CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

miércoles, 7 de marzo de 2012

DINAMIZAR LA FE

(Publicación en la revista de Semana Santa de Osuna, Sevilla)
Dinamizar la fe

 “Ahora que estamos solos, Cristo, te diré la verdad: Señor, no creo.
¿Cómo puedo creerme lo que veo si la fe es creer lo que no he visto?
 Si oigo tu voz en mí ¿cómo resisto?
 ¿Cómo puedo buscar, si te poseo, si te mastico, si te saboreo?
Esta es mi fe: Comulgo, luego existo.”

(J.L.Martín Descalzo)

Lejos quedo aquella insulsa definición de que fe, “es creer en lo que no se ve”. Esto se le decía en tiempos a las personas, que deseaban profundizar en el misterio de Dios y ante preguntas farragosas, se les cortaba el camino con la necesaria ceguera de la fe. Teólogos recientes la definen de la siguiente manera apoyándose en el texto de Is7,9c, “la fe es apoyarse en Dios mismo”. En la línea de Rudolf Bultmann se puede decir de manera aun mas actual que, “la fe es la recepción de la palabra de Dios”.
En estas definiciones y en las paralelas, se deja ver que en el campo de la fe, debe primar la receptividad. Explicado de otra manera, la fe consiste en recibir el don de Dios, su revelación y su gracia. Por lo tanto abrirse a Él, y a lo que Él –Dios- nos quiera decir. Lo que ocurre es que la fe, puede transmitirse desde el testimonio aportado a través de una evangelización primigenia o tardía. Un sujeto transmite la fe y otro sujeto, de variadas formas, asume la condición de persona creyente y de fe.
Pero esto no nos debe de llevar a los cristianos a incluir la fe, como condición básica de la construcción personal de cada individuo. Ya que éste, llegado a una edad madura, optará por la consecución de la creencia o su extinción. En Noviembre del 451, se dirigió una carta sinodal al papa León I, la cual comenzaba diciendo: “¿Qué hay, en efecto, más alto para la alegría de la fe?”. Pero entendiendo que la fe es sobrevalorada y ensalzada de una manera fundada como algo dado del cielo, no se puede imponer y aun menos privar a la persona de la libertad para rechazarla.
Por este motivo la Iglesia, iluminada por las escrituras, ha dejado constancia en su magisterio de la necesidad de la libertad que cada persona debe de tener, para confiar en Dios. Y por esta máxima, manifestar que la gracia de la fe como don, Dios lo presupuesta a la persona, “Volved a mí, y yo me volveré a vosotros, dice el Señor.” (Zac 1,3), y le concede voluntad para optar libremente (Cap 5, C.trento 13/01/1547 – “A ti, Señor, volveremos; renueva nuestros días como antaño”, Lam 5,21). Ahora bien, terminado el planteamiento general de la cuestión planteo dos preguntas. ¿En que base se cimenta nuestra fe?, y ¿qué proyección tiene nuestra fe en la actual situación social? “Pues al que tiene se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”(Mt 13,12).
Estas palabras planteadas al mundo sin una interpretación precisa, pueden ser consideradas legítimamente injustas. Pero Mateo aquí lo que pretende, es transmitirnos de parte de Jesús un mensaje, sobre lo que Él espera de nuestra fe. El sentido cristiano de la fe, Jesús lo dinamiza asemejándolo con el crecimiento de una planta. La cuidas, pues crece. O deja de interesarte y muere de inanición. Atendiendo a la definición de fe por parte del teólogo Bultmann y dando lectura a Mt 7,24-27, observamos que nuestra fe debe de estar cimentada sobre roca, y por ello atender a la Palabra de Dios eficazmente, poniéndola en práctica.
Es así de simple y a su vez, así de complejo. Porque la Palabra de Dios, jamás puede ser justificada, hay que tomarla o dejarla. Pero no puedes poner la mano en el arado o coger la Palabra con determinación y pedir una tregua temporal (Lc 9,62); porque dejaras de ser lo que eres, dejaras de ser una persona de fe que aspira a los bienes futuros del reino de Dios. Esta es la tendencia de la fe, el camino hacia la verdad absoluta que es Dios, que desde luego los cristianos no llegamos a ver con nitidez, ni lo vivimos en plenitud. “Omne verum, a quocumque dicatur a Spiritu Sancto est”, toda verdad, diga quien la diga, viene del Espíritu Santo. Solamente éste y solo este es el camino hacia una autentica vida de fe.
La orientaremos con más o menos piedad, pero el fundamento de ello debe de ser la verdad. Como dijo George Washington, “trabajemos para mantener viva en nuestro pecho, esa chispa de fuego celeste, la conciencia”. Porque ella es la que nos llama la atención. Desde Dios, la conciencia no nos deja descansar cuando hemos causado oprobio al prójimo o hemos creado infelicidad en lugar de amor. Respecto de la segunda pregunta planteada, antes de ver la proyección de nuestra fe en nuestro mundo, quizás conviene anotar brevemente uno de los problemas de la fe. Aunque los cristianos consideramos evidente la fe, esta no lo es.

