CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

miércoles, 19 de febrero de 2014

EL CLUB DE LAS PERSONAS TRISTES - REPOSICIÓN ABRIL DE 2008

El club de las personas tristes
Florencio Salvador Díaz Fernández

“Evita, por encima de cualquier circunstancia, la tristeza; que tu alegría no sea fruto de las circunstancias favorables, sino fruto de ti mismo” (Periandro). Hace días muy temprano, y mientras caminando leía el evangelio del día, observe con inusitado entusiasmo todo el medio natural que me rodeaba y le juro a usted que la emoción me embargó porque fui capaz de apreciar la maravilla de la creación y sentirme parte de ella. No sé porque pero en ese instante me pregunté, si una señora que conocí en una conferencia en Sevilla hace años, viviría en sus días la alegre experiencia que en aquellos momentos a mí me abrumaba. Lo digo porque esta señora, se dedicaba por la noche a la prostitución y por la mañana trabajaba como una mula cargando ladrillos en una obra. Su aspecto era digno, su hablar sencillo y educado, y su rostro era imagen del cansancio y pozo de profunda tristeza. Según me dijo, tenía que trabajar tanto para llevar adelante a un hijo al que ella no quería legar la vida que a esta señora le tocó vivir. Desde luego no es el único ejemplo, puesto que la tristeza embarga al ser humano en el momento menos esperado. Y me atrevería a decir que por dura que sea la pérdida de un ser querido, es una tristeza que el ser humano vive de manera más temporal y dando paso a posteriori a la permanente memoria de los que se fueron. Pero la tristeza cuya base es una mala aceptación de sí mismo, una desgraciada causa, una vacía vivencia de la vida de pareja, una persistente caída en la deplorable depresión, una vida vivida desde la apariencia y el ser en pos de los demás...etc. Esto es verdaderamente lo que desgasta el ánimo de una persona hasta llegar a  ser consciente de que la vida no tiene sentido. Esto es lo que lleva a una persona a mal vivir y en algunos casos a implicar de manera equivocada a los demás, intentando culpar a otro de su estado anímico, y logrando en algunos casos que cunda la tristeza aferrándose al efímero principio de “mal de muchos consuelo de tontos”. Son muchas las personas que conociendo de manera más o menos íntima viven la tristeza de manera dosificada cada día. Están junto a nosotros y sus rostros y evasiones nos muestran su bajo estado de ánimo. Son mujeres y hombres, altos y bajas, rubios o morenas, simpáticas o serios, flacas o gordos; pero esto no importa. Lo que verdaderamente importa es que son personas a las cuales debemos ayudar de manera inmediata para que con-viertan su vivencia cotidiana en una apuesta por ellas mismas. En la mayoría de los casos, todo radica en no querer afrontar una decisión que por dura o drástica que pudiera ser, está en sus manos y cambiaría el curso de sus vidas y el sentido de sus problemas. Que persona ante un gran paso no se ha preguntado alguna vez: ¿qué dirá la gente? o ¿qué pensaran de mí? ¡No se pregunte usted eso jamás, porque nadie respirará el oxigeno que a usted le corresponde! Respire usted hondo, arréglese, levante la cabeza y aunque no pueda impedir que la melancolía sobrevuele su cabeza, al menos intente lograr por todos los medios que no anide en ella. Salga a la calle y sea consciente de que el sol le alumbra de manera más expectante, y sobre todo deje de  lado la tristeza. Ahora que las calores nos abruman busque usted un refrescante libro de Rosamunde Pilcher, lea e imprégnese de las novelas de esta magnífica escritora que nos muestra un mundo de caminos llenos de luchas, desconciertos, y circunstancias duras. Pero tenga presente que al final de esos caminos siempre se encuentra la recompensa del amor, sea hacia los demás o proyectado hacia uno mismo. Ánimo, si es que esta usted  triste.

Publicado en “La Voz de Estepa”, prensa escrita. Abril de 2008.

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - UNA LLAMADA ESCANDALOSA

7 Tiempo ordinario (A) Mateo 5, 38-48
UNA LLAMADA ESCANDALOSA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

La llamada al amor es siempre seductora. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general de odio que se respiraba en su entorno, proclamó con claridad absoluta su llamada:“Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os calumnian”.
Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.
El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús, dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.
Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.
Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor alguno hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando el odio y la sed de venganza.
Pero no se trata solo de no hacerle mal. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos alegrándonos de su desgracia.
El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias a la persona se le puede hacer en aquel momento prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia). 

jueves, 6 de febrero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - SALIR A LAS PERIFERIAS

5 Tiempo ordinario (A) Mateo 5, 13-16
SALIR A LAS PERIFERIAS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA05/02/14.-
Jesús da a conocer con dos imágenes audaces y sorprendentes lo que piensa y espera de sus seguidores. No
han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al mundo.
“Vosotros sois la sal de la tierra”. Las gentes sencillas de Galilea captan espontáneamente el lenguaje de Jesús. Todo el mundo sabe que la sal sirve, sobre todo, para dar sabor a la comida y para preservar los alimentos de la corrupción. Del mismo modo, los discípulos de Jesús han de contribuir a que las gentes saboreen la vida sin caer en la corrupción.
“Vosotros sois la luz del mundo”. Sin la luz del sol, el mundo se queda a oscuras y no podemos orientarnos ni disfrutar de la vida en medio de las tinieblas. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia y caminar con esperanza.
Las dos metáforas coinciden en algo muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve con la comida, puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo no puede ser ni sal ni luz.
El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: “Hemos de salir hacia las periferias”.
 El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.
La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos”. “El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro”. El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama “la cultura del encuentro”. Está convencido de que “lo que necesita hoy la iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.

