CARTUJO CON LICENCIA PROPIA
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miércoles, 26 de diciembre de 2018

EL PAÍS DE LOS CARAMELOS - CUENTO DE NAVIDAD



Como cada día de cole durante el recreo Edu se sentaba en el banco verde bajo el árbol, mientras miraba a los niños y las niñas jugar. Nunca le gustó el fútbol aun a pesar de que su padre incluso llegó a obligarle a ver algún partido en la tele. Hasta que se convenció de que su hijo no era un niño de pelota. Por eso nunca participaba en los juegos de pelota, pues casi siempre observaba que los equipos acababan peleándose y eso no le gustaba nada.
No acababa de pasarlo bien en el recreo del cole porque siempre había algún niño que estaba dispuesto a chincharle. No acaba de entender si aquello tenía algo que ver con lo que le decía su abuela cuando él le contaba sus penurias del cole: “querido Edu –le decía su abuela-, tienes que entender que eres un niño muy especial”. El colegio le gustaba mucho porque siempre había una pregunta a contestar, y a él le encantaba saber cosas. Era aplicado y solía llevar muy buenas notas a casa, circunstancia que en más de una ocasión le llevó a ser tildado de empollón con la debida insidia que eso causaba entre los demás niños del colegio.

Digamos que compañeros lo que se dice compañeros o compañeras, Edu tenía bastantes pocos. Y amigos…, amigos tampoco tenía pues aunque se lo había propuesto nadie quería ser su amigo ni charlar con él. Pero aquel día sin que Edu lo supiera, sería un día especial.
Hacía unas semanas que al colegio llegó un niño nuevo. Era de piel muy morenita, así que los que siempre fastidiaban le pusieron el mote de “el moro”. Pero daba la sensación de que a este niño le daba igual y no entraba al trapo de los que intentaban fastidiarle, pues este niño pasaba lo que se dice siete pueblos de los que se metían con él. Hablaba con muchos niños y en algunos casos Edu se daba cuenta de que les daba algo, no sabía el qué.
Estaba en sus pensamientos cuando oyó pelea en el campo de fútbol y vio a varios niños dándose patadas y golpes y al profe de mates salir corriendo para separar a los energúmenos. No se dio cuenta de que mientras miraba la pelea se le acercó el niño nuevo y metiéndose la mano en el bolsillo del pantalón, sacó un caramelo y se lo ofreció.
-¿Quieres un caramelo?
Edu le dijo que sí y desliándolo y metiéndoselo en la boca le pregunto que como se llamaba.
–Jalib, le dijo el niño. –Me llamo Jalib Sánchez Salmaj.
Edu apreció que hablaba castellano perfectamente y se arriesgó a preguntarle de que país era.
 –Soy tan de España como tú, le dijo Jalib.
Lo que pasa es que mi padre ha sido trasladado por motivos de trabajo y por eso he llegado al colegio con el curso empezado.
–Yo me llamo Edu de Eduardo. ¿En qué trabaja tu padre?
-Es director de la oficina de correos del pueblo, contesto Jalib. -Hubo una baja y por eso lo trasladaron.
-¿No juegas a la pelota? Preguntó Edu.
–No, porque casi siempre acaban a leñazos. En el pueblo del que vengo, el día antes de marcharme del colegio expulsaron a siete niños por darse una tunda tan grande que hasta mancharon de sangre el suelo de la clase, y fue por temas de rivalidades de fútbol. Así que prefiero pasear y como me dice mi madre, observar y saludar a las personas que se dejan saludar. Es algo bonito.
-¿Tu madre es de aquí? Preguntó Edu.
–No, mi madre es de Tánger. Vino a España por motivos de trabajo y tuvo suerte pues lo encontró al poco tiempo, cuidando a una señora mayor. La quería mucho y era generosa. Esto le permitía a mi madre enviar dinero a mis abuelos de Tánger cada mes y como lo hacía desde la oficina de correos, pues ahí conoció a mi padre. Antes de que me preguntes, mi padre se llama Alfonso, Alfonso Sánchez y es de un pueblo de Murcia donde conoció a mi madre. Tengo una hermana que se llama Carlota pero es muy pequeña, tiene catorce meses.
-Oye Jalib, le dijo Edu. ¿Tú vas siempre por el recreo dándoles a los niños caramelos sin más?
-Verás Edu, tiene su explicación. Mi madre me contó que los primeros años aquí fueron muy duros. Cuando llegó estuvo varios días cogiendo fruta en la parte de Almería, de temporera, pero no la trataban bien y tenía que estar todo el día trabajando para ganar la mitad que las mujeres españolas. Entonces decidió probar suerte cuidando personas mayores, pues mi madre tiene estudios de geriatría. Era un trabajo duro, pero por lo menos descansaba sus horas, dormía bien y estaba bien alimentada.
Jalib continuó su relato hasta el punto de notar que le estaba gustando la compañía de Edu.
¿Tienes muchos caramelos en casa? Pregunto Edu.
-Siii, tengo muchos. Solemos coger todos los que quedan por el suelo cuando pasa la cabalgata de reyes, pero cuando se acaban mi madre me los compra nuevos para que los reparta.
Edu lo miró con cara extrañada y le dijo: -pero Jalib, yo que sé, ir por ahí repartiendo caramelos. ¿No te parece algo extraño?
En un gesto amistoso Jalib puso la mano en el hombro de Edu y le preguntó: ¿conoces muchos niños que te ofrezcan un caramelo, Edu?
Edu lo miro entristecido y le dijo que no, que incluso en la escuela él no tenía amigos.
Verás Edu -continuó Jalib-, para las personas que tenemos una piel distinta a la de la mayoría de personas, o a las personas que como mi madre vinieron de otro país; las cosas no son demasiado fáciles. Mi madre dice que el mundo está falto de abrazos de verdad, no solo de abrazos navideños que se pueden olvidar el siete de Enero. 

