CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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miércoles, 24 de julio de 2019

TODOS/AS SOMOS SEMBRADORES/AS


El evangelio de hoy (Mateo 13, 1-9) nos ofrece el texto del sembrador. Una narración épica en la cual se simboliza la productividad del mensaje de Jesús de Nazaret, en función del lugar (tierra) en el que caiga. Se va tirando la semilla y en unos sitios es fecunda, en otros medio fecunda y en otros no lo es en absoluto. 

Lo que más me interesa de este texto es la universalidad que representa, pues debemos tener algo muy claro, sobre todo los cristianos que puedan considerar que tienen la patente exclusiva de Cristo. Y es que Dios, nuestro Padre, al revelarse en Jesús se hace vida en el hombre y la mujer de cada tiempo y eso significa que el mensaje de Jesús no solo es de plena actualidad, sino que como tirada es  la semilla para que pueda ser fecunda, el mensaje de Jesús es ofrecido al mundo por medio de la Palabra de Dios. Se le puede acoger y se le puede negar y lo que se haga estará bien, aunque consideremos muy positivo para la vida del mundo, el mensaje de Jesús sin desvirtuar ni un ápice. SERVICIO, ACOGIDA, RESPETO, AMOR Y PAZ, por ejemplo.
Me maravillo leyendo a José Antonio Pagola y ver que no estoy loco del todo al considerar junto a este doctor en Sagrada Escritura que es muy posible participar de la expansión de los valores del Reino de Dios, siendo cristiano, participando de otra religión e incluso sin participar en creencia concreta; esa es la universalidad del mensaje de Jesús, pues bien dice Pagola que “el Evangelio no es una moral ni una política, ni siquiera una religión con mayor o menor porvenir”. El evangelio es un movimiento universal que impulsa al hombre y la mujer de cada tiempo a hacer lo mejor que sabe hacer en favor de la comunidad –humana-.
Las religiones tienen demasiadas cosas accesorias, como otros tantos ámbitos de la vida. Ojalá vayamos al meollo de la cuestión, nos centremos en mejorar la vida de la gente sin pasar ni de largo ni por encima de nada. Cualquier día se invierten los papeles y podemos ser nosotros el objeto de la consideración de los demás, y seguro que nos gustaría ser bien tratados. Esa es o puede ser la cuestión. Paz y bien. Abanico, gazpacho y hacer el bien, casi ná. Buenas tardes.
Fraternalmente, Floren.

sábado, 29 de septiembre de 2018

ABRAZAR


Quien me conoce sabe que soy de besos. Sí me gusta. Creo que es algo bonito y que demuestra y transmite el afecto y la ternura. Respecto del abrazo, pues hay personas que saben que me encanta un abrazo “apretao”. Recuerdo aquella experiencia en 2007 cuando en un monasterio del norte al despedirme de un monje al que conocí allí tras bastantes días de retiro, este me dijo: -Floren, ¿puedo pedirte algo muy especial? Claro, contesté. ¿Me puedes dar un abrazo? 

"¡Hay tanto cansancio en personas que nunca han recibido un abrazo por parte de la iglesia y que sin embargo escuchan decir a los obispos como deben de vivir!"

La pregunta me dejó noqueado durante unos segundos –por su profundidad-, pero no me lo pensé. Lo hice pausadamente pero me arrojé poco a poco a los brazos de aquel monje que luchaba por ser libre de cuerpo y mente y que encontró en nuestras conversaciones nocturnas un oasis donde confiar su vida y su situación. Sea como fuere quien abraza acoge, recibe, transmite energía y sosiego, protege y demuestra consideración pues al abrazar y al acoger damos un poco o un mucho de nosotros mismos. 

Al respecto de esto, me llamó particularmente la atención el ejemplo de Jesús de Nazaret cuando explica cosas del Reino de Dios cogiendo en brazos a un niño y ponerlo como ejemplo de la sencillez y la humildad necesaria para seguir sus pasos. Esta lectura nos la ofreció la liturgia el pasado domingo (Mc 9,30ss) y este fin de semana, de nuevo las lecturas traen su propia enjundia. 
En Números (cap.11) se nos habla del Espíritu de Dios que es transmitido de una persona a otra sin que tengan que tener en común nada concreto. El salmo 18 nos anima a ser humildes en nuestras vidas, la carta de Santiago (cap.5ss) nos advierte del riesgo de poner la felicidad en aquello que es superficial y no nos colma. Y en el Evangelio de Marcos (cap.9,38ss) Jesús hace un alegato por la universalidad de su persona y de su mensaje. 
Como dijo aquel, “a partir de aquí” podemos comenzar a pelearnos…jajaja, aunque no se trata de eso en absoluto. Reconocemos que esta última lectura causa incomodidad en muchas personas que se sienten distinguidas, ungidas, ordenadas, ministros eclesiásticos…etc. 
Los apóstoles quieren impedir que una persona que no pertenece a su grupo de seguidores de Jesús, haga el bien a los demás. Jesús no se lo piensa y los censura. Quien no está en contra nuestra está a nuestro favor. La situación es clara y contradictoria con la deriva que trae la Iglesia y la que desarrolla. Seguimos en el absurdo desarrollo de la pastoral de la obligatoriedad. 
La Iglesia no sabe ya hacer atrayente el mensaje de Jesús, triste y fundamentalmente porque no está legitimada desde sus pastores para hacerlo; porque son hombres que –en muchos casos- han politizado su labor de pastores viven como príncipes en palacios y sin mezclarse con la sociedad. 
El papa Francisco acaba de decir en Letonia: “Que todos sepan que estamos dispuestos a privilegiar a los más pobres, levantar a los caídos y recibir a los demás así como vienen y se presentan ante nosotros.” 
No le quito merito al papa, en absoluto. Pero los escándalos en EE.UU. Chile, Europa sobre abusos sexuales se suceden, dejando claro que los curas abusadores fueron encubiertos por los obispos que los trasladaron una y otra vez pero nunca los cesaron. Voy al meollo de la cuestión. 
Jesús abraza a aquel niño y a todo el mundo, sin preguntar los números de tu cuenta corriente, tu sexualidad o tu creencia. ¡¡ESA ES LA GRANDEZA DE JESÚS!! Que viene a servir, pero no solo a servir a los que le siguen. Su mensaje es universal y por eso abraza, desde una conciencia pacifica, social y justa. Con todo respeto, no quiero un abrazo que no sea sincero. No quiero un abrazo que huela a puñalada trapera. No quiero el abrazo de la iglesia si no está dispuesta a cesar a los delincuentes y hacerlos pasar por la justicia de los hombres. 
¿Cuántos sacerdotes hay que cesar o poner en la puerta de la calle, uno, cien o dos mil? Los que sean, pero toda la jerarquía eclesiástica debiera de tener muy claro según el evangelio de este domingo (Marcos 9,38ss), que incluso si nos quedáramos sin sacerdotes, la Palabra de Dios sera vivida, escuchada, atesorada y puesta en práctica por todas aquellas personas que vivimos nuestra creencia desde el obligado pragmatismo y no ya desde los fuegos artificiales, promesas de vida eterna o el “Ego te absolvo a peccatis tuis”, nooo. 

