La alegría de testimoniar. Domingo IV Adviento A
“Estad siempre alegres en el Señor. Os lo repito. ¡Estad alegres y que todo el mundo lo sepa! El Señor está cerca” (Flp 4,4ss)
BIENVENIDA
Hermanos y hermanas, paz y bien.
Decía San Anselmo de Canterbury: “Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales, entra un instante en ti mismo, lejos de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedica algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia”.
Por segunda vez nos encontramos en este lugar de oración. Nuestra iniciativa es la misma, orar, y preparar un camino al Señor. Probablemente estaríamos mejor en otro sitio; quizás más confortable o en otras condiciones. Pero hemos optado por este lugar de recogimiento donde nos centramos en la oración comunitaria, en la escucha de la Palabra y en la vivencia personal de cada uno de nosotros.
El adviento va tocando a su fin en este cuarto domingo. Hemos ido avanzando poco a poco, como el barco que se abre paso por aguas impetuosas. Poco a poco, como una suave brisa que nos azota el rostro y nos hace sentir con toda la crudeza, la fuerza de la naturaleza y nuestra propia realidad.
Una vez nos dijeron de Ti Señor, que “Tú tienes Palabras de vida eterna” (Salmo 18). Aquí estamos por tu Palabra, por tu enseñanza, por tu testimonio; por tu continua invitación a estar despiertos y a trabajar por la justicia.
Ojalá tu Espíritu nos asista en esta hora, para saber estar y compartir; para abrirnos a la escucha de tu palabra, pues tenemos la necesidad y la alegría de ser tus testigos en el mundo y evangelizar con nuestra vida; llenos de esperanza ante la inminente llegada de Jesús a nuestros corazones. El pequeño Mesías prometido y que nacerá en la bendita aldea de Belén.
CANTO - Vienen con alegría
VIENEN CON ALEGRÍA SEÑOR,
CANTANDO VIENEN CON ALEGRÍA, SEÑOR,
LOS QUE CAMINAN POR LA VIDA, SEÑOR,
SEMBRANDO TU PAZ Y AMOR.
Vienen trayendo la esperanza
a un mundo cargado de ansiedad
a un mundo que busca y que no alcanza
caminos de amor y de amistad.
(Estribillo)
Vienen trayendo entre sus manos
esfuerzos de hermanos por la paz,
deseos de un mundo más humano
que nacen del bien y la verdad.
Encendido
de la cuarta Vela -blanca- de la Corona de Adviento y acto penitencial. (Padre
David)
Padre bueno que nos amas y nos buscas; encendemos la cuarta vela que nos anuncia y alumbra la inminente llegada de Enmanuel –Dios con nosotros-. Pidiéndote que esta luz nos llene de alegría renovada e ilusionante, fortalezca nuestros esfuerzos, ilumine los caminos y alumbre nuestros corazones. Necesitamos su calor y su fuerza, para seguir con mayor ahínco en la búsqueda de la justicia y la paz. Necesitamos la esperanza que representa la venida de Jesús para estar alegres. Cristo, al que esperamos y lo vivimos, es ejemplo y ayuda. Que su Espíritu nos asista ahora y siempre, pues en ocasiones naufragamos en el intento de ser testigos tuyos.
Tras el
encendido de la vela, pedimos perdón al Señor por las ocasiones en las que no
hemos estado alegres, pudiendo estarlo.
-Señor; por las ocasiones en las que hemos agotado la alegría que representas con nuestras incesantes quejas: Señor, ten piedad…
-Señor, por haber sonreído solamente a aquellos que nos caen bien y haber dejado de lado a los rostros anónimos de personas necesitadas de sonrisa y en las cuales tú te nos revelas: Cristo, ten piedad…
-Por no ser capaces de ver tus continuas bendiciones sobre nosotros y asumir plenamente el papel creativo que a cada uno de nosotros nos encomiendas, de ser tus manos y tus besos en el mundo, de ser abrazo y cercanía, alegría, paz y misericordia: Señor, ten piedad…
Oremos.
