CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

jueves, 10 de marzo de 2011

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - TENTACIONES

TENTACIONES
1 Cuaresma (A) Mateo 4, 1-11

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

No le resultó nada fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre, sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida.
Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, "un signo del cielo", de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.
Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos, y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.
Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo Jesús les dice así: "Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas" (Lucas 22,28).
El episodio conocido como "las tentaciones de Jesús" es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de toda su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.
¿Ha de pensar en su propio interés, o escuchar la voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías, o ponerse al servicio de quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria, o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión, o entregarse a su misión confiando en el Padre?
El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.
Identificar hoy las tentaciones de la Iglesia y de la jerarquía, de los cristianos y de sus comunidades; hacernos conscientes de ellas como Jesús; y afrontarlas como lo hizo él, es lo primero para seguirle con fidelidad. Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones, pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

CUARESMA




Cuarenta días de esfuerzo
de otras cuarenta batallas,
cuarenta lágrimas vivas
que se fueron resbaladas
hacia senderos de espumas
de sal y de arenas blancas.

Cuarenta noches de ensueño
para que el cuerpo se abra
a la eterna conversión,
cuarenta heridas desgarran
cada uno de mis miedos,
cada una de mis faltas,
cada una de mis cuitas
cuarenta son las mañanas
que me llenan de Cuaresma
y me llaman a mudanza.

Cuarenta son mis promesas
arraigadas en el alma,
cuarenta mis decisiones
de cambiar lo que me arrastra
hacia el dolor y el desvelo,
cuarenta espinas se clavan
en mis manos cuando olvido
que Cristo espera que salga
proclamando salvación
de nuevo en Semana Santa.

Helicón

Publicado por José María Díaz Fernández para
RIMARIMANDO el 3/09/2011

miércoles, 9 de marzo de 2011

UN CARTEL A LA ALTURA DE LAS CIRCUNSTANCIAS

Ayer, día de la mujer como ya nos ocupamos de ello. Pero quiero dejar constancia de que el día de ayer, quizás lo celebré con inusitado fervor, ya que el tema que tratamos por la tarde en el Seminario Diocesano de Doctrina Social de la Iglesia en el Arzobispado de Sevilla, se titulo y trató de LA FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA. Para hacerlo más entendible, tratamos sobre la mujer en los distintos mundos, la pobreza en la que vive y las posibilidades de desarrollo que le ofrecemos en ambos mundos.
Como anoto en el titulo el cartel fue excepcional. Presidió Don Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla,
 junto al apreciado Enrique Belloso que tanto empeño pone en la formación laical. Las ponentes presentes fueron dos, Dña. Olivia Núñez Orellana, directora del Instituto Internacional de la Mujer del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma; (arriba)
y Felicidad Loscertales Abril, catedrática de Psicología Social de la Universidad de Sevilla. (arriba de blanco)
La primera jovencísima, la segunda mayor pero de espíritu joven y gran comunicadora.
Después del saludo de Don Juan José que fue cálido certero y consciente, las dos disertaron certeramente sobre la mujer, sus posibilidades, la opresión que soportan…etc.

Me centro en la intervención que me fascino, que fue la de Felicidad. Hablo de las trabas que las mujeres –no la mujer- sortea en nuestro primer mundo. En como tienen en ocasiones que trabajar, para romper ese figurado techo de cristal que le impide proyectarse hacia arriba, asumiendo responsabilidades y decidiendo por sí misma su opción. Afirmo Dña. Felicidad que “quien no es libre, no puede ser persona”, entre otras máximas que me ayudaron mucho en la comprensión de esta temática social.

Al término de ambas exposiciones, se abrió el turno de preguntas y pidiendo en primer lugar la palabra, me atreví a recomendar al uso del tema tratado el libro AVE MARÍA lo femenino y el Espíritu santo de Leonardo Boff, y seguidamente pregunte a Doña. Felicidad: -Señora, siendo consciente de la abundante documentación dogmática que posee la iglesia, para defender a la mujer y sus posibilidades, y sabiendo todos del esfuerzo de nuestra Iglesia para ayudar a la promoción de la mujer; ¿consideraría usted oportuno, que para apostar firmemente por la mujer y así colaborar en la ruptura de ese nombrado techo de cristal que impide su desarrollo pleno, nuestra Iglesia debería de permitirle a la mujer la dignidad de poder acceder al ministerio del sacerdocio?.

No pueden imaginarse el revuelo que provoco mi pregunta, pero una vez sosegado el aforo esta señora se mostró de acuerdo conmigo, afirmando para refrendar mi posicionamiento, que es mucho lo que la iglesia se pierde al no ceder en este aspecto.

martes, 8 de marzo de 2011

ORACIÓN POR LAS MUJERES


ORACIÓN POR LAS MUJERES

Padre, Bueno y Santo, que nos amas y nos buscas.
En tu Madre María nos ofreces
un ejemplo culmen de ternura,
amor y entrega al mundo y a tu voluntad.
Pero ella fue una más,
entre todas las mujeres,
que no solo tiene la capacidad junto a ti
de dar a luz hijos para el mundo,
sino que sus vidas como mujeres,
son una oportunidad para el genero humano
de dignificarse y hacer grande tu nombre.
Permítenos Padre de Bondad,
que los que poblamos el mundo,
concedamos oportunidades reales
a las mujeres de nuestro tiempo.
Que admiremos a las que luchando por la fe,
los derechos humanos o la dignidad femenina
a causa de los golpes recibidos,
nos dejaron un ejemplo ecuánime e imprescindible,
para esta iglesia necesitada de testimonios contundentes.
Abre nuestros ojos, Padre de bondad,
para que asistidos por tu Santo Espíritu,
concedamos a la mujer la dignidad sacerdotal
al consagrar tu presencia en la realidad eucarística,
por medio de la reunión fraternal
de los que se aman en tu nombre.
Que todas sean ejemplo, porque todas son personas.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Aunque el capitulo 7 de la Carta apostólica “Mulieris dignitatem”, se fundamente de manera precisa en la absoluta dignidad de la mujer y el hombre, que participan de la misma dignidad de Dios y junto a Este; sin lugar a dudas en este día internacional de la mujer, me fijo en el preludio de la carta escrita por Juan Pablo II el 15/08/1988, con motivo del año santo mariano.


