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domingo, 19 de noviembre de 2017

DIOS NO AJUSTA LAS CUENTAS - Evangelio de los talentos Mateo 25,14-30

Ayer en vísperas y tras recitar el cantico de María, llamado “magníficat” y con el eco del Evangelio en mi cabeza, me convencí de que Dios no nos ajusta las cuentas. No, no lo hace ni lo hará. “Su misericordia alcanza de generación en generación” dice Lucas 1,50. 
Por lo que, si Dios es misericordia –lo cual quiere decir caridad infinita-, no puede ser ni Padre ni amoroso, si ajustara las cuentas a sus hijos e hijas con toda la crudeza de estos términos. Señalo que el versículo que he nombrado del magníficat, continua en estos términos: “a los que le temen”. O sea, según este texto la misericordia alcanza a los que temen a Dios. 

Hay que tener en cuenta que el magníficat está compuesto por una gran diversidad de textos, todos ellos del Antiguo Testamento. La primitiva comunidad cristiana lo coloca en boca de María, pero es probable que María se expresara en unos términos más sencillos sin desvirtuar el sentido de la manifestación de su humildad y disponibilidad hacia Dios. “A los que le temen” está influenciado por el texto del que se toma este versículo, que corresponde al salmo 103 del rey David, sobre el amor de Dios. 
Ya sabemos en qué términos drásticos se refiere en muchos casos el A.T. a Dios, sin perder de vista que cuando se alude al temor o a los adeptos de Dios, se refiere el escritor a aquellos que a Dios le son fieles, suavizando así la esencia de Dios mismo. La liturgia de la Palabra de este domingo –como el domingo anterior- es ya un preámbulo de lo que vendrá en pocos día, el ADVIENTO. 
Proverbios hace un alegato a favor de las buenas virtudes, esenciales para demostrar lo que uno es desde la inmediatez de su vida, la comunidad familiar. Y lo hace maravillosamente a través del ejemplo de una mujer hacendosa. Si en la lectura del salmo 127 cambiamos la palabra temor por fidelidad, encontraremos la verdadera esencia de este bello texto, escrito por alguien que siente en sus carnes el amor de Dios. La carta de Pablo nos lleva el origen de toda la liturgia de la Palabra: estad alerta porque se acerca el Señor. 
Y finalmente es Jesús en el Evangelio de los talentos, el que nos muestra lo que Dios NO ES. No interesa aquí referirse a la productividad de la fe, pues la fe se puede demostrar de muchas formas. O sea, no por hacer muchas cosas se tiene más fe y se está más cerca de Dios. Cuidado de no prestarse a un mercadeo en el que Dios y Jesucristo no entran, “te doy porque me das”, no. 
Porque eso es obtención de privilegios, algo detestable para Dios. Por el contrario, en el evangelio está patente la opción que Dios pone ante cada persona de prestarse a su Reino o no hacerlo. A cada cual se nos da una vida y unas aptitudes, para que compartamos todo lo que tenemos. Pero Dios nunca nos va a reprochar nada, no. El reproche, el temor, el mercadeo de la fe y los sacramentos, esa es la deformación a la que a través de los siglos hemos sometido a Dios, y lo seguimos haciendo. Incluso nos reprochamos cosas nosotros en nombre de Dios, que absurdo. 
Aun se dirime la vida de muchos cristianos entre pecadores o no pecadores, cumplidores o no, fieles o herejes, leales o ácratas…etc. Que esta situación a la que nos someten en muchos casos no nos lleve al temor de esconder el talento por no saber si vamos a acertar o no. Si tenemos miedo, que la reacción sea a la ofensisa y no a la defensiva; la ofensiva del respeto y la fraternidad para neutralizar a esos boceros de Dios a los que hay que temer, pues dicen y no hacen.
Dios nos quiere simplemente si la intención es buena. Porque Dios está en otra dimensión absolutamente distinta. 
Fundamentalmente está en el otro. En esa persona que incluso quizás ni yo conozca, pero en la cual debiera yo de descifrar el rostro de Dios. Según mi actitud y mi coherencia cristiana, actuare de una manera u otra; y será esa persona anónima objeto de mi consideración, ignorancia o despecho la que me juzgará. 
Ahí si está el juicio de valores, y el valor de mi talla como creyente o cristiano seguidor de las huellas de Jesús el carpintero de Nazaret que ya está llamando a mi puerta. De nuestros protocolos misas e historias a las cuales yo me presto, creo que Dios quiere saber más bien poco, mientras todo eso no tenga un reflejo en la comunidad en su conjunto, creyente y no creyente. 
Llega el Adviento, el tiempo de la Palabra, el tiempo de la quietud y la contemplación por excelencia, el tiempo de esperar al Señor. Él espera mucho más de nosotros, de lo que nosotros lo esperamos de Él, pues la vida es un continuo dar gracias por tantos dones. Aun así, preparémonos para –valga la redundancia- preparar un buen camino al Señor. Buen domingo y buen camino.

