CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

martes, 17 de mayo de 2011

LA HERMOSURA DE LA FRATERNIDAD - SAN ISIDRO 15 DE MAYO DE 2011

En torno a San Isidro y la Virgencita del Rosario nos reunimos los vecinos de la aldea La Salada, para conmemorar la celebración del patrón de la aldea y del campo español. Pero fue mucho mas que fiesta, pues al compartir doble mesa, fue mas amplio el sentido de gratuidad y satisfacción.
Los vecinos ofrecimos un desayuno a los asistentes, cuyo chocolate nos fue regalado por el ayuntamiento de Estepa. Tras el desayuno y los dulces propios, se celebró la eucaristía, bendición del campo, las cosechas y las familias y procesionó San Isidro y la Virgen por la calle de la aldea, que para la ocasión estreno su nombre nuevo de Calle San Isidro Labrador.







miércoles, 11 de mayo de 2011

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - La Puerta

LA PUERTA
4 Pascua (A) Juan 10, 1-10
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

Jesús propone a un grupo de fariseos un relato metafórico en el que critica con dureza a los dirigentes religiosos de Israel. La escena está tomada de la vida pastoril. El rebaño está recogido dentro de un aprisco, rodeado por un vallado o un pequeño muro, mientras un guarda vigila el acceso. Jesús centra precisamente su atención sobre esa «puerta» que permite llegar hasta las ovejas.
Hay dos maneras de entrar en el redil. Todo depende de lo que uno pretenda hacer con el rebaño. Si alguien se acerca al redil y «no entra por la puerta», sino que salta «por otra parte», es evidente que no es el pastor. No viene a cuidar a su rebaño. Es «un extraño» que viene a «robar, matar y hacer daño».
La actuación del verdadero pastor es muy diferente. Cuando se acerca al redil, «entra por la puerta», va llamando a las ovejas por su nombre y ellas atienden su voz. Las saca fuera y, cuando las ha reunido a todas, se pone a la cabeza y va caminando delante de ellas hacia los pastos donde se podrán alimentar. Las ovejas lo siguen porque reconocen su voz.
¿Qué secreto se encierra en esa "puerta" que legitima a los verdaderos pastores que pasan por ella y que desenmascara a los extraños que entran «por otra parte», no para cuidar del rebaño sino para hacerle daño? Los fariseos no entienden de qué les está hablando aquel Maestro.
Entonces Jesús les da la clave del relato: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas». Quienes entran por el camino abierto por Jesús y le siguen viviendo su evangelio, son verdaderos pastores: sabrán alimentar a la comunidad cristiana. Quienes entran en el redil dejando de lado a Jesús e ignorando su causa, son pastores extraños: harán daño al pueblo cristiano.
En no pocas Iglesias estamos sufriendo todos mucho: los pastores y el pueblo de Dios. Las relaciones entre la Jerarquía y el pueblo cristiano se viven con frecuencia de manera recelosa, crispada y conflictiva: hay obispos que se sienten rechazados; hay sectores cristianos que sienten marginados.
Sería demasiado fácil atribuirlo todo al autoritarismo abusivo de la Jerarquía o a la insumisión inaceptable de los fieles. La raíz es más profunda y compleja. Hemos creado una situación muy difícil. Hemos perdido la paz. Vamos a necesitar cada vez más a Jesús.
Hemos de hacer crecer entre nosotros el respeto mutuo y la comunicación, el diálogo y la búsqueda sincera de verdad evangélica. Necesitamos respirar cuanto antes un clima más amable en la Iglesia. No saldremos de esta crisis si no volvemos todos al espíritu de Jesús. El es "la Puerta". 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


miércoles, 4 de mayo de 2011

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - Recordar más a Jesús

3 Pascua (A) Lucas 24, 13-35

RECORDAR MÁS A JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

ECLESALIAEl relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.

Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él, no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús, muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?

Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscarle algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos, ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia pero lo siguen recordando?

La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel "desconocido" se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística, se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos!

Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Nadie ha de estar más presente. Jesús camina junto a nosotros. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 


domingo, 1 de mayo de 2011

PLEGARIA POR LOS TRABAJADORES

La Salada, Vísperas.
Bueno, tras jornadas agotadoras de trabajo; en esta tarde vuelvo a mi retiro desde el cual escribo. Hoy día de los trabajadores y trabajadoras. Y aunque yo lo he celebrado trabajando y por ello doy gracias a Dios, y a todas aquellas personas que confían a mí un determinado trabajo floral; -digo que- no ignoro el vértigo de una nación al borde de los 5000000 de parados. Por pedir a Dios trabajo que no quede, y por ello hoy he dejado de lado la liturgia pascual dominical y he dedicado todo el día a la memoria del trabajador por excelencia para los cristianos tradicionalmente hablando, San José Obrero.
No quiero ser irreverente, pero no podemos dejar en manos de Dios todo el asunto de trabajo, paro y dignidad personal del trabajador. A Dios debemos de insistir para que su espíritu nos asista, para que cada uno desde el lugar y responsabilidad en la tierra, ajustemos nuestro entorno, al que Jesús de Nazaret desea para cada uno de sus hijos. Y desde luego, preocuparnos por políticas integradoras que promuevan el empleo y no menoscaben las ayudas y facilidades a aquellos que no lo tienen.
Os propongo esta plegaria modificada de Jesús Burgaleta, para que bien tras las preces en la Liturgia de las Horas o en cualquier momento, seamos conscientes de nuestra propia realidad.
Abrazos, buen puente, buenas noches.
Paz y bien.

ROMANCE A SAN JOSÉ, Sor Juana Inés de la Cruz s.XVII
Escuchen qué cosa y cosa
tan maravillosa aquesta:
un marido sin mujer,
y una casada doncella.

Un padre que no ha engendrado
a un hijo, a quien Otro engendra;
un Hijo mayor que el padre,
y un casado con pureza.

Un hombre que da alimentos
al mismo que lo alimenta;
cría al que lo crió, y al mismo
que lo sustenta, sustenta.

Manda a su propio Señor,
y a su hijo Dios respeta;
tiene por Ama una Esclava,
y por Esposa una Reina.

Celos tuvo y confianza,
seguridad y sospechas,
riesgos y seguridades,
necesidad y riquezas.

Tuvo, en fin, todas las cosas
que pueden pensarse buenas;
y es, en fin, de María esposo,
y de Dios, padre en la tierra.

PLEGARIA EN EL DÍA DE LOS TRABAJADORES
Padre bueno y todo bondadoso,
que nos amas y nos buscas.
Ahora que nos hemos puesto a tono
y estamos inspirados, glorificamos tu nombre,
en medio del brindis de esta comunidad de hermanos.

Padre nuestro, eres Creador; tu nombre es energía,
fecundidad, evolución, actividad, omega y plenitud.
No descansas ni de día ni de noche.

¡Eres el primer trabajador del universo!
Contigo ruedan los ejes de las máquinas,
y funcionan las factorías, e investiga la ciencia
y transforma la tierra la clase trabajadora.

Has hecho de nosotros un ser vivo, rebosante de actividad.
Somos responsables de la tierra
y de organizar la convivencia.
Todo es de todos; nada se escapa de nuestra acción.
Sin embargo, los hombres injustos y sus estructuras,
han frenado el empuje de la vida, haciendo de la humanidad
un rebaño de inútiles seres mudos.

Hay pueblos enteros amordazados por las dictaduras;
son los que llaman "mayoría silenciosa"
y a los que halagan con buenas palabras
para que permanezcan como borregos.

Nosotros no queremos callar; no podemos callar,
ni permanecer pasivos.
Al bendecirte en esta celebración
proclamamos el evangelio de la creatividad,
de la acción, de la participación,
de la responsabilidad indeclinable.

Así es como queremos darte gloria,
reuniendo en una sola plegaria el trabajo,
la acción y la lucha de los que quieren vivir con dignidad,
con sentido de la fraternidad, y te lo decimos
con los brazos extendidos y las manos abierta.
Padre nuestro que estas en el cielo…

Padre, Jesús nos dijo que "trabajas" siempre.
Para Ti el amor es participación, actividad,
interacción, responsabilidad. Así lo entendió Jesús,
que no se limito a un territorio ni permaneció pasivo.
Llamado por Ti, recorrió todos los caminos
convocando a los hombres del pueblo.

¡Lo hubieran querido mudo y paralítico;
pero Él es Tu Palabra y Tu obra!

De la mudez, de la parálisis y de la inactividad
fue librando a los que le seguían.
Levantó a los pueblos, suscitó una esperanza,
hizo recobrar la conciencia perdida
y comenzó a ser muy peligroso.
Como no cedió en su empeño, lo mataron.
¡Se equivocaron los que pretendieron
inmovilizarlo bajo el frío del sepulcro!

