertenecen a otras confesiones religiosas.
Mantenlos a ellos también ante tu mirada
y concédenos a todos tu Santo Espíritu
para que nunca dejemos de trazar senderos de paz, amén.

martes, 1 de diciembre de 2015

EL ISLAM Y LA HUMANIDAD "Matar a una persona es igual a matar toda la humanidad"

Reproduzco este artículo de RELIGIÓN DIGITAL, que me ha parecido muy sugerente sobre los conceptos reales que atesora el Sagrado Corán, libro que estudié de manera superficial cuando estudiaba teología y cuyo contenido me pareció fascinante. Este libro, como la Biblia tiene elementos para ofender a todo el mundo; pero en esencia son libros de vida que deben ser interpretados desde y solo por la vida.
atte. Floren.

"Matar a una persona es igual a matar toda la humanidad"

El islam enseña la humanidad incluso durante la guerra

(Malik Tariq Mahmood, Misionero de la comunidad Ahmadía Intl. del Islam en España).- En este artículo pongo versículos del Sagrado Corán que son muy fáciles de comprender sin comentarios. Matar a una persona es igual a matar toda la humanidad 

Dios, el Clemente, afirma en el Sagrado Corán:
"Quien matara a una persona - salvo que fuera por asesinar a otra persona o por sembrar la discordia en el país -sería como si hubiese matado a toda la humanidad; mas quien diera la vida a uno sería como si hubiese dado la vida a toda la humanidad."(5:33)

El islam no permite emplear la fuerza en los asuntos religiosos
"No ha de existir coacción en la religión." (2:257)
El islam obliga hacer justicia incluso durante la guerra

...Y no dejes que la enemistad de un pueblo que os ha impedido acceder a la Mezquita Sagrada, os incite a tratarlos con injusticia. Al contrario, ayudaos mutuamente en las cosas buenas de la vida y en todas las cosas que se basen en el temor de Al-lah. Sin embargo, no os ayudéis mutuamente en el pecado y la transgresión... (C.5: Al-Maidah: 3)
Y luchad en la causa de Al-lah contra los que luchan contra vosotros, pero no seáis transgresores. En verdad, Al-lah no ama a los transgresores. (2:191)
El islam no permite atacar primero
Se da permiso para combatir a los que han sido combatidos, porque han sido perjudicados. (22:40)
El islam respeta a todas las religiones
En verdad, quienes han creído en Mohammad, y los judíos, y los sabeos, y los cristianos: quienes creen en Al-lah y en el Ultimo Día y hacen buenas obras, sobre ellos no recaerá el temor ni serán afligidos (C.5: Al-Maidah: 70)
El islam aboga la libertad religiosa
Diles: "Es la verdad de vuestro Señor: por tanto, el que quiera creer, que crea, y el que no quiera creer, no crea". (18:30)
Para vosotros vuestra religión, y para mí mi religión. (109:7)
El Santo Profeta Muhammadsaw dice que el verdadero musulmán es aquel de cuya lengua y manos todos amantes de paz estén a salvo. (Al-Bujari y Al-Muslim)
Deberes y obligaciones de los musulmanes durante y después de la guerra
A la ocasión de la conquista de la propia patria, la Meca, El profeta Muhammad perdonó a todos que habían matado a cientos de musulmanes durante 22 años permitiéndoles quedar con su propia religión. Las normas de la batalla defensiva que puso son las siguientes.
No ser el primero en atacar ni atacar durante la noche.
Invitar al enemigo hacia la paz antes de la batalla. Cuando no quede otra opción que la guerra, entonces, no matar a las mujeres, los niños, los ancianos, los enfermos y las personas dedicadas a cualquier religión, es decir: padres, monjes y monjas, rabinos etc. 
Luchar solo contra los que luchen con vosotros.
Proteger las iglesias, los monasterios y otros oratorios.
No destruir las poblaciones, no cortar los jardines ni las cosechas; ni tampoco mutilar a nadie. Cabe mencionar aquí que los no musulmanes cometían todas estas atrocidades contra los musulmanes.
Derechos de los presos
El Profeta ordenó a los musulmanes que, desde el campo de la batalla hasta Medina, se turnaran con los presos de guerra para cabalgar y les proporcionaran comida y vestimenta igual que la suya. ¿Acaso este terrorismo que destruye la paz del mundo cada vez más rápidamente, tiene algo que ver con el Islam o el Sagrado Corán? Si una minoría desviada e ignorante es autora del terrorismo, no se puede culpabilizar al Santo Profeta Muhammadsaw ni al islam.

Viene de: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2015/11/30/matar-a-una-persona-es-igual-a-matar-toda-la-humanidad.shtml

jueves, 30 de julio de 2015

EN LITURGIA, LA IGLESIA LLEVA UN RETRASO DE MAS DE MIL AÑOS

"¿Y nos sorprende que haya tantos cristianos que apenas van a misa?"

(José M. Castillo, teólogo)
Se sabe que el difunto cardenal Martini le dijo al papa Benedicto XVI que la Iglesia lleva doscientos años de retraso respecto a la sociedad y a la cultura actual. Supongo que Martini se refería al ejercicio del poder y al sistema de gobierno eclesiástico. Si el cardenal le hubiera hablado al papa de la liturgia, lo más probable es que le habría dicho que la Iglesia lleva un retraso de más de mil años.
No estoy exagerando. Basta repasar la excelente y documentada historia de la misa, de J. A. Jungmann, para caer en la cuenta de que la estructura de la celebración eucarística, el lenguaje que en ella se utiliza (aunque esté traducido del latín), la mayor parte de los gestos rituales y el conjunto de la ceremonia, todo eso se quedó anclado y atascado en lo que se hacía y se expresaba según el lenguaje y las costumbres de la Alta Edad Media. 
O sea, según los usos y formas de expresión que eran actuales en los lejanos tiempos del siglo quinto al octavo. Sin duda alguna, se puede afirmar que no existe ninguna otra institución, por más conservadora que sea, que se comporte de esta manera. ¿Y nos sorprende que haya tantos cristianos que apenas van a misa?
Por esto conviene reconocer que la Constitución sobre la Liturgia, del concilio Vaticano II, hizo bien a la Iglesia en algunas cosas, por ejemplo al permitir la traducción del latín a las lenguas actuales. Pero también es cierto que aquello fue una "actualización" que se quedó muy corta.