Fraternalmente, Floren.  

viernes, 4 de agosto de 2017

TRANSFIGURATE Y TRANSFIGURAME. Fiesta de la Transfiguración del Señor

La Transfiguración del Señor. Domingo 6 Agosto
La fiesta de la transfiguración de Señor es una más de las experiencias del resucitado que tuvieron los contemporáneos de Jesús. Las connotaciones de esta experiencia son formidables, en cuanto a que, desde el idílico lugar en el que sucede, contando con la asistencia de Moisés y Elias (profetas representantes del sacerdocio y la ley), la de los apóstoles y la voz del Padre que se manifiesta; hacen de este episodio de la vida de Jesús, quizás no un relato para creer a pies juntillas; pero si una hermosa alegoría sobre la que reflexionar y orar. Yo considero que el centro de este evangelio de Mateo (17,1-9) radica en la propia experiencia de Dios (Padre, Hijo y Espíritu). 

La primera lectura de Daniel nos muestra una de esas experiencias que solemos llamar Teofanías (manifestaciones de Dios), contada al más puro estilo épico del momento en el que se vivió. Dios es considerado algo tremendo, formidable, temible, grandilocuente…etc. 
Pero el evangelio nos muestra la otra cara de Dios, desde luego contextualizada por los hagiógrafos del momento. Mateo nos muestra un Jesús humano que se hace acompañar. 
Desea mostrar a sus amigos la capacidad para buscar y asumir la Presencia de Dios. Y esta experiencia a la que se presta Jesús, para deleite de sus discípulos y amigos, es adornada con la presencia de Moisés y Elias, que están colocados ahí precisamente para testimoniar la conexión entre la antigua y la nueva economía de la salvación. 
Antes, en época de Jesús y ahora, es posible la experiencia de Dios. Es posible y deseable. Dios se nos muestra en la magnificencia, en la quietud y en la crueldad de un mundo que reclama manos para trabajar y testimoniar. “Este es mi Hijo, escuchadle”, dice Dios desde la nube. ¡Si fuera tan fácil! Podemos decir. Pues no, fácil no es, pues al optar por algo hay que dejar cosas por el camino. Pero siempre se ganará en cuanto a la satisfacción del deber bien hecho y el testimonio realizado. 
Por ello, busquemos el rostro del resucitado. Escuchemos y descifremos en el mundo y entre nuestros hermanos la voz de Dios, de la cual nos dice Pedro (1,16-19): “hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones”. 
Nunca es tarde para optar por Jesús y su Palabra de Vida. Nunca es tarde para decidirse por el Reino de Dios (Salmo 96). Nunca es tarde para ayudar a transfigurar este mundo, en paz y fraternidad.

Fraternalmente, Floren.