Por eso mi madre siempre me enseño a ser fraterno, educado y a demostrarlo ofreciendo un caramelo. Hay quienes lo desprecian, pero hay quienes lo reciben como una muestra de amistad. Un día le dije a mi madre que estaba cansado de repartir caramelos, y me dijo que en cualquier momento encontraría un amigo por el que merecería la pena repartirlos. Y te he encontrado a ti, Edu.
Lo miró atentamente y le preguntó: Edu, ¿quieres ser mi amigo?
Edu agachó la cabeza emocionado y Jalib solo pudo ver dos lágrimas que surcaban la cara de su nuevo amigo.
Echándole el brazo por los hombros le dijo: -Oye Edu alegra esa cara, esta tarde te vienes a casa para hacer los deberes y merendamos. Y cuando acabemos nos iremos los dos por el barrio a repartir caramelos. A ver si entre los dos hacemos de este país, EL PAÍS DE LOS CARAMELOS.
Fin.
P.D. Ojalá los abrazos que nos damos no se olviden tras la fiesta navideña. Ojalá los buenos sentimientos que a todos nos afloran en estas fiestas los prolonguemos a lo largo del año nuevo para construir un mundo donde todos vivamos mejor, en respeto y sin ver una amenaza en la persona que solo quiere vivir dignamente. Ojalá nuestro sentimientos sean dulces para construir EL PAÍS DE LOS CARAMELOS. Feliz Navidad. Atte. Florencio Salvador Díaz Fernández.

sábado, 29 de septiembre de 2018

ABRAZAR


Quien me conoce sabe que soy de besos. Sí me gusta. Creo que es algo bonito y que demuestra y transmite el afecto y la ternura. Respecto del abrazo, pues hay personas que saben que me encanta un abrazo “apretao”. Recuerdo aquella experiencia en 2007 cuando en un monasterio del norte al despedirme de un monje al que conocí allí tras bastantes días de retiro, este me dijo: -Floren, ¿puedo pedirte algo muy especial? Claro, contesté. ¿Me puedes dar un abrazo? 

"¡Hay tanto cansancio en personas que nunca han recibido un abrazo por parte de la iglesia y que sin embargo escuchan decir a los obispos como deben de vivir!"

La pregunta me dejó noqueado durante unos segundos –por su profundidad-, pero no me lo pensé. Lo hice pausadamente pero me arrojé poco a poco a los brazos de aquel monje que luchaba por ser libre de cuerpo y mente y que encontró en nuestras conversaciones nocturnas un oasis donde confiar su vida y su situación. Sea como fuere quien abraza acoge, recibe, transmite energía y sosiego, protege y demuestra consideración pues al abrazar y al acoger damos un poco o un mucho de nosotros mismos. 