"El lenguaje y los ritos de la eucaristía se quedaron anclados en la Alta Edad Media"

Seguramente porque faltó tiempo, la debida preparación y las condiciones indispensables para afrontar los problemas más de fondo y más actuales que afectan a la liturgia, los rituales, los signos, los símbolos y los embrollados y actualísimos temas relacionados con la comunicación entre los seres humanos.
Sobre todo cuando se trata de comunicar y poner en claro cuestiones tan complicadas como es todo lo que se refiere a nuestras relaciones con "lo trascendente". Y sabemos que eso precisamente es lo que se pretende en la liturgia. ¿Por qué habrá tantos católicos más preocupados por ser fieles al Catecismo que por afrontar y resolver estos problemas tan serios y apremiantes?
Viene de:  http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2015/07/29/jose-maria-castillo-en-liturgia-la-iglesia-lleva-un-retraso-de-mas-de-mil-anos-iglesia-religion-dios-jesus-papa-obispo.shtml

jueves, 23 de julio de 2015

EL PLACER SEXUAL, ¿ES CONTRARIO A DIOS?

El Sínodo no aborda el placer sexual en la pareja 

(tampoco aparece el tema de la Mujer)

"La familia como lo propone la jerarquía corresponde a un modelo obsoleto"

(Paul Buchet en RyL).- El Sínodo de los obispos convocado por el Papa Francisco va terminar en octubre su segunda y última sesión. Se pretende poner al día el pensamiento eclesial en los temas del matrimonio y de la familia a fin de reformar la pastoral al respecto. El lineamento de los obispos y las preguntas que dirigieron a la feligresía en una segunda vuelta fueron muy extensos pero dejaron facetas sin abordar. 
Un primer tema descuidado es el tema del placer afectivo y sexual en el matrimonio. En realidad el placer del sexo y aún el íntimo disfrutar de la afectividad son temas reservados en muchas culturas: en las más primitivas como en las más modernas. El sexo se insinúa en los chistes picarescos, o en ambientes de licencias sexuales, se lo utiliza comercialmente por el voyeurismo y la pornográfia, se reprime o se lo exalta en el arte pero en torno al placer sexual reina un profundo silencio de significado.
A lo más se le encuentra un sentido primario, común a todos los animales, un sentido de conservación de la especie, pero n o mucho más. Las dificultades de la educación sexual en las familias y en los liceos sufren este vacío de sentido profundo.
Levy Strauss, en su libro "Tristes trópicos" cuenta como los Nambiquaras, de esa tribu primitiva del Mato Groso, que vivían desnudos, se retiraban fuera del grupo tribal para aparearse. Cuenta como esto provocaba risas y bromas de los demás sobre todo con el aprendizaje de los jóvenes; de hecho miraban los animales acoplarse con las mismas risas, unas risas que sin duda celebraba la vida que así se recreaba. El placer sexual manifiesta la felicidad de existir, de vivir.
En la Biblia antigua, tenemos también una famosa sonrisa, la "sonrisa de Sara", la legitima del Padre Abraham. Ella se rió al escuchar las promesas sorprendentes de Dios de que su marido le iba a dar un hijo propio, a ella, a quien se le había terminado la regla de las mujeres como lo cuenta el Génesis 18, 12 . Esta historia chistosa fue tergiversada por los piadosos exegetas que prefirieron comentar la representación de los tres personajes que visitaron Abraham y que vieron como la Santa Trinidad.
También hubo algunos exegetas que comentaron la risa de Sara como si ésta se habría reído desconfiando de las promesas de Dios. Pero hay que leer bien el texto y lo que explica la misma Sara que dice: " Ahora que estoy ‘pasada' sentiré placer, y además con mi marido viejo...?" Son las perspectivas de un placer algo tardío para ella y también para su "viejo" que motivaron su sonrisa. Prueba de eso es la molestia de Abraham, su marido que le reprocha de haber reído... de él. El placer sexual y ser madre le despertaba una alegría intima de lo bueno que es vivir en una relación conyugal.
Tenemos que liberarnos de la manía de muchos "sabiondos" que ven pecado en todas partes. Dijeron "In risu semper pecatum" (en la risa siempre pecado) y se argumentaba que Jesús nunca había reído. Con esta mentalidad, no es extraño que la teología tradicional considerará siempre los arrebatos afectivos y sexuales como si fueran parte de la dramática condición humana aquejada por las consecuencias del famoso "pecado original".
Muchos cristianos comprendieron e identificaron este pecado original como el primer acto sexual de unos Adán y Eva primordiales. Si es cierto que tendremos que reconocer que la sexualidad está marcada por la ambivalencia de la condición humana pero lo primero que la Biblia cuenta es que la sexualidad humana ha sido creada "antes" de que se estropeará el mundo y que es buena. En el primer relato de creación se lee: "Macho y hembra los creó Dios" a su "imagen" los creó "y a continuación se lee: "vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien" (Gen 1,27, 31).
En el segundo relato (Gen 2, 4ss), las cosas son más específicas todavía para entender la sexualidad como una realidad de muy buena creación. "Antes" de contar la famosa caída original, el texto dice: después que Yahvé tuvo modelado a la mujer como compañera para Adán, éste celebró efusamente su compañera "carne de su carne" y, el redactor de la Biblia sentencia diciendo: "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne. Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro".
Estos relatos mitológicos enseñan cosas preciosas. Hay cosas escondidas desde la creación del mundo, cosas buen hechas. Y los gozos afectivos y el placer sexual a pesar de ser tan tergiversados son de estas. Dios ha visto todo lo que había hecho y era "bien bueno". Las intimidades placenteras, carnales en la desnudez pueden enseñarnos a re-encontrarlo ese "paraíso perdido".
La tradición cristiana perdió muchas veces este sentido primordial del sexo. Como botón de muestra basta recordar una frase de San Jerónimo que llegó hasta decir que "En el matrimonio, hacer el amor voluptuosamente e inmoderadamente es adulterio". El santo era un exegeta fantástico pero era un clérigo que sostenía una absurda pelea con su propia sexualidad. Desde siglos, obsesionados del sexto y noveno mandamiento, en la Iglesia, hemos quedado varados en esta mentalidad.
Para leer el artículo completo, pinche aquí
viene de: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2015/07/21/el-sinodo-no-aborda-el-placer-sexual-en-la-pareja-iglesia-religion-dios-jesus-papa-sinodo-amor.shtml

jueves, 18 de junio de 2015

Pedro G. Zerolo (1960-2015), en el cielo de los que ayudan a los otros. Xavier Pikaza

Pedro González Zerolo había nacido en Caracas, Venezuela (20 de julio de 1960). Era hijo de un exilado español procedente de las Islas Canarias, donde residió más tarde y estudio Derecho. Estudio Derecho en La Laguna y después en Madrid, donde se especializó en temas de justicia comparativa. 

