CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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miércoles, 24 de julio de 2019

TODOS/AS SOMOS SEMBRADORES/AS


El evangelio de hoy (Mateo 13, 1-9) nos ofrece el texto del sembrador. Una narración épica en la cual se simboliza la productividad del mensaje de Jesús de Nazaret, en función del lugar (tierra) en el que caiga. Se va tirando la semilla y en unos sitios es fecunda, en otros medio fecunda y en otros no lo es en absoluto. 

Lo que más me interesa de este texto es la universalidad que representa, pues debemos tener algo muy claro, sobre todo los cristianos que puedan considerar que tienen la patente exclusiva de Cristo. Y es que Dios, nuestro Padre, al revelarse en Jesús se hace vida en el hombre y la mujer de cada tiempo y eso significa que el mensaje de Jesús no solo es de plena actualidad, sino que como tirada es  la semilla para que pueda ser fecunda, el mensaje de Jesús es ofrecido al mundo por medio de la Palabra de Dios. Se le puede acoger y se le puede negar y lo que se haga estará bien, aunque consideremos muy positivo para la vida del mundo, el mensaje de Jesús sin desvirtuar ni un ápice. SERVICIO, ACOGIDA, RESPETO, AMOR Y PAZ, por ejemplo.
Me maravillo leyendo a José Antonio Pagola y ver que no estoy loco del todo al considerar junto a este doctor en Sagrada Escritura que es muy posible participar de la expansión de los valores del Reino de Dios, siendo cristiano, participando de otra religión e incluso sin participar en creencia concreta; esa es la universalidad del mensaje de Jesús, pues bien dice Pagola que “el Evangelio no es una moral ni una política, ni siquiera una religión con mayor o menor porvenir”. El evangelio es un movimiento universal que impulsa al hombre y la mujer de cada tiempo a hacer lo mejor que sabe hacer en favor de la comunidad –humana-.
Las religiones tienen demasiadas cosas accesorias, como otros tantos ámbitos de la vida. Ojalá vayamos al meollo de la cuestión, nos centremos en mejorar la vida de la gente sin pasar ni de largo ni por encima de nada. Cualquier día se invierten los papeles y podemos ser nosotros el objeto de la consideración de los demás, y seguro que nos gustaría ser bien tratados. Esa es o puede ser la cuestión. Paz y bien. Abanico, gazpacho y hacer el bien, casi ná. Buenas tardes.
Fraternalmente, Floren.

viernes, 8 de junio de 2018

QUE NUESTRO CORAZÓN BOMBEE AL RITMO DEL CORAZÓN DE DIOS


Jesús tuvo un corazón, con todas sus válvulas, ventrículos, miocardio y arterias propias de la construcción cardiovascular. Un corazón que latió durante una treintena de años -desde la 5ª semana de embarazo de María- y que se paró en el instante en el que aquella lanza del soldado, le causó aquella herida mortal. No podemos saber si la herida profundizo en el corazón, pero fue una herida de mortal necesidad.
El caso es que ese corazón, el de Jesús de Nazaret, latió como el tuyo y como el mío. Se aceleró por muchos motivos y se ralentizó en su tensión arterial en otras tantas ocasiones. ¿Qué tensión arterial produce cada circunstancia de la vida? Pues a eso mismo estuvo sujeto Jesús de Nazaret. Esto es así, es real y absolutamente plausible. Y lo sagrado, lo divino y lo celestial que sobre este corazón se dice o se hace; es algo que sirve fundamentalmente para rendir culto divino y exclusivamente para observar a Jesús desde una distancia prudencial, desde donde les gusta a muchos creyentes contemplarlo. 

En los documentos más antiguos del magisterio de la iglesia, se anatematiza la sola contemplación de la dimensión humana de Jesús eximiéndole la condición divina. Por otro lado Eutiques, el promotor del “monofisismo” afirmaba que era al contrario, que Jesús solo era absolutamente divino. Como comprenderás, cada cual se quede con lo que quiera. Pero una cosa está clara desde mi punto de vista, y es que Dios –nuestro Padre-, nos sale al encuentro cada día a cada hora y en una “multiformidad” que en ocasiones es complicado descifrar. Pero en la esencia misma de la vida.
Por ello, ahí tenemos que estar atentos y dispuestos a dar la talla sin demasiadas complicaciones. A mí me gusta esta fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Me alegra y estimula mi fe el hecho de que el hijo de Dios hubiera sido un humano como tú y como yo, y esa es mi meta. Un Dios que se nos revela como amor en la segunda lectura de hoy. Un Dios que en Deuteronomio (7,6-11) nos sale al encuentro en nuestra vida, como he dicho antes.
Un Dios que desde el evangelio apuesta por la vida sencilla y el elogio de la sencillez. Y un Dios que como canta el salmista de hoy (Salmo 102), es compasivo y misericordioso. Considero por tanto, que solo el cuerpo a cuerpo nos puede hacer mensajeros de este amor que emana Jesús. Y creo que solo lo lograremos acercándonos sin miedo ni escrúpulos ninguno, a aquellos corazones que necesitan calor, efectividad, respeto y sobre todo, los corazones que tienen quebrantada su dignidad.
Para hacer esto hay que ser bastante poco en la vida, pero hay que ser humano sobre todo y llevar humanidad por el mundo. Orar, pues la oración nos ayuda a ponernos en la piel del otro, ya que la oración “es un grito que se lanza al cielo para que nos sea devuelto humanizado”.
Reseño algo. Si algo es auténticamente preciso, son corazones que se estremezcan ante la injusticia humana, la pérdida de derechos libertades y las burlas hacia los desfavorecidos que causan los poderes dominantes –eclesiásticos incluidos-.
Jesús no pasó de largo ante ninguna injusticia, ni causó escándalos considerables. Su apuesta fue la HUMANIDAD y por ello perdió el pellejo. Ojalá esta fiesta nos sirva para rendir culto al Corazón de Jesús, adorándole en aquellos corazones que necesitan sanación de humanidad y MISERICORDIA. Ojalá sepamos descubrir nuestro autentico papel de hijos e hijas de Dios, sientiendo el amor del creador. Sin perder de vista el ejemplo de servicio y entrega amorosa que nos dio Jesús de Nazaret y que conmemoramos al compartir la vida en su nombre. Ojalá estemos dispuestos a que la Gracia de Dios –sacramento del Espíritu Santo- bombee por nuestras arterias impulsadas por el corazón de Dios. Amén.
Fraternalmente, Floren.