Su Espíritu quedó por los caminos
como una revolución que no se agota.
Ese Espíritu es el que nos mueve a celebrarle hoy aquí,
en esta celebración donde te haces presente
por medio de la […] Palabra.
¡Que al bajar de este supuesto Tabor
donde me encuentro contigo,
sea consciente de que en el mundo de los trabajadores y trabajadoras,
puedo y debo ser la voz de Jesús que pide justicia,
dignidad y una justa remuneración del esfuerzo trabajado.

Ya que la actividad primordial de Jesús fue el amor;
permite Padre amoroso, que al compartir nuestra vida
con los hermanos y amigos, h
agamos un mundo mas de Jesús y a su estilo.

Junto a este Jesús, Padre,
te presentamos la indeclinable voluntad
de participar en la creación del mundo
y hacerlo según tu designio.
No queremos permitir que nadie subyugue, ni decida,
ni piense por nosotros, ni nos vuelva a reducir al silencio.
De lo contrario, no podríamos, como ahora lo intentamos,
bendecirte y darte gloria, y cantar tus alabanzas
por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 29 de abril de 2011

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE- Nuevo inicio

2 Pascua (A) Juan 20, 19-31

NUEVO INICIO

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, sAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está Jesús con ellos. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. No pueden escuchar sus palabras llenas de fuego. No pueden verlo bendiciendo con ternura a los desgraciados. ¿A quién seguirán ahora?

Está anocheciendo en Jerusalén y también en su corazón. Nadie los puede consolar de su tristeza. Poco a poco, el miedo se va apoderando de todos, pero no le tienen a Jesús para que fortalezca su ánimo. Lo único que les da cierta seguridad es «cerrar las puertas». Ya nadie piensa en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Sin Jesús, ¿cómo van a contagiar su Buena Noticia?

El evangelista Juan describe de manera insuperable la transformación que se produce en los discípulos cuando Jesús, lleno de vida, se hace presente en medio de ellos. El Resucitado está de nuevo en el centro de su comunidad de seguidores. Así ha de ser para siempre. Con él todo es posible: liberarse del miedo, abrir las puertas y poner en marcha la evangelización.

Según el relato, lo primero que infunde Jesús a su comunidad es su paz. Ningún reproche por haberlo abandonado, ninguna queja ni reprobación. Sólo paz y alegría. Los discípulos sienten su aliento creador. Todo comienza de nuevo. Impulsados por su Espíritu, seguirán colaborando a lo largo de los siglos en el mismo proyecto salvador que el Padre encomendó a Jesús.

Lo que necesita hoy la Iglesia no es sólo reformas religiosas y llamadas a la comunión. Necesitamos experimentar en nuestras comunidades un "nuevo inicio" a partir de la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Sólo él ha de ocupar el centro de la Iglesia. Sólo él puede impulsar la comunión. Sólo él puede renovar nuestros corazones.

No bastan nuestros esfuerzos y trabajos. Es Jesús quien puede desencadenar el cambio de horizonte, la liberación del miedo y los recelos, el clima nuevo de paz y serenidad que tanto necesitamos para abrir las puertas y ser capaces de compartir el Evangelio con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Pero hemos de aprender a acoger con fe su presencia en medio de nosotros. Cuando Jesús vuelve a presentarse a los ocho días, el narrador nos dice que todavía las puertas siguen cerradas. No es sólo Tomás quien ha de aprender a creer con confianza en el Resucitado. También los demás discípulos han de ir superando poco a poco las dudas y miedos que todavía les hacen vivir con las puertas cerradas a la evangelización.


(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 
 

Por la dignidad del trabajo

POR LA DIGNIDAD DEL TRABAJO
Comunicado ante el primero de mayo de 2011
MUJERES TRABAJADORAS CRISTIANAS (MTC), HERMANDAD OBRERA DE ACCIÓN CATÓLICA (HOAC), JUVENTUD OBRERA CRISTIANA (JOC)
ESPAÑA.
Los movimientos especializados de Acción Católica para la evangelización del Mundo Obrero: JOC (Juventud Obrera Cristiana), MTC (Mujeres Trabajadoras Cristianas) y HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), en esta celebración del Día Internacional del Trabajo, queremos estar cercanos a las alegrías y a las angustias de los trabajadores y trabajadoras y sus familias, especialmente de quienes sufren el paro o soportan unas condiciones de trabajo que imposibilitan una vida digna.