“Un signo de los tiempos 1. LA DIGNIDAD DE LA MUJER y su vocación, objeto constante de la reflexión humana y cristiana, ha asumido en estos últimos años una importancia muy particular. Esto lo demuestran, entre otras cosas, las intervenciones del Magisterio de la Iglesia, reflejadas en varios documentos delConcilio Vaticano II, que en el Mensaje final afirma: «Llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzados hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga».”
Es un documento sin tacha. Además en este preciso día es el documento sobre el que disertaremos hoy, en el arzobispado de Sevilla sobre el seminario que realizo de Doctrina Social de la Iglesia. Pero, ¿es realidad este documento hoy en día?. ¿Tiene validez concreta y efectiva?. ¿Verdaderamente en el mundo se apuesta por la mujer?. Creo sinceramente que la sociedad –lo laico o común al pueblo- apuesta más por la mujer, que las diferentes instituciones publicas, privadas o religiosas. Como dice hoy la señora y apreciada Michelle Bachelet, expresidenta de Chile: "El momento de las mujeres es ahora. No volveremos a la cocina".
Sin la ley de paridad electoral, no sería posible la equiparación de la mujer en cuanto a presencia. Por otro lado, aunque la sociedad apueste por la mujer, entiendo que esta pagará con fuego y a precio de oro, su propio precio por la libertad. Sin ir más lejos ayer nuevamente quede consternado, al enterarme de otra mujer muerta por su pareja.


¿Cuándo acabaran los abusos, cuando los asesinatos, cuando las humillaciones, cuando el dar con una mano y el quitar lo dado con la otra, a la mujer?. Llevado al plano religioso y confirmando que la Iglesia Católica es influyente en el mundo, entiendo que notaremos la efectividad de la apuesta por la mujer cuando a estas, se le reconozca –por parte de nuestros jerarcas- el derecho que la mayoría del pueblo de Dios les reconoce ya, de poder ser ordenadas sacerdotes. Por muy mujer que la madre de Dios fuera y por muchas facultades que tuviera Deborah –lib Jueces-, la mujer será menospreciada en la iglesia y en el mundo mientras de le veten ciertos estamentos, y el sacerdotal no es una excepción.


Miro hoy con asombro y –reconozco que hasta con- devoción a la Monseñor Kay Goldsworthy, mujer obispo de la iglesia protestante australiana. La veo consagrar en pan y creo que la asiste en Espíritu Santo, besaría sus manos como ungidas, pues es ejemplo de lo que con voluntad y oportunidades, puede llegar a ser una mujer, además de una gran persona.
http://www.rtve.es/mediateca/videos/20080523/australia-tiene-una-mujer-obispo/93115.shtml

lunes, 7 de marzo de 2011

MIÉRCOLES DE CENIZA - CELEBRACIÓN - GUIÓN DRAMATIZADO PARA NIÑOS

Esta celebración puede hacerse igualmente sin la presencia del sacerdote, basta modificar el guión y destacar el que preside o coordinador de la celebración. Aunque sin la presencia del sacerdote no puede darse la bendición, aunque si realizar cada uno sobre sí mismo la bendición de s.Fco. Igualmente puede realizarse esta celebración dentro de los oficios de Laudes o Vísperas. Solo hay que seguir el ritmo de los oficios dentro de la eucaristía y modificar el acto de contricción por los salmos y el cántico del oficio.
En ausencia de sacerdote no se bendice la ceniza.

CELEBRACIÓN PARA IMPONER LA CENIZA A LOS NIÑOS AL COMIENZO DE LA CUARESMA.

GUIÓN DE LA CELEBRACIÓN

Canto de entrada y seguidamente el sacerdote comienza la celebración diciendo:
(+), En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la fuerza del Espíritu Santo estén con todos vosotros…

seguidamente monición introductoria de un  catequista.
Queridos niños, paz y bien:
¡Mirad!, sabéis que Jesús de Nazaret el Hijo de Dios era un hombre muy bueno que no solo comía, vestía y respiraba el mismo oxigeno que nosotros; cuando era niño jugaba a la pelota y acudía a las enseñanzas de la Biblia (el libro sagrado) como ustedes asisten a la catequesis. A medida que Jesús se hacía mayor no dejaba el buen camino trazado por su Padre, Dios; si no que intentaba buscar momentos y situaciones en las que encontrarse con Dios. En una ocasión estuvo 40 días en el desierto para prepararse al encuentro con Dios, su Padre y nuestro Padre.
Los cristianos de la misma manera que Jesús también tenemos que prepararnos para la gran fiesta de la resurrección de Jesús al final de la Semana Santa y lo hacemos de una manera especial durante 40 días anteriores al Domingo de Ramos a los que llamamos Cuaresma. Con el gesto de la ceniza que realizaremos en esta celebración nos adentramos en la cuaresma y nos ponemos en contacto y sintonía con nuestro Padre Dios porque a pesar de ser sus hijos, también tenemos que pedirle perdón de los fallos cometidos en nuestra vida y demostrarle que somos capaces de cambiar.

