CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

miércoles, 15 de enero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

2 Tiempo ordinario (A) Juan 1, 29-34
CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA15/01/14.- Las primeras comunidades cristianas se preocuparon de diferenciar bien el bautismo de Juan que sumergía a las gentes en las aguas del Jordán y el bautismo de Jesús que comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue. 

Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual. Solo su Espíritu nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad, abandonando caminos que nos desvían una y otra vez del Evangelio. Solo ese Espíritu nos puede dar luz y fuerza para emprender la renovación que necesita hoy la Iglesia.
El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”.
Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”.
La renovación que el Papa quiere impulsar en el cristianismo actual no es posible “cuando la falta de una espiritualidad profunda se traduce en pesimismo, fatalismo y desconfianza”, o cuando nos lleva a pensar que “nada puede cambiar” y por tanto “es inútil esforzarse”, o cuando bajamos los brazos definitivamente, “dominados por un descontento crónico o por una acedia que seca el alma”.
Francisco nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra... no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.
Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”. ¿No estará aquí uno de los principales obstáculos para impulsar la renovación querida por el Papa Francisco? 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

lunes, 13 de enero de 2014

DIOS NO CASTIGA A NADIE - JOSÉ MARÍA CASTILLO, TEÓLOGO

Desde hace unos días, se comenta (entre indignación y escándalo) lo que ha dicho recientemente el párroco de un pueblo de León, asegurando tranquilamente que el cáncer, que sufre un conocido político del PSOE, podría ser “un castigo de la Divina Providencia”, por causa de la condición homosexual del mencionado político. 

Más allá del disparate, que entraña semejante afirmación, la injustificada (y nunca demostrable) opinión de este sacerdote nos lleva derechamente a afrontar una pregunta de ésas que tocan fondo en asuntos de religión. La pregunta es ésta: ¿Dios puede ser vengativo y castigador?Más concretamente: el Dios en el que creemos los cristianos, el Dios que se nos reveló en Jesús, ¿puede utilizar la venganza y el castigo contra aquellos a los que considera pecadores o indignos por el motivo que sea? No entro aquí en el juicio que pueda hacerDios de la homosexualidad. En cualquier caso, afirmar que la condición homosexual es una perversión que merece un castigo divino, que se traduce en los sufrimientos de un cáncer, representa un disparate tan monumental como indemostrable. ¿De dónde sabe ese cura que Dios castiga la homosexualidad con los padecimientos de un cáncer?
Pero no es esto lo más grave que ha dicho el mencionado clérigo de la diócesis de León. Lo peor de todo ha sido presentar a Dios como justiciero, vengativo y agente de castigos que nos estremecen de miedo. El Dios que nos enseña el Evangelio, ¿puede ser un Dios vengativo y castigador?
En los evangelios, el término “castigo” (“dikê”) ni se menciona. Y el verbo “castigar” o “vengar” (“ekdikéô”) sólo aparece en la parábola de la viuda que pide justicia (Lc 18, 3 ss). Es verdad que, en los escritos de Pablo, se habla de la venganza de Dios (2 Tes 1, 8; Rom 12, 19 s; cf. Deut 32, 35. 43). Pero será bueno saber que, cuando Pablo habla de Dios, se refiere al Dios de Abrahán y a las promesas hechas a Abrahán (Gal 3, 16-21; Rom 4, 2-20) (U. Schnelle, Paulus. Leben und Denken, Berlin 2003, 56). Y sobre todo es fundamental recordar que el Dios, al que se refiere Jesús, es el Padre bueno que no hace distinción entre buenos y malos, entre justos e injustos (Mt 5, 43-48). Es, además, el Padre que acoge al perdido y al extraviado, sin reprenderle ni pedirle explicaciones, haciéndole fiesta en el colmo de su alegría (Lc 15, 11-32). Pero, sobre todo, cuando los cristianos hablamos de Dios, jamás deberíamos olvidar que la definición que se nos da de ese Dios se reduce a que “es amor” (1 Jn 4, 8. 16). Ahora bien, si Dios se define esencialmente por el amor a los demás, sean quienes sean y vivan como vivan, eso quiere decir que Dios no sabe, ni quiere, ni puede hacer otra cosa que no sea amar y hacer felices a los seres humanos, como bien ha hecho notar el prof. A. Torres Queiruga.
Por eso, deberíamos distinguir cuidadosamente que no es lo mismo castigar que corregir. El castigo es “un fin en sí”; y no tiene, ni puede tener, otra finalidad que hacer sufrir. Es lo más opuesto a cualquier forma de bondad y amor. La corrección es “un medio” (doloroso o desagradable) para obtener un fin posterior, que siempre es positivo y gozoso. Por eso, los padres corrigen a sus hijos, los maestros a sus alumnos. Jesús no castigó a los fariseos cuando les dijo que eran “hipócritas”. Como tampoco castigó a Pedro cuando lo calificó de “¡Satanás!” (Mt 16, 27 par). En éstos - y en tantos otros casos - Jesús no actuó como “castigador”, sino como “corrector” del que sólo pretende el bien y la dicha de aquellos a quienes corrige.
De ahí que podemos (y debemos) preguntarnos: ¿es compatible la existencia del infierno con la bondad y el amor que definen a Dios? Si el infierno, por definición, es eterno, eso quiere decir que el infierno no puede ser medio para nada ulterior. El infierno es lo último y definitivo. El Dios, que hace y mantiene el infierno, no puede ser sino un Dios castigador, un Dios que jamás podría ser definido como amor. Por lo demás, el Magisterio de la Iglesia no ha definido nunca, como dogma de fe, la existencia del infierno. Lo que la Iglesia ha dicho es quien muere en pecado mortal, se condena. Pero la misma Iglesia no ha dicho (ni puede decir) de nadie que una persona concreta haya muerto en pecado mortal. Digamos, pues, con más lógica y más humildad, que el lenguaje metafórico del fuego, las tinieblas exteriores y el rechinar de dientes no pasan de ser formas de expresión que nos dicen que Dios es justo y hace justicia. Pero, ¿cómo la hace? Eso, nadie lo sabe. Ni puede saberlo.
Aceptemos, pues, nuestra limitación en todo cuanto se refiere a nuestro conocimiento del “más allá”. Y, por supuesto, jamás utilicemos a Dios o a la eternidad para fomentar el miedo y el sometimiento de la gente a los intereses de poder y autoridad de los que usan y abusan los profesionales de la religión. Echando mano de semejantes intereses, lo único que se consigue es hacer más odiosa e insoportable la causa de Dios.

viernes, 10 de enero de 2014

CARTA DE FLOREN AL PAPA FRANCISCO

Carta al Papa Francisco
Santo padre Francisco, buenas tardes desde Estepa, un pequeño pueblo de Sevilla en la tierra Andaluza. 