Incluso seguiremos celebrando la eucaristía y compartiendo los alimentos en el nombre de Jesús, como él nos enseñó a tod@s a hacerlo. Es así de sencillo aunque determinadas personas crean que solo se puede hacer bajo las normas establecidas por el misal romano. 
Miren ustedes, lo que menos le importaba y le importa a Jesús es el culto que hagamos o a quien se lo dediquemos mientras nuestra vida construya vida humana y posibilidades de vida digna. 
¡Hay tanto cansancio en personas que nunca han recibido un abrazo por parte de la iglesia y que sin embargo escuchan decir a los obispos como deben de vivir! Es tremendo poner la ley por delante de lo que para una persona es su ser natural. Recuerdo siempre a ese matrimonio de amigas y sus dos hijas. Ninguna de las cuatro son abrazas por la iglesia pues las madres son lesbianas. Pero las hijas de ambas, sí saben quién es Jesús de Nazaret. 
Un hombre al que merece la pena imitar porque según les enseñan sus madres, PASÓ POR EL MUNDO HACIENDO EL BIEN. Abracemos pues si es posible y dejémonos abrazar con sinceridad y acogida de por medio. Un abrazo enorme.
Fraternalmente, Floren.

viernes, 29 de diciembre de 2017

BELÉN: PARADA SIN FONDA - DOLORES ALEIXANDRE






(*) Belén fue solo un lugar de tránsito, una parada imprevista en el itinerario de los dos forasteros que buscaron refugio en una de sus cuevas. No lo habían elegido: se lo impusieron unas circunstancias inesperadas y no sabían que aquel lugar de estancia breve sellaría para siempre al que venía a estar entre nosotros como uno de tantos.
Y es que si iba a vivir sin tener donde reclinar la cabeza, más valía que se fuera acostumbrando. Si iba a moverse entre los que no tenían nada seguro, mejor que se hiciera pronto aprendiz de intemperies. Si iba a caminar expuesto y sin defensas, una cuadra era un buen lugar para ensayar esa extraña manera de vivir sin abrigo.
Si venía a buscar a los más olvidados, mejor que estuviera al alcance de los que se parecían tanto a la gente de los que se iba a rodear después. Si iba a poner del revés el lenguaje de la ganancia y de la pérdida, convenía que supiera por experiencia lo que decía. Si iba a confiar perdidamente en Dios, que supiera pronto que eso no le eximía de probar el desamparo
Si iba a morir desnudo en una cruz, estaba bien que tiritara antes como recién nacido en una noche con frío. Si cuando muriera iban a envolver su cuerpo en un lienzo, mejor que probara antes el roce de unos pañales. Si iba a hacerse él mismo banquete, Belén anticipaba el sabor del pan en la alegría de la mesa compartida.

Recién llegado a nuestra humanidad y portador ya para siempre de las marcas que deja un nacimiento intempestivo. Si de adulto un quiromante le hubiera leído la palma de la mano, le habría augurado: “La línea de la vida, corta; la de la suerte, aventurada y peligrosa; la del corazón, desmesurada”.
A la larga, fue una buena ventura no encontrar sitio en la posada. Qué feliz culpa la de aquel posadero: les cerró la entrada para impedir que entraran y no sabía que estaba abriendo para nosotros las puertas de tanta dicha.
(*) Viene de: http://blogs.periodistadigital.com/un-grano-de-mostaza.php/2017/12/27/belen-parada-sin-fonda

jueves, 11 de mayo de 2017

LA VIRTUD DE CAMINAR - Reflexión sobre Juan 14,1-12. V Domingo de Pascua A.

“Caminante, son tus huellas el camino y nada más;
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.”
(Antonio Machado)

Hay muchas palabras y expresiones en la Biblia que son mucho más ricas que su mero significado, pues se refieren a actitudes y circunstancias diversas. Sabemos que siete es siempre, que cuarenta es un largo periodo de tiempo de reflexión y maduración. Que la alusión de Juan el evangelista al pan de vida, es relativa a la ley o norma en la que Dios quiere que vivamos; no tanto al alimento realizado con harina…etc. 
El CAMINO(*), es una de esas expresiones que no solo es relativa al sendero o ruta por la que se transita, sino que desde la Palabra inspirada, CAMINO es la propia vida del hombre y la mujer de cada tiempo –de cada persona- y la relación de estos con Dios.  Indudablemente si se vive se camina, claro. A no ser que la persona tenga algún impedimento de salud. Lo que ocurre es que la alusión al CAMINO desde la perspectiva creyente, implica un aspecto vocacional y de riesgo para la persona de cada tiempo. 

"Estemos con oídos atentos, la mirada el frente y el corazón a la izquierda, para descifrar el rostro de Jesús; Él es el CAMINO, la VERDAD y la VIDA."

