CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de enero de 2022

MUJERES, REINAS, MAGAS Y SABIAS.

Los Reyes Magos es una de las tradiciones más antiguas que conocemos y quizás sobre su fundamento habría que decir algo más.

El caso es que en el oficio de Laudes ayer por la mañana, di lectura al texto de Florentino Ulibarri titulado “TAMBIÉN LLEGARON MUJERES SABIAS”[1]. En este texto el autor -con su especial sensibilidad y carisma- viene haciendo lo que yo llamo un alegato de Reyes Magos en defensa de la igualdad de la mujer.


Ojo, mi intención no es cambiar la tradición, no voy por ahí. Pero es preciso conocer el verdadero fundamento de las cosas, al menos para no rasgarse la camisa ante cabalgatas protagonizadas por mujeres, reinas magas o cualquier cosa que se nos ocurra y que no sea del agrado de algunas personas.

Partimos de la base de que tradicionalmente los magos fueron hombres por el patriarcado que nos llega hasta nuestros días.

¿Porqué lo digo? Pues porque la tradición de los Reyes Magos, tal y como la conocemos hoy  en día también fue una ocurrencia de alguien allá por el siglo I de nuestra era.

Los Reyes Magos tal y como los conocemos Melchor, Gaspar y Baltasar NO tienen ningún fundamento histórico. Es una bella fábula para enmarcar el nacimiento de Jesús en la historia dándose a conocer a las tres grandes civilizaciones –consideradas- paganas de entonces, creo que mesopotámica, persa y etíope.

Es más, hay estudios teológicos que bien se posicionan a favor de Nazaret como lugar del nacimiento de Jesús ya que el censo romano al que se refieren los evangelios no cuadran con los datos históricos de entonces. Y si no se trasladaron porque no hubo censo, es probable que Jesús naciera en Nazaret en la casa de su madre y su padre, María y José.

Es muy probable, más que probable que el hagiógrafo sagrado sitúe el nacimiento de Jesús en Belén, para realizar una conexión con la dinastía davídica y su genealogía de la cual parte José el carpintero que era de la estirpe de David.

Tengamos en cuenta que ninguno de estos datos que aporto desvirtúan –de ninguna manera- la vida, obra y mensaje de Jesús de Nazaret en el cual creo, como hombre formidable que rompió todos los esquemas de la historia, haciendo el bien, preocupándose por la dignidad de mujeres y hombres, el hambre y la salud así como la justicia.

Pero me parece importante que en este momento en el que vivimos en el que todo parece ser blanco o negro o nos creemos la primera noticia que nos llega a tal grupo de wassapps seamos de izquierda o de derechas; digo que, pensemos en la posibilidad de que cualquier cosa puede tener una deriva distinta en su origen o se haya desvirtuado a través del tiempo para hacer una versión de un acontecimiento a la medida de algunos.

Termino.

Me gusta la tradición de los Reyes Magos, pero es linda la reflexión a la que nos lleva Florentino Ulibarri. Epifanía es "manifestación del Hijo de Dios", es darse a conocer. Las mujeres siempre han luchado por reivindicar su lugar en el mundo. Estamos rodeados de mujeres cada día en cada momento de la historia que han hecho auténticos milagros en sus vidas. Han sido Reinas en muchos sentidos y en una sociedad o civilizaciones que siempre las han empequeñecido hasta llevarlas a la ignorancia.

Pero ellas son sabias. HOY SOIS SABIAS.

Y por ello confieso que estaría encantado de que en algún momento se reconociera vuestra realeza, sabiduría, dignidad y empoderamiento para que vuestras capacidades brillen como el sol.

Que tengáis un feliz fin de semana.

Fraternalmente, Floren.

 

TAMBIÉN LLEGARON MUJERES SABIAS (Florentino Ulibarri)

Y aunque no lo digan las crónicas,

también llegaron mujeres sabias

desde los cuatro puntos cardinales.

El fuego ardía en su seno

mucho antes de ver la estrella en el cielo.

Caminaban en oscuridad fiándose

de que la tierra se iluminara cada noche

con la luz de las lucernas más humanas.

 

Llegaron mujeres sabias

libremente y por propia autoridad,

sin ocultarse y desafiando las costumbres,

sin pedir permiso a ningún rey,

siguiendo sus intuiciones y sueños

su anhelo y el ritmo de su corazón,

cantando canciones de esperanza

y abriendo camino a la dignidad.

 

Llegaron en silencio, de puntillas,

sin ruido, sin parafernalia,

sin provocar altercados ni miedos,

sonriendo a todos los peregrinos.

Llegaron de forma contracultural,

no les quedaba otro remedio.

 

Nadie levantó acta con sus nombres,

pero dejaron huella y recuerdo imborrable.

Llegaron y trajeron regalos útiles:

agua que limpia, fuego que ilumina,

pan de la tierra y leche de sus pechos.

Llegaron con mantas para envolver,

frutos secos para compartir,

aceites para curar y ungir

y nanas tiernas en sus gargantas

para alegrar y dormir al que iba a nacer.

 

Ayudaron a María a dar a luz,

y cuando gemía con dolores de parto

le susurraban bendiciones de su pueblo.

Se quedaron en Belén muchas lunas,

y encontraron para la familia un lugar digno.

Y enseñaron a otras su arte y oficio,

con paciencia, ternura y tino

hasta que surgió una red de solidaridad.

 

Llegaron mujeres sabias

y alzaron su voz, sus brazos,

su sabiduría, su cuerpo, su espíritu

contra la matanza de inocentes.

Y se marcharon por otro camino,

igual que lo hacen siempre,

sin prestar atención a los cantos triunfales,

para proteger a los hijos más débiles.

 

Se marcharon a su tierra.

Pero vuelven una y otra vez en esta época

y en todos los momentos importantes,

cargadas de dones, risas, besos

de vida, canciones y paciencia

Dicen que es su trabajo y oficio;

pero no, son nuestro sacramento

y nuestros sueños mágicos despiertos.

 

Vestidas sin llamar la atención

están ahí, al borde del camino,

en los cruces y duelos de la vida,

en los oasis y en los desiertos,

en el límite de nuestro tiempo,

en los campos de refugiados,

en el umbral de la conciencia,

ofreciéndonos lo que más necesitamos.

 

Danos ojos para verlas ahora,

antes de que se marchen por otro camino,

y sólo sean sombra para nosotros.

Déjanos sentir el aroma de su presencia,

la sonrisa de su rostro, la leche de sus senos,

el calor de su espíritu y de su regazo

y toda la ternura de sus corazones vivos.

Déjanos abrazarlas para no olvidarlas.

 

Siempre llegan mujeres sabias,

oportuna y solícitamente,

a Belén y al reverso de la historia,

y son los mejores reyes magos

de las crónicas evangélicas no escritas.



