CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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domingo, 19 de noviembre de 2017

DIOS NO AJUSTA LAS CUENTAS - Evangelio de los talentos Mateo 25,14-30

Ayer en vísperas y tras recitar el cantico de María, llamado “magníficat” y con el eco del Evangelio en mi cabeza, me convencí de que Dios no nos ajusta las cuentas. No, no lo hace ni lo hará. “Su misericordia alcanza de generación en generación” dice Lucas 1,50. 
Por lo que, si Dios es misericordia –lo cual quiere decir caridad infinita-, no puede ser ni Padre ni amoroso, si ajustara las cuentas a sus hijos e hijas con toda la crudeza de estos términos. Señalo que el versículo que he nombrado del magníficat, continua en estos términos: “a los que le temen”. O sea, según este texto la misericordia alcanza a los que temen a Dios. 

Hay que tener en cuenta que el magníficat está compuesto por una gran diversidad de textos, todos ellos del Antiguo Testamento. La primitiva comunidad cristiana lo coloca en boca de María, pero es probable que María se expresara en unos términos más sencillos sin desvirtuar el sentido de la manifestación de su humildad y disponibilidad hacia Dios. “A los que le temen” está influenciado por el texto del que se toma este versículo, que corresponde al salmo 103 del rey David, sobre el amor de Dios. 
Ya sabemos en qué términos drásticos se refiere en muchos casos el A.T. a Dios, sin perder de vista que cuando se alude al temor o a los adeptos de Dios, se refiere el escritor a aquellos que a Dios le son fieles, suavizando así la esencia de Dios mismo. La liturgia de la Palabra de este domingo –como el domingo anterior- es ya un preámbulo de lo que vendrá en pocos día, el ADVIENTO. 
Proverbios hace un alegato a favor de las buenas virtudes, esenciales para demostrar lo que uno es desde la inmediatez de su vida, la comunidad familiar. Y lo hace maravillosamente a través del ejemplo de una mujer hacendosa. Si en la lectura del salmo 127 cambiamos la palabra temor por fidelidad, encontraremos la verdadera esencia de este bello texto, escrito por alguien que siente en sus carnes el amor de Dios. La carta de Pablo nos lleva el origen de toda la liturgia de la Palabra: estad alerta porque se acerca el Señor. 
Y finalmente es Jesús en el Evangelio de los talentos, el que nos muestra lo que Dios NO ES. No interesa aquí referirse a la productividad de la fe, pues la fe se puede demostrar de muchas formas. O sea, no por hacer muchas cosas se tiene más fe y se está más cerca de Dios. Cuidado de no prestarse a un mercadeo en el que Dios y Jesucristo no entran, “te doy porque me das”, no. 
Porque eso es obtención de privilegios, algo detestable para Dios. Por el contrario, en el evangelio está patente la opción que Dios pone ante cada persona de prestarse a su Reino o no hacerlo. A cada cual se nos da una vida y unas aptitudes, para que compartamos todo lo que tenemos. Pero Dios nunca nos va a reprochar nada, no. El reproche, el temor, el mercadeo de la fe y los sacramentos, esa es la deformación a la que a través de los siglos hemos sometido a Dios, y lo seguimos haciendo. Incluso nos reprochamos cosas nosotros en nombre de Dios, que absurdo. 
Aun se dirime la vida de muchos cristianos entre pecadores o no pecadores, cumplidores o no, fieles o herejes, leales o ácratas…etc. Que esta situación a la que nos someten en muchos casos no nos lleve al temor de esconder el talento por no saber si vamos a acertar o no. Si tenemos miedo, que la reacción sea a la ofensisa y no a la defensiva; la ofensiva del respeto y la fraternidad para neutralizar a esos boceros de Dios a los que hay que temer, pues dicen y no hacen.
Dios nos quiere simplemente si la intención es buena. Porque Dios está en otra dimensión absolutamente distinta. 
Fundamentalmente está en el otro. En esa persona que incluso quizás ni yo conozca, pero en la cual debiera yo de descifrar el rostro de Dios. Según mi actitud y mi coherencia cristiana, actuare de una manera u otra; y será esa persona anónima objeto de mi consideración, ignorancia o despecho la que me juzgará. 
Ahí si está el juicio de valores, y el valor de mi talla como creyente o cristiano seguidor de las huellas de Jesús el carpintero de Nazaret que ya está llamando a mi puerta. De nuestros protocolos misas e historias a las cuales yo me presto, creo que Dios quiere saber más bien poco, mientras todo eso no tenga un reflejo en la comunidad en su conjunto, creyente y no creyente. 
Llega el Adviento, el tiempo de la Palabra, el tiempo de la quietud y la contemplación por excelencia, el tiempo de esperar al Señor. Él espera mucho más de nosotros, de lo que nosotros lo esperamos de Él, pues la vida es un continuo dar gracias por tantos dones. Aun así, preparémonos para –valga la redundancia- preparar un buen camino al Señor. Buen domingo y buen camino.

