CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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domingo, 7 de enero de 2018

¡BASTA DE MANIPULAR A CRISTO! Él es vida y No ley a cumplir.

Cuando escribí hace unos años “El lodazal del Jordán”[1], ya pensaba en ciertas cosas que omití entonces, para no hacer de insoportable lectura el artículo. Pienso muchas veces, en la cantidad de personas que siendo bautizadas en su momento, hoy en día viven sin tener nada que ver con el catolicismo. Sí, digo bien, catolicismo. 

Estoy plenamente convencido –y lo he escrito bastantes veces- que los que decimos estar en comunión con la Iglesia, debiéramos de estar muy atentos a ejemplos de vida que muchas personas ofrecen, sin hacerlo directamente en nombre de Jesús; pero ofreciendo solidaridad, respeto fraternidad…etc[2]. 
El bien en sí mismo es un principio de humanidad, y prestarse a ello es dar lo mejor de uno mismo en pos de la creación, donde resaltamos de una manera notable, tanto en el aspecto positivo como en el negativo, los hijos de Dios. Es por ello, que siempre he estado a favor de dar todo el significado posible a los símbolos. Intentaré explicarme. 
Cuando pienso en el bautismo de Jesús, veo a un Jesús que se presta a realizar un símbolo aun sin necesitarlo. Él era el hijo de Dios. Y si bien es verdad que el bautismo de Jesús por Juan en el Jordán, la apertura del cielo y aquella voz que se oyó, responde a una epifanía más de Jesús; también es verdad que Jesús se presta a que le echen en la cabeza un agua que no necesita por ser el Hijo de Dios, con el nombre sobretodo nombre. 
Al uso de este tema, entiendo la necesidad de muchas personas que por estar, vivir o encontrarse en unas determinadas circunstancias, pueden tener una acogida fraterna en nuestra Iglesia, pero una acogida a medias e incluso me arriesgo a decir hipócrita, ya que se les cierra la puerta a los sacramentos o determinadas ceremonias simbólicas. 
Estos al contrario de los que ignoran su bautismo, desean dar plenitud a su condición de bautizados pero no encuentran lugar en la “comunidad eclesiástica” al no vivir una circunstancia “normal” o conforme al derecho canónico. En cierto modo (y es algo que he dicho muchas veces) nuestra Iglesia, aun tras la venida de Jesús y todo lo que de nuevo inaugura, sigue empecinada en dar cumplimiento a la antigua economía de la salvación. 
Economía que se basa en: te salvas si cumples la ley, exclusivamente. La Nueva Economía de la salvación que inaugura Jesús, se basa en el amor exclusivamente. O sea, te salvas si amas. Eso es suficiente para Jesús. Que nos ofrece en su bautismo lo que yo entiendo por un acto sencillo que puede realizar cualquier persona por si misma o de manos de otra persona, siempre que desee, no ya formar parte de la Iglesia y participar de la vida “cultual” y tradicionalmente sacramental; sino simplemente considerarse seguidor de Jesús y miembro de la comunidad cristiana. 
Es curioso como muchas personas critican el anquilosamiento del magisterio eclesiástico, pero luego en sí mismos son más papistas que el papa (salvando de ello al propio papa que es fraternidad absoluta y un claro ejemplo de lo que estoy defendiendo aquí). 
Cualquiera haciendo gala de un buen grado de ignorancia, es capaz de pedir que la Iglesia venda el Vaticano para dárselo a los pobres, pero es incapaz de asimilar que Jesús defiende ante todo en su vida la dignidad, la salud universal y el AMOR con mayúsculas, se dé entre las personas que se dé. Aquí ya se le ponen a muchos la mosca tras la oreja, pero es el tema de fondo de este artículo. La acepción de personas que hacemos de una manera colectiva (en la Iglesia) o individualizada. 

Hoy y ante una ceremonia no canónica que realicen seria y responsablemente unas personas incluso en el nombre de Jesús y atendiendo Su Palabra, pero donde no haya un sacerdote, digo que es fácil que se tilde esa ceremonia de “paripé”, burla o incluso de cachondeo. Pero si me mira de manera objetiva, en primer lugar se aprecia que el marco celebrativo -por ejemplo de una boda- no garantiza de ningún modo la durabilidad de unión y ni mucho menos el amor de la pareja. Además, todo lo que se relativiza aunque sea en nombre de Jesús, creo que una ofensa al propio Hijo de Dios que nos dijo algo irrenunciable, y es que podemos reunirnos en su nombre para que Él esté en medio de nosotros[3]. Acabo. 
Ojalá nuestra iglesia pueda ser en algún momento autentica comunidad, porque en la actualidad no lo es, ya que excluye a muchos. 
Ojalá se dé a los laicos el papel fundamental que tienen en la Iglesia y se deje de subordinarlo todo al ministerio del presbiterado. 
Ojalá se deje lo que yo considero una huída hacia adelante, la pastoral de la obligatoriedad y la obligada formación impartida mayoritariamente por los no formados ni cristiana ni teológicamente. 
Ojalá se dé respuesta a aquellos que necesitan un marco celebrativo no canónico para celebrar en nombre de Jesús. 
Ganaríamos todos, pero la que más ganaría sería la Iglesia, porque sería sin posibilidad ninguna de acepciones, una comunidad autentica de paz y amor. 

