CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

sábado, 5 de enero de 2013

QUIERO SER UN REGALO DE REYES



¡Quiero ser un regalo!

Padre bueno, que nos amas y nos buscas,
te doy gracias por todos tus regalos.
Gracias por la vida y la familia,
gracias por la fe y por la comunidad,
gracias por los testimonios de coherencia y amor,
y gracias por Jesús, tu Hijo, nuestro hermano.

¿Cómo puedo corresponderte, Padre?

En lugar de recibir hoy un regalo
yo quisiera llenar el mundo de regalos,
regalar mi disponibilidad a los vecinos,
regalar tiempo y dedicación al evangelio.

Quiero darme gratis y por entero,
mi compañía a los que se sienten solos,
mi sonrisa a los deprimidos,
mis cosas a los necesitados.
Padre bueno, soy don tuyo y por entero,
ayúdame a ser don tuyo para todos.

http://cartujoconlicencia.blogspot.com.es/2012/01/epifania-o-la-llegada-de-jesus-incluso.html

jueves, 3 de enero de 2013

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - RELATO DESCONCERTANTE


Epifanía del Señor (C) Mateo 2, 1-12
RELATO DESCONCERTANTE
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.
Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad.
En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.
Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de "los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo". Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.
Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.
El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede "crucificar" a quien trae liberación.
Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.
Al llegar, lo único que ven es al "niño con María, su madre". Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.
El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida. 
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

miércoles, 2 de enero de 2013

IGLESIA INCLUSIVA, POR CORTÉS


EL NOMBRE DE JESÚS


Jesús, es su nombre.

Florencio Salvador Díaz Fernández
Estudiante de Teología Cristiana

¡Oh Dios, Señor nuestro, qué admirable es tu nombre por toda la tierra!
(Salmo 8)
En el versículo treinta y uno del capítulo primero del evangelio de Lucas, queda claro que el mismo Gabriel de parte de Dios, le comunica a María que a su hijo ha de ponerle Jesús. Ante el gran proyecto en el que María se adentraba, con sus pros y sus contras, probablemente la joven Nazarena no presto importancia a la exigencia de Dios, de que su hijo se llamara de tal forma. 