[1] https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1407-tambi%C3%A9n-llegaron-mujeres-sabias.html

viernes, 3 de enero de 2020

EL NOMBRE DE JESÚS


Nombre sobre todo nombre.
Jesús, delicia del Padre,

saboreo de su cielo
y de sus eternidades.

Jesús, gozo del Espíritu,
que por Él su luz expande
y embellece con su gloria
los espacios siderales.

Nombre sobre todo nombre.
Jesús, asombro del ángel,
embeleso de José,
amor de la Virgen Madre.

Jesús, Mesías divino,
Palabra clave, mensaje
que dice al hombre en la tierra
la voz que del cielo trae.

Nombre sobre todo nombre.
Jesús, lo más deseable,
hambre del hombre saciada,
que da deliciosa hambre.

Jesús, fuerza del humilde,
salvación en nuestros males,
aliento del corazón,
sola verdad de verdades.

Nombre sobre todo nombre.
Todos los seres lo canten,
animados del Espíritu,
en la presencia del Padre. Amén.

En el versículo treinta y uno del capítulo primero del evangelio de Lucas, queda claro que el mismo Gabriel de parte de Dios, le comunica a María que a su hijo ha de ponerle Jesús. Ante el gran proyecto en el que María se adentraba, con sus pros y sus contras, probablemente la joven Nazarena no presto importancia a la exigencia de Dios, de que su hijo se llamara de tal forma.

Sin embargo, “el nombre de una persona era, para los judíos, un asunto mucho más importante de lo que es para nosotros. No era la mera designación de la persona. Para los israelitas, el nombre de una persona expresaba lo que en realidad era aquella persona, su misión y su destino en la vida” (J.Mª.Castillo). Como todo en la biblia o -mejor dicho- como corresponde al criterio del creador; Dios le puso a su hijo el nombre de Jesús con un sobrado fundamento.
“El nombre de Jesucristo, ha venido a ser piedra angular, […] pues no se nos ha dado a los hombres ningún otro nombre debajo del cielo para salvarnos". (Hch 4,10-12) Aun a pesar de estas palabras, el nombre de Jesús era de uso corriente entre los judíos de entonces, que conservaron este nombre común hasta mediados del siglo II.de C. Sabemos este dato por las crónicas conservadas de Flavio Josefo, historiador judío nacido en el año 37 d.C, que anota en sus escritos al menos a veinte hombres con los nombres de Josué o Jesús.
El nombre de Jesús es una derivación hebrea del nombre de Josué –personaje histórico que acompaño a Moisés en la liberación de Israel en torno al 1370 a.C- y como tal significa lo mismo. “Yosue”, “Yeshúa”, “Yeshú”, Jesús. En su origen etimológico original significa “Yavhé ayuda” o “Yavhé ayude”, aunque la etimología popular de la biblia lo reinterpreto por “Yhavé salva” o “Dios salva”.
Este mensaje quedo igualmente plasmado en la comunicación del ángel a José, cuando en sueños le advirtió que Jesús sería el salvador de su pueblo (Mt 1,21). Desde esta perspectiva, es fácil entender que tanto Jesús como sus familiares, son bíblicamente asimilados por aquellos otros que conformaron el grupo por medio del cual Israel se salvo de la opresión.
En aquellos entonces se salvaron unos, y ahora son otros los salvados aunque del pecado. Y en esta nueva etapa inaugurada por Jesucristo, encontramos que hasta el siglo doce no tiene el nombre de Jesús, una evocación particular y establecida en la vida de la comunidad cristiana. Fue nuestro seráfico padre Francisco de Asís (s.XIII), el que comenzó la representación de los portales de Belén y así mismo, fue el precursor de la celebración del nombre de Jesús en la iglesia católica.
Aunque en las comunidades cristianas se veneraba el nombre de Jesús de manera común y privada, esta celebración llega a establecerse en la litúrgica católica en el 1530, cuando SS. Clemente VII concede por vez primera a la orden de frailes menores la celebración del Oficio propio del Santísimo Nombre de Jesús, los días tres del mes de Enero. Un nombre para celebrar que nos sabe a dulce.
Un nombre que pertenece a una insigne persona que si por algo llamo la atención de sus contemporáneos, fue precisamente por no ser insigne ni digno judío ni persona a considerar salvo por la revolución del amor; planteada como columna vertebral del Reino de Dios. Aun así, hijo predilecto y de Dios, ni más ni menos. Desde los orígenes de Jesús, se advierte la transformación a llevar a cabo por este en el judaísmo de entonces. Jesús advierte, te salvaras si amas y no si cumples la ley como anteriormente.
Jesús llama a Dios papá, y lo hace con una sensibilidad de hijo que está patente en las escrituras. Todas estas singularidades y muchísimas otras, hacían de Jesús una persona extraordinaria. Repito, una persona. Y como toda persona por su nombre se le conocía, junto al sobrenombre del origen del nacimiento que en el caso de Jesús fue la aldea de Nazaret.
Nadie llamaba a Jesús con títulos celestiales o estrafalarios. Jesús, ven o Jesús adiós. Era un hombre. Y para los que vivieron junto a él, una persona; excepcional, pero una persona. Sin embargo, lo que para nosotros hoy en día es corriente, respecto de la humanidad de Jesús –aunque nos cueste un poquito situarnos-, en otras épocas tuvo su controversia, ya que fueron muchos los que argumentaron en los primeros tiempos la única naturaleza divina de Jesús.
En el siglo V, nació el monofisismo; corriente absolutista en la iglesia que defendía el único origen divino de Jesús el hijo de Dios. El monje Eutiques fue el principal de sus impulsores, que llego a recibir personalmente y sus discípulos posteriormente, varios anatemas y escritos reprobando sus tesis absolutistas. Jesús es Hijo de Dios, pero vino al mundo como hombre en todos los sentidos excepto en el pecado original. Y esta dualidad “divinohumana”, es la que confesamos desde el concilio de Calcedonia (451 d.C), que sentó las bases del credo de Nicea.
El trece de Junio del año 449, se dicta una carta conciliar contra el monofisismo, enviada a Juliano de Cos en la cual se argumenta: “aunque fue concebido y nació sin concupiscencia, su carne -non alterius tamen naturae erat eius caro quam nostrae- no era de naturaleza distinta a la nuestra”. Por ello aquí nos podemos preguntar, al mirar los ojos de esa persona que alberga el Dulce Nombre; ¿qué me separa de ti, buen Jesús?, ¿qué dificultad encuentran mis oídos para que el susurro de tu palabra llegué a mí? ¿Acaso como el monje Eutiques me afano en mirar al cielo para pedir iluminación desde arriba, cuando tú estás cansado de pasar junto a mi lado, en esta humanidad que junto a nosotros compartes?
Mis muy queridos hermanos y hermanas, os aseguro que Jesús no nos dijo en balde aquello de: “el que dé de beber a uno de estos pequeñuelos tan sólo un vaso de agua fresca […], os aseguro que no perderá su recompensa" (Mt 10,42). Hagámonos dignos del nombre de Jesús.
Abrámonos a un nombre que “resuena en nuestro oídos como misericordia, perdón, porque su voz es dulce y su rostro bello. Es fundamento de la fe mediante el cual somos constituidos hijos de Dios” (San Bernardino de Siena, sermón 49).
Este nombre de Jesús nos crea compromiso, nos planta en un mundo en el que como cristianos seremos los ojos y manos de Dios ante muchos, que en nosotros debieran ver el rostro del Padre y el sentido fraternal, de aquella excelente persona que reina en los corazones y cuyo nombre sabe a dulce, ¡Jesús!.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

