CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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viernes, 4 de octubre de 2019

¿SE PODRÁ REPARAR LA IGLESIA?


Hoy es un día bonito que celebro desde la más absoluta modestia, porque Francisco de Asís me evoca tiempos pasados, amistades de gente muy querida, inquietudes vocacionales de cuanto tenia flequillo y sobre todo el amor a todas las criaturas –madre naturaleza- y el ejemplo de vida de un santo del siglo XIII que es de plena actualidad. “Francisco, repara mi iglesia”, manifestaba el santo de Asís que le dijo Cristo en una aparición en la iglesia de San Damián. Francisco sintió la necesidad de fundar un nuevo estilo de vida a través de una orden mendicante, para contrarrestar la vida disoluta y de escándalos que llevaba allá por el año 1205 la jerarquía católica. 
Este artículo lo escribo como persona creyente y cristiana que durante mucho tiempo se ha sentido en comunión con la iglesia, institución a la que respeto y por la que trabajé en los mejores años de mi juventud.
Dicho lo cual, considero que la reparación que aplicó Francisco de Asís en aquella época al encauzamiento del sentido evangélico de la vida cristiana, es de plena actualidad en unos momentos en los que la sociedad entiende que –por ejemplo- la justicia divina no está por encima de la justicia humana, y que para ser anunciadora del mensaje del Reino de Dios, reino de justicia y de paz; la Iglesia tiene que ser escrupulosamente justa, humana, pobre y debe permitir el libre ejercicio de la libertad sin ambages ni cortapisas.
Estoy convencido de que esta reparación es posible porque el pueblo de Dios -la gente corriente-, está mayoritariamente comprometida con los valores que Jesús de Nazaret explicitó en su mensaje. Pero la Iglesia ni quiere ni sabe dar oportunidades reales a la gente sencilla para que sean anunciadores del Reino de Dios en sus comunidades, pues todo se somete al “ordinis” a la jerarquía establecida al efecto y cuyo punto de partida es el ministerio del presbiterado, o sea los curas.
Algo que no ayuda en absoluto es la decepción que muchas personas tienen con el papa Francisco, pues ha realizado gestos maravillosos y de un formidable contenido humano; pero aun no ha realizado -ni realizará- ningún  cambio sustancial en la Iglesia que permita la renovación tan necesaria que convierta a la Iglesia en una comunidad efectivamente fraterna, PORQUE AUN NO LO ES. Existe acepción de personas.
Aun somos los homosexuales tachados de enfermos y se nos niega por parte del papa el acceso al orden y la consagración. Aun está esperando la mujer el acceso al ministerio de orden, y es mentira que Jesús quisiera solo hombres sacerdotes pues Jesús no quería ni hombres ni mujeres sacerdotes. Los/as divorciados/as pueden esperar sentados a que las anulaciones eclesiásticas sean fáciles, gratuitas y se les permita el acceso a los sacramentos. Los sacerdotes lo tienen complicado para casarse, aun cuando se acogen en la iglesia católica a pastores anglicanos, coptos o maronitas con sus mujeres y sus hijos.
¿Alguien entiende esto? El papa se la juega muy próximamente en el Sínodo del Amazonas. Una enorme extensión de terreno donde hay sacerdotes que necesariamente tienen que estar casados –y están fuera del orden- y donde urge la ordenación de mujeres como diaconas y sacerdotisas pienso yo, para ser lo mejor de sí mismas al servicio del evangelio.
Hay quien dice que al Papa no le dejan hacer. Pues si a usted no le dejan hacer, con la fuerza del Espíritu Santo se va usted a su casa y que entre savia nueva con fuerza suficiente para llevar a flote una barca que se le parece muy poco a aquella barca de Pedro por la que tanto cantamos: “tú, que has venido a la orilla”.
No sé la deriva que esto lleva, la verdad. Me entristece la estampida de personas que se alejan cada vez más. Me preocupa y mucho la pastoral de la obligatoriedad que se lleva a cabo a través de la centralización de las parroquias. Cunde el desaliento y personas cercanas me comentan que las hermandades y cofradías a las cuales considero en la actualidad salvavidas de la iglesia –en cuanto a la atracción de personas sobre todo jóvenes-, no están pasando por un buen momento.
¿Soy el único que  piensa que el Reino de Dios se le está escapando a la iglesia por entre los dedos? Si, lo creo. Empezando porque los valores del Reino de Dios anunciado por Jesús, no son patrimonio de nadie ni mucho menos del catolicismo. Y es una realidad incontestable el hecho de que aunque una persona no se denomine practicante de tal o cual religión, si es buena, fraterna y respetuosa en sus relaciones en el mundo, ESTÁ HACIENDO REINO DE DIOS aun sin saberlo. Y como a Dios le da igual las etiquetas, pues perfecto.
No olvidemos que aun hay por ahí individuos admitiendo que la religión verdadera es la católica, aun cuando nuestra religión es un refrito del judaísmo y este a su vez de otras culturas egipcias y mesopotámicas. Por eso Dios no es propiedad de nadie, pues tiene tantas perspectivas y nombres como personas pueblan el mundo.
Sea como fuere, ojalá atendamos todos –yo el primero- a testimonios tan formidables como el de Francisco de Asís, el cual nos llama a la vida desde las acciones humildes. Desde el servicio la entrega y el amor a la criaturas. Un coctel complicado de llevar a cabo es el sopor de vida que llevamos, pero cuya receta franciscana nos haría a todos desprendernos de lo vacio que llevamos dentro, encontrar nuestra perla deseada y vivir de una vez la vida en PAZ y BIEN.
Con mis mejores deseo en Estepa, 4 de Octubre de 2019.
Fraternalmente, Floren.

viernes, 6 de septiembre de 2019

El PAPA FRANCISCO, ¿PASTOR O GOBERNANTE?

Papa Francisco: "Un homosexual no puede ser sacerdote ni consagrado"

Con todo respeto.
Dice el papa Francisco que "parece que la homosexualidad está de moda". No santo padre, no está de moda. Siempre ha existido, forma parte de la naturaleza humana y el hecho de que nunca haya sido tratada debidamente por la Iglesia, no quiere decir que sea algo que está de moda como usted publica en su libro.
Lo que sucede es que las personas se sienten hoy más libres que ayer. Y en esa libertad también está Dios que nos hizo libres y libres nos quiere.