Sin embargo, “el nombre de una persona era, para los judíos, un asunto mucho más importante de lo que es para nosotros. No era la mera designación de la persona. Para los israelitas, el nombre de una persona expresaba lo que en realidad era aquella persona, su misión y su destino en la vida” (J.Mª.Castillo). Como todo en la biblia o -mejor dicho- como corresponde al criterio del creador; Dios le puso a su hijo el nombre de Jesús con un sobrado fundamento. 
“El nombre de Jesucristo, ha venido a ser piedra angular, […] pues no se nos ha dado a los hombres ningún otro nombre debajo del cielo para salvarnos". (Hch 4,10-12) Aun a pesar de estas palabras, el nombre de Jesús era de uso corriente entre los judíos de entonces, que conservaron este nombre común hasta mediados del siglo II.de C. Sabemos este dato por las crónicas conservadas de Flavio Josefo, historiador judío nacido en el año 37 d.C, que anota en sus escritos al menos a veinte hombres con los nombres de Josué o Jesús. 
El nombre de Jesús es una derivación hebrea del nombre de Josué –personaje histórico que acompaño a Moisés en la liberación de Israel en torno al 1370 a.C- y como tal significa lo mismo. “Yosue”, “Yeshúa”, “Yeshú”, Jesús. En su origen etimológico original significa “Yavhé ayuda” o “Yavhé ayude”, aunque la etimología popular de la biblia lo reinterpreto por “Yhavé salva” o “Dios salva”. 
Este mensaje quedo igualmente plasmado en la comunicación del ángel a José, cuando en sueños le advirtió que Jesús sería el salvador de su pueblo (Mt 1,21). Desde esta perspectiva, es fácil entender que tanto Jesús como sus familiares, son bíblicamente asimilados por aquellos otros que conformaron el grupo por medio del cual Israel se salvo de la opresión. 
En aquellos entonces se salvaron unos, y ahora son otros los salvados aunque del pecado. Y en esta nueva etapa inaugurada por Jesucristo, encontramos que hasta el siglo doce no tiene el nombre de Jesús, una evocación particular y establecida en la vida de la comunidad cristiana. Fue nuestro seráfico padre Francisco de Asís (s.XIII), el que comenzó la representación de los portales de Belén y así mismo, fue el precursor de la celebración del nombre de Jesús en la iglesia católica. 
Aunque en las comunidades cristianas se veneraba el nombre de Jesús de manera común y privada, esta celebración llega a establecerse en la litúrgica católica en el 1530, cuando SS. Clemente VII concede por vez primera a la orden de frailes menores la celebración del Oficio propio del Santísimo Nombre de Jesús, los días tres del mes de Enero. Un nombre para celebrar que nos sabe a dulce. 
Un nombre que pertenece a una insigne persona, que si por algo llamo la atención de sus contemporáneos, fue precisamente por no ser insigne, ni digno judío, ni persona a considerar salvo por la revolución del amor, planteada como columna vertebral del Reino de Dios. Aun así, hijo predilecto y de Dios, ni más ni menos. Desde los orígenes de Jesús, se advierte la transformación a llevar a cabo por este en el judaísmo de entonces. Jesús advierte, te salvaras si amas y no si cumples la ley como anteriormente. 
Jesús llama a Dios papá, y lo hace con una sensibilidad de hijo que está patente en las escrituras. Todas estas singularidades y muchísimas otras, hacían de Jesús una persona extraordinaria. Repito, una persona. Y como toda persona por su nombre se le conocía, junto al sobrenombre del origen del nacimiento que en el caso de Jesús fue la aldea de Nazaret. 
Nadie llamaba a Jesús con títulos celestiales o estrafalarios. Jesús, ven o Jesús adiós. Era un hombre. Y para los que vivieron junto a él, una persona; excepcional, pero una persona. Sin embargo, lo que para nosotros hoy en día es corriente, respecto de la humanidad de Jesús –aunque nos cueste un poquito situarnos-; en otras épocas tuvo su controversia, ya que fueron muchos los que argumentaron en los primeros tiempos la única naturaleza divina de Jesús. 
En el siglo V, nació el monofisismo; corriente absolutista en la iglesia que defendía el único origen divino de Jesús el hijo de Dios. El monje Eutiques fue el principal de sus impulsores, que llego a recibir personalmente y sus discípulos posteriormente, varios anatemas y escritos reprobando sus tesis absolutistas. Jesús es Hijo de Dios, pero vino al mundo como hombre en todos los sentidos excepto en el pecado original. Y esta dualidad “divinohumana”, es la que confesamos desde el concilio de Calcedonia (451 d.C), que sentó las bases del credo de Nicea. 
El trece de Junio del año 449, se dicta una carta conciliar contra el monofisismo, enviada a Juliano de Cos en la cual se argumenta: “aunque fue concebido y nació sin concupiscencia, su carne -non alterius tamen naturae erat eius caro quam nostrae- no era de naturaleza distinta a la nuestra”. Por ello aquí nos podemos preguntar, al mirar los ojos de esa persona que alberga el Dulce Nombre; ¿qué me separa de ti, buen Jesús?, ¿qué dificultad encuentran mis oídos para que el susurro de tu palabra llegué a mí? ¿Acaso como el monje Eutiques me afano en mirar al cielo para pedir iluminación desde arriba, cuando tú estás cansado de pasar junto a mi lado, en esta humanidad que junto a nosotros compartes? 
Mis muy queridos hermanos y hermanas, os aseguro que Jesús no nos dijo en balde aquello de: “el que dé de beber a uno de estos pequeñuelos tan sólo un vaso de agua fresca […], os aseguro que no perderá su recompensa" (Mt 10,42). Hagámonos dignos del nombre de Jesús. 
Abrámonos a un nombre que “resuena en nuestro oídos como misericordia, perdón, porque su voz es dulce y su rostro bello. Es fundamento de la fe mediante el cual somos constituidos hijos de Dios” (San Bernardino de Siena, sermón 49). 
Este nombre de Jesús nos crea compromiso, nos planta en un mundo en el que como cristianos seremos los ojos y manos de Dios ante muchos, que en nosotros debieran ver el rostro del Padre y el sentido fraternal, de aquella excelente persona que reina en los corazones y cuyo nombre sabe a dulce, ¡Jesús!.

Autorizo la difusión de este texto, citando su procedencia.

lunes, 31 de diciembre de 2012

PLEGARIA PARA COMENZAR EL NUEVO AÑO


Dios y Padre bueno, que nos amas y nos buscas.

En esta plenitud de vida que vivimos, al mirarnos profundamente a los ojos en el comienzo del año te damos gracias, pues al mundo en que vivimos, nos enviaste otorgándonos tu vida y tu dignidad.

Nos dijiste, que proclamáramos un mensaje de esperanza, de anhelo, de felicidad y alegría. Un mensaje que se hace materia en el ser humano, causa última y definitiva obra de tu amor a la humanidad.

Un amor, que se hace efectivo cuando entre las personas que se aman, nace el sentimiento reciproco de fecundar ese amor de Dios y de los hermanos, en todos aquellos que junto a nosotros se relacionan.

En Jesús, tenemos un ejemplo vivo, de lo que es aceptar el mensaje de tu reino y por tu reino. Un reino en el que se exige el servicio y la fraternidad, como eje central de la vida en convivencia, y aspiración suprema a la permanente esperanza a la que nos llamas.