Insisto en felicitaros el 2018.
Fraternalmente, Floren.

HIMNO DEL AMOR – Pedro Casaldáliga, Obispo.
Si yo tuviese en mí todas las emisoras
y todos los tablados de rock del mundo entero
y los altares y cátedras y los parlamentos todos,
mas no tuviese Amor,
yo sería ruido sólo, ruido en el ruido.

Si yo tuviese el don de adivinar
y el don de llenar estadios
y el don de hacer curaciones
y una supuesta fe, capaz de trasportar cualquier montaña,
mas no tuviese Amor,
yo sólo sería un circo religioso.

Si yo distribuyese
los bienes que gané mal – quién sabe, quién no sabe-
en cestas de Navidad
y en aireados gestos caritativos
y fuese capaz de dar mi salud
en prisas y eficacias
más no tuviese Amor,
yo sólo sería imagen entre imágenes.

Paciente es el amor y predispuesto, como regazo materno.
No tiene envidia ni se vanagloria.
No busca el interés como hacen los bancos:
sabe ser gratuito y solidario, como la mesa de Pascua.
No pacta nunca con la injusticia, nunca.
Hace fiesta de la Verdad.
Sabe esperar, forzando con coraje las puertas del futuro.
El Amor no pasará, pasando todo lo que no sea él.
En la tarde de esta vida nos juzgará el Amor.

Inmadura es la ciencia y gateando,
inmadura la ley, juguete el dogma.
El Amor ya tiene la edad sin edad de Dios.
Ahora es un espejo la luz que contemplamos,
un día será el Rostro, cara a cara.
Veremos y amaremos como Él nos ve, como nos ama.

Ahora están las tres:
la fe, que es noche oscura,
la pequeña esperanza, tan persistente;
y él, el Amor, que es el mayor.
Un día, para siempre,
lejos de toda noche y toda espera,
ya sólo será el Amor.



[2] Marcos 9,38-40 “El que no está contra nosotros, está a nuestro favor.”
[3] Mateo 18,20 “donde dos o más se reúnen en mi nombre, ahí estoy Yo en medio de ellos”

jueves, 26 de febrero de 2015

LA BÚSQUEDA DEL AUTENTICO BAUTISMO

La búsqueda del autentico bautismo
Según el título puede preguntarse usted, cuántos bautismos existen. En la teoría uno, y en la práctica también aunque con una salvedad. Lo que ocurre es que hay que saber diferenciar un poco lo que es el carácter ritual y simbólico del bautismo, lo que entraña en realidad. Bautismo deriva del verbo “baptein/baptizein”, que significa sumergir, lavar. Encontramos en el lavado de la ropa el ejemplo más exacto de lo que significa, pues la prenda sale sin impurezas del agua. 

La práctica bautismal se cree que tiene su origen en la clase alta de la cultura egipcia, donde se observaba la pulcritud y la pureza por medio de los lavatorios diarios y el rasurado total del bello. Históricamente desde la práctica creyente, los baños rituales son frecuentes entre los esenios según Flabio Josefo, así como en las comunidades de Damasco y Qumrán; aunque nunca pueden ser aguas estancadas “o muertas”, sino “aguas vivas” de algún arroyo o río que pueda llevarse lo impuro. Me refiero aquí a un bautismo cotidiano y ritualista destinado a manifestar la sinceridad de la conversión, o la adhesión a un concreto modo de vida, manifestando la aspiración a la gracia purificadora –más o menos como la renovación de unos votos religiosos-. Uno mismo se sumerge en al agua, mientras que los penitentes que se presentan a Juan recibirán el bautismo de sus manos y una vez para siempre. Y en esto último vemos la dualidad de lo que significaba el bautismo y lo que nos mueve al bautismo tras conocer a Jesús de Nazaret. Está claro que la persona que se bautiza no puede ser la misma tras el bautismo, aunque no apreciamos cambios significativos pues los bautizados son generalmente recién nacidos. El bautismo que tradicionalmente tenemos inculcado no es un mero trámite –aunque tristemente lo sea para muchos-, esta asistido por el Espíritu Santo, aunque esta asistencia sea mucho más efectiva si el bautizado tiene la luz de la razón que ilumina la conciencia. ¿Cómo entender un bautismo sin conciencia? En muchos casos, la conciencia de los llamados no es idéntica a la conducta, y esto tergiversa todo el sentido de la realidad sacramental. Se nos debe notar que somos bautizados. Por ello es tan importante el vivir y disponerse a la experiencia de Dios. Experiencia de Dios, es lo fundamental de un bautismo que se considere efectivo y adulto. Experiencia de Dios que por ejemplo tuvo Naamán el sirio, el potentado que según la biblia tuvo lepra. El profeta Eliseo le invita a bañarse siete veces en el Jordán y el, tras alguna reticencia lo hace y queda limpio. ¿Realmente se curó de la lepra? Es muy posible que fuera otro mal el que aquejaba a Naamán, y mucho peor que la lepra; la oscuridad del entendimiento, la sinrazón y cerrazón de su corazón. Al conocer a Eliseo, este le abre el entendimiento le habla al corazón le restituye como persona y como sujeto que puede volver a mirar cara a cara a Dios sin avergonzarse. Ahí está la penitencia: báñate siete veces. O sea, siempre –significa siete- as de vivir con amor y compasión, pues con amor y compasión te creó Dios. 

