CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

sábado, 3 de marzo de 2018

EL COMPLEJO MARIDAJE ENTRE LA DESVERGÜENZA Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN


(*) Opino que la sentencia es excesiva. Sí, creo que lo es. Este chaval se habrá "acojonado" bastante como para tener cuidado de sus letras la próxima vez que componga. Ahora, señoras y señores, ¿Al arte en sí mismo -como expresión creativa- hay que permitírselo todo? ¡¡EN ABSOLUTO!! Felipe de Borbón además de rey es una persona. Lo es. Esposo y padre. Se podría hacer una letra de rap poniendo como los trapos a la madre del rapero y justificarlo como libertad de expresión. 


O quizás algo mejor, invitar al rapero a que diera un concierto ante víctimas de ETA, para que cantara la letra donde jalea la colocación de bombas por parte de la banda armada. Sí, sí, que bonita es la libertad de expresión. Sí, es maravillosa. Sobre todo cuando ponen a parir al de al lado y a mí no me tocan ni un pelo.

¿Os dais cuenta de que todo cambia cuando se pone uno en la piel del otro? Es un ejercicio muy recomendable que siempre nos ha enseñado mi mamá, a mis hermanos y a mí.
Sinceramente, creo que se han perdido los papeles en cierto modo. Soy de la opinión de que debiera de suprimirse el articulado constitucional que advierte sobre las injurias al rey. Yo lo cambiaría por injurias a toda persona, pues en dignidad somos todos iguales. Con corona o sin corona. 

Pero dejando claro que por mucho derecho que una persona crea tener al expresarse o al cantar –que lo tiene-, el mismo derecho de asiste al otro para que sea salvaguardado su honor y su dignidad.
ACLARACIÓN. A mí también me irritan las condenas comparativas. O sea, las calles están llenas de ladrones y otras personas que merecen estar entre rejas y este rapero pasará algunos meses a la cárcel. 
PERO ESE NO ES EL TEMA. 
Esa es la deriva sensacionalista a la que nos llevan en facebook o en los grupos del dichoso “wasapps”. El meollo de la cuestión sobre lo que he querido opinar, es que la desvergüenza no puede estar amparada por la libertad de expresión. Todo lo que sea violentar al otro o herir profundamente sus sentimientos, debe estar regulado y penalizado –si así lo mereciera-. 
Así lo creo, con todo respeto.
Fraternalmente, Floren.

*LA NOTICIA: http://cadenaser.com/ser/2018/03/02/tribunales/1519994155_836381.html

viernes, 2 de marzo de 2018

EL PARADIGMA DE JESÚS Y NUESTROS PARADIGMAS - José Mª Castillo, Doctor en Teología