lunes, 27 de noviembre de 2017

¿DÓNDE UBICAREMOS EL REINO DE DIOS - Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

¿Dónde ubicaremos el Reino de Dios?
Es un tema, más que elocuente para el cristiano de cada tiempo. Aun lo es más ahora, en este tiempo de absoluta deslocalización. Hemos celebrado la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. Una fiesta con la cual eclosiona y finaliza el año litúrgico, para dar paso al año nuevo con la esperanza del Adviento. El Reino de Dios es en ocasiones confundido por muchas personas. Se le confunde con la morada de los difuntos, o con la casa de Dios. Se le relaciona con la autoridad de Dios y su omnipotencia, o con ese paraje eterno y paradisiaco que el Señor nos promete constantemente en su vida púbica…etc. 

Pues ni lo uno ni lo otro. El Reino de Dios, como tal o dicho así, es absolutamente inmaterial. Precisamente por esa cuestión, la mayoría del pueblo judío no alcanzo a reconocer al Salvador e Hijo de Dios, Jesucristo. El pueblo judío –nuestros hermanos mayores en la fe- esperaron la instauración divina de un estado político o algo parecido, que en primer lugar acabara con la dominación de Roma durante tantos años. Pero este modelo de Reino de Dios, tampoco era el Reino que enseñaba Jesús. Sabemos que Jesús testimoniaba el Reino de Dios y que esperaba en él. 
Eso sí, desde dos perspectivas claramente diferenciadas. Una de ellas es relativa a una apoteosis realizada por Dios, mediante la cual Dios mismo se dará nuevamente a conocer a través de Él mismo, el Hijo. Jesús “anuncia esta portentosa venida del Reino de Dios, al menos en cinco ocasiones en sus evangelios, aunque en las dos últimas veces hace referencia a la imprecisión de su consecución (John P.Meier).
 Puede ser pronto o puede ser tarde, pero no sabemos cuándo será; y por eso mismo nos llama Jesús tanto la atención sobre la necesidad de “estar alerta”. Por ello, la segunda perspectiva cristológica de la venida del Reino apuesta por la instauración del mismo, desde las obras de nuestras manos; y ahí es donde los cristianos de hoy en muchos casos damos palos de ciego. 
No se puede decir que donde esté nuestro corazón, ahí está el Reino de Dios, en absoluto. Porque la mente y el corazón, podemos tenerlos en ocasiones en lugares absolutamente distintos a los valores enseñados por Jesús. 
Decía antes de la inmaterialidad del Reino de Dios y creo que digo bien, aunque admitiendo la repercusión emotiva, psicológica y física, que tiene sobre el otro (quienes viven junto a nosotros) la implantación del Reino de Dios, o el comportarse conforme a lo testimoniado por Jesús. 
Este nos anima a una praxis determinante que tiene como objetivo primordial toda la creación de Dios, colocando al ser humano en el centro de todo. Incluso, relativizando las mediaciones (sagradas en muchos casos) que nos llevan a Jesús, a Dios o a otras figuras que veneramos en el catolicismo. 
¿Qué quiero decir con esto? Pues por duro que sea de entender para algunos, todo el culto que podamos brindar a Cristo (oraciones, rituales, veneración de imágenes, misas…etc), este no lo acepta o no lo tiene en cuenta, si lo anteponemos a la fraternidad y las buenas relaciones con las personas, sean sujetos colectivos o individuales (Mateo 5,23-24). 

Lo diré aun más claro, quien ofende la dignidad de una persona antes de ir en busca de Dios que se quede en su casa y trabaje por la restitución de esa dignidad perdida. Para algunas personas este planteamiento es molesto, si. 
Creen que a golpe de confesión lo podemos arreglar todo, que burla.
Pero Dios conoce nuestra masa y desde Jesucristo plantea sus prioridades. Y la prioridad de Dios es SU CREACIÓN, toda ella hombres, mujeres y todo ser vivo. Ojalá nuestras prácticas religiosas no nos apartes de la autenticidad del Reino. Un reino que como canta la copla, es reino de paz y justicia, reino de vida y de verdad. Otras posibilidades son una quimera. Atentos al Adviento.

Fraternalmente, Floren.

jueves, 11 de mayo de 2017

LA RELIGIÓN TIENE SU PELIGRO - José Mª Castillo, Teólogo

José M. Castillo

La religión no es Dios. La religión es un conjunto de creencias y prácticas (ritos, observancias, rezos y ceremonias) que, según pensamos los creyentes, nos llevan a Dios. Por eso hay tantas personas convencidas de que, si su relación con la religión es correcta, su relación con Dios también es correcta. Y aquí es donde está el peligro que entraña la religión.
Este peligro consiste en que la religión nos puede engañar. Porque nos puede hacer pensar que estamos bien con Dios, si somos religiosos, si somos observantes de las cosas que manda la religión, defendemos sus intereses y promovemos su esplendor.  