viernes, 31 de enero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - FE SENCILLA

Presentación del Señor (A) Lucas 2, 22-40
FE SENCILLA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA29/01/14.- El relato del nacimiento de Jesús es desconcertante. Según Lucas, Jesús nace en un pueblo en el que no hay sitio para acogerlo. Los pastores lo han tenido que buscar por todo Belén hasta que lo han encontrado en un lugar apartado, recostado en un pesebre, sin más testigos que sus padres. 
Al parecer, Lucas siente necesidad de construir un segundo relato en el que el niño sea rescatado del anonimato para ser presentado públicamente. ¿Qué lugar más apropiado que el Templo de Jerusalén para que Jesús sea acogido solemnemente como el Mesías enviado por Dios a su pueblo?
Pero, de nuevo, el relato de Lucas va a ser desconcertante. Cuando los padres se acercan al Templo con el niño, no salen a su encuentro los sumos sacerdotes ni los demás dirigentes religiosos. Dentro de unos años, ellos serán quienes lo entregarán para ser crucificado. Jesús no encuentra acogida en esa religión segura de sí misma y olvidada del sufrimiento de los pobres.
Tampoco vienen a recibirlo los maestros de la Ley que predican sus “tradiciones humanas” en los atrios de aquel Templo. Años más tarde, rechazarán a Jesús por curar enfermos rompiendo la ley del sábado. Jesús no encuentra acogida en doctrinas y tradiciones religiosas que no ayudan a vivir una vida más digna y más sana.
Quienes acogen a Jesús y lo reconocen como Enviado de Dios son dos ancianos de fe sencilla y corazón abierto que han vivido su larga vida esperando la salvación de Dios. Sus nombres parecen sugerir que son personajes simbólicos. El anciano se llama Simeón (“El Señor ha escuchado”), la anciana se llama Ana (“Regalo”). Ellos representan a tanta gente de fe sencilla que, en todos los pueblos de todas los tiempos, viven con su confianza puesta en Dios.
Los dos pertenecen a los ambientes más sanos de Israel. Son conocidos como el “Grupo de los Pobres de Yahvé”. Son gentes que no tienen nada, solo su fe en Dios. No piensan en su fortuna ni en su bienestar. Solo esperan de Dios la “consolación” que necesita su pueblo, la “liberación” que llevan buscando generación tras generación, la “luz” que ilumine las tinieblas en que viven los pueblos de la tierra. Ahora sienten que sus esperanzas se cumplen en Jesús.
Esta fe sencilla que espera de Dios la salvación definitiva es la fe de la mayoría. Una fe poco cultivada, que se concreta casi siempre en oraciones torpes y distraídas, que se formula en expresiones poco ortodoxas, que se despierta sobre todo en momentos difíciles de apuro. Una fe que Dios no tiene ningún problema en entender y acoger. 
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).