Vocacional porque sentimos –y debemos sentir- la necesidad de buscar al Señor. Riesgo porque al caminar nos adentramos en una aventura o proyecto, en el cual y a través de las experiencias de la vida descubrimos el rostro de Jesús, el rostro de Dios; y por ende nos encontramos con nosotros mismos. 
En contraposición de estas actitudes está el sedentarismo o la inactividad. El creyente que se presta solo a tal o cual actividad religiosa durante la semana, pero no lleva consigo el evangelio de Jesús durante todos los días, quizás sea más payaso que otra cosa. Es más, frente al sedentarismo recuerdo esta expresión que los evangelios ponen en boca de Jesús: “he venido a traer fuego a la tierra, y ojalá estuviera ya ardiendo” (Lucas 12,49). 

Es un claro llamamiento hacia una puesta en marcha, una acción o una puesta en camino con determinación, ya que la persona al contacto con el fuego activa el sistema locomotor y actúa instintivamente. Dios no nos quiere dormidos, nos quiere siempre a punto para seguir las huellas de Jesús que son sus propias huellas. Entendiendo que como el apóstol Felipe, siempre vamos a tener dudas al respecto; debemos mantener la certeza de que en el camino de la vida con todas sus luces y sus sombras, Dios nos asiste, se nos revela en Jesucristo y nos anima con la propia energía de la vida que es el Espíritu Santo. 
Lo importante es caminar y caminar confiados. Confiando en las posibilidades humanas, pues lo humano es el reflejo vivo de todo lo que es capaz de dar de sí Dios mismo en la tierra. Siendo “astutos como serpientes, pero sencillos como palomas” (Mt 10,16b). Si leemos detenidamente el salmo de este domingo, encontraremos en el texto una autentica apuesta de la persona por la confianza hacia Dios. 
El seguimiento de su Palabra –la fidelidad al Evangelio- tiene frutos certeros, frutos de vida. “La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra” (Salmo 32). Eso sí, para ser fieles a la Palabra y a Dios tenemos que ser sinceros con nosotros mismos, pues a nuestra conciencia no la podemos engañar. Quizás embauquemos a los demás, pero Dios conoce nuestra masa, sabe qué somos pues habita en nuestro interior. 
Ojalá nos propongamos ser irreprochables ante Dios, siguiendo las huellas de Jesucristo. Él fue fiel a Dios llevando el cumplimiento de Su Palabra hasta la cruz, hasta el testimonio por excelencia de la entrega y el servicio por amor. Este mundo y esta sociedad en la que vivimos, si de algo necesita es de servicio, entrega y compromiso ante tanta desigualdad. 
Jesús pasó por su vida rescatando personas de las cunetas de los caminos. Hoy en día, incluso aquellos que dicen ser sus representantes expulsan de las iglesias a divorciados, homosexuales, indigentes, rumanos o quienes no se ajustan a los estándares de nuestra caridad a la carta o son de ideologías no compartidas. 
Es injusto generalizar, pero del rostro amable, fraterno y misericordioso del Papa Francisco, no se acaba de impregnar nuestra iglesia y menos aun la española. Mientras tanto y teniendo la certeza de que Jesús siempre apostó por lo laico –relativo al pueblo y a lo común-, llevemos el Evangelio en el camino de nuestra vida como la norma de fraternidad y respeto a seguir. 
¿Qué eucaristía necesitamos más, que compartir la mesa con amigos, familiares y con aquellos con los que nadie comparte la mesa? ¿Qué eucaristía necesitamos más, que comprometernos con proyectos que apuesten por los derechos de las personas y su absoluta dignidad? 
¿Qué necesidad tenemos de llevar una estructurada vida sacramental, si el mejor sacramento es el abrazo sincero? Animémonos al caminar. Con esperanza, determinación e ilusión. Estemos con oídos atentos, la mirada el frente y el corazón a la izquierda, para descifrar el rostro de Jesús; Él es el CAMINO, la VERDAD y la VIDA.

Fraternalmente, Floren.

(*) LECTURAS: http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2017-05-14

domingo, 7 de mayo de 2017

CUIDADO CON EL PASTOREO

Cuidado con el pastoreo
Es complicado el dar verosimilitud a estas palabras, supuestamente dichas por Jesús: “el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido;[…] Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos”. 

Ni siquiera Jesús que se consideraba hijo de Dios, llegó a considerarse absolutamente imprescindible para que la persona se salve a los ojos de Dios. La opción del seguimiento de Jesús es precisamente eso, una cuestión que puede tomarse o dejarse. Siempre ha dado Dios libertad al ser humano para obrar en consecuencia, hasta el punto de permitir sentirse ignorado por muchos. 

"Salvémonos así, siendo sinceros con Dios y con nosotros mismos, para considerarnos anunciadores del evangelio de Jesús. Otra posibilidad con nubes de por medio es absolutamente descartable"