La parábola del rico epulón y del pobre Lázaro (Lc 16, 19-31) nos enseña, entre otras cosas, lo inquietante y peligroso que es el “pecado de omisión”. Es el pecado que consiste en dejar las cosas como están. Porque “el mundo es como es”. O también, “las cosas son como son”. Y yo no puedo cambiar ni el mundo ni las cosas. De ahí que el interés, o el proyecto de la vida, lo centra cada cual “en sí mismo”. Cosa que se puede hacer por el egoísmo burdo del que se dedica a pasar la vida lo mejor que puede, como fue el caso del rico epulón, que se dedicaba a banquetear cada día y a vestirse con el lujo más refinado. O también se puede hacer – lo de centrar la vida en sí mismo – por un motivo religioso. Porque el sujeto ya ha encontrado a Dios y se ha relacionado con Dios. Es decir, tiene su conciencia en paz y se siente espiritualmente satisfecho. Es el caso del “sacerdote” y del “levita”, que se mencionan en la parábola del buen samaritano (Lc 10, 31). Los dos “bajaban” (“katébainen”) (F. endrich).
 Si bajaban por aquel camino, es que (sin duda alguna) descendían del monte donde estaba el templo, en Jerusalén, y viajaban hacia Jericó. O sea, lo mismo que el rico epulón se sentía satisfecho por su buena mesa y su buen vestir, el sacerdote y el levita se sentían también satisfechos porque el problema, que a ellos les preocupaba, que no era un vulgar problema “material”, sino un problema “intelectual”, el problema de Dios. Es decir, dónde y cómo encontrar a Dios. El “epulón” lo satisfacía en su casa, en sus banquetes y en su buen vestir. El “sacerdote” y el “levita” resolvían ese problema en el templo. La cuestión era vivir sin preocupaciones. ¿Y qué hacemos con el mendigo del portal o con el apaleado del camino? “El mundo es como es”. Y lo que cada cual tiene que hacer es vivir en paz.
Como dicen los hombres religiosos del Oriente unitario, vivir en el “Dharma” profundo, difícil de comprender, difícil de alcanzar, ya que su iluminación es tranquilidad y silencio; es excelente, trasciende el campo del análisis y las distinciones, es sutil, es una realidad que solo puede ser conocida por la sabiduría”. Es pura mística, en el sentido más radical, pero quizá también el más peligroso. Ya que, entonces, “la naturaleza y yo nos hacemos uno”. ¿Y lo demás? ¿Y los demás? “El mundo es como es”, Y yo no lo voy a cambiar.  
Así las cosas, lo primero que se me ocurre aquí es recordar lo que, hace ya bastantes años (en 1969) escribió John K. Galbraith, uno de los más importantes economistas del siglo pasado. Este hombre fue enviado, por la administración de EE. UU., como embajador de su país a la India. Pues bien, al terminar sus años de estancia, en uno de los países más religiosos del mundo, publicó un libro (Ambassador’s Journal, 1969), en el que recogía sus impresiones de la estancia en India. Y en ese libro afirmaba que la causa más determinante de la pobreza y el hambre en aquel país era precisamente le religión que allí se vivía. Porque era una religión que, desde su profunda espiritualidad unitaria, lo que en realidad fomentaba era la aceptación que la vida le asigna a cada cual para que acepte y viva, en la resignación y mayor paz posibles, la suerte que la ha tocado en este mundo. Y entonces, como es lógico, un país, en el que cada ciudadano vive resignado y aceptando la suerte que le ha tocado en la vida, ¿dónde va a encontrar el poco bienestar que puede tener en la vida? En la paz unitaria de su propia intimidad. Posiblemente, no le queda otra salida.
Por supuesto, yo no soy quién para asegurar que todo esto es así. En todo caso, y a la vista del notable interés que suscita el tema de los diversos paradigmas sobre el tema de Dios y la espiritualidad, me ha parecido que puede tener quizá utilidad indicar algunas cosas, que pueden interesar a algunas personas preocupadas por el tema de Dios y de la religión.
Ante todo, el Homo Sapiens no empezó a practicar la religión para buscar a Dios. Mucha gente no sabe que “Dios es un producto tardío en la historia de la religión“ (cf. la bibliografía es muy abundante sobre este asunto capital. Cf. Walter Burkert, Homo Necans, con amplia documentación). Si el ser humano apareció hace unos cien mil años, el pensamiento simbólico y las expresiones simbólicas, relativas a “lo religioso” (ritos, sacrificios, cultos funerarios, etc.), se practicaron, sin mención alguna de Dios, durante más de ochenta mil años (cf. Ian Tattersall, Richard Leakey, Carl Sagan, etc.). Baste pensar que Ina Wunn ha escrito un volumen de más de 500 pgs. sobre Las religiones en la prehistoria, en el que no se menciona a Dios.
Además, es importante tener muy claro que Dios no es un componente de la religión. Porque Dios es trascendente, es decir, no está al alcance del entendimiento humano. O sea, no sabemos, ni podemos saber, cómo es Dios. La religión es inmanente y, por tanto, es un hecho cultural. En cada cultura, los humanos nos “representamos” a Dios de acuerdo con la propia cultura. Pero una “representación cultural de Dios” no es “Dios”, el Dios Trascendente. No puede serlo. Ya he dicho que la religión es un “hecho cultural”, mientras que Dios no puede ser un “hecho cultural”, ya que (en tal caso) Dios sería un producto nuestro, un producto humano.
Por otra parte, si el tema de Dios se piensa desde el concepto de “lo infinito”, en tal caso nos imaginamos a Dios como “poder sin fin”, “amor sin fin”, etc. Pero, si echamos por ese camino, nos metemos sin remedio en un callejón sin salida. Porque entramos en una contradicción insoluble. ¿Cómo conciliar el poder sin límites y el amor sin límites con el problema del mal en el mundo? Si Dios es tan poderoso y es tan bueno, ¿cómo ha hecho (o permite) este mundo tan espantosamente limitado, perverso y sobrecargado de tanto dolor y de tanto sufrimiento?  
La solución, que el cristianismo le ha dado a este problema, ha sido la “Encarnación de Dios” (“humanización de Dios”) en Jesús. Es decir, en aquel modesto galileo, que fue Jesús de Nazaret, se nos reveló Dios y se nos dio a conocer el mismo Dios. Esto está claramente e insistentemente repetido en el Nuevo Testamento (Jn 1, 18; 10, 38; 14, 9-11; Mt 11, 27; Lc 10, 21-22; Fil 2, 6-7; Col 1, 15; Heb 1, 1-2). Ahora bien, esto nos viene a decir que los humanos no podemos hablar de Dios mediante nuestras ideas, nuestras palabras o nuestros sentimientos, sino mediante nuestra vida, nuestra conducta, nuestro comportamiento. Esto es lo que expresa y lo que explica en quién creemos y en lo que creemos. Nuestra forma de vivir, nuestro proyecto de vida, el paradigma de nuestra conducta, eso es lo que dice cuáles son nuestras verdaderas creencias. Nuestras obras, nuestro proyecto de vida es el que le dice a la gente en qué y en quién creemos de verdad. Jesús mismo lo dijo con toda claridad: “Si no creéis en mí, creed en mis obras” (Jn 10, 38). Las “obras”, en el evangelio de Juan, y los “frutos”, en los sinópticos, es decir, la conducta, el proyecto de vida, eso es lo que revela en qué es en lo que cada cual cree de verdad. Por tanto, la forma de vida y el proyecto de vida de cada cual, eso (y nada más que eso) es que le dice a la gente en qué y en quién cree cada cual. Eso, y sólo eso, es lo que revela o niega a Dios.  
Esto supuesto, lo decisivo es tener muy claro que el paradigma religioso de Jesús fue uno y muy firme: aliviar el sufrimiento de quienes lo pasan mal en la vida. Jesús, por tanto, nos reveló a Dios en el paradigma de la justicia, la rectitud, la honestidad, la bondad, la misericordia, la lucha contra el sufrimiento y, sobre todo, la identificación con quienes lo pasan peor en la vida. Éste es el lenguaje que, según el cristianismo, habla de Dios, nos explica a Dios y nos propone el paradigma que explica a Dios. Es, por decirlo mediante un ejemplo muy sencillo, claro y actual, el paradigma de vida que nos presenta el estilo y la forma de vida del Papa Francisco.  
Como ha escrito acertadamente Juan Antonio Estrada, “ante una cultura inhóspita a la religión, hay un refugio en la interioridad, en la meditación, en la conciencia vivencial de lo divino, dejando sin tocar los condicionamientos externos. La crítica moderna ha denunciado las formas religiosas que tienden a la “fuga mundi”. El peligro está en refugiarse en un gueto espiritualista, ajeno a la realidad de la sociedad en que se vive” (Las muertes de Dios. Ateísmo y espiritualidad, Madrid, Trotta, 2018, 187-188).  

lunes, 26 de febrero de 2018

LA IGLESIA Y EL MALESTAR EN ESPAÑA - José María Castillo, Doctor en Teología


José M. Castillo

Es un secreto a voces que, en España ahora mismo, es demasiada la cantidad de gente que, por un motivo o por otro, se siente descontenta, inquieta, insegura, en una situación de profundo malestar. Como es lógico, la política y la economía tienen mucho que ver con este sentirse mal de tanta gente. Si vivimos en un país en el que los políticos han organizado (o permitido que se organice) la economía de forma que la desigualdad entre los más ricos (unos pocos) y los más pobres (una notable mayoría) es la que más ha aumentado en Europa en pocos años, ¿Cómo no vamos a hablar de un profundo malestar y de una situación que claman al cielo? Por eso también hay que preguntarse, ¿tiene que ver algo en esto la religión? Más en concreto, ¿tiene alguna responsabilidad la Iglesia en que las cosas estén tal como están?
Aquí no vale echar mano del consabido argumento según el cual lo que tiene que hacer la Iglesia es quedarse en sus templos y dedicarse a sus rezos, dejando a políticos y economistas, para que sea ellos - los que saben de las cosas de este mundo y tienen los poderes correspondientes - quienes organicen y gestionen la vida de un país para que funcione lo mejor posible.  
Por supuesto, así tendría que ser, si políticos y economistas fueran ángeles del cielo. Pero de sobra sabemos que no lo son. Como sabemos también que, en demasiados casos, políticos y gobernantes son gente corrupta, que utilizan sus cargos y su poder en provecho propio y a costa de los más débiles. Además, esto se hace de manera que a la gente se le dice lo que va bien y se le oculta lo que va mal. Por eso, sin duda, los gobernantes no paran de repetir que la economía de España es la que más sube en Europa, cuando en realidad España está casi a la cola en la asombrosa desigualdad entre los más ricos y los más pobres. ¿Quién entiende este “galimatías” de mentiras, medias verdades y trampas que se ocultan según conviene al capital y al poder? No le falta razón al novelista Upton Sinclair cuando nos recuerda que “es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda”. Es exactamente lo que ahora mismo le está pasando a mucha gente cuando, por una parte, oye lo que dicen los que mandan y, por otra parte, percibe (cuando lo percibe) un jornal que ni es seguro, ni le da para llegar hasta final de mes.
Y mientras tanto (o que yo sepa), hasta ahora, nuestros obispos cavilando si se puede o no se puede comulgar en la mano, si hay que negarles los sacramentos a los divorciados vueltos a casar, si los homosexuales están o no están empecatados, si la Iglesia tiene que ir por donde pretende llevarla el Papa o si no sería mejor que las cosas funcionen como pretendía Rocuo. Pero, ¿y si el Parlamento se pone a repensar que a la Iglesia hay que quitarle los privilegios económicos que tiene? ¿y si el Gobierno les quita a los curas la “paguita”, por aquello del Concordato y los Acuerdos con la Santa Sede? Sinceramente, a veces, me da por sospechar que nuestra Conferencia Episcopal piensa que “lo más prudente”, en todo lo que roza este asunto del dinero, lo mejor es dejarlo como está. Y que cada cual se apañe como pueda.
Sinceramente, con frecuencia me da por pensar que estamos viendo y viviendo la capitulación de la religión ante la lógica del poder. Es decir, estamos reduciendo la “causa de Jesús” a “mera religión”. Y la religión – ya se sabe – no tiene más salida que entenderse lo mejor posible con el poder, incluso apoyarlo en todo cuanto a la religión le conviene. Lo demás, que salga adelante como pueda. Y sale. Pero casi siempre a base de dejar a los más desamparados tirando de su desamparo. Y que salgan adelante como puedan. Siempre habrá centros de caridad y ayudas de limosna, para que la gente vea que la Iglesia “hace lo que puede”. Y es verdad. La Iglesia, como “religión” hace lo que puede. Pero, ¿y la “causa de Jesús”? ¿dónde la ponemos? ¿cómo la vivimos? El “mandamiento nuevo” del amor (Jn 13, 34-35) y la sentencia del juicio de las naciones: “tuve hambre y me disteis de comer” … (Mt 25, 31-46), eso es un buen material para días de retiro. No pida Vd. más, que no es posible. Así estamos.    