EL PAÍS DE LOS CARAMELOS - CUENTO DE NAVIDAD



Como cada día de cole durante el recreo Edu se sentaba en el banco verde bajo el árbol, mientras miraba a los niños y las niñas jugar. Nunca le gustó el fútbol aun a pesar de que su padre incluso llegó a obligarle a ver algún partido en la tele. Hasta que se convenció de que su hijo no era un niño de pelota. Por eso nunca participaba en los juegos de pelota, pues casi siempre observaba que los equipos acababan peleándose y eso no le gustaba nada.
No acababa de pasarlo bien en el recreo del cole porque siempre había algún niño que estaba dispuesto a chincharle. No acaba de entender si aquello tenía algo que ver con lo que le decía su abuela cuando él le contaba sus penurias del cole: “querido Edu –le decía su abuela-, tienes que entender que eres un niño muy especial”. El colegio le gustaba mucho porque siempre había una pregunta a contestar, y a él le encantaba saber cosas. Era aplicado y solía llevar muy buenas notas a casa, circunstancia que en más de una ocasión le llevó a ser tildado de empollón con la debida insidia que eso causaba entre los demás niños del colegio.

Digamos que compañeros lo que se dice compañeros o compañeras, Edu tenía bastantes pocos. Y amigos…, amigos tampoco tenía pues aunque se lo había propuesto nadie quería ser su amigo ni charlar con él. Pero aquel día sin que Edu lo supiera, sería un día especial.
Hacía unas semanas que al colegio llegó un niño nuevo. Era de piel muy morenita, así que los que siempre fastidiaban le pusieron el mote de “el moro”. Pero daba la sensación de que a este niño le daba igual y no entraba al trapo de los que intentaban fastidiarle, pues este niño pasaba lo que se dice siete pueblos de los que se metían con él. Hablaba con muchos niños y en algunos casos Edu se daba cuenta de que les daba algo, no sabía el qué.
Estaba en sus pensamientos cuando oyó pelea en el campo de fútbol y vio a varios niños dándose patadas y golpes y al profe de mates salir corriendo para separar a los energúmenos. No se dio cuenta de que mientras miraba la pelea se le acercó el niño nuevo y metiéndose la mano en el bolsillo del pantalón, sacó un caramelo y se lo ofreció.
-¿Quieres un caramelo?
Edu le dijo que sí y desliándolo y metiéndoselo en la boca le pregunto que como se llamaba.
–Jalib, le dijo el niño. –Me llamo Jalib Sánchez Salmaj.
Edu apreció que hablaba castellano perfectamente y se arriesgó a preguntarle de que país era.
 –Soy tan de España como tú, le dijo Jalib.
Lo que pasa es que mi padre ha sido trasladado por motivos de trabajo y por eso he llegado al colegio con el curso empezado.
–Yo me llamo Edu de Eduardo. ¿En qué trabaja tu padre?
-Es director de la oficina de correos del pueblo, contesto Jalib. -Hubo una baja y por eso lo trasladaron.
-¿No juegas a la pelota? Preguntó Edu.
–No, porque casi siempre acaban a leñazos. En el pueblo del que vengo, el día antes de marcharme del colegio expulsaron a siete niños por darse una tunda tan grande que hasta mancharon de sangre el suelo de la clase, y fue por temas de rivalidades de fútbol. Así que prefiero pasear y como me dice mi madre, observar y saludar a las personas que se dejan saludar. Es algo bonito.
-¿Tu madre es de aquí? Preguntó Edu.
–No, mi madre es de Tánger. Vino a España por motivos de trabajo y tuvo suerte pues lo encontró al poco tiempo, cuidando a una señora mayor. La quería mucho y era generosa. Esto le permitía a mi madre enviar dinero a mis abuelos de Tánger cada mes y como lo hacía desde la oficina de correos, pues ahí conoció a mi padre. Antes de que me preguntes, mi padre se llama Alfonso, Alfonso Sánchez y es de un pueblo de Murcia donde conoció a mi madre. Tengo una hermana que se llama Carlota pero es muy pequeña, tiene catorce meses.
-Oye Jalib, le dijo Edu. ¿Tú vas siempre por el recreo dándoles a los niños caramelos sin más?
-Verás Edu, tiene su explicación. Mi madre me contó que los primeros años aquí fueron muy duros. Cuando llegó estuvo varios días cogiendo fruta en la parte de Almería, de temporera, pero no la trataban bien y tenía que estar todo el día trabajando para ganar la mitad que las mujeres españolas. Entonces decidió probar suerte cuidando personas mayores, pues mi madre tiene estudios de geriatría. Era un trabajo duro, pero por lo menos descansaba sus horas, dormía bien y estaba bien alimentada.
Jalib continuó su relato hasta el punto de notar que le estaba gustando la compañía de Edu.
¿Tienes muchos caramelos en casa? Pregunto Edu.
-Siii, tengo muchos. Solemos coger todos los que quedan por el suelo cuando pasa la cabalgata de reyes, pero cuando se acaban mi madre me los compra nuevos para que los reparta.
Edu lo miró con cara extrañada y le dijo: -pero Jalib, yo que sé, ir por ahí repartiendo caramelos. ¿No te parece algo extraño?
En un gesto amistoso Jalib puso la mano en el hombro de Edu y le preguntó: ¿conoces muchos niños que te ofrezcan un caramelo, Edu?
Edu lo miro entristecido y le dijo que no, que incluso en la escuela él no tenía amigos.
Verás Edu -continuó Jalib-, para las personas que tenemos una piel distinta a la de la mayoría de personas, o a las personas que como mi madre vinieron de otro país; las cosas no son demasiado fáciles. Mi madre dice que el mundo está falto de abrazos de verdad, no solo de abrazos navideños que se pueden olvidar el siete de Enero. 