Le escribo con alegría y le felicito el nuevo año, y le agradezco profundamente el germen esperanzador que significa en aquellos que somos cristianos; la revitalización del testimonio cristiano, la acogida, la tolerancia y el sentido de fraternidad que vemos en su persona, sus escritos y sus gestos.

Su tarea es enorme Santidad, respecto de actualizar y orientar la nave de la Iglesia, obcecada en ocasiones por ciertos temas que parecen ser la propia razón de ser de la Iglesia, aun cuando esta –como usted afirma-, no debe tener más rumbo que el evangelio de Jesucristo.

Hoy en España, se nos informa de que nuestros obispos se unen al llamamiento de Su Santidad, para estar cerca de los desfavorecidos y los inmigrantes. Y lo hacen por medio de una declaración muy interesante, que es acogida con mucho interés por la comunidad católica de España.

Cita la noticia: Alternativas "más dignas" a los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), que no se penalice la asistencia humanitaria a los inmigrantes y no se les niegue el auxilio, y reclaman solidaridad en lugar de "vallas cortantes" pues "las solas medidas de control no dan resultados", en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado.

Estas declaraciones de los obispos ayudan a estar en sintonía con Jesús de Nazaret, cuya apuesta se radicalizó fundamentalmente con los desfavorecidos y pobres, social y espiritualmente hablando. Créame Santidad, que somos muchos los hijos e hijas de la Iglesia los que declamábamos una postura eclesiásticamente contundente, respecto de temas tanto morales como políticos, que afectan con urgencia a la vida social y personal de muchos ciudadanos en España, y que se ven abocados al desastre por causa de la implacable crisis económica.

Somos muchos los que aun a pesar de los posibles naufragios, nos sentimos comunidad en la Iglesia de Jesús. Somos muchos los que hemos dado los mejores años de nuestra vida al servicio de la Iglesia en parroquias, catequesis, voluntariado y otras formas de evangelización. Y solo esperamos, que la Iglesia opte fundamentalmente por la HUMANIDAD con mayúsculas, sin preguntarle a la persona de donde viene o cual es su situación económica o su condición sexual.

Respecto de esta ultima consideración Santidad, déjeme decirle que con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia, nuevamente hemos escuchado a obispos españoles manifestarse a favor de la familia “tradicional”, hiriendo a otras personas; que por ser familias homoparentales, no dejan de ser dignas personas porque fueron creadas dignamente por Dios. 
Tengo el orgullo de conocer un hogar en el que hay dos mamas y dos hijas, Santidad. En ese hogar, a las pequeñas se les habla de Jesús. Se les enseña que era una persona excepcional que ayudaba a todo el mundo, y que todos debemos parecernos a él, porque Jesús fue un hombre genial.

Sobran las palabras, Santidad. Fue un alivio el escucharle a usted, pidiendo que se deje de tratar con tanta insistencia estos temas, muchos de los cuales son un desafío para la Iglesia del siglo XXI. Hoy tristemente, alguien que de denomina sacerdote  y que ejerce su ministerio con el beneplácito de la C.E.E. (*1) ; afirma en un medio de comunicación que el cáncer que padece un político español y homosexual, “es un castigo de la divina providencia” (*2).

Esto destruye Santidad. Destruye el sentido de comunidad, las ganas de pertenecer, y falta a la dignidad y el respeto de personas, que por no considerarse cristianas no son merecedores de trato semejante.

Aun así, Santidad, esperamos en usted. Yo espero en usted y le muestro mi confianza y mi complacencia de que hará todo lo posible porque la Iglesia de Jesús, sea sensible a todas las realidades que afectan a las personas humanas.

Cuenta usted con mi apoyo, mi oración incondicional y mi consideración personal; aunque cariñosamente le diga apostillando: “aun a pesar de los posibles naufrágios en la fe”.

Desde Estepa en Sevilla, un cálido abrazo fraterno, Papa Francisco. Paz y bien.

Estepa a 10 de Enero de 2014. Laus Deo.

Fdo. Florencio Salvador Díaz Fernández. 

Notas:

miércoles, 8 de enero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - UNA NUEVA ETAPA

Bautismo del Señor (A) Mateo 3, 13-17
UNA NUEVA ETAPA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA - SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA). ECLESALIA,

Antes de narrar su actividad profética, los evangelistas nos hablan de una experiencia que va a transformar radicalmente la vida de Jesús. Después de ser bautizado por Juan, Jesús se siente el Hijo querido de Dios, habitado plenamente por su Espíritu. Alentado por ese Espíritu, Jesús se pone en marcha para anunciar a todos, con su vida y su mensaje, la Buena Noticia de un Dios amigo y salvador del ser humano. 