sábado, 17 de febrero de 2018

LA CREACIÓN DE DIOS Y EL PECADO ORIGINAL


(Publicado en la Revista "Blanca y colorá" de la Hdad. del Dulce Nombre de Jesús de Estepa, Cuaresma 2018 nº 15)
Me acerco de puntillas a este tema tan recurrente en la cuaresma. ¿Seríamos capaces de estructurar una cuaresma sin el pecado y todo lo que representa? Quizás sería posible, pues en cuaresma a los cristianos se nos suele pasar por entre los dedos lo fundamental, que cuaresma es preparación para la Pascua, no preparación para la semana santa. Pero solemos hacer un uso desbordado del pecado, para circunvalar toda la cuaresma en torno a esta condición negativa. Está claro que, definamos el pecado de una manera u otra, este existe. Así es.


Y existe, no porque esta condición nos haga opositores a Dios, ni mucho menos (luego me explicaré), sino porque el pecado simplemente nos aparta de Dios. El origen del ser humano es algo sobre lo que mucha gente duda. Se nos mostró en la infancia el relato de Adán y Eva y se nos dio por bueno y absoluto, y eso es un error. Hay que partir de la base de que se tenga la opinión que sea al respecto, en toda la creación del mundo y la evolución humana está presente la mano de Dios que por amor nos crea. Las últimas investigaciones al respecto apuestan por el poligenismo (varios orígenes) de la evolución humana, con lo cual no podría ser verosímil la idea de dos únicos seres en el mundo, desde los cuales se expandió el ser humano.

Si bien es verdad que la antropología centra en el África Subsahariana el origen de la especie (Homo habilis), varios hallazgos importantes al respecto por todo el mundo, identifican la evolución humana como un hecho contrastado y factible. Prueba de ello son los descubrimientos de “Altamira” y los importantes hallazgos de la cueva “Denisova” en Siberia, además de otros. O sea, el ser humano emergió progresivamente en la tierra. Aun así, consideraremos siempre a Adán (que significa hombre) y a Eva (que significa vida) padres de la creación, pues en ellos está representado todo el género humano.

Ahora bien. El libro del Génesis, libro del origen de la creación, nos ofrece en su comienzo dos relatos de la creación. Uno a continuación del otro. Si bien es verdad que el primero (Gn 1,1-31.2,4) es el que se centra de una manera concreta en la creación de todas las cosas y seres, por parte de Dios; el segundo (Gn 2,4ss) igualmente explicita lo creado, pero ahondando de una manera relajada y extensa en la causa de la desobediencia del hombre y la mujer, constituyendo así lo que denominamos el “pecado original”. Es más, este segundo relato tiene como objetivo primordial el dejar claro por medio de la desobediencia, que el ser humano aunque es la obra prima de Dios y especie en la cual Dios mismo se nos revelará (Juan 1,1ss), está sujeto a la imperfección y por ello nunca se podrá igualar a Dios.

Es un relato que en absoluto es escrito en primer lugar en la biblia, sino que es escrito en el siglo X.aC, como resultado de las reflexiones de un grupo de sabios de la corte del rey Salomón, en una etapa de solidez para Israel. Por ello, es notable como los humanos arrastramos pesadamente nuestra condición pecadora, abundada de una manera machista por los hagiógrafos del Génesis, al situar a la mujer como causa y origen de la tentación. Nada más lejos de la realidad, pues como he dicho antes este relato no es histórico. Es lo que denominamos los estudiosos de la biblia un escrito “etiológico”, en cuanto a que perteneciendo al pasado puede dar respuesta al presente, con los conocimientos de hoy. Para contextualizar el pecado hoy, debemos partir de la consideración de dos aspectos primordiales.

El primero consiste en que es imposible ofender o pecar contra Dios. Imposible. Lo que el cristianismo arrastra de la tradición judaica junto al pensamiento clásico, nos hacen idealizar a Dios en el cielo, como recurso ante lo que nos supera y fundamentalmente manipulable hacia los intereses individuales o colectivos. Pensamos en Él como un anciano venerable de blanca barba. Alguien que nos abrazará el día de mañana en el otro mundo…etc. Y el que así lo piense mejor para él. Pero Dios es mucho más que todo eso. Dios es el TRASCENDENTE, el que nos supera desde todas las perspectivas posibles respecto a pensamiento, medida o percepción. Es inconmensurable pues todo lo puede, está en todo y por todo, pues es la causa de todo. Y como nos enseña la pneumatología, su esencia (partícula) está en todo lo solido, material o inmanente (relativo a espiritual) que puebla el universo.

El segundo aspecto importante, es que tal y como concebimos el pecado desde la antigüedad, en cierto modo el primer perjudicado por el pecado es Dios mismo. “Porque la imagen de Dios, que resulta del pecado y sus castigos, deforma la realidad de Dios hasta el punto de que se puede hablar de un auténtico esperpento” (J.Mª Castillo-Doctor en Teología). Y es precisamente la deformación clásica a la que ha sido sometida la imagen de Dios, la causante de que mucha gente se haya apartado de Él, cansados de rigorismos y de un Dios –que según nos han enseñado desde pequeños- parece que castiga más que ama. ¡No hagas tal o cual cosa, no te toques, no pienses, cumple la ley, no esto, no lo otro…etc, que te castiga Dios! O esa expresión tremenda ante las catástrofes: “esto lo manda Dios”.