Y por cierto, un homosexual que quiera ser sacerdote NO es un problema para usted ni para la Iglesia.
Imagínese si no es un problema, habida cuenta de que un homosexual es tan capaz como otra persona de ser célibe si se lo propone.
SI es un problema para usted la cantidad de sacerdotes -sea el porcentaje que sea- que viven su homosexualidad reprimida y estando amargados y amargando a quienes tienen a su lado. Ese sí es SU problema, y el problema de los hijos e hijas de Dios que sufren las consecuencias de quienes viven mal.
Lo único que pasa con estas afirmaciones del papa es que la juventud -en gran medida- se siente cada vez más alejada de una Iglesia que NO acaba de abrazar, ni dar oportunidades reales a las Mujeres, ni de ser nazarena y evangelizadora.
Yo lo tengo claro desde hace tiempo.
Busco al Señor en la persona que desde el plano que sea, personal o político me necesita. Ahí está la llamada del señor que nos quiere atentos al servicio, humanos y fraternos. A esa Iglesia me apunto. De otra manera, me niego a desandar el camino.

Al hilo de: https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-un-homosexual-no-puede-ser-sacerdote-ni-consagrado-89755?fbclid=IwAR198vYzoCHuTkfABQoni-cBqrpj1hWLYGAKXw-ao5NZmsfQggZpfhpP-c8

miércoles, 10 de octubre de 2018

ORACIÓN PARA EL SÍNODO DE LOS JÓVENES LA FE Y EL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL

Otra Oración para el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional



Oh Dios y Padre bueno que nos amas y nos buscas.
¡Bendito sea tu nombre! Alá, Yavhé, Señor,
Adonai o cualquier nomenclatura por la que
la persona te invoque y te busque.

Bendito seas por la vida y por nuestras obras,
en las cuales los hermanos deben experimentar
la realización del proyecto de Jesús, tu Reino.
Un Reino de amor y justicia, Reino de vida y verdad.
¡Tu Reino Señor!
Un reino que se afana en buscar nuestra Iglesia
y en la cual los jóvenes deben (debemos) tener
un papel primordial, levantando la voz
y siendo escuchados con respeto y fraternidad.

Envía tu santo Espíritu para que cubra  
cada partícula de nuestro ser y nuestro entendimiento.
Para que desde el más humilde de tus hijos e hijas
hasta nuestro Papa Francisco, todos entendamos
que Evangelio es vida fundamentalmente vivida,
alejado de rigorismos y anatemas.

Envía tu Espíritu para que nuestra Iglesia

se abra a la claridad de sus obras y a la justicia del mundo.
Para que se reconozca el amor entre las personas
sin absurdos condicionantes que Jesús no nos impuso,
para que reconociéndonos todos como
auténticos hermanos y hermanas,
ofrezcamos oportunidades reales a las mujeres
y hombres con necesidad de abrazo.

Desborda Señor y Padre bueno a tu iglesia con tu gracia,
para que deje de excluir a la mujer del ministerio sacerdotal.
Danos a todos entrañas de humana misericordia
ante los flujos migratorios, el avance del fanatismo
que no entiende de solidaridad
y fundamenta nuestras vidas en la paz y el bien.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

sábado, 29 de septiembre de 2018

ABRAZAR


Quien me conoce sabe que soy de besos. Sí me gusta. Creo que es algo bonito y que demuestra y transmite el afecto y la ternura. Respecto del abrazo, pues hay personas que saben que me encanta un abrazo “apretao”. Recuerdo aquella experiencia en 2007 cuando en un monasterio del norte al despedirme de un monje al que conocí allí tras bastantes días de retiro, este me dijo: -Floren, ¿puedo pedirte algo muy especial? Claro, contesté. ¿Me puedes dar un abrazo? 

"¡Hay tanto cansancio en personas que nunca han recibido un abrazo por parte de la iglesia y que sin embargo escuchan decir a los obispos como deben de vivir!"

La pregunta me dejó noqueado durante unos segundos –por su profundidad-, pero no me lo pensé. Lo hice pausadamente pero me arrojé poco a poco a los brazos de aquel monje que luchaba por ser libre de cuerpo y mente y que encontró en nuestras conversaciones nocturnas un oasis donde confiar su vida y su situación. Sea como fuere quien abraza acoge, recibe, transmite energía y sosiego, protege y demuestra consideración pues al abrazar y al acoger damos un poco o un mucho de nosotros mismos. 

Al respecto de esto, me llamó particularmente la atención el ejemplo de Jesús de Nazaret cuando explica cosas del Reino de Dios cogiendo en brazos a un niño y ponerlo como ejemplo de la sencillez y la humildad necesaria para seguir sus pasos. Esta lectura nos la ofreció la liturgia el pasado domingo (Mc 9,30ss) y este fin de semana, de nuevo las lecturas traen su propia enjundia. 
En Números (cap.11) se nos habla del Espíritu de Dios que es transmitido de una persona a otra sin que tengan que tener en común nada concreto. El salmo 18 nos anima a ser humildes en nuestras vidas, la carta de Santiago (cap.5ss) nos advierte del riesgo de poner la felicidad en aquello que es superficial y no nos colma. Y en el Evangelio de Marcos (cap.9,38ss) Jesús hace un alegato por la universalidad de su persona y de su mensaje. 
Como dijo aquel, “a partir de aquí” podemos comenzar a pelearnos…jajaja, aunque no se trata de eso en absoluto. Reconocemos que esta última lectura causa incomodidad en muchas personas que se sienten distinguidas, ungidas, ordenadas, ministros eclesiásticos…etc. 
Los apóstoles quieren impedir que una persona que no pertenece a su grupo de seguidores de Jesús, haga el bien a los demás. Jesús no se lo piensa y los censura. Quien no está en contra nuestra está a nuestro favor. La situación es clara y contradictoria con la deriva que trae la Iglesia y la que desarrolla. Seguimos en el absurdo desarrollo de la pastoral de la obligatoriedad. 
La Iglesia no sabe ya hacer atrayente el mensaje de Jesús, triste y fundamentalmente porque no está legitimada desde sus pastores para hacerlo; porque son hombres que –en muchos casos- han politizado su labor de pastores viven como príncipes en palacios y sin mezclarse con la sociedad. 
El papa Francisco acaba de decir en Letonia: “Que todos sepan que estamos dispuestos a privilegiar a los más pobres, levantar a los caídos y recibir a los demás así como vienen y se presentan ante nosotros.” 
No le quito merito al papa, en absoluto. Pero los escándalos en EE.UU. Chile, Europa sobre abusos sexuales se suceden, dejando claro que los curas abusadores fueron encubiertos por los obispos que los trasladaron una y otra vez pero nunca los cesaron. Voy al meollo de la cuestión. 
Jesús abraza a aquel niño y a todo el mundo, sin preguntar los números de tu cuenta corriente, tu sexualidad o tu creencia. ¡¡ESA ES LA GRANDEZA DE JESÚS!! Que viene a servir, pero no solo a servir a los que le siguen. Su mensaje es universal y por eso abraza, desde una conciencia pacifica, social y justa. Con todo respeto, no quiero un abrazo que no sea sincero. No quiero un abrazo que huela a puñalada trapera. No quiero el abrazo de la iglesia si no está dispuesta a cesar a los delincuentes y hacerlos pasar por la justicia de los hombres. 
¿Cuántos sacerdotes hay que cesar o poner en la puerta de la calle, uno, cien o dos mil? Los que sean, pero toda la jerarquía eclesiástica debiera de tener muy claro según el evangelio de este domingo (Marcos 9,38ss), que incluso si nos quedáramos sin sacerdotes, la Palabra de Dios sera vivida, escuchada, atesorada y puesta en práctica por todas aquellas personas que vivimos nuestra creencia desde el obligado pragmatismo y no ya desde los fuegos artificiales, promesas de vida eterna o el “Ego te absolvo a peccatis tuis”, nooo. 