No es extraño que, al invitarnos a vivir en los próximos años “una nueva etapa evangelizadora”, el Papa nos recuerde que la Iglesia necesita más que nunca “evangelizadores con Espíritu”. Sabe muy bien que solo el Espíritu de Jesús nos puede infundir fuerza para poner en marcha la conversión radical que necesita la Iglesia. ¿Por qué caminos?
Esta renovación de la Iglesia solo puede nacer de la novedad del Evangelio. El Papa quiere que la gente de hoy escuche el mismo mensaje que Jesús proclamaba por los caminos de Galilea, no otro diferente. Hemos de “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio”. Solo de esta manera, “podremos romper esquemas aburridos en los que pretendemos encerrar a Jesucristo”.
El Papa está pensando en una renovación radical, “que no puede dejar las cosas como están; ya no sirve una simple administración”. Por eso, nos pide “abandonar el cómodo criterio pastoral del siempre se ha hecho así” e insiste una y otra vez: “Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”.
Francisco busca una Iglesia en la que solo nos preocupe comunicar la Buena Noticia de Jesús al mundo actual. “Más que el temor a no equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: Dadles vosotros de comer”.
El Papa quiere que construyamos “una Iglesia con las puertas abiertas”, pues la alegría del Evangelio es para todos y no se debe excluir a nadie. ¡Qué alegría poder escuchar de sus labios una visión de Iglesia que recupera el Espíritu más genuino de Jesús rompiendo actitudes muy arraigadas durante siglos! “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadotes. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa del Padre donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”. 
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viernes, 3 de enero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - RECUPERAR LA FRESCURA DEL EVANGELIO

2 Domingo después de Navidad (A) Juan 1, 1-18
RECUPERAR LA FRESCURA DEL EVANGELIO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

En el prólogo del evangelio de Juan se hacen dos afirmaciones básicas que nos obligan a revisar de manera radical nuestra manera de entender y de vivir la fe cristiana, después de veinte siglos de no pocas desviaciones, reduccionismos y enfoques poco fieles al Evangelio de Jesús. 

La primera afirmación es ésta: “La Palabra de Dios se ha hecho carne”. Dios no ha permanecido callado, encerrado para siempre en su misterio. Nos ha hablado. Pero no se nos ha revelado por medio de conceptos y doctrinas sublimes. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús para que la puedan entender y acoger hasta los más sencillos.
La segunda afirmación dice así: “A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”. Los teólogos hablamos mucho de Dios, pero ninguno de nosotros lo ha visto. Los dirigentes religiosos y los predicadores hablamos de él con seguridad, pero ninguno de nosotros ha visto su rostro. Solo Jesús, el Hijo único del Padre, nos ha contado cómo es Dios, cómo nos quiere y cómo busca construir un mundo más humano para todos.
Esta dos afirmaciones están en el trasfondo del programa renovador del Papa Francisco. Por eso busca una Iglesia enraizada en el Evangelio de Jesús, sin enredarnos en doctrinas o costumbres “no directamente ligadas al núcleo del Evangelio”. Si no lo hacemos así, “no será el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas”.
La actitud del Papa es clara. Solo en Jesús se nos ha revelado la misericordia de Dios. Por eso, hemos de volver a la fuerza transformadora del primer anuncio evangélico, sin eclipsar la Buena Noticia de Jesús y “sin obsesionarnos por una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”.
El Papa piensa en una Iglesia en la que el Evangelio pueda recuperar su fuerza de atracción, sin quedar obscurecida por otras formas de entender y vivir hoy la fe cristiana. Por eso, nos invita a “recuperar la frescura original del Evangelio” como lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y, al mismo tiempo, lo más necesario”, sin encerrar a Jesús “en nuestros esquemas aburridos”.
No nos podemos permitir en estos momentos vivir la fe sin impulsar en nuestras comunidades cristianas la conversión a Jesucristo y a su Evangelio a la que nos llama el Papa. Él mismo nos pide a todos “que apliquemos con generosidad y valentía sus orientaciones sin prohibiciones ni miedos”. 
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viernes, 20 de diciembre de 2013

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - EXPERIENCIA INTERIOR

4 Adviento (A) Mateo 1, 18-24
EXPERIENCIA INTERIOR 
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA). ECLESALIA18/12/13.

El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también“Emmanuel”. Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa “Dios con nosotros”? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad. 

Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos “Dios” no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo, si yo no tengo alguna experiencia personal por pequeña que sea?
De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso, muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del Universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.
El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nuestro interior, nos será más fácil rastrear su misterio en nuestro entorno.
¿Es posible? El secreto consiste, sobre todo, en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar “acogiendo” la paz, la vida, el amor, el perdón... que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.
Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.
Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo veinte, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, “esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre”. El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros: dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio, conoceremos la alegría de la Navidad. 

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martes, 10 de diciembre de 2013

JESÚS, NO VENGAS - REFLEXIÓN DE ADVIENTO

¡¡jesús, no vengas!!
Jesús, no puedes venir si no nos dejamos deslumbrar, si ya no queda nada que nos cause asombro, si el corazón no se enternece ante el dolor para dar a luz una vida auténtica.
Jesús, no puedes venir si no allanamos las colinas del odio, si no ayudamos a construir puentes de cordialidad, si la ternura y la sencillez no se apoderan de nuestra vida. 

Jesús, no puedes venir si no descubrimos en nuestro interior la otra parte que tantas veces nos falta, la feminidad o la masculinidad que completa y da sentido a nuestras vidas como personas.
Jesús, no puedes venir si no percibimos la brisa de la confianza en las noches sin luna de los "cayucos" que se acercan, silenciosos, como el llanto ahogado, como el soplo del Espíritu, como la necesidad imperiosa de vivir una nueva vida.
Jesús, no puedes venir si no hacemos un hueco para invocarte, para darte gracias, para mostrarte nuestra impotencia, para gritar de dolor, para hablar confiadamente, como con un amigo, de la vida.
JESÚS, ¡NO PUEDES VENIR!
Jesús, no puedes venir si la fe no abarca las acciones por la paz y la justicia, si el amor no inunda las relaciones, si la solidaridad no destruye fronteras, si la esperanza no alumbra el horizonte siempre sorprendente de la vida.
Jesús, no puedes venir si no nos dejamos transformar por tu Palabra leída en el periódico, escuchada en la radio, ahogada en el lamento de los pobres que nos exigen una vida digna.
Jesús, no puedes venir si no alzamos nuestra voz contra quienes causan tanta miseria, si no dejamos de consumirnos, si no abandonamos una existencia llena de cosas y ausente de vida, para que continentes enteros puedan sencillamente sobrevivir.
Jesús, no puedes venir si no comprometemos nuestras manos, nuestras lágrimas, nuestro compromiso, nuestro tiempo y dinero en la construcción de otro mundo, de otra vida mejor, tan necesaria y posible.
Jesús, no puedes venir si no hacemos de nuestras comunidades cristianas unos anuncios luminosos que pregonen que podemos ser felices, que seguirte nos libera, que el Evangelio puede ser realmente una buena y feliz noticia para tantas personas desencantadas por las desdichas, el sinsentido, el maltrato en sus vidas. 
Jesús, no puedes venir… porque nunca te has ido, porque estás a nuestro lado en los más débiles, desprotegidos, marginados, porque cuando nos reunimos en tu nombre, enciendes nuestros corazones y nos animas a continuar con alegría, a pesar de todos los pesares.
Jesús, no puedes venir, porque el Reino ya está dentro de nosotros y nosotras. Sólo hay que ahondar, buscar, contemplar, para llegar a descubrir tu presencia en millones de rostros, para sentirnos hijos e hijas, hermanos y hermanas, para acercar y hacer visible el amor del buen Padre y Madre Dios.