Fraternalmente, Floren.  

viernes, 4 de agosto de 2017

TRANSFIGURATE Y TRANSFIGURAME. Fiesta de la Transfiguración del Señor

La Transfiguración del Señor. Domingo 6 Agosto
La fiesta de la transfiguración de Señor es una más de las experiencias del resucitado que tuvieron los contemporáneos de Jesús. Las connotaciones de esta experiencia son formidables, en cuanto a que, desde el idílico lugar en el que sucede, contando con la asistencia de Moisés y Elias (profetas representantes del sacerdocio y la ley), la de los apóstoles y la voz del Padre que se manifiesta; hacen de este episodio de la vida de Jesús, quizás no un relato para creer a pies juntillas; pero si una hermosa alegoría sobre la que reflexionar y orar. Yo considero que el centro de este evangelio de Mateo (17,1-9) radica en la propia experiencia de Dios (Padre, Hijo y Espíritu). 

La primera lectura de Daniel nos muestra una de esas experiencias que solemos llamar Teofanías (manifestaciones de Dios), contada al más puro estilo épico del momento en el que se vivió. Dios es considerado algo tremendo, formidable, temible, grandilocuente…etc. 
Pero el evangelio nos muestra la otra cara de Dios, desde luego contextualizada por los hagiógrafos del momento. Mateo nos muestra un Jesús humano que se hace acompañar. 
Desea mostrar a sus amigos la capacidad para buscar y asumir la Presencia de Dios. Y esta experiencia a la que se presta Jesús, para deleite de sus discípulos y amigos, es adornada con la presencia de Moisés y Elias, que están colocados ahí precisamente para testimoniar la conexión entre la antigua y la nueva economía de la salvación. 
Antes, en época de Jesús y ahora, es posible la experiencia de Dios. Es posible y deseable. Dios se nos muestra en la magnificencia, en la quietud y en la crueldad de un mundo que reclama manos para trabajar y testimoniar. “Este es mi Hijo, escuchadle”, dice Dios desde la nube. ¡Si fuera tan fácil! Podemos decir. Pues no, fácil no es, pues al optar por algo hay que dejar cosas por el camino. Pero siempre se ganará en cuanto a la satisfacción del deber bien hecho y el testimonio realizado. 
Por ello, busquemos el rostro del resucitado. Escuchemos y descifremos en el mundo y entre nuestros hermanos la voz de Dios, de la cual nos dice Pedro (1,16-19): “hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones”. 
Nunca es tarde para optar por Jesús y su Palabra de Vida. Nunca es tarde para decidirse por el Reino de Dios (Salmo 96). Nunca es tarde para ayudar a transfigurar este mundo, en paz y fraternidad.

Fraternalmente, Floren.