Es cierto que en estos aspectos hay mucho de culpar a Dios porque no se puede culpar a nadie más, así como la nula explicación que tiene el origen del mal, otro tema recurrente. Lo cierto y verdadero es que desde tiempo inmemorial se ha asociado el mal con Dios y esto es un error no solo de forma, sino de fondo. Los estudiosos de la biblia sabemos que hay más de mil citas en las que Dios amenaza con muerte o destrucción. Y unas cien citas en las que Dios mismo ordena asesinatos incluso infanticidios (Jr 51,20-24), mostrando “Ein heiliger und gefährliger gott” (un Dios santo y peligroso) como afirmo el erudito teólogo y jesuita alemán que hemos leído, Raymund Schwager.

Esto es duro, sí. Lo es. Duro e injusto. Porque si bien la biblia entendemos es inspirada por Dios, también los acontecimientos narrados en el A.T. han sido sometidos a la interpretación humana y a su deformación, en muchos casos por justificar las acciones de Israel para legitimar sus ansias nacionalistas acontecidas a lo largo de la historia. Esto es así. El Nuevo Testamento y todo lo que representa, también se sustrae en muchos pasajes a la similitud de Dios=Venganza=Pecado. “Sin derramamiento de sangre, no hay perdón” (Heb 9-13). Poner esta cita en boca de Dios, es una autentica barbaridad, porque dinamita la dimensión paternal y maternal de Dios, que por pura gracia nos dio la vida. Pero es cierto que en el Nuevo Testamento sucede algo formidable, y es que se nos revela el autentico rostro de Dios mismo.

 Que no es solo el rostro de Jesús el carpintero de Nazaret, sino que el mismo Jesús, prefiguración del rostro de Dios, siendo humano encarna en sí mismo a todo el género humano que es objeto de la creación de Dios y por ende de su amor; así como también es el ser humano el objetivo primordial del mal, causado de manera individual y colectiva. Naturalmente desde este aspecto primordial si es posible, no ya ofender a Dios mismo; sino que le ofendemos en esa persona en la cual Él se encarna, constituyéndola portadora de la gracia, templo del espíritu santo y manos y rostro suyo. He dicho muchas veces que Jesús de Nazaret se pasó toda su vida pública abrazando a los que estaban al borde del camino, restaurándoles su dignidad. 


Por ello, todo debe ir acompañado de una praxis, de una buena acción. Todos conocemos el dicho de “obras son amores y no buenas razones”. ¿Dónde dejamos a Dios cuando violentamos, gritamos, despreciamos o insultamos a alguien? ¿Obtendremos el perdón? Sí, desde luego que sí. Si no nos perdonan en el confesionario acabaremos perdonándonos a nosotros mismo, aunque esta última opción sea equivocada, tanto en su forma como en su fondo. Lo es, porque el perdón tanto personal como eclesiástico jamás lleva consigo aparejada una amnistía general. Me explico.

El perdón jamás exonera de la responsabilidad del daño causado o la falta cometida. No puedes dejar ahí sin más esa situación convulsa que tú has creado. No puedes marcharte tras haber violentado a una persona con gritos o golpes. No. Si no actúas pero pides perdón, realizas una pantomima de primer orden. Aquí deben ir de la mano aquello de acción-reacción. ¿Cuánto cuesta restablecer la confianza? Una eternidad, pero hay que ponerse a ello y sembrar ocasiones de fraternidad, respeto y paz.

Nunca debemos olvidar que el Espíritu Santo antes de residir en nuestras iglesias, habita en la persona. En cada ser humano, sea creyente o no creyente, reside la esencia de Dios que hace del hombre y la mujer su último proyecto, perfeccionado en la persona de Jesús, el Hijo del Hombre, que por gratuidad nos ofrece su misma gracia, don de dones = JARIS. Pensemos pues, antes de tirar la piedra. Solo así seremos fraternos y misericordiosos y haremos gala de Seres Creados por Amor de Dios y para la vida del mundo. Feliz camino a través del desierto cuaresmal.

Florencio Salvador Díaz Fernández.
Estudiante de Teología y Sagrada Biblia

domingo, 7 de enero de 2018

¡BASTA DE MANIPULAR A CRISTO! Él es vida y No ley a cumplir.

Cuando escribí hace unos años “El lodazal del Jordán”[1], ya pensaba en ciertas cosas que omití entonces, para no hacer de insoportable lectura el artículo. Pienso muchas veces, en la cantidad de personas que siendo bautizadas en su momento, hoy en día viven sin tener nada que ver con el catolicismo. Sí, digo bien, catolicismo. 

Estoy plenamente convencido –y lo he escrito bastantes veces- que los que decimos estar en comunión con la Iglesia, debiéramos de estar muy atentos a ejemplos de vida que muchas personas ofrecen, sin hacerlo directamente en nombre de Jesús; pero ofreciendo solidaridad, respeto fraternidad…etc[2]
El bien en sí mismo es un principio de humanidad, y prestarse a ello es dar lo mejor de uno mismo en pos de la creación, donde resaltamos de una manera notable, tanto en el aspecto positivo como en el negativo, los hijos de Dios. Es por ello, que siempre he estado a favor de dar todo el significado posible a los símbolos. Intentaré explicarme. 
Cuando pienso en el bautismo de Jesús, veo a un Jesús que se presta a realizar un símbolo aun sin necesitarlo. Él era el hijo de Dios. Y si bien es verdad que el bautismo de Jesús por Juan en el Jordán, la apertura del cielo y aquella voz que se oyó, responde a una epifanía más de Jesús; también es verdad que Jesús se presta a que le echen en la cabeza un agua que no necesita por ser el Hijo de Dios, con el nombre sobretodo nombre. 
Al uso de este tema, entiendo la necesidad de muchas personas que por estar, vivir o encontrarse en unas determinadas circunstancias, pueden tener una acogida fraterna en nuestra Iglesia, pero una acogida a medias e incluso me arriesgo a decir hipócrita, ya que se les cierra la puerta a los sacramentos o determinadas ceremonias simbólicas. 
Estos al contrario de los que ignoran su bautismo, desean dar plenitud a su condición de bautizados pero no encuentran lugar en la “comunidad eclesiástica” al no vivir una circunstancia “normal” o conforme al derecho canónico. En cierto modo (y es algo que he dicho muchas veces) nuestra Iglesia, aun tras la venida de Jesús y todo lo que de nuevo inaugura, sigue empecinada en dar cumplimiento a la antigua economía de la salvación. 
Economía que se basa en: te salvas si cumples la ley, exclusivamente. La Nueva Economía de la salvación que inaugura Jesús, se basa en el amor exclusivamente. O sea, te salvas si amas. Eso es suficiente para Jesús. Que nos ofrece en su bautismo lo que yo entiendo por un acto sencillo que puede realizar cualquier persona por si misma o de manos de otra persona, siempre que desee, no ya formar parte de la Iglesia y participar de la vida “cultual” y tradicionalmente sacramental; sino simplemente considerarse seguidor de Jesús y miembro de la comunidad cristiana. 
Es curioso como muchas personas critican el anquilosamiento del magisterio eclesiástico, pero luego en sí mismos son más papistas que el papa (salvando de ello al propio papa que es fraternidad absoluta y un claro ejemplo de lo que estoy defendiendo aquí). 
Cualquiera haciendo gala de un buen grado de ignorancia, es capaz de pedir que la Iglesia venda el Vaticano para dárselo a los pobres, pero es incapaz de asimilar que Jesús defiende ante todo en su vida la dignidad, la salud universal y el AMOR con mayúsculas, se dé entre las personas que se dé. Aquí ya se le ponen a muchos la mosca tras la oreja, pero es el tema de fondo de este artículo. La acepción de personas que hacemos de una manera colectiva (en la Iglesia) o individualizada. 