En este año queremos seguir llamando la atención sobre la crisis económica del sistema financiero que estamos padeciendo. Una crisis que también es moral, ética. Un escenario altamente corrosivo para el digno desarrollo de la vida de más de cuatro millones de personas en nuestro país que no tienen trabajo. En el 4º trimestre de 2010, teníamos más de 1.300.000 hogares con todos sus componentes en paro. Mientras tanto, entre enero de 2008 y junio de 2010, los bancos dejaron sin vivienda a más de 200.000 familias. Las estadísticas nos hablan que las medidas establecidas en la reforma laboral dictada por el gobierno, no han dado los resultados que se plantearon, sino que han supuesto un paso más en la vulnerabilidad que sufren las mujeres y los hombres del trabajo, especialmente los más empobrecidos. También vemos con preocupación la reforma del sistema de pensiones, que va en la línea de alargar la edad de jubilación, y no favorece la creación de empleo para los más jóvenes, cuyo índice de paro supera el 40 % ¿Cómo alcanzarán las actuales generaciones de jóvenes los años de cotización?
Cuando está a punto de cumplirse el 30º aniversario de la publicación de la Encíclica Laborem Exercens y celebramos la beatificación de Juan Pablo II, autor de dicha encíclica, queremos proclamar la plena vigencia de su apuesta por la dignidad del trabajador; de la obligada subordinación de la economía al desarrollo de la persona; y del respeto innegociable por toda persona, imagen de Dios, en cualquier escenario socio-económico que se pueda dar. Porque la Iglesia está vivamente comprometida en esta causa, porque la considera como su misión, su servicio, como verificación de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la «Iglesia de los pobres». Y los «pobres» se encuentran bajo diversas formas; aparecen en diversos lugares y en diversos momentos; aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano: bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo —es decir por la plaga del desempleo—, bien porque se deprecian el trabajo y los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia.(Laborem exercens, 10).

Celebremos el 1º de mayo de 2011 y hagámoslo denunciando a los culpables de la crisis y de la pérdida de trabajo; a los que echan cargas pesadas sobre los más pobres; a los que hacen que muchas personas vivan con angustia, sin seguridad… Pero también anunciando que hay esperanza si somos capaces de organizar y orientar el trabajo productivo para que colabore en la humanización de las personas, ya que el trabajo, por su tenencia o su ausencia, sigue siendo la clave de la cuestión social.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
  

domingo, 24 de abril de 2011

PLEGARIA DE LA RESURRECCIÓN DE JESÚS DE NAZARET

PLEGARIA DE LA RESURRECCIÓN DE JESÚS DE NAZARET
Desde este humilde lugar, deseo una feliz Pascua a todos los que visitan este humilde blog. Permita el resucitado, que nos prestemos a la asistencia del Espíritu. Que nos abramos a todo lo bueno y bello que desde el hombre y la mujer de hoy, procede de Dios. Que neguemos la infamia a lo humano y logremos el pleno reinado de Dios en los corazones de las gentes.
Un abrazo cordial. Paz y bien. Floren

(La siguiente plegaria puede leerse en cualquier oficio litúrgico de la pascua, tras las preces.)

Dios y padre de bondad,
que nos amas y nos buscas.
Es realmente justo y necesario darte gracias,
Padre Nuestro, y de modo especial
en este día en que ha resucitado tu Hijo.

En nuestro mundo hay todavía caos informe,
tinieblas de guerra, iras,
desigualdades sociales, odios.
Tu aliento, Padre bueno e inmenso,
se cierne sobre la faz de la tierra,
porque Tu eres Luz y el creador de toda luz.

Nos cuesta reconocer
que el hombre es imagen de Dios,
porque le vemos desfigurado.
Este es el día, Padre, en que transformas
nuestro miedo en valentía.

Días de resurrección en que despiertas en nosotros
deseos de liberación y alegría,
al reconocer que Jesús venció a la muerte.

Son muchos los procesados.
Los enfermos, los marginados...
pero no faltan hoy quienes se entregan
por la justicia, quienes redimen a sus hermanos,
como Cristos anónimos.

Tú eres un Dios de libertad y de liberación,
como lo mostraste cuando tu pueblo
caminó por lo seco en medio del mar.
Esperamos continuamente el amanecer,
la división de las aguas amargas,
el camino limpio que nos lleva a la libertad.

Este es el día en que palpamos muy de cerca
la presencia del Resucitado.
Por lo cual nos asociamos a los ángeles
diciendo la oración que el resucitado nos enseñó:
Padre nuestro que estas en el cielo…
        
Padre de los cielos y tierra:
Tu Hijo Jesucristo vive entre nosotros.
Te bendecimos porque Jesucristo
vive en todo deseo de vida y amor,
porque su servicio siempre es actual,
es tan necesario e indispensable
como el alimento de tu Palabra y de tu mesa.