Naamán por lo tanto vive en sus carnes una experiencia religiosa. No nos importa si verdaderamente hubo o no agua, todo es ritual, lo verdaderamente importante es la actitud ante la realidad que se nos presente y en esa realidad está el Señor. La Biblia está plagada de ejemplos semejantes en los cuales se nos hablan de aguas que lavan – “os lavaré con agua pura, os limpiaré de todas vuestras impurezas, os purificaré […] y pondré en vosotros un corazón nuevo y un espíritu nuevo”, (Exequiel 36,25-25a), cuando lo que se nos quiere decir es que lavemos nosotros mismos nuestras conductas, reconduzcamos nuestra realidad o la senda de nuestro caminar, y se nos dice con insistencia: - “Una voz grita: Preparad al Señor un camino en el desierto, trazad para nuestro Dios una calzada recta en la región estéril”, (Isaías 40,3.3). Todos estos llamamientos nos hablan de actitud ante Dios y ante los hombres y mujeres de nuestro mundo. Sentir la experiencia de Dios es estar sometido a unas circunstancias extraordinarias –sean positivas o negativas-, en las cuales sentimos la dura prueba, experimentamos el gozo o la dicha, flaquea nuestra fe, apreciamos el tener o no tener salud, la marcha de los seres queridos, un alumbramiento, un estado de shock. Y en esta experiencia formidable, encontramos el rostro de Jesucristo y la razón de nuestra vida y nos sentimos en consonancia con el medio y participes de la humanidad e hijos de Dios. Por ello, “zambullirse en el agua y salir de nuevo simboliza hundirse en la muerte y renacer a la vida. Jesús abandonó su pueblo, su casa, su familia. Se quedó solo. Y emprendió una forma de vivir y hablar que le llevó al conflicto, al juicio, la condena y la muerte. Se “auto-estigmatizó”. Y así nos dijo cómo podemos renovar esta iglesia y este mundo” (José Mª Castillo-teólogo). Por ello, “es importante que cada persona asuma su realidad, su YO. Y de esta manera, el YO del sujeto de estas experiencias vitales participa de manera más o menos consciente de todos los actos de la conciencia” (Joseph Ternus-Doc.Filosofía). Una de las características de Jesús es que aun siendo una persona sin formación reconocida (Jn 7,15b), atesoraba una sabiduría que le llevó a ser un conocedor nato de la escrituras sagradas. El sabía del pasaje de Jeremías, “así te blanquees con salitre (natrón) y te des bien con lejía, se te nota la culpa en mi presencia“ (Jr 2,22), pero no es por eso por lo que decide bautizarse pues no podía ser consciente de que como hijo de Dios estaba exento de pecado. ¿Por qué se bautiza Jesús? ¿Acaso lo necesitaba? Tengamos en cuenta algo. Salvando el episodio de la perdida en el templo a la edad de doce años (Lc 2,41ss), desde el nacimiento de Jesús hasta el episodio del bautismo como primera aparición pública siendo adulto, pasan veintiocho años “pues fue esa con toda probabilidad la edad del bautismo” (J.Ant. Pagola). Nadie se equivoca al pensar que Jesús durante toda su vida pública solamente fue una persona normal que vivía entre los suyos y como judío de aquel tiempo. El no pudo prepararse para actuar, premeditando sus actuaciones para favorecer la puesta en escena de él mismo como hijo autentico de Dios. Cuando el acude al bautista, acude porque se siente llamado a realizar un signo que determine la culminación de un proceso interior y de maduración interna; por medio del cual se decide a apostar su vida por la causa del Reino de Dios, asumiéndolo como tal y llamándole “abba” = Padre. 

Los demás acuden a limpiarse de los pecados, sin embargo Jesús le da al bautismo su autentico toque, pues para él como para otros que lo han vivido; bautismo es cambiar el sentido de la vida y vivirla según Dios. Juan el Bautista era muy consciente de la simpleza de su rito bautismal, sabía que una vez anunciado el Mesías “era preciso que el menguara para que Jesús creciera” (Jn 3.30); por eso mismo le anuncia como Cordero, como pieza fundamental de la obra de Dios en el mundo. No perdamos de vista algo muy importante. Jesús apuesta por el Reino porque se deja iluminar por “Su” Espíritu. ÉL, el Espíritu es la fuerza que nos llama, nos interpela, nos anima en la lucha, nos predispone a la maduración y nos ilumina en la oscuridad. En esta cuaresma, busquémosle como le buscó Jesús. Retirémonos a sitios apartados, reflexionemos sobre nuestra vida a la luz de la Palabra inspirada. En ella y solo en ella, encontramos la clave para parecernos cada vez más a Jesús. Y siendo así, viviremos en nuestra vida una autentica plenitud sacramental pues le tendremos siempre. Hermanas y hermanos, feliz y fructífero camino por el desierto cuaresmal.

Florencio Salvador Díaz Fernández.