Ven y ayúdanos a descubrir la fuente inagotable que nos hará vivir desde una nueva espiritualidad, basada en el cuidado, la solidaridad, la alegría y la justicia.


domingo, 8 de diciembre de 2013

CUENTO DE NAVIDAD "RECUPERAR LA ESPERANZA"

Cuento de Navidad, “Recuperar la Esperanza”
Cuando despertó no sabía dónde estaba, y tardó unos segundos en recordarlo. Estaba en el sillón de casa adormilado, y a unas horas impropias para dormir pues no era tiempo de siesta. Miro el reloj, y vio con horror que aun eran las siete de la tarde. ¡Qué largos son los días!, se dijo. 

Pensó que hacer. No tenía ganas de nada. Se sintió acalorado, pues cuando llegó a casa a medio día, la sala estaba helada y puso el radiador al máximo; y como se había quedado dormido, la temperatura dentro del salón era considerable. Puso el radiador en la posición uno, y decidió levantarse a abrir una de las ventanas para que entrara un poco de fresco. No lo hizo al final, la dejó cerrada pues pensó que lo único que le faltaba era resfriarse, y estando solo, era otro problema añadido a su penosa circunstancia. 
El cristal de la ventana estaba lleno de vaho. Paso la mano por él, y divisó un poco turbio la avenida central de la ciudad y los alumbrados que anunciaban la próxima Navidad. La calle estaba a rebosar de gente, comprando, trapicheando, pasándoselo bien. Que distintas son las navidades para algunos, se dijo Diego. 
A sus setenta y tres años, estaba solo y con la añoranza de su esposa y compañera Adelaida, que ya hacía para cuatro años que le dejó. Solo tenía la esperanza de que los días pasaran pronto, y que el frío Enero le trajera las llamativas rebajas que anunciaban el término de la Navidad y la vuelta a lo cotidiano. Realmente no estaba solo, pensó en que tenía un hijo, un hijo muy querido y su única razón de existir junto a sus nietos; pero Ricardo estaba demasiado lejos para sentirlo y tocarlo, y la llamada de teléfono que le hacía por Navidades, casi le hacía más daño que beneficio, pues la lejanía de la sangre en Navidad era un dolor insoportable. 
Su esposa Adelaida y él, siempre quisieron brindarle a su hijo las mejores oportunidades, y aun a pesar de sacrificar la cercanía de un hijo; pronto le facilitaron la salida al extranjero para estudiar y doctorarse en estudios diplomáticos, pues en España la cosa no estaba casi para nada. Ricardo estudió durante años en una universidad laboral de Philadelphia en Estados Unidos. Luego marchó a Orlando estado de Florida, para realizar un máster en estudios diplomáticos y de allí saltó a Francia en poco tiempo, donde se doctoró en relaciones institucionales y diplomacia. Llegaron a estar hasta tres años sin verle, pues los billetes del avión eran demasiado costosos para ellos y había que apurar los plazos. 
Cuando se vino a Francia la cosa cambió un poco a mejor, pues allí conoció a su esposa Sofía y allí tuvieron a Marita, la mayor de sus nietos y la lucecita de su vida, pues es el vivo retrato de su abuela Adelaida. Al tiempo de nacer Marita, él consiguió un trabajo en el gabinete del ministro de exteriores belga, y por eso se afincaron definitivamente en Bruselas, donde nació el segundo hijo Dieguito, a los tres años de estar allí. Pensó en los cuatro recordando sus caras. Su hijo Ricardo, bonachón y templado como buen diplomático. Sofia, pálida, de pelo anaranjado y la mujer más enamorada de su esposo y de sus hijos que existiera. 
Marita, su lucecita. El verla le recordaba a la abuela, pues en ella veía su vivo retrato, hasta el punto de gustarle todo lo violeta como a ella. ¡Menuda cría! Y Dieguito, el hombretón de la casa. Decía que el mejor regalo de reyes era poder estar en Navidad en casa del abuelo Diego, junto a la chimenea; pero ellos siempre venían a España en verano, cuando veraneaba el ministro y Ricardo podía escaparse. 
La Navidad en España, por mucho que lo desearan, era una quimera para todos; y un imposible. Se sintió cansado, y pensó que su mujer desde el más allá no estaría demasiado contenta con él. Se estaba descuidando. No acudió a la cita del médico en la última revisión anual. Estaba un poco negado a comer en casa, pues el silencio era como la hoja cortante de un cuchillo. Incluso llegó a desayunar café frío del día anterior, al no tener ganas ni de calentarlo. Subsistir. En eso se había traducido su vida desde los últimos meses. 
Tampoco sabía el porqué, pero creía necesario revitalizar su vida y dar un giro drástico, o la cosa acabaría mal. Había otros amigos con los que se entretenía en el centro de mayores, en el centro cívico o en un taller de teatro recién inaugurado. ¡Cuatro viejos haciendo teatro, menudo espectáculo!, se dijo  de mala gana. 
Y es que hasta su afabilidad estaba en declive, pues siempre fue un hombre educado y con carisma. Y de pensar que esa mañana le faltó al respeto al bueno de Horacio el panadero, cuando este le preguntó si su Ricardo venia por navidades. ¿Acaso no sabes que no puede venir hasta el verano?, le gritó. 
Que panorama, pensó Diego. “Adelaida –se dijo preguntando al silencio-, ¿porqué no me recoges? ¿Esto es vida?” 
En ese instante sonó el teléfono de casa, con su estridente ring, ring, ring. Se encaminó a la mesita a cogerlo, pesando en quien sería y en la inconveniencia de ninguna propuesta; pues solo quería lamerse sus heridas en soledad. Cuando descolgó, dijo de mala gana: -¡dígame! 
Y escucho perplejo por el auricular: -¡Papa, soy Ricardo!
-Ricardo hijo, ¿qué tal?
-Yo bien papa, y la gente estupenda. Pero, ¿Cómo estás tú papa? No te veo muy animado, ¿verdad?
-No…, yo… estoy bien hijo, ya sabes, aquí toreando los fríos. No te preocupes.
-Sí, ya. El que no te conozca que te compre. Oye, papa ¿pusiste ya los adornos de Navidad?
-¿Adornos? No estoy para adornos Ricardo, ya sabes que la Navidad no es para viejos. Imagínate que intento coger la caja de los adornos y del portal de Belén de encima del ropero grande y me caigo de la escalera. Además, ¿para qué si estoy solo? Ni tengo ganas, pues os hecho mucho de manos a mama, a ti y... a los niños.
-Bueno papa. Oye, ¡que te vayas a poner a llorar que te llamo para darte una noticia! Y creo que es una buena noticia.
-Dime hijo.
-Pues papa, salimos dentro de dos horas en avión para España, Sofia yo y los niños desde luego.
-Pero, ¿ha pasado algo Ricardo? (se preocupó Diego).
-No ha pasado nada papa, el ministro ha entendido que la Navidad es para estar en casa donde las raíces de uno, y tengo quince días de vacaciones. Así que ya va siendo hora de pasarla juntos y de pasarla todos los años. Sofía está encantada de pasar su primera Navidad en España, pues allí pasa menos frio y tiene ganas de verte. Y de tus nietos que te digo. Saben que viajamos desde hace tres días, están como locos, y Marita tiene unos veinte folios con dibujos de Navidad para su abuelo Diego. Tu Dieguito sueña con la chimenea encendida a tope, y casi quemarse los pantalones con el fuego, pues se muere por dormirse en tus brazos, con el vaivén de la mecedora de mama. Y yo, que te digo. Que te quiero, que te adoro… y que corto la conversación papá, que ha llegado el taxi y tenemos que facturar la maleta. Así que papá, nos vemos en unas pocas de horas. ¡¡Chao!!