Incluso seguiremos celebrando la eucaristía y compartiendo los alimentos en el nombre de Jesús, como él nos enseñó a tod@s a hacerlo. Es así de sencillo aunque determinadas personas crean que solo se puede hacer bajo las normas establecidas por el misal romano. 
Miren ustedes, lo que menos le importaba y le importa a Jesús es el culto que hagamos o a quien se lo dediquemos mientras nuestra vida construya vida humana y posibilidades de vida digna. 
¡Hay tanto cansancio en personas que nunca han recibido un abrazo por parte de la iglesia y que sin embargo escuchan decir a los obispos como deben de vivir! Es tremendo poner la ley por delante de lo que para una persona es su ser natural. Recuerdo siempre a ese matrimonio de amigas y sus dos hijas. Ninguna de las cuatro son abrazas por la iglesia pues las madres son lesbianas. Pero las hijas de ambas, sí saben quién es Jesús de Nazaret. 
Un hombre al que merece la pena imitar porque según les enseñan sus madres, PASÓ POR EL MUNDO HACIENDO EL BIEN. Abracemos pues si es posible y dejémonos abrazar con sinceridad y acogida de por medio. Un abrazo enorme.
Fraternalmente, Floren.

lunes, 11 de diciembre de 2017

EL PAPA FRANCISCO PROFETA DEL SIGLO XXI AL ESTILO DE JESÚS

Considero a Francisco un profeta del siglo XXI, sí. Además su coherencia respecto de muchos temas es de tal magnitud, que ha logrado que muchas personas, distantes durante mucho tiempo, contemporicen con él y por ende con la Iglesia.

Cuando muchas personas opinamos de la Iglesia y sobre temas que le atañen, equivocadamente se nos puede tachar a la ligera de enemigos de..., pero nada más lejos de la realidad.
En muchos casos la Iglesia nos ha dado lo mejor y en otros casos nos ha dado lo peor, sí. Duro, pero real.
Ahora bien, cuando uno lee estos titulares(*) protagonizados por el papa Francisco, al menos yo considero que en muchos aspectos no soy yo el único confundido o rebelde sino que en la Iglesia hay muchas personas que desean que la comunidad eclesial, a la que queremos, sea fraterna, esté absolutamente exenta de privilegios y abrace sin preguntar de donde vienes ni a donde vas. Este es el camino de Jesús, el que lleva el papa Francisco, un hombre sin duda de Paz y Bien. ¡¡Benditos sean sus pasos!!

(*) http://www.eldiario.es/sociedad/Francisco-laico-confesionales-terminan-Historia_0_516899027.html

miércoles, 22 de febrero de 2017

EX CÁTEDRA, LA VOCACIÓN DE TESTIMONIAR

Ex cátedra, la vocación de testimoniar
Cátedra significa asiento o sede, desde el cual se imparte una determinada enseñanza o ejemplo; y también lugar del que emana una determinada autoridad y desde el que se gobierna. Sin ir más lejos, el arca de la alianza era la sede de Dios. Un cajón de madera donde residía el poder de Dios y donde nadie se podía sentar. 

La iglesia católica llevó la cátedra al culmen de su celebración, al considerarla el elemento más significativo de la autoridad del pontífice. El cual,  “cuando habla ex cathedra, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia. Y si alguno tuviere la osadía, lo que Dios no lo permita, de contradecir a esta nuestra definición, sea anatema.” Este texto pertenece al capítulo 4º de la 1ª Constitución dogmática vaticana “Pastor aeternus” del 18 de Julio de 1870. 
En resumidas cuentas, el origen de esta fiesta es señalar la autoridad de los papas. Lo que ocurre es que aun en este siglo en el que vivimos, el progreso y la inquietud de la mente de la persona que viva su existencia con coherencia, nos lleva a observar ejemplos que contextualizan o actualizan ciertas actitudes o circunstancias, hasta llegar al origen de aquello en lo que fue o pudo ser. 

"ojalá en esta fiesta de la cátedra de san Pedro y lejos de celebrar la autoridad papal que Francisco ha diluido con humanidad y fraternidad, celebremos junto al papa y todos los creyentes la posibilidad de compartir con Pedro y sus sucesores la capacidad vocacional de ser testigos"

Me explico. El papa es una autoridad influyente e indiscutible en el mundo. Puede que sea hoy superado por el señor Trump y sus despropósitos de gobernante déspota. Pero en Francisco hemos visto un cambio radical en lo que supone la vocación del obispo de Roma y su condición de “siervo de los siervos de Dios”. 
Esto no quiere decir que el Papa prescinda de seguridad y del protocolo propio que se deriva de su responsabilidad; pero son notables los ejemplos de desprendimiento, llaneza y humildad y sobre todo fraternidad, con los que este hombre se mueve por el mundo. Puede que no todo sea maravilloso y bueno a los ojos de todas las personas. 