Que seamos responsables, Padre bueno, para saber estar en el mundo y saber ser personas humanas, fraternas, comprensivas, respetuosas con el medio que nos rodea y las vidas que nos rodean, en esta etapa complicada de nuestra historia. 

Pues todos estos valores sembrados por nuestra parte en el mundo, son la mejor garantía para que los que viven junto a nosotros, sigan nuestros pasos; al menos contando con un Padre que por medio de su Espíritu, les anima y empuja a vivir una vida sencilla, plena y sin demasiados condicionantes.

Ayúdanos Señor, a buscar la plenitud de la felicidad a toda costa, para poder disfrutarla y compartirla con las personas.

Que seamos fabricantes de sonrisas y esperanzas. Que consideremos que cada vida es digna y libre, pues todos participamos de tu propia dignidad al crearnos.

Que en el presente año nos sintamos, como personas dignas, abrazados por tu amor. Envueltos por tus brazos de vida y experiencias, para poder afrontar nuestra existencia con humanidad cristiana.

En ti Padre de amor confiamos. Con ayuda de la virgen María la humilde de Nazaret, lo conseguiremos.

Floren Salvador. (Estudiante de Teología Cristiana)

TRISTEZA EN FIN DE AÑO.


TRISTEZA EN FIN DE AÑO

Entiendo que quienes me conozcan les cueste creer esto, pero es así. Acaban de preguntarme en la puerta de la tienda, como acabo el año y bueno, mi cara ha sido un poema. Calan en mi espíritu las adversidades de las personas, el desanimo colectivo, el saber de gente cercana que lo está pasando muy mal.

¿Qué cenar esta noche, Señor y Padre bueno? No seré hipócrita, cenaré desde luego. Pero si por mí fuera, despejaría de la mesa todo alimento o utensilio -que sin ser vehículo para la alegría-, se salga de la normalidad de un día cualquiera.

Estamos de acuerdo en que mis sobrinos se merecen la alegría y nosotros también nos la merecemos; pero hoy siento un poco mi alma comprimida y solo se me ocurre implorar al cielo –para no perder la costumbre- y pedir que el 2013 sea mejor.

Para rematar el asunto, pasan una parejita graciosísima de gitanitos por casa, con un gran equipo de música y tocan melodías navideñas. Y entonces es cuando en la soledad de la trastienda mis lágrimas han brotado, hasta causarme el desahogo necesario.

No me quejo de 2012, al contrario. He tenido con los míos  trabajo y salud, hemos sorteado dificultades. Espero al menos que 2013, no arranque de nosotros y de la sociedad las entrañas de misericordia que Dios nos transmite.

Somos humanos y no debemos dejar de aflorar la solidaridad efectiva y el sentido humanitario de la vida.
Amémonos, pues. Todo lo posible. Estemos juntos en cada envite, pues los brazos unidos pueden más que mil batallas juntas.
Cuando pasee esta tarde por el campo, estaré mejor.
De momento, sigo con ganas de llorar.
Feliz 2013.
ABRAZOS DE FLOREN.

REFLEXIÓN JUVENIL DE FIN DE AÑO

"No somos una generación perdida"
REFLEXIÓN DE FIN DE AÑO

MONTSE GIRBAU, mgirbau@jesuites.net BARCELONA.

Este es el clamor de un grupo de jóvenes que forman parte de la llamada generación perdida: la mejor preparada de la historia de nuestro país y, al mismo tiempo, la que está sufriendo una precarización laboral más despiadada. Ellos firman la reflexión de fin de año del centro de estudios Cristianisme i Justícia.
Hacen un análisis lúcido de la situación que estamos viviendo, reconociendo los errores, denunciando la creciente desigualdad social y declarando su compromiso de trabajar para transformar esta realidad. “No queremos ser una generación perdida”, afirman, huyendo de la etiqueta que a menudo se utiliza para referirse a los jóvenes de esta franja de edad.
Se definen como “hijos de la bonanza”, de una sociedad mercantilizada donde la democracia se ha ido diluyendo en individualismo y reconocen que “en algún momento de este proceso dejamos de pensar qué modelo de sociedad queríamos porque no lo creímos necesario y el totalitarismo de la indiferencia empezó a hacer presencia en nuestras vidas”. Pero ahora aseguran que “nos han quitado la venda de los ojos” y ahora constatan el déficit democrático, el desprestigio de las instituciones políticas, la polarización ideológica que dificulta el diálogo, los riesgos del absolutismo de la técnica y una creciente superficialidad que invade todos los ámbitos de la vida.
Una llamada a la fraternidad y a trabajar por lo común
Frente a esto denuncian el desmantelamiento del Estado del Bienestar, que está provocando un aumento de las desigualdades sociales y advierten que la crisis “igual que ha producido una ola de solidaridad, está alentando la aparición de un nuevo fascismo social” que puede ser una amenaza a la convivencia y a la democracia.
Constatan como la mercantilización y la superficialidad “nos ha empobrecido como sociedad y como personas, nos ha hecho perder conciencia de nuestra influencia y responsabilidad en la sociedad”. En su reflexión, estos jóvenes consideran que es necesario recuperar la presencia de la ética en la economía y recuerdan que “existe un uso inofensivo y un uso prudente del dinero, pero no un uso inocuo”. También reivindican la figura del pensador, del humanista y reclaman “profundidad y rigor intelectual a todos los niveles de la sociedad”.
A pesar del desconcierto que provoca encontrarse en un cambio de época, enfrentándose a la “imposibilidad de lograr muchos de los proyectos personales y comunitarios con que nos habían enseñado a soñar”, este grupo de jóvenes se niega a formar parte de una generación perdida. “Sentimos la necesidad de encontrar vías de implicación en la recuperación de ciertos valores y una visión humanizadora del mundo”, dicen. Y ponen como ejemplo esperanzador, las “iniciativas locales de carácter colectivo y transformador que son anticipaciones de un futuro que está por venir”.
Su manifiesto quiere ser una llamada a la esperanza. En él se comprometen e invitan a recuperar la fraternidad y a trabajar para lo común, combatir el individualismo y la indiferencia, y cuidar la persona en su integridad.
Este documento lo firman un grupo formado por 13 jóvenes entre 25 y 35 años. Hacen su reflexión desde su condición de jóvenes cristianos, desde la convicción que “el cristianismo de hoy debería ser una utopía entusiasmadora”. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