Lecturas en: http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2017-08-06

viernes, 30 de junio de 2017

LOS FRUTOS DE LA FRATERNIDAD. DOMINGO XIII T.O. A

Los frutos de la fraternidad. Domingo XIII. T.O. A
“Comienza haciendo lo necesario; luego haz lo posible y de repente estarás haciendo lo imposible” (San Francisco de Asís). Lo que nos viene a decir Francisco es que quizás en la vida, lo mejor es dejarse llevar por la bondad del corazón desde la disponibilidad. 
Si estamos de acuerdo en que la vida es un continuo aprendizaje, sin que tenga nada que ver la edad del sujeto, sea joven o adulto; lo cierto es que debemos estar abiertos a toda consideración que nos pueda ayudar a la construcción de un mundo mejor, desde la realidad de nuestro primer mundo. Aquel en el que vivimos. 
Eso sí, sin algaradas ni parafernalias ninguna. Todo al estilo de Jesús. Y Jesús, aunque exige en el evangelio una fidelidad hacia Él que no puede superar la estima que a los familiares se les tiene, lo que nos viene a reseñar es que en la vida la armonización de todo y el equilibrio justo, puede ser la esencia para una vida conforme a sus pasos. Me explico brevemente. 
No se nos puede pedir que establezcamos una categoría en el amar, pero es posible amar de tal manera que lo amemos todo; y que en el amor que profesemos a familiares, amigos y/o pareja, descubramos la propia esencia de Dios; para amarle a Él –y a Jesucristo- con ellos, por ellos y desde ellos. Partiendo de esa base del amor reciproco, como decía antes debemos abrirnos a otras posibilidades de ser cordiales y fraternos con quienes están distantes de nosotros, para también con ellos y por ellos amar a Dios. 
Las palabras claves de la Liturgia de la Palabra de este Domingo son: Seguimiento, fraternidad, luz y vida. El SEGUIMIENTO es la determinación con la que decimos creer en Jesús de Nazaret (Mateo 10,37-42) y todo lo que representa. La FRATERNIDAD es la acogida al desconocido sin condiciones, sabiendo que en él puedes acoger a Jesús. Teniendo en cuenta que desde la fraternidad engendras fraternidad y vida, como la mujer de la lectura  (2 Reyes 4,8-11.14-16a). Aspiramos a obtener la LUZ de Dios para irradiarla a los demás como personas nuevas:    “dichoso el pueblo que camina, oh Señor, a la luz de tu rostro” (Salmo 88). ¿Para qué pretender llevar a cabo todo esto? 
Pues para experimentar junto a Pablo de Tarso la grandeza del Resucitado y ser conscientes de lo que puede ser la VIDA vivida desde la plenitud, y no desde los estereotipos que la sociedad nos impone (Romanos 6,3-4.8-11). 
En un mundo en el que se cierran fronteras y elevamos muros entre las personas –incluso en el nombre de Dios-, se hace urgente una llamada a la fraternidad, a la acogida, a la hospitalidad. Si amamos sentiremos la satisfacción del trabajo bien hecho, y Dios que nos ama desde el otro nos lo recompensará.
Fraternalmente, Floren.

ORACIÓN POR LA FRATERNIDAD
Dios y Padre bueno, que nos amas y nos buscas.

En aquella persona a la cual retiré la mirada
porque no la consideré digna de mí,
en ella estaba tu Hijo Jesús.
Es lamentable, pero es así.
Hago memoria y reconozco
en aquellos ojos hambrientos
la hondura de los ojos del galileo.
En sus manos agrietadas veo la sequedad
de un caminar en la vida en el que no se le ofrece ni agua.
En su cansancio pude ver el desprecio de la sociedad instalada,
de carros de la compra llenos y tecnologías de todo tipo.
¿Dónde queda mi fraternidad, Padre?
No dejes de mostrarnos la realidad de la vida
con la fuerza de tu Santo Espíritu.
No dejes de darnos lecciones de grandeza
y humildad desde los otros ante los cuales
no te reconocemos.
No dejes de restregarnos por la cara
que un día sin amor ni fraternidad,

es un día de sepulcro y no de resurrección. Amén.

(se autoriza su difusión indicando su procedencia)

sábado, 25 de marzo de 2017

TUS CINCO MINUTOS PARA EL SEÑOR - DOMINGO IV DE CUARESMA

IV DOMINGO DE CUARESMA A. Tus cinco minutos para el Señor.

"el evangelio es una llamada constante a ser luz"

¡Ama y haz lo que quieras!

Si callas, calla con amor.
       
Si gritas, grita con amor.
       
Si corriges, corrige con amor.
       
Si perdonas, perdona con amor.
       
Que el amor sea la raíz interior de tus obras.

Lectura del santo evangelio según san Juan (9,1.6-9.13-17.34-38):

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían: «El mismo.»

Otros decían: «No es él, pero se le parece.»
Él respondía: «Soy yo.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó: «Que es un profeta.»
Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
Palabra del Señor