Destacó pronto por su actitud de servicio a los grupos marginados y desfavorecidos de la sociedad, entre los que se contaban los gays, colaborando con el sacerdote Enrique de Castro (foto inferior) y con la parroquia de San Carlos Borromeo de Entrevías, Madrid, en un proyecto común (parroquial y social) de presencia y ayuda a personas en grave situación de vulnerabilidad y marginación. Venía del evangelio social, y nunca dejó de caminar en esa línea, desde una perspectiva humana de apertura universal.
Ingresó en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) donde era miembro de la Ejecutiva Federal y secretario de Movimientos Sociales y de Relaciones con las ONG del partido, siempre al servicio de los marginados y distintos, por razones económicas y “raciales”, culturales y sociales, de manera que vino a convertirse (tanto por las críticas que recibió como por las acciones que promovió) en un signo de la mejor política española.
P. G. Zerolo ha sido uno de los activistas más conocidos del movimiento LGBT Era también concejal en el Ayuntamiento de Madrid, desde el año 2003, y, a no ser por su enfermedad, podría haber sido el mejor candidato del PSOE a la alcaldía de la capital del Estado Español. Se había casado el año 2005 con Don Jesús Santos, a quien envío desde aquí mi solidaridad y sentimiento, como ha hecho D. Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid.
Hola, Pedro. Quiero mandarte desde aquí un recuerdo. Sé que estás “en el cielo de los que han hecho el bien a los demás” (Mt 25, 31-46), que ha sido para ti (y es para mí y para muchos de nosotros) el cielo de Jesús, que es la Vida de los marginados y pobres por los que tú luchaste siempre.
Jesús, en quien confío, habló de ti y de gente como tú en muchos lugares, como en Mt 19, 10-12... No lo digo por ti, que lo sabías y lo sabes, sino por otros que a veces lo olvidan, porque no ponen su vida, su política o su iglesia al servicio de todos.
Otro abrazo, Pedro. Quiero recoger en este blog lo que escribí hace año y medio sobre ti, cuando algunos (¡desde mi Iglesia Católica) se permitieron decir que tu enfermedad era un castigo de Dios.
P. G. Zerolo, la mirada de un amigo
Pedro González Zerolo
Madrid
San Morales 14. 01.14
Querido Pedro:
Nos hemos visto un día y me sorprendiste. No te conocía, sólo había oído algunos rumores sobre tu manera “audaz” de hacer política, al servicio de grupos y personas que ordinariamente habían sido marginadas. Pero la suerte quiso que nos encontráramos aquella vez, hace un año, en torno a una mesa, en el Ateneo de Madrid disertando sobre temas de inserción y política social.
Yo hablé de lo que suelo, es decir, de la Biblia y del Dios de Jesús, que acoge y escucha, abriendo un extenso abanico de vida donde todos caben y donde deben ser privilegiados aquellos que parecen estar expulsados o que malviven en las franjas de la marginación por impotencia o pobreza, por “raza” o condición social, sanitaria o sexual. Hice un discurso que me pareció convencional, hasta que de pronto me fijé en tus ojos y vi que te interesaba, que estabas siguiéndome con pasión de compañero, con ojos de amigo; y así pude decir mucho mejor lo que pensaba y pienso.
Luego hablaste tú (¡o no sé si fue antes, que ya me confundo!) y lo hiciste muy bien, y sentí que merecía la pena dedicarse a la política (¡ese “oficio” que hoy parece casi infame). Nos contaste las cosas que debían hacerse a favor de la igualdad, de la dignidad de los proscritos, de la verdad y la transparencia en un mundo confuso como es el de Madrid y España.
Me reconcilié un poco con lo que puede ser la política. Contigo no tuve que reconciliarme, porque te sentí en el mismo barco, a favor de la vida, desde el principio, desde el momento en que me diste la mano y un abrazo que sigo sintiendo en mis hombros y en mis brazos. Gracias, Pedro, por lo que nos dijiste aquel día, por lo que piensas hacer, si el “dios” de la vida te sigue concediendo salud.
No pudimos terminar aquella conversación de mesa de Ateneo porque yo tenía que salir muy pronto, pues mi tren me llevaba a otro lado… Me saludaste al marchar con la mano del corazón, como diciendo: ¡Xabier, seguimos hablando! Pues sí, Pedro, me gustaría seguir hablando contigo, para decirte que te deseo mucha salud, ahora que he visto por la prensa que estás enfermo.
Quería añadir que te necesitamos, por lo que eres y por lo que quieres. He visto que algunos “compañeros” míos que se dicen cristianos te han criticado de una forma infame. Pero muchos otros, la gran mayoría, te queremos, y así te lo digo ahora: me gustaría volver a verte y ser tu amigo. Y me gustaría, sobre todo, que te cures y que sigas mucho tiempo haciendo lo que haces, y aún mejor.
Nada más, Pedro ¡cúrate! Desde aquí te mando mi buen deseo, eso que algunos llaman healing power y que yo prefiero llamar oración. No te enfades si le digo a “mi Dios”, que es el Dios de la vida, que te conceda fuerza para seguir, para querer, para hacer que este mundo pueda ser más habitable, como lo es, con personas como tú.

Un abrazo, Pedro. Soy yo, Xabier Pikaza
fuente: http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2015/06/14/pedro-g-zerolo-1960-2015-en-el-cielo-de-