Ni siquiera los padres de la iglesia lo afirmaron cuando afirmo Agustín de Hipona, “si no entiendes, cree. Entender es el fruto de la fe. Si no crees, no entenderás. Por tanto, no busques entender para creer, sino cree para entender”. A la tarea que todo creyente tiene para descifrar a Dios en su vida, existen otras barreras que impiden a las personas acercarse a la fe o desarrollar una vida desde la misma. Por un lado están aquellos que “sin culpa por su parte, no llegaron a un claro conocimiento de Dios y, sin embargo, se esfuerzan, ayudados por la gracia divina, en conseguir una vida recta” (Lumen Gentium nn.16).
Estos, se fundamentan en la justicia interurbana y no son ajenos a los dones de Dios. Cada día intentan con tesón acercarse a Dios para crear con Él, una determinada intimidad, desde las luces con las que fueron educados. Por otro lado están aquellas personas, que afectadas por la dureza de la existencia (desesperanza, horizontes cerrados, dolencias físicas, causas pendientes de justicia…etc), se hallan en cierta manera en una posición que moralmente les imposibilita para creer, al menos durante ciertas etapas de sus vidas.
Desearían que Dios mostrara su omnipotencia y con un golpe de mano, solucionara sus problemas para demostrar -quizás- todo su poder. Esto les lleva en ocasiones, a enojarse aun más con Dios y alargar la distancia, con la que ellos se separan del creador. En ambos casos, la respuesta a dar, es la solución a nuestra segunda pregunta; la respuesta de mi fe en el mundo actual. Teniendo en cuenta que la fe no tiene barreras no se las puede poner, y dejando de lado la continua cantinela que algunos creyentes utilizan, para denunciar la persecución en nuestro país.
Digo que, tanto en nuestro país como fuera de él, el detonante de nuestra fe, debe ser la transmisión de la esencia de la misma, de sus valores y su fundamento. Por ello el titulo de dinamizar la fe. No podemos dar respuestas anticuadas, a problemas de actualidad. Si ahogamos a nuestros prójimos, presentándole antes que nada la dureza ocasional del magisterio de la iglesia o interpretaciones demasiado radicales sean progresistas o conservadoras; estaremos realizando una pastoral de exclusión y no de integración.
Lejos de esto, y para evitar el concepto eclesial que muchos alejados tienen de relacionar de una manera acertada o equivocada, a la comunidad con el poder político o religioso; cada uno de los creyentes tenemos un papel fundamental para, una vez sentadas las bases de nuestra propia fe, acercar nuestro testimonio y vivencias personales a otros, para mostrarles un camino que voluntariamente pueden seguir.
Un camino que antes que nada, les llevará a formar parte, tomar la opción de Jesús, el humano por antonomasia que por amor se entrego hasta la muerte, y cuyo testimonio traspaso sus umbrales, llegándonos hasta nuestros días de una manera esperanzada, siendo la vertebración de nuestra fe. Una fe, que iluminada desde el testimonio de la cruz, desvela a un Padre, que se sirve de nosotros para “ser, el Ser de cuanto Es” (José Arreguí) presencia actual y efectiva en el mundo.
El que ante la fe esta dubitativo, debiera de sentir en nuestros ojos la mirada de Dios. En nuestras manos la humanidad de Dios, de la que se sienten tan necesitados. En nuestra conversación, apreciar la importancia de ser personas que les importan a otras personas. En definitiva ser el rostro de Dios en el mundo en el que vivimos. Por ello, los tiempos litúrgicos si de algo sirven, son para continuamente levantarnos del letargo e impulsarnos con fuerza a evangelizar a las gentes, sin dejar de lado la enseñanza diaria del evangelio. "Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo?”(Hch 1,11) 
Como en otras ocasiones he repetido, tengamos en cuenta que nuestra vida, es el único evangelio que mucha gente leerá. Esta máxima puede ser la clave para nuestra vida de fe. Saludos, amigos y amigas de Osuna.

Laus Deo.