Tal es así, que no tiene fundamento ninguno el pensar –por ejemplo- que la autentica religión es el cristianismo. Puede partirse de dos cuestiones fundamentales. 1ª: Jesús fue judío y nunca pretendió dejar de serlo. Otra cuestión es la renovación planteada por él mismo, sobre la nueva relación de la persona con nuestro –y su- Padre Dios. 2ª: el cristianismo es una religión hija del judaísmo, por lo cual es una incongruencia considerar sin base aquello desde lo que se ha nacido. 
Todo esto nos puede llevar al punto de partida sobre la cuestión de la salvación, fundamento del evangelio de este domingo (Juan 10,1-10). ¿Quién se salvará? Pues quien quiera salvarse, así de sencillo. Lo que ocurre es que la salvación ya no puede considerarse una posible moneda de cambio, o trueque con Dios aquí en la tierra. 
Nos salvaremos si somos personas que respondan al modo, vida y maneras de Jesús de Nazaret, el revelador del rostro del Padre. Un Padre que es pastor porque acoge. Un Dios que bien por sí mismo o desde Jesús, NO nos gobierna a modo de sacerdote que obligatoriamente tiene que hacer rentable su parroquia a costa de quien sea y como sea, NO. 
Ese no es el camino a seguir, ese es parte del montaje construido a costa del  nombre de Dios y a cuya teatralidad nos prestamos en ocasiones, yo el primero. El pragmatismo es una cualidad fundamental en la persona de hoy, y por ende en la persona cristiana. En cierto modo, no necesitamos que se nos diga en qué creer, como creer y para qué creer. 
Es urgente una actualización de la labor pastoral en la Iglesia, pues el pastor como tal hoy no se entiende ni tiene cabida en una comunidad cristiana dispersa y desencantada por la pastoral de la obligatoriedad, llevada a cabo por muchos obispos en sus diócesis. Es la era del pensamiento individual, al cual se llega desde el respeto mutuo con la posibilidad de  confrontarlo desde la perspectiva fraterna y comunitaria. Ante la individualidad, el abrazo. 
Ante el agnosticismo, la fe en el hombre y la mujer de cada tiempo –Templos del Espíritu Santo-. Ante el fanatismo, una espiritualidad desde el respeto mutuo y la gratuidad de la vida. 
Ante el pastor que nos quiere convertir en ovejas sin determinación, la rebeldía evangélica.
Ante la desesperanza, la salvación aquí en la tierra dando oportunidades de abrazar y acoger. 
Ante el desamor, la capacidad para ser cordiales y amables. 
Ante el pastoreo de la manipulación, el pastoreo del evangelio de cada día y la eucaristía del servicio y el alimento compartido en el nombre de Jesús. 
Salvémonos así, siendo sinceros con Dios y con nosotros mismos. Solo así seremos irreprochables ante la comunidad, para considerarnos anunciadores del evangelio de Jesús. Así nos salvaremos. Otra posibilidad con nubes de por medio es absolutamente descartable. Sed felices y pensad por vosotros mismos, Dios vive en nosotros. ¿Qué más?
Feliz domingo. Fraternalmente, Floren.

sábado, 20 de agosto de 2016

EL EVANGELIO Y LA FAMILIA - José María Castillo, Teólogo

EL EVANGELIO Y LA FAMILIA
                José M. Castillo

                Una de las cosas que más llaman la atención, cuando se leen detenidamente los evangelios, es la actitud personal de Jesús y las enseñanzas que transmitió respecto a la familia. No es posible, en el limitado espacio de este artículo, analizar al detalle la abundante documentación que ofrecen sobre todo los sinópticos sobre este asunto. Aquí me limito a señalar dónde y en qué está el problema. Más adelante (y con tiempo) espero poder explicar la hondura que entraña todo esto y las consecuencias que tiene.

                Lo primero, que hizo Jesús al iniciar su ministerio público, fue abandonar su trabajo, su casa y su familia. A partir de aquella decisión, las relaciones de Jesús con sus parientes fueron tensas, complicadas y hasta difíciles. Su familia más cercana pensaba de él que había perdido la cabeza (Mc 3, 21). Y cuando fue a su pueblo, sin duda para explicar su mensaje, ni los vecinos de Nazaret creyeron en él, se escandalizaron de lo que enseñaba y el propio Jesús se sintió despreciado por los de su casa (Mc 6, 1-6; Mt 13, 53-58; Lc 4, 16-30). En el relato, que hace Lucas de esta visita, la cosa llegó hasta el extremo de que los vecinos del pueblo intentaron matarlo (Lc 4, 28-29). Y es que Jesús revolucionó el tema de la familia hasta el extremo de que, para él, su madre y sus hermanos son, ante todo, los que hacen la voluntad del Padre del cielo (Mc 3, 31-35; Mt 12, 46-50; Lc 8, 19-21). Aquí y en esto es donde se ve más claro hasta qué punto Jesús puso las cosas en su sitio. Y hasta qué extremo reordenó todas nuestras relaciones personales, económicas y sociales.
                Por otra parte, cuando Jesús llamaba a los discípulos, que se agregaban al grupo, lo primero que les exigía, para “seguirle”, era abandonar la familia y los bienes (el dinero) (Mc 10, 17-31; Mt 19, 16-22; Lc 18, 18-30) sin poner condición alguna (Mc 1, 16-21; Mt 4, 18-22; Lc 5, 1-14). Jesús fue tan radical, en este orden de cosas, que no admitió, como justificante para retrasar la decisión de “seguirle”, ni el entierro del propio padre, ni siquiera despedirse de la familia (Mt 8, 18-22; Lc 9, 57-62).
                Ahora bien, a partir de este radicalismo evangélico, lo más duro y lo más fuerte, que planteó Jesús, fue el conflicto radical en la institución familiar: “No he venido a sembrar paz, sino espadas”, destrozando las relaciones de parentesco. Las palabras de Jesús son elocuentes y sobrecogedoras por sí solas y por sí mismas (Mt 10, 34-42; Lc 12, 51-53; 14, 26-27).
                Así las cosas, el problema de fondo, que aquí se plantea, solamente se puede comprender si se tiene en cuenta lo que han analizado pacientemente los historiadores y juristas, a saber: la casa – y consiguientemente la familia – era (y sigue siendo) “la estructura básica de la sociedad en que el cristianismo nació y se desarrolló, como en realidad lo es de toda sociedad sedentaria preindustrial” (R. Aguirre). Esto es lo que explica que, en el Nuevo Testamento, como indica el mismo profesor Aguirre, se nos habla de la conversión de casas enteras (Jn 4, 53; Hech 11, 14; 16, 15. 31-34; 1 Cor 1, 16; Hech 18, 8) e incluso parece que la casa era la forma básica de organización de la Iglesia en sus inicios (cf. Rom 16, 5; 1 Cor 16, 19; Col 4, 15; Flm 1-2).
                Pero esto tuvo consecuencias dramáticas. Porque sabemos que las sociedades mediterráneas del siglo primero estaban estructuradas sobre la base de la organización familiar. Ahora bien, en la familia de aquel tiempo todo estaba organizado y legislado en torno a la figura del “pater-familias”, que era el cabeza, jefe y dueño de la casa y sus componentes. De ahí que lo determinante, en la familia, no eran las relaciones personales, sino el sometimiento al poder. Y, por consiguiente, el sometimiento también a la estructura y al sistema de la sociedad romana. Lo que llevaba consigo una consecuencia que impresiona: “mujeres, esclavos y niños” eran los sujetos que carecían de derechos y tenían que vivir callados y sumisos, es decir, eran seres humanos que tenían siempre sobre ellos a un hombre como dueño (J.Jeremias, J. Leipold). Se comprende, por esto, el enfrentamiento revolucionario de Jesús y su Evangelio a este sistema de familia y, en definitiva, de sociedad.
                El problema, que se nos plantea a partir de los orígenes más remotos de la Iglesia, está en que las primeras “iglesias” (o asambleas cristianas) fueron fundadas por Pablo, según el modelo de las “comunidades domésticas” de las que nos habla el mismo Pablo en sus cartas y en las “deuteropaulinas” (Col y Ef), que reproducen el modelo de la sociedad romana: la mujer “callada y sumisa” (Col 3, 18-4, 1; Ef 5, 22-6, 9). Es el modelo que encontramos en las comunidades organizadas por Pablo desde los años 40 a los 60. Pero en aquellos años aún no se conocían los evangelios, en su redacción definitiva (la que ha llegado a nosotros), la que la Iglesia ha aceptado y propuesto como el texto oficial para los creyentes en Jesús.
                En todo caso, me parece acertada la reflexión final que propone el profesor Rafel Aguirre: “el hecho de que la Iglesia haya puesto en primer lugar los evangelios y los haya rodeado de una estima muy particular indica que, en medio de las ambigüedades inevitables de sus opciones históricas, (la Iglesia) reconoce los principios carismáticos de Jesús como su norma fundamental… Por eso, el creyente que lee los códigos domésticos del Nuevo Testamento debe ser consciente de las opciones y repercusiones históricas y sociológicas que implican”. A lo que este modesto teólogo añade que, como he dicho recientemente y recordando un texto genial de san Juan de la Cruz, la Palabra definitiva de Dios a la humanidad es Jesús, su vida y su enseñanza.

