CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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miércoles, 6 de febrero de 2019

PLEGARIA DE UN CRISTIANO LIBRE


Dios y Padre bueno,
que nos amas y nos buscas.

Queremos bendecirte Señor,
con la alegría que brota de nuestros corazones,
al saber que al morir en la cruz,
borraste de nuestro camino
los rígidos cánones de las leyes;
y nos llamaste a vivir en la libertad. ¡Bendito seas!

De los jóvenes cristianos y no tan jóvenes,
quieres que seamos unas personas sin jaula,
un grupo sin más constitución que la del amor,
el respeto y la solidaridad.
Quieres que seamos una especie cuya única norma
sea vivir con intensidad la vida.
En Ti y de Ti, Dios sin fronteras,
amor sin límites, vida oceánica,
aprendemos a caminar sin senda prefijada,
a vivir sin más ley que el amor libremente querido.

Unidos al rumor de los que nos narran su liberación
y esperando llegar al mundo prometido,
te aclamamos como Dios de nuestros corazones,
y solicitamos la asistencia de tu Espíritu
que es nuestro Espíritu,
pues nos alienta y anima a vivir una rebeldía espiritual
basada en la negación de lo preestablecido
y que subyuga las conciencias.

Somos muchas personas, Dios y Padre;
los que estamos hastiados
de ser el objetivo de las reprimendas magisteriales
de los hombres vestidos de negro.
Demasiados siglos lleva nuestra iglesia católica,
haciendo del negro su bandera,
aun cuando en tu resurrección,
nos entregaste un sin fin de colores
fantásticos y llenos de energía,
para que cada cual eligiera el suyo
y así pudiera sentirse
efectivamente miembro de la comunidad cristiana.

Una comunidad con la cual soñamos,
y en la que jamás se vuelva a señalar al pecador con el dedo.
Ni se defienda al potentado,
ni se callen voces en pro de la buena diplomacia,
ni se pese al amor de unos en detrimento del de otros.

Una comunidad en la cual toda familia pueda integrarse,
teniendo el amor por bandera.
Una comunidad eclesial en la cual junto al evangelio,
podamos ser tolerantes y democráticos
en la libre elección de nuestros pastores o representantes.

Una comunidad donde cada mujer
pueda llegar donde puede llegar un hombre;
y aun mas alto.
Una comunidad sin magisterios obsoletos,
ni “monituns” recriminatorios
hacia teólogos de libre pensamiento.

Una comunidad en la que se abrace
al que te adora –Dios de amor-,
con otro nombre u otra forma,
sin hacer acopio de verdades incontestables.
Una comunidad en la cual se tenga más en cuenta
el latido de nuestros corazones,
que la letra de la ley.

Esta es la comunidad que queremos,
Padre bueno y santo.
Y junto a nuestra admiración por Ti,
queremos manifestarte nuestra determinación
por seguir gritando a favor del reconocimiento
de la autentica persona de tu hijo,
Jesús de Nazaret.

Pues entregado hasta la muerte,
dio cumplimiento a la ley y los profetas
y acabó con la esclavitud de los mandamientos.
No antepuso norma alguna, por muy sagrada que fuera,
a los dictados de su fe.
Por lo cual, muchos se escandalizaron de Él,
porque no era esclavo de preceptos,
ni se sujetó a la letra de la ley,
sino que se embarcó en la aventura de ser fiel al Espíritu.

Que este mismo Espíritu
que insufla valor al hombre y a la mujer
desde el comienzo de los tiempos,
nos ayuden a todos a ser
verdaderamente comunidad cristiana,
de los que se reúnen en tu nombre y aman sin reservas.
Así sea.

(Oración realizada utilizándose trazos de algunas plegarias de Jesús Burgaleta)

miércoles, 5 de septiembre de 2018

EL RIESGO DE SENTIR


Le vio venir por la calle y sus miradas se cruzaron. Fue un instante. Pero suficiente como para saber que su alma, no necesitaba de aquel encuentro que le heriría. Pero la vida es tan maravillosa y fatal a su vez. 

Durante las fracciones de segundo en las que duró aquella experiencia, instintivamente extendió el brazo hacia la persona que venía en su busca aunque en una trayectoria distinta. Fue un riesgo considerable el que asumió. Pero aquella persona tan distinta, también extendió su brazo y sus dedos se tocaron con la yema frugalmente mientras se cruzaban. 
Sus ojos eran de un azul intenso como un mar embravecido que no se quiere calmar. Apasionado, arrollador, desatado… pero ajeno. Su mundo se desestabilizó y una grieta enorme se abrió por en medio de su ordenada y solitaria existencia. Se detuvo en silencio. Miró hacia atrás. Hacia aquella persona que se alejaba sin volver la mirada y con los bucles de su pelo ondeando al viento. 
Quizás era una persona sin rumbo, pero al menos tenía la certeza de que los planes de ambos no coincidían. Detenido entre aquella vorágine de peatones que poblaban la acera cada cual hacia su estresante destino, recordó la obertura de la obra musical “El lago de los cisnes” de Tchaikovsky, interpretada por la orquesta sinfónica de Radio Hamburgo; y aquel espectacular salto del cisne que se interpretaba en la danza de la misma pieza. 

Pensó en si su vida hubiera sido distinta si se hubiera atrevido a dar saltos como el del cisne. Saltos decididos, sin premeditación, saltos que hubieran podido salir bien o mal. ¿Escribimos nuestro destino o nos lo escriben? Decidió seguir caminando como solía hacerlo con un destino establecido. 
Intentaría estar expectante a cada mirada, a cada sonrisa, a cada caricia si la hubiera; pero con la certeza de que sus pasos continuarían perdiéndose en la corriente de la vida sin una relevancia determinada. 
Pero viviría en plenitud. ¡Vaya si lo haría! 
Y sabiendo quien era, que no es poca cosa.