REFLEXIÓN
La ceguera es algo que no nos podemos imaginar los que tenemos la dicha de ver, aunque cerremos momentáneamente los ojos. Pero no debemos olvidar, que es posible andar por el mundo sin percibir muchas cosas que están en el mundo. De ahí que haya una ceguera inducida, que nos lleva pasar de largo ante en entorno en el que vivimos. 
Solo basta mirar las noticias para tener conciencia de lo que pasa en el mundo. ¿Qué papel juego yo en el cotidiano avatar del mundo? Pues eres ni más ni menos que esencial a los ojos de Dios. Este domingo el evangelio es una llamada constante a ser luz. LUZ para nosotros en nuestra vida, para que a su vez otros vean la luz a través nuestro. 
No es complicado, no. 
Solo hay que tener determinación, y saber que este mundo está perdido si en la vida no hay personas que se comprometan con la causa del ser humano y el respeto al medio natural. 
Tu juegas un papel determinante, pues los valores cristianos que nos enseña Jesús llegarán allí donde tú te propongas testimoniar. También esto es cuaresma. 
También esta percepción de la realidad es caminar; percibiendo todo lo que te rodea, y sin perder de vista la actitud con la que el Señor desea que actuemos, la pequeñez. 
Muchas veces hemos llamado a Dios “todopoderoso”, una palabra demasiado grande para el sentido con el que Él hace las cosas desde Jesús. No en balde eligió de entre toda una estirpe al más pequeño de una familia –David-, para hacerlo rey de su pueblo. 
En resumen: la pascua está cerca y en ella Jesús se nos presentara como Luz del mundo. Luz resucitadora. Pongamos las bases para ser participes de esa luz. En Francisco de Asís pobre entre los pobres, tenemos un bello ejemplo de entrega y sencillez.

fraternalmente, Floren


viernes, 10 de marzo de 2017

TUS CINCO MINUTOS PARA EL SEÑOR - DOMINGO II CUARESMA A

DOMINGO II CUARESMA A - La transfiguración

"Cada creyente que camina por el desierto cuaresmal, debe aspirar a vivir la Pascua como una eclosión de alegría donde se celebre a Cristo con la predisposición de los apóstoles"

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9):

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN
La transfiguración del Señor es un acontecimiento de la vida de la primera comunidad creyente, en la cual experimenta la vivencia del resucitado. Es algo importante pues estos acontecimientos son expresiones de la culminación de una etapa, en la cual la maduración en la fe es fundamental. 
El Ejemplo más elocuente de ello es el de san Pablo, que no conoció al Señor físicamente. Sin embargo tuvo la experiencia del resucitado, por medio de una conversión de sus actitudes. 
Cada creyente que camina por el desierto cuaresmal, debe aspirar a vivir la Pascua como una eclosión de alegría donde se celebre a Cristo con la predisposición de los apóstoles. Y la cuaresma es el camino por medio del cual podemos alcanzar la perfección de nuestra vida cristiana y vocacional, trazándonos –al menos- una trayectoria a seguir con determinación. 
La prueba más hermosa de esta maduración en la fe es la de Abrán (Gn 12,1-4ª); representación de aquella primera comunidad que creyó en Dios y en Él puso su confianza. ¡Sal de tu tierra! invita el Señor a Abrán. 
Una comunidad creyente que maduró en la fe, cuyo simbolismo lo prefigura Dios cambiándole el nombre en Abraham; pues alcanzaron la plenitud a los ojos de Dios conformándose como autentica comunidad creyente. 
Por ello, Abraham también es ejemplo de caminar junto a Dios, aun a pesar de los posibles naufragios. No todo es fácil para la vida del creyente. Sin embargo, es vital confiar en Dios, ponerse en sus manos y anonadarse ante su bondad enorme y su amor sin medida. 
Esa fue la entrega de Jesús, la de su vida por la causa del Reino de Dios, su Padre y tu Padre. Ojalá lleguemos a confiar en Él, hasta el punto de sentirnos como obra suya, de sus manos. Para llegar a la plenitud de nuestras obras, por medio de la transfiguración de nuestro corazón, dando testimonio para sembrar por el mundo la paz y el bien.

fraternalmente, Floren



viernes, 3 de marzo de 2017

EL RESPETO A LA PALABRA DE DIOS


(*) Una de las cosas que más me ha fascinado desde que estudio y escudriño las escrituras, es la gran significación que tiene para otras religiones las palabras sagradas o escritas, valga el magno ejemplo de los judíos. Es impecable el trato que dispensan a las escrituras Sagradas –Sagrada Torah-, a las cuales se les rinde culto, siendo uno de los elementos más significativos para ellos. Cada judío aproximadamente a la edad de doce años alcanza la condición de “Benei Mitzvá” (hijos de los mandamientos), por la cual pueden asistir a la proclamación de las escrituras en la sinagoga. 