Titulado superior en Teología. (I.I.T.A.U.P.Comillas)

viernes, 1 de agosto de 2014

EL CARDENAL CAÑIZARES Y "SU" DELGADA LINEA ROJA

El Cardenal Cañizares y "SU" delgada línea roja
Bueno, personalmente creía que el poder de asombrarnos estaba ya agotado para el cardenal Cañizares, pero por lo que nos cuenta religióndigital nada de eso. 

El caso es que aun a pesar de los muchos esfuerzos que se hacen en muchos sitios por parte de los sacerdotes y los agentes de pastoral para acercar la eucaristía a las personas, siempre estarán en guardia sobre posibles concesiones a la dureza del rito de la misa, aquellos que se empeñan en delimitar una delgada línea roja que delimita los espacios; haciendo de la eucaristía una celebración con actores determinados y diferenciados. 

"lo más triste es que la celebración sigue cerrada a la comunidad pues sin el cura no hay misa, lo cual proporciona una pobreza que el Espíritu no se merece"

Desde luego planteamientos hay para todos los gustos, pues somos muchos los que nos hemos manifestado abierta y respetuosamente por un rito eucarístico abierto a todos y de todos, en el cual prime el compartir y la actitud de servicio antes que la importancia de quien preside, celebra o consagra –pues se consagra con la presencia comunitaria ya que en todos reside el Espíritu-. 
Hago aquí mención de una opinión del “Cartujo con licencia propia” en la cual discernía sobre la conveniencia de cambiar la materia –el alimento- en la eucaristía, sin menoscabo de la significancia sacramental:  http://cartujoconlicencia.blogspot.com.es/2011/06/si-en-lugar-de-pan-fueran-naranjas.html. 
El caso es que el cardenal Cañizares Pide que se mantenga el rito, pero sin "el canto de la paz". Alerta el prelado contra algunos "abusos" en el rito eucarístico de la paz. Y lo más desconcertante es que ordena que el cura no baje del altar y que los fieles no se desplacen. 

O sea –si se me permite la frivolidad-, como no pagas la entrada no hace falta ni que te muevas. El cura ya te va diciendo lo que tienes que responder. No pienses, no cuestiones nada. Di a todo amén o roguemos al Señor, y se bondadoso en la colecta pues eso –sobre todo- si que agrada al Señor. 
Sinceramente y dejando la sorna a un lado, me parece increíble que este hombre piense que con estas actitudes se le hace un favor a Cristo. 
Me parece aun más lamentable que a esto se reduzca la misión evangelizadora de un señor que será cardenal de la Iglesia, pero como dijo el papa Francisco a los obispos, tiene necesidad de impregnarse del olor de las ovejas y relacionarse con el pueblo. 
Particularmente considero agotado el rito de la misa en la actualidad. Fallece una señora mayor y nadie ocupa su lugar. Los sacerdotes continúan predicando desde la perspectiva paternalista haciéndonos a todos conscientes de las muchas faltas que tenemos, en primer lugar; y lo más triste es que la celebración sigue cerrada a la comunidad pues sin el cura no hay misa, lo cual proporciona una pobreza que el Espíritu no se merece. 
Mientras tanto, seguiremos asistiendo a misa y haciendo comunidad de corazón. Pero también seguiremos haciendo eucaristía con la gente, compartiendo el pan, el vino y las patatas fritas. Pero lo que compartamos lo haremos en nombre de Jesucristo y en nombre de la amistad, el servicio y la fraternidad. 
A esto y solo esto, se reduce la vida de un cristiano hoy día. Todo lo demás es relativo como decía Casaldáliga, menos el hambre. Por ello, seamos consecuentes con lo que verdaderamente merece la pena. 
Saludos calurosos desde Andalucía. Atte. Floren.

viernes, 31 de enero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - FE SENCILLA

Presentación del Señor (A) Lucas 2, 22-40
FE SENCILLA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 29/01/14.- El relato del nacimiento de Jesús es desconcertante. Según Lucas, Jesús nace en un pueblo en el que no hay sitio para acogerlo. Los pastores lo han tenido que buscar por todo Belén hasta que lo han encontrado en un lugar apartado, recostado en un pesebre, sin más testigos que sus padres. 
Al parecer, Lucas siente necesidad de construir un segundo relato en el que el niño sea rescatado del anonimato para ser presentado públicamente. ¿Qué lugar más apropiado que el Templo de Jerusalén para que Jesús sea acogido solemnemente como el Mesías enviado por Dios a su pueblo?
Pero, de nuevo, el relato de Lucas va a ser desconcertante. Cuando los padres se acercan al Templo con el niño, no salen a su encuentro los sumos sacerdotes ni los demás dirigentes religiosos. Dentro de unos años, ellos serán quienes lo entregarán para ser crucificado. Jesús no encuentra acogida en esa religión segura de sí misma y olvidada del sufrimiento de los pobres.
Tampoco vienen a recibirlo los maestros de la Ley que predican sus “tradiciones humanas” en los atrios de aquel Templo. Años más tarde, rechazarán a Jesús por curar enfermos rompiendo la ley del sábado. Jesús no encuentra acogida en doctrinas y tradiciones religiosas que no ayudan a vivir una vida más digna y más sana.
Quienes acogen a Jesús y lo reconocen como Enviado de Dios son dos ancianos de fe sencilla y corazón abierto que han vivido su larga vida esperando la salvación de Dios. Sus nombres parecen sugerir que son personajes simbólicos. El anciano se llama Simeón (“El Señor ha escuchado”), la anciana se llama Ana (“Regalo”). Ellos representan a tanta gente de fe sencilla que, en todos los pueblos de todas los tiempos, viven con su confianza puesta en Dios.
Los dos pertenecen a los ambientes más sanos de Israel. Son conocidos como el “Grupo de los Pobres de Yahvé”. Son gentes que no tienen nada, solo su fe en Dios. No piensan en su fortuna ni en su bienestar. Solo esperan de Dios la “consolación” que necesita su pueblo, la “liberación” que llevan buscando generación tras generación, la “luz” que ilumine las tinieblas en que viven los pueblos de la tierra. Ahora sienten que sus esperanzas se cumplen en Jesús.
Esta fe sencilla que espera de Dios la salvación definitiva es la fe de la mayoría. Una fe poco cultivada, que se concreta casi siempre en oraciones torpes y distraídas, que se formula en expresiones poco ortodoxas, que se despierta sobre todo en momentos difíciles de apuro. Una fe que Dios no tiene ningún problema en entender y acoger. 
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).