Cuando los hombres compartimos la palabra,
el pan, la mesa y la alegría,
nos hacemos hermanos.
En medio de nosotros está entonces Cristo.
En nombre de Jesús, Padre,
nos hemos reunido ante ti, los de lejos y los de cerca,
porque nos ha congregado tu Espíritu.

Tu cuerpo glorificado, Señor,
conserva la huella de las heridas de los hombres
y tu corazón abierto por la lanza
no cesa de manar sangre y agua de tu Espíritu.

Derrama la luz de tu Espíritu
para que en ella nos encontremos
todos los hombres y mujeres del mundo,
para que la vida tenga sentido
y todos compartamos tu felicidad.
Que llegue aquel día en que te veamos cara a cara,
cuando nadie tenga necesidad de decirnos quien eres.

A Ti, Padre, con el Espíritu del Resucitado,
te brindamos este momento de oración.
Escuchamos atentamente tu palabra,
pues ella es nuestra salvación,
la de nuestras familias y amigos
y te pedimos por todos los hombres y mujeres
que se aman y respetan, e igualmente te pedimos
por la salud de todo el mundo,
dada hoy en el Señor.

Por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 22 de abril de 2011

LA CRUZ DESDE LA PERSPECTIVA DE JOSÉ ARREGUI (Teólogo)

