CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
Mostrando entradas con la etiqueta Domingo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Domingo. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de agosto de 2016

DIOS ES NUESTRO - FLASH DE LA PALABRA DE DIOS PARA EL FINDE. Domingo 19º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Dios es nuestro – flash de la palabra de Dios para el finde

Pero no acabamos de entenderlo ni de asumirlo en nuestra vida de creyentes. No me gusta  hablar de culpas, pero sí de responsabilidad. Desde un plano general, nunca se ha apostado por la formación ni por el estudio o el escudriñamiento de las escrituras. Sencillamente porque nunca les ha convenido a nuestros pastores –que nos quieren ignorantes-, ni al creyente en general; pues ponerse a ello supone un autentico dolor de cabeza y una implicación más intensa en el proyecto del “Reino”. 
Es mucho más fácil ir a misa el domingo –o cuando sea- y que el cura te ponga a parir y te diga que es lo que tienes que hacer. Todo esto es lo fácil, aquello a lo que se prestan un buen número de creyentes, a los cuales respeto. Lo difícil, considero yo que es el asumir que somos proyectos de Dios, cada uno de nosotros de manera individualizada; y teniendo esto claro aspirar a la comunidad desde un plano bastante general. 
"Lo único que hace verdaderamente hace falta para SER del Reino de Dios, es escuchar su palabra y aplicarla en el mundo con solidaridad y fraternidad, todo lo demás es absolutamente accesorio, todo."

No diré comunidad cristiana, pues eso hoy es día es puro reduccionismo, sino comunidad humana; pues un cristiano o un creyente hace falta en cualquier parte del mundo. Ojo, no para anunciar nada con aspiraciones de conquistadores, sino para testimoniar humanidad, que es de lo que auténticamente está necesitado el mundo. 
Este “finde” es intenso pues junto a la Liturgia de la Palabra del Domingo celebramos la transfiguración del Señor. Pueden ir la de la mano muy fácilmente las dos cosas. La transfiguración es una experiencia más del Jesús Resucitado que tuvieron los apóstoles. Es una situación épica, en la cual Dios da a Jesús plena autoridad para hablar en “SU” nombre y “SER” escuchado en su nombre; como garante absoluto del proyecto del Reino de Dios. 
Un Reino que está en ti y en mí, si así lo deseamos. Lo está por inercia, sin más. No cabe aquí decir que el Reino de Dios sea exclusivo de los bautizados, pues hay bautizados que dejan bastante que desear. Para ser del Reino, basta con querer serlo; y a posteriori ya se preocupará uno de desarrollar las actitudes propias del Reino de Dios en la vida de cada uno. 
Un Reino para el que Jesús nos advierte en el evangelio, que no debemos tener miedo. El miedo es propio de la condición humana, es algo que sentimos cuando peligra nuestra seguridad. Pero la seguridad máxima del Reino de Dios es la dignidad humana, la propia y la ajena. Y al respecto recibimos de Jesús un llamamiento concreto a vivir el miedo desde un plano ofensivo y no defensivo. 
El miedo puede paralizarte, pero sí que quedas estático –condición defensiva- te pierdes. Por el contrario Jesús nos llama a vivir el Reino de Dios desde la defensiva, afrontando así el miedo, la alegría y toda circunstancia positiva o negativa que se nos pudiera dar. 
Eso sí, una actitud defensiva desde el amor, el respeto y la fraternidad. El papa Francisco lo ha dicho hace unos días en Cracovia, “nuestra respuesta a un mundo en guerra se llama fraternidad”. Ojalá vivamos ampliamente nuestra condición de hijos e hijas de Dios, necesarios y precisos para Él que es la vida misma; el origen y sentido de todas las cosas. 
Un Dios que es fe consolidada y desde cuya fe se persevera (Hebreos 11,1-2.8-19). Un Dios que desde antiguo animó a los creyentes a estar en acción permanente escuchando Su Palabra y aspirando a la promesa de la esperanza, en cuya acción debemos colaborar (Sabiduría 18,6-9). Un Dios que nos ama y en la vida nos busca, y del que nos debemos sentir dichosos de que nos acoja en su corazón (Salmo 32), que es la vida misma del mundo. Amén.

Fraternalmente, Floren.

sábado, 19 de noviembre de 2011

EL REINO DE LO SOCIAL Y LO COMÚN A TOD@S

Tu Reino, Señor se hace presente

cuando se fomenta la justicia
y es respetada la libertad.
Cuando todos somos hijos tuyos,
los sueños se deletrean: amistad
hermanos, paciencia, caridad.

Tu reinado, Señor, viene a nosotros
siempre que el pueblo dispone
de sustento, vivienda, trabajo y sanidad.
Tú nos enseñas, por Jesús,
a vivir con dignidad la vida
y a festejarla en la fraternidad.

En tu reino, Señor, no caben privilegios
de quienes se creen el fruto de la espiga
en honor y dignidad.
Eres un Dios vivo,
enemigo de los ídolos humanos,
y no hay mayor cansancio que el tuyo,
Señor, ascendiendo a nuestra sed
de vanidades por un bosque de luz.

El reino que predicaste
llega casi de puntillas,
se revela y está escondido.
Es simiente que se esparce por los campos,
levadura que fermenta entre la masa,
luz que muestra el horizonte a los perdidos.

El Reino de Dios, según los evangelios,
es un banquete de bodas,
un adviento de ternura que reparte los panes
en las manos frágiles
de los que gozan detrás del corazón.
                                        Casiano Floristan
*  *  *  *  *

Reflexión

El Reino de Jesús es universal, pero se realiza en la historia y vida de cada persona. La dinámica propia del reino de Jesús es el amor preferencial por los pobres o desfav-recidos. Jesús formula este mensaje a través de las obras de misericordia porque lo que para él importa es el hombre en su situación de sufrimiento y opresión. No son los pobres, precisamente los que se sienten cómodos en nuestras asambleas. Por el contrario hay quienes creen que los que participamos en la Eucaristía somos los privilegiados de la sociedad. ¡Ignorantes!. ¿Acaso se puede dejar de lado las palabras del evangelio de hoy?(Mt25,31,46). No permitas que tu vivencia cristiana, pase sin haberle sacado el máximo de fruto. Cuando salgas de la asamblea, o acabes tu oración; que en tu corazón reine la misericordia. Tendrás que pedir cada día un corazón misericordioso. Más de una vez sentirás su dureza de piedra. Pero, poco a poco, milagro de Dios, ninguna persona te resultará indiferente pues te quedará la duda de si en ella, se te está presentando Dios.

 Solemnidad de Cristo Rey
Último Domingo del Tiempo Ordinario