Al respecto de esto, me llamó particularmente la atención el ejemplo de Jesús de Nazaret cuando explica cosas del Reino de Dios cogiendo en brazos a un niño y ponerlo como ejemplo de la sencillez y la humildad necesaria para seguir sus pasos. Esta lectura nos la ofreció la liturgia el pasado domingo (Mc 9,30ss) y este fin de semana, de nuevo las lecturas traen su propia enjundia. 
En Números (cap.11) se nos habla del Espíritu de Dios que es transmitido de una persona a otra sin que tengan que tener en común nada concreto. El salmo 18 nos anima a ser humildes en nuestras vidas, la carta de Santiago (cap.5ss) nos advierte del riesgo de poner la felicidad en aquello que es superficial y no nos colma. Y en el Evangelio de Marcos (cap.9,38ss) Jesús hace un alegato por la universalidad de su persona y de su mensaje. 
Como dijo aquel, “a partir de aquí” podemos comenzar a pelearnos…jajaja, aunque no se trata de eso en absoluto. Reconocemos que esta última lectura causa incomodidad en muchas personas que se sienten distinguidas, ungidas, ordenadas, ministros eclesiásticos…etc. 
Los apóstoles quieren impedir que una persona que no pertenece a su grupo de seguidores de Jesús, haga el bien a los demás. Jesús no se lo piensa y los censura. Quien no está en contra nuestra está a nuestro favor. La situación es clara y contradictoria con la deriva que trae la Iglesia y la que desarrolla. Seguimos en el absurdo desarrollo de la pastoral de la obligatoriedad. 
La Iglesia no sabe ya hacer atrayente el mensaje de Jesús, triste y fundamentalmente porque no está legitimada desde sus pastores para hacerlo; porque son hombres que –en muchos casos- han politizado su labor de pastores viven como príncipes en palacios y sin mezclarse con la sociedad. 
El papa Francisco acaba de decir en Letonia: “Que todos sepan que estamos dispuestos a privilegiar a los más pobres, levantar a los caídos y recibir a los demás así como vienen y se presentan ante nosotros.” 
No le quito merito al papa, en absoluto. Pero los escándalos en EE.UU. Chile, Europa sobre abusos sexuales se suceden, dejando claro que los curas abusadores fueron encubiertos por los obispos que los trasladaron una y otra vez pero nunca los cesaron. Voy al meollo de la cuestión. 
Jesús abraza a aquel niño y a todo el mundo, sin preguntar los números de tu cuenta corriente, tu sexualidad o tu creencia. ¡¡ESA ES LA GRANDEZA DE JESÚS!! Que viene a servir, pero no solo a servir a los que le siguen. Su mensaje es universal y por eso abraza, desde una conciencia pacifica, social y justa. Con todo respeto, no quiero un abrazo que no sea sincero. No quiero un abrazo que huela a puñalada trapera. No quiero el abrazo de la iglesia si no está dispuesta a cesar a los delincuentes y hacerlos pasar por la justicia de los hombres. 
¿Cuántos sacerdotes hay que cesar o poner en la puerta de la calle, uno, cien o dos mil? Los que sean, pero toda la jerarquía eclesiástica debiera de tener muy claro según el evangelio de este domingo (Marcos 9,38ss), que incluso si nos quedáramos sin sacerdotes, la Palabra de Dios sera vivida, escuchada, atesorada y puesta en práctica por todas aquellas personas que vivimos nuestra creencia desde el obligado pragmatismo y no ya desde los fuegos artificiales, promesas de vida eterna o el “Ego te absolvo a peccatis tuis”, nooo. 

Incluso seguiremos celebrando la eucaristía y compartiendo los alimentos en el nombre de Jesús, como él nos enseñó a tod@s a hacerlo. Es así de sencillo aunque determinadas personas crean que solo se puede hacer bajo las normas establecidas por el misal romano. 
Miren ustedes, lo que menos le importaba y le importa a Jesús es el culto que hagamos o a quien se lo dediquemos mientras nuestra vida construya vida humana y posibilidades de vida digna. 
¡Hay tanto cansancio en personas que nunca han recibido un abrazo por parte de la iglesia y que sin embargo escuchan decir a los obispos como deben de vivir! Es tremendo poner la ley por delante de lo que para una persona es su ser natural. Recuerdo siempre a ese matrimonio de amigas y sus dos hijas. Ninguna de las cuatro son abrazas por la iglesia pues las madres son lesbianas. Pero las hijas de ambas, sí saben quién es Jesús de Nazaret. 
Un hombre al que merece la pena imitar porque según les enseñan sus madres, PASÓ POR EL MUNDO HACIENDO EL BIEN. Abracemos pues si es posible y dejémonos abrazar con sinceridad y acogida de por medio. Un abrazo enorme.
Fraternalmente, Floren.