Para aclamarla visten el “Talit gadol”, manto de oración del que con total seguridad se deriva la casulla sacerdotal utilizada por los cristianos. Colocan la Palabra en los dinteles de sus casas (Mezuzá), la estudian, besan con devoción y la procesionan. Si bien es cierto que estos no reconocen la llegada del hijo de Dios en carne mortal, a los ojos del mismo Dios al que llamamos Padre, no son menos dignos que los cristianos pues no en balde los llamo Juan Pablo II, “nuestros hermanos mayores en la fe”. 
Y es que cuando decimos Palabra de Dios o Sagradas Escrituras, debiéramos de asumir la enormidad de lo que nombramos y su significancia en la vida de un creyente. Cuando una persona da su palabra, se da a sí mismo. La palabra, en sí misma es un elemento sobre el que poder fiar una actitud o una circunstancia determinada, pues si está dada tu palabra, está presente la voluntad del sujeto aunque este se ausente. 
Dios, en su gran misericordia consideró legarnos su Palabra como un elemento en el que poder escudriñar los distintos episodios y épocas de la vida, en las cuales el hombre y la mujer de cada tiempo se han relacionado con Él. Eso es la Biblia. Es la misma historia de la salvación, por medio de la cual y a través del tiempo y de la historia Dios se ha revelado a la humanidad desde la creación del mundo. El primer testimonio escrito que dio lugar al primer libro de la Biblia no fue el Génesis. El Génesis es el libro primero según el ordenamiento del Canon católico, y fue escrito en el destierro de Babilonia. 
El primer libro escrito de la Biblia fue probablemente el libro de Job (1400 a.C. aprox). Pero si bien es cierto que la Biblia es en su conjunto la Palabra de Dios revelada a los hagiógrafos para nuestro conocimiento; en el episodio del Monte Horeb (Exodo 20,1-17) tenemos la primera iniciativa por parte de Dios para dejarnos su palabra escrita, los famosos diez mandamientos. Las segundas copias de las tablas de piedra junto a una dalmática de Josué, fueron guardadas –por voluntad de Dios- en un arca, a la cual se le rendía culto desde una tienda llamada “del encuentro” (Exodo 25,10ss). 
Por ello, no cabe la menor duda de que Dios siempre ha deseado que no solo observemos su Palabra, sino que la admiremos y le rindamos culto, como elemento fundamental de su presencia entre nosotros, junto a otros elementos sagrados y semejantes a este como es la sagrada Eucaristía. Dios desea que asumamos su Palabra como vida propia nuestra, «meteré mi ley en su pecho, la escribiré en su corazón» (1Reyes 31,33). 

Pero vueltos a la realidad actual, la Palabra de Dios es un elemento que no interesa a los creyentes –practicantes o no-; sino que más bien llega a ser un elemento decorativo que sirve para llenar un espacio de nuestras celebraciones rituales. Si en la actualidad nuestra iglesia tiene serios problemas para hacer atrayente el mensaje y obra de Jesús de Nazaret, no digamos ya la tarea titánica de saber crear entre los creyentes la iniciativa particular o comunitaria de escudriñar y discernir las escrituras para beneficio de la vida del creyente y de la comunidad. “Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Lo he jurado y he de cumplirlo” (Salmo 118,105-106), dice el autor de este Salmo, el cual elabora una gran plegaria de alabanza y súplica a Dios y a su ley. 
Quizás no debiéramos de perder de vista, el uso que muchos antes que nosotros han hecho de la Palabra de Dios. Ella es testimonio vivo de la presencia de Dios entre nosotros, como palabra inspirada y hecha vida desde el mismo Jesús de Nazaret, palabra hecha camino verdad y vida. Me fascina un relato del libro del Génesis que quiero compartir al uso del tema (28,10-13): “Jacob salió de Berbeba y fue a Jarán. Llegando a cierto lugar, se dispuso a hacer noche allí, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso por cabezal y se acostó en aquel lugar. Y tuvo un sueño: soñó con una escalera apoyada en tierra y cuya cima tocaba los cielos, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y vio que Dios estaba sobre ella[…]”. 