viernes, 29 de mayo de 2015

JESÚS NAZARENO. José Ignacio González Faus

J. I. González Faus. [La Vanguardia] Hace 70 años, desde una cárcel de Hitler, en momentos de desesperación tras el holocausto y años en guerra, uno de los grandes profetas de nuestro futuro, escribió que hay una razón para seguir amando a esta tierra sin desesperar: y es que ha producido a Jesús de Nazaret. Parecerá una afirmación exagerada, pero sorprende por venir de alguien tan sobrio y contenido como D. Bonhoeffer. ¿Quién era pues ese tal Jesús?
De los primeros testigos de su paso por la tierra quedan dos rápidas pinceladas: “no buscó su propio interés”; “pasó haciendo el bien y liberando a los oprimidos”. De quienes recogieron recuerdos de su vida y los sistematizaron en forma de biografías-invitaciones a la fe, podemos destacar algunos rasgos:
Procedía de un pueblo pequeño casi desconocido. No tuvo estudios especiales, trabajó durante años en cosas de albañilería. Un buen día comenzó a recorrer su tierra anunciando que es posible otro mundo si nos decidimos a mirar a Dios con una palabra que, a la vez, denota el máximo de familiaridad y cercanía, pero también la imposibilidad de disponer de Él: pues, llámesele padre o madre, lo es de todos, no sólo mío. Otro de sus biógrafos presenta como programa de su vida unas palabras del profeta Isaías: “el Espíritu de Dios está sobre mí… para anunciar una buena noticia a los pobres y liberación a los oprimidos”.
En consonancia con este programa, solía comer públicamente con “gentes de malvivir”, desafiando una costumbre de su época de públicos banquetes ostentosos de las clases altas. Se le conoce amistad y cercanía con algunas prostitutas, a las que liberó de su esclavitud, pero de las que decía que estaban más cerca de Dios que sus oyentes. Defendió a las mujeres, rechazando el derecho al repudio que se atribuían los hombres de su época, y abriendo a la mujer el estudio de la “Ley de Dios”, que su sociedad reservaba solo a los machos.
Fue también un terapeuta innegable, pero provocativo: parece que prefería curar en días “de precepto”, como si quisiera mostrar que los enfermos tienen derecho a no esperar más, porque su salud es más importante que la guarda de preceptos cúlticos. Una de las expresiones que más se dicen de él es que “se le conmovieron las entrañas”.
Junto a esa práctica de misericordia tenía a veces un lenguaje duro y provocativo: enseñaba a no llamar a nadie padre ni señor: porque los hombres (aunque tengamos funciones diversas) somos todos hijos de un mismo Padre y tenemos un único Señor que es Dios. Armó una escandalera en el “vaticano” de su época, alegando que el culto a Dios no debe ser ocasión de comercio. Su visión de los hombres cabe en un palabra que sólo se ha conservado en sus labios: hipócritas (aunque esa acusación la dirigió sobre todo a los poderes religiosos). Pese a ello, exhortaba a ser misericordiosos como el Dios que Él anunciaba.
Su regalo era siempre la paz; y tenía una extraña concepción de la felicidad, que prometía a quienes opten por los condenados de la tierra desde una actitud de misericordia que genera hambre de justicia. Porque veía al mundo dividido entre pobres, hambrientos, llorosos y perseguidos, por un lado y, por el otro, ricachones hartos, que ríen y persiguen, los cuales son “malditos”.
Por eso eran provocativas sus palabras cuando entraba en el campo económico: los propietarios del “proyecto de Dios” que él anunciaba son sencilla y únicamente los pobres (vivió en una sociedad agobiada por las deudas, que llevaban a muchos a perder su terruño y dedicarse a la esclavitud, la prostitución o el bandolerismo). Enseñaba que es imposible que un multimillonario se salve, a menos que se produzca un milagro que sólo Dios puede hacer: que se desprenda de su fortuna (salvo aquello que necesite para una vida sobria y digna), poniéndola al servicio de las víctimas. Porque, según él, “es imposible servir al hombre y al dinero”.
La otra palabra que más se le aplica en los evangelios significa, a la vez, libertad y autoridad: “las gentes se maravillaban de la libertad-autoridad con que hablaba” y que no tenía nada que ver con lo que estaban acostumbrados a oír.
Sorprendentes vida y palabras. Pero más sorprendente es la reacción que desató: los responsables de aquella sociedad se hartaron de acusarlo de populista y terrorista. La conflictividad explotó cuando él puso de relieve que hablaba y actuaba así porque así es como actúa Dios. Entonces se le tachó de blasfemo, y los poderes religiosos y políticos dieron un respiro porque ya tenían algo claro por lo que condenarlo. Aun así, buscaron para él la muerte más ignominiosa y la condena más “ejemplar”…
¿Es posible que haya existido un hombre así? preguntaba R. Attenborough en su película sobre Gandhi. Prescindiendo ahora del santo hindú (que se confesaba muy influido por Jesús), esa misma pregunta sigue vigente para nosotros hoy. Los cristianos confiesan que un hombre así fue posible porque era transparencia y calco del mismo Dios, revelado en la humanidad de aquel hombre. Dios “hecho hombre”, pero no simplemente hombre, sino Dios hecho esclavo.
Esa fe no se les exige hoy a todos. Pero lo que sí pueden (y deberían) todos hoy, es paladear la humanidad de aquel Nazareno. Y sacar consecuencias.
Viene de: http://blog.cristianismeijusticia.net/?p=12277&lang=es

miércoles, 20 de mayo de 2015

José María Castillo: "Atacar a Francisco, ¿para qué?"

"Es la famosa tesis de un 'Papa hereje' (...) de los que quieren un Papa a su medida"

José María Castillo: "Atacar a Francisco, ¿para qué?"

Algunos enunciados doctrinales sobre la familia, que tan nerviosos ponen a teólogos, obispos y cardenales

José María Castillo, 19 de mayo de 2015 a las 19:48
 ¿Es que Francisco ha incurrido en alguna herejía? ¿es que se ha desviado de la fe de la Iglesia? Hablo de "la fe de la Iglesia", no de "la fe de quienes atacan a Francisco"
El abrazo entre Skorka, Abboud y Bergoglio/>

El abrazo entre Skorka, Abboud y Bergoglio

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(José María Castillo, en "E anche il papa rema").- Se dice en Roma, y en medio mundo, que el Papa Francisco está soportando un fuerte enfrentamiento, que, según fuentes autorizadas, tiene sus raíces y sus protagonistas en la misma ciudad, en el mismo Estado, donde el Papa vive y desde el que Francisco gobierna a la Iglesia universal.
Por supuesto, es comprensible que en la Iglesia universal haya personas o grupos que no están de acuerdo con la forma de ser y gobernar de este Papa. Como es también comprensible que haya quienes no están de acuerdo con algunas de las cosas que dice Francisco o que no le agrade a todo el mundo cómo este Papa dice algunas de las cosas que dice.
Este tipo de desacuerdos ha sido siempre frecuente en la Iglesia. Y no tendría por qué llamarnos la atención. Y menos aún debería preocuparnos el desacuerdo de quienes no se identifican con el modo de ser o de hablar del actual sucesor de Pedro en la Iglesia.
Lo que sucede, en este momento, es que no se trata de que hay personas o grupos que no están de acuerdo con el Papa. El problema está en que se trata de personas o grupos que atacan al Papa. No es lo mismo el "desacuerdo" que el "ataque". El desacuerdo se basa en la "diferencia", lo que es inevitable y, en muchos casos, enteramente lógico.
El ataque, sin embargo, no se limita a expresar la diferencia. Porque el que ataca a otro, lo que en realidad pretende es que el otro cambie. Y si no cambia, que se quite de enmedio, o sea, que se vaya a otra parte. Estamos, por tanto, ante una situación seria, muy seria.Yo me atrevería a decir que la Iglesia (no sólo el Papa) se enfrenta a un problema de raíces muy hondas. Y de imprevisibles consecuencias.