sábado, 29 de diciembre de 2012

FAMILIASSSSS CRISTIANAS

Que sencillo sería admitir Familias Cristianas y NO Familia Tradicional Cristiana.
Lo reconozco, cada vez me chirría más este día de la familia que proclama la Iglesia, para bendecir a "las familias heterosexuales", bien definidas por esa identidad de género. 

Esto indudablemente es una acepción de personas, se bendice algo en detrimento de otro algo.
En fin, yo entiendo por familia, amistad y acogida. Quien entienda tradición y autoridad, les digo que mi familia es completamente estable y poco o nada sabemos de autoritarismos.
Para una iglesia que dice ser reflejo del de Nazaret, no pega el reducir esta día a la pobreza de solo unos pocos.
Es cierto, cada vez me creo menos estas historias eclesiastica, pero ya que estamos, benditas sean todas y cada una de las familias, tanto las que creen en Jesús, como las que no creen, pero son buenas personas y viven en el amor.
Buen fin de semana.
atte. Floren Salvador.

Notas mas amplias sobre este día: http://cartujoconlicencia.blogspot.com.es/2011/12/tu-familia-mi-familia-sus-familias.html

jueves, 27 de diciembre de 2012

APROPIACIÓN DE LO AJENO (GS 69), POR CORTÉS


SAGRADA FAMILIA - ORACIÓN


Fiesta de la Sagrada Familia Jesús, María y José




+.En el nombre del padre del hijo y del ...
-lectura de monición por un laico y seguidamente...

*Poema para comenzar la eucaristía.
Un día más o menos en familia
         Sobre la mesa están el agua, el vino,
         los cubiertos, el pan, la loza nueva.
         Hoy ha salido el sol y, en cuanto funde
         la mucha nieve –sucia ya de ayer-,
         acaricia el blancor de los manteles
         y arranca chispas del cristal.
         Llegamos ante la mesa familiar y, mudos,
         vamos tomando asiento:
cinco seres de Dios,
en esta casa que ahora empieza
a conocernos y a ser nuestra
- un hombre, una mujer, tres hijos-,
silenciosamente,
vamos cumpliendo un viejo rito,
uniendo nuestros claros eslabones
a la cadena del vivir.
Aroma la hierbabuena,
cuando voy sirviendo, humeante la sopa.
Tomo luego un pedazo de pan y,
mientras gozo repartiendo, digo:
“Dios, bendice este techo, esta mesa, este alimento,
este poco de lumbre y este mucho amor”.
Y es una música celeste el leve son
que inician las cucharas.
Esta es la grandeza de saber compartir.
                                                                  (Carlos Murciano)

Y sigue el sacerdote diciendo:
            Hermanos, como familia unida que somos y unidos a todas y cada una de las familias que pueblan el mundo; sin importar de que clase social, etnia, genero o condición determinada; reconozcamos ante Dios nuestro padre y ante nuestros hermanos todos nuestras faltas y pecados. Respondemos: te pedimos perdón, Señor.
         Por el cinismo de nuestras relaciones humanas...
         Por la doble personalidad con que actuamos...
         Por la dureza de nuestros juicios implacables...
         Por no implicarnos en lo social para mejorar el mundo...
         Por ser cobardes a la hora de ser cristianos...
         Por nuestras escasas relaciones contigo...
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Alabemos ahora la grandeza de Dios diciendo todos unidos:
         Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los ahombres que...