+sigue el sacerdote dando la bienvenida a los niños, resaltando la importancia de su presencia como miembros y esperanza de la parroquia.
        
*y sigue el sacerdote diciendo:
Y ahora niños conviene que nos pongamos en las manos de Dios nuestro Padre y nos arrepintamos de los fallos que tengamos en nuestro corazón. (momento de silencio)
Yo confieso ante Dios todopoderoso...    
        
*Sacerdote: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Y los niños cantan un cántico de perdón.
Oremos (breve silencio y lee la oración colecta):
Concede Padre de bondad,
 a los niños y mayores que nos hemos reunido
entorno a ti en este primer día de cuaresma,
aprender a dejar todo lo que nos aparta de ti
y acercarnos a tu presencia
por el buen hacer de nuestras obras
imitando así a tu hijo Jesús.
Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
        

         LITURGIA DE LA PALABRA
LECCIONARIO PROPIO DEL MIÉRCOLES DE CENIZA

 2ª Lectura de la Carta de San Pablo
a los fieles de Corinto 5,20-21

Hermanos, seamos, amigos de Jesús, como si Dios
Hablase a los demás por medio de nosotros.
En nombre de Jesús de Nazaret os pido:
¡Amad a Dios de corazón y pedidle perdón!
Porque el es vuestro Padre y os quiere mucho.
De esta manera nos dice las sagradas escrituras,
”Dios nos ama y nos busca para que enseñemos
a los demás todo lo bueno que Él quiere que hagamos.
Por lo tanto pedid perdón y amaos.
Siendo, pues, colaboradores, os exhortamos a no recibir
en vano la gracia de Dios. Porque él dice: En el
tiempo propicio te escuché y en el día de la salvación te
ayudé. Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de la
salvación. 
PALABRA DE DIOS

Salmo Responsorial Sal 51,3-4
* Abrazanos Señor; con tu amor.
Ten compasión de mí, oh Dios, por tu amora,
por tu inmensa ternura borra mi pecado.
Lávame más y más de mi delito
y purifícame de mi pecado.
*
Reconozco mi falta,
tengo siempre delante mi pecado.
A ti solo, a ti solo ofendí
y he hecho lo que tú no quieres
*
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
Pon en mi corazón intenciones buenas;
Que yo te ame por siempre,
Y que tu santo espíritu habite en mi;
*

 Monición al evangelio (niño): ahora vamos a leer un trozo del evangelio de San Lucas en el que se nos cuenta como Jesús por medio de sus obras y su buena voluntad es capaz de transformar el corazón de una persona por muy apartado que se encuentre de Dios. Escuchamos atentamente la historia de Zaqueo.
(un catequista explica los personajes)

-Sacerdote:  (+) Lectura del Evangelio según San Lucas.
-Lector:
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Jericó era una ciudad enorme. Y se armo mucho revuelo cuando se enteraron de que Jesús pasaría por allí. Un hombre llamado Zaqueo, recaudador de impuestos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura.
Además Zaqueo no era honrado porque exigía a la gente mas de lo que correspondía, para quedarse él con el dinero. Por eso cuando se acercó al grupo de gente que esperaba a ver a Jesús le gritaron.

Pueblo: ¡ladrón, ladrón, eres un ladrón!

Narrador: Y el les respondía:

Zaqueo: ¡callaos, callaos, que sois unos charlatanes!

Narrador: Pero Zaqueo empujaba y empujaba a la gente para poder ver a Jesús. Y la gente le seguía gritando:

Pueblo: ¡Que no se acerque Zaqueo a Jesús, porque es un ladrón y un mal hombre.

Narrador: Pero Zaqueo, corrió más adelante y se subió a una higuera para verlo, porque tenía que pasar Jesús por allí.
(Zaqueo se sube en alto)

Narrador: Cuando Jesús llegó, junto a la higuera, se paro debajo levanto los ojos y dijo gritando a Zaqueo para que todo el mundo se enterara:

Jesús: ¡Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que comer y dormir en tu casa!.
(y Zaqueo baja de donde se encuentra)-
Narrador: Él bajó enseguida y lo recibió muy contento.
(baja Zaqueo y de rodillas  le da la mano a Jesús)

Narrador: Al ver esto, todos murmuraban diciendo:

Fariseo: ¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador, y Jesús no debe de comer en casa de un ladrón!

Narrador: Pero Zaqueo se puso en pié y dijo al Señor con la mano en el corazón.

Zaqueo: Mira, Señor, por la bondad que has tenido de querer estar en mi casa, me arrepiento de mi vida pasada. Y la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.

Lector: Jesús le contesto.

Jesús: Hoy ha sido la salvación de esta casa, porque este es un autentico hijo de Dios. Porque el Hijo de Dios ha venido a perdonar y a amar a todos sin distinción.

Narrador: Y el pueblo entero aplaudió porque estabas asombrados del arrepentimiento de Zaqueo.

Lector: Palabra del Señor...

*el sacerdote les dirige unas palabras de fácil lenguaje y comprensión animándoles a ser conscientes de su pecado por pequeño que sea, y a tener actitud de humildad. Hacer hincapié en que Jesús siempre nos perdona y abraza como a Zaqueo. Pero para eso hay que hacercarse a Él con sincero corazón.

IMPOSICIÓN DE LA CENIZA

-Monición a la ceniza: (niño)
Ahora que hemos reconocido ante el Señor nuestro pecado, nos van a marcar la cabeza con ceniza como símbolo de nuestra pequeñez ante Dios Todopoderoso. Reconocemos nuestros fallos y nos comprometemos  a comenzar una nueva etapa en la que intentaremos vivir haciéndole un sitio al Señor en nuestro corazón.