Lecturas en: http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2017-08-06

viernes, 7 de julio de 2017

FLORECER EN GRATITUD - XIV DOMINGO T.O. A

Aun recuerdo con no poca nostalgia, aquel paisaje de una dehesa poblada de margaritas cuya frase rezaba: “donde Dios nos sembró, es preciso saber florecer”. Absolutamente cierto. Hay quien admira la capacidad humana para adaptarse a las circunstancias y simplemente lo aplica al destino. Pero nosotros, incluso con aquellos que no se consideran como tales, somos hijos e hijas de Dios. 
Él ha puesto en nuestros corazones la llama de su amor que es aliento de vida y plenitud (Rom 8,9.11-13), constituyéndonos como obra suya y templos de su Espíritu. Un Espíritu que tras semanas de pentecostés se nos hace necesario y preciso para captar toda la dimensión de Dios, entre la que destaca su ternura infinita (Salmo 144). 
¿Cómo no reconocer todo lo que Dios nos ofrece, aun a pesar de la adversidad de la vida? Incluso los que se fueron de nuestro lado siguen siendo don, pues al estar junto a Dios forman parte de Él y de nosotros. “Alégrate, canta, mira a tu Dios”, nos anima Zacarías (9,9-10). 
Para este profeta la vida no fue fácil, pero fue capaz de vivirla en plenitud desde la gratitud de sentirse protegido, querido y mimado por Dios junto al pueblo de Israel. Si se contempla la anchura del mundo, somos bien poca cosa en el ruido de la vida y en el giro del planeta tierra. 
¿A quién le importamos? A Dios, a nuestro Padre, el que nos creó. El se fijó en nosotros y nos puso en el mundo a través del amor de nuestros padres, para ser fermento y sal, luz y vida; y todo ello desde la sencillez del mundo y al estilo de Jesús (Mateo 11,25-30). 
¡Así le pareció mejor al Señor! Desde Jesús nos ofrece un camino de héroes, cuyo merito radica no en construir edificios o hacer hazañas reconocidas mundialmente y siendo protagonistas de tal o cual cosa. Un vaso de agua le basta al Señor, para enorgullecerse de tus obras. Un vaso de agua dado a un sediento, por medio del testimonio de tu vida cristiana. 
Por lo tanto, afanémonos en vivir agradecidos por lo que somos, por lo que seremos y por lo que de otros recibimos. Todo ello se lo debemos a la bondad de Dios, que en la vida nos ama y por medio de los acontecimientos nos busca.
Fraternalmente, Floren.

ORACIÓN DE LA SENCILLEZ DE LA VIDA
Señor y Padre bueno,
que nos amas y nos buscas.
¡Gracias por la vida!

No sabíamos de la grandeza de las obras sencillas,
hasta que comprendimos a la hermana abeja.
Ella surca los vientos y las laderas
hasta encontrar flores sencillas y bellas.
¿Sabe ella que al obtener el polen,
también lo dispersa y poliniza otras flores
colaborando en la rueda de la vida,
para la obtención de los frutos?
Nosotros, que somos tus hijos
y te queremos como Padre,
te llamamos abba -“papaíto”-,
y te damos enormes gracias por la vida.
Gracias por mostrarnos el camino de la sencillez
como senda primordial para servir en tu Reino.
Ante tu presencia no cabe ni el dorado ni los galones,
solo manos abiertas y ganas de abrazar y de servir.

Que sembremos bondad y vida, alegría y plenitud.
Que seamos dignas obras de tus manos
y personas en las cuales habite tu Santo Espíritu.

Te lo pedimos por Jesús,
que por la vida pasó haciendo el bien
y siendo causa de alegría de muchos
y vive y reina junto a Ti y el Espíritu,

por los siglos de los siglos. Así sea.