No olvidemos que la iglesia es una institución que se mueve a paso de caracol, pues para avanzar requiere del peso de la historia y del magisterio, que en ocasiones hace imposible la evolución de dogmas o principios. 
En el momento de la historia en el que vivimos, reniego de esta fiesta de la cátedra de Pedro como fiesta de la autoridad papal. Dios nuestro Padre, que nos ama y nos busca, no nos ha dado más autoridad a cada uno de los hijos e hijas de Dios, que el poder de testimoniar la Palabra de Dios en el mundo; para llegar por medio de nuestras obras, a la transformación de los corazones. 
No debe ser óbice de este planteamiento, ni la fiesta litúrgica en sí, ni las celebraciones que por tradición se hagan y que no perjudican a nadie. Pero no debe perderse de vista que la vocación –no el ministerio- de Pedro y los apóstoles, es una vocación de la que todos participamos sin menoscabo de la responsabilidad –no autoridad- que todos tenemos, no ya en la Iglesia, sino en cualquier asociación de personas y en la sociedad en sí misma. 
¿Qué es eso de curas y personas que se comportan al uso de lo que dicta su voluntad e imponiendola, considerándose a sí mismos como portavoces de Dios? Solo faltaba eso. “Te daré las llaves del cielo”, dice Jesús en tres ocasiones en los sinópticos. Una a Pedro, otra a los apóstoles y la última a todos los creyentes. 
Visto lo cual, ¿quién tiene más derecho a tener las lleves del cielo? Pues toda persona que haga de su vida un evangelio vivo, una buena noticia allí donde vaya. Esa persona estará caracterizada por la prudencia, la amorosidad, la capacidad de ser justa, fraterna y comprensible. Será espiritual sino mística y la columna vertebral de su vida, será la Palabra de Dios. Acabo fijándome brevemente en un ejemplo del antiguo testamento. 

La profetisa Débora, juez de Israel (Jueves 4-5). Era mujer de Lappidôt y una mujer que por aclamación gobernó Israel tras la época de Josué. Su cátedra era una palmera bajo la cual se sentaba a administrar justicia y atender las numerosas cuestiones que le planteaba el pueblo. No llegó a este cargo por designación de ningún poderoso, sino por aclamación popular en honor a sus virtudes. No en balde era proclamada “madre de Israel” (Ju5,7b).
 Por lo tanto, ojalá en esta fiesta de la cátedra de san Pedro y lejos de celebrar la autoridad papal que Francisco ha diluido con humanidad y fraternidad, celebremos junto al papa y todos los creyentes la posibilidad de compartir con Pedro y sus sucesores la capacidad vocacional de ser testigos, ejemplos virtuosos y proclamadores de vida, paz y justicia en el nombre de Jesús resucitado que viene a nosotros en el silencio de nuestra vida. Descifremos su rostro decididamente.

¿No oíste sus pasos silenciosos?
Él viene, viene, viene siempre.
En cada instante y en cada edad,
todos los días y todas las noches,
Él viene, viene, viene siempre.
He cantado en muchas ocasiones y de mil maneras;
pero siempre decían sus notas:
Él viene, viene, viene siempre.
En los días fragantes del soleado abril,
por la vereda del bosque,
Él viene, viene, viene siempre.
En la oscura angustia lluviosa de las noches de julio,
sobre el carro atronador de las nubes,
Él viene, viene, viene siempre.
De pena en pena mía,
son sus pasos los que oprimen mi corazón,
y el dorado roce de sus pies
es lo que hace brillar mi alegría.


(El viene, viene, viene siempre. Rabindranath Tagore)

jueves, 19 de enero de 2017

ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS


Dios y Padre bueno que nos amas y nos buscas.
¡Es tanto los que nos une a tu Hijo Jesús y tanto lo que nos separa como hermanos y hermanas a los que decimos creer en Él!
Abre nuestras conciencias, por medio de la asistencia de tu Santo Espíritu; para que atendamos que la fraternidad es esencial para los que siguen las huellas del Nazareno; el Hombre que pasó por el mundo haciendo el bien.
Que nos afanemos en trazar puentes y en disolver fronteras, donde hijos e hijas tuyos piden asilo y comida y vida digna; en nombre de un Dios que todos nos hemos repartido para nuestra conveniencia.
Que nunca dejemos de reconocer el amor allí donde se dé, sin tapujos. Que no dejemos de abrazar a los que creen en ti de otra manera o tradición distinta. Que aprendamos que la maravillosa esencia de la Eucaristía, traspasa el límite de las iglesias y es capaz de llegar a la hondura de nuestros corazones católicos o no católicos; por medio de la reunión fraternal de los que se reúnen en tu nombre.
Haznos personas de paz, amor y sensibilidad; y ayúdanos para que como el Papa Francisco, no nos alejemos de la esencia del Evangelio.
Amén.


domingo, 16 de octubre de 2016

¿SENTENCIA O DIGNIDAD? SOBRE LA INDISOLUBILIDAD DEL MATRIMONIO

No se trata de sentencia, sino de dignidad
El asunto es religioso y tiene un trasfondo político desde luego. El caso es que, sin ser yo omnisciente ni pretendiendo serlo, es curioso como cada día se puede aprender algo en el escrutinio y discernimiento de las escrituras. Y hoy concretamente me he detenido en una afirmación que los evangelios ponen en labios de Jesús: “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19,3-6. Lc 9,51s. Jn 8,6); afirmación relativa a la pregunta –de los contemporáneos de Jesús- de si puede el varón repudiar a la mujer. 