Oración colecta en el libro de la sede.

*Para bendecir el pan y el vino(Leemos todos)
        Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del universo,
            que haces brotar espigas en los campos de trigo
            y racimos de uva en los llanos y recuestos.  
Gracias a tu bondad, no nos falta el alimento.

Tú nos sacias con pan y vino,
fruto del trabajo compartido por el hombre y la mujer.
Bendito seas porque nos has dado la vida,
nos la conservas y a todos das sustento.

Éste es el pan de cada día,
extraído de los granos de trigo
para que los comensales lo saboreen
sabroso, crujiente, partido y repartido.

El sacerdote mantiene el pan elevado ante el pueblo 
mientras dice con la comunidad:
Éste es el pan de los pobres, pan de vida,
sólido en su firmeza, tostado por el fuego,
comparable a nuestros cuerpos.
Bendito seas, porque el pan es comida de hermandad,
festín nupcial de los que buscan la verdad.
Bendito seas por siempre, Señor.

El sacerdote mantiene el cáliz lleno de vino elevado ante el pueblo
mientras dice con la comunidad
Éste es el vino extraído de los granos de uva
para que los comensales lo beban
como signo de triunfo, alegría y esperanza.
Es vino del Espíritu, comparable a la sangre.
Bendito seas por permitirnos renovar la nueva alianza
y jalonar los días de trabajo con fiestas anticipadoras
de un banquete de bodas, con cantos y danzas.
Bendito seas por siempre, Señor.

Después de la comunión se da lectura a la siguiente oración
*Oración a Stma. María reina de la familia.
Santísima Virgen María, hija de Dios padre, madre de Dios hijo y esposa del Espíritu Santo. A ti acudimos para que nos ayudes a dar gracias a Dios por el don de la familia. Ayuda a los esposos, da fortaleza a los padres, protege y guía a los hijos. Para que con tu esposo San José y tu Hijo Jesucristo, seáis para la familia cristiana luz y aliento en las dificultades, esperanza y alegría en los momentos de felicidad. Que todos los días de nuestra vida sirvan para bendecir a Dios y darle gracias por tu Hijo y hermano nuestro Jesucristo. Amén.
Nuestra Señora de los hogares, ruega por nosotros


Parroquia de San Sebastián
Delegación de Liturgia. Domingo Infraoctava de Navidad

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - UNA FAMILIA DIFERENTE

UNA FAMILIA DIFERENTE

Sagrada Familia (C) Lucas 2, 41-52
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA, 26/12/12.- Entre los católicos se defiende casi instintivamente el valor de la familia, pero no siempre nos detenemos a reflexionar el contenido concreto de un proyecto familiar, entendido y vivido desde el Evangelio. ¿Cómo sería una familia inspirada en Jesús?
La familia, según él, tiene su origen en el misterio del Creador que atrae a la mujer y al varón a ser “una sola carne”, compartiendo su vida en una entrega mutua, animada por un amor libre y gratuito. Esto es lo primero y decisivo. Esta experiencia amorosa de los padres puede engendrar una familia sana.
Siguiendo la llamada profunda de su amor, los padres se convierten en fuente de vida nueva. Es su tarea más apasionante. La que puede dar una hondura y un horizonte nuevo a su amor. La que puede consolidar para siempre su obra creadora en el mundo.
Los hijos son un regalo y una responsabilidad. Un reto difícil y una satisfacción incomparable. La actuación de Jesús, defendiendo siempre a los pequeños y abrazando y bendiciendo a los niños, sugiere la actitud básica: cuidar la vida frágil de quienes comienzan su andadura por este mundo. Nadie les podrá ofrecer nada mejor.
Una familia cristiana trata de vivir una experiencia original en medio de la sociedad actual, indiferente y agnóstica: construir su hogar desde Jesús. “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Es Jesús quien alienta, sostiene y orienta la vida sana de la familia.
El hogar se convierte entonces en un espacio privilegiado para vivir las experiencias más básicas de la fe cristiana: la confianza en un Dios Bueno, amigo del ser humano; la atracción por el estilo de vida de Jesús; el descubrimiento del proyecto de Dios, de construir un mundo más digno, justo y amable para todos. La lectura del Evangelio en familia es, para todo esto, una experiencia decisiva.
En un hogar donde se le vive a Jesús con fe sencilla, pero con pasión grande, crece una familia siempre acogedora, sensible al sufrimiento de los más necesitados, donde se aprende a compartir y a comprometerse por un mundo más humano. Una familia que no se encierra solo en sus intereses sino que vive abierta a la familia humana.
Muchos padres viven hoy desbordados por diferentes problemas, y demasiado solos para enfrentarse a su tarea. ¿No podrían recibir una ayuda más concreta y eficaz desde las comunidades cristianas? A muchos padres creyentes les haría mucho bien encontrarse, compartir sus inquietudes y apoyarse mutuamente. No es evangélico exigirles tareas heroicas y desentendernos luego de sus luchas y desvelos.

lunes, 24 de diciembre de 2012

FELIZ NAVIDAD


ATTE. Floren, (Cartujo con licencia propia)

AMOR SOLIDARIO, PARA NAVIDAD


SOLO EL AMOR SOLIDARIO NOS CAMBIARÁ
Mensaje de Navidad
MONJAS BENEDICTINAS, PALACIOS DE BENAVER (BURGOS).