viernes, 30 de junio de 2017

LOS FRUTOS DE LA FRATERNIDAD. DOMINGO XIII T.O. A

Los frutos de la fraternidad. Domingo XIII. T.O. A
“Comienza haciendo lo necesario; luego haz lo posible y de repente estarás haciendo lo imposible” (San Francisco de Asís). Lo que nos viene a decir Francisco es que quizás en la vida, lo mejor es dejarse llevar por la bondad del corazón desde la disponibilidad. 
Si estamos de acuerdo en que la vida es un continuo aprendizaje, sin que tenga nada que ver la edad del sujeto, sea joven o adulto; lo cierto es que debemos estar abiertos a toda consideración que nos pueda ayudar a la construcción de un mundo mejor, desde la realidad de nuestro primer mundo. Aquel en el que vivimos. 
Eso sí, sin algaradas ni parafernalias ninguna. Todo al estilo de Jesús. Y Jesús, aunque exige en el evangelio una fidelidad hacia Él que no puede superar la estima que a los familiares se les tiene, lo que nos viene a reseñar es que en la vida la armonización de todo y el equilibrio justo, puede ser la esencia para una vida conforme a sus pasos. Me explico brevemente. 
No se nos puede pedir que establezcamos una categoría en el amar, pero es posible amar de tal manera que lo amemos todo; y que en el amor que profesemos a familiares, amigos y/o pareja, descubramos la propia esencia de Dios; para amarle a Él –y a Jesucristo- con ellos, por ellos y desde ellos. Partiendo de esa base del amor reciproco, como decía antes debemos abrirnos a otras posibilidades de ser cordiales y fraternos con quienes están distantes de nosotros, para también con ellos y por ellos amar a Dios. 
Las palabras claves de la Liturgia de la Palabra de este Domingo son: Seguimiento, fraternidad, luz y vida. El SEGUIMIENTO es la determinación con la que decimos creer en Jesús de Nazaret (Mateo 10,37-42) y todo lo que representa. La FRATERNIDAD es la acogida al desconocido sin condiciones, sabiendo que en él puedes acoger a Jesús. Teniendo en cuenta que desde la fraternidad engendras fraternidad y vida, como la mujer de la lectura  (2 Reyes 4,8-11.14-16a). Aspiramos a obtener la LUZ de Dios para irradiarla a los demás como personas nuevas:    “dichoso el pueblo que camina, oh Señor, a la luz de tu rostro” (Salmo 88). ¿Para qué pretender llevar a cabo todo esto? 
Pues para experimentar junto a Pablo de Tarso la grandeza del Resucitado y ser conscientes de lo que puede ser la VIDA vivida desde la plenitud, y no desde los estereotipos que la sociedad nos impone (Romanos 6,3-4.8-11). 
En un mundo en el que se cierran fronteras y elevamos muros entre las personas –incluso en el nombre de Dios-, se hace urgente una llamada a la fraternidad, a la acogida, a la hospitalidad. Si amamos sentiremos la satisfacción del trabajo bien hecho, y Dios que nos ama desde el otro nos lo recompensará.
Fraternalmente, Floren.

ORACIÓN POR LA FRATERNIDAD
Dios y Padre bueno, que nos amas y nos buscas.

En aquella persona a la cual retiré la mirada
porque no la consideré digna de mí,
en ella estaba tu Hijo Jesús.
Es lamentable, pero es así.
Hago memoria y reconozco
en aquellos ojos hambrientos
la hondura de los ojos del galileo.
En sus manos agrietadas veo la sequedad
de un caminar en la vida en el que no se le ofrece ni agua.
En su cansancio pude ver el desprecio de la sociedad instalada,
de carros de la compra llenos y tecnologías de todo tipo.
¿Dónde queda mi fraternidad, Padre?
No dejes de mostrarnos la realidad de la vida
con la fuerza de tu Santo Espíritu.
No dejes de darnos lecciones de grandeza
y humildad desde los otros ante los cuales
no te reconocemos.
No dejes de restregarnos por la cara
que un día sin amor ni fraternidad,

es un día de sepulcro y no de resurrección. Amén.

(se autoriza su difusión indicando su procedencia)

jueves, 8 de junio de 2017

¿CON QUÉ COMBATIREMOS EL FANATISMO?

