Amar a Dios es... aunque te vayan golpeado el alma cada día, una y otra vez, decirle: contigo, puedo. Amar a Dios es... no dar un buen consejo, sino amar un poquito a quien necesita. Amar a Dios es... decirle cada día dame fuerza para seguir. Amar a Dios es... descubrir que el tiempo es demasiado importante, para desperdiciarlo. Amar a Dios es... oír gritar silenciosamente, como los demás piden amor. Amar a Dios es... Descubrir al mundo que la mejor medicina es amar. Y la mejor terapia el perdón. Amar a Dios es... Aprender a ser feliz, a través del sufrimiento. Amar a Dios es... comprender que la distancia entre un "si pero". y un "si quiero" es estar comprometidamente enamorado. |
Charo Sánchez |
Lejos quedan en el imaginario social los tiempos en que los dirigentes eclesiásticos del Vaticano y del catolicismo español acusaban al Gobierno socialista de “laicismo agresivo” y “fundamentalista laicista” (cardenal Julián Herranz). O calificaban su política de “fobia religiosa” y declaraban sin rubor que el objetivo del Ejecutivo del PSOE era “desterrar los valores de la cultura católica de los corazones y de las mentes de las nuevas generaciones” y la “suplantación cultural del humanismo cristiano por un humanismo cívico y materialista que, bajo un ropaje democrático, oculta su totalitarismo de origen” (Juan del Río, hoy vicario general castrense).