Florencio Salvador Díaz Fernández

Estudiante de Teología Cristiana

martes, 6 de marzo de 2012

CARTA A LOS OBISPOS ANDALUCES ANTES LAS ELECCIONES DEL 25 DE MARZO


Carta a los obispos Andaluces con motivo de las elecciones del 25 de Marzo al Parlamento Andaluz

Señores obispos de nuestra comunidad autónoma andaluza:

Con detenimiento y respeto, he dado lectura a vuestra carta del 29 de Febrero, que con motivo de los próximos comicios andaluces, escriben a los cristianos católicos con derecho al voto, para aconsejar sobre este mismo derecho. Pues “todos los ciudadanos debemos recordar nuestro derecho y, al mismo tiempo, el deber de emplear el voto libremente para promover el bien común.” (Gaudium et Spes nn.75)

Yo, a su vez, deseo haceros unas consideraciones. De vuestra carta señores obispos, sobre todo me llama poderosamente la atención el interés que suscita para vuestras ilustrísimas las votaciones andaluzas, que como fiesta democrática celebramos en nuestra comunidad. Me llama la atención el que ustedes se pronuncien con tanto entusiasmo sobre el próximo proceso democrático, cuando en nuestra iglesia actual, precisamente no se observa el valor democrático como necesario para el funcionamiento de nuestra comunidad.

¿Es completamente improcedente, el que a una comunidad diocesana se le permita elegir personalmente su obispo? Entendemos aquello de la autoridad apostólica, que desde el solio pontificio deriva hacia vosotros y la constante asistencia del espíritu; pero por esa misma asistencia espiritual a la que todos estamos expuestos en igualdad de oportunidades, los cristianos andaluces podíamos elegir a nuestros obispos y que estos fueran hijos de nuestra tierra si lo consideramos oportuno. 

Lo democrático, señores obispos, no es contraproducente para la nueva evangelización a la que parece aspiráis vosotros nuestros pastores. Si lo es para la dogmatización –autentico objetivo de la iglesia desde mi punto de vista-, que es a lo que nos lleva los planes pastorales actuales. Pero la evangelización precisa de la responsable libertad de la persona, para estar y ser en el mundo la voz de Dios, en su medio social y su espacio vital.

Tenemos que aprender todos de la democracia, pues “entendemos democracia, como un clima de vida pública en que todos participan responsablemente de una obra común; […] podríamos decir que hay una tendencia que señala el espíritu democrático, como opuesto al totalitarismo”. (Pacem in terris nn.78) Y atiendan a un antiguo papa de nuestra Iglesia, “la forma democrática de gobierno adoptada por nosotros (republica de Italia) no es contraria en manera alguna a las máximas que voy a exponer; no repugna el Evangelio, sino que, por el contrario, exige esas virtudes sublimes que sólo se adquieren en la escuela de Jesucristo. La igualdad civil derivada del derecho natural, embellecida por la moral, establece la armonía del cuerpo político cuando cada cual coopera al bien de todos según la extensión de sus facultades físicas y morales” (Cardenal Chiaramonti obispo de Imola, luego S.S Pío VII).

Por otro lado, no advierto nada nuevo sobre vuestras indicaciones o las de la CEE ante otras elecciones. Matrimonios de una manera sí, matrimonios de otra no –esto es pastoral de exclusión-, y defensa de un concreto modelo de familia. Derecho a la vida, al menos a toda vida nacida bajo las expectativas eclesiásticas, trabajo para todos y derechos para las personas, desde la visión que ustedes tienen como derechos fundamentales. ¿Espero que en los derechos a la vida, incluyan la investigación con células madre, pues todos estos logros los anima el mismo Espíritu que les asiste a ustedes y a la comunidad?

Libertad religiosa, bien. Pero no pierdan de vista sus ilustrísimas que España es laica y hacia esa senda caminamos la sociedad. Quizás convendría un modelo educativo donde se incluyera historia de las religiones desde una antropología didáctica, y no una enseñanza católica a ultranza, dogmatizando a los maestros de religión por los colegios sobre lo que tienen que decir en las aulas.

Además de todo esto, inciden ustedes en la responsabilidad del voto, algo que ya tenemos asumido la ciudadanía, pues lo nuestro nos duele y lo local y autonómico, es lo que más de cerca nos afecta a los ciudadanos, como ustedes pueden entender. Pero, se dan ustedes cuenta de que se aprecia por vuestra parte una clara inclinación para votar a una determinada orientación política.

Esto es triste y sobre todo desalienta a muchos hijos e hijas de la iglesia. Y es triste, porque los esfuerzos de los obispos no son iguales en fuerza ni en maneras, pues están demasiado condicionados con la moral católico conservadora que impera en la iglesia española.