EL PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO

Un pensamiento que quiere humanizar la sociedad

josé sols lucia
Foto_carnet_Jose_ Abril 2007El pensamiento social cristiano es la Cenicienta del pensamiento social contemporáneo. Se trata de un corpus sumamente interesante y al mismo tiempo casi completamente ignorado en los tratados de pensamiento económico, social o político.
Parece que la historia le haya querido pasar factura a la Iglesia católica ―probablemente con razón―por el hecho de que el cristianismo fuera religión oficial en todos los reinos de Occidente durante muchos siglos, demasiados; por ello, la Modernidad, iniciada en el siglo XVI y consolidada con la Ilustración, la Revolución Industrial y el desarrollo científico desde los siglos XVIII y XIX, ha tenido un progresivo nervio anticlerical.
Ahora bien, después de esta inevitable ley del péndulo, conviene que el pensamiento social cristiano vaya encontrando poco a poco su sitio natural en el pensamiento social contemporáneo, pudiendo presentarse como lo que es: una reflexión interesante, humanista, crítica, acerca de lo social, lo económico y lo político inspirada en la fe en el Dios Padre de Jesús, del mismo modo que otras corrientes de pensamiento se inspiran en otras fes, religiosas o no, explícitas o implícitas.
No olvidemos que no hay ningún corpus en todo el siglo pasado que haya abordado con tanta valentía y al mismo tiempo la crítica del capitalismo, la crítica del socialismo, la crítica de dictaduras y totalitarismos, la crítica de la guerra, la crítica de la sociedad de consumo, la crítica de la desigualdad social Norte-Sur y la crítica del progreso tecnocientífico sin brújula antropológica. Ahí es nada.
Paradójicamente, a pesar de su forzado exilio intelectual, la aportación del pensamiento social cristiano, y en particular de la doctrina social de la Iglesia ―que recoge documentos de carácter oficial redactados por papas, concilios, sínodos de obispos o conferencias episcopales―, ha sido en algunos momentos muy importante. Pondré dos ejemplos. En primer lugar, la Economía Social de Mercado―y su réplica sociopolítica, el Estado del Bienestar― tiene su origen en la lectura que de las encíclicas Rerum novarum (León XIII, 1891) y Quadragesimo anno (Pío XI, 1931) hicieron un grupo de economistas y teólogos alemanes, en concreto los jesuitas Oswald von Nell-Breuning y Gustav Gundlach, y el dominico Arthur Fridolin Utz, con el fascinante precedente del economista británico John M.
Keynes, y su política económica para sacar a los Estados Unidos de la crisis de los años treinta en tiempos del presidente Franklin D. Roosevelt. Y en segundo lugar, el papa Juan XXIII desempeñó un papel clave durante los trece días que duró la crisis de los misiles de Cuba, en octubre de 1962, fruto de lo cual se decidió a redactar su encíclica Pacem in terris (1963), publicada poco antes de morir, donde habla de la necesidad de que haya una Autoridad Mundial, democrática, que gobierne lo que hoy, en pleno siglo XXI, denominamos globalización.
En julio de 2012, fui invitado a impartir un curso de pensamiento social cristiano a líderes de comunidades hispanas del Oeste de los Estados Unidos, en el Instituto Hispano de la Jesuit School of Theology of Santa Clara University, en Berkeley, California. El curso tuvo lugar en cinco sesiones, que son el origen de este libro, Cinco lecciones de pensamiento social cristiano, cuyo título es un guiño a aquella pequeña gran obra del filósofo Xavier Zubiri, Cinco lecciones de filosofía, padre intelectual de Ignacio Ellacuría, de quien me siento discípulo (véase mi libro La teología histórica de Ignacio Ellacuría, de 1999), o sea, de algún modo, mi abuelo intelectual.
En este libro abordo cinco temas que me parecen de enorme interés: 1) La construcción personalista de lo social;  2) la antropología cristiana como fundamento primero de los derechos humanos; 3) el destino universal de los bienes como marco del derecho de propiedad;  4) de la antinomia Capitalismo/Socialismo a la Economía Social de Mercado; y 5) de la violencia estructural a la paz justa a través de la reconciliación política. Espero que estos estudios ―que tienen un marcado estilo pedagógico por el hecho de haber nacido en un curso dirigido a no especialistas―sean el inicio de interesantes diálogos con futuros lectores. Y espero también complementar en los próximos años este curso con otras lecciones de igual interés, como, por ejemplo, los movimientos migratorios, el proyecto de gobernabilidad democrática global, los nacionalismos, la crisis del trabajo o la ética política.

fuente:
http://www.trotta.es/blog/index.php/2013/12/19/un-pensamiento-que-quiere-humanizar-la-sociedad/

miércoles, 15 de enero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

2 Tiempo ordinario (A) Juan 1, 29-34
CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA15/01/14.- Las primeras comunidades cristianas se preocuparon de diferenciar bien el bautismo de Juan que sumergía a las gentes en las aguas del Jordán y el bautismo de Jesús que comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue. 

Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual. Solo su Espíritu nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad, abandonando caminos que nos desvían una y otra vez del Evangelio. Solo ese Espíritu nos puede dar luz y fuerza para emprender la renovación que necesita hoy la Iglesia.
El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”.
Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”.
La renovación que el Papa quiere impulsar en el cristianismo actual no es posible “cuando la falta de una espiritualidad profunda se traduce en pesimismo, fatalismo y desconfianza”, o cuando nos lleva a pensar que “nada puede cambiar” y por tanto “es inútil esforzarse”, o cuando bajamos los brazos definitivamente, “dominados por un descontento crónico o por una acedia que seca el alma”.
Francisco nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra... no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.
Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”. ¿No estará aquí uno de los principales obstáculos para impulsar la renovación querida por el Papa Francisco? 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

lunes, 13 de enero de 2014

DIOS NO CASTIGA A NADIE - JOSÉ MARÍA CASTILLO, TEÓLOGO

Desde hace unos días, se comenta (entre indignación y escándalo) lo que ha dicho recientemente el párroco de un pueblo de León, asegurando tranquilamente que el cáncer, que sufre un conocido político del PSOE, podría ser “un castigo de la Divina Providencia”, por causa de la condición homosexual del mencionado político. 