Esto es lo que explica – seguramente y entre otras cosas – por qué hay tantas personas, países y culturas, que son tan religiosas como corruptas. Es más, posiblemente no es ningún disparate afirmar que la tranquilidad de conciencia, que proporciona la religión, es (o puede ser) un factor que ayuda a que los corruptos cometan sus fechorías, pensando que ellos son religiosos y que los buenos servicios que le hacen a la Iglesia, al clero (o a la religión que sea), eso justifica sus conciencias. De forma que su fiel observancia religiosa es lo que explica por qué pueden decir que ellos tienen la “conciencia tranquila” y “las manos limpias”.  
Por todo esto se comprende que los evangelios sean la hiriente y dura historia de aquel hombre de pueblo, un galileo, Jesús de Nazaret, que fue rechazado, condenado y asesinado por la religión. Porque puso al descubierto lo engañados que vivían los hombres más religiosos de su tiempo. No porque aquellos hombres fueran religiosos, sino porque su religiosidad les permitía despreciar a todo el que no pensaba como ellos. Y condenar a todo el que no hacía lo que hacían ellos.  
Exactamente lo mismo que ocurre ahora con no pocos profesionales de la religión. Y con los observantes fanáticos. Los que le dan más importancia a “lo sagrado” que a “lo profano”. Hasta el extremo de pensar que, si “lo sagrado” está bien protegido y bien costeado, “lo profano” es asunto que corresponde a los poderes públicos, con los que hay que mantener buena relación, con tal que nos respeten y nos costeen lo más digno que hay en la vida: la seguridad y la dignidad de “lo sagrado”. De lo demás…, “se hará lo que se pueda”. ¿No acabamos de ver el peligro que entraña todo esto?

Al decir todo esto, no es que yo desprecie a “lo sagrado”. Lo que digo es que tan sagrado es un templo como el dolor de un enfermo, el hambre de un pobre o la vergüenza humillante del que tiene que vivir “de la caridad” de otros. Es más, si el Evangelio dice la verdad, el día del juicio final no nos van a preguntar si fuimos a visitar los templos, sino si estuvimos cerca del que sufre, ya sea por hambre, por estar enfermo, por ser extranjero o estar en la cárcel (Mt 25, 37-40).   

jueves, 16 de febrero de 2017

BIENAVENTURANZAS DE LA BONDAD

Dichosos los que son lo suficientemente humildes como para aceptar ser juzgados.
Dichosos los que tienen bastante delicadeza para llevar el sufrimiento como si fuera el suyo.

Dichosos los que son lo suficientemente abiertos para buscar un camino nuevo, diferente de la agresiva afirmación de uno mismo.
Dichosos los que se esfuerzan por vivir realmente en la gracia. No juzgarán precipitadamente y no serán lentos en perdonar.
Dichosos los hombres y mujeres íntegros, que se oponen a la injusticia engendrada por un ejercicio sutil del poder.
Dichosos los que son conscientes de ser responsables de la paz.
Dichosos aquellos que están dispuestos a aceptar la persecución que espera a los hombres íntegros, que, en presencia de un poder implacable, se comprometen con la justicia y la paz.
¡Llenos de alegría, vamos por el camino del Señor!
Señor, bendícenos ahora, porque tenemos el deseo de vivir a tu manera en medio de los conflictos de hoy!
*
Anónimo
P.D. ofrecidas por el Hno. Nando en Facebook.

jueves, 10 de noviembre de 2016

EL REINO DE DIOS, HUMANO E INMATERIAL


“Nos has ofrecido el tesoro de tu Reino, escondido en el campo de este mundo, para que al descubrirlo se sacie nuestro corazón”
(Plegarias de la comunidad, Casiano Floristán)

La liturgia de hoy nos ofrece uno de los evangelios[i] más controvertidos, para quienes se empeñan en encuadrar a Dios o darle una estructura concreta a través de rituales, prácticas determinadas o establecerlo en un orden jerárquico –en el que Él no ha pedido estar-; un evangelio que versa sobre la llegada del Reino de Dios. Equivocadamente, son muchas las personas creyentes que asocian el Reino de Dios con la vida futura y el ámbito de la soteriología. 

Reino de Dios no es el espacio desconocido y trascendente al que aspiramos llegar cuando muramos a la vida biológica que ahora disfrutamos, aquí en la tierra, no. Reino de Dios no es un lugar paradisiaco en el cual no hace ni frío ni calor, sino que se está estupendamente y en el cual nos encontraremos con nuestros antepasados, no. El Reino de Dios ha sido suficientemente explicado por Jesús de Nazaret con palabras y hechos, e igualmente ha sido continuamente desvirtuado –en cuanto a su realidad- por aquellos mismos que en Jesús de Nazaret decimos creer. Un Reino por el que suspiramos todos los creyentes cuando rezamos el padre nuestro: “venga a nosotros tu Reino”[ii]
Un Reino cuyo anhelo es el propio canto del adviento que anticipa la conmemoración de la venida del Señor: “maranatha” (¡ven Señor, Jesús!)[iii]. El capítulo 17 del evangelio de Lucas desgrana poco a poco las cualidades que debe tener la persona que sigue a Jesús; tales como fidelidad a Dios, grandeza de la fe, actitud de servicio, gratuidad y finalmente la llegada del Reino de Dios. Un Reino que suele llegar a nosotros de puntillas, y como bien expresaba C.Floristán “escondido en el campo de este mundo, para que al descubrirlo se sacie nuestro corazón”
Un santo del siglo III dejó escrito que «Incluso [...] puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera. Como es nuestra Resurrección porque resucitamos en él, puede ser también el Reino de Dios porque en él reinaremos»[iv]. Pero insisto en que el anhelo del Reino o de Reinar con Cristo, tras la revelación del mismo y sujetos al evangelio que nos ocupa, debe entenderse desde nuestra propia realidad actual, en la cual Jesús nos asiste por medio de su Espíritu santo –que debe iluminar nuestra conciencia-, para desde la vida en la que estamos, hacer y deshacer en y por Cristo y su mensaje. 
La traducción de Lucas 17,21b difiere un poco según la Biblia que se consulte. La latinoamericana manifiesta que el Reino “ESTÁ DENTRO” de vosotros, y la de Jerusalén y paralelas traducen que el Reino “YA ESTÁ ENTRE” vosotros. Son conceptos inherentes, ya que tanto si el objetivo del Reino se considera al sujeto individual –Templo donde Dios habita-[v], como a la colectividad de creyentes que se reúnen en nombre de Jesús[vi]; Dios y su Reino pueden estar manifiestos si se dan las condiciones oportunas para que así sea. 
Entendamos que Dios no se manifiesta solo porque se invoque la presencia, haya una imagen suya o se haga una plegaria. Dios es una realidad que trasciende incluso nuestro ser, pues es materia y espíritu, que se pueden manifestar de manera simultánea o diferenciada. 