Las claves simbólicas son claras y nos pueden enseñar más sobre la relación con Dios, que cualquier predicador o teología concreta. Ese Jacob somos cada uno de nosotros y se nos ofrece un medio para comunicarnos con Dios. Es posible la comunicación entre nuestra tierra y la dimensión celestial de Dios –el Trascendente-, pues la simboliza el subir y el bajar de los ángeles por la escalera; mensajeros de Dios. Por ello, desde tiempo inmemorial Dios se nos ha revelado a través de la historia y su Palabra como un Padre comunicativo que desea encontrarnos en la vida, cercano y accesible. 
¿En qué lugar de culto o templo tiene lugar esta experiencia religiosa de Jacob? En ningún lugar sagrado. El sitio es la propia vida sencilla y vivida y además en la oscuridad del sueño, cuando la persona es más vulnerable. Solo basta esperar en Dios y en querer asumir su palabra de vida: «Dios mío, lo quiero, llevo tu ley en las entrañas» (Sal 40,9). 
Como he dicho son muchos los elementos sagrados que nos llevan a Dios y por medio de los cuales asimilamos su voluntad y nuestra condición de Hijos. En un lugar primordial de nuestra vida de creyentes, debe estar la Palabra de Dios. Significada y dignificada como testimonio de la vida y obra de un Dios, que por amor nos creó. Se nos reveló en la vida y en Jesucristo, y que desea por encima de todo que lleguemos a la salvación de nuestra vida por la propia observancia de Su Palabra. 
Sin mengua de la verdad y de la santidad de Dios, la sagrada Escritura nos muestra la admirable condescendencia de Dios, “para que aprendamos su amor inefable y cómo adapta su lenguaje a nuestra naturaleza con su providencia solícita” (S.Juan Crisóstomo S.IV). 
Hermanos y hermanas de la hermandad del Dulce Nombre, la cuaresma es un tiempo más que oportuno para hacer desierto. No debemos de perder la oportunidad de hacer silencio, de encontrarnos con Dios desde la realidad de nuestro propio yo –con sus luces y sus sombras-. ¿Qué puede obrar la Palabra de Dios en el mundo, si Dios no cuenta con las obras de tus manos? Seamos merecedores de su amor asumiendo su Palabra, rindiéndole culto, considerándole un trato sagrado y oportuno. Ojalá nos lleguemos a decir de una forma plenamente consciente, que para nosotros: “lo mejor es estar junto a Dios” (Salmo 73,28). Buen camino a través del desierto cuaresmal. Un saludo fraterno en Jesús, que es Palabra, camino, verdad y vida.

Florencio Salvador Díaz Fernández

(Estudiante de Teología y Sagrada Biblia)

(*) Publicado en la revista cuaresmal "BLANCA Y COLORÁ" nº 14 Cuaresma 2017.

martes, 28 de febrero de 2017

TUS CINCO MINUTOS PARA EL SEÑOR - MIÉRCOLES DE CENIZA CUARESMA

Hoy que sé que mi vida es un desierto,

en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.
.Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.
.Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.
.Para que nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.
.
Para que no me busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón.

Lectura de la profecía de Joel (2,12-18)
"convertíos a mí de todo corazón [...]rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos"
Salmo 50,3-4.5-6a.12-13.14.17
"Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme"
+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18)
"Sed sinceros, auténticos, misericordiosos y sencillos; y siendo así vuestro Padre del cielos, os lo premiará"

REFLEXIÓN
“El valor de la vida no depende de la aprobación de los demás o del éxito, sino de cuanto tenemos dentro” (Papa Francisco)

Como todos los años, la cuaresma llega a nuestras vidas con las connotaciones propias del tiempo que antecede a la semana santa, algo muy celebrado por muchas personas, desde el punto de vista festivo. Sin embargo, para el creyente es una poderosa llamada de atención fundamentalmente para ponerse en camino, para realizar un éxodo personal que culminará en la Pascua. 
Para algunos creyentes una cuaresma más puede llegar a ser irrelevante. Es fundamental que tanto si eres joven como adulto, tengas conciencia del paso del tiempo pues el Señor no deja de llamarnos la atención sobre la necesidad de no perder el tiempo, para ser participes del Reino de Dios. Es por eso que nos llama al cuidado, nos da un toque de atención sobre las actitudes que nos precipitan lejos de su mirada. Si se vive una vida normal, no es preciso privarse de nada, pues lo que al Señor importa en que tengamos un corazón humano, sensible, justo y fraterno.
Es fundamental que descubramos nuestro “ser” en el mundo con Jesucristo. Por eso Jesús nos invita a ser nosotros mismos, “se tú” el que hagas del evangelio una vivencia que acoja, abrigue y abrace fraternalmente. Se tú el que sirvió, pacificó y dio testimonio. Sin alardes ni vanidades, solo con un profundo sentimiento de fraternidad comunitaria, que te llevará como María la hermana de Lázaro, a descubrir algo que uno se afana en no perder. Para estas actitudes es fundamental la interiorización. 
Hemos dicho camino, ponerse en marcha, desprenderse e interiorizar. Durante ese camino hay que ser Cristo mismo dándose a los demás. Y eso hay que llevarlo a cabo desde el desierto personal por medio del silencio, la oración y la interiorización de la Palabra de Dios –elemento clave en la cuaresma-. ¿Quién no se arregla para un evento concreto? Trajes, alguna joya, maquillaje. ¿Y tu interior? ¿Lo prepararas para la Pascua? No olvides que Cristo cuenta contigo con la hondura de tu corazón  y no le debes de fallar. Feliz camino a través del desierto cuaresmal.
.
ORACIÓN FINAL
Oh Dios, Y Padre nuestro que nos amas y nos buscas:
Tú sabes con qué frecuencia intentamos caminar por nuestros senderos egoístas.
No nos permitas vivir y morir sólo para nosotros mismos
o cerrar nuestros corazones a los otros.