El caso es que esta afirmación, “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”, desde tiempo inmemorial ha sido la sentencia sacerdotal, por medio de la cual el presbítero declara instituido el matrimonio entre un hombre y una mujer. La palabra sentencia es dura, lo sé. Pero la utilizo porque considero que la Iglesia desde tiempo inmemorial, la utiliza más bien como sentencia aclaratoria de que algo es tal que así, porque el sacerdote así lo declara para siempre; sin que otrora tengan que intervenir –ni siquiera los protagonistas de la unión-. 
Prueba de ello es la circunstancia de que, habiéndose agotado en una pareja la esencia o vida sacramental del matrimonio, se le sigue considerando una unión lícita y cabal canónicamente hablando. Algo que no se puede sostener –ni queriendo- pues cuando falta el amor y la entrega, se agota el sentido sacramental de la unión, y esta desaparece por el propio desafecto. 
El divorcio era legal en tiempos de Jesús, sí (Dt 24,1s). Una facción judaica lo consideraba lícito de una manera fundada y proporcional. Pero mayoritariamente, los judíos podían optar por el divorcio, por cuestiones tan arbitrarias como el hecho de que una mujer no supiera cocinar bien. Hoy en día los argumentos no son tan espurios, pero es una realidad instalada en nuestra sociedad, el hecho del fracaso del matrimonio católico en gran medida. Son muchas las indicaciones del papa Francisco al respecto de facilitar –jurídica y económicamente- la nulidad de los matrimonios fracasados, pero estas medidas son acogidas con mucho recelo por los obispos ultraconservadores y los sectores ortodoxos del catolicismo, que acuden a la nulidad canónica del matrimonio, sobre todo porque tienen miles de €uros y se lo pueden permitir. 
A varios papas le debemos la barbaridad de pretender judicializar la vida de la comunidad creyente católica, por medio del Código de Derecho Canónico”, verdadera constitución de la Iglesia, cuando debiera ser el Evangelio de Jesús. “Las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, que en el matrimonio cristiano alcanzan una particular firmeza por razón del sacramento” (Canon 1056). 
La suerte del pueblo fiel y sencillo es que siempre nos quedará Jesús y la propia esencia de lo que hizo y dijo, lo cual no se puede cambiar, por mucho que a lo largo de los siglos hayan intentando tergiversarlo. Jesús de Nazaret dejó notables muestras de entrega a los desfavorecidos de la sociedad. Y uno de los sectores con los que se entregó al máximo, fue con las mujeres. Los ejemplos fueron muchos, pero me centro en la afirmación que nos ocupa, y que recuerdo, es contestación de Jesús a la pregunta de si es lícito el divorcio: “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. 
Por la dureza del corazón de los israelitas se dieron en nombre de Dios leyes injustas y sesgadas, que quizás hay que entender y contemporizar en función del momento en el que se promulgaron, teniendo en cuenta que ellas fueron fruto de la propia interpretación humana sobre la revelación divina; nunca dichas personalmente por Dios, pues Dios no habla personalmente con caracteres lingüísticos. 
Pero desde la venida de Jesús de Nazaret, el Señor, se nos revela el rostro amoroso y humano de Dios Padre, que desde el Hijo –Jesús- se humaniza y se hace ni más ni menos que uno como nosotros. Jesús sintió debilidad por las mujeres, por sus vidas, sus oportunidades y sus derechos. Sintió el desprecio de la sociedad hacia ellas de una manera tan intima que al ser preguntado sobre la licitud del divorcio, no solo no contesto a la pregunta de los fariseos sino que les proporcionó una afirmación que se ha malinterpretado a lo largo de los tiempos: “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. 
¿A qué tipo de unión se refiere Jesús? ¿Matrimonial? No, en absoluto. Jesús si algo se ha encargado de hacer desde su vida pública, es rescatar a las personas caídas en el camino de la vida y curar lo más difícil de curar, la dignidad quebrantada. En el judaísmo de la época la mujer era un objeto que –a mi juicio- servía para tres cosas fundamentales: trabajo, placer del hombre y legitimidad de la estirpe, y punto. Ni dignidad, ni persona, ni decisión, ni autoridad, ni nada de nada. 
Pero Jesús las rescata del ostracismo y la indefensión. “Jesús toma posición a favor de las víctimas, poniendo fin al privilegio de los varones para repudiar a las esposas a su antojo y exigiendo para las mujeres una vida más segura, digna y estable” (Fco.J.Sáenz de Maturana). Por eso mismo, lo que Dios ha unido es la equiparación de derechos y dignidades, llegando a considerar a la persona como sujeto idéntico sin que el género tenga que ser diferenciador. Es por ello, que la frase objeto del escrito: “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”; en absoluto debe ser considerada apta para considerar indisoluble el matrimonio, pues el amor, la entrega y el afecto, son los mejores indicadores para optar por el cese de la vida matrimonial y sacramental. 
Hay divorcios que son una bendición de Dios, pues conllevan la liberación total de la persona. Por ello, ojalá muchas personas tengan amplitud de miras para hacer la vida más llevadera y más tolerante. La palabra distorsionada de Jesús de Nazaret no puede ser justificación para condenar a personas a una unión eterna insoportable, y tampoco hace falta la bendición de una persona concreta para vivir una vida de pareja plena y sacramental, si se ama y comparte en el nombre de Jesús.

Fraternalmente, Floren.

jueves, 1 de septiembre de 2016

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA CREACIÓN

Es bueno que todos, junto al Papa Francisco,  mantengamos un compromiso con la madre tierra, con la naturaleza, para legar a nuestros hijos un mundo sostenible y respetuoso con el medio ambiente. buena jornada. 
http://cartujoconlicencia.blogspot.com.es/2016/02/oracion-de-los-que-se-sienten-parte-de.html

lunes, 25 de abril de 2016

EL PAPA Y LA FAMILIA: LA NOVEDAD INESPERADA - José María Castillo, Teólogo


 EL PAPA Y LA FAMILIA: LA NOVEDAD INESPERADA

José M. Castillo


        Una de las cosas que más se repiten, en estos días y en determinados ambientes eclesiásticos, es que la reciente Exhortación Apostólica “Amoris laetitiae”, del papa Francisco, no aporta nada nuevo, si se compara con la “Familiaris consortio”, de san Juan Pablo II. Después de tanto Sínodo y de tanto darle vueltas al tema, venimos a lo mismo. A lo que siempre ha enseñado la Iglesia. ¿Es esto realmente así? 


        El escritor José Artrila ha publicado un estudio detallado, “La verdadera novedad de Amoris laetitiae”, en el que explica documentadamente lo novedoso que es el contenido de la reciente Exhortación del papa Francisco. Vaya por delante que yo estoy completamente de acuerdo con lo que dice José Artrila  en su reciente escrito. Y valdría la pena que las mentalidades más rígidas y espiritualistas se fijen en lo que enseña el papa Francisco cuando habla, por ejemplo, del “amor erótico” (nº 150) y del amor como “pasión” (nº 148). Cosas que, por cierto, no se suelen oír en la retórica clerical. Pero, sobre todo, lo llamativo es la insistencia del papa en el tema del amor mutuo, “amor de amistad” que iguala y une a los esposos - y no en la doctrina de la Iglesia o en sus leyes - como argumento transversal, que recorre toda la reciente Exhortación papal de principio a fin.

        Pues bien, supuesto lo que acabo de indicar, a mí me parece importante que nos enteremos (o caigamos en la cuenta) de la novedad que entraña todo este planteamiento de la familia, si este asunto se piensa desde dimensiones que le son inherentes. Por ejemplo, la dimensión histórica o cuanto afecta a la sociología de la institución familiar.

        Me explico. Si prestamos atención a lo que dicen los sociólogos actualmente más valorados, enseguida comprendemos que la familia es una de las instituciones que está experimentado cambios tan rápidos y tan profundos, que, en una misma familia - esto es frecuente - los abuelos no  comprenden las nuevas costumbres de los hijos y, menos aún, las de los nietos. Mucha gente no ha pensado que la familia tradicional era, sobre todo, una unidad económica. De manera que, durante siglos, el matrimonio no se contraía sobre la base del amor sexual. Así se entendía (y se vivía) este asunto desde los orígenes de Derecho romano. Todos los derechos y todo el poder se concentraba en el paterfamilias (Peter G. Stein). Y así hemos estado, en cosas muy fundamentales, hasta hace bien poco. De ahí que la desigualdad era intrínseca a la familia tradicional.