                Esto supuesto, lo que no cabe en mi cabeza es que, a estas alturas y en el momento que vivimos, siga habiendo tantos hombres de Iglesia, profundamente religiosos, que anteponen sus ideas y conveniencias a la Palabra definitiva de Dios en el Evangelio, que nos trasmitió Jesús.     

viernes, 3 de octubre de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - CRISIS RELIGIOSA

27 Tiempo ordinario (A) Mateo 21, 33-43
CRISIS RELIGIOSA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 01/10/14.
La parábola de los “viñadores homicidas” es un relato en el que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo cariño. Era su “viña preferida”. Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Serían una “gran luz” para todos los pueblos. 

Sin embargo aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envío a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?
Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no esperan: “Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca frutos”.
Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como “el nuevo Israel” después del pueblo judío que, después de la destrucción de Jerusalén el año setenta, se ha dispersado por todo el mundo.
Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros. Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿Estamos produciendo en nuestros tiempos “los frutos” que Dios espera de su pueblo: justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia el que sufre, perdón...?
Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.
Nosotros hablamos de “crisis religiosa”, “descristianización”, “abandono de la práctica religiosa”... ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia más fiel al proyecto del reino de Dios? ¿No es necesaria esta crisis para que nazca una Iglesia menos poderosa pero más evangélica, menos numerosa pero más entregada a hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios? 
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

jueves, 6 de febrero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - SALIR A LAS PERIFERIAS

5 Tiempo ordinario (A) Mateo 5, 13-16
SALIR A LAS PERIFERIAS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA05/02/14.-
Jesús da a conocer con dos imágenes audaces y sorprendentes lo que piensa y espera de sus seguidores. No
han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al mundo.
“Vosotros sois la sal de la tierra”. Las gentes sencillas de Galilea captan espontáneamente el lenguaje de Jesús. Todo el mundo sabe que la sal sirve, sobre todo, para dar sabor a la comida y para preservar los alimentos de la corrupción. Del mismo modo, los discípulos de Jesús han de contribuir a que las gentes saboreen la vida sin caer en la corrupción.
“Vosotros sois la luz del mundo”. Sin la luz del sol, el mundo se queda a oscuras y no podemos orientarnos ni disfrutar de la vida en medio de las tinieblas. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia y caminar con esperanza.
Las dos metáforas coinciden en algo muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve con la comida, puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo no puede ser ni sal ni luz.
El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: “Hemos de salir hacia las periferias”.
 El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.
La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos”. “El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro”. El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama “la cultura del encuentro”. Está convencido de que “lo que necesita hoy la iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.

jueves, 4 de julio de 2013

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - SIN MIEDO A LA NOVEDAD

14 Tiempo ordinario (C) Lucas 10, 1-12. 17-20
SIN MIEDO A LA NOVEDAD
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, El Papa Francisco está llamando a la Iglesia a salir de sí misma olvidando miedos e intereses propios, para ponerse en contacto con la vida real de las gentes y hacer presente el Evangelio allí donde los hombres y mujeres de hoy sufren y gozan, luchan y trabajan.

Con su lenguaje inconfundible y sus palabras vivas y concretas, nos está abriendo los ojos para advertirnos del riesgo de una Iglesia que se asfixia en una actitud autodefensiva: “cuando la Iglesia se encierra, se enferma”; “prefiero mil veces una Iglesia accidentada a una que esté enferma por encerrarse en sí misma”.
La consigna de Francisco es clara: “La Iglesia ha de salir de sí misma a la periferia, a dar testimonio del Evangelio y a encontrarse con los demás”. No está pensando en planteamientos teóricos, sino en pasos muy concretos: “Salgamos de nosotros mismos para encontrarnos con la pobreza”.
El Papa sabe lo que está diciendo. Quiere arrastrar a la Iglesia actual hacia una renovación evangélica profunda. No es fácil. “La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros, si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida según nuestros esquemas, seguridades y gustos”.
Pero Francisco no tiene miedo a la “novedad de Dios”. En la fiesta de Pentecostés ha formulado a toda la Iglesia una pregunta decisiva a la que tendremos que ir respondiendo en los próximos años: “¿Estamos decididos a recorrer caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheraremos en estructuras caducas que han perdido la capacidad de respuesta?
No quiero ocultar mi alegría al ver que el Papa Francisco nos llama a reavivar en la Iglesia el aliento evangelizador que Jesús quiso que animara siempre a sus seguidores. El evangelista Lucas nos recuerda sus consignas. “Poneos en camino”. No hay que esperar a nada. No hemos de retener a Jesús dentro nuestras parroquias. Hay que darlo a conocer en la vida.
“No llevéis bolsas, alforjas ni sandalias de repuesto”. Hay que salir a la vida de manera sencilla y humilde. Sin privilegios ni estructuras de poder. El Evangelio no se impone por la fuerza. Se contagia desde la fe en Jesús y la confianza en el Padre.
Cuando entréis en una casa, decid :”Paz a esta casa”. Esto es lo primero. Dejad a un lado las condenas, curad a los enfermos, aliviad los sufrimientos que hay en el mundo. Decid a todos que Dios está cerca y nos quiere ver trabajando por una vida más humana. Esta es la gran noticia del reino de Dios. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