miércoles, 15 de enero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

2 Tiempo ordinario (A) Juan 1, 29-34
CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 15/01/14.- Las primeras comunidades cristianas se preocuparon de diferenciar bien el bautismo de Juan que sumergía a las gentes en las aguas del Jordán y el bautismo de Jesús que comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue. 

Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual. Solo su Espíritu nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad, abandonando caminos que nos desvían una y otra vez del Evangelio. Solo ese Espíritu nos puede dar luz y fuerza para emprender la renovación que necesita hoy la Iglesia.
El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”.
Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”.
La renovación que el Papa quiere impulsar en el cristianismo actual no es posible “cuando la falta de una espiritualidad profunda se traduce en pesimismo, fatalismo y desconfianza”, o cuando nos lleva a pensar que “nada puede cambiar” y por tanto “es inútil esforzarse”, o cuando bajamos los brazos definitivamente, “dominados por un descontento crónico o por una acedia que seca el alma”.
Francisco nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra... no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.
Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”. ¿No estará aquí uno de los principales obstáculos para impulsar la renovación querida por el Papa Francisco? 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

miércoles, 8 de enero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - UNA NUEVA ETAPA

Bautismo del Señor (A) Mateo 3, 13-17
UNA NUEVA ETAPA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA - SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA). ECLESALIA,

Antes de narrar su actividad profética, los evangelistas nos hablan de una experiencia que va a transformar radicalmente la vida de Jesús. Después de ser bautizado por Juan, Jesús se siente el Hijo querido de Dios, habitado plenamente por su Espíritu. Alentado por ese Espíritu, Jesús se pone en marcha para anunciar a todos, con su vida y su mensaje, la Buena Noticia de un Dios amigo y salvador del ser humano. 

No es extraño que, al invitarnos a vivir en los próximos años “una nueva etapa evangelizadora”, el Papa nos recuerde que la Iglesia necesita más que nunca “evangelizadores con Espíritu”. Sabe muy bien que solo el Espíritu de Jesús nos puede infundir fuerza para poner en marcha la conversión radical que necesita la Iglesia. ¿Por qué caminos?
Esta renovación de la Iglesia solo puede nacer de la novedad del Evangelio. El Papa quiere que la gente de hoy escuche el mismo mensaje que Jesús proclamaba por los caminos de Galilea, no otro diferente. Hemos de “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio”. Solo de esta manera, “podremos romper esquemas aburridos en los que pretendemos encerrar a Jesucristo”.
El Papa está pensando en una renovación radical, “que no puede dejar las cosas como están; ya no sirve una simple administración”. Por eso, nos pide “abandonar el cómodo criterio pastoral del siempre se ha hecho así” e insiste una y otra vez: “Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”.
Francisco busca una Iglesia en la que solo nos preocupe comunicar la Buena Noticia de Jesús al mundo actual. “Más que el temor a no equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: Dadles vosotros de comer”.
El Papa quiere que construyamos “una Iglesia con las puertas abiertas”, pues la alegría del Evangelio es para todos y no se debe excluir a nadie. ¡Qué alegría poder escuchar de sus labios una visión de Iglesia que recupera el Espíritu más genuino de Jesús rompiendo actitudes muy arraigadas durante siglos! “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadotes. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa del Padre donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”. 
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

sábado, 12 de enero de 2013

EL LODAZAL DEL JORDÁN - BAUTISMO DE JESÚS DE NAZARET


El lodazal del Jordán

“El acontecimiento del Bautismo de Jesús. Una humanidad fundada hace dos mil años”

Florencio Salvador Díaz Fernández
Estudiante de Teología Cristiana

Siempre me ha llamado la atención este episodio histórico en la vida de Jesús, que destacan los sinópticos con no pocas variaciones. Juan como gran catequista, nos ofrecerá luego una clase magistral de la hondura del episodio en forma de diálogo. Según este, las circunstancias que se dieron y que conocemos como el Bautismo de Jesús, sucedieron entre la zona de Gálgala y “Betbarah” (Bethabara, cita Jn 1,28). 