        En los últimos años, todo esto ha saltado por los aires. Y quedan tres puntos capitales, que están reemplazando los viejos lazos que solían unir las vidas privadas de la gente; las relaciones sexuales y amorosas, las relaciones padre-hijo y la amistad. De ahí que el centro de la institución familiar se ha desplazado: de la familia como “unidad económica”, a lo que acertadamente se ha denominado la “relación pura” (Anthony Giddens). Pero, ¿qué es, en definitiva, esta “relación pura”? “La relación que se basa en la comunicación, de manera que entender el punto de vista de la otra persona es esencial”.

        Ahora bien, si todo esto es así, y creo que por ahí van las cosas, si ahora volvemos la atención a la Exhortación del papa Francisco, no hay que esforzarse mucho para advertir que el papa, siendo fiel a la tradición de la Iglesia, ha dado en el clavo de lo que está ocurriendo en la institución familiar. Y en el clavo también de la solución que tiene el estado de cosas en que vivimos.  Dicho más claramente: la solución de los problemas de la familia no va a estar en afirmar verdades rotundas. Ni vendrá por el sometimiento a normas todo lo rígidas que se quieran. No. En nada de eso está el problema. Y, por tanto, en nada de eso estará la solución. La familia recuperará su estabilidad, su equilibrio y su razón de ser, en la medida en que el amor de amistad, que, en lenguaje secular, se puede denominar “relación pura”, ocupe el centro que, durante siglos, ocupó el paterfamilias, como dueño y garante de la unidad económica que, de facto, era la institución familiar.


        El papa Francisco, no sólo ha innovado en cuestiones muy fundamentales, respecto a san Juan Pablo II, sino que, además, ha captado los “signos de los tiempos” mucho mejor de lo que se imaginan quienes se empeñan en que todo siga igual.    

sábado, 23 de abril de 2016

EL EMBAJADOR RECHAZADO - JOSÉ MARÍA CASTILLO, TEÓLOGO

        EL EMBAJADOR RECHAZADO: MANDA SAN PABLO

                                      José M. Castillo 

        El papa Francisco le dijo a un periodista, en el avión que le traía de uno de sus viajes a América: “¿Quién soy yo para juzgar a los homosexuales?”. Nadie sabe cómo se ha gestionado en el Vaticano el rechazo al embajador gay propuesto por el gobierno de Francia. ¿Ha sido el papa el que ha rechazado a ese embajador? ¿Lo ha rechazado la “mano negra” que, según dicen, se opone a Francisco? Sea quien sea el que ha decidido rechazar a un homosexual, el hecho es que, en este caso, el embajador propuesto ha sido juzgado y rechazado. Entonces, ¿quién manda realmente en la Iglesia? ¿El papa? ¿Los que se oponen al papa?


        Una vez más (y en un asunto muy serio), ha quedado patente que quien manda en la Iglesia no es san Pedro y sus sucesores, sino san Pablo y su teología. Sabemos que, en los evangelios, no se dice ni palabra contra la homosexualidad. Por lo visto, a Jesús no le preocupó este asunto. Pablo, por el contrario, fue tajante. En Rom 1, 26 afirma que la homosexualidad es “contra la naturaleza”. Pero, en realidad, ¿a qué se refería Pablo cuando consideraba “natural” o “anti-natural” un acto humano? Esta pregunta tiene su razón de ser en el hecho de que el mismo Pablo considera “antinatural” que los hombres se dejaran en cabello largo y las mujeres se lo cortaran  (1 Cor 11, 14-15). Lo mismo para la homosexualidad que para el corte de pelo, Pablo utiliza el sustantivo “physis”, que está tomado de la filosofía estoica (H. Paulsen, Ph. Vielhauer).

        Que aceptemos lo que Dios nos ha revelado, de acuerdo. Pero, ¿quién manda o prohíbe que no podamos indagar el origen de ciertas expresiones, que pueden tener (y la tienen) su razón de ser en ideas y expresiones que tienen su origen en Pitágoras o vaya Vd a saber si en los chamanes del Norte de Europa, como  vienen diciendo quienes han estudiado a fondo (E. R. Dodds) los orígenes del “puritanismo” occidental?


        Todo esto da pie para pensar que, aunque es cierto que Jesús fundó la Iglesia, quien ha tenido - y sigue teniendo - más presencia determinante en ella es el Apóstol Pablo y su teología.  ¿No es urgente ya afrontar en serio este asunto capital?    

lunes, 7 de marzo de 2016

FRANCISCO, A LOS TRES AÑOS EN ROMA - José María Castillo

          FRANCISCO, A LOS TRES AÑOS EN ROMA

                                     José M. Castillo


        Hace tres años, cuando faltaban sólo unos días para que Benedicto XVI renunciara al papado, un importante personaje (de los que tienen mando en Roma) me dijo: “La Iglesia no puede caer más abajo de lo que ya está”. Y creo que quien me dijo eso tenía razón. Baste pensar que, desde los últimos años de Pablo VI hasta el día que tomó posesión Francisco, la Iglesia ha estado prácticamente sin gobierno. Más de 30 años. Juan Pablo II gestionó su pontificado con vistas a sus continuos viajes por el mundo entero. Benedicto XVI se dedicó a sus estudios y sus escritos. ¿Quién gobernaba de facto? Los cardenales que presidían las Congregaciones de la Curia. Hombres, con frecuencia, enfrentados entre ellos. De forma que los conflictos intestinos entre curiales ocuparon gran parte del tiempo y de las preocupaciones que se vivieron en el Vaticano, mientras que la Iglesia se veía urgida por asuntos muy graves, muchos de ellos inaplazables. No le faltaba razón al gran historiador de Cambridge, John Cornwell, cuando el año 2000, refiriéndose al pontificado de Juan Pablo II, escribió esto: “La tesis de este libro (un estudio importante sobre Pío XII) es que cuando el papado crece en importancia a costa del pueblo de Dios, la Iglesia católica decae en influencia moral y espiritual, en detrimento de todos nosotros”.  


        Y así fue. De ahí el conclave intenso y rápido que eligió a un jesuita, con talante franciscano, para suceder a Ratzinger. Con el desenlace final de un obispo que vino “del fin del mundo”, y que apareció en el balcón principal de la plaza de San Pedro, para decirle a la gente que él era el obispo de Roma. Y que allí estaba, antes que para bendecir, para ser bendecido por el pueblo. Se acababa de cerrar una larga etapa en la historia de la Iglesia. Y se abría otra, cargada de interrogantes y de ilusiones.