Señor, Dios y Padre bueno, no permitas que la falta de alegría paralice nuestra vida de fe y compromiso de caridad; guíanos al encuentro con tu Hijo Jesucristo para que de nuevo frente al gozo de su venida, podamos participar alegremente en las tareas de su reino. Por Jesucristo nuestro Señor, amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
Lectura del libro de Isaías (7,10-14):
En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»
Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.»
Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Palabra de Dios
SALMO 16
R. Nuestra alegría, es la venida del Señor.
El señor es el lote de mi heredad y de mi copa; mi suerte está en tu mano; tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré.
Bendeciré al Señor que me aconseja; hasta de noche me instruye internamente; “Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de ti”.
Por eso se me alegra el corazón y mi carne descansa serena; porque no me entregaras a la muerte ni dejaras a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciaras de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,18-24):
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN A LA LUZ DE LA PALABRA
DIOS ESTÁ CON NOSOTROS (José Antonio Pagola) (LEER CADENCIOSAMENTE)
La Navidad está tan desfigurada que parece casi imposible hoy ayudar a alguien a comprender el misterio que encierra. Tal vez hay un camino, pero lo ha de recorrer cada uno. No consiste en entender grandes explicaciones teológicas, sino en vivir una experiencia interior humilde ante Dios.
Las grandes experiencias de la vida son un regalo, pero, de ordinario, solo las viven quienes están dispuestos a recibirlas. Para vivir la experiencia del Hijo de Dios hecho hombre hay que prepararse por dentro. El evangelista Mateo nos viene a decir que Jesús, el niño que nace en Belén, es el único al que podemos llamar con toda verdad «Emmanuel», que significa «Dios con nosotros». Pero ¿qué quiere decir esto? ¿Cómo puedes tú «saber» que Dios está contigo?
Ten valor para quedarte a solas. Busca un lugar tranquilo y sosegado. Escúchate a ti mismo. Acércate silenciosamente a lo más íntimo de tu ser. Es fácil que experimentes una sensación tremenda: qué solo estás en la vida; qué lejos están todas esas personas que te rodean y a las que te sientes unido por el amor. Te quieren mucho, pero están fuera de ti.
Sigue en silencio. Tal vez sientas una impresión extraña: tú vives porque estás arraigado en una realidad inmensa y desconocida. ¿De dónde te llega la vida? ¿Qué hay en el fondo de tu ser? Si eres capaz de «aguantar» un poco más el silencio, probablemente empieces a sentir temor y, al mismo tiempo, paz. Estás ante el misterio último de tu ser. Los creyentes lo llaman Dios.
Abandónate a ese misterio con confianza. Dios te parece inmenso y lejano. Pero, si te abres a él, lo sentirás cercano. Dios está en ti sosteniendo tu fragilidad y haciéndote vivir. No es como las personas que te quieren desde fuera. Dios está en tu mismo ser.
Según Karl Rahner, «esta experiencia del corazón es la única
con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho
hombre». Ya nunca estarás solo. Nadie está solo. Dios está con nosotros. Ahora
sabes «algo» de la Navidad. Puedes celebrarla, disfrutar y felicitar. Puedes
gozar con los tuyos y ser más generoso con los que sufren y viven tristes. Dios
está contigo. (PAUSA)
PAUSA Y SEGUIMOS CON LA DINÁMICA DE
LAS 7 VELAS.
Hermanas y hermanos: Dios nuestro Padre no nos quiere tristes. A lo largo de toda la escritura, se nos ofrecen diversas pautas de cuáles deben ser las características de las personas que queremos seguir a Jesús o decimos seguirle.
Entre esas cualidades del cristiano, resaltan la alegría, como hemos escuchado en la lectura de la carta de Pablo. Motivos para el pesimismo, para estar tristes, tenemos, sí. Pero hay muchos motivos para estar alegres y mantener la alegría, en la esperanza que nos proporciona saber que Jesús vendrá; a nuestras vidas y a nuestros corazones.