(se autoriza la difusión indicando su procedencia)

sábado, 28 de enero de 2017

Mi reflexión. Domingo 4º del Tiempo Ordinario - Ciclo A Mateo 5,1-12a

“Buscad al Señor los humildes de la tierra”
Es muy curioso que Jesús en el llamado sermón del monte, a quienes les escuchan no les obligue o anima a realizar tales o cuales prácticas rituales concretas. Jesús relativiza todo eso, pues para él no tiene una prioridad determinada.
Por el contrario, el objetivo primordial de Jesús es la misma condición de la que él mismo participa, la humanidad. Efectivamente, la condición humana es la última expresión donde Dios se manifiesta, tanto en vida desde cada sujeto, como vida proyectada hacia nosotros desde cada una de las personas que interactúan o se relacionan con nosotros en la vida.

No cabe duda de que si Jesús de Nazaret fuera un político, este hubiera sido su programa electoral, con el que ofrecer a la gente la columna vertebral de sus mismos ideales. Por ello, aquí Jesús, en este monte maravilloso junto al lago de Genesaret –que muchos hemos tenido oportunidad de visitar-, caminando entre la gente, va desgranando la viva esencia de Dios Padre, que es amor. Y nos aconseja (Mateo 5,1-12a) que seamos personas disponibles, sensibles, de ternura, solidarios, misericordiosos, honrados hasta el límite, pacíficos y todo ello dando un testimonio de vida que nos asemeje a él mismo.
Y como Jesús es la revelación de Dios, de ese Dios Padre que nos acompaña a los creyente desde el origen de los tiempos; pues la Liturgia de la Palabra nos ofrece igualmente testimonios del nuevo o antiguos testamento, por medio de los cuales aprendemos que la pobreza y/o la disponibilidad hacia los demás es primordial para llegarnos al autentico rostro del Padre. Un Dios, que en la vida nos ama y nos busca y que “ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta” (1Cor 1,26-31). Un Padre que quiere acogernos junto a sí, cuando lleguemos al desprendimiento total de todo aquello que lastra nuestro vivir cristiano y humano (Sal 145,7.8-9a.9bc-10).

¡Qué satisfacción mayor que colaborar con Dios en la construcción de nuestro mundo! Poner nuestras vidas nuestras manos y meterlas en el lodazal de la vida lo mismo que Jesús se enfangó en el Jordán, para llegarse a la humanidad total desde donde tiene el origen la vida. Y desde allí, donde están la vida cruda y dura; colaborar en llevar a cabo el Reino de Dios. Sin guerras ni batallas domésticas, sin mirar donde llega tal o cual persona para ser yo más aun. Conformándose con lo que cada cual es. Pues aun siendo sencillos y pobres, serémos hjos de Dios. Cuando ese trabajo haya sido tarea nuestra, cuando hayamos colaborado en ello; podremos mirar cara a cara al Señor y descansar en su paz. Y entonces, esa paz nadie nos la podrá quitar (Sofonías 2,3;3,12-13). Buen finde.

sábado, 6 de agosto de 2016

DIOS ES NUESTRO - FLASH DE LA PALABRA DE DIOS PARA EL FINDE. Domingo 19º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Dios es nuestro – flash de la palabra de Dios para el finde

Pero no acabamos de entenderlo ni de asumirlo en nuestra vida de creyentes. No me gusta  hablar de culpas, pero sí de responsabilidad. Desde un plano general, nunca se ha apostado por la formación ni por el estudio o el escudriñamiento de las escrituras. Sencillamente porque nunca les ha convenido a nuestros pastores –que nos quieren ignorantes-, ni al creyente en general; pues ponerse a ello supone un autentico dolor de cabeza y una implicación más intensa en el proyecto del “Reino”. 
Es mucho más fácil ir a misa el domingo –o cuando sea- y que el cura te ponga a parir y te diga que es lo que tienes que hacer. Todo esto es lo fácil, aquello a lo que se prestan un buen número de creyentes, a los cuales respeto. Lo difícil, considero yo que es el asumir que somos proyectos de Dios, cada uno de nosotros de manera individualizada; y teniendo esto claro aspirar a la comunidad desde un plano bastante general. 
"Lo único que hace verdaderamente hace falta para SER del Reino de Dios, es escuchar su palabra y aplicarla en el mundo con solidaridad y fraternidad, todo lo demás es absolutamente accesorio, todo."