Por eso mi madre siempre me enseño a ser fraterno, educado y a demostrarlo ofreciendo un caramelo. Hay quienes lo desprecian, pero hay quienes lo reciben como una muestra de amistad. Un día le dije a mi madre que estaba cansado de repartir caramelos, y me dijo que en cualquier momento encontraría un amigo por el que merecería la pena repartirlos. Y te he encontrado a ti, Edu.
Lo miró atentamente y le preguntó: Edu, ¿quieres ser mi amigo?
Edu agachó la cabeza emocionado y Jalib solo pudo ver dos lágrimas que surcaban la cara de su nuevo amigo.
Echándole el brazo por los hombros le dijo: -Oye Edu alegra esa cara, esta tarde te vienes a casa para hacer los deberes y merendamos. Y cuando acabemos nos iremos los dos por el barrio a repartir caramelos. A ver si entre los dos hacemos de este país, EL PAÍS DE LOS CARAMELOS.
Fin.
P.D. Ojalá los abrazos que nos damos no se olviden tras la fiesta navideña. Ojalá los buenos sentimientos que a todos nos afloran en estas fiestas los prolonguemos a lo largo del año nuevo para construir un mundo donde todos vivamos mejor, en respeto y sin ver una amenaza en la persona que solo quiere vivir dignamente. Ojalá nuestro sentimientos sean dulces para construir EL PAÍS DE LOS CARAMELOS. Feliz Navidad. Atte. Florencio Salvador Díaz Fernández.

jueves, 28 de diciembre de 2017

LOS SANTOS INOCENTES. UN SACRIFICIO INCOMPRENDIDO

Los Santos Inocentes. Un sacrificio incomprendido
Y lo es, desde luego que lo es. Ni por ser la conmemoración de este masivo infanticidio, está justificado el que se le llame al día, el de los tontos, o que se den inocentadas. Tontos, como decía “Forrest Gump”, son los que hacen tonterías. Admitiremos por ello que la reciente tradición haya establecido estas absurdas connotaciones para este día; pero lo que no debemos olvidar, es el origen y significado de esta fiesta litúrgica. Junto a la Pascua de Resurrección, la fiesta de la Natividad de Jesús, o sea la Navidad, son las únicas fiestas que tienen una octava celebrativa, litúrgicamente hablando. Y en esta octava de navidad en la que estamos, hay colocadas estratégicamente varias fiestas, una de las cuales es esta de hoy, LOS SANTOS INOCENTES.


No es algo que esté puesto al azar y desde luego para nada es algo sobre lo que se deba de frivolizar, por muchos siglos que se hayan sucedido desde entonces. Lo cierto y verdadero es que hay una estrecha similitud, respecto de la venida de Jesús al mundo y el sacrificio de estos inocentes, que según el capítulo segundo del evangelio de Mateo (2,13-18), perdieron la vida de manera inocente a manos de Herodes.
En primer lugar porque Jesús, si bien fue librado en su nacimiento de las garras de Herodes que quería matarlo, perdió al final la vida de manera injusta, por una causa concreta, la del Reino de Dios. Esta fiesta de los santos inocentes no tiene verosimilitud en el tiempo en el que se cuenta en los sinópticos. Las fechas bailan demasiado, pero señalo que no es eso lo que nos importa. Son muchas las cosas que nos cuenta la Biblia sin orden cronológico acertado, y no por ello dejan de tener un mensaje y una enseñanza. Y desde luego este infanticidio lo tiene.
Partimos de la premisa de que Jesús niño, es el salvador que viene. Dios maravillosamente se nos revela en la carne humana, para hacernos ver que en la humanidad tiene su complacencia. Tras un largo periodo de tiempo en el que Israel se ha apartado y acercado continuamente de la presencia de Dios, establecido el tiempo oportuno Jesús llega, para dar un importante toque de atención a la humanidad; para dar el testimonio por antonomasia de entregarse por amor, por amor al prójimo, que somos tu y yo.
Mateo hace cuatro referencias a Egipto en su capítulo dos (versículos 13.14.15 y 19). Y lo hace por el interés que tiene para el hagiógrafo sagrado, la comparativa entre Moisés y Jesús. Moisés es enviado por Dios para salvar a su pueblo (Éxodo 3,14-15), y aunque se resiste a entender el mensaje del trascendente, acaba acatándolo y poniéndose en camino hacia la tierra desde la que otrora huyera (Éxodo 4,19-23). En el periplo de Moisés e Israel hay penitencia, reconciliación, fe e infidelidad, aguas que salvan, fuego que purifica…etc. Todo ello, elementos que vemos con facilidad en la vida de Jesús, y de los cuales Jesús se sirve e incluso participa.
Dios anima a Jacob a que se traslade a Egipto (Génesis 46,1-7), para que desde allí comience su andadura y progresión ante los ojos de Dios, perseverando día a día. Pero es el sacrificio de los inocentes en Egipto del cual se salva Moisés (Éxodo 1,1s), el punto comparativo más acertado con la fiesta que hoy celebramos. Ambos personajes Moisés y Jesús, fueron en su momento los “salvadores” del pueblo, pues sus vidas y obras le valdrían como faro que alumbra el sendero de los creyentes, en cada época de su vida. Y si bien es verdad que Jesús es considerado el hijo unigénito de Dios, Moisés no lo fue menos pues su hazaña le constituyo como uno de los padres del pueblo de Israel, en el cual nos representamos todo el pueblo de Dios.
No deseo alargarme más. Dije antes que poco importa si el infanticidio fue real o no en el tiempo. Lo que importa es que la causa del Reino de Dios, llega al mundo y a nuestras conciencias para remover los corazones y ojalá impregnarlos de misericordia. Jesús fue un indeseado para los poderes acomodados de entonces, y por causa de aquel orden establecido, donde los pobres eran una amenaza y eran considerados menos que nada se tuvo que marchar al exilio.
Muchos murieron entonces y han muerto a lo largo de la historia como aquellos inocentes, solo por defender un ideal e ideario que no permitía la injusticia ni el desorden humano, sino que establecía las bases de una vida reglada por el amor, la bondad y la justicia social. Lo que menos nos importa del evangelio donde se nos cuenta la matanza de los niños es lo que ofrecieron los reyes a Jesús, algo que en absoluto es real. Lo que nos importa es que como aquellos niños, muchas personas siguen muriendo queriendo simplemente un mundo mejor, sin vivir en la miseria y la violencia continuada.


Jesús nace y muere continuamente en la tierra. Nace cada vez que nace una vida o nacen posibilidades de amar y vivir esperanzados. Nace con la sonrisa humana y la ternura, se tenga la edad que tenga, porque nace en nuestros corazones. Y muere, desde luego que sí. Muere cada vez que un homosexual es ahorcado de una grúa o lanzado al vacío desde una azotea en esos países de oscuridad. Muere cada vez que una mujer es golpeada o asesinada. Muere con la infancia rota, con la esclavitud continuada. Muere cada vez que una persona del tercer o primer mundo, siente en sus tripas el lamento del hambre…etc.
Esos son los inocentes asesinados y maltratados de hoy. Por eso esta fiesta de LOS SANTOS INOCENTES es tan actual, tan de hoy y tan de ahora mismo. Ojalá asumamos y no se nos olvide que Dios, ante todo es misericordia. Y si como cristianos nos limitamos simplemente a vivir la fiesta sin mirarnos el corazón e interiorizar el significado de la navidad, entonces si daremos utilidad al hecho de que algunos consideren hoy, el día de los tontos. Con todo respeto.