Hace unos días, leí una noticia de Latinoamérica muy curiosa que deseo comentaros para realizar una comparación aunque estas no sean deseables. En la región de Pasta de Conchos (México febrero de 2006), hubo una catástrofe minera, cuyo resultado se saldo con varias decenas de criaturas enterradas vivas y ya fallecidas. Se aprecia un conflicto para recuperar los cuerpos, y ha sido precisamente el obispo don Raul Vera, el que ha levantado su voz en una eucaristía para implorar la recuperación de estos cadáveres, para tranquilidad del dolor incesante de sus familias.

¿Quién de ustedes se ha manifestado de una manera contundente en favor de la recuperación de nuestros muertos de la guerra civil? El dolor no prescribe como ustedes saben, y además no es de izquierdas ni de derechas. La diferencia dolorosa, es que por un lado se han elevado a los altares a los que se ha considerado que lo merecían; y otros que fueron igualmente inocentes, están en las cunetas sepultados y merecen ser llorados por sus familiares en una sepultura digna. No les culpo del dolor pues sería una irresponsabilidad, pero si quisiera unos obispos más comprometidos con la sociedad y su pluralidad. Unos obispos, que además de escribir incesantes cartas pastorales –algunas de gran calidad-, tengan el valor evangélico de coger junto al pueblo una pancarta y estar adheridos a esa causa concreta que afecta a los derechos y la vida de las personas.

Comentan ustedes la necesaria austeridad y recuerdo la noticia de hace días, que informaba de vuestra critica en el pago del IBI. Si Cáritas generalmente se financia con la ayuda gubernamental que el estado le aporta directamente y las aportaciones de los fieles, ¿por qué no puede pagar la iglesia proporcionalmente sus impuestos como toda asociación de personas? Por otro lado, ¿darán ustedes muestras de austeridad por ejemplo bajándose el sueldo como Xavier Novell (obispo de Solsona), que lo ha hecho un 25%?

En resumidas cuentas, solo escribo estas líneas a título personal y como reflexión que nunca les enviaré directamente. Pero aquí están. Estas letras se escriben desde la fraternidad para con ustedes y desde el convencimiento, de que si de algo estamos necesitados en el mundo, es del testimonio contundente y la demostración de la solidad efectiva de los que decimos seguir a Cristo. Nos salvaremos si amamos, señores obispos. No si amamos de una concreta y determinada manera. Ya lo dijo Agustín de Hipona al que ustedes conocen mejor que yo, “AMA, Y HAZ LO QUE QUIERAS”.

En definitiva, somos un poco mayores, para que se nos oriente y casi se nos diga a quién votar, aunque sus palabras sean útiles para ciertos núcleos eclesiales.

Con mis mejores deseos para con vosotros, hermanos en la fe y obispos Andaluces del Sur.

Fdo. Florencio Salvador Díaz Fdez.

Estudiante de Teología Cristiana

Espiritualidad y depresión

ESPIRITUALIDAD Y DEPRESIÓN

MERCEDES NASARRE*, mnasarre@hotmail.com

HUESCA.

 

ECLESALIA, 06/03/12.- Hay momentos en los en los que la vida te desnuda de repente, la fragilidad y la indefensión emergen, todo desaparece y nuestro mundo se queda completamente vacío. Solo existe el silencio frío, cargado de inquietud y angustia que nos recuerda una y otra vez la pequeñez de nuestra existencia. Después el miedo toma posesión de nosotros, nos encoge, nos esclaviza, nos agita, nos desanima, nos paraliza.

Pero no importa haberlo pasado mal. La última libertad humana, la libertad esencial, esa que nada ni nadie nos puede arrebatar, es la de elegir nuestra actitud ante cualquier circunstancia. En última instancia, el ser humano se determina a sí mismo, no se limita a existir. Siempre puede decidir cómo será su existencia.

¿Qué es lo que nos sostiene ante lo aparentemente imposible de superar? Creo firmemente que la esencia y la salvación de la persona está el amor y a través del amor.

El amor a un ser amado, el amor a la familia, el amor a los amigos, el amor a una tarea, el amor a los necesitados, el amor a la vida por encima de todo, el amor al conocimiento, el amor de Dios para la persona creyente…Y digo " de Dios" porque sabemos que somos sostenidos, perdonados y amados gratuitamente.

En Psiquiatría, como en medicina, impera un pensamiento chato, materialista. Hasta hace pocos años se creía que nuestro cerebro tenía estructuras inamovibles. Ahora, recientes investigaciones demuestran lo contrario. El triángulo genes-cuerpo-mente es interdependiente y cada parte influye y depende de las otras. La materia viva es flexible y con capacidad de transformación. Cambiando nuestros pensamientos no solo se cambia la química cerebral, sino la propia estructura del cerebro: se desconectan antiguas conexiones neuronales y se crean otras nuevas. La biología puede responder al poder de la mente.