Esta última pequeña localidad cuyo nombre significa “casa del vado”, y que cita Jueces 7,24 es relativa al juez Gedeón en la rivera del Jordán. Los sinópticos nos hablan de un acontecimiento que desencadena la ablución de Jesús. En la misma zona cercana a Jericó (En-Netele) en la Gálgala bíblica, muy frecuentada por Juan bautista. Como esenio que es, Juan frecuenta este recodo de la rivera del Jordán muy cercano a la desembocadura del mar Muerto, un lugar relacionado íntimamente con los profetas Elías y Eliseo; ya que desde allí subió Elías al cielo (2R2,11ss) y Eliseo realizó numerosos milagros (2R4-5). 

Y fue en esta precisa zona donde se realizó el acontecimiento que nos ocupa, ya que el bautista desarrolló en el parte de su actividad profética. Como hemos dicho y entendemos, Jesús realiza en el Jordán una ablución. Se sumerge en el río. Los baños rituales están presentes en la mayoría de las religiones y con idéntico significado; dejar atrás la impureza que lavan las aguas. Todos sabemos lo que los esenios cuidaban la purificación del cuerpo y sus aptitudes. 

Pero, ¿pretendía Jesús plegarse sin más a ese lavado sagrado e inaugurar el Bautismo ritual que conocemos? ¿Puede el bautismo como tal lavar los pecados? Vamos por la primera cuestión. 

Si a la percepción de la Presencia de Dios denominamos sacramento, podemos tener claro que un sacramento como expresión ritual, puede estar completamente exento de la presencia del trascendente. Y que precisamente Jesús de Nazaret fue en nuestra era, la primera persona en afirmar que ningún ritual o código establecido (Mc 7,1-7), puede estar por encima de la experiencia real de cada persona, que se predispone en variadas circunstancias a la experiencia de Dios. Entiendo que son estas cuestiones de la experiencia como el bautismo, puntos de partida desde los cuales emprender un camino nuevo o renovado como el de Zaqueo (Lc 19,1-10). 


Intentaré explicarme de otra forma. Somos muchos los que pensamos que el episodio de los discípulos de Emaus, la Transfiguración, la Ascensión del Señor, las apariciones primigenias…etc; responden todos a un mismo acontecimiento, la Resurrección de Jesús experimentado en distintas personas y de diferentes maneras. 

Por ello me atrevo a decir, que aunque Jesús se plegara a este ritual esenio o ablución sagrada como bautismo (Lc3,21-22); fue su contacto primigenio con la comunidad de los que de predisponían a creer, lo que de alguna manera desencadenó la presencia del Espíritu entre los presentes y el comienzo de la actividad pública de Jesús junto a estas personas. 

El diálogo con Juan es relevante para Jesús, pues este le confirma como enviado de Dios (Jn1,29); y como aquel que bautizaría con Espíritu Santo y Fuego. Fuego como elemento primordial para la vida y fuego como elemento que llama a la movilidad y al posicionamiento ante tal o cual actitud. Atendamos a aquellas palabras de Jesús, “he venido a traer fuego a la tierra y ojalá estuviera ya ardiendo” (Lc12,49-50). 

Por lo tanto, considero que lo más llamativo en este acontecimiento es la bajada de Jesús a la rivera del Jordán y el adentrarse en el lodazal de las aguas. Esta es, la significación teológica y la representación nata de la humanidad más pura a la que Jesús es llamado. Ante Jesús, había que dar un sí o un no. Acogerle o dejarle. 

Escuchar sus palabras y atender a su abrazo, o negarse a uno mismo y su cruda o fantástica realidad. La presencia de Jesús como tal, es ya de por sí un comienzo a emprender la ilusionante tarea del seguimiento del Nazareno aspirando a las actitudes del Reino. No quiero extenderme pues creo que esta cuestión está reflejada. 

La segunda pregunta era, ¿puede el bautismo como tal lavar los pecados?
Unas de las características de Jesús es que aun siendo una persona sin formación reconocida (Jn 7,15b), atesoraba una sabiduría que le llevó a ser un conocedor nato de la escrituras sagradas. El sabia del pasaje de Jeremías, “así te blanquees con salitre (natrón) y te des bien con lejía, se te nota la culpa en mi presencia –oráculo del Señor-“ (Jr 2,22). 

Por ello, ¿cómo entender un bautismo sin conciencia? En muchos casos, la conciencia de los llamados no es idéntica a la conducta, y esto tergiversa todo el sentido de la realidad sacramental. Se nos debe notar que somos bautizados. 

Por ello, es preciso antes que nada que la persona asuma a donde se quiere ir desde el plano vocacional. “Es importante que cada persona asuma su realidad, su YO. Y de esta manera, el YO del sujeto de estas experiencias vitales participa de manera más o menos consciente de todos los actos de la conciencia” (Joseph Ternus-Doc.Filosofía). 

Atendiendo a este planteamiento, se hace imprescindible despertar en los catecúmenos esa chispa de fuego celeste que es la conciencia –voz de Dios-, desde la realidad bautismal y humana. Aunque no es el problema de fondo, quizás debiéramos de revisar la edad apta para el bautismo en nuestra Iglesia. 