Que nos afanemos en nuestra vida sencilla.
Ayúdanos a vernos a nosotros mismos y a la vida como dones tuyos.
Haznos receptivos de tu palabra y de tu vida y haznos crecer en la mentalidad y actitudes
de Jesucristo nuestro Señor, que pasó por el mundo haciendo el bien.

Así sea.

sábado, 28 de enero de 2017

Mi reflexión. Domingo 4º del Tiempo Ordinario - Ciclo A Mateo 5,1-12a

“Buscad al Señor los humildes de la tierra”
Es muy curioso que Jesús en el llamado sermón del monte, a quienes les escuchan no les obligue o anima a realizar tales o cuales prácticas rituales concretas. Jesús relativiza todo eso, pues para él no tiene una prioridad determinada.
Por el contrario, el objetivo primordial de Jesús es la misma condición de la que él mismo participa, la humanidad. Efectivamente, la condición humana es la última expresión donde Dios se manifiesta, tanto en vida desde cada sujeto, como vida proyectada hacia nosotros desde cada una de las personas que interactúan o se relacionan con nosotros en la vida.

No cabe duda de que si Jesús de Nazaret fuera un político, este hubiera sido su programa electoral, con el que ofrecer a la gente la columna vertebral de sus mismos ideales. Por ello, aquí Jesús, en este monte maravilloso junto al lago de Genesaret –que muchos hemos tenido oportunidad de visitar-, caminando entre la gente, va desgranando la viva esencia de Dios Padre, que es amor. Y nos aconseja (Mateo 5,1-12a) que seamos personas disponibles, sensibles, de ternura, solidarios, misericordiosos, honrados hasta el límite, pacíficos y todo ello dando un testimonio de vida que nos asemeje a él mismo.
Y como Jesús es la revelación de Dios, de ese Dios Padre que nos acompaña a los creyente desde el origen de los tiempos; pues la Liturgia de la Palabra nos ofrece igualmente testimonios del nuevo o antiguos testamento, por medio de los cuales aprendemos que la pobreza y/o la disponibilidad hacia los demás es primordial para llegarnos al autentico rostro del Padre. Un Dios, que en la vida nos ama y nos busca y que “ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta” (1Cor 1,26-31). Un Padre que quiere acogernos junto a sí, cuando lleguemos al desprendimiento total de todo aquello que lastra nuestro vivir cristiano y humano (Sal 145,7.8-9a.9bc-10).

¡Qué satisfacción mayor que colaborar con Dios en la construcción de nuestro mundo! Poner nuestras vidas nuestras manos y meterlas en el lodazal de la vida lo mismo que Jesús se enfangó en el Jordán, para llegarse a la humanidad total desde donde tiene el origen la vida. Y desde allí, donde están la vida cruda y dura; colaborar en llevar a cabo el Reino de Dios. Sin guerras ni batallas domésticas, sin mirar donde llega tal o cual persona para ser yo más aun. Conformándose con lo que cada cual es. Pues aun siendo sencillos y pobres, serémos hjos de Dios. Cuando ese trabajo haya sido tarea nuestra, cuando hayamos colaborado en ello; podremos mirar cara a cara al Señor y descansar en su paz. Y entonces, esa paz nadie nos la podrá quitar (Sofonías 2,3;3,12-13). Buen finde.