        ¿Qué balance se puede hacer de los tres años transcurridos  en el todavía breve papado de Francisco? Hay un hecho claro. Francisco se comportó, desde el primer momento, de manera que enseguida provocó  atracción y rechazo. Gran atracción, en la opinión pública general. Gran rechazo, en  grupos concretos y localizados. Precisando más: “atracción”, en las masas populares, especialmente entre gentes maltratadas por la vida y por la sociedad opulenta; “rechazo”, sobre todo en sectores importantes de la Curia Vaticana, en buena parte del episcopado mundial, entre los curas y frailes más conservadores y en los grupos cristianos más integristas y fanáticos.

        La explicación de este contraste (“atracción - rechazo”) está en que Francisco es un obispo tan creyente como humano.  Y es ambas cosas, en una cultura y una sociedad, en la que el poder opresor pierde fuerza y está siendo sustituido por el poder seductor. Hoy la religión ya no oprime ni mete miedo. A la religión no le queda ya otro poder que la capacidad de seducir a los nuevos esclavos de la sociedad industrial, opulenta y capitalista. Y resulta que Francisco ha tomado tan en serio el Evangelio, que ejerce una irresistible atracción ante los pobres, los enfermos, los niños, los ancianos, los presos de las cárceles, los refugiados, los que no tienen papeles ni techo, los “nadies”. Mientras que, paradójicamente, este hombre tan “espiritual”, no es clerical y detesta lo ostentoso del poder y la gloria.

        Así las cosas, a nadie le tendría que sorprender el fuerte rechazo que el papa Francisco encuentra en la Curia Vaticana. Porque la Curia, junto a los integristas religiosos, siguen creyendo en el poder de los dogmas y las leyes. Por eso una notable mayoría de curiales son expertos en el poder opresor. Lo  que lleva consigo una importante dificultad para vivir de acuerdo con el Evangelio. Se comprende por qué precisamente en el Vaticano (y en los colectivos integristas religiosos) es donde se encuentra el rechazo más directo, y quizás más fuerte, contra el papa Francisco. 

        Sin duda alguna, el papa Francisco ha inaugurado una nueva etapa en la historia del papado. Una etapa que se caracteriza por un hecho tan sencillo como sorprendente. Un papa que ejerce el papado, no desde el poder de la religión, sino desde la ejemplaridad del Evangelio. En esto se centra y se resume la genialidad del papa Francisco.


        Y sin embargo, todavía hay que preguntarse: ¿Qué le falta a este papa en su nueva forma de ejercer el papado? Le falta modificar, a fondo y por completo, la gestión de la Curia Vaticana. Es evidente que eso no se puede hacer en cuatro días. Ni siquiera en dos o tres años. Como también es cierto que Francisco está trabajando a fondo en este complicado asunto. Por eso, lo que nos atrevemos a pedirle es que - lo antes que pueda - convierta el enorme y solemne tinglado de la Curia en una Comisión Consejera Mundial del Obispo de Roma, “cabeza del Colegio Episcopal” (LG 22), recuperando el gobierno sinodal de la Iglesia, tal como se hizo durante el primer milenio de su historia. ¡Por favor, papa Francisco!, no abandone el papado dejando su obra magistral sin el complemento decisivo que aún le falta.             

viernes, 4 de marzo de 2016

DIOS TAMBIÉN ES MADRE

Dios también es madre
Florencio Salvador Díaz Fernández. Estudiante de Teología.


Este tema no es recurrente, es un tema que vivo. O mejor dicho, es una dimensión de Dios que vivo y experimento. Parto de la base de que “DIOS, es la más abrumadora de todas las palabras humanas” (J.I.González Faus). Muchas personas a través de la historia han descargado en ella sus angustias y sinsabores. Aun hoy en día, es una palabra manipulada, ensuciada, ensangrentada, en cuyo nombre incluso se ha llamado a la guerra desde todas las religiones.       
Cada cultura -a Dios- le ha dado forma, y le ha representado y estructurado de una determinada manera; incluso se ha establecido un culto determinado y diferenciado según la cultura. Cuando decimos Dios, nos referimos en masculino a ese “Ser Trascendente”. Ese Ser que supera nuestra existencia y nuestras capacidades y en cuya presencia tradicionalmente hemos colocado todo lo que se nos escapa de las manos. Precisamente por ese modelado al que Dios ha sido sometido a través de las épocas, se le apartó de la dimensión maternal/femenina que ampliamente le caracteriza, solo por cuestiones de primacía del varón en las culturas de entonces; ya que ampliamente está documentado la existencia de “Diosas” en nuestra biblia (1Re 14). 
Desde los comienzos de la civilización era la mujer la que aseguraba la alimentación recogiendo lo que daba la tierra. Pero al establecerse la agricultura (70s.aC) se necesita el manejo de instrumentos grandes y de gran peso como los arados o la construcción de la irrigación, lo cual hará que el varón supere a la mujer hasta hacerla un mero objeto de legitimación de la estirpe, la crianza o el placer. Resumo recordando que la primacía del varón caracterizó a Dios tal y como lo invocamos. Y por este motivo, todo carácter femenino fue extirpado de la dimensión del “Ser Trascendente” al que idealizamos como un anciano afable de blanca barba. 
Nada más lejos de la realidad. El Cardenal Gianfranco Ravasi, afirmó en el  diario “Avvenire” (año 2005), que “al menos 60 adjetivos de Dios en la Biblia están en femenino” y que “existe claramente una maternidad de Dios, y en más de 260 ocasiones se habla de las ‘entrañas maternas’ del Señor”. Es más, si a Dios no le hubiéramos quitado por prejuicios injustificados su dimensión femenina, la mujer estaría en muchos países y culturas equiparada en derechos y libertades. Ya que hoy más que nunca, atendemos a la urgencia de “liberar a la mujer de prejuicios que impiden que salgan a la luz riquezas que solo la mujer puede aportar a las búsquedas humanas” (Leonardo Boff). 
Y al hablar de lo femenino, entiéndase que no trato aquí la identidad de género, sino algo que va más allá; los rasgos femeninos de Dios que son su creación, su gesta liberadora, su intencionalidad virginal, su carácter esponsalicio (Is 62,4s), su fecundidad, su sensibilidad (Gn 30,1), su amplio carácter materno…etc. No olvidemos que a imagen suya crea Dios al hombre y a la mujer y a ambos le confiere su dignidad y su Espíritu. Una imagen maternal de la que son reflejos otros testimonios formidables de mujeres en el A.T., como Agar, Raquel, Deborah, Ana y Rispah; ya que esta última fue reflejo del dolor de Dios por el martirio de los siete hermanos fieles a sus mandatos (Mac 7). 
Dice el Señor: “¿Acaso una madre puede olvidarse de su propio hijo? Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré” (Is 49,15), “como una madre consuela a su hijo, así os consolaré yo” (Is 66,13). La misma sabiduría que es la palabra de Dios encargada de la realización de sus obras se dirige a sus hijos como una madre (Prov 8-9) recomendándole sus instrucciones. 