Así las cosas, la pregunta que a cualquiera se le ocurre es ésta: ¿Pero, qué ha hecho o qué ha dicho Francisco para que se le ataque como de hecho se le está atacando?Como es sabido, en la historia de la eclesiología se hizo famosa la tesis, propugnada por el cardenal Humberto y recogida por Graciano (D. XL. c. 6, col. 146), según la cual "el papa no ha de ser juzgado por nadie, a no ser que se encuentre que se ha desviado de la fe" ("a nemine iudicandus, nisi deprehendatur a fide devius"). Es la famosa tesis del "papa hereje", que fue tema de ásperas discusiones durante siglos.
No es cuestión de analizar ahora este asunto, que ya no ocupa lugar alguno en los tratados sobre la Iglesia. Pero vale la pena recordar este asunto. Al menos para preguntar a quienes atacan al Papa actual: ¿es que Francisco ha incurrido en alguna herejía? ¿es que se ha desviado de la fe de la Iglesia?
Hablo de "la fe de la Iglesia", no de "la fe de quienes atacan a Francisco". Pero entonces, si es que no pueden demostrar que estamos ante un "papa hereje", ¿qué es lo que en realidad pretenden quienes atacan a este Papa? ¿es que quieren un Papa "a su medida"? Que lo digan claramente. Y entonces sabremos a qué atenernos.
Viene de: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2015/05/19/atacar-a-francisco-para-que-religion-iglesia-vaticano-castillo-opinion-doctrina-cenacolo.shtml

miércoles, 18 de marzo de 2015

JESÚS Y EL "CHICO" HOMOSEXUAL: Mt 8, 5-13 par (Ariel A. y Xavier Pikaza)

Viene de: http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2015/03/17/p365991#more365991
RD ha publicado hace unos días la noticia de que el Papa Francisco nombrará un coordinador para la investigación de la pederastia clerical en España. En ese contexto se sigue planteando en algunos medios no sólo el tema de la pederastia (que es un crimen), sino el de la homosexualidad(que es una conducta afectiva y sexual).
En principio esos temas no tienen relación ninguna, pues la pederastia puede darse lo mismo entre homo- como entre hetero-sexuales (aunque en ciertos ambientes cerrados ha podido darse más entre homosexuales).
Pero, a fin de plantearlos mejor, en clave de evangelio, me parece conveniente recoger en este portal un trabajo que mi amigo Ariel Álvarez Valdés acaba de publicar sobre el milagro de Jesús con el “amante” del Centurión de Cafarnaúm. Es difícil mejorar lo que Ariel dice pero, dado que me cita (he desarrollado el tema en algún lugar de mi Diccionario de Biblia y en un Blog de RS21, año 206), publicaré tras el estudio de Ariel mi propio y pequeño trabajo sobre el tema.
Gracias, Ariel, una vez más, por admitir mi compañía en este portal de RD.
¿HIZO JESÚS UN MILAGRO A UN HOMOSEXUAL?
Las iglesias cristianas suelen condenar de manera terminante la práctica homosexual. La consideran un acto intrínsecamente desordenado e inaceptable. El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, por ejemplo, la califica de grave depravación, y de triste consecuencia del rechazo a Dios (nº 2357). Y algunos teólogos protestantes, como Kart Barth, la han llamado “fenómeno perverso” y “una inversión del orden natural de la creación”. A su vez, todos dicen oponerse a ella basándose en la Biblia.
Ahora bien, resulta curioso que en los Evangelios no exista ninguna frase o enseñanza de Jesús sobre el tema, algo sumamente llamativo porque la homosexualidad era un fenómeno bastante extendido en la cultura greco-romana de su tiempo. Los poetas la ensalzaban en sus obras; la sociedad la toleraba como un hecho habitual; y Palestina estaba rodeada e impregnada de esa cultura. Basta ver un mapa del país para comprobar que existían unas 30 ciudades griegas en su territorio.
¿Cómo es que Jesús no opinó o aludió nunca a esa cuestión?
Un número creciente de biblistas, como T. Horner (1978), M. Gray-Fow (1986), G. Theissen (1987), D. Mader (1992), J. E. Miller (1997), T. D. Hanks (2000), T. Jennings (2004), T. Benny Liew (2004), R. Goss, y X. Pikaza (2006), sostienen que no hallamos en los Evangelios referencias a ella porque Jesús nunca condenó expresamente la homosexualidad. Y para ilustrarlo, afirman que una vez le hizo un milagro a un homosexual sin cuestionar su condición. El favorecido fue un centurión de Cafarnaúm (Mt 8,5-13).
Tierra de dos gobiernos
Este hombre es uno de los personajes más impresionantes del Evangelio. Se trata del único militar que acude a Jesús. El único que le pide un milagro a distancia. El único que le contó una parábola. Y el único al que Jesús alabó por tener la fe “más grande” de todo Israel (Mt 8,10), colocándolo así por encima de sus discípulos y de la virgen María.
El relato comienza diciendo que cierto día en que Jesús se hallaba en Cafarnaúm, se le acercó un centurión para rogarle: “Señor, mi muchacho está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente” (Mt 8,6).
En aquella época, Palestina contaba con dos clases de ejércitos. Uno era el de Roma, ya que el país estaba sometido a su dominio desde hacía muchos años. El Nuevo Testamento menciona a varios de sus integrantes: el soldado (Mc 15,16), el centurión (Mc 15,39), el tribuno (Jn 18,12), la cohorte (Jn 18,3), la caballería (Hch 23,23). Todos ellos dependían del gobernador romano Poncio Pilato.
Pero Pilato sólo administraba el centro y sur del país (Samaria, Judea e Idumea), y sólo allí estaban sus tropas, mientras que el milagro de Jesús ocurrió en Cafarnaúm, es decir, al norte. Por lo tanto, este militar no pertenecía al ejército de Pilato. Formaba parte del regimiento provinciano de Galilea, que protegía esa región, y dependía del tetrarca Herodes Antipas. Aunque más modesto y reducido que el romano, estaba organizado a semejanza de éste, tanto en su estructura, como en su jerarquía y su disciplina. Sus integrantes eran en su mayoría paganos, y de cultura griega. De hecho, Mateo indica expresamente que el militar que fue a verlo no era judío (Mt 8,10).
Ni hijo ni sirviente
Este oficial tenía el grado de “centurión”. Así se llamaban los que estaban al frente de una centuria, es decir, cien soldados. Tenía, pues, una categoría alta dentro del ejército herodiano.
La presencia de un funcionario de esa jerarquía en Cafarnaúm es comprensible. La ciudad se hallaba en la frontera internacional, a sólo 5 kilómetros del límite entre Galilea y Galaunítide. Además, la atravesaba una de las rutas comerciales más importantes del país. Por eso estaba protegida por una centuria. El centurión era la máxima autoridad civil de la ciudad.