*(el sacerdote bendice la ceniza diciendo con las manos extendidas).
Oremos, hermanos, con humildad a Dios nuestro Padre, para que se digne bendecir estas cenizas que vamos a imponer en nuestras cabezas en señal de penitencia:
(y con las manos sobre la ceniza dice:)
Dios de misericordia que te dejas vencer por el que se humilla y encuentras agrado en quién se arrepiente, escucha benignamente nuestras súplicas y derrama tu bendición
(+ hace la señal de la cruz sobre la ceniza)
sobre estos hijos tuyos que van a recibir la ceniza, para que, fieles a la exigencia cuaresmal, puedan celebrar con fruto el misterio pascual de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. (y asperja la ceniza con el agua bendita y se impone la ceniza)


PRECES DE LOS FIELES

-Comienza el sacerdote con la invocación inicial:
Escucha Padre de bondad la oración de estos niños e hijos tuyos que te ruegan confiados diciendo:

1.Por la Iglesia de Dios, para que las personas que la formamos, seamos verdaderos hermanos y nos queramos de verdad, roguemos al Señor...
  
2.Por las personas mayores de nuestra sociedad, para que el Señor les ilumine en su comportamiento y nosotros tomemos ejemplo de sus buenas obras, roguemos al Señor...

 3.Por los niños del mundo, para que tengamos siempre presente que además de nuestros padres que vienen con nosotros, tenemos un Padre que además es Dios y que nos quiere con locura, roguemos al Señor...
  

4.Por las personas mayores o niños que lo pasan mal es el mundo por causa del hambre, la enfermedad, la salud o la discriminación, para que seamos conscientes de que con nuestra pequeña ayuda podemos cambiar poco a poco el mundo, roguemos al Señor...

  
5.Por nuestros, padres, catequistas, párroco y maestros que se dedican a nuestra educación, para que atendamos a lo que nos enseñan con alegría y entusiasmo, roguemos al Señor...
  
6.Para que en este tiempo de cuaresma no nos apartemos del Señor que tanto nos quiere, roguemos al Señor...
  
7.Por las personas que un día el Señor llamo para que se fueran con él al cielo, para junto a nuestro Padre Dios estén alegres y contentos, roguemos al Señor...
   
*el sacerdote sigue diciendo:
Y como hijos de un mismo Padre, cogidos de la mano en señal de amistad y fraternidad, nos atrevemos a decir: PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN EL CIELO...


         Después el Sacerdote con las manos extendidas dice:
         Señor Jesucristo,
que dijiste a los apóstoles:
“la paz os dejo, mi paz os doy”,
no tengas en cuenta nuestros pecados ,
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
        
Junta las manos y sigue diciendo
Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:
Amén.

El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con vosotros.

El pueblo responde:
Y con tu espíritu.

Uno de los sacerdotes concelebrantes o en su defecto el que preside añade:
Como hijos de Dios y hermanos de Jesús,
daos fraternalmente la paz.

Y todos se dan la paz.

 El sacerdote para finalizar la ceremonia nos bendice diciendo:
Dios de todos, haz que la señal de la ceniza
recibida en nuestras frentes al comenzar la cuaresma,
nos ayude a vivir cristianamente este santo tiempo,
con una mayor atención a tu palabra,
una apertura generosa a los hermanos
y un firme propósito de orar con mas intensidad.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso
(+), Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre vosotros. Amén.

¡niños!, que seáis unos Buenos Hijos de Dios; podéis ir en paz.

Esta celebración fue realizada en 2006, por la Delegación de Liturgia y Catequesis, de la Parroquia de San Sebastián de Estepa.

domingo, 6 de marzo de 2011

LA ESTERILIDAD DE NUESTRA FE

La Salada, Vísperas.
LA ESTERILIDAD DE NUESTRA FE

“Ahora que estamos solos, Cristo, te diré la verdad: Señor, no creo.
¿Cómo puedo creerme lo que veo si la fe es creer lo que no he visto?

Si oigo tu voz en mí ¿cómo resisto?
 ¿Cómo puedo buscar, si te poseo, si te mastico, si te saboreo?
Esta es mi fe: Comulgo, luego existo.”
(J.L.Martín Descalzo)

Repongo aquí este encabezamiento de Martín Descalzo, que tan socorrido es en su pensamiento, pues él mismo hace pensar.
Y, ahora vuelvo del templo de Vísperas.
Se me ocurre pensar, que el Señor me ha ofrecido hoy un Programa Cuaresmal y a la medida de mi zapato. No porque sea ideal, para apostarse en el inmovilismo, no; lejos de esto considero que las palabras del evangelio de hoy y lo que mi cabeza da de sí, me llevan a pensar que en esta cuaresma, debo de centrarme en que mi fe sea fecunda.
Dicen los entendidos que el ritmo de la vida, las preocupaciones –estrés- y otras hierbas propias de un mundo globalizado, son las que causan el índice de esterilidad en las parejas de hoy. Y quizás pueda ser algo demasiado ocurrente, pero extrapolo este pensamiento a la vida cristiana y eclesial, y llego a la conclusión personal de que dedico tiempo a otras cosas, que no se las merecen tanto como mi Dios y construcción personales.

El día de ayer fue de mucho trabajo, pues ande con horario trapense y quien me conoce sabe que soy madrugador. Por la tarde tuve ocasión de ejercitarme nuevamente con la bici de montaña, moviendo mis kilos con demasiada dignidad. Al atardecer estudio y oración. El día de hoy ha sido parecido en su totalidad. Gozoso, laborioso y de estudio…, pero; ¿habré iluminado?. O, ¿habré establecido con Dios nuestro Padre, un compromiso suficiente y firme, como para querer iluminar eficientemente, partiendo de una fe fecunda y cimentada?.
No lo se con certeza; lo reconozco.