No diré comunidad cristiana, pues eso hoy es día es puro reduccionismo, sino comunidad humana; pues un cristiano o un creyente hace falta en cualquier parte del mundo. Ojo, no para anunciar nada con aspiraciones de conquistadores, sino para testimoniar humanidad, que es de lo que auténticamente está necesitado el mundo. 
Este “finde” es intenso pues junto a la Liturgia de la Palabra del Domingo celebramos la transfiguración del Señor. Pueden ir la de la mano muy fácilmente las dos cosas. La transfiguración es una experiencia más del Jesús Resucitado que tuvieron los apóstoles. Es una situación épica, en la cual Dios da a Jesús plena autoridad para hablar en “SU” nombre y “SER” escuchado en su nombre; como garante absoluto del proyecto del Reino de Dios. 
Un Reino que está en ti y en mí, si así lo deseamos. Lo está por inercia, sin más. No cabe aquí decir que el Reino de Dios sea exclusivo de los bautizados, pues hay bautizados que dejan bastante que desear. Para ser del Reino, basta con querer serlo; y a posteriori ya se preocupará uno de desarrollar las actitudes propias del Reino de Dios en la vida de cada uno. 
Un Reino para el que Jesús nos advierte en el evangelio, que no debemos tener miedo. El miedo es propio de la condición humana, es algo que sentimos cuando peligra nuestra seguridad. Pero la seguridad máxima del Reino de Dios es la dignidad humana, la propia y la ajena. Y al respecto recibimos de Jesús un llamamiento concreto a vivir el miedo desde un plano ofensivo y no defensivo. 
El miedo puede paralizarte, pero sí que quedas estático –condición defensiva- te pierdes. Por el contrario Jesús nos llama a vivir el Reino de Dios desde la defensiva, afrontando así el miedo, la alegría y toda circunstancia positiva o negativa que se nos pudiera dar. 
Eso sí, una actitud defensiva desde el amor, el respeto y la fraternidad. El papa Francisco lo ha dicho hace unos días en Cracovia, “nuestra respuesta a un mundo en guerra se llama fraternidad”. Ojalá vivamos ampliamente nuestra condición de hijos e hijas de Dios, necesarios y precisos para Él que es la vida misma; el origen y sentido de todas las cosas. 
Un Dios que es fe consolidada y desde cuya fe se persevera (Hebreos 11,1-2.8-19). Un Dios que desde antiguo animó a los creyentes a estar en acción permanente escuchando Su Palabra y aspirando a la promesa de la esperanza, en cuya acción debemos colaborar (Sabiduría 18,6-9). Un Dios que nos ama y en la vida nos busca, y del que nos debemos sentir dichosos de que nos acoja en su corazón (Salmo 32), que es la vida misma del mundo. Amén.

Fraternalmente, Floren.

sábado, 25 de junio de 2016

FLASH DE LA PALABRA DE DIOS. DOMINGO XIII T.O. C

Flash de la Palabra de Dios. Domingo XIII T.O. C.

La vocación en sí misma, es una iniciativa o llamada que sale al encuentro de la vida de cada persona. Igual pasa con el creyente que siente la necesidad imperiosa de acudir a la llamada del Señor (1 Reyes 19,16b.19-21). Una llamada que se hace desde la libertad más absoluta, pues el Señor propone su mensaje a toda persona de buena voluntad (Gálatas 5,1.13-18). 

Es cierto que entraña unos riesgos el seguir los pasos de Jesús, pero quien lo logra, llega a experimentar lo que es trabajar por el Reino de Dios y su justicia (Lucas 9,51-62). Es dar plenitud a la causa por la justicia social, el bienestar y la salvaguarda de la dignidad de toda persona humana que sufre en el mundo, que está atribulada y necesita entrañas de misericordia y que se le trate con fraternidad. 
Y estas realidades del mundo a las que el/a cristiano/a de cada lugar tiene necesidad de mitigar, son inexcusables. No se le puede dar culto a Dios, dejando de lado aquello que pueden hacer nuestras manos. 
Es un camino duro, cierto; pero la consecución de sus fines siempre superará con creces los obstáculos que se presenten, pues tendremos la dicha de decir que: “el Señor es el lote de mi heredad”. Lo único que hace falta para trabajar por el Reino de Dios y su justicia es un corazón bien dispuesto, todo lo demás es relativo.

