De las referencias más antiguas
que hay de la ascensión de Cristo, una de ellas es una antiquísima confesión
bautismal de la Iglesia Armenia. También el presbítero Hipólito de Roma hacia
el año 215 escribió su “Traditio apostolica”, que era un credo en el cual se
hace referencia a la ascensión. “Et ascendis in caelis et sedit ad dexteram
Patrix” (y subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre) reza este
credo de diecisiete siglos de edad que no es cualquier cosa.
El caso es que no es un dogma la
ascensión de Cristo sino que es algo que por hacer una referencia clara las
escrituras, siempre se ha contemplado como un formidable episodio de la vida de
Jesús de Nazaret.
Ahora bien. La ascensión como tal
es una interpretación más, de las muchas que tuvo la primigenia comunidad
cristiana junto con la transfiguración y todas las apariciones que se nos
cuenta en los evangelios, hechos y cartas. No es casualidad que el tiempo
pascual termine con tres fiestas tan grandilocuentes, Ascensión, Pentecostés y
Trinidad. Sin duda es un efecto de la liturgia el hecho de concluir tan notable
etapa pascual con esta trilogía de fiestas, aunque una de ellas (la Trinidad)
se enmarque más como comienzo de la segunda etapa del Tiempo Ordinario (Per
anun).
Lo cierto es que estas tres
fiestas encierran un sencillo mensaje que es la clave para la vida de la
persona cristiana. En la ascensión Jesús nos muestra el CAMINO al lanzar un
claro mensaje de que es aquí en la tierra donde tenemos que dar la talla como
hijos de Dios. “Id por todo el mundo anunciando la buena nueva”. O sea, ser mis
continuadores pero en la tierra. Con las personas con las cuales debemos
convivir y relacionarnos y que están esperando nuestra respuesta generosa y
fraterna.
Pentecostés nos da de bruces con
nuestra propia realidad revelándonos la VERDAD de nosotros mismos. Puede que
ante el mundo quieras ser tal o cual cosa, pero ante Dios eres lo que eres. Y
NO poseerás el Espíritu mientras “te cierres a tu propia carne”, mientas
renuncies a lo que eres ante Dios; ante el cual no puedes mentir. Dios quiere
veracidad a su servicio, no servilismo y maledicencia camuflada de abrazos a
sueldo y medias sonrisas. Para dar fraternidad a medias te la guardas y así te
ahorras de engañarte a ti y pretender engañar a Dios. Pero si eres de la
VERDAD, “la verdad te hará libre” –dice la escristura-.
Y la fiesta de la Santísima
Trinidad nos ofrece la posibilidad de reconocernos como hijos ante las tres
dimensiones que tradicionalmente conocemos de Dios, aunque hay algunas más.
Ante Dios Padre, Hijo y Espíritu se nos presenta la propia VIDA del mundo de la
cual venimos, a la cual contribuimos y a la cual vamos. Por eso es tan
importante que reconociéndonos como hijos e hijas de Dios, obremos según la
responsabilidad que tenemos ante Él y ante los hermanos.
CAMINO, VERDAD Y VIDA. Y un
mensaje claro de Jesús: “Yo soy el camino la verdad y la vida, nadie va a al
Padre sino es por mí”. Y el reflejo de Jesús de Nazaret es la persona que vive
en el mundo, juntoa mí y que reclama derechos, libertades, humanidad y dignidad
personal. Esto es lo importante, todo lo demás –fiestas incluidas- es accesorio.
Puede que importante pero absolutamente accesorio. Como bien dijo el obispo
Pedro Casaldáliga –apóstol de latoniamérica-, “todo es relativo menos Dios y el
hambre”. Pues eso.
Que tengáis una buena conclusión
del tiempo pascual entre ascensiones…etc. CAMINO VERDAD Y VIDA. No hay otra.
Fraternalmente, Floren.