La cruz no nos salva

El título puede sonar escandaloso a oídos de muchos cristianos, más en estos días en que alzamos la cruz para cantar al Hermano Herido. Hace ya dos mil años que dura el grave malentendido, y son demasiados los que aún lo sostienen, pero hoy es insostenible. No es la cruz la que salva, sino aquello de lo que nos hemos de salvar.
En realidad, el equívoco es muy anterior al cristianismo. En infinidad de excavaciones arqueológicas de África, Asia, América y Europa se encuentran restos de cruces de hace ocho mil años. De México a Perú y de China a Babilonia, la cruz fue utilizada como símbolo de vida. Muchos representaron al dios sol en forma de cruz: así hicieron los egipcios con Osiris (que es, además, el dios de la muerte y de la resurrección), y los acadios, asirios y babilonios con Shamash. Desde Europa hasta la India, todos los pueblos arios utilizaron también la cruz gamada como símbolo del sol más o menos divinizado. Odín cuelga de un árbol. El árbol tiene forma de cruz. El árbol vive del sol. La cruz es el árbol, es el sol, es la Vida en las cuatro direcciones del cosmos.
            Si la pobre humanidad, desde la noche de los tiempos en que aprendió a guardar el fuego –fuego del sol o del rayo– e incluso a encenderlo cruzando y frotando dos palos de árbol, si la pobre humanidad hubiera guardado el Fuego y cuidado la Vida, también nosotros podríamos seguir venerando la cruz como el signo más sagrado, el signo de la Vida. Pero la pobre humanidad, para su gran desgracia, hizo de la cruz un instrumento de muerte.
Cuando esta especie humana que llamamos dos veces Sapiens dominó la tierra, construyó ciudades, ordenó el poder y organizó religiones, entonces taló un árbol e inventó la cruz para matar al enemigo condenado como culpable. Babilonios, persas y egipcios, griegos, cartagineses y romanos convirtieron el signo de la vida en el más cruel instrumento de tortura y de muerte para esclavos, sediciosos y prisioneros enemigos.  Y llamaron Dios al Poder, e hicieron de Él el Gran Legislador, el Supremo Garante del orden del más poderoso, siempre injusto.  Y dijeron: “Dios castiga al culpable”, pero era simplemente para poder ellos castigar con la conciencia tranquila. Nadie explicó nunca por qué Dios exige expiación, ni quién gana qué con que el culpable expíe. Eso hicimos de Dios, ¡pobre Dios! Más bien, ¡pobres nosotros!, pues ese Dios no existe, mientras que nosotros sí existimos y seguimos crucificándonos. ¡Maldita cruz!
Miles de años más tarde, un viernes de abril, crucificaron a Jesús, uno más de tantos. El Sanedrín de los sacerdotes le acusó de querer destruir el Templo. El Pretorio romano le condenó por amenazar el orden imperial. El Sanedrín tenía razón según la ley vigente en la religión del templo, y el Pretorio tenía también razón según la ley del Imperio. Pero ambas leyes eran la misma, y ambas eran perversas. Eran la ley del poder y del orden, de la culpa y del castigo. No eran la ley de Dios, la santa ley de la bondad y de la vida. De modo que Jesús fue crucificado contra la voluntad de Dios, que solo puede querer que vivamos y hace salir el sol sobre buenos y malos.
Pero los cristianos entendieron muy pronto la cruz de Jesús de acuerdo a las viejas categorías de la religión del templo: la culpa y el castigo, el sacrificio y el perdón. Eso sí, los cristianos, con Pablo al frente, dieron la vuelta al argumento y dijeron: “Dios exigía que alguien expiara todos los pecados, pero ha sido el Justo quien ha expiado en lugar de los pecadores. Era necesario que alguien cargara con las culpas, pero ha sido el Crucificado quien ha cargado con todas nuestras culpas”. Los cristianos olvidaron la historia del Sanedrín y de Pilato, y comprendieron la cruz, en clave cultual, como un sacrificio de expiación.  Dieron la vuelta al argumento, pero mantuvieron el viejo marco de la culpa, la pena y la expiación.
Y llegaron a decir que, en realidad, fue Dios el que crucificó a Jesús. ¿Quién puede creer hoy en un Dios que exige expiar culpas, a veces al propio culpable, a veces al inocente en lugar del culpable? Ese dios sería un monstruo terrible, y la verdadera piedad empezaría por combatirlo. Pero tales monstruos hemos creado, y les hemos consagrado templos, doctrinas y sistemas penitenciales, un siniestro edificio que descansa sobre un dogma erigido en una especie de principio metafísico de carácter absoluto: “Toda culpa debe ser expiada”. Una religión de la expiación universal, en la que lo más importante ni siquiera es que aquel que ha hecho daño a alguien lo repare y trate de curarle, sino que pague, que sufra, que se pudra en la cárcel, que se muera (se oyen gritos de multitudes). Terrible religión, y terrible sociedad, la que así grita.
No es esa la religión de Jesús. El principio absoluto de Jesús es otro, absolutamente distinto: “Toda herida debe ser curada”. A Jesús no le importó el pecado (¿qué es el pecado?), sino el sufrimiento: la gente que sufría y la gente que hacía sufrir. No le importó la culpa (¿qué es la culpa?), sino el daño: la gente herida, y la gente que hería, y todo el que hiere es porque está herido, y lo que necesita es sanación, no castigo. En última instancia, ni siquiera le importó quién tenía la culpa, sino que alguien, cada uno en su lugar y a su manera, se hiciera responsable y dijera: “Yo respondo. No quiero herir, quiero curar. Y también al que hiere quiero curarlo, porque también él está herido. Yo quiero hacer algo para que no haya daño. Y sé que eso es arriesgado, porque el poder es ciego y cruel, y está en todas partes aunque no es nadie. Pero yo lo haré”.
Eso hizo Jesús. Corrió el riesgo, y le crucificaron. Pero sus discípulas y discípulos no dejaron de amarle. Dijeron que estaba vivo. Tan ciertos estaban de que lo que Jesús había dicho y hecho era divino, la vida misma y la bondad misma que es inmortal como Dios. Los cristianos le veneraron primero en figura de cordero, de buen pastor, de pez y de ancla. Y al cabo de trescientos años, empezaron a venerarle en figura de cruz. Y la cruz –el maldito instrumento de tortura y de muerte, impuesto por los poderosos a los sediciosos y profetas– volvió a convertirse en signo de la Vida, en árbol de vida, cargado de frutas y medicinas saludables.
Pero aún persiste el equívoco y hay que despejarlo. El Dios de la expiación nunca existió, y la religión de la expiación ha de ser borrada. El dolor no es lo que salva, sino aquello de lo que hemos de ser salvados. Y la salvación no consiste en ser absueltos de una culpa ni en expiarla, sino en ser curados de todas las heridas. Eso es lo que quiso hacer Jesús. Pero en su vida y en su cruz, no es la cruz la que nos salva, sino la libertad arriesgada, la bondad solidaria, la proximidad sanadora. La suya y la de todos los hombres y mujeres buenas.  Benditos sean todos los crucificados, y malditas sean todas las cruces, también la de Jesús.
Es el Hermano Herido el que nos salva. Todas las hermanas y hermanos heridos por ser buenos nos salvan, a pesar de la cruz. Por supuesto, no sin la cruz. Pero ciertamente, no por la cruz.
Para orar
 ”Un Dios de corazón y no de ley.
Una mirada de calor y no de hielo.
Un Señor de los nuestros, no distante.
El padre para todos, no el príncipe de algunos.
Una Palabra que habla en los gestos:

el pan compartido,
la fiesta de los impuros,
la denuncia del soberbio,
la bienaventuranza del pobre,
el envío de los débiles,
la amistad con los solos,
la mano firme que alza a la adúltera,
la risa y el llanto de quien está vivo,
la plegaria del hombre angustiado,
el silencio ante el juez injusto,
los brazos clavados en una cruz,
el grito de perdón,
un sepulcro sin muerto,
los destellos del que vive para siempre.