Más allá del disparate, que entraña semejante afirmación, la injustificada (y nunca demostrable) opinión de este sacerdote nos lleva derechamente a afrontar una pregunta de ésas que tocan fondo en asuntos de religión. La pregunta es ésta: ¿Dios puede ser vengativo y castigador?Más concretamente: el Dios en el que creemos los cristianos, el Dios que se nos reveló en Jesús, ¿puede utilizar la venganza y el castigo contra aquellos a los que considera pecadores o indignos por el motivo que sea? No entro aquí en el juicio que pueda hacerDios de la homosexualidad. En cualquier caso, afirmar que la condición homosexual es una perversión que merece un castigo divino, que se traduce en los sufrimientos de un cáncer, representa un disparate tan monumental como indemostrable. ¿De dónde sabe ese cura que Dios castiga la homosexualidad con los padecimientos de un cáncer?
Pero no es esto lo más grave que ha dicho el mencionado clérigo de la diócesis de León. Lo peor de todo ha sido presentar a Dios como justiciero, vengativo y agente de castigos que nos estremecen de miedo. El Dios que nos enseña el Evangelio, ¿puede ser un Dios vengativo y castigador?
En los evangelios, el término “castigo” (“dikê”) ni se menciona. Y el verbo “castigar” o “vengar” (“ekdikéô”) sólo aparece en la parábola de la viuda que pide justicia (Lc 18, 3 ss). Es verdad que, en los escritos de Pablo, se habla de la venganza de Dios (2 Tes 1, 8; Rom 12, 19 s; cf. Deut 32, 35. 43). Pero será bueno saber que, cuando Pablo habla de Dios, se refiere al Dios de Abrahán y a las promesas hechas a Abrahán (Gal 3, 16-21; Rom 4, 2-20) (U. Schnelle, Paulus. Leben und Denken, Berlin 2003, 56). Y sobre todo es fundamental recordar que el Dios, al que se refiere Jesús, es el Padre bueno que no hace distinción entre buenos y malos, entre justos e injustos (Mt 5, 43-48). Es, además, el Padre que acoge al perdido y al extraviado, sin reprenderle ni pedirle explicaciones, haciéndole fiesta en el colmo de su alegría (Lc 15, 11-32). Pero, sobre todo, cuando los cristianos hablamos de Dios, jamás deberíamos olvidar que la definición que se nos da de ese Dios se reduce a que “es amor” (1 Jn 4, 8. 16). Ahora bien, si Dios se define esencialmente por el amor a los demás, sean quienes sean y vivan como vivan, eso quiere decir que Dios no sabe, ni quiere, ni puede hacer otra cosa que no sea amar y hacer felices a los seres humanos, como bien ha hecho notar el prof. A. Torres Queiruga.
Por eso, deberíamos distinguir cuidadosamente que no es lo mismo castigar que corregir. El castigo es “un fin en sí”; y no tiene, ni puede tener, otra finalidad que hacer sufrir. Es lo más opuesto a cualquier forma de bondad y amor. La corrección es “un medio” (doloroso o desagradable) para obtener un fin posterior, que siempre es positivo y gozoso. Por eso, los padres corrigen a sus hijos, los maestros a sus alumnos. Jesús no castigó a los fariseos cuando les dijo que eran “hipócritas”. Como tampoco castigó a Pedro cuando lo calificó de “¡Satanás!” (Mt 16, 27 par). En éstos - y en tantos otros casos - Jesús no actuó como “castigador”, sino como “corrector” del que sólo pretende el bien y la dicha de aquellos a quienes corrige.
De ahí que podemos (y debemos) preguntarnos: ¿es compatible la existencia del infierno con la bondad y el amor que definen a Dios? Si el infierno, por definición, es eterno, eso quiere decir que el infierno no puede ser medio para nada ulterior. El infierno es lo último y definitivo. El Dios, que hace y mantiene el infierno, no puede ser sino un Dios castigador, un Dios que jamás podría ser definido como amor. Por lo demás, el Magisterio de la Iglesia no ha definido nunca, como dogma de fe, la existencia del infierno. Lo que la Iglesia ha dicho es quien muere en pecado mortal, se condena. Pero la misma Iglesia no ha dicho (ni puede decir) de nadie que una persona concreta haya muerto en pecado mortal. Digamos, pues, con más lógica y más humildad, que el lenguaje metafórico del fuego, las tinieblas exteriores y el rechinar de dientes no pasan de ser formas de expresión que nos dicen que Dios es justo y hace justicia. Pero, ¿cómo la hace? Eso, nadie lo sabe. Ni puede saberlo.
Aceptemos, pues, nuestra limitación en todo cuanto se refiere a nuestro conocimiento del “más allá”. Y, por supuesto, jamás utilicemos a Dios o a la eternidad para fomentar el miedo y el sometimiento de la gente a los intereses de poder y autoridad de los que usan y abusan los profesionales de la religión. Echando mano de semejantes intereses, lo único que se consigue es hacer más odiosa e insoportable la causa de Dios.

viernes, 10 de enero de 2014

CARTA DE FLOREN AL PAPA FRANCISCO

Carta al Papa Francisco
Santo padre Francisco, buenas tardes desde Estepa, un pequeño pueblo de Sevilla en la tierra Andaluza. 


Le escribo con alegría y le felicito el nuevo año, y le agradezco profundamente el germen esperanzador que significa en aquellos que somos cristianos; la revitalización del testimonio cristiano, la acogida, la tolerancia y el sentido de fraternidad que vemos en su persona, sus escritos y sus gestos.

Su tarea es enorme Santidad, respecto de actualizar y orientar la nave de la Iglesia, obcecada en ocasiones por ciertos temas que parecen ser la propia razón de ser de la Iglesia, aun cuando esta –como usted afirma-, no debe tener más rumbo que el evangelio de Jesucristo.

Hoy en España, se nos informa de que nuestros obispos se unen al llamamiento de Su Santidad, para estar cerca de los desfavorecidos y los inmigrantes. Y lo hacen por medio de una declaración muy interesante, que es acogida con mucho interés por la comunidad católica de España.

Cita la noticia: Alternativas "más dignas" a los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), que no se penalice la asistencia humanitaria a los inmigrantes y no se les niegue el auxilio, y reclaman solidaridad en lugar de "vallas cortantes" pues "las solas medidas de control no dan resultados", en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado.