Fraternalmente, Floren.  

jueves, 7 de diciembre de 2017

MALIKA MALUC – Una Inmaculada del siglo XXI


Se llama Malika Maluc y es de Senegal, de la zona de Palmarín en África. Tiene diecinueve años y es una chica muy guapa, de pelo negro zaino muy rizado y ojos de un verde intenso. Tan intenso, que su madre siempre le decía: -hija mía, en tus ojos se siente la fuerza de la vida y de la selva. Es hija de pescadores, aunque su padre murió hace muchos años por causa de la picadura de una serpiente. Ella no recuerda su rostro, aunque, como siempre su madre le habló de él, Malika tiene un recuerdo muy afectuoso de su padre; al cual reza siempre mirando a la inmensidad del océano Atlántico Norte. 
Ese océano al cual ella se lanzó con un grupo de cuarenta y siete personas en un cayuco de mala muerte, capitaneado por un pirata de Gambia, al cual tuvo de darle sus ahorros de toda una vida, para aceptarla en semejante aventura. Malika Maluc viajó sola, sin nadie de su poblado o región. Quiso hacer la travesía hacia España, porque España era futuro, al igual que Europa. Y si bien es verdad que muchos morían, también tenían noticias de aquellos que lograban llegar sanos y salvos sin ser interceptados por los guardacostas, y conseguían alcanzar un nuevo destino donde había futuro en sus vidas. 
Malika tiene muchos motivos para lanzarse a esta terrorífica aventura. Su poblado es constantemente asaltado por bandas que secuestran a las chicas para esclavizarlas en trabajo o sexo, y a duras penas pueden repeler los ataques de estas mafias. Además, ella sabe que no tiene futuro en su país. África es un continente rico, pero sin posibilidades de futuro pues la riqueza de la tierra se la quedan unos pocos, además de las multinacionales igualmente explotadoras. 

A todo esto se le une una circunstancia que le dio el empujón definitivo para hacer la travesía. Está embarazada. Y el padre de su bebé, murió ahogado en una travesía como la de ella. Cuando supieron del embarazo, Sambeé, su pareja, decidió hacer primero la travesía a España, ganar dinero y mandar todo lo posible a casa; hasta que pudiera tener la seguridad de ofrecer un hogar a Malika y a su hijo. Porque él, sabía que sería un niño y le pondría de nombre Martin, por Martin Luther King. 
El caso es que cuando llegó a su familia la zozobra de la barcaza en la que viajaba Sambeé, Malika –rota de dolor- tuvo el convencimiento de que debía hacer ella misma la travesía en solitario. Se lo debía en primer lugar a su bebé, y se lo debía a su querido Sambeé; el hombre de su vida cuyo amor, respeto y caricias de ébano que nunca jamás olvidaría. Lo que Malika Maluc no podía saber al embarcarse en aquel cayuco, es que por causa de una temible tempestad y un mar picado, veinte millas antes de la costa de la isla española de El Hierro; su cayuco naufragaría y todos sus ocupantes serían arrojados al vacio por un golpe de mar, sin chalecos salva vidas y sin posibilidad ninguna de pedir auxilio. Lo último que Malika pudo ver cuando se hundía en la oscuridad del inmenso Atlántico, era la luna llena. Preciosa. Como preciosos seguían siendo, sus ojos verdes. Fin.

Malika Maluc era una chica de una pureza de virtudes enorme y un corazón de bondad inconmensurable. Chica modelo en su poblado, responsable y afanada en las tareas propias de quienes sienten la obligación de alimentar a los suyos. Cuando conoció a Sambeé, supo que el como hombre era un regalo del cielo, en una cultura donde la mujer siempre tiene las de perder. No hubo nada más bonito para ella que entregarse a él. Lo hizo consciente de lo que hacía. Se querían y querían dar vida, y la dieron. Aunque por desgracia ni su vida ni la vida del nonato, tenían futuro en nuestro mundo.

El Espíritu que animó el amor de Malika y Sambeé, el Espíritu que llenó de vida sus vidas con la ilusión de aquel embarazo, es el mismo Espíritu por el que María y José concibieron a Jesús de Nazaret, el salvador del mundo y cuya venida esperamos. Eso si, esperamos su venida porque sabemos que no va a venir; pero ¿somos conscientes de que José y María llaman constantemente a nuestras puertas, que traen al Salvador consigo? Lo somos, pero miramos para otro lado. Desde la perspectiva de la pureza del corazón e intenciones, Malika es igual a María la madre de Dios. Pero Malika maluc es una amenaza para nosotros, para nuestro estado del bienestar. ¿Cómo rendir culto a María Inmaculada, si hay mujeres de semejante pureza a la de esta y son asesinadas por sus parejas, humilladas en sus trabajos, mal pagadas, o apartadas de nuestras costas porque no son de los nuestros?

Esta es la cuestión, lector. Esta es la cuestión que tenemos tendiente hoy en día los cristianos del siglo XXI. Adoramos a Cristo y a su Madre porque sabemos que NO VAN A VENIR.
Si vinieran de veras, otro gallo cantaría.

Siento la dureza de este escrito, pero me desgarra el alma tantas vidas perdidas en la mayor fosa común del universo y de todos los tiempos; el Estrecho de Gibraltar. Abramos, ¡por amor de Dios! Abramos nuestras mentes y corazones a la fraternidad. Sanemos heridas, alimentemos al abatido y hambriento. Ahí está Jesús. Esa es tu navidad y la mía.

Fraternalmente, Floren. 

viernes, 16 de diciembre de 2016

KILÓMETRO 135 - CUENTO DE NAVIDAD

Kilómetro 135 – Cuento de Navidad (*)
-Señora, debe usted de tener un poco de paciencia. Siendo la noche que es, es posible que la grúa no aparezca antes de cuarenta y cinco minutos. Confirmo sus datos. Está usted lejos de la capital, en el kilómetro 135 de la N-71 en la montaña Gris. Asegúrese de que su vehículo está debidamente señalizado con los triángulos de emergencia, colóquese el chaleco reflectante y resguárdese en el interior del coche para evitar atropellos. Teniendo en cuenta la noche que es y que su aviso está dado, le rogamos que en caso de que la grúa se retrase vuelva a llamar a “Teleasistencia en carretera 24H”  transcurrido el plazo establecido. Buenas noches señora Sánchez. 