¿Qué hay en el corazón de Dios?
Un Amor eterno, cercano y apasionado.
Una pasión que sepulta a la muerte..
Un grito que da sentido a la historia.
La voluntad inquebrantable
de abrirnos paso a la Vida.” (José María Olaizola)

CUALQUIER CENA SI TIENE BUEN ROLLITO, PUEDE SER SANTA

Quiero comentar esta imagen, y deseo que usted que me visita, lo haga con tranquilidad y sin enfurecerse. Hoy una monja hermana de la cruz, me comenta su preocupación por la poca asistencia de la gente a los cultos religiosos propios de la semana santa. Son ceremonias largas, llenas de tradición, bellas en sus símbolos, pero que tiene  que ser descifrados y a esto no llegan la mayoría de las gentes. ¿A donde vamos? ¿Es el camino correcto?






Este Jesús que aquí se nos muestra, tiene la particularidad de sintonizar con su entorno, algo que hoy no les pasa a algunos -no todos- de aquellos que desean representar a Xto, desde el ministerio sacerdotal. La mesa no esta exenta de esencia eucarística, pues se nota cierto clima de fraternidad y humanidad integradora. ¿Quizás de esto si está necesitada la iglesia y la comunidad eclesial en sí misma, de integración?. La pastoral de obligatoriedad en la iglesia tiene las horas contadas. El evangelio debe ser comunicado, transmitido y testimoniado a toda costa; aunque para ello los casi tocados por la galopante alopecia, nos tengamos que poner “raftas” en el pelo.
Feliz pascua a todos, felices días. Paz y bien desde Estepa.



Viene de: http://www.atrio.org/2011/04/4074/comment-page-1/#comment-28920 

jueves, 21 de abril de 2011

ORACIÓN ANTE EL MONUMENTO - JUEVES Y VIERNES SANTO

+
“El que come de este pan, vivirá para siempre”
+.En el nombre del padre y del Hijo y del Esp.Sto.Amén.

¿Tienes dudas de quién es este que se muestra ante ti?. Él fue llamado por sus contemporáneos: maestro, rabí, profeta, anticristo. Nosotros le llamamos Jesús el Hijo de Dios o el Hijo del hombre. Pero, a pesar de su realeza como hijo de Dios, aprendió a soportar  –como hombre que era a todos los efectos- los envites que la vida le presentaba. “Padre aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Este que está ante ti es el mayor signo sacramental que una persona puede ofrecer a otra por amor; y Jesús se puso en manos de Dios y gritó “hágase tu voluntad”.
La voluntad de Dios no es la cruz ni la muerte ni el sufrimiento. La voluntad de Dios es que el hombre viva y tenga vida en abundancia. Vamos a acercaros al monte de los olivos donde Jesús se hace ofrenda, donde Jesús, confiando en el Padre, arriesga su vida. Todo está en juego. Su grito es “hágase tu voluntad”, su actitud será...”Padre, me fío de ti”.
Vamos a Getsemaní a acompañar a Jesús que hoy sigue diciendo “Padre, me fío de ti”; vamos a abrir los ojos a quienes están hoy en Getsemaní y se debaten entre la confianza y la decepción, entre la esperanza y la desilusión, entre el sueño de justicia y la realidad tantas veces injustificable. Y en Getsemaní también están los que pasan hambre y sólo esperan un plato de comida, los que sufren la violencia y sólo sueñan en un día de paz, quienes han perdido el norte de su vida y sólo esperan una señal que aporte una dirección a su existencia.
Vamos a Getsemaní a acompañar a Jesús. Vamos a Getsemaní a acompañar a los que aun hoy sufren con la cruz, que es su cruz particular.

*Himno.
Tu reino, Señor, se hace presente

cuando se fomenta la justicia y es respetada la libertad.

Cuando todos somos hijos tuyos, los sueños se deletrean:
Amistad, hermanos, paciencia, caridad.

Tu reinado, Señor, viene a nosotros siempre que el pueblo dispone
de sustento, vivienda, trabajo y sanidad.
Tú nos enseñas, por Jesús, a vivir con dignidad la vida
y a festejarla en la fraternidad.