Sobre el mundo se ha acumulado tanta injusticia y sufrimiento que una, sin ser directamente culpable, se siente, a veces avergonzada simplemente de vivir, de poder comer, de tener un techo donde cobijarse, es decir, de llevar  una existencia mínimamente normal a la que deberíamos tener acceso todos.
Pero, ¿quién piensa hoy de verdad en los demás? Es inmoral instalarnos en el propio bienestar sin acordarnos de los pobres, de los que sufren cualquier tipo de exclusión, de los más desfavorecidos, de los que han sido castigados por la adversidad. Por desgracia esta actitud es hoy muy general.
La lucha por la vida y el ambiente materialista y consumista, el individualismo imperante nos han endurecido el corazón, nos han hecho insensibles al sufrimiento ajeno. Si nuestra época se distingue de las anteriores es, sobre todo, por la pérdida del sentido de fraternidad  y de solidaridad aunque se hable mucho de ella. Siempre encontramos motivos para justificar nuestros egoísmos y  nuestra insensibilidad.
Nadie, por supuesto, es personalmente responsable de todo lo que acontece en este mundo pero, de alguna manera, todos somos más o menos cómplices. Creo que el primer acto de egolatría está en considerarnos inocentes y creer que tenemos derecho a gozar de nuestro bienestar sin preocuparnos de los que padecen hambre, de los que han sido arrojados a la cuneta.
Están ya próximas las fiestas de Navidad y, mientras muchos de nosotros, inmerecidamente y gratuitamente, nos disponemos a celebrar la venida de Jesús al mundo en la abundancia, en el despilfarro, en el bullicio de la fiesta, entretenidos con las compras, los regalos, los preparativos de las cenas…, junto a nosotros habrá  hermanos y hermanas que pasan hambre, que no tendrán en  su mesa ni siquiera lo más imprescindible para satisfacer sus necesidades. Otros muchos sufrirán los azotes de la guerra, de la emigración, de la marginación, de los desahucios, de la enfermedad….
Ante tal situación ¿tiene todavía sentido el mensaje de la Navidad? Si Dios ha venido al mundo ¿por qué todo sigue exactamente igual? ¿A qué viene celebrar el nacimiento de Jesús intercambiando deseos de paz, de alegría y fraternidad si el mundo seguirá tan mal como siempre?
En realidad son preguntas que tocan la raíz de nuestro ser de creyentes. ¿Creemos de verdad que Dios es realmente el Salvador que viene a liberarnos de la opresión, a devolvernos la libertad, a romper las cadenas del pecado?, ¿estamos convencidos de que el Señor camina a nuestro lado pues es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros que ha entrado en nuestra historia para compartir a fondo nuestras luchas y esfuerzos, para sostenernos en nuestro caminar?
Los que creemos en Jesús de Nazaret sabemos que este mundo puede cambiar, que Él puede hacer que las espadas se conviertan en arados y las lanzas en podaderas, que es posible que los hombres y mujeres vivamos en paz, que los bienes de la tierra sean compartidos entre todos. Sin embargo, no cambiará sólo con protestas, lamentos y críticas estériles. Cambiará si todos nos comprometemos en una lucha solidaria; si somos capaces de apagar nuestros egoísmos, nuestras ambiciones, nuestra pasividad ante los abusos e injusticias; si llegamos a hacer  del amor el centro de nuestra vida y  el motor de nuestros impulsos; si nos atrevemos a creer que todo hombre y toda mujer es nuestro hermano/a.
Sólo el amor puede hacer que cambien muchas cosas, y el mundo entero está necesitado de amor, sediento de amor. El amor  es el único remedio para cambiar los males que nos aquejan y de los que todos somos, de alguna manera, culpables. Sólo el amor nos puede llevar a la solidaridad. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


jueves, 20 de diciembre de 2012

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - MUJERES CREYENTES


4 Adviento (C) Lucas 1, 39-45
MUJERES CREYENTES
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

Después de recibir la llamada de Dios, anunciándole que será madre del Mesías, María se pone en camino sola. Empieza para ella una vida nueva, al servicio de su Hijo Jesús. Marcha "aprisa", con decisión. Siente necesidad de compartir su alegría con su prima Isabel y de ponerse cuanto antes a su servicio en los últimos meses de embarazo.

