CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

sábado, 20 de noviembre de 2010

UN REINO PENDIENTE DEL "BIGBAN" DE SUS VALORES, POR MEDIO DEL TESTIMONIO DE LOS HIJOS

Reine señor la misericordia

Tu Reino, Señor se hace presente
cuando se fomenta la justicia
y es respetada la libertad.
Cuando todos somos hijos tuyos,
los sueños se deletrean: amistad
hermanos, paciencia, caridad.

Tu reinado, Señor, viene a nosotros
siempre que el pueblo dispone
de sustento, vivienda, trabajo y sanidad.
Tú nos enseñas, por Jesús,
a vivir con dignidad la vida
y a festejarla en la fraternidad.

En tu reino, Señor, no caben privilegios
de quienes se creen el fruto de la espiga
en honor y dignidad.
Eres un Dios vivo,
enemigo de los ídolos humanos,
y no hay mayor cansancio que el tuyo,
Señor, ascendiendo a nuestra sed
de vanidades por un bosque de luz.

El reino que predicaste
llega casi de puntillas,
se revela y está escondido.
Es simiente que se esparce por los campos,
levadura que fermenta entre la masa,
luz que muestra el horizonte a los perdidos.

El Reino de Dios, según los evangelios,
es un banquete de bodas,
un adviento de ternura que reparte los panes
en las manos frágiles
de los que gozan detrás del corazón.
                                        (Casiano Floristan)

Reflexión

¿¿ Su trono es la cruz ??

Sí, es una de las paradojas, que hasta el final de su vida nos planteo Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y el rey del amor.
Otra pregunta recurrente, ¿qué reino?. Pues el Reino de Jesús es universal, pero se realiza –o puede realizarse- en la historia y vida de cada persona que puebla el mundo. (Mc 14,58)
La dinámica propia del reino de Jesús es el amor preferencial por los pobres o desfavorecidos. Jesús formula este mensaje a través de obras humanas y de misericordia, porque lo que para él importa de una manera primordial es el hombre y la mujer de cada tiempo en situación de sufrimiento y opresión. (Lc 8,43)
Lo que ocurre, es que no son los pobres precisamente los que se sienten cómodos en nuestras asambleas y misas. Y sin embargo llegados a este punto, de San Francisco de Asís quizás podemos aprender el carácter excepcional de la suprema alegría, el que por tus obras y tu desprendimiento, lleguen a considerarte pobre con los pobres.
Si hay quienes creen que los que participamos en la Eucaristía somos los privilegiados de la sociedad, son unos ignorantes, sin ánimo de faltar. ¿Acaso se puede dejar de lado las palabras del evangelio de hoy, en las cuales nuestro rey en paradójica circunstancia es insultado y vejado?
Lc 23, 35-43, “Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.».
No permitamos que la enseñanza que nos propone la liturgia de la Palabra para este Domingo, nos pase de largo sin haberle sacado el máximo de fruto. Cuando salgamos de la asamblea o de nuestro momento de oración, que en tu corazón reine la misericordia, y la grandeza de saberte utilizado por Dios para hacer el bien. Siendo capaz de anunciar a Jesús de igual a igual, no considerándote heraldo ni pregonero, ¡no!. 
Jesús no era de pregones. Por el contrario para llevar esta tarea del Reino de Dios a cabo, tendrás que pedir cada día un corazón misericordioso. Más de una vez sentirás su dureza de piedra, y puede incluso que llegues a avergonzarte de ti mismo, al realizar obras que no dignifican a tu prójimo. Llegado ese caso humíllate ante la persona y como David póstrate en tierra. 
¡Que tu suplica de perdón sea autentica!. 
Poco a poco, milagro de Dios, ninguna persona te resultará indiferente pues te quedará la duda de si en ella, se te está presentando Dios.

Oración Colecta
Roguemos para que todo el Pueblo de Dios
llegue a ser más semejante a Cristo
Rey de nuestros corazones.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro,
que nos amas y nos buscas y
que amas a tu pueblo:
Tú quieres que reconozcamos a nuestro Rey en Jesús,
como hombre dado a los hombres y mujeres de este mundo
como signo de tu amor por la humanidad.
Tu quieres que le reconozcamos
coronado de espinas y entronizado en una cruz,
como nuestro líder sin ejército  ni poder.
Con y como él, haz que elijamos el amor
como nuestro único poder,
y el servicio humilde como nuestra única grandeza.
¡Que su mensaje vertebre nuestra vida!
¡Que le encontremos en lo poco y además pequeño!
Que sea éste el modo cómo su reinado crezca entre nosotros,
hasta que nos lleves a tu alegría y felicidad eternas.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor,
Dios y Hombre. Amén.

¡Os deseo de corazón que paséis una buena semana de despedida del año liturgico!.
atte. Floren.