El propio planeta Tierra, la tierra que pisamos es uno de los mayores exponentes del rostro maternal de Dios, ya que ella es dadora de vida, es “nuestra casa común […] como una hermana, con la cual compartimos la existencia y como una bella madre nos acoge entre sus brazos, la cual nos sustenta y gobierna, […] y clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella.” (Francisco. Enc.Laudato Si´1-2). 
Indudablemente el nuevo testamento no se sustrae a esta realidad del rostro maternal de Dios, sino que desde Jesucristo lo agudiza hasta hacerlo un magisterio dentro de la primigenia comunidad cristiana. Aquí es fácil recordar la entrega que Jesús hace de su madre María, al apóstol Juan estando junto a la cruz. 
Pero esa entrega, solamente es una búsqueda de amparo por parte de Jesús hacia su madre. El verdadero texto donde Jesús da a la maternidad un autentico carácter es en Marcos (3, 31-35) al afirmar: “todo el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Y precisamente es aquí donde nuevamente Dios, desde Jesús, nos ofrece a cada uno de nosotros la posibilidad de participar de cada una de las dimensiones que Dios tiene en el mundo, testimoniando. 
Y una de esas dimensiones es la maternidad. “El seno materno es la expresión más concreta de la íntima relación entre dos existencias y de las atenciones hacia la criatura débil […]. El lenguaje figurado del cuerpo nos ofrece así una comprensión de los sentimientos de Dios por el hombre, más profunda de lo que permitiría cualquier lenguaje conceptual” (Joseph Ratzinger, Libro-entrevista con Peter Seewald). Muchas personas sean hombres o mujeres nunca podrán tener hijos. 
Precisamente quienes no han concebido o dado a luz, han engendrado hijos desde un plano no biológico. En cada caso, a todos se nos hace un llamamiento a la fecundidad de nuestra vida, y así participar con Dios del carácter creador, comenzando por el respeto a la persona –sea quien sea- y el cuidado de la Tierra nuestra casa común. Es cierto que es algo costoso, pues ninguno de los que no hemos parido, sabemos lo que es adolecernos por algo que no nos duele a nosotros, sino al hijo al que se ha alumbrado. 
De ese amor, desinteresado y amable nos habla constantemente Dios a través de Jesucristo en su evangelio. Por ello, estoy convencido de que la maternidad de Dios es un bello desafío para el/a cristiano/a de hoy en el año de la misericordia. Por lo que no debemos tener miedo de hacernos eco de ese carácter maternal, sensible, fraterno y amoroso. Una dimensión amorosa que nos lleva a auxiliar más allá de la retribución mundana a la que estamos acostumbrados, que implica que todo tiene un precio en euros. Acabo. 

Estando en la maravillosa convocatoria papal del año de la misericordia, cito aquí al profeta Miqueas (6,8): “practica la justicia, ama la misericordia, y camina humildemente con tu Dios”. El Señor nos libre de banalizar este texto. El Señor nos libre de no querer ser fecundos. El Señor nos libre de socavar la integridad de cualquier persona. El señor nos libre de relativizar todo lo que es femenino, simplemente por serlo. El señor nos libre de ofender a la mujer al no equipararla en responsabilidades, incluso eclesiásticas. Que para este apasionante camino por el año de la misericordia, no nos falte la compañía y el amparo de uno de los auténticos rostros humanizados de la maternidad de Dios, la Virgen María que mitiga nuestras amarguras con una inagotable esperanza. Amén. Hermanos y hermanas del Calvario, feliz año de vuestro aniversario fundacional. Paz y bien. Laus Deo.

Publicado en el Boletín nº 24 de la Hermandad del Calvario de Estepa (Sevilla)

miércoles, 2 de marzo de 2016

LA LAICIDAD DEL ESTADO - José María Castillo Sánchez


                        LA LAICIDAD DEL ESTADO

                                     José M. Castillo
  
        En estos días, se está difundiendo una noticia de largo alcance. El papa Francisco, en su visita a Brasil, en un encuentro con la clase dirigente en Río de Janeiro, dijo lo siguiente: “La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad”.

 Para comprender el significado y consecuencias de esta afirmación del papa, es necesario tener presente que no es lo mismo hablar de “laicismo” que hablar de “laicidad”. Una distinción que ha reconocido el Diccionario de la RAE en su última y reciente edición. El laicismo rechaza toda influencia o presencia religiosa en los individuos o en las instituciones, sean públicas o privadas. La laicidad admite esta influencia o presencia. Pero, en este caso, dado que el hecho religioso no es único, sino que las confesiones religiosas son muchas, la laicidad es la posición del Estado que no acepta como propia una sola confesión, sino que las respeta a todas por igual. Por tanto, la laicidad del Estado consiste en que la Constitución acepta el hecho religioso, pero respeta la diversidad de confesiones y sus diversas manifestaciones. Lo que exige, por ejemplo, que las autoridades civiles no deben presidir, como tales, actos religiosos (misas, procesiones, actos oficiales...). Ni los signos propios del catolicismo (crucifijos, imágenes, determinadas fiestas...) tienen que verse y vivirse como festividades obligatorias para toda la población.

        En la medida en que el Estado acepta una confesión religiosa como propia y oficial, en esa misma medida rompe la igualdad de todos los ciudadanos. Y falta al respeto a quienes legítimamente difieren en sus creencias y prácticas religiosas.


        Si nos remontamos a los orígenes del cristianismo, lo que encontramos en los evangelios es que Jesús tuvo mejores relaciones con extranjeros, samaritanos y galileos que con las autoridades religiosas del templo de Jerusalén, con los maestros de la Ley y con los observantes religiosos del partido fariseo. Sin duda alguna, de la misma manera que podemos y debemos hablar de la laicidad del Estado, podemos referirnos a la laicidad del Evangelio. Un tema sobre el que, con este mismo título, he publicado recientemente un libro. El papa Francisco tiene toda la razón del mundo. Y da en la clave de uno de los factores más determinantes para que haya paz entre las religiones y los pueblos. En todo caso, la violencia religiosa no acabará mientras no tomemos en serio lo que ha dicho el papa Francisco sobre este problema capital.