¿Con qué combatiremos el fanatismo?
Seria desmedido hablar de pánico mundial respecto de los atentados que se suceden en Europa, en primer lugar porque sin haber en el mundo muertos de primera ni de segunda; en otros lugares de la tierra –puntos calientes le llaman- hay matanzas con más frecuencia que en nuestro continente. Si es cierto que los movimientos de masas se intensifican, por la necesidad humana de vivir mejor y buscar oportunidades. 
El hecho es que en la actualidad es innegable que el terrorismo fanático es un asunto de capital interés, por la importancia de su erradicación. Además, los grupos terroristas al alza y conocidos por todos pues perpetran en la actualidad las mayores catástrofes incluso con los de su propia religión; atentan contra todo aquello que pueda ser vulnerable sin pretender justificarse por medio de la enseñanza coránica. 
Algo impensable pues el dios Alah del sagrado Corán, no es ni más ni menos violento o bondadoso que el Dios que se nos muestra en algunas páginas de la Biblia. ¿Quizás se trata de un conflicto cultural en sí mismo? Creo que sí. Cultural y social. 
Hay reconocidas en el mundo países y zonas absolutamente debilitadas y desfavorecidas a los largo de épocas, bien por causa de los incesantes conflictos y también por el retroceso al que sus gobernantes han obligado al pueblo, al pretender aplicar tradiciones fundamentalistas del más extremo integrismo religioso. Muchos de estos gobernantes y aquellos a los que adoctrinan, pretender ganar terreno a occidente, no por medio del desarrollo intelectual, avances culturales o ampliación de derechos, no. 
Su planteamiento se basa en la más absoluta ignorancia –incluso de su propia religión-, pues pretenden ganar su batalla contra todo, por medio de la conquista como si viviéramos en plena edad media, cuando se conquistaban terrenos a golpe de espada. 
El caso es que es un autentico quebradero de cabeza para muchos países la actual situación, pues es casi imposible controlar la libertad humana de cada individuo, para no permitirle causar el mal. Además es un complejo encaje que nunca debe  restringir derechos, como el de la privacidad y la libre autonomía de movimientos. Eso sí, algo hay que hacer. Y en ese algo hay dos factores que considero esenciales o que pueden colaborar de manera muy efectiva para erradicar el fanatismo religioso. 
Esos dos factores son el Cristianismo y el Islam. Cada cual como dimensión religiosa por medio de la cual el individuo se relaciona con Dios y con su entorno, y como elementos desde cuya doctrina –oportunamente contextualizada- se pueden derivar enseñanzas muy válidas para construir la paz, aplicando el respeto, la colaboración y la fraternidad; todo ello al servicio de toda la sociedad religiosa o no religiosa. 
Cuando hablo colaboración, llamo la atención de los hermanos islámicos pues ellos son de vital importancia para detectar en sus congéneres actitudes, predicamentos y enseñanzas que puedan adoctrinar hacia un fundamentalismo que capte personas para hacerlos objeto del terror y la muerte de inocentes. Es cierto que también hay fundamentalismo en el cristianismo, incluso ha existido de manera agudizada en ciertos grupos establecidos en países concretos. 
Pero en la actualidad es más que necesario el educar y enseñar en la necesidad vital de ser fraternos y humanos para poder tener cada cual nuestro espacio. Corán e Islam no pueden ser relativos a terrorismo, eso es un despropósito. Puestos así, no sé qué religión tendría más millones de muertos inocentes a sus espaldas. Es más que preciso no relacionar movimientos migratorios y refugiados con bombas, caos e inseguridad. 
Un mundo fraterno es un buen mundo, y la diversidad siempre ha enriquecido las culturas. Dejándonos cada uno nuestro espacio, pero sin pretender ser colonizadores de manera velada. 
He escuchado varias veces algo de me chirria los oídos respecto de los inmigrantes: “-que se acostumbren ellos a nuestras tradiciones que para eso están en nuestro país”. Pues, “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis, anduve sin ropa y me vestisteis, caí enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme”. (Mateo 25,35) 
Si Cristo puede estar en cada uno de estos, ¿a cuál de ellos le vas a preguntar su procedencia como condicionante a tu fraternidad? Demostremos nuestra talla humana. Hagamos gala de cristianismo autentico –no solo del de la misa de los domingos-. Atendamos que en el Islam también se salvarán y que incluso habrá quienes nos lleven la delantera. Apliquemos el amor y las buenas intenciones, para llevar la bondad a los corazones y aspirar un mundo mejor, donde cabemos todos. Solo hay que apretarse un poquito.
Mi oración con Ignacio Echeverria -fallecido defendiendo la libertad en Londres- y mi solidaridad con toda su familia; así como con las demás victimas y heridos del terrorismo mundial.