El depresivo ha perdido el sentido de su vivir. A veces ha habido agotamiento extremo; otras, una reacción anormal ante acontecimientos de la vida. En otras ocasiones existe enfermedad genética y cerebral. Y, a veces, una personalidad negativa que capta la realidad de forma muy sesgada.

La práctica espiritual puede conducir a sanar la actitud depresiva y a aceptar la enfermedad. Por supuesto que los psicofármacos aumentan las endorfinas. Pero los afectos, los paseos, el sol, la belleza o la vivencia de lo sagrado las aumentan mucho más.

Toda crisis es una etapa de oportunidad de cambio. Para reflexionar, meditar y tratar de encontrar el mensaje oculto que nos brinda la vida en esta situación.

Siempre hemos de hacernos esta pregunta: si de esta situación pudiera aprender algo positivo, que me hiciera crecer como persona, ¿qué sería?

La espiritualidad no es un atajo. No elimina la depresión. Pero puede enfrentarnos a ella y a nuestra actitud. Porque la verdadera espiritualidad es atreverse a transitar por la propia interioridad y dejarnos "tocar" allí precisamente. En ese lugar íntimo donde nos hemos encogido.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*Mercedes Nasarre es autora del libro "Un psiquiatra se pone a rezar" (ECLESALIA, 07/02/12) de la Editorial Pirineo

 

 
 

viernes, 2 de marzo de 2012

ORACIÓN CUARESMA "EL TESORO DEL ESCRIBA I" LA VIRTUD MORAL DE PERDONAR

El Tesoro del Escriba I

ORACIÓN CONTEMPLATIVA

Adoraras al Señor tu Dios y sólo a él le darás culto”

(Ex24,7b)

*HIMNO

ORAR A PIÉ DESCALZO


A pie descalzo, Señor.

De puntillas, no.

A pie descalzo, calcando la planta desnuda en la arena,

despojados de la sandalia,

así entramos en la aventura de orar, Señor, Jesús.

                        A pie descalzo, paso a paso,

                        como niños que comienzan a caminar,

                        así abrimos el camino, Señor.

A pie descalzo, despojados de todo lo que no somos,

así caminamos, Señor.

A pie descalzo,

humildemente,

desnudos de postizos,

con sencillez, sin hacer ruidos,

sin afán de dejar pisadas

para que otros nos sigan,

así caminamos, Señor Jesús.

            A pie descalzo, en la aventura de llegar a Dios,

de experimentarlo, de sentirlo cercano y amigo,

así caminamos Señor.

A pie descalzo, paso a paso,

ponemos en el camino de la oración nuestro ser de cristiano

porque queremos vivir el amor al Padre

como lo vivió Jesús, el Señor.

            Porque tú amabas, Jesús, amamos nosotros.

            Porque tú orabas, Jesús, oramos nosotros.

            Porque la humildad y sencillez eran tu estilo de vida,

            así queremos vivir y comportarnos nosotros.

A pie descalzo, con el corazón desnudo te decimos:

-Maestro, enséñanos a orar. ¡Oh, Maestro!.



*LITURGIA DE LA PALABRA

         Mateo 4,1-11 (Biblia Latinoamericana)

            El Espíritu  condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo, y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, al final sintió hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan. Pero Jesús le respondió: -Dice la escritura: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Después el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso en la parte más alta de la muralla del Templo. Y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues dice la escritura que Dios dará ordenes a sus ángeles y te llevarán en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna. Jesús le replicó: -No tentarás al Señor tu Dios. A continuación lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todas las naciones del mundo con todas sus grandezas y maravillas. Y le dijo: -Te daré todo esto si te arrodillas y me adoras. Jesús le dijo: Aléjate, Satanás, por que dice la escritura “Adora- ras al Señor tu Dios, y a El sólo servirás. Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles a servirle.                                       
Palabra del Señor



*MEDITACIÓN DE LA PALABRA

Plegaria de perdón


Oh Dios nuestro y de nuestros padres:


que nuestra oración llegue hasta Ti.

Ya lo ves, Señor,

no somos ni audaces ni endurecidos,

ni te diremos:

somos inocentes no tenemos pecados”

sino que confesamos:

hemos pecado:

somos de verdad culpables,

hemos sido rebeldes a tu voluntad,

hemos cometido abusos de confianza,

hemos blasfemado,

hemos incitado al mal,

hemos condenado al inocente,

hemos sido orgullosos,

hemos actuado con violencia,

hemos afirmado cosas falsas,

hemos dado malos consejos,

hemos engañado,

hemos despreciado cosas respetables,

hemos desobedecido,

hemos despreciado tus leyes,

hemos sido perversos,

hemos cometido injusticias,

hemos oprimido al prójimo,

hemos endurecido nuestro corazón,

nos hemos entregado a la corrupción,

hemos cometido acciones vergonzosas,

hemos seguido malos caminos,

hemos rechazado a nuestro prójimo,

hemos abandonado tus mandamientos.