Tal es así, que se nos pueden estremecer la entrañas ante una injusticia o una alegría concreta que no alcanzamos –pero que conocemos-; e igualmente podemos actuar en nuestro ser y vivir inmediato siendo solícitos con los retos que la sociedad actual y las personas nos presentan en la vida. Voy acabando. Al respecto de esto último, creo muy necesario que la persona creyente y el cristiano de hoy, caminemos hacia un reduccionismo de los valores del Evangelio, que son amplios pero se difuminan por la cantidad de cosas que le añadimos por medio de rituales, protocolos y cosas de esas.
Un reduccionismo que nos haga centrarnos en lo que verdaderamente merece la pena y nos alejemos de actitudes que ensombrecen nuestra vida y el propio Reino de Dios. Dios, que es dador de vida, jamás nos va a preguntar cuantas misas hemos escuchado, las veces que hemos comulgado y nos hemos confesado, no. Quienes hagamos eso y lo vivamos con alegría, genial. Pero eso no es lo que a Dios le importa ni le interesa. 
A Dios, que es VIDA y Padre bueno, lo que le interesa es la cantidad de amor, fraternidad y solidaridad que hemos aplicado hacia los demás y en diversas circunstancias, pues no solo la persona es objeto del amor de Dios y de los valores del Reino; sino que la Madre Tierra –dimensión maternal de Dios- igualmente suspira por nuestro respeto y nuestro cuido. 
Por eso es inmaterial el Reino de Dios. Por eso es humano el Reino de Dios. Un Reino que nos concede la oportunidad de obrar en nombre de Dios y restablecer dignidades perdidas por medio de actos sencillos, que conforman la propia vida y son importantes[vii]. Un Reino de Dios que nos ofrece el corazón humano, como mejor tabernáculo para darle culto[viii], dejando de lado sermones repetitivos y trasnochados y chantajes eclesiásticos de bajo coste. Dios y su realidad son mucho más y nos llaman a mucho más. A darnos, a cambiar y a transformar los corazones por medio de la bondad y la justicia.  
Fraternalmente, Floren Salvador (Notas al pie tras la plegaria)

Venga a nosotros, tu Reino (plegaria)
Dios y Padre bueno, que nos amas y nos buscas;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
De Ti mana la vida y el ánimo, Tú eres origen y meta del creyente,
aspiración súbita del que por ti es amparado;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Un reino consolidado por la humana presencia de Jesús de Nazaret,
tu Hijo y Hermano nuestro cuyas huellas decimos seguir;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Jesús nos dio la receta para servir y estar en tu Reino.
Una buena dosis de sencillez, capacidad para desprenderse,
amabilidad y abrazo fraterno en la acogida;
alegría, esperanza en la resurrección y respeto a la persona.
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde los trigales cuyas espigas mece el viento,
desde las marismas y bosques donde se configura la vida;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde las profundidades de la Amazonía,
cuya desforestación descontrolada
cercena el pulmón de la Madre Tierra;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde la esclavitud de tus hijos e hijas oprimidos
por el trabajo duro e injusto;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde el horror terrorista de los que utilizan tus nombres
para masacrar a familias y pueblos;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde la humildad de los que te buscan en silencio
trabajando por la paz allende los mares;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde el grito de aquellos cuyo amor es incomprendido,
desde la vocación maternal y paternal de “todas” las familias del mundo;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde las sabias arrugas de la ancianidad,
tan necesitada de caricias y sensibilidad;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde el pan o las naranjas compartidas en Tu Nombre,
cuyo sentido eucarístico nos llena de gozo;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde la cama de un hospital donde los días se contemplan
con incertidumbre a través de una ventana;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde la infancia con necesidad de amor,
educación y oportunidades de futuro;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde el horizonte y futuro incierto
divisado desde una patera en medio de oscuro y frio mar;
                ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde la vivencia gozosa y libre de la vida,
desde el abrazo fraterno en paz y bien,
desde la generosidad compartida;
                 ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde tu Reino, a cuya tarea me invitas a participar,
desde la necesidad de meter las manos en la masa del mundo;
                 ¡venga a nosotros tu Reino!
Desde un cristianismo sin condicionantes externos;
desde el “SÍ” histórico, fiel y definitivo de María:
                ¡venga a nosotros tu Reino, Señor! Amén.

Floren Salvador.



[i] http://servicioskoinonia.org/evangelio/evangelio.php?codigo=20161110
[ii] Mateo 6,10a
[iii] Catecismo de la Iglesia Católica ep. 2817
[iv] San Cipriano de Cartago, De dominica Oratione, 13
[v] Juan 2,19b
[vi] Mateo 18,20
[vii] Mateo 10,42
[viii] Juan 4,21 “conversación de Jesús y la samaritana”

martes, 1 de noviembre de 2016

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS, FIESTA DE VIDA

Hoy es el día de Todos los Santos, sí.
Para un florista es día de descanso o de comienzo de descanso, pues el cuerpo acusa el gran esfuerzo de la campaña floral, y poco a poco hay que recuperar el ritmo de la cotidianeidad. Para un creyente –como también es mi caso-, es un día por el que dar gracias a Dios por muchas cosas.