Estas declaraciones de los obispos ayudan a estar en sintonía con Jesús de Nazaret, cuya apuesta se radicalizó fundamentalmente con los desfavorecidos y pobres, social y espiritualmente hablando. Créame Santidad, que somos muchos los hijos e hijas de la Iglesia los que declamábamos una postura eclesiásticamente contundente, respecto de temas tanto morales como políticos, que afectan con urgencia a la vida social y personal de muchos ciudadanos en España, y que se ven abocados al desastre por causa de la implacable crisis económica.

Somos muchos los que aun a pesar de los posibles naufragios, nos sentimos comunidad en la Iglesia de Jesús. Somos muchos los que hemos dado los mejores años de nuestra vida al servicio de la Iglesia en parroquias, catequesis, voluntariado y otras formas de evangelización. Y solo esperamos, que la Iglesia opte fundamentalmente por la HUMANIDAD con mayúsculas, sin preguntarle a la persona de donde viene o cual es su situación económica o su condición sexual.

Respecto de esta ultima consideración Santidad, déjeme decirle que con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia, nuevamente hemos escuchado a obispos españoles manifestarse a favor de la familia “tradicional”, hiriendo a otras personas; que por ser familias homoparentales, no dejan de ser dignas personas porque fueron creadas dignamente por Dios. 
Tengo el orgullo de conocer un hogar en el que hay dos mamas y dos hijas, Santidad. En ese hogar, a las pequeñas se les habla de Jesús. Se les enseña que era una persona excepcional que ayudaba a todo el mundo, y que todos debemos parecernos a él, porque Jesús fue un hombre genial.

Sobran las palabras, Santidad. Fue un alivio el escucharle a usted, pidiendo que se deje de tratar con tanta insistencia estos temas, muchos de los cuales son un desafío para la Iglesia del siglo XXI. Hoy tristemente, alguien que de denomina sacerdote  y que ejerce su ministerio con el beneplácito de la C.E.E. (*1) ; afirma en un medio de comunicación que el cáncer que padece un político español y homosexual, “es un castigo de la divina providencia” (*2).

Esto destruye Santidad. Destruye el sentido de comunidad, las ganas de pertenecer, y falta a la dignidad y el respeto de personas, que por no considerarse cristianas no son merecedores de trato semejante.

Aun así, Santidad, esperamos en usted. Yo espero en usted y le muestro mi confianza y mi complacencia de que hará todo lo posible porque la Iglesia de Jesús, sea sensible a todas las realidades que afectan a las personas humanas.

Cuenta usted con mi apoyo, mi oración incondicional y mi consideración personal; aunque cariñosamente le diga apostillando: “aun a pesar de los posibles naufrágios en la fe”.

Desde Estepa en Sevilla, un cálido abrazo fraterno, Papa Francisco. Paz y bien.

Estepa a 10 de Enero de 2014. Laus Deo.

Fdo. Florencio Salvador Díaz Fernández. 

Notas:

miércoles, 8 de enero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - UNA NUEVA ETAPA

Bautismo del Señor (A) Mateo 3, 13-17
UNA NUEVA ETAPA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA - SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA). ECLESALIA,

Antes de narrar su actividad profética, los evangelistas nos hablan de una experiencia que va a transformar radicalmente la vida de Jesús. Después de ser bautizado por Juan, Jesús se siente el Hijo querido de Dios, habitado plenamente por su Espíritu. Alentado por ese Espíritu, Jesús se pone en marcha para anunciar a todos, con su vida y su mensaje, la Buena Noticia de un Dios amigo y salvador del ser humano. 

No es extraño que, al invitarnos a vivir en los próximos años “una nueva etapa evangelizadora”, el Papa nos recuerde que la Iglesia necesita más que nunca “evangelizadores con Espíritu”. Sabe muy bien que solo el Espíritu de Jesús nos puede infundir fuerza para poner en marcha la conversión radical que necesita la Iglesia. ¿Por qué caminos?
Esta renovación de la Iglesia solo puede nacer de la novedad del Evangelio. El Papa quiere que la gente de hoy escuche el mismo mensaje que Jesús proclamaba por los caminos de Galilea, no otro diferente. Hemos de “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio”. Solo de esta manera, “podremos romper esquemas aburridos en los que pretendemos encerrar a Jesucristo”.
El Papa está pensando en una renovación radical, “que no puede dejar las cosas como están; ya no sirve una simple administración”. Por eso, nos pide “abandonar el cómodo criterio pastoral del siempre se ha hecho así” e insiste una y otra vez: “Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”.
Francisco busca una Iglesia en la que solo nos preocupe comunicar la Buena Noticia de Jesús al mundo actual. “Más que el temor a no equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: Dadles vosotros de comer”.
El Papa quiere que construyamos “una Iglesia con las puertas abiertas”, pues la alegría del Evangelio es para todos y no se debe excluir a nadie. ¡Qué alegría poder escuchar de sus labios una visión de Iglesia que recupera el Espíritu más genuino de Jesús rompiendo actitudes muy arraigadas durante siglos! “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadotes. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa del Padre donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”. 
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

viernes, 3 de enero de 2014

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - RECUPERAR LA FRESCURA DEL EVANGELIO

2 Domingo después de Navidad (A) Juan 1, 1-18
RECUPERAR LA FRESCURA DEL EVANGELIO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

En el prólogo del evangelio de Juan se hacen dos afirmaciones básicas que nos obligan a revisar de manera radical nuestra manera de entender y de vivir la fe cristiana, después de veinte siglos de no pocas desviaciones, reduccionismos y enfoques poco fieles al Evangelio de Jesús. 