Y Tú, tan justo en todo lo que sucede, has seguido siempre actuando con amor y fidelidad para con nosotros; pero nosotros te hemos desconocido y hemos pecado.

Ritual Hebreo.

*PARA COMPARTIR LAS ACTITUDES



DIEZ MANDAMIENTOS ACTUALIZADOS


         Escucha hijo mío:

            Yo soy tu Dios, el Padre de Jesús, tu único Señor.



1.Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón.

2.No adorarás ídolos: ni el Dinero, ni el Consumo, ni el Poder, ni el prestigio...

3.No tentarás el Señor tu Dios, ni le irritarás con descon- fianzas. No utilizarás a Dios ni le silenciarás.

4.Serás agradecido, respetuoso y servicial para quienes te dieron la vida. Serás responsable de la vida que has hecho nacer.

5.Respetarás y protegerás la vida de tus semejantes. No les harás daño ni les privarás de lo necesario para vivir.

6.Te ganarás el pan y servirás a tus hermanos con tu trabajo.

7. No abusarás sexualmente de ninguna persona. Serás fiel a tu cónyuge y a tus compromisos.

8.Serás justo con tus semejantes y respetarás sus derechos y sus bienes.

9.Serás buen ciudadano, respetuoso y colaborador con el bien de todos.

10.Dirás la verdad, respetando la intimidad. No engañarás ni mentiras.                                                                                                      



*CLAUSURA DE LA ORACIÓN

Tú nos bastas

Recibe, Señor, la alabanza de los hermanos.

En el camino de la vida nos atrevemos a gloriarnos

ante ti de nuestras debilidades

porque nos basta tu gracia.

Te lo decimos con voz muy queda:

a través de estos años de trato contigo

y trabajo por ti,

a través del desgaste de las horas y de las soledades.

Hemos comprobado que tú nos bastas

y que en nuestras carencias resplandece

con fuerza tu gracia.

Temerosos por la fragilidad de nuestro amor,

pero animados por tu divina Palabra,

nos atrevemos a decir que tú, Señor, nos bastas.

Parroquia de San Sebastián. 29.02.2004

Delegación de Liturgia

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - LIBERAR LA FUERZA DEL EVANGELIO

LIBERAR LA FUERZA DEL EVANGELIO 
 

2 Cuaresma (B) Marcos 9, 2-10

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

El relato de la "Transfiguración de Jesús" fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.

Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.

La escena culmina de forma extraña: «Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado. Escuchadlo». El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.

Este mensaje de Jesús, encuentra hoy muchos obstáculos para llegar hasta los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Al abandonar la práctica religiosa, muchos han dejado de escucharlo para siempre. Ya no oirán hablar de Jesús si no es de forma casual o distraída.

Tampoco quienes se acercan a las comunidades cristianas pueden apreciar fácilmente la Palabra de Jesús. Su mensaje se pierde entre otras prácticas, costumbres y doctrinas. Es difícil captar su importancia decisiva. La fuerza liberadora de su Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu.

Sin embargo, también hoy, lo único decisivo que podemos ofrecer los cristianos a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús, y su proyecto de una vida más sana y digna. No podemos seguir reteniendo la fuerza humanizadora de su Evangelio.

Hemos de hacer que corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.

Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.

Cuando la institución eclesiástica va perdiendo el poder de atracción que ha tenido durante siglos, hemos de descubrir la atracción que tiene Jesús, el Hijo amado de Dios, para quienes buscan verdad y vida. Dentro de pocos años, nos daremos cuenta de que todo nos está empujando a poner con más fidelidad su Buena Noticia en el centro del cristianismo.

 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

 

miércoles, 29 de febrero de 2012

UN MINUTO DE PAZ

Publicación Cuaresmal BLANCA Y COLORÁ, Hdad. del Dulce Nombre de Jesús de Estepa. Cuaresma 2012.