Hoy y ante una ceremonia no canónica que realicen seria y responsablemente unas personas incluso en el nombre de Jesús y atendiendo Su Palabra, pero donde no haya un sacerdote, digo que es fácil que se tilde esa ceremonia de “paripé”, burla o incluso de cachondeo. Pero si me mira de manera objetiva, en primer lugar se aprecia que el marco celebrativo -por ejemplo de una boda- no garantiza de ningún modo la durabilidad de unión y ni mucho menos el amor de la pareja. Además, todo lo que se relativiza aunque sea en nombre de Jesús, creo que una ofensa al propio Hijo de Dios que nos dijo algo irrenunciable, y es que podemos reunirnos en su nombre para que Él esté en medio de nosotros[3]. Acabo. 
Ojalá nuestra iglesia pueda ser en algún momento autentica comunidad, porque en la actualidad no lo es, ya que excluye a muchos. 
Ojalá se dé a los laicos el papel fundamental que tienen en la Iglesia y se deje de subordinarlo todo al ministerio del presbiterado. 
Ojalá se deje lo que yo considero una huída hacia adelante, la pastoral de la obligatoriedad y la obligada formación impartida mayoritariamente por los no formados ni cristiana ni teológicamente. 
Ojalá se dé respuesta a aquellos que necesitan un marco celebrativo no canónico para celebrar en nombre de Jesús. 
Ganaríamos todos, pero la que más ganaría sería la Iglesia, porque sería sin posibilidad ninguna de acepciones, una comunidad autentica de paz y amor. 

Insisto en felicitaros el 2018.
Fraternalmente, Floren.

HIMNO DEL AMOR – Pedro Casaldáliga, Obispo.
Si yo tuviese en mí todas las emisoras
y todos los tablados de rock del mundo entero
y los altares y cátedras y los parlamentos todos,
mas no tuviese Amor,
yo sería ruido sólo, ruido en el ruido.

Si yo tuviese el don de adivinar
y el don de llenar estadios
y el don de hacer curaciones
y una supuesta fe, capaz de trasportar cualquier montaña,
mas no tuviese Amor,
yo sólo sería un circo religioso.

Si yo distribuyese
los bienes que gané mal – quién sabe, quién no sabe-
en cestas de Navidad
y en aireados gestos caritativos
y fuese capaz de dar mi salud
en prisas y eficacias
más no tuviese Amor,
yo sólo sería imagen entre imágenes.

Paciente es el amor y predispuesto, como regazo materno.
No tiene envidia ni se vanagloria.
No busca el interés como hacen los bancos:
sabe ser gratuito y solidario, como la mesa de Pascua.
No pacta nunca con la injusticia, nunca.
Hace fiesta de la Verdad.
Sabe esperar, forzando con coraje las puertas del futuro.
El Amor no pasará, pasando todo lo que no sea él.
En la tarde de esta vida nos juzgará el Amor.

Inmadura es la ciencia y gateando,
inmadura la ley, juguete el dogma.
El Amor ya tiene la edad sin edad de Dios.
Ahora es un espejo la luz que contemplamos,
un día será el Rostro, cara a cara.
Veremos y amaremos como Él nos ve, como nos ama.

Ahora están las tres:
la fe, que es noche oscura,
la pequeña esperanza, tan persistente;
y él, el Amor, que es el mayor.
Un día, para siempre,
lejos de toda noche y toda espera,
ya sólo será el Amor.



[2] Marcos 9,38-40 “El que no está contra nosotros, está a nuestro favor.
[3] Mateo 18,20 “donde dos o más se reúnen en mi nombre, ahí estoy Yo en medio de ellos”

miércoles, 3 de enero de 2018

¿CABALGATA O POLÉMICA? ES CUESTIÓN DE ELEGIR

"Educar en y desde el respeto, es el mejor regalo que podemos hacer a nuestros pequeños en la fiesta de los Reyes Magos"

(Sobre el hecho de una carroza por la diversidad en la Cabalgata de Vallecas con tres reinas magas)
Opino que es innecesario el esfuerzo que hacen ciertas personas por feminizar algo que no es femenino, en darle la vuelta o estirar una tradición hasta lo insoportable. Me explico. 
Los reyes magos fueron hombres, porque en la época en la que se escribe este texto, el patriarcado era imperante. O sea, la mujer era un cero a la izquierda. En muchos casos han sido las mujeres las que se han vestido de reyes magos. Pero sin dejar de lado, que la tradición establece que fueron hombres y no mujeres los que llegaron allí, a Belén y ofrecieron oro, incienso y mirra.

Los niños, entiendo que quieren ver a los reyes idealizados en tres personas mayores, venerables, con ricos ropajes y barbas sobre todo. 
Pero los mayores nos afanamos en hacer de estos asuntos, más complicados de lo que lo son.
Me encantan los debates y que se opine de todas estas cuestiones, pero creo que el imaginario nos debiera de iluminar para crear personajes femeninos que puedan interpretar, mujeres, hombres, “dragqueens” o periquillo el de los palotes; para estar en la cabalgata pero sin desvirtuar la tradición. 
¿Alguien puede pensar que los negros están maltratados en la tradición de la cabalgata y que por ello se debe poner a Baltasar el primero, por aquello de la exclusión racial? Por cierto, seguro que hay quien piensa así.
Veo genial una carroza por la diversidad. ¡¡Absolutamente genial!! Lo digo yo que soy más homosexual que nadie. Pero creo que la defensa de la diversidad y los derechos LGTB pueden tener un marco más oportuno o deben de utilizar la imaginación, para trabajar por la inclusión, sin desvirtuar una hermosa tradición que establece, que los reyes fueron Melchor, Gaspar y Baltasar.
Aprovecho para decir que apuesto por una defensa global de la sexualidad, se viva la sexualidad que se viva o se quiera vivir, desde el principio del propio respeto y el respeto al otro. 
Con banderas o sin banderas, pero desde el respeto.
Tristemente diré, que aun tenemos mucho que aprender y sobre todo educar, en función del los altos índices de maltrato y violencia de género y LGTB que hay en nuestra sociedad.