Cuando colgó el teléfono, corrió -en la medida de sus posibilidades- por la escalera chica que guardaba entre la pared y el frigorífico de la despensa. Se fue a la habitación de los “chirmotiles” y hurgó por la parte superior del ropero grande. Con mucho cuidado bajó la caja grandota, donde se guardaba desde que él tenía veinticinco años, aquel portal de Belén que le compró a Adelaida su primera Navidad de casados. Allí había bolas, serpentinas, pastorcitos, un papá Noel sin su barba, espumillones, velas de navidad torcidas del verano…etc.

Dejó la caja encima del arcón, para que su nieta Marita se encargara del despliegue de piezas navideñas. Se fue apresurado al teléfono y marcó el número de la pastelería. Encargó una docena de bizcotelas -pues le encantaban a su nuera Sofía-, y un gran roscón de reyes. Iba a cambiarse zapatos, cuando calló en la cuenta de algo. Se volvió por el pasillo sintiendo la energía fluir por su cuerpo y regresó a la mesita del teléfono. 
Marcó el teléfono de la panadería de Horacio. “Horacio, soy Diego. Sí, bien. Oye, me puedes vender un poco leña del horno, viene mi Ricardo para casa esta noche. Sí, estoy que casi ni me lo creo. No, se quedan quince días. Parece que alguien me ha escuchado desde el más allá. Sí, venga, me llego en un minuto. ¡Ah, Horacio se me olvidaba! Disculpa mi salida de tono esta mañana, pero casi cometo el error de convertirme en una persona sin esperanza. Sí ya, pero somos amigos y quería decírtelo. Hasta ahora.

Cuando colgó el teléfono se fijo en la fotografía de su esposa que había en la chimenea. Allí estaba Adelaida guapa de veras. La miró en silencio, y una lágrima surco su mejilla como un torrente imparable de agua salada. Era una lágrima de vida, era una lágrima de dicha, era una lágrima de ilusión. Era una lágrima, que hacía renacer la esperanza. La beso, con la devoción con la que se puede besar a un ángel, y le dijo con el corazón henchido de gozo: “Adelaida, FELIZ NAVIDAD”. 

De corazón deseo, que se den las condiciones propicias, para que cada cual pueda llegar a las Navidades con alegría, esperanza e ilusión.
Un fuerte abrazo.

Floren Salvador Díaz Fernández.

lunes, 25 de noviembre de 2013

NO ES UN DÍA CUALQUIERA… 25 DE NOVIEMBRE Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

ECLESALIA, 25/11/13.- «Libre te quiero, como arroyo que brinca de peña en peña. Pero no mía. Grande te quiero, como monte preñado de primavera. Pero no mía. Buena te quiero, como pan que no sabe su masa buena. 