Un Minuto de PAZ

Quizás, es lo único a lo que aspiró Job en su desdicha, a un minuto de paz al menos. Pero este hombre, fue elegido por los hagiógrafos bíblicos, para hacerle paradigma de fidelidad a Dios en la adversidad. Por ello, este libro de Job escrito hacia el 500 a.C, nos muestra cual puede o debiera ser, la conducta mas apropiada, en ocasiones ausentes de paz. Siempre me ha llamado la atención, las muchas ocasiones en las que pedimos paz. Sobre todo en misa, pedimos paz. Y la pedimos a Dios en demasiadas ocasiones, como una suerte de concatenaciones unidas entre sí; hambre, libertad, obispos, difuntos, lluvia…etc; sin que reparemos en el autentico significado de lo que pronunciamos y la responsabilidad al hacerlo. Que significará para nosotros la palabra PAZ. ¿Seremos capaces de traslucir esta palabra, para ver más allá de ella, su autentico significado? La palabra, “es la finitud última, en la que Dios se nos ha revelado al mundo” (José Arregui). Pero esa finitud, no nos lleva al final del camino; sino que desde esa finitud de la palabra escrita o impresa y aplicando nuestro propio sentido de la interpretación, podemos hacer nuestro punto de partida para recorrer un determinado camino.
Paz. Palabra referida en 402 ocasiones en la Biblia de Jerusalén. Siendo la propia Biblia, la narración de las experiencias de muchos hombres y mujeres con Dios a lo largo de los tiempos, no es de extrañar que la paz, haya sido un bien preciado por toda persona y  por el mismo Dios. Paz, no solamente es la ausencia de guerra. Cada persona, desde la innata profundidad de su ser, desea la paz. No solo para si mismo, sino para el medio concreto que le rodea.
Pero en ocasiones invertimos el sentido, y pedimos paz para los demás antes que para nosotros, sin sentar las bases de un particular proceso de paz. Intentaré explicarme. Antes escribí, que con demasiada solicitud pedimos paz al Señor, entre otras cosas. Pero, ¿somos personas de paz? No quiero aquí, hacer un recorrido por las conciencias de los lectores, y menos aun determinar mi razonamiento por el indeseable sentido del paternalismo.
Lo planteo desde mí mismo. ¿Busco paz para encontrar la paz? El camino hacia la paz autentica es la paz interior, la paz consigo mismo; en el interior de cada uno y donde habita su propia conciencia, voz de Dios en nuestras vidas (Lc 2,14). Y el sendero de la paz, pasa en primer lugar, por tomar conciencia de quien se es como persona y la propia aceptación de uno mismo y sus circunstancias. Quien no esta en paz consigo mismo, no hallará paz entre los demás. Porque su lucha interior, le impedirá ejercer responsablemente su libertad, al estar coaccionado por las aptitudes de sí mismo. Y desde luego, a una persona que no se acepte, ni vea en sí mismo la propia dignidad de Dios que nos creó (Gen 1,26); ni si quiera le hace falta la sociedad que le condene por tal o cual cosa, sino que previamente se auto condenará. Es un decir.
Nadie debe de culparse por lo que es en su ser natural, mientras viva –sea interior o públicamente- pacíficamente su vida, responda conscientemente al orden establecido en el mundo para con la convivencia mutua, la conservación de los derechos humanos, la urbanidad y el sentido de Dios. En demasiadas ocasiones, las personas ignoramos la naturaleza del bien que anhelamos, y los caminos a seguir para alcanzarlo.
Por eso, “debiéramos aprender de la historia sagrada, en qué consiste la búsqueda de la paz verdadera y oír proclamar por Dios en Jesucristo el don de esta verdadera paz” (León-Dufour). Una paz que no pasa por la omisión del bien que podamos hacer, en beneficio del mal inducido. Debe ser el mal por lo tanto, el autentico enemigo de la paz, en cuanto que no es ya un problema para la sociedad, sino un escándalo para los que miramos la vida desde la virtuosidad del evangelio de Jesús.
“Debiera ser el mal para toda la sociedad, un grito que se nos escapa de las manos. Este grito que nos lo arranca, no la simple comprobación de aspectos malos del universo y las lesiones a la naturaleza, sino la misma experiencia brutal de la vida de cada uno” (Yves M.-J.Congar), en la cual a tiempo real podemos vivir situaciones adversas, ausentes de paz y de fraternidad. Como vehículo propagador de actualidad, la globalización del mundo, nos hace asistir en directo, a males que acosan y hieren al mundo, como las hambrunas, la lesión de los derechos de las personas y los conflictos armamentísticos entre naciones del mundo.
Si junto a todos estos y variados frentes, unimos aquellas situaciones personales que nos causan zozobra en nuestra vida; -digo que- podemos ser personas más que aptas para desear, construir e instaurar de una manera duradera la paz, como ausencia del mal y ausencia de predisposición en contra dé. A los cincuenta años del inicio del Concilio Vaticano II, uno mi voz a los que aun deseamos aquel “aggiornamiento” de la iglesia por el que trabajó Juan XXIII, y del que sus sucesores y demás obispos se olvidaron, al meter el Vaticano II en un profundo cajón.
Y leyendo escritos del nombrado papa, me permito aconsejar sobre este tema su encíclica Pacem in Terris (paz en la tierra nn.1) en la cual nos dice que: “la paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.” Un orden que desde el comienzo de la historia de la salvación, se exige para aquellas personas que desean llegarse al conocimiento de Dios y ante su presencia.