sábado, 29 de junio de 2013

PEDRO, NO ES UN ASUNTO DE LLAVES

Pedro, no es un asunto de llaves

Me pregunto el porqué a los cristianos en ocasiones, nos resulta casi imposible el fijarnos en la figura de Pedro, sin pensar en las llaves y en el solio pontificio. Aquello de, “te daré las llaves del cielo, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo…” (Mt 16,19), según los evangelios lo dijo Jesús en tres ocasiones. Una a Pedro, otra a los discípulos y otra al conjunto de los que le seguían  hombres y mujeres. 

¿Con cual nos quedamos en exclusiva? Creo que con ninguna, aunque por ello no pretendo desmontar ningún planteamiento sobre el fundamento de la Iglesia. Particularmente, creo que el comienzo de la iglesia fue bastante fiel a la enseñanza de Jesús; pero cuando sobre el siglo II comenzaron a jerarquizarla, comenzó a crecer como institución y de ahí hasta nuestros días, para que vamos a contar. 
Poder e Iglesia van inexorablemente de la mano, aun cuando algún obispo –siempre incitado por asuntos de dineros- nos habla de la necesidad de colaborar con la iglesia, para que esta a su vez pueda servir a los desfavorecidos de la sociedad. Por ello, pienso que la cuestión de Pedro puede centrarse en el fundamento de la creación de la iglesia, pues él fue su fundador, no Jesucristo; ya que Jesucristo nunca pensó en refundar una religión concreta que llevara su nombre. 
Lo que considero que no está junto a Pedro es la potestad otorgada a este desde los primeros tiempos, para hacer y deshacer con las llaves lo que considerara oportuno; dando pié este pasaje de (Mt 16,19) a la absurda infalibilidad papal. Desde mi humilde interpretación de los textos de las misas propias de esta fiesta, la clave de mi planteamiento la encuentro en la Liturgia de la Palabra de la misa de ayer. 
Por cierto, es una lastima que el sacerdote pasara de puntillas sobre la Palabra inspirada, pero eso es algo a lo que estamos acostumbrados los que solemos ir a misa de vez en cuando. 

Digo que en -Hechos 3,1-10- la curación del paralítico, encontramos la clave. Para entender bien los textos hubiera sido muy necesario invertir el sentido de las lecturas, pero los liturgistas sabemos que el evangelio siempre ha de ser el ultimo. Si el evangelio de hoy se centra en una pregunta; “y vosotros, ¿quien decís que soy yo?” (Mt 16,15), la respuesta la encontramos en la primera lectura de ayer sobre la curación del paralitico. Por un lado Pedro responde un poco azorado que ama al Señor, considerando que este le somete a una prueba de transfondo, la cual él no entiende y que llega a entristecerle. 
En este momento Pedro, aun no a somatizado la vivencia del Resucitado; aun no es un hombre de fe aunque comienza a tener convicciones. Pero tras la resurrección de Jesús y lo que esto representa para la comunidad paleocristiana, vemos acciones fundamentales que nos demuestran que efectivamente los apóstoles se hicieron eco en la totalidad de sus vidas, de la enseñanza de Jesús de Nazaret. 
Apartando la curación del efecto “milagrero”, lo que encuentran Pedro y Juan en la puerta del templo es un excluido de la sociedad. Alguien con el cual la naturaleza fue caprichosa y al nacer con una anomalía en el funcionamiento normal de su cuerpo, le hizo ante los suyos ser considerado un pecador al llevar encima el estigma del pecado otorgado por Dios. 
Este era el planteamiento de los judíos con estas personas, a las que alejaban de la condición humana. 
Pedro y Juan llegan y no ignoran la situación del enfermo. Ven en él una necesidad imperiosa y en sus rasgos advierten los del Resucitado. Inmediatamente dan gratis, lo que del Señor han recibido gratis. 
Le hablan, se relacionan con él, le dan consuelo, lo dignifican como persona otorgándole la condición humana que ellos despliegan con él; y encima estos dos hombres entran en el templo con el enfermo ya rehabilitado a los ojos de la sociedad, para demostrar que ante los ojos de Dios todos tenemos cabida. 

Este fue Pedro. Alguien a quien le costo trabajo creer, alguien duro de mollera y duro de entendederas como una piedra (pedro=piedra respecto de dureza no de cimiento). Alguien que tras un complejo proceso de fe no exento de infidelidades, asumió la grandeza de seguir a Jesús y la necesidad de desplegar ante los demás su perfecta humanidad. 
¿Qué potencial de mi persona dedico al seguimiento de Jesús desde la atención al otro? 
¿Qué potencial de mi persona dedico a imponer mi pensamiento, mi autoridad, mi…etc, haciendo uso de la potestad de la llaves? 
No perdamos de vista que Jesús envía a los suyos a evangelizar desde el desprendimiento (Mt 10.5-9), y este despredimiento a buen seguro le hacia a Pedro no tener, ni si quiera la llave de su casa.

Saludos desde la calurosa Andalucía.