-Buenas noches señorita. Dijo Julia, y aplicó certeramente el dedo índice en la tecla roja para colgar el teléfono móvil y terminar la llamada.
Maldita sea, pensó. De todos los días que tiene el año y a pesar de lo bueno que había salido el coche, tenía que elegir el viejo Renault aquella noche del veinticuatro de diciembre para dejarla tirada en aquel puerto de montaña, que distaba de su casa la friolera de 147 kilómetros. Y friolera la que hacía fuera en aquel atardecer, pues siendo las seis y media de la tarde casi era de noche. No era mujer dada al nerviosismo ni al susto sin fundamento, pero lo que se decía gracia, gracia; no le hacía ninguna estar sola en aquella cuesta de una autopista tan transitada. Ya en el interior del coche llamó a su esposo para contarle lo ocurrido intentando quitarle todo el hierro posible al asunto. Solo podía esperar a la grúa pues aunque Juan era mecánico, estaba demasiado lejos para acudir en su ayuda. Eso sí, le advirtió su marido. Debía insistirle al gruista para que la llevara a casa y no la devolviera al taller más próximo de la ciudad; pues de ser así no tendría margen para volver a casa en noche buena y un taxi podía costar una fortuna con una carrera de casi 170 km.  Tras colgarle al marido y por matar el tiempo dejando de pensar en su situación, en el interior oscuro del coche se puso a escribir a su hija Marta por “wassap”.
Mamajulia: Marta, oye niña. ¿Embarcaste ya en el avión?
Martahija: nooo, mama. Esto va lento tela. El control de equipajes está fallando y va to mu lento. ¿ya has llegao a casa? ¿¿¿¿no estarás waseando conduciendo???
Mamajulia: No, calla. Oye y escribe bien que te voy a dar una que verás. Para eso te pagamos una carrera en París. Se me ha parado el coche y estoy esperando la grúa en la carretera. Viene en un rato.
Martahija: puaff… vaya plan mami. Menos mal que dejaste la cena hecha sino, veo a papa y los hermanos cenando galletas mojadas en leche…jajaja.
Mamajulia: bueno, tu padre y tus hermanos se podrían alimentar de galletas en leche el resto de su vida. ¡Qué afición a todo lo que se moja en leche, por Dios… jajajaja!
Martahija: jajajaja… me meo de la risa.
Mamajulia: no seas malhablada Marta. Bueno, te dejo que se acercan unos faros grandes y puede ser la grúa, aunque me parece pronto. Dame un toque antes de entrar en el avión. Muaccc.
Martahija: ok. besukis mami July.
A pesar del elevado frío estaba sumida en un sopor parecido al de la siesta de verano, cuando vio por el retrovisor que un vehículo se acercaba lentamente con las sirenas encendidas. Era la grúa, gracias a Dios. En la oscuridad de la tarde noche, ni si quiera pudo verle la cara al conductor, aunque dedujo era bastante joven. Este la apartó a un lado del arcén de una manera poco amable. Ella le dejó hacer mientras colocaba los anclajes de su coche y lo subía en la plataforma trasera.
A los quince minutos Julia estaba sentada en uno de los dos sillones del copiloto de la grúa, que circulaba por la autopista a gran velocidad. Demasiada velocidad.
Joven, le veo conducir demasiado rápido. ¿Tiene usted otros coches que recoger? Pregunto Julia. Pero el chico no le contestó. Decidió intentar otro posible diálogo.
-¿Tiene usted nombre?
El chico pareció pensárselo dos veces antes de contestar. Pero finalmente le dijo que se llamaba Sergio. Cuando la grúa era adelantada por otros vehículos y se iluminaba el interior de la cabina, Julia se dio cuenta de que el chico parecía tener la cara perlada de gotas de sudor, pero con el frío que hacía era bastante probable que sudor no fuera. Estaría enfermo, se preguntó.
Sea como fuere, su pensamiento lo interrumpió el chico cuando le dijo que en menos de veinte minutos estarían en el taller. A Julia se le encendieron todas las alarmas.
-Joven, ¿a qué taller se refiere?
-Al taller de la capital señora. En cuanto lleguemos a la próxima zona de servicio cambiamos el sentido de la marcha y en veinte minutos estamos en la capital.
Julia insistió. –Pero joven, usted debe de llevarme a casa. Es noche buena, los talleres están cerrados y no tengo donde alojarme en la ciudad.
El gruista fue tajante. –Señora, ese no es mi problema. Tengo obligación de llevarla al taller más cercano desde donde su coche se ha quedado parado, y eso es lo que voy a hacer. ¡Y no me mire con esa cara, porque ni por dinero le llevo a su casa! Las cosas son como son y punto.
Julia se quedó atónita ante la agresividad de las palabras de aquel chico que podría ser uno de sus hijos, pero responsablemente pensó que no debía insistir. Puede que el chico tuviera otro tipo de problemas y ella no deseaba ser la diana de los mismos.
Circulaban por la autopista cuando llegaron a la zona de servicio y el chico dijo que pararía un momento para ir al servicio. Así lo hicieron y bajaron los dos juntos. Julia esperó al chico en el vacío restaurante. Cuando este salió al bar desde el pasillo de los servicios, venia tambaleándose y con la cara empapada en sudor. Tuvo que agarrarse a un taburete de la barra para no caer al suelo, por lo que instintivamente Julia salió como un resorte en su busca y le ayudó a sentarse en una silla.
Le preguntó que le pasaba, que si estaba mal –aunque era evidente que sí-, pero el chico respondió enfadado diciendo que estaba bien.
Mira chico, -le dijo Julia intentando mostrarse comprensiva-. Tú no estás en condiciones de conducir. Seguro que tienes fiebre y vienes de vomitar del wáter. Yo quiero irme con mi coche a casa y creo que la aseguradora debe de enviar a otra persona lo antes posible para arreglar esta situación. Mi familia me espera en casa.
El chico miro a Julia con el semblante más triste que Julia viera nunca y le dijo de manera lastimera que a él nadie le espera en casa esa noche. En verdad, ni esa noche ni ninguna otra noche. Julia se quedó atónita ante lo que acababa de escuchar.
El chico se incorporó con la ayuda de Julia y pidió en la barra un “gelocatil”, que el camarero le dio amablemente con un vaso de agua. Después de dirigieron a la grúa con la intención del joven de proseguir su camino hacia la ciudad.
-¡Sergio! Perdona que te tutee pues tienes edad para ser mi hijo, pero tengo que protestar. Dijo Julia enérgicamente. –Tú no estás en condiciones de conducir, y lo único que vas a conseguir es que nos estrellemos con la fiebre que tienes encima. ¡Chico por favor, recapacita!
Pero el joven subió trabajosamente al volante y una vez dentro le dijo que ella tenía dos opciones, o volver con él y su coche a la ciudad o quedarse donde estaba en la zona de servicio. La desesperación de Julia era absoluta. Estaba a punto de darle algo, pues consideraba un suicidio que aquel chico enfermo circulara por la carretera. Se matarían ellos y sabe Dios a quien se llevaban por delante.
Sergio introdujo la llave en la abertura, acciono el mecanismo y arrancó la grúa. Incluso estando sentado, Julia pudo ver como el chico oscilaba un poco de derecha a izquierda por la inestabilidad de la enfermedad que tenia y la fiebre. El chico estaba quieto. Todo estaba muy quieto. El único ruido de fondo era el motor de la grúa.