Pero ese será mi programa cuaresmal.
Dar tiempo a la mente, a Dios sin dejar de lado las obligaciones.
Forjarse en la fe, hacerse mil preguntas que serán respondidas desde el Evangelio y la ayuda de amigos y autores responsables. Sentir, respirar. Creerme obra de Dios y parte proporcional de su amor en la humanidad. Sentirme pequeño, sencillo; pero preciso y necesario para que la semilla de la fe, no deje de repartirse y fecundarse en unos y otros.
Los cristianos del siglo XXI si permanecemos en el inmovilismo y sentido catastrofista, seremos los primeros enemigos de la fe de Jesucristo.

Un Jesús que hoy nos dice (Mt 7,21-27) que el camino, no tiene porqué pasar por excesivas salutaciones. "No todo el que me dice: ¡Señor! ¡Señor!, entrará en el reino de Dios, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial.” (Mt 7,21)
Sino que tiene que ser un camino y “una fe, que iluminada desde el testimonio de la cruz, desvela a un Padre, que se sirve de nosotros para “Ser” presencia actual y efectiva en el mundo. El que ante la fe esta dubitativo, debiera de sentir en nuestros ojos la mirada de Dios. En nuestras manos la humanidad de Dios, de la que se sienten tan necesitados. En nuestra conversación, apreciar la importancia de ser personas que les importan a otras personas. En definitiva ser el rostro de Dios en el mundo en el que vivimos”. (Dinamizar la fe Floren Díaz 2010) Por este motivo y por muchos otros, feliz y fructífera cuaresma. Ya analizaremos los resultados en Pascua.
Bueno, la cena, peli y completas. Hasta mañana.
Paz y bien.

Floren. Laus Deo.

viernes, 4 de marzo de 2011

CARTA ABIERTA A BENEDICTO XVI, POR CORTÉS

Carta abierta a Benedicto XVI
Te escribo para recomendarte el libro "Curas casados, historia de fe y ternura"


Estimado Su Santidad: No tengo el gusto de conocerte personalmente, porque las veces que has venido a España (y últimamente vienes mucho a España) yo no he acudido a vitorearte, y cuando yo he estado en Roma nunca hemos coincidido en ninguna trattoria. Tal vez si algún día me llamas a declarar a Roma podamos finalmente vernos las caras.

Te escribo porque acabo de leer un libro que me ha gustado mucho, y querría recomendártelo. Ya sé que tú tienes mucho que leer y que escribir, entre encíclicas, sermones, reprimendas y condenas. Aun así creo que este te va a interesar. Verás: se titula "Curas casados. Historias de fe y ternura", y ha sido publicado directamente por MOCEOP, porque no había sitio para ellos en ninguna editorial.

Te prevengo de que no se trata del enésimo tratado sobre si mantener o no el celibato obligatorio, aunque también de eso se habla en el libro. A día de hoy todo el mundo sabe ya que la ley del celibato nada tiene que ver ni con la fe ni con el evangelio, y que es una pura cuestión de cabezonería, de rutina o de algo peor. "El celibato obligatorio caerá como un fruto maduro -se dice en este libro-: la gente normal ya lo ve; falta solo que lo vea la jerarquía".

El libro tampoco es "un trabajo de investigación sociológica. Solo se ha intentado realizar un aporte de tipo testimonial" (21). De hecho, se trata precisamente de eso: recoge las historias y los testimonios personales, personalísimos, unos más literarios, otros más descarnados, algunos objetivos y otros sumamente íntimos, de 23 varones y de algunas mujeres (sus esposas) que, en un cierto momento de sus vidas, decidieron continuar su ministerio como personas casadas, sin dejar por ello de sentirse curas, es decir, "animadores de la fe y de las celebraciones". Demostrar, con los hechos, que "es posible ser cura sin ser clero" (87).

A pesar de que se aborde el tema de los curas casados, no creas que se trata de morbosas historias de debilidad ante las urgencias de la carne.

Como dice en el epílogo José Mª Castillo (de quien sin duda has oído hablar), son historias que "muestran una fortaleza mucho mayor de lo que la gente se imagina" (340). Y hasta lo hacen con cierto orgullo, porque, como ellos mismos afirman: "No nos causa ningún trauma sentirnos marginales, sino más bien satisfacción". Convencidos de que: "Nos incumbe como tarea pastoral acumular experiencias que muestren que el presbítero casado es una riqueza para las comunidades, para la teología y para la Iglesia en general" (96).

Son testimonios duros. ¿Te imaginas, Su Santidad, lo que significaba en los años setenta u ochenta, y aun en nuestros días, replantearse toda la vida a cierta edad, con lo fácil que era seguir de curas, con la vida resuelta, incluso con algún apañete sentimental?

Porque te debo decir -por si lo has olvidado- que, en la mayoría de los casos, la Iglesia no solo no facilitó ese pasaje, sino que se comportó peor que la madrastra de Blancanieves (Schneewittchen en alemán). "Me pareció una falta gravísima de justicia -comenta uno de estos curas- que los obispos dejasen en la estacada, sin pensiones, a curas mayores secularizados y, sobre todo, a religiosas secularizadas sin posibilidad de trabajar ni de cotizar el mínimo de años, después de haber entregado la mayor parte de su vida a la Iglesia" (259). Así fueron las cosas, Su Santidad.

La mayoría de los que en este libro cuentan su experiencia habían salido de familias humildes. Para ellos, el seminario menor -a donde fueron conducidos muchas veces por curas recolectores de vocaciones-, pese al clima oscurantista de aquellas décadas, fue un momento de grandes alegrías y de grandes amigos. Amigos que, en algunos casos, han durado toda la vida. Espero que tú, Su Santidad, después de tantos años de Curia no hayas olvidado todavía lo que es un amigo.