La primera afirmación es ésta: “La Palabra de Dios se ha hecho carne”. Dios no ha permanecido callado, encerrado para siempre en su misterio. Nos ha hablado. Pero no se nos ha revelado por medio de conceptos y doctrinas sublimes. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús para que la puedan entender y acoger hasta los más sencillos.
La segunda afirmación dice así: “A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”. Los teólogos hablamos mucho de Dios, pero ninguno de nosotros lo ha visto. Los dirigentes religiosos y los predicadores hablamos de él con seguridad, pero ninguno de nosotros ha visto su rostro. Solo Jesús, el Hijo único del Padre, nos ha contado cómo es Dios, cómo nos quiere y cómo busca construir un mundo más humano para todos.
Esta dos afirmaciones están en el trasfondo del programa renovador del Papa Francisco. Por eso busca una Iglesia enraizada en el Evangelio de Jesús, sin enredarnos en doctrinas o costumbres “no directamente ligadas al núcleo del Evangelio”. Si no lo hacemos así, “no será el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas”.
La actitud del Papa es clara. Solo en Jesús se nos ha revelado la misericordia de Dios. Por eso, hemos de volver a la fuerza transformadora del primer anuncio evangélico, sin eclipsar la Buena Noticia de Jesús y “sin obsesionarnos por una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”.
El Papa piensa en una Iglesia en la que el Evangelio pueda recuperar su fuerza de atracción, sin quedar obscurecida por otras formas de entender y vivir hoy la fe cristiana. Por eso, nos invita a “recuperar la frescura original del Evangelio” como lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y, al mismo tiempo, lo más necesario”, sin encerrar a Jesús “en nuestros esquemas aburridos”.
No nos podemos permitir en estos momentos vivir la fe sin impulsar en nuestras comunidades cristianas la conversión a Jesucristo y a su Evangelio a la que nos llama el Papa. Él mismo nos pide a todos “que apliquemos con generosidad y valentía sus orientaciones sin prohibiciones ni miedos”. 
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

viernes, 20 de diciembre de 2013

PERLAS DE PAGOLA PARA EL FINDE - EXPERIENCIA INTERIOR

4 Adviento (A) Mateo 1, 18-24
EXPERIENCIA INTERIOR 
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA). ECLESALIA18/12/13.

El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también“Emmanuel”. Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa “Dios con nosotros”? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad. 

Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos “Dios” no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo, si yo no tengo alguna experiencia personal por pequeña que sea?
De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso, muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del Universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.
El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nuestro interior, nos será más fácil rastrear su misterio en nuestro entorno.
¿Es posible? El secreto consiste, sobre todo, en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar “acogiendo” la paz, la vida, el amor, el perdón... que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.
Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.
Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo veinte, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, “esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre”. El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros: dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio, conoceremos la alegría de la Navidad. 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

martes, 10 de diciembre de 2013

JESÚS, NO VENGAS - REFLEXIÓN DE ADVIENTO

¡¡jesús, no vengas!!
Jesús, no puedes venir si no nos dejamos deslumbrar, si ya no queda nada que nos cause asombro, si el corazón no se enternece ante el dolor para dar a luz una vida auténtica.
Jesús, no puedes venir si no allanamos las colinas del odio, si no ayudamos a construir puentes de cordialidad, si la ternura y la sencillez no se apoderan de nuestra vida. 

Jesús, no puedes venir si no descubrimos en nuestro interior la otra parte que tantas veces nos falta, la feminidad o la masculinidad que completa y da sentido a nuestras vidas como personas.
Jesús, no puedes venir si no percibimos la brisa de la confianza en las noches sin luna de los "cayucos" que se acercan, silenciosos, como el llanto ahogado, como el soplo del Espíritu, como la necesidad imperiosa de vivir una nueva vida.
Jesús, no puedes venir si no hacemos un hueco para invocarte, para darte gracias, para mostrarte nuestra impotencia, para gritar de dolor, para hablar confiadamente, como con un amigo, de la vida.
JESÚS, ¡NO PUEDES VENIR!
Jesús, no puedes venir si la fe no abarca las acciones por la paz y la justicia, si el amor no inunda las relaciones, si la solidaridad no destruye fronteras, si la esperanza no alumbra el horizonte siempre sorprendente de la vida.
Jesús, no puedes venir si no nos dejamos transformar por tu Palabra leída en el periódico, escuchada en la radio, ahogada en el lamento de los pobres que nos exigen una vida digna.
Jesús, no puedes venir si no alzamos nuestra voz contra quienes causan tanta miseria, si no dejamos de consumirnos, si no abandonamos una existencia llena de cosas y ausente de vida, para que continentes enteros puedan sencillamente sobrevivir.
Jesús, no puedes venir si no comprometemos nuestras manos, nuestras lágrimas, nuestro compromiso, nuestro tiempo y dinero en la construcción de otro mundo, de otra vida mejor, tan necesaria y posible.
Jesús, no puedes venir si no hacemos de nuestras comunidades cristianas unos anuncios luminosos que pregonen que podemos ser felices, que seguirte nos libera, que el Evangelio puede ser realmente una buena y feliz noticia para tantas personas desencantadas por las desdichas, el sinsentido, el maltrato en sus vidas. 
Jesús, no puedes venir… porque nunca te has ido, porque estás a nuestro lado en los más débiles, desprotegidos, marginados, porque cuando nos reunimos en tu nombre, enciendes nuestros corazones y nos animas a continuar con alegría, a pesar de todos los pesares.
Jesús, no puedes venir, porque el Reino ya está dentro de nosotros y nosotras. Sólo hay que ahondar, buscar, contemplar, para llegar a descubrir tu presencia en millones de rostros, para sentirnos hijos e hijas, hermanos y hermanas, para acercar y hacer visible el amor del buen Padre y Madre Dios.

