CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

miércoles, 10 de octubre de 2012

COHERENCIA Y ALEGRÍA, ACTITUDES ANTE EL EVANGELIO DEL DOMINGO.


LA SALADA, OFICIO DE COMPLETAS
 
Acabo el domingo ahora.

Una cena a base de setas y una pequeña ensalada, y el corazón agradecido al Señor fundamentalmente.

Hoy en vísperas, aquí en mi aldea dije gracias al Señor; por el día, por el ánimo de cada persona y la alegría que se manifiesta en los rostros de las personas.

Y es que, el Evangelio de este domingo nos habla de muchas cosas. Nos habla de matrimonio como compromiso y dación mutua entre personas que se aman. Nos habla de realidad sacramental y la humildad, sencillez y generosidad de corazón al descubrir a Jesús y vivirle en la vida. Nos habla el evangelio de dignidad e igualdad ante los ojos de Dios.

Muchas cosas, y todas de mucho contenido.

Me quedo con una, de la cual tengo mucho que aprender. Fidelidad a lo que somos.

¿Se nos olvida acaso, que las aguas bautismales nos introdujeron junto a la educación de nuestros padres, en el hermoso sendero de seguir las huellas de Jesús?

De coherencia está necesitado el Reino de Dios. Lo está. De certeza en la convicción de que los pobres y desfavorecidos son los preferidos del Señor. Certeza de que cada cual debe descifrar el rostro de Jesús en su mundo y en su ambiente, favoreciendo aquellas actitudes que deben adornar a que es, o dice ser Hijo de Dios.

Hoy profesó un amigo monje trapense, y en la hermosa ceremonia cuya alegría recordaremos durante mucho tiempo, reconocí mi propia necesidad de ser fiel al camino comenzado hace tiempo.

¿Dónde está nuestra felicidad? Hoy estaba en el rostro del amigo profeso, en el de sus padres, hermanos y familia –llorosos en la feliz ocasión-. La felicidad estaba en el rostro de los hermanos monjes de Santa María de las Escalonias. Estaba en el rostro de aquellos que gustamos de compartir con ellos la oración y junto a ellos nos sentimos unidos espiritualmente.

Hoy pido al Señor, por todos aquellos que como Marta, supieron reconocer esa parte fascinante del rostro del Señor que no puede dejarse escapar.

Pido al Señor, para que los que no pueden alegrarse, encuentren en nosotros un motivo para –al menos- hallar esperanza.