A Julia le pareció que el chico musitaba algo. Le miró. Sí, estaba diciendo algo en voz muy baja y ella no podía escucharle. Repetía una frase en un susurro.
-¿Hijo que dices? No te escucho. ¿Oye? Dijo tocándole al chico el brazo. Entonces entendió lo que decía el joven. -“Estoy solo, no tengo a donde ir”.
El cabreo que sentía hacia aquel chico terco, a Julia se le tornó de momento en pena y ternura por lo que acababa de oír. Le dio tiempo de quitarse el cinturón de seguridad y se desplazó al asiento central, cuando Sergio se dejó caer junto a ella en su regazo semiinconsciente. Tenía la frente perlada de sudor y era un puro tiritar. Tuvo que poner su cabeza a mil por hora, para pensar que hacer. Menudo panorama de noche buena, se dijo para sí misma. Y mientras tanto su hija quizás ya volaba por los cielos y su marido la esperaba en casa con sus otros hijos.
De pronto, su ser pragmático le recordó aquella frase de una santa que decía: “si tienes una buena idea adelante, es más fácil pedir perdón que pedir permiso”. Así que como pudo, se quito su abrigo de cuadros escoceses y lo hizo un ovillo. Arrastro al chico hasta el lugar que ella ocupaba, le amarró el cinturón de seguridad y lo reclino sobre el abrigo contra el cristal de la ventanilla en el asiento del acompañante.
Cuarenta y cinco minutos después y a bastante distancia de allí, al marido de Julia le sonó en casa el teléfono móvil y vio la palabra mamá en su pantalla. Descolgó.
-Julia cielo, ¿por dónde andas?
-Eso quisiera saber yo. Le dijo, intentando que no se le notara el nerviosismo en el que estaba sumida.
-Pero, ¿no lo sabes? ¿Va todo bien?
-Creo que sí, aunque tampoco lo tengo del todo claro.
-Julia por favor, me estas asustando.
-No, oye Juan dejémonos de comedias y escúchame atentamente. Tardo entre quince y veinte minutos en llegar a casa. Quiero que llenes la bañera de arriba de agua caliente. Prepara la cama de la niña y pon un calefactor en su cuarto. Juan… ¿me oyes?
-Sí, pero. Julia, ¿estás enferma?
-Nooo, no. Después de lo de esta noche, un poco loca creo que sí, pero bueno. Oye, no te preocupes más de lo necesario. Hazme el favor de preparar lo que te he pedido. Te veo en un momento.
Juan, que era de las personas que se dejan llevar por su pareja, se dispuso a preparar lo que su mujer le había dicho, preguntándose sobre el sentido de aquellos preparativos. No veía explicación alguna. Al rato escucho pitidos en la calle y se asomó por la ventana. ¡La grúa, gracias a Dios ya está aquí! Pero cuando salió a la calle en plena y fría noche, se quedó de piedra cuando vio que era su mujer la que conducía la grúa y que el supuesto conductor estaba frito en el asiendo de al lado. Le costó reaccionar. Pero Julia no le dio tiempo a preguntar. Sacaron al chico de la grúa con mucho esfuerzo y cuidado y le entraron a casa.
A la mañana siguiente sobre las once de la mañana, Julia entro silenciosamente en el cuarto de su hija. Después de la experiencia de la tarde anterior y habiendo podido cenar y pasar la noche buena en familia; lo veía todo con más claridad. La serenidad de la cara del joven Sergio, dormido en la cama de su hija, le confirmó que había hecho lo correcto.
Se sentó cuidadosamente en el borde de la cama. Sergio comenzó a despertarse. Abrió poco a poco un ojo y luego el otro, poniendo cara de no saber donde estaba. Julia se puso un dedo en la boca diciéndole que estuviera tranquilo y en silencio, aun estaba muy debilitado por la fiebre. Ella se lo explicaría todo.
-Buenos días Sergio. Tienes que tomarte las pastillas.
-Buenos días Señora, dijo el chico con voz ronca.
-Recuerdas lo de ayer tarde, ¿verdad? Si, se que lo recuerdas. El caso es que cuando te desmayaste opte por ser práctica y te traje a casa. Me lancé a gruista novata y conseguí llegar a casa, donde con la ayuda de mi marido conseguimos meterte en la bañera, lavarte, limpiarte la fiebre y ponerte un pijama de mi hijo el grande que tendrá más o menos tu edad.
Sergio la interrumpió un poco avergonzado: -pero, entonces usted me vio…
-¿Desnudo? Sí, pero hombre soy madre de tres hijos y como verás una está curada de espanto. Además tu salud era lo primero. Como te decía te metimos en esta cama de mi hija Marta que estudia en el extranjero y llamamos a urgencias para que te visitara el médico. Le dijimos que eras un amigo de la familia. Ah, por cierto, la grúa la ha retirado la compañía aseguradora. Dijimos una pequeña mentira para hacerte quedar bien y todo está arreglado.
Llamaron a la puerta. Era Juan el marido de Julia.
-¿Cómo está el enfermo? Preguntó.
El muchacho dijo que mejor. Julia los presentó a ambos y Juan se situó de pie junto a su esposa contemplando al chico convaleciente.
-Pesas un poquitín Sergio –le dijo Juan-, nos vimos negros para meterte en la cama. Ya somos casi ancianos. Los tres rieron un poco.
Sergio, escúchame bien. Le dijo Julia. He hablado con mi marido y creemos que no eres mala persona. Al menos no de las personas que vas haciendo daño por la vida. Tras la experiencia de ayer, nos basta para ofrecerte una oportunidad que tú puedes aprovechar a corto o largo plazo. Mi marido tiene un taller, es el que nos da de comer. No es un gran taller pero no falta trabajo porque es el único del pueblo. ¿Tú entiendes de mecánica?
-Si señora, soy mecánico superior. Me saqué el título justo antes de que mis tíos me echaran de casa. Dijo Sergio.
Muy bien. Continuó Julia. Pues si quieres o hasta que tú quieras aquí puedes tener un trabajo. Somos una familia numerosa, tenemos tres hijos dos de los cuales Rubén y Carlos viven con nosotros. Rubén creo que tiene tu edad, dieciocho. No te acogemos por compasión Sergio, sino por sentido de la familia. No se debe estar solo en esta vida y creo que nuestro encuentro de ayer no fue pura casualidad. A nadie se le debe de negar una oportunidad y creemos que debemos de ofrecértela. Trabajaras y ganarás tu sueldo, y si lo deseas en casa hay un sitio para uno más.
-¿Qué nos dices? Preguntó Julia.
Sergio contesto que si, sin rodeos.
Muy bien. Continuó Julia hablándole con ternura. -Ayer me dijiste en tu estado febril que estabas solo, que no tenías a donde ir. Imagínate lo grande que es la vida, que hoy estás aquí, entre nosotros. Sergio, has encontrado una familia.
En el silencio que se hizo entre los tres en la habitación de Marta, solo sucedió una cosa. Los ojos de Sergio comenzaron a brillar. Su boca temblaba un poco de emoción. Las lágrimas no tardaron en surcar su joven rostro hasta hacerse incontenibles. Julia se acercó aun más y nuevamente se abrazaron en un llanto lleno de sensibilidad, ternura y gratitud a la vida.
Julia besó la frente del chico. Acunándolo un poco, le atusó el despeinado flequillo y le dijo:
-Sergio, ya tienes una familia y un hogar. Feliz Navidad.
Juan se unió al abrazo del hijo, que la vida les acababa de regalar.