Ven y ayúdanos a descubrir la fuente inagotable que nos hará vivir desde una nueva espiritualidad, basada en el cuidado, la solidaridad, la alegría y la justicia.


domingo, 8 de diciembre de 2013

CUENTO DE NAVIDAD "RECUPERAR LA ESPERANZA"

Cuento de Navidad, “Recuperar la Esperanza”
Cuando despertó no sabía dónde estaba, y tardó unos segundos en recordarlo. Estaba en el sillón de casa adormilado, y a unas horas impropias para dormir pues no era tiempo de siesta. Miro el reloj, y vio con horror que aun eran las siete de la tarde. ¡Qué largos son los días!, se dijo. 

Pensó que hacer. No tenía ganas de nada. Se sintió acalorado, pues cuando llegó a casa a medio día, la sala estaba helada y puso el radiador al máximo; y como se había quedado dormido, la temperatura dentro del salón era considerable. Puso el radiador en la posición uno, y decidió levantarse a abrir una de las ventanas para que entrara un poco de fresco. No lo hizo al final, la dejó cerrada pues pensó que lo único que le faltaba era resfriarse, y estando solo, era otro problema añadido a su penosa circunstancia. 
El cristal de la ventana estaba lleno de vaho. Paso la mano por él, y divisó un poco turbio la avenida central de la ciudad y los alumbrados que anunciaban la próxima Navidad. La calle estaba a rebosar de gente, comprando, trapicheando, pasándoselo bien. Que distintas son las navidades para algunos, se dijo Diego. 
A sus setenta y tres años, estaba solo y con la añoranza de su esposa y compañera Adelaida, que ya hacía para cuatro años que le dejó. Solo tenía la esperanza de que los días pasaran pronto, y que el frío Enero le trajera las llamativas rebajas que anunciaban el término de la Navidad y la vuelta a lo cotidiano. Realmente no estaba solo, pensó en que tenía un hijo, un hijo muy querido y su única razón de existir junto a sus nietos; pero Ricardo estaba demasiado lejos para sentirlo y tocarlo, y la llamada de teléfono que le hacía por Navidades, casi le hacía más daño que beneficio, pues la lejanía de la sangre en Navidad era un dolor insoportable. 
Su esposa Adelaida y él, siempre quisieron brindarle a su hijo las mejores oportunidades, y aun a pesar de sacrificar la cercanía de un hijo; pronto le facilitaron la salida al extranjero para estudiar y doctorarse en estudios diplomáticos, pues en España la cosa no estaba casi para nada. Ricardo estudió durante años en una universidad laboral de Philadelphia en Estados Unidos. Luego marchó a Orlando estado de Florida, para realizar un máster en estudios diplomáticos y de allí saltó a Francia en poco tiempo, donde se doctoró en relaciones institucionales y diplomacia. Llegaron a estar hasta tres años sin verle, pues los billetes del avión eran demasiado costosos para ellos y había que apurar los plazos. 
Cuando se vino a Francia la cosa cambió un poco a mejor, pues allí conoció a su esposa Sofía y allí tuvieron a Marita, la mayor de sus nietos y la lucecita de su vida, pues es el vivo retrato de su abuela Adelaida. Al tiempo de nacer Marita, él consiguió un trabajo en el gabinete del ministro de exteriores belga, y por eso se afincaron definitivamente en Bruselas, donde nació el segundo hijo Dieguito, a los tres años de estar allí. Pensó en los cuatro recordando sus caras. Su hijo Ricardo, bonachón y templado como buen diplomático. Sofia, pálida, de pelo anaranjado y la mujer más enamorada de su esposo y de sus hijos que existiera. 
Marita, su lucecita. El verla le recordaba a la abuela, pues en ella veía su vivo retrato, hasta el punto de gustarle todo lo violeta como a ella. ¡Menuda cría! Y Dieguito, el hombretón de la casa. Decía que el mejor regalo de reyes era poder estar en Navidad en casa del abuelo Diego, junto a la chimenea; pero ellos siempre venían a España en verano, cuando veraneaba el ministro y Ricardo podía escaparse. 
La Navidad en España, por mucho que lo desearan, era una quimera para todos; y un imposible. Se sintió cansado, y pensó que su mujer desde el más allá no estaría demasiado contenta con él. Se estaba descuidando. No acudió a la cita del médico en la última revisión anual. Estaba un poco negado a comer en casa, pues el silencio era como la hoja cortante de un cuchillo. Incluso llegó a desayunar café frío del día anterior, al no tener ganas ni de calentarlo. Subsistir. En eso se había traducido su vida desde los últimos meses. 
Tampoco sabía el porqué, pero creía necesario revitalizar su vida y dar un giro drástico, o la cosa acabaría mal. Había otros amigos con los que se entretenía en el centro de mayores, en el centro cívico o en un taller de teatro recién inaugurado. ¡Cuatro viejos haciendo teatro, menudo espectáculo!, se dijo  de mala gana. 
Y es que hasta su afabilidad estaba en declive, pues siempre fue un hombre educado y con carisma. Y de pensar que esa mañana le faltó al respeto al bueno de Horacio el panadero, cuando este le preguntó si su Ricardo venia por navidades. ¿Acaso no sabes que no puede venir hasta el verano?, le gritó. 
Que panorama, pensó Diego. “Adelaida –se dijo preguntando al silencio-, ¿porqué no me recoges? ¿Esto es vida?” 
En ese instante sonó el teléfono de casa, con su estridente ring, ring, ring. Se encaminó a la mesita a cogerlo, pesando en quien sería y en la inconveniencia de ninguna propuesta; pues solo quería lamerse sus heridas en soledad. Cuando descolgó, dijo de mala gana: -¡dígame! 
Y escucho perplejo por el auricular: -¡Papa, soy Ricardo!
-Ricardo hijo, ¿qué tal?
-Yo bien papa, y la gente estupenda. Pero, ¿Cómo estás tú papa? No te veo muy animado, ¿verdad?
-No…, yo… estoy bien hijo, ya sabes, aquí toreando los fríos. No te preocupes.
-Sí, ya. El que no te conozca que te compre. Oye, papa ¿pusiste ya los adornos de Navidad?
-¿Adornos? No estoy para adornos Ricardo, ya sabes que la Navidad no es para viejos. Imagínate que intento coger la caja de los adornos y del portal de Belén de encima del ropero grande y me caigo de la escalera. Además, ¿para qué si estoy solo? Ni tengo ganas, pues os hecho mucho de manos a mama, a ti y... a los niños.
-Bueno papa. Oye, ¡que te vayas a poner a llorar que te llamo para darte una noticia! Y creo que es una buena noticia.
-Dime hijo.
-Pues papa, salimos dentro de dos horas en avión para España, Sofia yo y los niños desde luego.
-Pero, ¿ha pasado algo Ricardo? (se preocupó Diego).
-No ha pasado nada papa, el ministro ha entendido que la Navidad es para estar en casa donde las raíces de uno, y tengo quince días de vacaciones. Así que ya va siendo hora de pasarla juntos y de pasarla todos los años. Sofía está encantada de pasar su primera Navidad en España, pues allí pasa menos frio y tiene ganas de verte. Y de tus nietos que te digo. Saben que viajamos desde hace tres días, están como locos, y Marita tiene unos veinte folios con dibujos de Navidad para su abuelo Diego. Tu Dieguito sueña con la chimenea encendida a tope, y casi quemarse los pantalones con el fuego, pues se muere por dormirse en tus brazos, con el vaivén de la mecedora de mama. Y yo, que te digo. Que te quiero, que te adoro… y que corto la conversación papá, que ha llegado el taxi y tenemos que facturar la maleta. Así que papá, nos vemos en unas pocas de horas. ¡¡Chao!!