Hoy es día de alegría grande y gozosa, pues hoy es la fiesta del TESTIMONIO por antonomasia. Una lástima y un desastre litúrgico absoluto y sin parangón, es que muchas personas sigan deformando la realidad y maleducando a los fieles, relacionando esta fiesta de hoy con el día de mañana, día de los difuntos; diciendo –en el día de hoy- misas en los cementerios y esas lides.
Mañana es día de muerte y hoy es día de vida, pues todos aquellos que alcanzaron la santidad, lo hicieron porque testimoniaron y sembraron vida y amistad, mucho más allá de sus vidas. Sembraron hasta el punto de dejar un bagaje eterno, por medio del cual siempre les recordaremos. 
Estos son santos, igual que los santos canónicos reconocidos por la Iglesia; y cuyos procesos canónicos en muchos casos responden a intereses determinados -incluidos los políticos-.

Sino que por el contrario, esta fiesta de hoy fundamentalmente celebra la santidad callada y silente de tantas y tantas personas que han pasado por el mundo dejando un reguero de entrega, amor, solidaridad, servicio, comprensión…etc; llevando a cabo los valores esenciales que adornan a aquellas personas que viven según el Reino de Dios o los valores Humanos.
Madres, abuelas, esposos, hijos e hijas, nietos, personal entregado a la solidaridad en otros lugares del mundo donde nadie vá; médicos sin fronteras y gentes de ONGs que han perdido la vida por dar vida o prolongar la vida de otros, gentes que han dado la vida por los derechos sociales y la libertad…etc. Personas que se afanan por el bienestar de los suyos aun sin tener donde caerse muertos, y sobre todo, todo posible testimonio o vida entregada que no busca reconocimiento.

Uno de los males que aquejan al mundo es el alto nivel de hipocresía en el que muchos nos movemos –yo no soy una excepción-. Hay que corregir ese defecto en el ser humano, para llegarnos a ser auténticos e imitar a toda esa santidad reconocida en las vidas de aquellos que por nosotros y otras causas, se entregaron y dieron su vida, creyeran o no creyeran en Dios –eso es lo de menos-.
Hay en el mundo demasiado bien por hacer, para que nos calentemos la cabeza por el nombre de en quien lo hacemos. Se hace y punto, sin que ello tenga que repercutir en nuestra promoción personal o beneficio propio. O se es bueno o nos e es, pero uno no puede obligarse a ser algo, si no responde a su ser natural. Acabo.
Por ello, hoy recuerdo a quienes pasaron por el mundo siendo buenos y fraternos. Sobre todo a todas aquellas personas que a lo largo y ancho del mundo dieron lo mejor de sí mismo, solo porque sí y punto. ¡¡Benditos sean estos santos anónimos y silentes!!
Permita Dios y nuestra conciencia, que atendamos a los testimonios que abundan entre nosotros de personas que viven la santidad como norma de vida y le imitemos por ello, haciendo la vida más llevadera, digna y justa a quienes están junto a nosotros.

PLEGARIA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR LOS SANTOS
Dios y Padre bueno, que nos amas y nos buscas:
¡¡Gracias por los santos silentes!!
Gracias por tantas manos bondadosas
y anchos corazones que tanto amaron,
hasta el punto de ponerse al nivel del amor
que Tu Hijo Jesús tuvo a la Humanidad.

Permite, Padre de amor, que tu santo Espíritu
ilumine nuestras conciencias
para discernir con clarividencia cual es el camino correcto
para alcanzar la santidad aquí en la tierra.
Una santidad que está absolutamente reñida
con “postureos” y protocolos, pues no es de este mundo.

Una santidad que facilite a la persona una vida digna y justa.
Una santidad que como san Francisco de Asís,
nos haga abrazar sin medida y ofrecer ampliamente la paz y el bien.
Una santidad de los que dicen amar y por ti son amados.

Ojalá nos lleguemos a esa santidad, Padre bueno y Santo.

Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo
y por intercesión de tantos Santos anónimos y silentes,
cuyas almas cubren el cielo de la misma bondad
que dejaron aquí en la tierra. Amén.


Fraternalmente, Floren.

sábado, 6 de agosto de 2016

DIOS ES NUESTRO - FLASH DE LA PALABRA DE DIOS PARA EL FINDE. Domingo 19º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Dios es nuestro – flash de la palabra de Dios para el finde

Pero no acabamos de entenderlo ni de asumirlo en nuestra vida de creyentes. No me gusta  hablar de culpas, pero sí de responsabilidad. Desde un plano general, nunca se ha apostado por la formación ni por el estudio o el escudriñamiento de las escrituras. Sencillamente porque nunca les ha convenido a nuestros pastores –que nos quieren ignorantes-, ni al creyente en general; pues ponerse a ello supone un autentico dolor de cabeza y una implicación más intensa en el proyecto del “Reino”. 
Es mucho más fácil ir a misa el domingo –o cuando sea- y que el cura te ponga a parir y te diga que es lo que tienes que hacer. Todo esto es lo fácil, aquello a lo que se prestan un buen número de creyentes, a los cuales respeto. Lo difícil, considero yo que es el asumir que somos proyectos de Dios, cada uno de nosotros de manera individualizada; y teniendo esto claro aspirar a la comunidad desde un plano bastante general. 
"Lo único que hace verdaderamente hace falta para SER del Reino de Dios, es escuchar su palabra y aplicarla en el mundo con solidaridad y fraternidad, todo lo demás es absolutamente accesorio, todo."