Pero no mía. Alta te quiero, como chopo que en el cielo se despereza. Pero no mía. Blanca te quiero, como flor de azahares sobre la tierra. Pero no mía». García Calvo, en este poema, refleja como nadie el buen querer, ese querer que necesariamente se ha de vivir en y desde la libertad, construyendo relaciones igualitarias, lejos de toda opresión y violencia.
No puede ser de otra forma, es imposible mirar hacia otro lado; libertad frente a dominación, rebeldía frente a sumisión, autonomía frente a dependencia, valor frente a miedo, ruido frente a silencio, denuncia frente a encubrimiento; Hay que prevenir, educar, y la Iglesia debe estar a la altura y ser agente de cambio, visualizadora, implacable, contundente, garante. No hay resquicios, ni atajos, ni rendijas; No, No, No a la violencia ejercida contra las mujeres, en ningún escenario, en ningún contexto, bajo ninguna circunstancia.
Iguales ante la ley, iguales a la luz de la Palabra, sin hacer la menor concesión al que maltrata, al que asesina, al que justifica «Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivo de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser superada y eliminada por ser contraria al plan de Dios»
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Y SI NO SE ACUERDAN DE NOSOTROS? Reflexión sobre la Coordinación de la Solidaridad Colectiva en la Fiesta de Cristo Rey

¿Y si no se acuerdan de nosotros?

La perpetuidad, es el gran dilema que el ser humano no supera, ni superará jamás. Y en ocasiones nos afanamos en la omnisciencia -el Señor nos libre-, pues bastante tenemos con nuestro presente inmediato, como para pretender ser conocedores de todas y cada una de las realidades. 

Llego a esta reflexión de la mano del evangelio dominical de este domingo, en el que los cristianos celebramos a Cristo Rey. ¡Cuidado con lo que celebramos, la Realeza de Cristo! Es una fiesta importante por muchas cosas, y una de ellas es porque expira el año litúrgico que guía la vida cristiana y sus efemérides, y comienza un año nuevo litúrgico, que con su letra “A”, nos adentrará en la vida de Jesús de la mano del evangelista Mateo. Situaros por un momento. Tres hombres crucificados, sin demasiadas ganas de hablar pues están destrozados y descoyuntados. Aun así, el evangelista pone en boca de Jesús y de este buen ladrón, un diálogo que bien puede ser la clave de todos aquellos, que en algún momento de nuestra vida nos hemos querido comer el mundo. “Pero el otro (el buen ladrón) […] añadió: –Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Jesús le contestó: –Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23, 35-43) Este evangelio nos habla de seguridades, y nos puede sonar a esperanza, pues todos, no solo deseamos tener un buen abogado llegado el último momento, sino que deseamos ser recordados hasta por el acto más mínimo que hayamos hecho. Pero, ¿y si no se acuerdan de nosotros en el cielo? Menudo problema tenemos entonces. Aquí incluso podemos hablar o casi explayarnos sobre la salvación, su economía –que también la tiene aunque no monetaria- y el más allá. Como cristiano pragmático, no me preocupo demasiado de si el Señor se acordará de mí; casi que es cuestión suya. Más bien voy a la reflexión, que causa en el ser humano el desaforado intento por ser, estar, hacer, dominar, batallar, hablar, labrar nuestra propia parcela de reino de Dios…etc. Siempre en pro de algo, que acaba formando parte de un pequeño y particular sistema de adulación y posible descarado orgullo. Aunque sea en favor de los necesitados, pero ese es el vehículo que utilizamos incluso. Y para terminar, me centro en algo concreto sobre lo que deseo opinar al uso del tema y la colectividad por la que apuesto. Hace unos días, una persona conocida se refirió a la posibilidad de fundar él mismo con ayuda de otras personas, una iniciativa en pro de las necesidades básicas que acucian ciertos sectores de la población de Estepa. Siento esta iniciativa encomiable y dando mi ánimo a tal proyecto, opiné al respecto, que considero copada la existencia de movimientos determinados, dígase: -hermandades (operación kilo), amigos del pueblo Saharawi, ONGs como Cáritas, Cruz Roja, Manos Unidas, actuaciones particulares, comunidades religiosas, servicios sociales…etc. Cada una de estas iniciativas representa una labor encomiable y digna de reconocimiento, pues trabajan para que la vida de las personas sea todo lo digna posible, en condiciones optimas de salud y bienestar. Lo que quiero decir con toda la cautela posible para no ser malinterpretado, es que todos reconocemos cual es el fin de estas actuaciones, las personas. Y siendo así, creo que lo que autenticamente necesita nuestro pueblo, al igual que otras poblaciones cuyo caso conozco; es realizar una gran labor de coordinación, para todas juntas y desde las posibilidades de cada una de las iniciativas, establecer un punto estratégico de atención humanitaria. Es por ello, por lo que admito que la diáspora, la dispersión de actuaciones es grande y ello lleva consigo el que se ofrezca igual ayuda en algunos sitios, y no se cubran necesidades básicas en otros. Esto es solo una opinión aventurada, pues no conozco en profundidad todos los movimientos; pero creo sinceramente que si el fin de todos ellos es la persona humana y necesitada, se podría trabajar codo con codo, aunando esfuerzos y realizando una buena y gran tarea de coordinación de la solidaridad. Admito que sería inestimable ayuda del ayuntamiento de Estepa, que desde mi criterio debiera de tener la iniciativa al respecto. Volviendo a la gran coordinación de la solidaridad, entended el planteamiento que hago al comienzo. Todos los que colaboramos en alguno de esos movimientos u ONGs solidarios, tendríamos que renunciar a un poco de protagonismo. Tendríamos que hacer fiestas y festivales para colaborar con esa gran coordinación solidaria y no concentrar los actos en proyectos aislados –aunque necesarios-. Así todos saldrían beneficiados y sería dignificada la persona, aun más. 