Según Mateo, el militar se presentó ante Jesús y le rogó que curara a un joven paralítico que estaba en su casa y sufría mucho. ¿Quién era el enfermo? Mateo no lo dice. Sólo lo identifica con la palabra “páis”, término griego que significa “joven”, “muchacho”. Algunas Biblias lo traducen por “sirviente”. Pero es un error, porque cuando Mateo se refiere a un sirviente usa la palabra “doúlos”. Así por ejemplo, en este mismo episodio el centurión le dice a Jesús: “cuando le pido a mi sirviente (doúlos)que haga algo, lo hace” (v.9). Evidentemente el muchacho no era un sirviente. Otras Biblias prefieren traducirlo por “hijo”. Pero tampoco es correcto, porque Mateo para hablar de un hijo emplea el término “houiós”, como se ve también en este episodio (v.12). Nunca, de las 26 veces que Mateo utiliza la palabra “páis”, se refiere a un “hijo”.
Existe además una razón histórica que impide traducirlo por “hijo”. Y es que los centuriones tenían prohibido casarse y tener hijos mientras prestaban servicio en el ejército. Sabemos que hacia el año 13 a.C. el emperador Augusto prohibió mediante una ley a los soldados que estaban por debajo del grado de oficiales senatoriales y ecuestres (incluidos los centuriones) tomar esposa y formar una familia. La prohibición fue levantada en el 197 d.C. por el emperador Septimio Severo. Por lo tanto, el muchacho paralítico no podía haber sido hijo del centurión.
Por un sueldo superior
Si el joven enfermo no era ni sirviente ni hijo del centurión, ¿qué relación tenía con él? Existe un tercer sentido de la palabra “páis” (muchacho), conocido gracias a los estudios de la literatura clásica, y es el de “amado” o “favorito” en una relación homosexual. Se lo llamaba “muchacho” afectuosamente, aun cuando fuera adulto.
En efecto, historiadores griegos como Tucídides (s.V a.C.), Jenofonte (s.IV a.C.), Calímaco (s.III a.C.), Polieno (s.II a.C.) y Plutarco (s.I), cuentan cómo ya en aquel tiempo los comandantes griegos solían tener sus jóvenes amantes (“páis”) dentro del ejército, con los cuales convivían. Algunos describen incluso las peleas que a veces se daban entre los oficiales por “algún muchacho bello en el que un soldado había puesto su corazón”. Otros autores e historiadores romanos como Plauto (s.III a.C.), Valerio Máximo (s.I), Marcial (s.I) y Tácito (s.II) narran historias de oficiales de la legión romana que tenían soldados como amantes, y dan hasta los nombres de ciertos centuriones afectos a esas prácticas.
El término “páis”, pues, en el ambiente castrense antiguo, era comúnmente utilizado para referirse al joven amante de una pareja homosexual.
Que semejante práctica se hallaba muy extendida, lo confirma un reciente estudio arqueológico realizado en un campamento romano del siglo I, en Vindolanda (Inglaterra). Los restos hallados en algunas de las habitaciones excavadas, han llevado a los arqueólogos a exclamar que éstas se asemejaban más a un burdel masculino que a un cuartel.
Esto corrobora que en el ejército romano (y sin duda también en el de Herodes) los centuriones y demás superiores convivían con jóvenes amantes; lo cual les era facilitado porque recibían una paga superior a la del resto de los soldados, y dormían en cuarteles más amplios.
Fuera de casa es mejor
Es posible, entonces, que el joven por el que viene a interceder el centurión sea su propia pareja. Si esto es así, se aclara un detalle difícil de explicar, y es por qué un militar de su rango se toma el trabajo de ir personalmente a implorar a Jesús por un simple sirviente. Pero al ser una persona afectivamente importante para él, la dificultad desaparece.
También se aclara otro punto oscuro del relato, y es la negativa del centurión a que Jesús vaya a su casa. En efecto, cuando Jesús quiere ir a curar al enfermo, sorpresivamente el centurión se lo impide y le dice: “Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que digas una palabra y mi muchacho se sanará” (Mt 8,7-8).
¡Qué reacción tan insólita! Todo el mundo quería que Jesús tocara a sus enfermos y les impusiera las manos. Algunos incluso los llevaban cargando con grandes sacrificios, como los cuatro amigos que descolgaron por el techo a un paralítico (Mc 2,1-12), o el padre que llevó a su hijo en medio de convulsiones (Mc 9,14-27). Y cuando era imposible llevarlo, le pedían que Jesús fuera a su casa, como Jairo cuando se moría su niña (Mc 5,21-24), o la mujer griega con su hijita endemoniada (Mc 7,24-26). Pero que alguien se oponga a que Jesús vaya a ver a un enfermo, es algo inaudito en el Evangelio. ¿Qué razón poderosa movió al centurión a obrar de esa manera?
Según sus propias palabras, él no era digno. Pero no explica porqué. Ahora bien, sólo una razón de tipo moral puede justificar semejante indignidad. Y debió de haber sido la vergüenza de llevar a Jesús a donde convivía con su joven amante, sabiendo que los judíos rechazaban enérgicamente la práctica de la homosexualidad.
Que lo arregle una embajada
La versión de este milagro, que encontramos en el Evangelio de Lucas, reafirma en cierto modo tal interpretación (Lc 7,1-10). Este evangelista, al contar el episodio, debió hacerle algunos cambios para evitar el escándalo de sus lectores.
En primer lugar, viendo que la palabra “páis” (“joven”) tenía connotaciones sexuales, prefirió reemplazarla por el término griego “doúlos”, presentando así al joven como “sirviente” del centurión. Pero con este cambio creó un problema: ¿cómo era posible que un militar de su categoría se interesara por un simple esclavo?
Para solucionarlo, añadió que era un sirviente “muy querido” (v.2). Además agravó la enfermedad del muchacho: en vez de decir que estaba paralítico, dijo que se estaba muriendo (v.2). Con todo esto, pretendía justificar la urgencia del centurión. Pero de nuevo uno se pregunta: ¿por qué quería tanto a su sirviente, al punto de abandonar sus obligaciones militares e ir personalmente a buscar a alguien que lo curara?
Comprendiendo la nueva dificultad que había provocado, decidió hacer un segundo cambio y decir que no fue el centurión quien salió a buscar a Jesús, sino que mandó una delegación de judíos para que lo buscara en su nombre.
Atenuando la humillación
Estas modificaciones operadas por Lucas en su relato generaron un tercer inconveniente. Ahora el centurión no tiene problemas de que Jesús vaya a su casa. Pero si Jesús va, pierde fuerza el sentido del milagro, cuyo centro es la fe del centurión en el poder a distancia de Jesús. Entonces Lucas resolvió agregar una segunda embajada del centurión, para detener a Jesús y que no llegara a su casa (v.6). ¡Una evidente incoherencia, ya que dos versículos antes le había rogado que fuera!