No diré comunidad cristiana, pues eso hoy es día es puro reduccionismo, sino comunidad humana; pues un cristiano o un creyente hace falta en cualquier parte del mundo. Ojo, no para anunciar nada con aspiraciones de conquistadores, sino para testimoniar humanidad, que es de lo que auténticamente está necesitado el mundo. 
Este “finde” es intenso pues junto a la Liturgia de la Palabra del Domingo celebramos la transfiguración del Señor. Pueden ir la de la mano muy fácilmente las dos cosas. La transfiguración es una experiencia más del Jesús Resucitado que tuvieron los apóstoles. Es una situación épica, en la cual Dios da a Jesús plena autoridad para hablar en “SU” nombre y “SER” escuchado en su nombre; como garante absoluto del proyecto del Reino de Dios. 
Un Reino que está en ti y en mí, si así lo deseamos. Lo está por inercia, sin más. No cabe aquí decir que el Reino de Dios sea exclusivo de los bautizados, pues hay bautizados que dejan bastante que desear. Para ser del Reino, basta con querer serlo; y a posteriori ya se preocupará uno de desarrollar las actitudes propias del Reino de Dios en la vida de cada uno. 
Un Reino para el que Jesús nos advierte en el evangelio, que no debemos tener miedo. El miedo es propio de la condición humana, es algo que sentimos cuando peligra nuestra seguridad. Pero la seguridad máxima del Reino de Dios es la dignidad humana, la propia y la ajena. Y al respecto recibimos de Jesús un llamamiento concreto a vivir el miedo desde un plano ofensivo y no defensivo. 
El miedo puede paralizarte, pero sí que quedas estático –condición defensiva- te pierdes. Por el contrario Jesús nos llama a vivir el Reino de Dios desde la defensiva, afrontando así el miedo, la alegría y toda circunstancia positiva o negativa que se nos pudiera dar. 
Eso sí, una actitud defensiva desde el amor, el respeto y la fraternidad. El papa Francisco lo ha dicho hace unos días en Cracovia, “nuestra respuesta a un mundo en guerra se llama fraternidad”. Ojalá vivamos ampliamente nuestra condición de hijos e hijas de Dios, necesarios y precisos para Él que es la vida misma; el origen y sentido de todas las cosas. 
Un Dios que es fe consolidada y desde cuya fe se persevera (Hebreos 11,1-2.8-19). Un Dios que desde antiguo animó a los creyentes a estar en acción permanente escuchando Su Palabra y aspirando a la promesa de la esperanza, en cuya acción debemos colaborar (Sabiduría 18,6-9). Un Dios que nos ama y en la vida nos busca, y del que nos debemos sentir dichosos de que nos acoja en su corazón (Salmo 32), que es la vida misma del mundo. Amén.

Fraternalmente, Floren.

miércoles, 10 de febrero de 2016

¡MISERICORDIA, POR AMOR DE DIOS!

¡Misericordia, por amor de Dios!
Florencio Salvador Díaz Fernández (Titulado en Teología)

En el día de hoy, cuando escribo estas letras, una mujer me abordó esta mañana en una tienda de Estepa. Yo la conozco, y al ver su mirada de desasosiego le pregunté qué tal estaba. Confieso que la respuesta me hizo sentir terror y frío en la espalda. Me contó que estaba mal, muy mal. Sus circunstancias personales y familiares son lamentables y de necesidad extrema. Su vida ahora carece de sentido, solo quiere cerrar los ojos y quitarse la vida. 

Llego a la siguiente conclusión; esta mujer está así porque con ella no han tenido misericordia. Y no sabéis lo significativo que es el proponerte escribir sobre algo, aunque sea brevemente, teniendo ante ti la mirada de una persona, que como aquel herido junto al camino, nadie echaba cuenta. Una mujer con su dignidad adolecida y quebrantada. Una mujer ante la cual nadie puede, ni debe pasar de largo, si se considera seguidor de Jesús de Nazaret. Una mujer ante la cual recordé inmediatamente aquello de Mateo (5,5): “bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”. 
Cómo no nombrar aquí el año de la misericordia. La misericordia es una de las dimensiones de Dios, más extendidas y anunciadas y predicadas a lo largo del tiempo. Sabemos que desde un plano cristológico, la misericordia tiene su mayor exponente en la imagen del samaritano con el herido en los hombros (Lc 10,25-37). Además el icono del año jubilar de la misericordia, responde a esta parábola de Jesús. Pero, la misericordia está también presente en toda la escritura veterotestamentaria, de la cual es ejemplo el segundo libro de las Crónicas (28,12-15), solo cito esto para no extenderme. 
La misericordia es un sentimiento o más bien una actitud, que late en el tejido eclesial, ya que Dios es misericordioso porque ama sin medida y perdona sin medida, y todo todo, lo hace desde la amorosidad del que se compadece de su creación. La Iglesia no ha sabido sustraerse a esta amable dimensión de Dios, y desde los primeros tiempos ha tenido en cuenta el favor de Dios con la especie humana, sus hijos e hijas. 
Una de las primeras referencias que se hace en el magisterio de la Iglesia hacia la misericordia de Dios, deriva de la gratuidad de Este para enviarnos a su hijo, solo por nuestra salvación. Y se hace en un credo de la iglesia egipcia, contenido en un Canon de Confesiones de fe del año 380 aproximadamente: “crees en el Señor nuestro Jesucristo, Hijo único de Dios Padre, que admirablemente se hizo hombre por nosotros”. 

"misericordia es un sentimiento o más bien una actitud, que late en el tejido eclesial, ya que Dios es misericordioso porque ama sin medida y perdona sin medida, y todo todo, lo hace desde la amorosidad del que se compadece de su creación"

Tengamos en cuenta que el concepto de misericordia ha evolucionado en nuestra Iglesia a través de los siglos, pues llega a reconocerse la salvación incluso para los que no están en la Iglesia, ya que el amor de Dios supera toda barrera y toda estructura organizativa y toda posible jerarquía. “En efecto, los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón, e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.” (Pablo VI. Lumen Gentium.2-16). 
Tras este acelerado repaso de la misericordia a través de las escrituras y el magisterio eclesiástico, volvemos a la realidad. Esta realidad en la que está toda persona que considere seguir los pasos de Jesús. Y la vuelta a la realidad se hace ineludible para todo cristiano, pues las obras de cada uno, son las que dan un auténtico testimonio de la calidad de nuestro servicio cristiano. Me resultó muy curioso saber de un anuncio publicitario anónimo que una persona pagó en el periódico francés “Le Monde” (Feb-1983nº5), el cual decía: “¿Cuántos sacrificios son necesarios todavía, hasta qué punto deben deteriorarse aún las cosas para que creamos en Jesucristo, el Hijo de Dios?”. Es este un llamamiento profético de los de ahora. 