Floren Salvador Díaz Fernández (Bachiller en Teología) 

Oración en la fiesta de los Santos Pedro y Pablo

Padre bueno que nos amas y nos buscas,
en tus discípulos Pedro y Pablo 
encontramos fermento de cristianismo 
y perfección en la humanidad.
Concédenos padre bueno, 
que alejándonos de los reclamos del poder, 
el fundamentalismo y la intransigencia, 
vivamos nuestra fe con generosidad hacia los demás.
Que descifremos los rasgos del Resucitado 
en todo aquel que llame nuestra atención, 
para así estar convencidos de que colaboramos 
en la construcción de un mundo mejor.
Insuflanos tu santo Espíritu 
como garante de una conciencia responsable 
y unas acciones contundentes, 
para mostrar por ellas 
la inmensidad de tu corazón.
Por Jesús tu Hijo, vuelto a la vida desde nuestros corazones.
Amén.















martes, 2 de octubre de 2012

LA FE DE UNOS Y LA FE DE OTROS, EL AÑO DE LA FE


La Fe de unos y la Fe de otros

Está próximo el año de la fe. El año de la fe por aquí, el año de la fe por allá. Lo cierto es que parece que nuestra Iglesia, está bastante dispuesta a poner mucho esfuerzo en la difusión de este año de la fe y lo propuesto para desarrollarlo. Carteleria, banderolas en todas las webs de aire cristiano o religioso, cartas de los obispos, el motu proprio “Porta Fidei” escrito para su convocatoria…etc.
Aprecio profundamente la preocupación del papa por el sentido de la fe: “redescubrir el camino de la fe para iluminar […]la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo”. Sobre todo por el sentido de la fe en el mundo y en Europa. Como sabemos, la evangelización de Europa es un testigo que el actual papa ha recogido de su predecesor Benedicto XV.
Las circunstancias eran distintas al comienzo del siglo XX, aunque problemas como tales, no han faltado en cada una de las épocas. Lo que ocurre en cada sentido, es que puede que nuestra Iglesia aun a pesar de la sabiduría que le proporcionan los años, quizás no haya sabido colocarse certeramente en el lugar adecuado, para afrontar tales eventos.
“Después del Concilio, la Iglesia ha trabajado para que sus ricas enseñanzas sean recibidas y aplicadas en continuidad con toda la Tradición y bajo la guía segura del Magisterio”, dicen las indicaciones pastorales para el Año de la fe. (S.C.D.F) Y efectivamente, si de algo somos conscientes muchos cristianos, es del interés que demuestra nuestra iglesia, para que el Magisterio sea estrictamente observado en el pueblo de Dios.
Poco margen se ofrece a los cristianos en la consecución de sus vidas, aun cuando se observe siempre el reducto de la confesión para descarriados, como oportunidad para regresar al buen camino. La fe a lo ancho y largo de su significado, como he escrito en otras ocasiones no es garantía de ser buena persona. Se puede tener fe y llegar al fanatismo, por el cual todo el mundo debe creer lo que yo creo, u orientarlo en la misma dirección.
O se puede tener fe, y pasar desapercibido (Lc 10,29ss) haciendo el bien sin preguntar por la situación social o moral del necesitado. ¿No os parece que más que estar necesitado el mundo y la humanidad de fe; es la fe la que está necesitada de humanidad? En primer lugar, quiero decir que me hubiera gustado que la Iglesia llevada por un espíritu aperturista e integrador, bien pudiera haber reservado espacios del año de la fe, para profundizar en la fe como principio universal, desde toda perspectiva o creencia interreligiosa.
Pero continuamos en cierto modo los cristianos, considerándonos la guinda del pastel, al considerarnos depositarios de algo, que en muchas ocasiones se nos escapa de las manos. “Esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble” (Porta Fidei nn.5), dice el papa.
Yo creo que hoy más que nunca, la fe es una actitud ante la persona que está ante nosotros o nos interpela en la distancia (Sant 2,18.26). Pues es solo ante el sujeto que reclama nuestra atención en pro de una ayuda, un abrazo o una acogida, donde encontraremos el rostro del Dios vivo (Mt 10,42). Todo esto es una opción de vida de fe, considero yo que completamente actualizada y humanizada desde el Evangelio de Jesús.
El papa afronta este año de la fe, como consecución del declive del cristianismo en Europa, ya que la fe cristiana no va incardinada en el proceso cultural de nuestra sociedad europea, como un presupuesto adicional a la educación recibida. En términos generales, no preocupa demasiado a los padres y madres que sus hijos sean cristianos. Y esto nuestra iglesia lo percibe con estupor, en función del descenso de las estadísticas, respecto de la bajada de la natalidad, el descenso de los bautizos, el bajón en los matrimonios canónicos y el descrédito general al que la iglesia se somete a sí misma aunque no lo reconozca.
A este proceso de involución del cristianismo, nada ayuda la férrea doctrina impulsada por el papa y los obispos, para no abrirse a nuevas realidades sociales planteadas, la negación a nuevos retos en la búsqueda de la verdad de cada cual y los nuevos estados de vida que son una realidad en nuestra sociedad comunitaria europea. “La misma profesión de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. En efecto, el primer sujeto de la fe es la Iglesia”, (P.F. nn10) dice el papa.
Pero si la iglesia abrazara a todos los que dicen seguir a Jesús y le siguen, ofreciendo un camino integrador y de diálogo antes que someter a la persona al credo y la moral del catecismo naranja; -digo que- la catolicidad de la iglesia tendría un vuelco absolutamente comunitario y humanitario, pues primero abrazaría y luego preguntaría.
Se nos habla de fe y se nos habla de salvación en “Porta Fidei”, como una concatenación de circunstancias, las cuales no pueden darse la una sin la otra. No me voy a enredar en temas de soteriología con el gran teólogo Ratzinger. Pero estoy convencido de que la salvación de cada cual, está donde está su corazón.
Y el corazón de muchos cristianos sufre hoy, porque no sienten ni sentirán el calor de la iglesia, más preocupada por sus privilegios y sostenibilidad, que por el nivel de calor del corazón de sus hijos.
Lo diré sin reservas al acabar este escrito. Soy completamente escéptico respecto del Año de la Fe. Creo que es nuestra Católica Iglesia la que tiene que ser reevangelizada desde dentro mirando a los que nos miran con incredulidad, sin dar crédito a los modos con que nos las gastamos los que decimos seguir al de Nazaret, incluso entre nosotros mismos.
Comparad estas últimas palabras mías con las del papa al Consejo de Conferencias Episcopales de Europa. “La Iglesia en Europa, en el trasfondo de los desafíos sociales y espirituales, está llamada a reflexionar sobre la perenne tarea de la evangelización y sobre su urgencia renovada y actual”. ¿Será posible? ¿O será una quimera?, por cierto palabra tan de moda.

