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martes, 6 de septiembre de 2016

CARTA ABIERTA A PABLO RÁEZ MARTÍNEZ

CARTA ABIERTA A PABLO RÁEZ MARTÍNEZ (*)

Pablo buenas tardes desde Estepa (Sevilla)

A través de Antonio Carmona Belloso, un amigo “facebukero” he sabido de ti, de tu situación y del espíritu de lucha que demuestras.

Me ha impresionado, sinceramente. Porque creo que en el mundo, demasiadas cosas se esconden, se dicen por lo “bajini” y se intentan camuflar; para que al fin y al cabo todo llegue a saberse. Es una absurda manera de pretender ignorar la realidad, por muy respetuosa que sea esa opción.


En tu caso, y teniendo en cuenta que se poco de tu proceso, creo que es un proceso duro, pero un proceso en el cual se supera el día a día, como si fuera una autentica oportunidad de la vida, con un solo margen de 24 horas.

¿Qué sería de cada habitante de este primer mundo, si tuviéramos que vivir cada día con la expectativa de las únicas 24 horas? Creo que quizás seríamos más fraternos, más prácticos y desde luego no perderíamos la ocasión para amarnos más, ser más sensibles y aprovechar más el contacto humano, con familia, amigos y desconocidos.

Mi experiencia personal con la enfermedad no es comparable a la tuya. Y créeme, que lo más duro que he vivido es el proceso de un matrimonio de amigos, en la superación de la leucemia de él. Iba todos los martes de todas las semanas a verles a Sevilla al área de aislamiento; y si el camino hacia allí se hacía oración, el de la vuelta lo era aun más. Pero el estar allí con ellos, palpar el silencio de aquel pasillo –que yo llamaba del horror- pues nada se oye allí, me hacía vivir un trozo de su dolor y de su esperanza, y eso creo que reconforta hasta las lágrimas.

Es cierto que cada persona tiene una manera de afrontar las cosas. Sin ignorar las muchas cosas que son necesarias para superar la enfermedad, y creyendo que la propia vida es un milagro en muchos sentidos, como persona creyente asumo la situación de las personas en mí día a día y suelo ponerlas ante el Señor, así como recordarlos en mi oración.

Con tu permiso, te voy a tener presente. No es para que me lo agradezcas, te lo aseguro. Pero me parece hermoso y humano que las personas nos tengamos en cuenta tanto en la salud como en la enfermedad. Y ojalá no tuviera que llegar la enfermedad, para apreciar ciertamente lo mucho y bueno que tenemos a nuestro alrededor.

Desde Estepa te envío todo el ánimo del mundo, y vista tu determinación por la vida, no me cabe la menor duda de que superaras los retos que la vida te presenta. ¡Ánimo para tu familia, amigos y conocidos que te quieren y cuyo apoyo es inestimable para tí!

¡Ojalá te recuperes y podamos invitarte a mantecados, los amigos “facebukeros” que tienes de Estepa! Ya sabes que la manteca se pega al riñón y es lo mejorcito para recuperar masa muscular.

Un abrazo grande.
Fraternalmente, Floren.

Estepa 6 de Septiembre de 2016.

(*)https://www.facebook.com/PabloRaezMartinez/about

lunes, 22 de julio de 2013

BENDITAS MANOS

BENDITAS MANOS



Cuando todo se hizo oscuro para la señora, cesó el dolor total. La oscuridad duró solo un instante, pues de pronto tuvo la sensación de ser conducida a una velocidad vertiginosa, por un conducto cilíndrico lleno de curvas en subidas y bajadas. Fueron en esos momentos de transito cuando por su mente pasaron todos lo momentos de su vida, los buenos y los malos. 
El fallecimiento del esposo, la alegría por los hijos, todos los momentos tristes y gozosos de la vida; el dolor causado por el fallecimiento de un nieto a una edad muy temprana…etc. Todo fue un flash tras la oscuridad. Pero cuando ceso su largo viaje, comenzó a percibir una realidad sobrenatural. Sintió  como si cambiara su existencia. Como si fuera ella misma, pero sin ser ella. 
Le cegó la claridad de un resplandor al se sentía atraída sin posibilidad de escapar. Pero era un resplandor de paz, de sosiego, de quietud. Lo primero que sintió fue la ausencia de angustia, por los suyos y por ella misma. Los últimos días de su vida en la tierra, fueron un dolor para toda la familia. Aunque su estado le hacía estar ajena a su degeneración física y las terribles heridas causadas por el desgaste de su cuerpo, la medicación no la apartaba totalmente de la existencia, pues tenia sensaciones que percibía en torno a ella. 
La atención y cariño de sus hijas e hijos, las visitas y los besos de sus nietos, los cuidados de los profesionales de la salud. Sobre todo, la señora recordó el tacto de unas manos. Las de una enfermera. 
Benditas manos, dijo como acción de gracias, ante aquel resplandor que la cautivaba, ahora llena de paz y de serenidad.  Benditas manos que curan al enfermo. Benditas manos que con su tacto, restituyen la dignidad al abatido. Benditas manos que ofrecen sosiego al dolor. Benditas manos que dejan huellas de humanidad y se esperanza. Benditas manos que aplican el ungüento, paliando la fuente del dolor para convertirlo en fuente de vida. 
Ella ya no estaba allí, en aquella cama de su casa donde había muerto. 

Ella vivía en una nueva existencia, desde la cual intentaría alumbrar el camino de los tuyos en la tierra. Quiso enviarles a todos, la misma paz de la que ella ahora gozaba y que se le prometía como eterna. La señora sentía junto a sí misma, la alegría de otras presencias de aquellos que se marcharon y junto al Creador ahora serian todos una sola cosa, en aquel mundo de plenitud y felicidad. 
¡No estéis tristes! Dijo mirando abajo. 
No dejéis de amaros y de sembrar paz, pues corta es la vida aunque vivas muchos años. 
Antes de volver a mirar a la Luz cegadora que la atraía, pensó en su enfermera.
Le mandaría un ramillete de besos en forma de un bello ramo de rosas blancas. Se las haría llegar desde un profundo agradecimiento, por ser profesional, por ser cariñosa… y sobre todo por ser humana y haberle dado vida con sus caricias. 
Hasta siempre, les dijo a todos desde la eternidad.

Este texto escrito por mí, es un pequeño homenaje a Nati, una enfermera A.T.S. del Centro de Salud de Estepa (Sevilla), a la cual la familia de una enferma fallecida le han regalado un ramo de rosas blancas.