Es algo complejo, pues nos gustan las batallitas de por libre y sobre todo que se nos reconozcan las cosas para luego decir todo lo que hemos hecho. Y está bien. Yo mismo he manifestado en más de una ocasión, que todos debiéramos decir lo que aportamos o trabajamos en pro de los demás, aunque sea por testimonio y sin perder el norte y el sentido de comunidad y colectividad que compartimos como humanos. Pues si el fundamento de todas estas actuaciones son la persona, debemos tener claro –sobre todo los cristianos-, que no existe realidad sobrenatural ni vida eterna, sino existió humanidad en nuestra vida y en nuestra tierra. Aun recuerdo las palabras que el viñetista cristiano Cortés, pone en boca de Dios en una de sus caricaturas: “-mientras siga habiendo viejos que buscan en la basura para poder comer, no quiero ni vuestros templos, ni vuestras misas, ni vuestros rezos”. ¿Seremos capaces de poner la persona humana, por delante de nuestros colores, proyectos e ideologías? ¡Al rincón de pensar! 

viernes, 22 de noviembre de 2013

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - ACUÉRDATE DE MÍ

Fiesta de Cristo Rey (C) Lucas 23, 35-43
ACUÉRDATE DE MÍ
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

Según el relato de Lucas, Jesús ha agonizado en medio de las burlas y desprecios de quienes lo rodean. Nadie parece haber entendido su vida. Nadie parece haber captado su entrega a los que sufren ni su perdón a los culpables. Nadie ha visto en su rostro la mirada compasiva de Dios. Nadie parece ahora intuir en aquella muerte misterio alguno. 

Las autoridades religiosas se burlan de él con gestos despectivos: ha pretendido salvar a otros; que se salve ahora a sí mismo. Si es el Mesías de Dios, el “Elegido” por él, ya vendrá Dios en su defensa.
También los soldados se suman a las burlas. Ellos no creen en ningún Enviado de Dios. Se ríen del letrero que Pilatos ha mandado colocar en la cruz: “Este es el rey de los judíos”. Es absurdo que alguien pueda reinar sin poder. Que demuestre su fuerza salvándose a sí mismo.
Jesús permanece callado, pero no desciende de la cruz. ¿Qué haríamos nosotros si el Enviado de Dios buscara su propia salvación escapando de esa cruz que lo une para siempre a todos los crucificados de la historia? ¿Cómo podríamos creer en un Dios que nos abandonara para siempre a nuestra suerte?
De pronto, en medio de tantas burlas y desprecios, una sorprendente invocación: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. No es un discípulo ni un seguidor de Jesús. Es un de los dos delincuentes crucificados junto a él. Lucas lo propone como un ejemplo admirable de fe en el Crucificado.
Este hombre, a punto de morir ajusticiado, sabe que Jesús es un hombre inocente, que no ha hecho más que bien a todos. Intuye en su vida un misterio que a él se le escapa, pero está convencido de que Jesús no va a ser derrotado por la muerte. De su corazón nace una súplica. Solo pide a Jesús que no lo olvide: algo podrá hacer por él.
Jesús le responde de inmediato: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Ahora están los dos unidos en la angustia y la impotencia, pero Jesús lo acoge como compañero inseparable. Morirán crucificados, pero entrarán juntos en el misterio de Dios.
En medio de la sociedad descreída de nuestros días, no pocos viven desconcertados. No saben si creen o no creen. Casi sin saberlo, llevan en su corazón una fe pequeña y frágil. A veces, sin saber por qué ni cómo, agobiados por el peso de la vida, invocan a Jesús a su manera. “Jesús, acuérdate de mí” y Jesús los escucha: “Tú estarás siempre conmigo”. Dios tiene sus caminos para encontrarse con cada persona y no siempre pasan por donde le indican los teólogos. Lo decisivo es tener un corazón que escucha la propia conciencia. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia)

martes, 19 de noviembre de 2013

LA DEFENSA DE UN IDEAL

La defensa de un ideal
“El secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, sino también en saber para qué  se vive” (Fiodor Dostoievski). Ayer me envió un amigo, un pequeño texto a modo de proverbio, en el cual se apreciaba la enseñanza de la libertad contra la resignación. 
Casi que resulta fácil imaginarse a ese elefante gigantón, que no hace nada por arrancar la estaca a la que está amarrado, aunque esta solo esté hincada superficialmente. Esa esclavitud forma parte de su vida, y el animal la acepta pues forma parte de su realidad y vida resignada. 