Nada más. Todo sea por una fe humanizada.
Saludos desde el corazón de Andalucía.

Atte. Floren de Estepa, estudiante de teología cristiana.

miércoles, 11 de julio de 2012

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - EVANGELIZACIÓN NUEVA

EVANGELIZACIÓN NUEVA
15 Tiempo ordinario, Marcos 6, 7-13 
JOSÉ ANTONIO PAGOLA


En la Iglesia se siente hoy la necesidad de una nueva evangelización. ¿En qué puede consistir? ¿Dónde puede estar su novedad? ¿Qué hemos de cambiar? ¿Cuál fue realmente la intención de Jesús al enviar a sus discípulos a prolongar su tarea evangelizadora?

​El relato de Marcos deja claro que solo Jesús es la fuente, el inspirador y el modelo de la acción evangelizadora de sus seguidores. Estos actuarán con su autoridad. No harán nada en nombre propio. Son “enviados” de Jesús. No se predicarán a sí mismos: solo anunciarán su Evangelio. No tendrán otros intereses: solo se dedicarán a abrir caminos al reino de Dios.


​La única manera de impulsar una “nueva evangelización” es purificar e intensificar esta vinculación con Jesús. No habrá nueva evangelización si no hay nuevos evangelizadores, y no habrá nuevos evangelizadores si no hay un contacto más vivo, lúcido y apasionado con Jesús. Sin él haremos todo menos introducir su Espíritu en el mundo.


​Al enviarlos, Jesús no deja a sus discípulos abandonados a sus fuerzas. Les da su “autoridad”, que no es un poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino su fuerza para “expulsar espíritus inmundos”, liberando a las gentes de lo que esclaviza, oprime y deshumaniza a las personas y a la sociedad.


​Los discípulos saben muy bien qué les encarga Jesús. Nunca lo han visto gobernando a nadie. Siempre lo han conocido curando heridas, aliviando el sufrimiento, regenerando vidas, liberando de miedos, contagiando confianza en Dios. “Curar” y “liberar” son tareas prioritarias en la actuación de Jesús. Darían un rostro radicalmente diferente a nuestra evangelización.


​Jesús los envía con lo necesario para caminar. Según Marcos, solo llevarán “bastón, sandalias y una túnica”​. No necesitan de más para ser testigos de lo esencial. Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.


​Sin recuperar este estilo evangélico, no hay nueva evangelización. Lo importante no es poner en marcha nuevas actividades y estrategias, sino desprendernos de costumbres, estructuras y servidumbres que nos están impidiendo ser libres para contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez.


​La Iglesia ha perdido ese estilo itinerante que sugiere Jesús. Su caminar es lento y pesado. No acierta a acompañar a la humanidad. No tenemos agilidad para pasar de una cultura a otra. Nos agarramos al poder que hemos tenido. Nos enredamos en intereses que no coinciden con el reino de Dios. Necesitamos conversión.



Viene de: http://eclesalia.wordpress.com/2012/07/09/evangelizacion-nueva/

sábado, 19 de noviembre de 2011

EL REINO DE LO SOCIAL Y LO COMÚN A TOD@S

Tu Reino, Señor se hace presente

cuando se fomenta la justicia
y es respetada la libertad.
Cuando todos somos hijos tuyos,
los sueños se deletrean: amistad
hermanos, paciencia, caridad.

Tu reinado, Señor, viene a nosotros
siempre que el pueblo dispone
de sustento, vivienda, trabajo y sanidad.
Tú nos enseñas, por Jesús,
a vivir con dignidad la vida
y a festejarla en la fraternidad.

En tu reino, Señor, no caben privilegios
de quienes se creen el fruto de la espiga
en honor y dignidad.
Eres un Dios vivo,
enemigo de los ídolos humanos,
y no hay mayor cansancio que el tuyo,
Señor, ascendiendo a nuestra sed
de vanidades por un bosque de luz.

El reino que predicaste
llega casi de puntillas,
se revela y está escondido.
Es simiente que se esparce por los campos,
levadura que fermenta entre la masa,
luz que muestra el horizonte a los perdidos.

El Reino de Dios, según los evangelios,
es un banquete de bodas,
un adviento de ternura que reparte los panes
en las manos frágiles
de los que gozan detrás del corazón.
                                        Casiano Floristan
*  *  *  *  *

Reflexión

El Reino de Jesús es universal, pero se realiza en la historia y vida de cada persona. La dinámica propia del reino de Jesús es el amor preferencial por los pobres o desfav-recidos. Jesús formula este mensaje a través de las obras de misericordia porque lo que para él importa es el hombre en su situación de sufrimiento y opresión. No son los pobres, precisamente los que se sienten cómodos en nuestras asambleas. Por el contrario hay quienes creen que los que participamos en la Eucaristía somos los privilegiados de la sociedad. ¡Ignorantes!. ¿Acaso se puede dejar de lado las palabras del evangelio de hoy?(Mt25,31,46). No permitas que tu vivencia cristiana, pase sin haberle sacado el máximo de fruto. Cuando salgas de la asamblea, o acabes tu oración; que en tu corazón reine la misericordia. Tendrás que pedir cada día un corazón misericordioso. Más de una vez sentirás su dureza de piedra. Pero, poco a poco, milagro de Dios, ninguna persona te resultará indiferente pues te quedará la duda de si en ella, se te está presentando Dios.

 Solemnidad de Cristo Rey
Último Domingo del Tiempo Ordinario