No sabemos que sienten aquellas personas que no tienen fe y a las cuales respetamos y por las que oramos. Pero sentimos hoy, y aquí, la sensación que nos reconforta de ESTAR CON EL SEÑOR Y ESPERAR EN ÉL.
¡Cuidado, de no confundir todo aquello que tenemos, con la alegría de la espera!
Porque cada adviento de nuestra vida, viene como una oportunidad de oro, una oportunidad más para acercarnos al Señor; y desde ÉL, hacer evangelio junto a nuestro prójimo y nuestra comunidad eclesial y humana.
En la calle se nos espera a los hijos e hijas de Dios, y sabemos todos por experiencia, que cuando lo que se da, se da con una sonrisa; pues todo es más agradable y gratificante.
Pensemos por un momento en una navidad exenta de todo el materialismo, colores, música, regalos…etc. De todo lo que popularmente llamamos postureo y de lo que podemos participar en alguna ocasión ¿Seriamos capaces de estar alegres, sin todo aquello que verdaderamente no necesitamos?
Quizás sí, porque hay quienes no tienen nada, pero se tienen así mismos y se fundamentan en la bondad de Dios que les sostiene –a pesar de las penalidades- e igualmente se alegran por que asumen en sí mismos el Espíritu de la Navidad.
El niño que viene próximamente, Jesús, viene para alumbrar nuestra vida. El desea alumbrar para que nosotros seamos reflejo de su gloria, de su gracia, de su amor, entrega y testimonio.
Son muchos los motivos para estar alegres en el Señor. Nosotros lo vamos a expresar ahora, simbolizando en encendido de las siete velas de la alegría, como siete llamas incandescentes que presentamos al Señor y que se alumbrarán también en nuestro corazón, para no apagarse jamás he irradiar su significado a todas las gentes.
SIETE VELAS DE LA ALEGRÍA
Primera Vela: ALEGRÍA POR EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD
“Fueron corriendo y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Los pastores, por su parte, regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había dicho.” (Lucas 2,16.20)
Enciende con la llama de esta
vela oh Señor el verdadero espíritu de la navidad en el corazón de todos los
hombres y mujeres del mundo. Haz que su fuerza nos haga estar alegres en la
espera del próximo nacimiento de nuestro salvador. Haz que el Espíritu de la
Navidad, representado por la familia reunida o la carencia del afecto, y la
amistad de los amigos, la comunidad de vida y amor, nunca sea superado por
nuestra ansia por lo material, lo pasajero. ¡Debemos ser auténticos en navidad!
Vivirla con alegría, sin olvidar a aquellos cuyas necesidades son fundamentales
en estas fiestas tan entrañables. Que esta llama prenda en nosotros como la
pólvora, para que nunca renunciemos a la autenticidad de esta fiesta para la
que nos preparamos. Una fiesta que es buena noticia, alegre y festiva por tu
venida.
Segunda Vela: ALEGRÍA POR LA SENSIBILIDAD
“Jesús les dijo: –Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó fue asaltado por unos bandidos. […]Un hombre de Samaria que viajaba por el mismo camino, le vio y sintió compasión de él. Se le acercó, le curó las heridas con aceite y vino, y se las vendó.” (Lucas 10,30ª.33-34)
¡Qué acertado estuvo el Papa
Francisco, al instaurar el pasado Año de la Misericordia! El Señor quiere
misericordia, antes que sacrificios. El Señor, a lo largo de su vida muestra su
obsesión por la salud y el alimento de las personas, haciendo un claro
llamamiento a la conciencia del hombre y la mujer de hoy y de cada tiempo. Es
necesaria la misericordia, es necesaria la ternura, es imprescindible la
sensibilidad.
Encendemos ahora la vela de la
alegría por la sensibilidad, porque no pasemos de largo ante el drama humano o
el drama que vive la Madre tierra. No se puede ser de Cristo con un corazón
endurecido. No se puede Esperar al niño Jesús con el cajón repleto de
reproches. Sintamos la alegría de sentirnos parte. De alegrarnos con el que se
alegra y adolecernos con el que sufre, estén cerca o lejos. Pongamos nuestra
oración y nuestro corazón en aquellos apartados del mundo, por ser considerados
personas de segunda. Sintamos la alegría de servir, pues mitigando el dolor, mitigamos
el de Cristo.