"Al seminario se entra con babas y se sale con barbas", le había dicho a uno el cura de su pueblo (279). Y hay en este libro recuerdos muy hermosos de los años en que las babas se iban cambiando en barbas: recuerdos de niños, adolescentes y jóvenes seminaristas que se tomaron en serio su vocación sacerdotal.

A muchos de los curas de este libro, a la mayoría, les tocó luego vivir la primavera del Concilio Vaticano II. Espero que tú, Su Santidad, no hayas olvidado lo que fue aquel concilio, en el que, aunque hoy nos cueste creerlo, colaboraste activamente. Por un momento, por unos años, la buena gente nos sentimos orgullosos de nuestra madre la Iglesia que ¡por fin! recuperaba el aire de autenticidad, de sed de justicia, de fraternidad universal que le había insuflado el carpintero profeta a orillas del lago. Y, dos mil años después, se ponía otra vez en sintonía con los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren (GS 1,1).

En ese espíritu conciliar, "eso de ser ‘segregados del pueblo' nuestros protagonistas lo entendían cada vez menos" (160). Y la mayoría sintió que debía llevar una vida como los demás hombres y mujeres a los que ellos les transmitían la buena noticia, ganándose el sustento como curas obreros. Porque "no ser un profesional de la religión, ni vivir de ella, hace que el servicio del evangelio sea más creíble, porque es gratuito" (81), y porque "un trabajo civil que te dé independencia y autorrealización social va limando y liberándote de la situación de poder y de superioridad que el estatus de cura facilita en la sociedad" (126).

"El vivir diario de aquellas gentes -comenta otro- fuertes ante las dificultades, me hizo caer en la cuenta de que mi labor no podía consistir en alimentar más esa espiritualidad de ritos, rezos e iglesia" (277). Comprendieron que no se trataba de dejarlo todo para seguir a un Jesús espiritualista y abstracto, sino para encontrarlos de verdad a todos.

Y ello a pesar de que en aquellos días (como ahora, pero por otros motivos) no era nada fácil hacerse un lugar en la sociedad y conseguir un trabajo: "En cuanto se enteran de que soy cura, me niegan la incorporación" (287). En el libro se desgranan las experiencias más variopintas de aquellos curas obreros: en el mundo rural, en América Latina, en grandes fábricas de internacionales, implicados hasta las cejas en los movimientos sindicales; impartiendo clases, o simplemente aceptando lo primero que salía para tener algo que llevarse a la boca y situarse socialmente... Son historias crudas de una fe de pan y cebolla.

Y también historias de ternura.

En este proceso de recuperación de los ideales evangélicos y de integración en el pueblo, todos los que escriben en el libro se preguntaron, en un cierto momento, qué sentido tenía vivir en medio de la gente con el corazón obligatoriamente en cuarentena. Quiero decir, Su Santidad, por qué el ministerio al que con tanto ardor se dedicaban debía ir indisolublemente unido a la soltería. Porque, como se dice en el libro, "El celibato es un carisma, pero bien distinto del carisma del ministerio del presbiterado" (171). Y se insiste en que "No es el carisma del celibato lo que está en discusión, sino la ley del celibato" (176).

En algún momento, por los caminos más variados, Dios, celestina celestial, puso en el camino de todos ellos a una mujer. De repente, cuentan, "el enamoramiento dejaba de ser una traición para ser una alternativa, una maravillosa posibilidad" (145). De esto creo que tú, Su Santidad, y tus más directos colaboradores sabéis poco.

En general, sabéis poco y mal de las mujeres ¡Con qué ganas esperamos algunos un tiempo en que las mujeres puedan desempeñar cualquier ministerio en nuestra Iglesia, y hasta llegar a ser Papa, una papisa a la que podamos llamar simplemente "Susan", y no Su Santidad...! Pero me estoy desviando: volvamos al libro.

A pesar de que también en las cuestiones amorosas y sexuales la mayoría de ellos eran unos pardillos (es tiernísimo el testimonio de quien confiesa que hasta los 30 años no tuvo su primera eyaculación voluntaria) el encuentro con la mujer fue decisivo en sus historias: "Ahora entiendo mejor -comenta uno- por qué el amor conyugal fue siempre en la literatura bíblica imagen privilegiada del amor de Dios a su pueblo, de Cristo a su Iglesia" (174). Y "¿En qué Dios estamos pensando cuando nos imaginamos o proponemos que amando menos a un ser humano lo amamos más a Él?" (342).

Con todo eso, con el trabajo civil entre la gente y con el matrimonio, llegó la integración en pequeñas comunidades cristianas marginadas, en grupos humanos donde lo de ser presbítero "casado o soltero importaba bastante menos que esa triple pasión por Jesús, por el pueblo y por la comunidad" (105), y donde prácticamente se podía seguir haciendo lo mismo que en la parroquia, "pero ahora sin el sacramentalismo abrumador" (164).

Está claro que "quien celebra no es el cura, sino la comunidad. En la comunidad no hay clérigos y laicos, docentes y discentes, sagrados y profanos, sino que la propia comunidad es la protagonista de su caminar" (166). En la mayoría de los casos, todo este proceso se hacía al margen del derecho canónico, pero con la anuencia y la bendición de la comunidad cristiana de pertenencia: decidimos "vivir lo que creímos que tiene que ser, sin pedir ni esperar permisos" (89), y sin "reducirse al estado laical", expresión que ofende también a los laicos (280).