El encuentro de las dos madres es una escena insólita. No están presentes los varones. Solo dos mujeres sencillas, sin ningún título ni relevancia en la religión judía. María, que lleva consigo a todas partes a Jesús, e Isabel que, llena del espíritu profético, se atreve a bendecir a su prima sin ser sacerdote.

María entra en casa de Zacarías, pero no se dirige a él. Va directamente a saludar a Isabel. Nada sabemos del contenido de su saludo. Solo que aquel saludo llena la casa de una alegría desbordante. Es la alegría que vive María desde que escuchó el saludo del Ángel:"Alégrate, llena de gracia".

Isabel no puede contener su sorpresa y su alegría. En cuanto oye el saludo de María, siente los movimientos de la criatura que lleva en su seno y los interpreta maternalmente como "saltos de alegría". Enseguida, bendice a María "a voz en grito" diciendo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre".

En ningún momento llama a María por su nombre. La contempla totalmente identificada con su misión: es la madre de su Señor. La ve como una mujer creyente en la que se irán cumpliendo los designios de Dios: "Dichosa porque has creído".
Lo que más le sorprende es la actuación de María. No ha venido a mostrar su dignidad de madre del Mesías. No está allí para ser servida sino para servir. Isabel no sale de su asombro. "¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?".

Son bastantes las mujeres que no viven con paz en el interior de la Iglesia. En algunas crece el desafecto y el malestar. Sufren al ver que, a pesar de ser las primeras colaboradoras en muchos campos, apenas se cuenta con ellas para pensar, decidir e impulsar la marcha de la Iglesia. Esta situación nos esta haciendo daño a todos.

El peso de una historia multisecular, controlada y dominada por el varón, nos impide tomar conciencia del empobrecimiento que significa para la Iglesia prescindir de una presencia más eficaz de la mujer. Nosotros no las escuchamos, pero Dios puede suscitar mujeres creyentes, llenas de espíritu profético, que nos contagien alegría y den a la Iglesia un rostro más humano. Serán una bendición. Nos enseñarán a seguir a Jesús con más pasión y fidelidad.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

FALSEDAD EN LA VERDAD ECLESIÁSTICA


Falsedad en la Verdad Eclesiástica
Florencio Salvador Díaz Fernández
Estudiante de Teología Cristiana

Hoy soy participe de dos circunstancia distintas, que a su vez tienen un nexo de unión; la Hipocresía de la Verdad Eclesiástica. Y diferencio algo. 

Verdad Eclesiástica es la de los obispos y los jerarcas católicos. La Verdad Eclesial por el contrario, es la Verdad del pueblo, la verdad de la vida y de la gente. La verdad de quienes son objeto de la sensibilidad de Jesús y fundamentan su verdad en la vida, sin preocuparse por sentar cátedra o escribir una excelente y teologal homilía. Comienzo por la primera circunstancia. 



Hace unos días escuche al rosado obispo portavoz de la CEE (Conferencia Episcopal Española), referirse al contento de los obispos con la reciente resolución del gobierno para con la asignatura de religión. ¿Qué persona que puebla España, no advirtió que la Iglesia Católica Española se alegró más que nadie, del triunfo del Sr. Rajoy? ¡Bien me lo fiáis!, pudiéramos decir. 

El caso es que inmediatamente recordé varias opiniones al uso del tema, una de ellas de un sacerdote cercano y otra de una conocida profesora de religión. El sacerdote es categórico, al admitir que la escuela no es el lugar idóneo para enseñar religión específicamente católica, y menos aun para ser el primer arranque del proselitismo católico. Digo yo, que si tanto apuestan los obispos por la “familia Tradicional”, poca confianza le otorga sin embargo, al no fiarse de ella para transmitir exclusivamente y con la ayuda de la parroquia la esencia de la fe. A esto se le llama en mi pueblo, adoctrinamiento. 

La segunda opinión admite con la boca demasiado chica, que nunca ha obtenido el profesorado de religión tantos derechos, como con el otrora presidente Zapatero. Antes de este, cotizaban a la seguridad social por horas lectivas. Tenían un sueldo muy escueto pagado por el estado. Los docentes como en la actualidad, son elegidos a dedo por el obispo diocesano (ordinario del lugar). En algunas diócesis –valga el ejemplo pasado de las islas Canarias- se les devenga un porcentaje del sueldo a modo de “regalo para el obispo”; especie de un óbolo obligatorio a los pobres profesores. Y admite la profesora, que cada cierto tiempo acude al seminario del centro educativo donde enseña, una especie de inspector que adoctrina a los profesores, sobre la orientación de la moral a enseñar y lo que deben de inculcar al alumnado, -nombra el condón, aborto, el asco a los matrimonios gay, etc- según las orientaciones de la CEE. 