Tercera Vela: ALEGRÍA POR LA EUCARISTÍA
“Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5,8)
Qué bueno es el pan que tú nos
das, regalo de amor, Jesús! Danos siempre Señor el pan de la eucaristía, este
pan con el que no se pasa hambre, haz que lo esperemos y necesitemos como lo
fundamental en nuestras vidas. Haz que sintamos la necesidad de partirnos y
repartirnos, de sentirnos barro en tus manos, moldeable, a tu disposición. Tu
entrega en la eucaristía fue total, la posibilidad de compartir un alimento con
los hermanos en tu nombre, Señor, es un regalo. Que nunca nos falte este pan,
Señor. Que tengamos la despensa de nuestro corazón, siempre dispuesta y repleta
para compartirlo todo en tu nombre, para así hacer comunidad de vida, amor y
alegría EN LA ESPERA. Amén.
Cuarta Vela: ALEGRÍA POR LOS ALUMBRAMIENTOS
“María dijo: “Mi alma alaba la grandeza del Señor. Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava, y desde ahora me llamarán dichosa;
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.” (Lucas 1,46-49a)
Es tiempo de espera, es tiempo de
esperanza y alegría contenida. Ilumina el camino de todas las mujeres, que como
María, están cinta y esperan alegres y nerviosas la venida de un hijo a este
mundo. Da fortaleza y valor en la adversidad a quienes tienen duda. Alumbrar
una nueva vida es siempre motivo de gozo. En el cielo… en la tierra. Que
nosotros Padre, bueno, alumbremos hijos e hijas desde nuestra vocación
cristiana; para que aprecien en nuestro vivir esperanzado la dicha de seguirte
y por ello, quieran pertenecer a Ti. Amén.
Quinta Vela: ALEGRÍA POR EL TESTIMONIO
“Dando fuertes gritos se lanzaron a una contra Esteban. Lo sacaron de la ciudad y lo apedrearon. Mientras le apedreaban, Esteban oró diciendo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu.” Luego se arrodilló y gritó con voz fuerte: “¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado!”
Habiendo dicho esto, murió.” (Hechos 7,57ss)
Encendemos la vela de la alegría
por el testimonio.
Para los barcos que navegan por alta mar, es imprescindible la luz de los faros que le anuncian la cercanía de la costa, para que no naufraguen en los rompientes y poder seguir su singladura sin temor alguno. Para los cristianos de hoy, es una alegría poder contar con el testimonio de personas que dieron su vida, por la causa del evangelio. A Dios se le experimenta de muchas maneras, en la alegría y en la adversidad. A los que a duras penas conseguimos poner nuestros pies en las huellas de Jesús, debe de reconfortarnos estos ejemplos de seres que lo dieron todo por la causa del Reino de Dios y la humanidad. Además, tenemos la alegría de poder advertir cerca de nosotros personas buenas, que hacen de la sencillez y lo cotidiano, su campo de trabajo para testimoniar la bondad de su corazón. Nuestra labor es imitarles y educar a aquellos pequeños y grandes que tenemos cerca, por medio de la bondad de nuestras actitudes. ¡Alegrémonos por los que dieron su vida por los demás! Alegrémonos por lo que hoy en día, sean creyentes o no, trabajan por un mundo mejor y más justo donde todas las personas seamos considerados hermanos. Amén.
Sexta Vela: ALEGRÍA POR EL AMOR
“Mirad que amor nos ha tenido el Padre, para llamarnos Hijos de Dios; pues lo somos. El mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Hermanos, aun no se ha manifestado lo que seremos. Pero sabemos que cuando se nos revele Jesucristo seremos semejantes a Él, porque le veremos, tal y cual es.” (1Juan 3,1-2)
Encendemos la vela de la alegría
por el amor.
¿Cuánta vida nos ha dado Dios?
¿Cuántas bondades? ¿Cuántas oportunidades de rectificar el camino errado?