Ya ves, Su Santidad: muchos hombres, con sus mujeres, que se colocaron voluntariamente en el margen. Se convirtieron en hombres (y mujeres) de avanzadilla, de frontera. Pero, fíjate, en ningún momento rompieron con la Iglesia. Porque, como le dijo un obispo a los representantes de Justicia y Paz: "Tenéis que tener un pie fuera y otro dentro de la Iglesia. Si tenéis los dos pies dentro, nadie de fuera os escuchará. Si tenéis los dos pies fuera, no representáis a la Iglesia" (263).

Y así siguen muchos aun, en los arrabales, incluso en sentido literal: "En el arrabal, en las afueras, hemos encontrado una luz cálida que nos la proporciona la libertad, nuestro amor y la fe en Jesús. Aquí nos sentimos más cerca de lo humano" (275). "El hecho de ver la Iglesia desde fuera de la institución te da una perspectiva muy interesante, mucho más realista. Los que están dentro del engranaje lo tienen más difícil" (209).

Veo, Su Santidad, que todavía no he hablado de los hijos y las hijas que llegaron después. No es fácil ser "hijo o hija de cura", y de esto también se habla en el libro... Pero tengo que ir terminando.

El libro es eso: la narración de 23 historias de coherencia y coraje, de fe y ternura, en boca de sus protagonistas. Más un prólogo y un epílogo sobre el MOCEOP (que "dejó de ser un movimiento meramente reivindicativo para ser un movimiento de renovación eclesial" (87) y cuyo tino fue "saber remover un puntal que tambaleaba toda la estructura (...) No tanto el celibato como condición, cuanto el clericalismo mismo" (87).

Hay también un documento final teológico para situar el celibato ministerial, y, en las últimas de las 381 páginas, un Glosario por el que desfilan personas y movimientos de la segunda mitad del siglo XX que mantuvieron fresca la Comunidad de Jesús, desde Herder Cámara al obispo Romero de El Salvador y desde Pere Casaldáliga a José Antonio Pagola; desde Cáritas a la Teología de la Liberación, a la Asociación de El Prado o el movimiento Junior, recientemente disuelto por los expertos en disolver.

En fin, "Un libro de testimonios de vida enmarcados históricamente, en una etapa de contrastes y contraposiciones" (20). Al final de su lectura, Su Santidad querido, te queda claro que "la ley del celibato y sus secuelas no es una cuestión de curas, sino que nos afecta a todos" (325), porque ya "no se trata de reivindicar un derecho para un estamento ya de por sí privilegiado, sino de luchar por un nuevo rostro de la Iglesia, objetivo central del Vaticano II" (326).

"La concepción del cura como funcionario de la Iglesia debe pasar a mejor vida" (50), dice uno; porque "tengo mis serias dudas -añade otro- de que la parroquia, o al menos la mayoría de ellas, sean hoy lugar de evangelización" (60). Y resume Castillo en el epílogo: "La solución para los problemas crecientes y acuciantes que hoy soporta la Iglesia no está ni en que los curas se casen ni en que las mujeres sean ordenadas sacerdotes, sino en la teología que justifica a la propia institución eclesiástica y al Dios que esa teología pretende explicar" (346).

Nada más, Su Santidad. Yo creo que, si lees este libro, no te vas a arrepentir. Y quizás su lectura te dé un empujoncito y te anime a decir en algún momento (quizás en el avión, ante los periodistas, donde ya has dicho alguna que otra barbaridad) una frasecita que deje abierto el futuro para un urgente replanteamiento del ministerio sacerdotal. Tal vez estos curas no lo necesiten; pero la Iglesia sí lo necesita. Y yo creo que debes hacerlo.

Porque, como se dice en el libro, "lo mismo que hay palabras y comportamientos que rompen la comunión, también hay silencios y omisiones cómplices con el pecado" (175).

Ya vas teniendo tus añitos, Su Santidad, y a los ancianos se les permite decir las verdades con descaro ("parresía", lo llamaban tus predecesores). También la mayor parte de los que participan en este libro tienen ya sus años ("Me siento padre y abuelo -dice uno de ellos- y veo a Dios Padre mucho mejor que antes" (47); uno ya falleció, otro lucha ahora mismo contra un cáncer, la gran mayoría están jubilados... Pero no han perdido ni un gramo de esperanza. "Rozando la tercera edad, nosotros seguimos" (282).

Mira, Su Santidad: durante tu reinado tú ya has dado demasiado espacio a los fanáticos, a los trepas, a los miedosos, a los tarados... ¿Es mucho pedir que, antes de morirte, dediques un momentito a los limpios de corazón, a los hambrientos de justicia, a los que, a pesar de todo lo que han sufrido, todavía son capaces de comprender los signos de los tiempos, de mirar el cielo rojo al atardecer y anunciar: "mañana hará bueno"?

Si otro mundo es posible, como creemos firmemente, también es posible otra Iglesia.

Un abrazo, Santidad (o "Santi", si lo prefieres).

jueves, 3 de marzo de 2011

PENSAMIENTO DEL HERMANO ROGER PARA HOY


"Hay cristianos que se desconciertan profundamente cuando escuchan que su fe es una ilusión, o la proyección inconsciente de una actitud infantil. La duda puede deslizarse en el alma. Pero la duda no tiene nada de alarmante. La libertad interior abrirá un paso desde la indecisión hasta la confianza. El evangelio nos dice a cada uno: busca, busca y encontrarás, no dejes que se apague el fuego que hay en ti."