Un orden que nos dispone –por decirlo de alguna manera-, a llegarnos ante la presencia de Dios, tras haber cumplido con los requisitos establecidos por este. ¿Qué nos contestaría Dios sobre esta cuestión, de llegarnos ante su presencia? La respuesta la encontramos en el Salmo 14(15). “El que vive sin tacha y practica la justicia; el que dice la verdad […]y no habla mal de nadie; el que no hace mal a su hermano ni difama a su vecino; el que desprecia al criminal y honra a los que temen al Señor; el que es persona de palabra y no se deja sobornar. […]El que hace todo esto jamás perecerá.”
Ser humanos en definitiva.
No deben parecernos inalcanzables estos requisitos, pues en la humanidad de Jesús y de su madre María se hicieron una realidad palpable, de la que están impregnados los evangelios. Apostemos hermanos y hermanas, por una paz desde y por Jesús. "La paz os dejo, mi paz os doy; pero mi paz, no es como la paz que os da el mundo. No estéis angustiados ni tengáis miedo”. (Jn 14,27)
La paz de Jesús por lo tanto, es la propia esencia de quien sigue sus pasos. De quien asume con valentía su destino. De quien antepone el bien común al bien propio. De quien está dispuesto a ser de Jesús, sus manos y su boca donde fuera necesario. Consuelo ante los que sufren, brazo que trabaje contra la adversidad, mano que abrace y de calor al corazón inanimado por el desaliento la zozobra y la desesperanza.
Para llegarnos a este propósito, hermanas y hermanos del Dulce Nombre, solo tenemos que ponernos manos a la obra, y no dejar de mirar los serenos ojos de vuestra madre y maestra María de la Paz. Su blancura eclipsará nuestras dudas ante la misión a desarrollar.
Sea ella, la que interceda ante el Padre, para que todos nuestros propósitos a nivel personal, de hermandad, o a nivel parroquial, estén envueltos en la paz de Cristo, que nos llama incansablemente a realizar un mundo, pacifico, humano y efectivamente fraterno.
Hermanos y hermanas del Dulce Nombre y María de la Paz; con vosotros la paz y el bien. Laus Deo.

Florencio Salvador Díaz Fernández
Estudiante de Teología Cristiana

lunes, 27 de febrero de 2012

VIEJA MONTAÑA - CARMEN DE ALMENDRALEJO

VIEJA MONTAÑA
Sobre tu ladera quedó el camino
de piedras, sin hierba y seco
sin el musgo que dan verdor
a tu ladera
estrecho e indócil hecho
a la medida de dos huellas.

La vieja montaña no sabe
de asfalto tampoco de pisadas
en manada,
quiere un tú a tú de pisadas
silenciadas
sin charlatanerías
que hablan y hablando
decir no dicen nada.

La vieja montaña ofrece
Silencio, pulcro silencio
oración sin viejas palabras
en unidad total entorno
e infinito toda ella
en imagen nos habla,
para que pases
sin tomar nada, sin retocar
nada
sin llevarte nada
para que cargues tu mochila
cargada de ese todo…
para ser ella quien contigo
parta
¡Para que sientas a tus pies
aquellas alas en sus huellas
asfixiadas !

Cuando abajo en ese mundanal
ruido del viejo y enladrillado
precipicio contaminado
de nafta,
tus oídos en las bulliciosas
palabras vuelvan a la rutina
a escuchar decir,
que no dicen nada solo ladran…
se perdió el ¡hola! de antaño
mientras dos personas
no eran extrañas,
el adiós altruista y sin prisas
sin ego, de hormas ambiciosas
estériles y autómata,
robot caminantes sin almas,
sin tus alas, vieja montaña.

¡Quizás! Sin ti vieja montaña
Sin tu camino de piedra,
Sin tu ladera de musgo
Y sin tu pico de aguja nevada
hayamos perdido ese olor
de la tierra a musgo
el olor al viento diciéndote
qué traerá mañana,
sus nubes jaspeadas,
ruborosas, las marañadas…
Nubes incontaminadas cargadas
de agua de tus ricos y cascadas
de tus manantiales que buscan
la sal del agua.
¡Quizás!
En tu punta de aguja vieja montaña
¡Quizás! Sea donde yo ayer
quedé mi vieja alma,
mis huellas sin alas.
17.2.2012
Carmen H.R