Cuando colgó el teléfono, corrió -en la medida de sus posibilidades- por la escalera chica que guardaba entre la pared y el frigorífico de la despensa. Se fue a la habitación de los “chirmotiles” y hurgó por la parte superior del ropero grande. Con mucho cuidado bajó la caja grandota, donde se guardaba desde que él tenía veinticinco años, aquel portal de Belén que le compró a Adelaida su primera Navidad de casados. Allí había bolas, serpentinas, pastorcitos, un papá Noel sin su barba, espumillones, velas de navidad torcidas del verano…etc.

Dejó la caja encima del arcón, para que su nieta Marita se encargara del despliegue de piezas navideñas. Se fue apresurado al teléfono y marcó el número de la pastelería. Encargó una docena de bizcotelas -pues le encantaban a su nuera Sofía-, y un gran roscón de reyes. Iba a cambiarse zapatos, cuando calló en la cuenta de algo. Se volvió por el pasillo sintiendo la energía fluir por su cuerpo y regresó a la mesita del teléfono. 
Marcó el teléfono de la panadería de Horacio. “Horacio, soy Diego. Sí, bien. Oye, me puedes vender un poco leña del horno, viene mi Ricardo para casa esta noche. Sí, estoy que casi ni me lo creo. No, se quedan quince días. Parece que alguien me ha escuchado desde el más allá. Sí, venga, me llego en un minuto. ¡Ah, Horacio se me olvidaba! Disculpa mi salida de tono esta mañana, pero casi cometo el error de convertirme en una persona sin esperanza. Sí ya, pero somos amigos y quería decírtelo. Hasta ahora.

Cuando colgó el teléfono se fijo en la fotografía de su esposa que había en la chimenea. Allí estaba Adelaida guapa de veras. La miró en silencio, y una lágrima surco su mejilla como un torrente imparable de agua salada. Era una lágrima de vida, era una lágrima de dicha, era una lágrima de ilusión. Era una lágrima, que hacía renacer la esperanza. La beso, con la devoción con la que se puede besar a un ángel, y le dijo con el corazón henchido de gozo: “Adelaida, FELIZ NAVIDAD”. 

De corazón deseo, que se den las condiciones propicias, para que cada cual pueda llegar a las Navidades con alegría, esperanza e ilusión.
Un fuerte abrazo.

Floren Salvador Díaz Fernández.