Sembrador, no desesperes
si las piedras estropean el terreno,
si las aves picotean las semillas,
si los brotes se achicharran con el fuego.
Sabes bien que toda siembra es insegura,
que en ocasiones se ve yermo ese terreno
que ha de ser tierra fértil algún día.
Muchas veces el esfuerzo será inútil.
Habrá etapas en que toque arar de nuevo.
Sentirás, al final de la jornada
que no hay fruto que compense tanto esfuerzo.
Y, con todo, no cejes, no desistas.
No permitas que te aturda el desaliento.
Persevera, no sucumbas a la duda.
No conviertas tu plegaria en el lamento
de quien solo profetiza oscuridades.
No pretendas imponer tu ritmo al tiempo.
No persigas perfecciones irreales
ni ambiciones el éxito perpetuo.
Es posible que no veas la cosecha
Pero sabes que sembrar es tu talento.
No lo encierres en cámara sellada
para así protegerte del despecho
de quien ha de asumir la incertidumbre.
Es Dios mismo quien te encarga la tarea
Deja que ese mismo Dios la lleve a término.
«Sembrador»
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