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - LA FUERZA DEL EVANGELIO

9 Tiempo ordinario (A) Mateo 7, 21-27
LA FUERZA DEL EVANGELIO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

Mateo concluye el gran discurso de Jesús en una montaña de Galilea con dos breves parábolas, narradas con maestría y fáciles de recordar por todos. Su mensaje es de importancia decisiva: seguir a Jesús consiste en «escuchar sus palabras» y en «ponerlas en práctica». Si no lo hacemos así nuestro cristianismo es una insensatez. No tiene sentido alguno.
El hombre sensato construye su casa sobre roca firme. Por eso, cuando llegan las lluvias torrenciales del invierno y el agua desciende de los montes y soplan los fuertes vientos del Mediterráneo, la casa no se hunde: «está cimentada sobre roca». Así es la Iglesia formada por creyentes que se esfuerzan por escuchar el Evangelio y ponerlo en práctica.
El hombre necio, por el contrario, construye su casa sobre arena, en el fondo del valle. Por eso, al llegar las lluvias, los aluviones y el vendaval, la casa «se hunde totalmente». Así se desmorona el cristianismo cuando no está fundamentado en la roca del Evangelio escuchado y practicado en las comunidades.
En la conciencia moderna se ha producido un profundo cambio cultural que está poniendo en crisis el nacimiento y la vivencia de la fe cristiana. Cada vez se va haciendo más difícil despertar una fe viva en Dios y en Jesucristo por vía de "adoctrinamiento". Señalemos dos causas fáciles de detectar.
Por una parte, está en crisis la autoridad, toda autoridad. Es difícil que la fe brote hoy de la obediencia a una autoridad religiosa que se presente como poseedora de la verdad. La palabra que pronuncia la Iglesia desde su posición de autoridad sagrada no resulta hoy por sí misma ni creíble ni atractiva.
Por otra parte, más que doctrina religiosa, las personas buscan una experiencia que les ayude a vivir con sentido y esperanza. Muchos hombres y mujeres se distancian casi instintivamente de cualquier iniciación a la fe entendida como "proceso de aprendizaje".
Hemos de creer mucho más en la fuerza transformadora del Evangelio. Las palabras de Jesús tienen más poder que nuestras doctrinas. Su Buena Noticia es más atractiva que todos nuestros sermones. ¿No ha llegado el momento de formar grupos, crear espacios, posibilitar encuentros en los que la gente de hoy tenga la oportunidad de entrar en contacto directo con el Evangelio para escuchar a Jesús y descubrir juntos su Buena Noticia?
Muchos que se sienten perdidos y viven sin esperanza podrían descubrir con alegría que no están solos, que pueden confiar en un Dios Padre y que pueden vivir con la esperanza de Jesús. Es lo que más necesitan.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

martes, 1 de marzo de 2011

REDEMPTORIS MISSIO

Nuestra Iglesia, ¿apuesta por la libertad?

Nadie como "nuestra amada e imperfecta Iglesia" (S.Fco.Asís), para establecer dualidades sobre temas esenciales para la vida de las personas, como por ejemplo la libertad.
Hoy me doy de bruces con este documento de Juan Pablo II, en el cual se nos hace hincapié, por un lado en la necesidad de ser libres, por otro lado en la imposibilidad del hombre sin Dios, y por otro lado se nos habla de la fe dogmática como camino hacia la libertad.
Es esto posible?. Es necesario marcar un camino para llegarse a Dios?
El documento en sí es bello y tiene enjundia.
Cada cual que reflexione. 

La fe en Cristo es una propuesta a la libertad del hombre
7. La urgencia de la actividad misionera brota de la radical novedad de vida, traída por Cristo y vivida por sus discípulos. Esta nueva vida es un don de Dios, y al hombre se le pide que lo acoja y desarrolle, si quiere realizarse según su vocación integral, en conformidad con Cristo. El Nuevo Testamento es un himno a la vida nueva para quien cree en Cristo y vive en su Iglesia. La salvación en Cristo, atestiguada y anunciada por la Iglesia, es autocomunicación de Dios: « Es el amor, que no sólo crea el bien, sino que hace participar en la misma vida de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En efecto, el que ama desea darse a sí mismo ».9
Dios ofrece al hombre esta vida nueva: ¿Se puede rechazar a Cristo y todo lo que él ha traído a la historia del hombre? Ciertamente es posible. El hombre es libre. El hombre puede decir no a Dios. El hombre puede decir no a Cristo. Pero sigue en pie la pregunta fundamental. ¿Es licito hacer esto? ¿Con qué fundamento es licito? ».10
8. En el mundo moderno hay tendencia a reducir el hombre a una mera dimensión horizontal. Pero ¿en qué se convierte el hombre sin apertura al Absoluto? La respuesta se halla no sólo en la experiencia de cada hombre, sino también en la historia de la humanidad con la sangre derramada en nombre de ideologías y de regímenes políticos que han querido construir una « nueva humanidad » sin Dios.11
Por lo demás, a cuantos están preocupados por salvar la libertad de conciencia, dice el Concilio Vaticano II: « La persona humana tiene derecho a la libertad religiosa ... todos los hombres han de estar inmunes de coacción por parte de personas particulares, como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros dentro de los limites debidos ».12
El anuncio y el testimonio de Cristo, cuando se llevan a cabo respetando las conciencias, no violan la libertad. La fe exige la libre adhesión del hombre, pero debe ser propuesta, pues « las multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo, dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud , todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad. Por eso, la Iglesia mantiene vivo su empuje misionero e incluso desea intensificarlo en un momento histórico como el nuestro ».13 Hay que decir también con palabras del Concilio que: « Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de razón y de voluntad libre y, por tanto, enaltecidos con una responsabilidad personal, tienen la obligación moral de buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión. Están obligados, asimismo, a adherirse a la verdad conocida y a ordenar toda su vida según las exigencias de la verdad ».14