No es cuestión de formas rituales, sino de madurez personal, de coherencia e integridad. De valores. Unos valores cristiano-humanos que deben ser despertados por la voluntad de la persona y su sentido de compromiso con el mundo; y no trasponer este sentido hacia los padres planteándoselo como una obligatoriedad en el caso de la inconsciencia del recién nacido. 

Aclaro que la pastoral bautismal la considero equivocada, pues se dan cursillos a los padres cuando debieran darse a los catecúmenos en edad consciente. 

Nuestra Iglesia considera que los VALORES están en desuso en la sociedad. ¿Se fomenta en la Iglesia el desarrollo de estos, por medio de prácticas testimoniales que se fundamenten explícitamente en los evangelios y no en la dureza ocasional del magisterio eclesiástico? 

Por esta causa hemos perdido muchos hijos e hijas de buena voluntad, a los que se les ha negado un abrazo comunitario por circunstancias personales de sus vidas, y son hijos e hijas de Dios que ha perdido la Iglesia. Esto es trágico y es real, y además no es cristiano. 
Al uso de este planteamiento me pregunto, ¿cuántos bautismos olvidados hay en el mundo? Se salvaran estos al no seguir una vida sacramental. Puede que se salven, pero no por estar bautizados al mes de nacer, sino por ser personas que contribuyen al bien común, fomentan la fraternidad y la solidaridad efectiva. 
A día de hoy, considero que pueden ser estos más numerosos, que los católicos que nos denominamos practicantes. Acabo. Jesús se sumergió en el Jordán y al salir inauguro la humanidad cristiana de los que esperamos en la causa del amor. 

Entro como barro, masa moldeable en las manos del creador (Is 64,7), humano por excelencia y completamente sensible a las realidades de cada tiempo. Se prestó a ser uno más, para testimoniar con la verdad y con las obras de sus manos. 

Sus palabras, modificaron el latir de los corazones de aquellos presentes y por ello le siguieron. De aquellas aguas Jesús salió como nuevo engendro, “tú eres mi hijo yo te he engendrado hoy” (Sal 2,7). Como una nueva criatura que de forma ilusionante (con la asistencia del Espíritu Santo) fue prototipo para todos los hombres y mujeres que vendrían tras él y que llegamos hasta nuestros días. Este Jesús, aquel Jesús de hoy y de siempre, solo desea que nos enfanguemos. 

Que nos metamos en el barro, de donde procede la vida. 
Que bajemos hasta allí abajo, donde la humildad, la intransigencia o quizás la falta de higiene, hace preciso la presencia de una voz que revitalice la voz de Jesús al decir “bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8). 

Cuando testimoniemos y solo entonces –a ver si nos enteramos-, ofreceremos a quien esté a nuestro lado una razón contundente para ponerse en marcha, para vivir su bautismo de fe y decir “SI” estoy dispuesto. 
A ponernos en camino, para construir junto al Espíritu de Jesús, la Cristiana Humanidad de los que nos reunimos en su nombre. Buena receta para el año de la fe. 

Paz y bien desde Estepa, en el corazón de Andalucía. Laus Deo.

(el autor autoriza la difusión, nombrando la procedencia)


viernes, 11 de enero de 2013

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - INICIAR LA REACCIÓN


El Bautismo del Señor (C) Lucas 3,15-16.21-22
INICIAR LA REACCIÓN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, El Bautista no permite que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y los reconoce. Hay alguien más fuerte y decisivo que él. El único al que el pueblo ha de acoger. La razón es clara. El Bautista les ofrece un bautismo de agua. Solo Jesús, el Mesías, los "bautizará con el Espíritu Santo y con fuego".
A juicio de no pocos observadores, el mayor problema de la Iglesia es hoy "la mediocridad espiritual". La Iglesia no posee el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual. Cada vez es más patente. Necesitamos ser bautizados por Jesús con su fuego y su Espíritu.
Estos últimos años ha ido creciendo la desconfianza en la fuerza del Espíritu, y el miedo a todo lo que pueda llevarnos a una renovación. Se insiste mucho en la continuidad para conservar el pasado, pero no nos preocupamos de escuchar las llamadas del Espíritu para preparar el futuro. Poco a poco nos estamos quedando ciegos para leer los "signos de los tiempos".
Se da primacía a certezas y creencias para robustecer la fe y lograr una mayor cohesión eclesial frente a la sociedad moderna, pero con frecuencia no se cultiva la adhesión viva a Jesús. ¿Se nos ha olvidado que él es más fuerte que todos nosotros? La doctrina religiosa, expuesta casi siempre con categoría premodernas, no toca los corazones ni convierte nuestras vidas.
Abandonado el aliento renovador del Concilio, se ha ido apagando la alegría en sectores importantes del pueblo cristiano, para dar paso a la resignación. De manera callada pero palpable va creciendo el desafecto y la separación entre la institución eclesial y no pocos creyentes.
Es urgente crear cuanto antes un clima más amable y cordial. Cualquiera no podrá despertar en el pueblo sencillo la ilusión perdida. Necesitamos volver a las raíces de nuestra fe. Ponernos en contacto con el Evangelio. Alimentarnos de las palabras de Jesús que son "espíritu y vida".
Dentro de unos años, nuestras comunidades cristianas serán muy pequeñas. En muchas parroquias no habrá ya presbíteros de forma permanente. Qué importante es cuidar desde ahora un núcleo de creyentes en torno al Evangelio. Ellos mantendrán vivo el Espíritu de Jesús entre nosotros. Todo será más humilde, pero también más evangélico.
A nosotros se nos pide iniciar ya la reacción. Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario. Si viven desde el Espíritu de Jesús, encontrarán caminos nuevos. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

sábado, 15 de octubre de 2011

EL EMPUJÓN DEL ESPÍRITU

El empujón del Espíritu


“Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio también por medio de los laicos. Por eso les da vida con su Espíritu y los empuja sin cesar a toda obra buena y perfecta. A los laicos, en efecto, los une íntimamente a su vida y misión, dándoles también parte en su función sacerdotal para que ofrezcan un culto espiritual para gloria de Dios y salvación de los hombres. Por eso, los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu”