No vayamos a pensar que el sentido profético, la capacidad de denuncia de la injusticia por parte de Dios está agotada o apagada por el ruido de nuestro mundo o las nuevas tecnologías, no. Solo basta estar expectantes y tener un mínimo sentido de la contemplación para advertir los gritos que se suceden en el mundo. Gritos de ámbito extendido, y gritos que se nos presentan en la vida a nivel particular, como el de esta mujer nombrada al principio a la cual no le merece la pena vivir. 

"esta mujer está así porque con ella no han tenido misericordia"

“El Padre, Dios del universo, que está lleno de longanimidad, de misericordia y de piedad, ¿acaso no sufre de alguna manera? […] ¿Acaso el Padre es impasible? Si se le suplica, tiene piedad y compasión. Sufre una pasión de amor” (Orígenes S.II, citado en “La Souffrance de Dieu). Pero no podemos olvidar que tu y yo, si decimos seguir a Jesucristo tenemos que ser sus manos en el mundo. Y tenemos que hacerlo desde un plano igualitario, respecto del que tiene la dignidad quebrantada o no tiene que comer. No valen aquí juicios propios o criterios fundamentados en tal o cual cosa que nos llevarán a la justificación de nuestras injustificadas acciones, rotundamente no.
“Todo es relativo, menos Dios y el hambre” (Pedro Casaldáliga, Obispo). Dicho de otra manera, nada importa excepto Dios y la persona humana, con su hambre de alimento y de dignidad. Y que a nadie se le ocurra anunciar a Jesucristo sin un pan bajo el brazo, porque de buena voluntad está lleno el mundo pero sin soluciones. Quiero decir que de la grandeza de nuestro corazón, habla nuestra boca (Mt 12,43b). 
Queridos hermanos, por amor de Dios tengamos hambre de la Palabra de Dios (Amós 8,11b). Por amor de Dios, seamos sensibles a las realidades que nos rodean. Por amor de Dios, tengamos la osadía de preguntarnos quien es nuestro prójimo en la vida (Lc 10,29b). Por amor de Dios, seamos respetuosos y humanos como Jesucristo. 
¡¡Por amor de Dios, tengamos entrañas de MISERICORDIA!! 

“Señor, que no apaguemos el corazón,
no permitas que la vida nos lo apague.
Sin un corazón palpitante, ¿cómo corresponder a tu amor?
Sin una ternura profunda, ¿cómo servirte en los hermanos?
Señor, que eres comunidad con Jesús y el Santo Espíritu,
que eres amor que hace a los otros distintos
y los mantiene unidos sin confusión,
danos sentir tu amor como sol
que encienda nuestra tierra,
como lluvia que empape,
como viento que la esponje y estremezca.
Danos un corazón de carne,
aunque muera de dolor, de ansias o de desprecios.
Te pedimos, Señor, que no cometamos el sacrilegio
de emplear tus leyes para amordazar el corazón,
para neutralizarlo con códigos,
para sustituirlo con ritos y ceremonias,
para canjearlo por un poco de poder,
para venderlo a cambio de vivir asegurados.
En esta hora de lobos en que manda la ley
de la lucha por la vida y el dominio del más fuerte,
tú nos ofreces proseguir la misión que encargaste a tu Hijo:
“Liberar a los oprimidos”.
Para esta sagrada misión te pedimos, Señor,
que transformes nuestro corazón de piedra en un corazón de carne.
Te pedimos, Padre, el Espíritu Santo de la solidaridad. Amén.”


(Salmos de vida y fidelidad, Pedro Trigo. Teólogo jesuita)

domingo, 5 de julio de 2015

SE TRATA MÁS BIEN DE ARRIESGARSE Y ABRAZAR MC 1,1-16

Se trata más bien de arriesgarse y abrazar Mc 1,1-6
Hay ocasiones en las que por mucho que Dios quiera, por mucho que el Espíritu insista y por mucho que Jesús se muestre ante los ojos de las personas; es imposible que puedan actuar en la vida de estos si su corazón está cerrado al Reino de Dios.

El evangelio de hoy es de los evangelios que pueden ser llevados fácilmente al terreno de aquellas personas que no son aceptadas por la razón que sea, y así lamerse las heridas y complacerse en el papel del agraviado.
No, no. Marcos no nos enseña nada de eso en su evangelio. Marcos nos sorprende con una situación en la que las personas no están receptivas al Reino de Dios, bien porque no quieren influenciarse por el mensaje de Jesús, o bien porque la estructura de vida, sociedad, religiosidad…etc., que viven, les impiden percibir y aceptar a aquellas personas que testimonian en la llamada frontera.

Si, la frontera. La frontera que dirime el estar o no estar. La frontera del riesgo, la frontera de la situación límite. La frontera de arriesgarse a decir la verdad. La verdad se paga con sangre, y de qué manera. Pero son muchas las personas que se enfrentan a la sociedad o las gentes. O no se enfrentan pero se arriesgan pues ponen sus convicciones y dignidad personal por encima de todo, aun a riesgo de perder prestigio, trabajo o posición social. En estos casos también son muchos los amigos que suelen quedar en el camino. Estas actitudes en favor de la verdad y la justicia están muy cerca del Reino de Dios.
¿El problema de fondo? Suele ser la comodidad. Este evangelio está muy ligado al de semanas anteriores (Mc 4,35-40) en el que se nos hablaba del miedo de la fe, del miedo de la vida que paraliza la fe. Desde mi absoluta modestia, creo que Jesús nos enseña hoy en primer lugar a seguir descifrando su rostro entre la gente, pues sus profetas de hoy generalmente no llevan casulla y consagran el pan. Sus profetas están en los sitios menos esperados. Allí donde nadie quiere ir, en ese colectivo despreciado que lucha por sus derechos; junto a las que son golpeadas y cerca de los que son apartados por tal o cual. Esos son profetas en primer lugar porque son personas, y su situación de exclusividad les hacer ser más que portadores de la gracia de Dios y de su dignidad.