ORACIÓN
Dios y Padre bueno que nos amas y nos buscas,
te pedimos que nunca deje de asistirnos tu Santo Espíritu,
como fuerza renovadora que impulsa nuestro ánimo.
Que Él sea quien nos haga descubrirte
en cada rostro humano,
en cada persona necesitada de fraternidad;
pues solo acogiendo, respetando y restituyendo
las dignidades quebrantadas –como hizo tu hijo Jesús-,
podremos ser dignos de estar ante Tu presencia
y sentir, que Tú eres el lote de nuestra heredad.
Te lo pedimos por Jesús,
nuestro amigo y nuestro hermano. Amén.

Fraternalmente, Floren.


LITURGIA DE LA PALABRA: http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-de-manana

viernes, 31 de julio de 2015

ARRIESGARSE AL CAMBIO. Domingo XVIII Tiempo Ordinario, B.

ARRIESGARSE AL CAMBIO. Domingo XVIII Tiempo Ordinario, B.

Si las lecturas de este domingo tuviéramos que sintetizarlas en un titular, bien pudiera ser el del comienzo, “Arriesgarse al cambio”. 
En Éxodo (16,2-4.12-15) se nos habla sobre todo de seguridad, pues Israel por mucho que amara a Dios en la penuria se acuerda del Egipto de la esclavitud aunque saciados de alimento. El Salmo 77 nos da la clave de la vida del creyente: “Nuestra hartura es el Señor”. Efesios (4,17.20-24) nos anima a tener una conciencia plena y lucida para arriesgarnos al cambio. Y el Evangelio (Juan 6,24-35) nos da la clave para seguir a Jesús, ser personas de la Verdad. 
Se nos habla de pan como alimento, pero no debemos perder de vista que aquí el evangelista introduce pan como norma que es alimento de vida. Es importante saber cómo tenemos que vivir, y para ello lo primero que tenemos que ser es conscientes de nuestro “YO”, nuestra propia realidad. 

Esa realidad es la que tenemos que iluminar con la Luz de las escrituras y dejarnos fascinar por Dios. Relativizando todo aquello que pueda ralentizar nuestra progresión a los ojos de Dios. ¡Cuidado! Los ojos de Dios no son precisamente los ojos de aquellos que pueden considerarse con autoridad para hablar en nombre de Dios. 
Los ojos de Dios –principalmente- es tu propia conciencia que desde el Evangelio te juzga, te anima a la conversión o te satisface por el deber cumplido. Eso y solo eso, desde la posibilidad de hacer comunidad y llegarse a la corrección fraterna si fuera posible. Arriesgarse al cambio es lanzarse al camino y dejar que sea Dios el que nos hable, aunque como Moisés nos consideremos malos interlocutores. 
Arriesgarse al cambio es relativizar el aparato eclesiástico –si fuera necesario- cuando este sea piedra en el camino y no acogida fraterna y liberación. Arriesgarse al cambio es sentir la fascinación de hacer la Presencia de Jesús entre nosotros, amigos, conocidos, la naturaleza, el trabajo social, la lucha por las conquistas sociales, el abrazo, la sonrisa…etc.; y tener en cuenta siempre siempre, que Jesús nos espera en la vida y solo en la vida.
En la vida tuya y en la de aquel o aquella. Esa vida que Dios nos dio por amor al hombre y a la mujer de cada tiempo. Una vida en la que puede merecer la pena arriesgarse al cambio. Jesús se arriesgó. Feliz domingo.

Floren