¿Cuántas veces nos ha perdonado? ¿Cuántas veces no ha mostrado la realidad de
un mundo maravilloso? ¿Cuántas veces nos ha dado, sin que lo hayamos merecido?
Esto, queridas hermanas y hermano, solo se hace por amor. Porque nos quiere. Y
nos quiere con locura. Somos muchas las personas que poblamos el mundo, pero
Dios, que no hace distinciones entre raza, continente, sexo, religión o
condición social –pues para Él todos somos importantes-, Dios nos quiere a
todos y a cada uno, de manera individualizada. ¿Podemos tener alegría mayor, o
mayor satisfacción? Como muestra suprema de su amor nos envió a su hijo Jesús,
en la portentosa magnificencia de la humildad personificada; en un pequeño que
va a nacer en un establo y que es “Enmanuel”, o sea, Dios con nosotros. Dios
amor, hecho amor por nosotros; para que a alegría de amar la pasemos de boca en
boca, o mejor de nuestro corazón, hacia el corazón de los demás.
Séptima Vela: ALEGRÍA POR LA PAZ
“El Espíritu Santo, el defensor que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os he dicho. “Os dejo la paz. Mi paz os doy, pero no como la dan los que son del mundo. No os angustiéis ni tengáis miedo.” (Juan 14,25b-27)
Encendemos la vela de la alegría
por la paz.
La paz es un regalo, una
bendición, una alegría. Estar en paz es un gozo, pero crear paz es sembrar
semillas de bondad en el mundo. Hoy estamos alegres en el Señor. Mirar dentro
de unos días ese pequeño rostro de Jesús recién nacido, verle vulnerable, bebé,
sonriente o quizás haciendo pucheros… a todos nos hace enternecer nuestro
corazón y que se apodere de nosotros el sosiego, la calma, la paz. Ojalá,
Señor, tu paz llegué a nuestros corazones en su plenitud. Para que siendo
personas pacificas, contagiemos a los demás la alegría de vivir la paz, de
vivirla contigo y desde Ti, ser personas en el mundo, de PAZ Y BIEN.
COMPARTIMOS UNA PLEGARIA DE ADVIENTO.
EL ADVIENTO DE JOSÉ Y MARÍA (Florentino Ulibarri)
Ojos limpios y serenos
para otear el horizonte sin miedo
y verte en otros rostros siempre.
Brazos fuertes y extendidos
para abrazar con seguridad y mimo
a todos los débiles y perdidos.
Manos suaves y cálidas
para acariciar a ancianos y niños
y crear redes de vida.
Oídos abiertos y atentos
para escuchar los susurros y gritos
y llegar a tiempo a tu encuentro.
Olfato sensible y bien dispuesto
para percibir las fragancias y olores
que te preceden y hacen presente.
Pies firmes y ligeros
para andar por la vida
siguiendo tu brisa y tus sendas.
Corazón tierno y grande
para sentir tus latidos
en este aquí y ahora que vivimos.
Entrañas maternales
para acogerte siempre
aunque nos sorprendas y descoloques...
en las noches oscuras
y en las alboradas,
vengan con pesadillas o blanca escarcha.
Así es el Adviento de José y María,
Así queremos que sea el nuestro cada día.
BENDICIÓN Y DESPEDIDA (Padre
David)
Ven, Señor.
Sigue viniendo.
No te canses de venir, en espíritu, en palabra, en verdad y vida.
Ven a este mundo que hambre de sentido y de esperanza.
Ven a habitar cada horizonte.
Ven a sacudir las inercias, a avivar los amores apagados, a calentar los hogares fríos, ven.
Ven, de nuevo niño, a mostrarnos esa fragilidad poderosa del Dios pequeño.
Ven a enseñarnos la alegría de vivir y a considerar cada día una bendición tuya.
Sigue viniendo, contra viento y marea, contra escepticismos y rutinas, contra dudas y atrofias. Amén.
+ Y la bendición de Dios todo bondadoso, Padre, Hijo y Esp Sto…