Estos están entre nosotros en nuestro pueblo y en nuestra comunidad, pero seguro que no van a la Iglesia porque allí no se les ha perdido nada. Quizás no quieran caridad sino dignidad, respeto comprensión. ¿Nos atrevemos a acogerlos? ¿O seguimos con la acepción de personas?

domingo, 28 de junio de 2015

ORGULLOSOS /AS DE JESÚS

Orgullosos/as de Jesús
“Dios no hizo la muerte ni se alegra con la destrucción de los vivientes, […] porque Dios creó al hombre y lo hizo a imagen de su mismo ser” (Sabiduría 1, 13a. 2,23)


Hoy hace cuarenta y seis años de aquellos disturbios en el barrio Neoyorquino de Stonewall, que arrancaron la lucha por los derechos LGTB en EE.UU., y posteriormente en todo el mundo. Recordando a quienes tanto se dejaron en el camino de la vida por la obtención de estos derechos, y sin dejar de mirar hacia países donde la homosexualidad es penalizada hasta con la muerte; hoy es un buen día para felicitarnos. 
El mejor regalo que se nos pudiera hacer a toda la comunidad, es que la corte suprema de los Estados Unidos reconociera irrevocablemente el derecho del matrimonio homosexual, lo cual es ya una realidad desde hace pocos días. 

Pero hay otros motivos para alegrarnos en este día y hay motivos para no dejar de sentirnos personas libres y seguir luchando para que otros lo sean. 
Desde mi condición cristiana me llama mucho la atención las lecturas de este domingo. Y no solo me llaman la atención, sino que desde la perspectiva de Jesús de Nazaret, creo que es muy posible un mundo mejor donde la libertad sea el punto de partida y la humanidad el punto de encuentro. 
Las religiones desde hace miles de años, ha dificultado la progresión en los derechos y libertades de las personas. El enfermo era despreciable solo por serlo, y así mismo cualquier persona que tuviera o viviera una cualidad excepcional en su vida (Levítico 15,25-30). Todo fuera por una manipulación de Dios al servicio de unos intereses concretos. 
Aunque en la actualidad aun tenemos talibanes en todas las religiones, que nos dicen a todos lo que tenemos que hacer e incluso se atreven a postularse como ejemplos, desde Jesús de Nazaret solo se nos muestra un camino posible, el camino de la vida y el camino del amor. Entendida cada dimensión como uno quiera, siempre y cuando no sea en detrimento de la libertad del otro ni de su dignidad. 
La lectura primera del día de hoy (Sab 1,13-15;2,23-24) bien podemos resumirla con aquella frase de San Ireneo que tanto me gusta: “la gloria de Dios es que el hombre viva”. Por otro lado, el evangelio (Marcos 5,21-43) nos muestra un camino en el cual Jesús de Nazaret una vez más rompe con el sistema establecido dejando de lado la ley escrita, poniendo en práctica la acogida y el amor como premisa de la existencia humana. “Si algo se desprende con claridad de su actuación es que, para él, hombres y mujeres tienen igual dignidad personal. 

Sin embargo, los cristianos no hemos sido todavía capaces de extraer todas las consecuencias que se siguen de la actitud de nuestro maestro. El teólogo francés René Laurenti ha llegado a decir que se trata de una “revolución ignorada” por la iglesia” (J.A. Pagola). 
Revolución que se vislumbra en lontananza desde el talante fraterno del Papa Francisco, pero que bien puede quedar en agua de borrajas por la presión de la gran estructura católico ortodoxa. En cualquier caso, en Jesús, por Jesús y desde Jesús de Nazaret tenemos un motivo para sentir orgullosos y orgullosas de que hace tantos siglos, un hombre desafiara las reglas establecidas y se volviera hacia aquella mujer a quien el sistema excluía por su enfermedad y su femineidad, y hablándole al corazón le restituyera su dignidad otorgándole la suya propia. 
¿Cuántas personas viven su vida en oscuridad simplemente por ser como son? “Personas buenas que se sienten indignas de acercarse a recibir a Cristo en la comunión; cristianos piadosos que han vivido sufriendo de manera insana porque se les enseñó a ver como sucio, humillante y pecaminoso todo lo relacionado con el sexo” (J.A.Pagola). 
¿Cuál es nuestro lugar, Señor? Se me ocurre preguntar hoy en el silencio de mi ermita. Desde luego no merece la pena sufrir por presiones o por la insensibilidad de la estructura católica ni de sus agentes clericales. Jesús, Jesús y Jesús. Su nombre nos lo dice todo, “Dios salva”. 
Y en su mensaje encontramos la receta necesaria para hacer el REINO DE DIOS, para vivir en fraternidad con aquellos que nos aman e intentando siempre poner cara amable a aquellos a los que debiéramos amar más. Jesús es nuestro valedor, nuestra suerte, nuestra liberación. 
¿De qué clase de muerte rescató Jesús a la hija de Jairo? Pues de una muerte en vida como tantos y tantas. De una sepultura causada por la ley, los estigmas y el continuo rechazo incluso de los más cercanos. 
Permita Dios, la vida y la conciencia humana, que se eliminen las barreras de la exclusión sexual, racial y de toda índole. El mundo no es mundo si todos no conformamos una gran fraternidad humana donde la paz, la justicia y la solidaridad sean una realidad. Confiemos en Jesús, en su proyecto del cual somos valedores/as. 
Solo así nos sentiremos cada día más orgullosos/as de Él. 
Feliz día del orgullo.

Floren Salvador Díaz Fernández.