(Cap IV los laicos. 5ª Sesión Const.Dogmatica Lumen Gentium. 21/11/1964)

Estas breves palabras me sirven hoy, para reflexionar sobre el titular del cardenal Cañizares el Religión Digital, respecto de la eucaristía. No es una reflexión impulsiva, pues es algo que vengo madurando desde hace años –y que aun medito-, para llegarme a una vivencia autentica y feliz de toda la dimensión eucarística y sus posibilidades. Por ello esta mañana temprano poco antes de las siete, me dedicaba en el silencio de mi ermita a pensar sobre esta cuestión, que ahora plasmo en la finitud de las letras inspiradas.

"No hay Eucaristía sin sacerdocio, como no existe sacerdocio sin Eucaristía", dice el señor Cañizares. El tema desde luego no esta tomado al azar, ni es el tema sobre el que tocaba hablar este domingo en el periódico vaticano, no. El tema es de capital importancia para todos los ministros ordenados, y especialmente para aquellos que forman parte como el sr. Cañizares de sagradas congregaciones y otras hiervas.

La realidad, no es que los “cristianos o gran numero de ellos, vean la eucaristía como una posición exterior impuesta” –dice Cañizares-; sino que lo que le preocupa al prelado y la jerarquía eclesiástica es la cada vez mas amplia apertura de miras, que los cristianos tenemos para celebrar la eucaristía. ¿Dónde reside la presencia espiritual de Jesús de Nazaret? ¿Exclusivamente en la eucaristía? ¿No les parece una pobreza impresionante del cristianismo, reducir la presencia de Jesús a la ceremonia eucarística –misa-, celebrada por una persona y contestada mecánicamente por varias decenas de ellas?

No entraremos en el debate teologal de presencia de Jesús a secas, o presencia real de Jesús; pues nos llegaremos a un absurdo pleonasmo. Entiendan que, o esta Jesús o no esta presente. Distinto es que consideremos una determinada materia, apta para que Jesús se haga presente. Dígase un trozo de pan sin levadura. ¿Y si tiene levadura el pan? ¿Y si en lugar de pan es papel de Palabra Sagrada, metal de Cruz o trozo de Carne humana templada y sensible, que bombea el mismo amor de Jesús o de Cristo si os gusta más la palabra? ¿Acaso no da lo mismo comulgar que sentir sensiblemente el contacto o la presencia cercana?

Esta claro que todo incluso las cosas de la religión, son distintas en función de la diferencia de color por el que se mire.
Admito como propias las palabras de Benedicto XVI sobre la eucaristía al decir que: “sin fe y hondura y vivencia personal la eucaristía pierde su sentido”. Le añadiría la palabra humanidad, pero el papa es un gran teólogo y sabe que de hacerlo de tacharían momentáneamente de progresista. En cualquier caso, puede que el papa y yo nos refiramos cada uno a una dimensión eucarística concreta, o a distintas posibilidades de hacer presente a Jesús –Cristo-, por medio de la unión fraterna de los que se reúnen en su nombre.

Sacerdocio real, sacerdocio presbiteral, sacerdocio de Jesucristo. Pero hermanos y hermanas, ¿cómo iba Jesús a querer un orden preestablecido en su Iglesia y sacerdotal, cuando se paso a cada momento condenando a los sacerdotes de entonces, sus ritos, imposiciones e hipocresías?

Que seguridad mas concreta nos hace falta, que saber que Jesús esta a todos los efectos presente entre nosotros, pues “donde dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Escribí para la revista Tiempo de Hablar sobre la eucaristía del XXXI Congreso de Teología de Septiembre, y decía que: “Quizás ya llegó la hora de dar forma, a la capacidad que tienen los laicos de hacer presente a Jesús en nuestras vidas, por nuestra propias posibilidades y convicciones. Es imposible que nuestra jerárquica Iglesia se afane en mantener al Espíritu Santo encerrado en el monopolio del machista ministerio del presbiterado.”

Solo necesitamos amigos y amigas, ser conscientes del amor que Dios nos tiene. Saber que Jesús nos acompaña a cada paso de nuestra vida, por muy grotesca que sea la situación en la que nos encontremos, y saber que si estamos convencidos de esto, recibiremos en nuestra espalda lo que más necesitamos los cristianos de hoy de una vez por todas, el empujón del Espíritu, para hacernos valer como cristianos y como personas.

Buen fin de semana. Besos desde la aun calurosa Andalucía. Laus Deo.
Floren de estepa.