Esto, apreciado/a lector/a, es un escándalo de tamañas dimensiones, que luego de saber la certeza de estos testimonios a algunas personas me dicen que se les quita la gana de casi todo a lo que huele a curas en el sentido más peyorativo de la palabra (admiten estos). Y que me disculpen por estas afirmaciones –por amor de Dios- los buenos curas, que son buenas personas antes que buenos curas.

La segunda circunstancia, es que esta mañana saludo y beso por la calle a una señora mayor, amiga, educada y muy buena persona. Esta mujer es una mujer de mucha generosidad y puntal esencial para los miembros de su familia. Resumo al decir que parece que está superando una depresión. Según ella, el mérito no es del todo de ella, sino que el Señor le ayuda –me dice-. 
Yo le confirmo sus palabras y le digo que es así, porque ella lleva a Jesús en su corazón por medio de muchas cosas, entre ellas la generosidad. En un momento de su vida en el que estaba muy enferma y consternada por ciertas cosas, un hombre cercano a ella y católico recalcitrante le dijo que: “Dios te manda la enfermedad para castigarte por tus ideales”. Porque es una mujer de izquierdas. 
Y esto le causó a ella tamaño temor, que a día de hoy aun no acaba de superarlo. Tal es así, que ella se pregunta si ciertos aspectos de las relaciones personales de algunos miembros de su familia, que no están –por decirlo de alguna manera- sujetos a la tradición, son objeto de la ira y el castigo de Dios.

¡Esto es otro escándalo! Como escandaloso fue en su día, escuchar al hoy monseñor Mazuelos hablar durante 45 minutos sobre la cultura de la muerte relativa a la sociedad, aun cuando la iglesia ha culturizado en la muerte a millones de hijos que han pasado de largo por el misterio de la resurrección (valga el ejemplo anterior). Sin culpa de ellos, sino por ignorancia general básica, ya que se les ha denegado desde la Iglesia el acceso al conocimiento libre, la libre formación y la búsqueda de la Verdad libre subjetiva y concreta de cada individuo.

El evangelio del domingo nos habló de generosidad y de vida (Lc 3,10-18). Nos dice que en la vida el compartir es el mejor cauce para hallarse ante los ojos de Jesús. Nos habla de vida, de un Espíritu de la vida, que será el garante de la propia vida, pues con Él y ante Él, seremos personas sin dobleces ni mentiras. Seremos personas de verdad. Pero, ¿qué verdad amigos y amigas? ¿La del pueblo, la del grupo, la de los obispos, la de tal o cual pascual? “El hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre” (Vat II. GS 16). ¿Anulamos nuestra conciencia para dejarnos guiar por tal o cual?

Creo que no, que debemos mantenerlos lúcidos y coherentes en el pensar y en el vivir, mientras nuestra senda sea la de la felicidad. Esta Navidad, somos muchas las personas que vamos a tener que hacer un acopio considerable de generosidad, para tener buenos deseos para con la jerarquía eclesiástica. Hace días el Papa dijo que “los homosexuales ponen en peligro la paz mundial”. No se refirió el obispo de Roma, ni al hambre, ni a las armas “con cuyos bancos vinculados tienen planes de pensiones invertidos” (Tika Font), ni a la violencia de cualquier tipo. La homosexualidad, es lo que pone en peligro la paz mundial. 



¡Vaya Benedicto, haber empezado por ahí!

Llegará el día en que el papa y cada uno de sus funcionarios episcopales, nos pidan perdón por tanta injuria y daño que hacen a muchas personas, con la cantinela del sermón sexual, sea cual fuere la orientación a tratar. ¡Basta ya de falsedades! ¡Basta ya de utilizar el nombre de Dios para condenar a sus propios hijos y las vidas de sus hijos! 

Por incomprensible que sea, ni en Navidad paran estos señores de blanco y negro de plantar sus insidias junto a la letra del Evangelio para escarnio de esta. Luego nos hablan de oración. Bien, buena cosa es. 40 horas de adoración ante el santísimo para pedirle por la”S” familia”S”. ¡No! Por la familia tradicional. Señor te pedimos por las familias heterosexuales o tradicionales que lo pasan fatal. Las otras, que no son familias, no te puedo pedir por ellas.

¡Cuánta sensibilidad evangélica, cuanta fraternidad! ¡Cuánto ejemplo a seguir! ¿Verdad? Es que estos hombres, son el vivo reflejo de Jesús de Nazaret. ¿Le preguntamos si está de acuerdo a Resurrección Galera, la profesora de religión defenestrada en 2001 por el obispado de Almería, tras casarse con un divorciado?
Amigos y amigas, en esta Navidad intentaré convencerme, de que verdaderamente:
ESTA ES LA IGLESIA QUE QUISO JESÚS. ¡ja!