En tu reino, Señor, no caben privilegios de quienes se creen
el fruto de la espiga en honor y dignidad.
Eres un Dios vivo, enemigo de los ídolos humanos,
y no hay mayor cansancio que el tuyo.

El reino que predicaste llega casi de puntillas,
se revela y está escondido.
Es simiente que se esparce por los campos y levadura que fermenta entre la masa, luz que muestra el horizonte a los perdidos.

El Reino de Dios, según los evangelios,
es un banquete de bodas,
un adviento de ternura que reparte los panes
en las manos frágiles
de los que gozan detrás del corazón.
Casiano Floristan

*Liturgia de la Palabra.
“En mi corazón escondí tu palabra para no pecar contra ti. ¡Bendito seas Señor, enséñame tus preceptosSalmo119
    
+ Del Evangelio de Juan Capítulo 15                 (Biblia Latinoamericana)
 1 «Yo soy la vid verdadera y mi Padre el viñador.
 2 Él corta todos los sarmientos que no dan fruto en mí, y limpia los que dan fruto para que den más. 3 Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he dicho.  4 Seguid unidos a mí, que yo lo seguiré estando con vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid, así tampoco vosotros si no estáis unidos a mí.  5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo en él, da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada.  6 Al que no está unido a mí se lo echa fuera, como a los sarmientos, que se los amontona, se secan y se los prende fuego para que se quemen. 7 Si estáis unidos a mí y mis enseñanzas permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y se os concederá».
 8 «Mi Padre es glorificado si dais mucho fruto y sois mis discípulos.  9 Como el Padre me ama a mí, así os he amado yo; permaneced en mi amor.   10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.  11 Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté dentro de vosotros y vuestra alegría sea completa». 12 «Éste es mi mandamiento: amaos unos a otros como yo os he amado.   13 Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos.   14 Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando.  15 Ya no os llamo siervos, pues el siervo no sabe qué hace su señor; yo os he llamado amigos porque os he dado a conocer todas las cosas que he oído a mi Padre.  16 No me elegisteis vosotros a mí, sino yo a vosotros; y os designé para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca, a fin de que todo lo
que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.  17 Esto os mando: amaos unos a otros».

PALABRA DEL SEÑOR


*Reflexión a la luz de la Palabra y el misterio Eucarístico.
         Ten en cuenta que ahora el que te habla es JESÚS.
         Si yo vine a tu mundo para servir y no ser servido, ¿cómo no sirves incondicionalmente tú?. ¡Sabes que en el amor el servir es lo primero!. Desde la eterna fuente de mi inmensa ternura yo vine a amar con el ardor del fuego que enciende tu corazón. Y vive Dios, que de amor as de colmar el aire que respiras. Sirve sin distinción, como cisterna plantada en las entrañas del desierto. Da tu vida vertiendo gota a gota, luz en la noche trágica del ciego, gozo en el pobre, triste y abatido, y bálsamo en la herida del enfermo. Se tú, el amor que busca los caminos de tanta soledad sin alma y sin remedio. No cuestiones jamás el amor que a los humanos sin reproche se concede, pues de mi Padre desde el cielo este procede. Da, más bien tu vida sin cesar a todos, e infunde en la tierra la luz de mi evangelio: pues yo vine a servir y no a ser servido; y reflejo mío has de ser tú, para ser digno del pan y alimento que contemplas.
(después de leído pausadamente, sé honesto/a  y reconoce tus insuficiencias como cristiano/a)
  
*Padre nuestro que es estás en el cielo... (sigue)  

*Poema del autentico pan sacramentalizado.
            Un pan inmenso, un pan multiplicado,
            Pan crujiente, pan dulce, pan contento
            De ser comido todo por hambrientos,
            Pan rico de amores, entregado.
¡Que bueno es Dios, un Dios empanado!
Vida es para los pobres y alimento
Y viático y santo sacramento
Del gran amor de Dios enamorado.
            Vosotros, rechazados, excluidos
            Por gentes del poder y de dinero,
            Seréis en mi Reino los primeros,

 
            Mis hijas y mis hijos preferidos.
Escucho vuestras quejas y gemidos,
Esclavos, humillados, pordioseros,
Ahora de este mundo el basurero,
Pero os llevo en mi entraña dibujados.
¡Venid todos, comed pan de los hijos!

*Oración final. 
¡Mírame, Señor! Soy incluso menos de lo que yo creía ser. Por eso te pido que mostrándome mi cruda realidad, sea verdaderamente consciente de la obligación que tengo como hijo/a tuyo/a; de construir tu Reino en el corazón de mis prójimos. Amén. Bendíceme Señor.