Educar en y desde el respeto, es el mejor regalo que podemos hacer a nuestros pequeños en la fiesta de los Reyes Magos, Epifanía del Señor.

Fraternalmente, Floren.

viernes, 29 de diciembre de 2017

BELÉN: PARADA SIN FONDA - DOLORES ALEIXANDRE






(*) Belén fue solo un lugar de tránsito, una parada imprevista en el itinerario de los dos forasteros que buscaron refugio en una de sus cuevas. No lo habían elegido: se lo impusieron unas circunstancias inesperadas y no sabían que aquel lugar de estancia breve sellaría para siempre al que venía a estar entre nosotros como uno de tantos.
Y es que si iba a vivir sin tener donde reclinar la cabeza, más valía que se fuera acostumbrando. Si iba a moverse entre los que no tenían nada seguro, mejor que se hiciera pronto aprendiz de intemperies. Si iba a caminar expuesto y sin defensas, una cuadra era un buen lugar para ensayar esa extraña manera de vivir sin abrigo.
Si venía a buscar a los más olvidados, mejor que estuviera al alcance de los que se parecían tanto a la gente de los que se iba a rodear después. Si iba a poner del revés el lenguaje de la ganancia y de la pérdida, convenía que supiera por experiencia lo que decía. Si iba a confiar perdidamente en Dios, que supiera pronto que eso no le eximía de probar el desamparo
Si iba a morir desnudo en una cruz, estaba bien que tiritara antes como recién nacido en una noche con frío. Si cuando muriera iban a envolver su cuerpo en un lienzo, mejor que probara antes el roce de unos pañales. Si iba a hacerse él mismo banquete, Belén anticipaba el sabor del pan en la alegría de la mesa compartida.

Recién llegado a nuestra humanidad y portador ya para siempre de las marcas que deja un nacimiento intempestivo. Si de adulto un quiromante le hubiera leído la palma de la mano, le habría augurado: “La línea de la vida, corta; la de la suerte, aventurada y peligrosa; la del corazón, desmesurada”.
A la larga, fue una buena ventura no encontrar sitio en la posada. Qué feliz culpa la de aquel posadero: les cerró la entrada para impedir que entraran y no sabía que estaba abriendo para nosotros las puertas de tanta dicha.
(*) Viene de: http://blogs.periodistadigital.com/un-grano-de-mostaza.php/2017/12/27/belen-parada-sin-fonda

jueves, 28 de diciembre de 2017

LOS SANTOS INOCENTES. UN SACRIFICIO INCOMPRENDIDO

Los Santos Inocentes. Un sacrificio incomprendido
Y lo es, desde luego que lo es. Ni por ser la conmemoración de este masivo infanticidio, está justificado el que se le llame al día, el de los tontos, o que se den inocentadas. Tontos, como decía “Forrest Gump”, son los que hacen tonterías. Admitiremos por ello que la reciente tradición haya establecido estas absurdas connotaciones para este día; pero lo que no debemos olvidar, es el origen y significado de esta fiesta litúrgica. Junto a la Pascua de Resurrección, la fiesta de la Natividad de Jesús, o sea la Navidad, son las únicas fiestas que tienen una octava celebrativa, litúrgicamente hablando. Y en esta octava de navidad en la que estamos, hay colocadas estratégicamente varias fiestas, una de las cuales es esta de hoy, LOS SANTOS INOCENTES.


No es algo que esté puesto al azar y desde luego para nada es algo sobre lo que se deba de frivolizar, por muchos siglos que se hayan sucedido desde entonces. Lo cierto y verdadero es que hay una estrecha similitud, respecto de la venida de Jesús al mundo y el sacrificio de estos inocentes, que según el capítulo segundo del evangelio de Mateo (2,13-18), perdieron la vida de manera inocente a manos de Herodes.
En primer lugar porque Jesús, si bien fue librado en su nacimiento de las garras de Herodes que quería matarlo, perdió al final la vida de manera injusta, por una causa concreta, la del Reino de Dios. Esta fiesta de los santos inocentes no tiene verosimilitud en el tiempo en el que se cuenta en los sinópticos. Las fechas bailan demasiado, pero señalo que no es eso lo que nos importa. Son muchas las cosas que nos cuenta la Biblia sin orden cronológico acertado, y no por ello dejan de tener un mensaje y una enseñanza. Y desde luego este infanticidio lo tiene.
Partimos de la premisa de que Jesús niño, es el salvador que viene. Dios maravillosamente se nos revela en la carne humana, para hacernos ver que en la humanidad tiene su complacencia. Tras un largo periodo de tiempo en el que Israel se ha apartado y acercado continuamente de la presencia de Dios, establecido el tiempo oportuno Jesús llega, para dar un importante toque de atención a la humanidad; para dar el testimonio por antonomasia de entregarse por amor, por amor al prójimo, que somos tu y yo.
Mateo hace cuatro referencias a Egipto en su capítulo dos (versículos 13.14.15 y 19). Y lo hace por el interés que tiene para el hagiógrafo sagrado, la comparativa entre Moisés y Jesús. Moisés es enviado por Dios para salvar a su pueblo (Éxodo 3,14-15), y aunque se resiste a entender el mensaje del trascendente, acaba acatándolo y poniéndose en camino hacia la tierra desde la que otrora huyera (Éxodo 4,19-23). En el periplo de Moisés e Israel hay penitencia, reconciliación, fe e infidelidad, aguas que salvan, fuego que purifica…etc. Todo ello, elementos que vemos con facilidad en la vida de Jesús, y de los cuales Jesús se sirve e incluso participa.
Dios anima a Jacob a que se traslade a Egipto (Génesis 46,1-7), para que desde allí comience su andadura y progresión ante los ojos de Dios, perseverando día a día. Pero es el sacrificio de los inocentes en Egipto del cual se salva Moisés (Éxodo 1,1s), el punto comparativo más acertado con la fiesta que hoy celebramos. Ambos personajes Moisés y Jesús, fueron en su momento los “salvadores” del pueblo, pues sus vidas y obras le valdrían como faro que alumbra el sendero de los creyentes, en cada época de su vida. Y si bien es verdad que Jesús es considerado el hijo unigénito de Dios, Moisés no lo fue menos pues su hazaña le constituyo como uno de los padres del pueblo de Israel, en el cual nos representamos todo el pueblo de Dios.
No deseo alargarme más. Dije antes que poco importa si el infanticidio fue real o no en el tiempo. Lo que importa es que la causa del Reino de Dios, llega al mundo y a nuestras conciencias para remover los corazones y ojalá impregnarlos de misericordia. Jesús fue un indeseado para los poderes acomodados de entonces, y por causa de aquel orden establecido, donde los pobres eran una amenaza y eran considerados menos que nada se tuvo que marchar al exilio.
Muchos murieron entonces y han muerto a lo largo de la historia como aquellos inocentes, solo por defender un ideal e ideario que no permitía la injusticia ni el desorden humano, sino que establecía las bases de una vida reglada por el amor, la bondad y la justicia social. Lo que menos nos importa del evangelio donde se nos cuenta la matanza de los niños es lo que ofrecieron los reyes a Jesús, algo que en absoluto es real. Lo que nos importa es que como aquellos niños, muchas personas siguen muriendo queriendo simplemente un mundo mejor, sin vivir en la miseria y la violencia continuada.