Fraternalmente, Floren.

sábado, 23 de abril de 2016

EL EMBAJADOR RECHAZADO - JOSÉ MARÍA CASTILLO, TEÓLOGO

        EL EMBAJADOR RECHAZADO: MANDA SAN PABLO

                                      José M. Castillo 

        El papa Francisco le dijo a un periodista, en el avión que le traía de uno de sus viajes a América: “¿Quién soy yo para juzgar a los homosexuales?”. Nadie sabe cómo se ha gestionado en el Vaticano el rechazo al embajador gay propuesto por el gobierno de Francia. ¿Ha sido el papa el que ha rechazado a ese embajador? ¿Lo ha rechazado la “mano negra” que, según dicen, se opone a Francisco? Sea quien sea el que ha decidido rechazar a un homosexual, el hecho es que, en este caso, el embajador propuesto ha sido juzgado y rechazado. Entonces, ¿quién manda realmente en la Iglesia? ¿El papa? ¿Los que se oponen al papa?


        Una vez más (y en un asunto muy serio), ha quedado patente que quien manda en la Iglesia no es san Pedro y sus sucesores, sino san Pablo y su teología. Sabemos que, en los evangelios, no se dice ni palabra contra la homosexualidad. Por lo visto, a Jesús no le preocupó este asunto. Pablo, por el contrario, fue tajante. En Rom 1, 26 afirma que la homosexualidad es “contra la naturaleza”. Pero, en realidad, ¿a qué se refería Pablo cuando consideraba “natural” o “anti-natural” un acto humano? Esta pregunta tiene su razón de ser en el hecho de que el mismo Pablo considera “antinatural” que los hombres se dejaran en cabello largo y las mujeres se lo cortaran  (1 Cor 11, 14-15). Lo mismo para la homosexualidad que para el corte de pelo, Pablo utiliza el sustantivo “physis”, que está tomado de la filosofía estoica (H. Paulsen, Ph. Vielhauer).

        Que aceptemos lo que Dios nos ha revelado, de acuerdo. Pero, ¿quién manda o prohíbe que no podamos indagar el origen de ciertas expresiones, que pueden tener (y la tienen) su razón de ser en ideas y expresiones que tienen su origen en Pitágoras o vaya Vd a saber si en los chamanes del Norte de Europa, como  vienen diciendo quienes han estudiado a fondo (E. R. Dodds) los orígenes del “puritanismo” occidental?


        Todo esto da pie para pensar que, aunque es cierto que Jesús fundó la Iglesia, quien ha tenido - y sigue teniendo - más presencia determinante en ella es el Apóstol Pablo y su teología.  ¿No es urgente ya afrontar en serio este asunto capital?    

martes, 12 de abril de 2016

EL SEGUNDO DESTROZO DE EUROPA - JOSÉ MARÍA CASTILLO, TEÓLOGO

EL SEGUNDO DESTROZO DE EUROPA

                                     José M. Castillo


        No sé si todos somos conscientes de que, tal como se han puesto las cosas, tenemos motivos suficientes para afirmar que estamos viviendo el segundo destrozo de Europa. El primero se produjo con el trágico final de la segunda guerra mundial. El segundo, ahora; cuando aún no ha transcurrido un siglo de aquel primer desastre. La diferencia, entre un destrozo y otro está en que el de la segunda guerra mundial fue un destrozo material. El de ahora es el destrozo humano. El año 1945, la desolación  se ponía de manifiesto en las ciudades destrozadas y los millones de víctimas de aquella violencia brutal. Ahora, la desolación la estamos viendo y viviendo cuando nos enteramos de que jamás hubo tantos multimillonarios más corruptos que nunca, al tiempo que jamás hubo tampoco, coincidiendo con la abundancia enloquecida de unos cuantos, la carencia de millones de criaturas que claman en nuestras fronteras cortantes, punzantes, humillantes, gentes que huyen de la muerte y sólo encuentran resistencia, rechazo y desesperación. Y todo esto, al tiempo que la convivencia entre nosotros, los ciudadanos de la culta y vieja Europa, resulta cada día más complicada, más problemática y con un futuro más incierto. 