Cuando llega la primera embajada ante Jesús, resulta curioso ver cómo en vez de pedirle que vaya a curar al joven (que era lo esperable), comienza a alabar al centurión y a decir que es un hombre “digno” (v.4). ¿Por qué? Es que Lucas, sabiendo que más adelante llegará la segunda embajada del centurión diciendo que no es digno de que vaya a su casa, lo hace alabar de antemano, con el fin de alejar cualquier sospecha de indignidad moral del militar.
De este modo, con modificaciones, incoherencias, marchas y contramarchas, Lucas pudo rescatar el episodio para sus lectores.
Ahora es otro el que no quiere
Una tercera versión de este milagro la encontramos en el Evangelio de Juan (Jn 4,46-53). Y también él debió realizar cambios para evitar la posible turbación de sus destinatarios.
Ante todo, al igual que Lucas suprimió la palabra “páis” por las connotaciones sexuales que podía tener, y en su lugar empleó el término griego “huiós”, convirtiendo así al joven en “hijo” del centurión.
Pero el evangelista sabía que eso no era posible, porque los militares no solían tener hijos ni vivir con sus familias hasta después de licenciarse. Entonces tuvo que reemplazar al centurión por un “funcionario real”, es decir, por un empleado de la corte del gobernador Herodes Antipas. Así, transformó al soldado pagano y de costumbres sospechosas en un judío (como se deduce del v.48).
Al tratarse ahora de un judío, cuya moral no encerraba escándalo alguno, el Evangelio de Juan no tiene ya motivos para que el funcionario no quisiera recibirlo en su casa. Pero si Jesús va, no podrá curarlo a distancia, que es el objetivo del relato. Entonces dice Jesús mismo se niega a ir. ¿El motivo? Porque el funcionario, como buen judío, sólo quiere ver signos maravillosos. Y le pide que regrese a su casa confiando en la sanación de su hijo. Ahora ya no es el hombre el que muestra una fe prodigiosa, sino Jesús el que le pide una fe prodigiosa.
Una terrible palabra
Mateo parece haber conservado, en su Evangelio, el recuerdo de un milagro a un homosexual, retocado más tarde por Lucas y Juan. Y llama la atención el silencio de Jesús ante su condición. No lo reprende por su forma de vida, ni lo rechaza, ni lo condena. Lo cual no significa que Jesús estuviera a favor de la homosexualidad, ni que la fomentara. Simplemente no la juzgó. No entró en cuestiones de sexualidad, seguramente por considerarlas de índole privada.
Lo mismo hizo el día que una prostituta se echó a sus pies llorando y buscando el perdón. Le dijo: “Tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lc 7,50). No le dijo: “no peques más”, como le ordenó a la adúltera (Jn 8,11). Le otorgó el perdón sin meterse en su vida sexual, ni condicionarla a que cambiara de profesión. Quizás prudente ante la posibilidad de que aquella pobre mujer no tuviera otra forma de ganarse la vida. Muchas vivían en aquel tiempo en condiciones sociales deplorables, a veces impuestas por la sociedad, y Jesús no interfirió en lo que tal vez era su único medio de subsistencia.
Asimismo en el sermón de la montaña Jesús prohibió reírse de las minorías sexuales. Allí enseñó: “Todo el que diga a su hermano «raka» será condenado por el Sanedrín” (Mt 5,22). Las Biblias suelen traducir esa palabra por “insensato, necio”. Pero no parece ser ése el sentido. Jesús llama insensatos y necios a los fariseos (Mt 23,17), y es absurdo que después prohíba usar esa palabra. En realidad rakaderiva del arameo “reqa”, que significa “suave, blando, tierno” (Gn 18,7; 29,17; 33,13), y aludía a las personas afeminadas. Lo que Jesús dijo, entonces, fue: “Todo el que le diga a su hermano «maricón» será condenado por el Sanedrín”.
Por el sol y por la lluvia
Resulta asombroso ver lo tolerante que fue Jesús con las personas y grupos marginados de su tiempo: pecadores, mujeres, cobradores de impuestos, samaritanos, prostitutas, locos, extranjeros, endemoniados, homosexuales. Hasta llegó a comer con ellos (Mc 2,15), lo que en su cultura era la forma suprema de unión con esa gente.
Su tolerancia llegó a escandalizar a muchos (Lc 15,1), porque esas personas estaban condenadas por la religión de su tiempo. Pero Jesús tenía en claro que, entre lo religioso y lo humano, sólo lo humano es intocable y fundamental. A veces por salvar los derechos de la religión hemos vulnerado los derechos humanos. Por defender un dogma hemos quemado al hereje. Por cuidar la moral hemos despreciado al homosexual. Por preservar una ética hemos apedreado a la adúltera.
Ciertamente la tolerancia entraña sus peligros, y puede hacer creer que todo vale y que todo está bien. Pero para Jesús más peligroso aún era humillar a una persona por motivos religiosos, ya que con ello se justifica un sectarismo que convierte la vida en opresiva, despótica e injusta. Y esto hace más daño que cualquier idea religiosa desviada.
Jesús enseñó que el Padre que está en los cielos no hace diferencias con sus hijos. Que “hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45). Todos necesitan el sol de nuestro amor, y precisan la lluvia de nuestro respeto. Y si queremos parecernos al Padre del cielo, como Jesús lo ordenó, debemos aceptar a quienes son diferentes, sin humillarlos ni querer cambiarlos. Y mucho menos en nombre de Dios.
JESÚS SANA AL AMANTE DEL CENTURIÓN 
Xabier Pikazahttp://21rs.php/2006/05/25/jesus-sana-al-amante-del-centurion
En tiempos de Jesús, había en Palestina dos tipos de soldados oficiales (dejando a un lado a los posibles celotas o soldados-guerrilleros al servicio de la liberación judía).
Unos eran los del ejército romano propiamente dicho, que dependían del Procurador o Prefecto (Poncio Pilatos), que gobernaba de un modo directo sobre Judea y Samaría. Otros eran los del tetrarca-rey Herodes Antipas, que gobernaba bajo tutela romana en Galilea (y los de su hermano Felipe, tetrarca de Iturea y Traconítide, al otro lado de la frontera galilea).
El Prefecto romano contaba con unos tres mil soldados de infantería y algunos cientos de caballería, acuartelados básicamente en Cesarea, que solían provenir del entorno pagano de Palestina y funcionaban como ejército de ocupación. De todas formas, no era frecuente verlos en la calle o en los pueblos, ni siquiera en Jerusalén, donde gobernaba el Sumo Sacerdote y su consejo, con la ayuda de algunos miles de «siervos» o soldados de la guardia paramilitar del Templo. De todas formas, en los tiempos de crisis o en las fiestas, el Prefecto romano subía a Jerusalén y se instalaba en la Fortaleza Antonia, junto al templo, desde donde controlaba el conjunto de la ciudad.