Jesús nace y muere continuamente en la tierra. Nace cada vez que nace una vida o nacen posibilidades de amar y vivir esperanzados. Nace con la sonrisa humana y la ternura, se tenga la edad que tenga, porque nace en nuestros corazones. Y muere, desde luego que sí. Muere cada vez que un homosexual es ahorcado de una grúa o lanzado al vacío desde una azotea en esos países de oscuridad. Muere cada vez que una mujer es golpeada o asesinada. Muere con la infancia rota, con la esclavitud continuada. Muere cada vez que una persona del tercer o primer mundo, siente en sus tripas el lamento del hambre…etc.
Esos son los inocentes asesinados y maltratados de hoy. Por eso esta fiesta de LOS SANTOS INOCENTES es tan actual, tan de hoy y tan de ahora mismo. Ojalá asumamos y no se nos olvide que Dios, ante todo es misericordia. Y si como cristianos nos limitamos simplemente a vivir la fiesta sin mirarnos el corazón e interiorizar el significado de la navidad, entonces si daremos utilidad al hecho de que algunos consideren hoy, el día de los tontos. Con todo respeto.


Fraternalmente, Floren.  

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LO QUE NO DEJARÍA DE HACER...

¡A por el niño! Dicen ahora los que no se dan por vencidos y de nuevo están dispuestos a gastarse varios sueldos en décimos de lotería. El caso es que, aunque sea de compromiso yo he llevado lotería de navidad para el 22 de diciembre, e indudablemente, salvo la colaboración con las hermandades no he sido premiado. O sea, el número no ha pasado ni por el bombo. 

Lo cierto es que el día 22, es para mí de los días más bonitos de la navidad; por lo que me alegra saber de los agraciados, así como el maravilloso despliegue que hace la cadena SER para llevar con una inusitada inmediatez, allá donde tocan los premios. 
Lo cierto es que, ¿quién no se ha preguntado con sinceridad, que haría si me tocara la lotería? Todos tenemos una milésima de esperanza de que nos toque, pues si no, no compraríamos ni un décimo o participación. Pero diré algo y que conste que no es postureo. Por mi parte acabo antes reflexionando sobre lo que NO DEJARIA DE HACER si me tocara la lotería.
No dejaría de levantarme a las siete de la mañana para orar y darle los buenos días al Señor, siendo consciente de la realidad que me rodea.
No dejaría de trabajar y de seguir intentando sacar una sonrisa a las personas a las cuales les llevo alegrías e ilusión con mis arreglos florales.
No dejaría de admirar la naturaleza y extasiarme ante una flor silvestre, florecida en un pedregal.
No dejaría de amar a mis animales y compañeros de vida.
No dejaría de expresar lo que pienso con respeto y determinación, aun a pesar de los costes.
No dejaría de detestar la mentira y la falsedad.
No dejaría de ser coherente hasta el extremo.
No dejaría de disfrutar del silencio de un paseo por el campo, y la quietud de los olivares al atardecer.
No dejaría de amar las Escrituras y su mensaje escondido.
No dejaría de valorar una buena lectura y los libros impresos en papel.
No dejaría de dar besos a quienes quieran recibirlos.

No dejaría de hacer bromas, hasta de mi propia sombra.
No dejaría de ver mil veces la peli: “Sentido y sensibilidad”.
No dejaría de querer a los míos y adolecerme por el que sufre.
No dejaría de tener un ideal progresista desde el más absoluto respeto al otro.
No dejaría de desayunar cada día en casa de mi tita.
No dejaría de intentar ser una persona digna, aun a pesar de mis luces y mis sombras.
En definitiva. Que no nos cambie ni el dinero ni la presunción de nada. En la sencillez, el trabajo y la cotidianeidad están las recetas básicas para pasar por el mundo haciendo el bien. Ojalá nos afanemos a ello en estas navidades que vivimos y en el próximo año que afrontamos.

Fraternalmente, Floren.

martes, 12 de diciembre de 2017

LA REHABILITACIÓN DE TEILHARD DE CHARDIN - José Mª Castillo, Doctor en Teología

En las últimas semanas, se viene destacando, en la prensa y en las redes, el proyecto de rehabilitar, desde el punto de vista de su ortodoxia doctrinal, las valiosas enseñanzas que nos dejó la enorme, original y excelente producción intelectual del jesuita Pierre Teilhard de Chardin. Sin duda alguna, uno de los más brillantes intelectuales católicos de la primera mitad del siglo pasado. Y uno de los testigos más audaces de la fe cristiana de los últimos tiempos.
No pretendo yo aquí hacer el elogio de quien ha sido tantas veces elogiado por escritores más competentes que yo, tanto en el ámbito de la ciencia, como en cuanto se refiere a la teología y a la espiritualidad. Sólo quiero insistir en un tema, que me parece capital. Y en el que nunca insistiremos lo suficiente y lo debido.

Durante buena parte del siglo pasado y comienzos del actual, especialmente en los pontificados de Pío XII y de Juan Pablo II, hemos sido muchos los teólogos a los que se nos ha desautorizado, se nos ha retirado la “venia docendi”, en no pocos casos sin el juicio legal correspondiente e incluso (hablo desde mi propia experiencia) sin saber por qué se nos castigaba públicamente. Se nos comunicaba oralmente la prohibición, sin posibilidad de defenderse, puesto que ni sabíamos por qué se nos castigaba. En el caso de Teilhard, como en otros casos, se sumaba una circunstancia agravante; el sujeto castigado “teológicamente” era, además, expulsado de su casa y de su patria. Teilhard fue extraditado de Francia y se vio obligado a emigrar a Estados Unidos. Murió en Nueva York el 10 de abril de 1954.
Son duras, muy duras, estas situaciones. Porque incluso cuando puedes demostrar que no has defendido ninguna herejía o doctrina contraía a fa de la Iglesia, el hecho de haber sido castigado por la autoridad religiosa oficial, lleva consigo inevitablemente que, en el resto de tus días, tienes que cargar con el “san Benito” de tanta gente que se dice o sospecha: “si lo han castigado, algo habrá hecho”. Y ese “algo habrá hecho”, nadie te lo quita de encima. A no ser que se produzca una rehabilitación que venga de las más altas instancias de la Iglesia. Lo que hizo, por ejemplo, Juan Pablo II con Galileo. Pero, ¿de qué le ha lucido a Galileo después de varios siglos? Si, dentro de cuatro siglos, un buen Papa rehabilita a Teilhard, ¿de qué le va servir a este sabio eminente que un clérigo del más alto nivel salga diciendo que es verdad lo ya sabrán de memoria hasta los chiquillos de la escuela?