Fin.

Florencio Salvador Díaz Fernández.
(Se autoriza la difusión de este relato indicando su procedencia)

Este cuento de Navidad, lo dedico este año a todos los desheredados de la tierra. A quienes se les cierran las fronteras y se les niega la fraternidad. A los que viven sin amor. A los que se les niega el amor. A todos aquellos que se ven obligados a huir de su tierra sintiendo la ruptura de sus raíces familiares y afectivas. A los que viven la Navidad en soledad. A los prisioneros de sí mismos y de su ego. A los vacíos de corazón.
A todas estas personas y a todas las personas de bien, a las que amo, a las que me aman y a las que debiera de amar más; de corazón os deseo que las luces que más brillen esta Navidad sean las de las obras de vuestras manos.
En el Nombre del niño bendito que nos nace en Belén, sed Felices.

FELIZ NAVIDAD Y VENTUROSO AÑO 2017.

(*)solicito dispensa de usted, lector/a ante las posibles faltas de ortografía y/o gramaticales

sábado, 9 de enero de 2016

¿CABALGATA DE REYES, O LA PERVERSIÓN DE UNA TRADICIÓN?

¿Cabalgata de reyes, o la perversión de una tradición?
El espectáculo no tiene parangón en algunos lugares de España, y me atrevo a decir que si fueran preguntados al respecto los propios reyes magos, quizás dirían que: “si llegamos a saberlo ni aparecemos por allí”. El caso es que da la sensación en algunos casos, de que hay una intencionalidad clara por hacerlo todo del revés, para así demostrar que se es más “guay” o más progre, o más de izquierdas o más contracorriente. 
Yo me considero una persona tolerante de amplias expectativas, o progresista si se quiere, y opino categóricamente que la cabalgata de reyes o se ciñe a la realidad o no es cabalgata. 
Son tres hombres y punto, y –según la tradición- se llaman Melchor, Gaspar y Baltasar; pues aunque la Biblia nunca dice sus nombres ni en Mateo (2,1-12) se nombra si son tres o veinte –solo se les nombra como magos en plural-, estos magos representan a las tres grandes civilizaciones paganas de aquellos entonces. 
Todo esto desde la tradición. Ya que desde la historicidad bíblica “es sabido que el relato de los Magos no pasa de ser una leyenda, redactada además de una manera inverosímil” (José Mª Castillo-Teólogo). Pero es una bella tradición que podrá gustar o no gustar, pero él no participar de ella no significa que haya que alterarla. 
Casi toda la sociedad participa de esta fiesta que implica la ilusión y alegría, sobre todo de los más pequeños que tienen idealizada la figura de los tres reyes magos. A mi particularmente me da igual la indumentaria más o menos clásica o modernista, mientras los niños vean a los reyes. Incluso admito –como no podía ser de otra manera- que sean mujeres las que se vistan de reyes, con su posible voluptuosidad, ¡claro que si! 
Pero pretender hacer pasar a tres mujeres con cara descubierta, traje de fantasía y sendos tocados a juego colocados en el pelo, me parece un despropósito que ralla en el ridículo más absoluto, pues esta tradición de los reyes no se puede manipular desde su esencia. El ser humano es muy creativo y por ello confío en que quienes gustan de hacerlo todo del revés, busquen o creen espacios adecuados para instalar otra posible tradición paralela a esta. 

Pero que no moleste, ni estorbe ni pretenda enmendar o sustituir. 
Acabo. Como creyente y como ciudadano si me apena algo, y es lo siguiente. Aunque es reconocido como un personaje histórico en Jesús de Nazaret se podrá creer o no creer, pero lo que es curioso es que se lie semejante lio con la cabalgata de reyes, y se omita el mensaje que encierra la tradición y el misterio de la EPIFANÍA –manifestación del Hijo-. 
Y este mensaje es el siguiente: que los valores que Jesús de Nazaret trajo al mundo y sigue trayendo, son asumibles por toda persona de buena voluntad sea cual sea su religión o condición. Porque superan la dimensión de toda religión por su universalidad, ya que Jesús nos enseña que Su prioridad es la dignidad personal, el servicio a los necesitados, la ayuda a los pobres y la asistencia a los enfermos.
 HUMANIDAD al fin y al cabo. HUMANIDAD de la que tanta falta nos hace y de la que se hacen eco tantos partidos políticos. Y mientras, por aquí nos seguimos peleando a modo de policías y ladrones, pervertimos una tradición haciéndola pasar por un jocoso carnaval y dejamos de lado lo principal; que lo más importante y necesario es la PERSONA. Sin el ser humano no existe, ni Jesús, ni Dios ni nada. Esa es la realidad.

Feliz año. Sereno año. Vive y deja vivir.

Atte. Floren.   

Posdata para el ámbito local de mi pueblo Estepa. Sres/as. Miembros de la comisión de festejos y sr. Alcalde; el ser rey Mago es un honor que debe de estar al alcance de cualquier estepeño o estepeña. No solo los industriales o personas acomodadas pueden serlo. Hay que equilibrar la designación de los reyes para que toda la ciudadanía pueda acceder a ello, si se quiere. Y si alguien quiere o puede serlo y es humilde, pues se le apoya de manera más significativa. OK? pues eso.

lunes, 28 de diciembre de 2015

¿NAVIDAD PARA LOS POBRES?- PEDRO CASALDÁLIGA - DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES

De la oración de hoy, en memoria de los santos inocentes, que siguen siendo víctimas de tantas decisiones injustas.
Todavía "no hay lugar para ellos"

ni en Belén ni en Lampedusa.
¿Navidad es un sarcasmo?
"Si tu Reino no es de este mundo",
¿qué vienes a hacer aquí
subversivo, aguafiestas?
Para ser el Dios-con-nosotros
has de serlo en la impotencia,
con los pobres de la Tierra,
así, pequeño, así,
desnudo de toda gloria,
sin más poder que el fracaso,
sin más lugar que la muerte,
pero sabiendo que el Reino
es el sueño de tu Padre,
y también es nuestro sueño.
Todavía hay Navidad,
en la Paz de la Esperanza,
en la vida compartida,
en la lucha solidaria,
¡Reino adentro, Reino adentro!

(Pedro Casaldáliga)