Probablemente residía allí una pequeña cohorte destacamento militar, pero no se mezclaba en la vida civil y religiosa de la ciudad.
El Rey (=Tetrarca) Herodes Antipas gobernaba en Galilea, bajo control de Roma, pero con una gran autonomía. Tenía que proteger las fronteras y mantener el orden dentro de su territorio, pagando un tributo a Roma. Para ello tenía sus propios soldados, organizados como los de Roma.
En caso de necesidad, los soldados romanos tenían que ayudar a los de Herodes y los de Herodes ayudar a los romanos. Según eso, en Galilea no existía un «ejército de ocupación», ni tampoco un dominio directo de Roma, aunque muchos «nacionalistas galileos», partidarios de un estado israelita, consideraban a Herodes como a un usurpador y a sus soldados como ejército opresor. Por otra parte, es normal que los soldados de Herodes fueran también de origen pagano, como los de Poncio Pilato, aunque podían ser también judíos.
Desde ese fondo han de entenderse algunos pasajes del evangelio que hablan de la relación de Jesús y de sus seguidores con soldados. El texto más significativo es aquel donde se dice a los creyentes que superen la actitud del «ojo por ojo y diente por diente», propia de los ejércitos del mundo, para añadir: «No resistáis al que es malo (al mal); por el contrario, si alguien te hiere en la mejilla derecha, ponle también la otra...; y al que te obligue a llevar la carga por una milla llévasela dos» (Mt 5, 39-40).
Estas últimas palabras se refieren al servicio obligatorio que las fuerzas del ejército (de Herodes o Pilato) podían imponer sobre los súbditos judíos: obligarles a llevar cierto peso o cargamento a lo largo de una milla. Pues bien, en vez de pregonar la insurrección o la protesta violenta, Jesús pide a los oyentes que respondan de manera amistosa a la posible violencia de los soldados. Esta es su forma de (no) oponerse al mal, para vencer la perversión del mundo a través de un gesto bueno. Jesús no condena a los soldados imperiales: quiere enfrentarles ante el don del reino, enriquecerles con la gracia del Padre que es bueno para todos (cf. Mt 5, 45).
En este fondo se sitúa su relación con el centurión que tiene un amante enfermo y que pide a Jesús que le cure (Mt 8, 5-13 par.). La escena ha sido elaborada por la tradición en el contexto de apertura eclesial a los paganos, pero en su fondo hay un relato antiguo (transmitido al menos por el Q; cf. Lc 7, 1-10; Jn 4, 46b-54). Jesús no ha satanizado a los soldados, ni ha querido combatirlos con las armas, sino que ha descubierto en ellos un tipo de fe que no se expresa en la victoria militar, sino en la curación del amigo enfermo:
Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, que le rogaba diciendo: «Señor, mi amante (pais) está postrado en casa, paralítico, gravemente afligido». Jesús le dijo:«Yo iré y le curaré». Pero el centurión le dijo: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi siervo sanará, pues también yo soy hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este "ve" y va y al otro "ven" y viene; y a mi siervo "haz esto", y lo hace». Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes». Entonces Jesús dijo al centurión: «Vete, y que se haga según tu fe». Y su amante quedó sano en aquella misma hora (Mt 8, 5-12).
Este es un soldado con problemas. Es un profesional del orden y obediencia, en el plano civil y militar, un hombre acostumbrado a mandar y a ser obedecido. Es capaz de dirigir en la batalla a los soldados, decidiendo así sobre la vida y la muerte de los hombres. Pero, en otro nivel, es un muy vulnerable: padece mucho por la enfermedad de un siervo amante. Pero antes de seguir será preciso que nos detengamos y preguntemos sobre la identidad de este pais del centurión, que hemos traducido como «amante».
Esa palabra (pais) puede tener tres sentidos, siervo, hijo y amante (casi siempre joven), y puede resultar escandalosa. El texto paralelo de Jn 4, 46b evita el escándalo y pone huios (hijo), en vez de pais; pero con ello tiene que cambiar toda la escena, porque los soldados no solían vivir con la familia ni cuidar sus hijos hasta después de licenciarse; por eso, el centurión aparece aquí como un miembro de la corte real de Herodes (un basilikós). También Lc 7, 2 quiere eludir las complicaciones y presenta a ese pais como doulos, es decir, como un simple criado, al servicio de centurión; con eso ha resuelto un problema, pero ha creado otro: ¿es verosímil que un soldado quiera tanto a su criado?
Por eso preferimos mantener la traducción más obvia de pais dentro de su contexto militar.
En principio, el centurión podría ser judío, pues está al servicio de Herodes, en el puesto de frontera de su reino o tetrarquía (Cafarnaúm). Pero el conjunto del texto le presenta como un pagano que cree en el poder sanador de Jesús, sin necesidad de convertirse al judaísmo (o cristianismo). Pues bien, como era costumbre en los cuarteles (donde los soldados no podían convivir con una esposa, ni tener familia propia), este oficial tenía un criado-amante, presumiblemente más joven, que le servía de asistente y pareja sexual. Este es el sentido más verosímil de la palabra pais de Mt 8,6 en el contexto militar. Ciertamente, en teoría, podría ser un hijo o también un simple criado (como suponen los paralelos de Juan y Lucas). Pero lo más sencillo y normal es que haya sido un amante homosexual, alguien a quien otros libros de la Biblia (quizá Rom 1, 24-27) habrían condenado.
Pero, gracias a Dios, como sabemos por el texto siguiente («¡cargó nuestras enfermedades...!»: Mt 6, 17), Jesús no era un moralista, sino un mesías capaz de comprender el amor y debilidad de los hombres (en el caso de que el amor homosexual lo fuera). Jesús sabe escuchar al soldado que le pide por su amante y se dispone a venir hasta su casa-cuartel (¡bajo su techo!), para compartir su dolor y ayudarle. Hubiera ido, pero el oficial no quiere que se arriesgue, pues ello podría causarle problemas: no estaba bien visto ir al cuartel de un ejército odiado para mediar entre dos homosexuales; por eso le suplica que no vaya: le basta con crea en su dolor y diga una palabra, pues él sabe lo que vale la palabra. Jesús respeta las razones del oficial, acepta su fe y le ofrece su palabra. El resto de la historia ya se sabe: Jesús cura al siervo-amigo homosexual y presenta a su amigo-centurión como signo de fe y de salvación, sin decirles lo que deberán hacer mañana. Es evidente que no exige, ni quiere, que rompan su amor, sino que lo viven en fe y amor de Reino.