Y ya sabemos lo que pasa: cuando se llega tarde, se pierde el tren. Y no es que se llegue con retraso de cuatro minutos, sino de cuatro siglos. Mucho me temo que, con tanto retraso, no vayamos a ninguna parte.   

lunes, 11 de diciembre de 2017

EL PAPA FRANCISCO PROFETA DEL SIGLO XXI AL ESTILO DE JESÚS

Considero a Francisco un profeta del siglo XXI, sí. Además su coherencia respecto de muchos temas es de tal magnitud, que ha logrado que muchas personas, distantes durante mucho tiempo, contemporicen con él y por ende con la Iglesia.

Cuando muchas personas opinamos de la Iglesia y sobre temas que le atañen, equivocadamente se nos puede tachar a la ligera de enemigos de..., pero nada más lejos de la realidad.
En muchos casos la Iglesia nos ha dado lo mejor y en otros casos nos ha dado lo peor, sí. Duro, pero real.
Ahora bien, cuando uno lee estos titulares(*) protagonizados por el papa Francisco, al menos yo considero que en muchos aspectos no soy yo el único confundido o rebelde sino que en la Iglesia hay muchas personas que desean que la comunidad eclesial, a la que queremos, sea fraterna, esté absolutamente exenta de privilegios y abrace sin preguntar de donde vienes ni a donde vas. Este es el camino de Jesús, el que lleva el papa Francisco, un hombre sin duda de Paz y Bien. ¡¡Benditos sean sus pasos!!

(*) http://www.eldiario.es/sociedad/Francisco-laico-confesionales-terminan-Historia_0_516899027.html

jueves, 7 de diciembre de 2017

MALIKA MALUC – Una Inmaculada del siglo XXI


Se llama Malika Maluc y es de Senegal, de la zona de Palmarín en África. Tiene diecinueve años y es una chica muy guapa, de pelo negro zaino muy rizado y ojos de un verde intenso. Tan intenso, que su madre siempre le decía: -hija mía, en tus ojos se siente la fuerza de la vida y de la selva. Es hija de pescadores, aunque su padre murió hace muchos años por causa de la picadura de una serpiente. Ella no recuerda su rostro, aunque, como siempre su madre le habló de él, Malika tiene un recuerdo muy afectuoso de su padre; al cual reza siempre mirando a la inmensidad del océano Atlántico Norte. 
Ese océano al cual ella se lanzó con un grupo de cuarenta y siete personas en un cayuco de mala muerte, capitaneado por un pirata de Gambia, al cual tuvo de darle sus ahorros de toda una vida, para aceptarla en semejante aventura. Malika Maluc viajó sola, sin nadie de su poblado o región. Quiso hacer la travesía hacia España, porque España era futuro, al igual que Europa. Y si bien es verdad que muchos morían, también tenían noticias de aquellos que lograban llegar sanos y salvos sin ser interceptados por los guardacostas, y conseguían alcanzar un nuevo destino donde había futuro en sus vidas. 
Malika tiene muchos motivos para lanzarse a esta terrorífica aventura. Su poblado es constantemente asaltado por bandas que secuestran a las chicas para esclavizarlas en trabajo o sexo, y a duras penas pueden repeler los ataques de estas mafias. Además, ella sabe que no tiene futuro en su país. África es un continente rico, pero sin posibilidades de futuro pues la riqueza de la tierra se la quedan unos pocos, además de las multinacionales igualmente explotadoras. 

A todo esto se le une una circunstancia que le dio el empujón definitivo para hacer la travesía. Está embarazada. Y el padre de su bebé, murió ahogado en una travesía como la de ella. Cuando supieron del embarazo, Sambeé, su pareja, decidió hacer primero la travesía a España, ganar dinero y mandar todo lo posible a casa; hasta que pudiera tener la seguridad de ofrecer un hogar a Malika y a su hijo. Porque él, sabía que sería un niño y le pondría de nombre Martin, por Martin Luther King. 
El caso es que cuando llegó a su familia la zozobra de la barcaza en la que viajaba Sambeé, Malika –rota de dolor- tuvo el convencimiento de que debía hacer ella misma la travesía en solitario. Se lo debía en primer lugar a su bebé, y se lo debía a su querido Sambeé; el hombre de su vida cuyo amor, respeto y caricias de ébano que nunca jamás olvidaría. Lo que Malika Maluc no podía saber al embarcarse en aquel cayuco, es que por causa de una temible tempestad y un mar picado, veinte millas antes de la costa de la isla española de El Hierro; su cayuco naufragaría y todos sus ocupantes serían arrojados al vacio por un golpe de mar, sin chalecos salva vidas y sin posibilidad ninguna de pedir auxilio. Lo último que Malika pudo ver cuando se hundía en la oscuridad del inmenso Atlántico, era la luna llena. Preciosa. Como preciosos seguían siendo, sus ojos verdes. Fin.

Malika Maluc era una chica de una pureza de virtudes enorme y un corazón de bondad inconmensurable. Chica modelo en su poblado, responsable y afanada en las tareas propias de quienes sienten la obligación de alimentar a los suyos. Cuando conoció a Sambeé, supo que el como hombre era un regalo del cielo, en una cultura donde la mujer siempre tiene las de perder. No hubo nada más bonito para ella que entregarse a él. Lo hizo consciente de lo que hacía. Se querían y querían dar vida, y la dieron. Aunque por desgracia ni su vida ni la vida del nonato, tenían futuro en nuestro mundo.

El Espíritu que animó el amor de Malika y Sambeé, el Espíritu que llenó de vida sus vidas con la ilusión de aquel embarazo, es el mismo Espíritu por el que María y José concibieron a Jesús de Nazaret, el salvador del mundo y cuya venida esperamos. Eso si, esperamos su venida porque sabemos que no va a venir; pero ¿somos conscientes de que José y María llaman constantemente a nuestras puertas, que traen al Salvador consigo? Lo somos, pero miramos para otro lado. Desde la perspectiva de la pureza del corazón e intenciones, Malika es igual a María la madre de Dios. Pero Malika maluc es una amenaza para nosotros, para nuestro estado del bienestar. ¿Cómo rendir culto a María Inmaculada, si hay mujeres de semejante pureza a la de esta y son asesinadas por sus parejas, humilladas en sus trabajos, mal pagadas, o apartadas de nuestras costas porque no son de los nuestros?

Esta es la cuestión, lector. Esta es la cuestión que tenemos tendiente hoy en día los cristianos del siglo XXI. Adoramos a Cristo y a su Madre porque sabemos que NO VAN A VENIR.
Si vinieran de veras, otro gallo cantaría.

Siento la dureza de este escrito, pero me desgarra el alma tantas vidas perdidas en la mayor fosa común del universo y de todos los tiempos; el Estrecho de Gibraltar. Abramos, ¡por amor de Dios! Abramos nuestras mentes y corazones a la fraternidad. Sanemos heridas, alimentemos al abatido y hambriento. Ahí está Jesús. Esa es tu navidad y la mía.

Fraternalmente, Floren.