        Y es que está visto que, con la política, la economía y el derecho que tenemos, no salimos del pozo en que nos vemos metidos. Nuestros conocimientos y nuestras instituciones no dan más de sí. Porque el problema no está en cambiar unos políticos por otros, ni unas instituciones por otras. El problema está en que cambiemos nosotros mismos. Es urgente modificar nuestras “convicciones”. Y esto es lo que me produce más miedo y más desorientación. Porque, en realidad, lo que se palpa es que cada cual da la impresión de estar más firmemente afianzado en aquello de lo que está convencido. Queremos que cambien los demás, pero nadie consiente poner en cuestión sus propios convencimientos.

        Por lo menos, ¿no podríamos coincidir en que lo más urgente y lo que no puede esperar es que, en Europa o a las pertas de Europa, siga habiendo tantas familias destrozadas, tanta hambre, tanto abandono para los últimos, tanto sufrimiento  que soportan gentes que han perdido la esperanza?


        No me quita el sueño el futuro que nos espera en Europa. Lo que me angustia es el presente. El dolor, la desesperación que se ven obligados a soportar, tantas criaturas que no le ven futuro a sus vidas, al tiempo que quienes tenemos casa y comida andamos interesados con la pregunta de si el gobernante de turno será ahora el que a mí me gusta o el que le interesa al otro.    

jueves, 17 de marzo de 2016

ESTA ES LA MESA DEL REINO CON LA QUE YO SUEÑO


La Semana Santa nos llama a resucitar, pero también nos llama a tener sentido fraterno y comunitario para compartir la mesa. Bendita mesa compartida, bendita mesa sin ángulos ni presidencias; ni siquiera jerarquías. Bendita mesa donde la mujer celebra junto al hombre y el niño. Bendita mesa donde es acogido el sin patria, el sin casa y el sin dignidad; para recuperar la identidad, ser acogidos y considerados hij@s de Dios de pleno derecho.
Bendita mesa del Reino, donde lo esencial es vivir, y disfrutar y trabajar por el Reino. Bendito alimento -sea pan o lo que sea- que en nombre de Jesús se comparte.
Benditos días que nos llaman a la interioridad desde una mesa que nos interpela y nos alimenta; y nos llama a la bendita coherencia.
Benditas personas las que en esa mesa se sienten o en torno a ella se reunan. Permita Dios y la vida, que seamos dignos comensales.
¡¡Buena semana santa, y feliz camino hacia la resurrección!!

Un pan inmenso, un pan multiplicado,
Pan crujiente, pan dulce, pan contento
De ser comido todo por hambrientos,
Pan rico de amores, entregado.
¡Qué bueno es Dios, un Dios empanado!
Vida es para los pobres y alimento
Y viático y santo sacramento
Del gran amor de Dios enamorado.
Vosotros, rechazados, excluidos
Por gentes del poder y de dinero,
Seréis en mi Reino los primeros,
Mis hijas y mis hijos preferidos.
Escucho vuestras quejas y gemidos,
Esclavos, humillados, pordioseros,
Ahora de este mundo el basurero,
Pero os llevo en mi entraña dibujados.
¡Venid todos, comed pan de los hijos!

martes, 2 de octubre de 2012

LA ORACIÓN II. 4.3 LA ESENCIA DE LA EUCARISTÍA, SACRAMENTO DE FRATERNIDAD


4.3 La esencia de la Eucaristía, Sacramento de Fraternidad.

Tal y como suele celebrarse en ocasiones la eucaristía, es evidente que, para muchos cristianos, es difícil comprender y vivir correctamente lo que según los relatos evangélicos, nos dejo dicho Jesús.

Es decir: “haced esto para que os acordéis de mí, para que actualicéis mi presencia y mi memoria entre vosotros”. Pero, ¿podemos estar seguros de que una misa de pontifical solemne, celebrada en un contexto grandioso, con un estricto protocolo y la pompa de las catedrales, puede evocar espontáneamente el recuerdo y la presencia viva del Jesús del evangelio?.
 
Mi intención aquí no es la de tirar por tierra esas ceremonias, ni mucho menos excluirlas de sentido sacramental. Pero estando de acuerdo en que el ser humano se siente bien donde se le estimulan lo sentidos, la vista por medio de magníficos edificios ricamente decorados, el oído por medio de cánticos, órganos o diversas melodías, el olfato al quemar inciensos en los turiferarios…etc, -digo que- todo ello contribuye a que la persona se sienta a gusto en un lugar en el que está además entretenida.
 