Al uso de la palabra resignación, recuerdo una conversación con una señora minusválida, que admitía conmigo que lo último es resignarse. Bien por ella, y por tantas personas que luchan en la vida, simplemente por ser ellas mismas y superar las dificultades. Personas integras y de bien. 
Yo he vivido la censura de la libertad en la sociedad. Aun recuerdo al compañero Alfonso Guerra, hablar de la dureza dictatorial del franquismo y como era cuestionable el dar un beso a la novia en público. Comprenda usted, que para muchos que deseaban vivir libremente su sexualidad, esa libertad ha sido real hace unos años, y muchas de esas personas, no habrán logrado superar la barrera del “qué dirán”. 
Lo cierto y verdadero es que hay verdades en la vida, absolutamente incuestionables, y una de ellas es la necesidad de ser libres. Nunca me ha gustado que me marquen el camino, ni que “sobredirijan” mis pasos, ni que piensen por mí. Siempre supe por mis padres que Dios es amor, tanto si tu piel es blanca como si es verde y crees en Él; y que este mismo Dios nos hizo libres y dignos. 
Siempre intenté hacer valer mi condición de persona digna, y por ello me es tan preciada la libertad. El reconocimiento personal de mi vida y de mi ideal, lo encontré en dos ideologías que tienen concepciones muy parecidas de la realidad actual; el cristianismo y el socialismo. No son antagónicas, pues se fundamentan básicamente en la atención y el servicio a lo público –laico relativo a pueblo- y los desfavorecidos, sin preguntarles a estos quienes son o si son productivos o rentables. 
Y es la defensa de estos ideales la que hoy por hoy colma mi ilusión, a sabiendas de que ambos caminos representan una continua progresión en la vida. Y sobre todo una actuación propia y comunitaria, que tiene que proyectarse en la vida de los otros, y que son los auténticos destinatarios de estos ideales y políticas. Suelo manifestar estas vivencias con una inusitada pasión, que en ocasiones me lleva a un ímpetu desaforado a la hora de escribir. 
Reconozco que este concepto de libertad a la hora de escribir, llevado por un impulso pasional de estos ideales, en ocasiones ha molestado a algunas personas. Sinceramente lo siento, pues mi intención no es molestar a nadie. Soy una persona que hoy por hoy solo aspira -siendo un currante que administra sus silencios-, a dar un testimonio más o menos contundente de lo que yo considero que es la autentica vivencia de los ideales que confieso. Y uno de esos ideales es el socialista. 
Admito que lo soy por convicción, ya que mi situación laboral no está sujeta al partido. Ser socialista para muchos conlleva el etiquetarte, con tal o cual líder de un tiempo determinado que hizo bien o mal, tal o cual cosa. Yo pido por favor, que no se me compare con los socialistas buenos ni con los socialistas malos; sino que se me compare con aquellas personas que se afanaron –con sus luces y sus sombras- en la vivencia de la socialdemocracia, como eje central de la existencia y el progreso de la humanidad y de nuestra sociedad, siendo libres y plurales. 
Y de esos socialistas que se afanan en vivir el ideal y defendedlo, hay muchas mujeres y hombres, con los que me enorgullezco en la actualidad de compartir el camino de este ideal político. Acabamos de dejar atrás la Conferencia Política del PSOE a nivel nacional, y en mi mente resuenan frases maravillosas junto a los textos de las ponencias a las que he dado lectura. 
“El Partido no es nuestro, es de los militantes y de los ciudadanos, que tienen nuestros valores y principios. El Partido es un instrumento para que los ciudadanos hagan realidad esos valores y esos principios” (Alfredo Pérez Rubalcaba). Y muchas otras declaraciones de intenciones en las que resuenan palabras tan maravillosas como PLURALIDAD, APERTURA, TRANSPARENCIA, REDES SOCIALES, MILITANCIA, PARTICIPACIÓN, JUVENTUD, LIBERTAD –que se da por hecho-…etc. 
Pensando en mi agrupación local, casi se me ocurre decir aquello de: ¿qué hay de lo mío? Tenemos que hacer PSOE. Debemos de hacer PSOE. Y no lo haremos estando separados. Dice la frase hecha que: “es más lo que nos une que lo que nos separa”. Tristemente admito que en mi PSOE de Estepa, lo que nos separa dista más que lo que nos puede unir. No se aprecia voluntad para evitar la diáspora. 

Y ese desgarro además de estar presente, solo necesita de un tirón más por ambas partes para que la ruptura sea total. En estos tiempos difíciles ideológicamente hablando, y en los cuales cunde el desanimo de los ciudadanos en la clase política, a todos los que gustamos la política se nos pide altura de miras y sentido de partido, para aunar esfuerzos en ser dignos del ideal que defendemos, en primer lugar desde nuestras filas. Oigamos a la gente. 
Atendamos a los mensajes electorales que dan las urnas, sobre todo las de 2011. Y no bromeemos con teorías de bandos y trincheras, pues en estas lides solo puede haber un perdedor, el PSOE de Estepa. Y si pierde el PSOE, quiero entender que perdemos todos, pues se ralentiza el progreso, lo público y la continua ampliación de derechos. Solo una cosa merece la pena, la gente. ¿Entenderemos esto? 
Cautela.

Florencio Salvador Díaz Fernández.
Militante del PSOE, Agrupación Local de Estepa.

jueves, 14 de noviembre de 2013

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - TIEMPOS DE CRISIS

33 Tiempo ordinario (C) Lucas 21, 5-19
TIEMPOS DE CRISIS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

En los evangelios se recogen algunos textos de carácter apocalíptico en los que no es fácil diferenciar el mensaje que puede ser atribuido a Jesús y las preocupaciones de las primeras comunidades cristianas, envueltas en situaciones trágicas mientras esperan con angustia y en medio de persecuciones el final de los tiempos. 
Pintura destrucción Templo Jerusalén
Según el relato de Lucas, los tiempos difíciles no han de ser tiempos de lamentos y desaliento. No es tampoco la hora de la resignación o la huida. La idea de Jesús es otra. Precisamente en tiempos de crisis “tendréis ocasión de dar testimonio”. Es entonces cuando se nos ofrece la mejor ocasión de dar testimonio de nuestra adhesión a Jesús y a su proyecto.
Llevamos ya cinco años sufriendo una crisis que está golpeando duramente a muchos. Lo sucedido en este tiempo nos permite conocer ya con realismo el daño social y el sufrimiento que está generando. ¿No ha llegado el momento de plantearnos cómo estamos reaccionando?
Tal vez, lo primero es revisar nuestra actitud de fondo: ¿Nos hemos posicionado de manera responsable, despertando en nosotros un sentido básico de solidaridad, o estamos viviendo de espaldas a todo lo que puede turbar nuestra tranquilidad? ¿Qué hacemos desde nuestros grupos y comunidades cristianas? ¿Nos hemos marcado una línea de actuación generosa, o vivimos celebrando nuestra fe al margen de lo que está sucediendo?
La crisis está abriendo una fractura social injusta entre quienes podemos vivir sin miedo al futuro y aquellos que están quedando excluidos de la sociedad y privados de una salida digna. ¿No sentimos la llamada a introducir algunos “recortes” en nuestra vida para poder vivir los próximos años de manera más sobria y solidaria?
Poco a poco, vamos conociendo más de cerca a quienes se van quedando más indefensos y sin recursos (familias sin ingreso alguno, parados de larga duración, inmigrantes enfermos...) ¿Nos preocupamos de abrir los ojos para ver si podemos comprometernos en aliviar la situación de algunos? ¿Podemos pensar en alguna iniciativa realista desde las comunidades cristianas?
No hemos de olvidar que la crisis no solo crea empobrecimiento material. Genera, además, inseguridad, miedo, impotencia y experiencia de fracaso. Rompe proyectos, hunde familias, destruye la esperanza. ¿No hemos de recuperar la importancia de la ayuda entre familiares, el apoyo entre vecinos, la acogida y el acompañamiento desde la comunidad cristiana...? Pocas cosas pueden ser más nobles en estos momentos que el aprender a cuidarnos mutuamente. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).