Pero, ¿en que grado del uno al diez, queda el sentido de fraternidad que crea la unidad de la comunidad?. La evolución histórica en el modo de celebrar la eucaristía, ha orientado las cosas de tal modo que ha prevalecido lo sagrado sobre lo comunitario, y Jesús no nos pidió que celebráramos y durmiéramos la siesta –entiéndaseme-:

Lucas 12,49 "He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo ya que arda!”

 

Indudablemente Jesús no desea nuestra destrucción por medio del fuego. Pero sí desea, que despertemos de nuestro inmovilismo y de esta manera realiza la comparación del fuego como elemento ante cuyo contacto, el sujeto reacciona inmediatamente.
¿Qué sucede cuando celebramos por un carácter meramente cultual?, ¿en que lugar dejamos la eucaristía cuando asistimos a ella, solo para hacer presencia y no compartir, sin salir de nuestro yo y nuestro inmovilismo?.

La eucaristía, se celebre donde se celebre tiene unas exigencias sociales que están afirmadas y confirmadas con fuerza en algunos testos del NT:

1Cor 11,17”Al daros estos consejos, no puedo felicitaros, pues, al parecer, vuestras reuniones, en lugar de haceros bien, os hacen daño. 11,18 En primer lugar, he oído decir que, cuando os reunís, hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo; 11,19 y hasta es conveniente que haya divisiones entre vosotros para que se sepa quiénes son de virtud probada. 11,20 Cuando os reunís en común, ya no es eso comer la cena del Señor. 11,21 Porque cada cual se adelanta a comer su propia cena; y mientras uno pasa hambre, otro se emborracha. 11,22 ¿Es que no tenéis vuestra casa para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la Iglesia de Dios y queréis dejar en vergüenza a los que no tienen? ¿Qué os voy a decir? ¿He de felicitaros? En esto no os puedo felicitar.”

Esta comunidad de Corinto celebra mal la eucaristía y Pablo les reprende. El fallo no estaba en que se dejasen de cumplir determinadas normas litúrgicas, ni siquiera en que el ministro estuviera debidamente ordenado. O que los corintios tuviesen ideas equivocadas en cuanto a la presencia de Cristo en el pan y en el vino.
 
Nada de lo que ahora preocupa a los teólogos, en relación a la eucaristía, era allí motivo de preocupación. Todo consistía en que cada uno iba por su lado, la comunidad estaba dividida. Porque entre ellos había ricos y pobres y los ricos se atiborraban mientras los otros pasaban hambre y necesidad, estableciendo así unas duras diferencias sociales, situación impropia de una comunidad fraterna en común-unión.

Por ello, de lo dicho se desprende que la significación fundamental de la eucaristía se ha de interpretar a partir del símbolo de la comida compartida. Compartir la misma mesa es compartir la misma vida.
Y como en la eucaristía la comida es Jesús mismo en cada una de sus variantes, alimentos, palabra, personas…etc; de ahí se sigue que la eucaristía es el sacramento en el que los creyentes se comprometen a compartir la misma vida que llevó Jesús y la misma vida entre ellos, en el amor y la solidaridad.
 
Esto es lo que expresa el evangelio de Juan. Este evangelio, que habla ampliamente de la eucaristía en el capitulo sexto, no recoge el relato de la institución eucarística. De manera que justamente donde otros evangelios cuentan esta institución, entre el anuncio de la traición de Judas (Mt26,21-25) y el anuncio de la negación de Pedro (Mt 26,31-35), Juan coloca el mandamiento del amor:

Juan 13,34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. Que como yo os he amado, así también os améis unos a otros. 13,35 En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros".

El cuarto evangelio expresa así dónde está el significado profundo de la eucaristía. Lo fundamental en ella, no está en repetir miméticamente el relato de la institución. Ni siquiera en comer ni beber el pan y el vino consagrados. Lo determinante es la experiencia profunda que se expresa en el ritual eucarístico. Y esa experiencia no es otra que la unión de las personas en el amor. Por ello debemos esforzarnos en ver, en comprender la Eucaristía como Sacramento de Fraternidad.

 
Autor: Florencio Salvador Díaz Fernández.

Estudiante de Teología Cristiana.


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