CARTUJO CON LICENCIA PROPIA

miércoles, 26 de mayo de 2010

SANTÍSIMA TRINIDAD - GUIÓN DE LA ORACIÓN

La Trinidad Misericordiosa

“... y el hombre está en el centro; al centro de toda la atención llena de ternura y de misericordia de Dios.”

*BIENVENIDA AL ENCUENTRO DE ORACIÓN.
         Hermanos en el sacerdocio, queridos y queridas catequistas, hermanas y hermanos todos en el Señor, sed bienvenidos a esta Iglesia de la Milagrosa en la que hoy Solemnidad de la Santísima Trinidad nos reunimos como siempre para presente hacer a Jesucristo en medio de nosotros.
         Hermanos, el Dios de Jesucristo, nuestro Señor, no es un Dios lejano, solitario y encerrado en sí mismo. Dios es vida compartida, comunión de personas que se aman. Es tan cercano a nosotros que “en Él vivimos, nos movemos y existimos”. Creer en la Trinidad es aceptar que el origen, el camino y el destino de la vida, Trinidad es el amor compartido. No celebramos esta fiesta para entender racionalmente el misterio y mucho menos para explicarlo con imágenes humanas, geométricas o vegetales. En el Evangelio de Juan se nos dice que es el Espíritu el que nos llevará a la verdad plena. En nombre de la Trinidad hemos nacido a la vida de fe y en su nombre hacemos la señal de la cruz mil veces.
         Pero; ¿somos conscientes del lugar que ocupo yo frente al misterio de la Trinidad?. Bondad del Padre hacia nosotros que nos ha creado y situado en el mundo en el cual nos guía y orienta, bondad del Hijo venido al mundo en carne humana y dado a nosotros en la cruz como ejemplo de sumo amor, bondad de un Espíritu que se nos ha dado para que nos mantengamos en la unidad bajo el vínculo de la paz.
         Mis queridos hermanos, estas tres bondades se proyectan hacia el hombre para que éste experimente la gracia de ser amado y guiado por el buen camino. “Yo soy el camino la verdad y la vida; nadie va al padre si no es por mí”. Por eso hermanos el camino para conocer a la Trinidad es la experiencia de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo. Tres mismos proyectos de amor que proyectados hacia el hombre pretenden que nuestro cristianismo verdaderamente vivido y constantemente renovado, sea un sacramento de vida y amor realizado por el hombre y en los hombres para dar verdadera gloria a Dios. -“No sólo el que me dice ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos; si no el que me alaba por medio de la fe y de las obras”, dice Jesús.

*INTRODUCCIÓN AL HIMNO “DESBORDAMIENTO”.
“Kejaritomene”, dijo el ángel a la Virgen cuando se le apareció, esto es: llena de gracia. Cuando ofreces agua a alguien que te ha pedido un vaso lleno, seguro que lleno no lo ofreces porque se te derrama, siempre queda un vacío para evitar precisamente el derramamiento. Sin embargo, así estaba María repleta de la gracia de Dios, ya no cabía mas gracia. Nosotros hoy aquí, podemos y debemos de respirar hondo y llenarnos de Dios porque el nos ama, podemos estar convencidos de ello. Hoy aquí no cabe lugar para el agorero o pesimista, celebramos con gozo, celebramos con alegría y celebramos con la esperanza de ser mejores y ser merecedores de este desbordamiento de amor que sufre Dios hacia nosotros. Leemos todos...

*HIMNO (todos)
Desbordamiento

Dios, Amor y Palabra eternamente pronunciada,
canción y sinfonía.
Padre e Hijo se contemplan risueños y se admiran
en el espejo Santo del Espíritu.
Encuentro, vibración y sintonía,
Comunión trinitaria que trasciende
en éxtasis, oh Dios, que se renueva,
que desborda.
Desbordan el Amor y la Palabra,
llegando hasta nosotros los ecos y latidos.
Hay signos de presencia trinitaria
en la profundidad del ser, de toda vida.
Somos eco y latido desbordado
de ese Dios que dialoga y que nos ama,
llenaremos el mundo con la música
que late trinitaria
en las entrañas.
Unamos a los hombres y los pueblos
con lazos entrañables del Espíritu,
con la “lengua común”, que es del Espíritu
y con el “beso santo”, su toque delicado.

*ACTO PENITENCIAL
Hermanos al comienzo de nuestra celebración, nos ponemos en manos de Dios nuestro Padre, y le pedimos humildemente que abra nuestros corazones a la fuerza de su Espíritu Santo, para que la escucha de su Palabra y el desarrollo de esta celebración, nos hagan sentirnos verdaderamente llenos de Dios.
        


Soy yo el que ofendí, y tú el ofendido,
         aunque tú eres el Señor, y yo criatura:
         yo soy el mal siervo, y tú el mas servido.
         Tú eres mi hacedor, y yo tu hechura:
         yo soy el barro, tú el alfarero:
         tú el poderoso, yo una vil basura.
         Yo soy, Señor, quien te dejó primero,
y eres tú quien primero me buscaste,
y yo el que ahora se vuelve a ti postrero.
Tú eres quien mil veces me llamaste:
yo soy quien te cerró otras mil puertas,
y tú eres quien tras ellas te quedaste.
Yo soy, Señor, quien tiene el alma muerta:
tú eres vida en quien podrá valerse;
yo soy el dormido, y tú quien lo despierta.
Oh, si un “pequé” bastase, y un dolerse,
para que me perdonases mi pecado,
¡que gloria a quien tal pudiera verse!
Dios mío, heme aquí, yo he pecado,
Señor, con tu gran ira no me asombres;
levanta al que a tus pies se ha derrocado.
(Pierre Malon de Chaide)
*ORACIÓN COLECTA (d.manuel)
Oremos; Cumple, Señor, en nosotros tu promesa:
derrama tu Espíritu Santo
a los que nos alegramos en la Solemnidad
de la Santísima Trinidad
para que nos haga ante el mundo
testigos valientes del evangelio de Jesucristo,
que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

*LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro del Eclesiástico 2,1-11a. 

            Hijo, si te decides a servir al Señor,
prepara tu alma para la prueba.
Endereza tu corazón y mantente firme,
en tiempo de infortunio no te inquietes.
Pégate al él y no te alejes,
para que tengas buen éxito en tus últimos días.
Todo cuanto te sobrevenga acéptalo,
y en los reveses de la prueba sé paciente.
Porque en el fuego se prueba el oro,
y los elegidos del Señor en el horno de la humillación.
Confía en él y él te acogerá,
endereza tus caminos y espera en él.
Los que teméis al Señor esperad en su misericordia,
no os desviéis para que no caigáis.
Los que teméis al Señor esperad sus bienes,
la alegría perpetua y la misericordia.
Volved los ojos a las generaciones pasadas y ved.
¿Quién confió en el Señor y fue defraudado,
o quién confió en su temor y fue abandonado,
o quién lo invocó y fue despreciado.
Porque el Señor es compasivo
y misericordioso.

Palabra de Dios

Lectura del Salmo 40. (gilena)
Guárdanos Señor, en tu amor y misericordia.

En el Señor he puesto toda mi esperanza,
él se inclinó hacia mí y escucho mi grito;
puso mis pies sobre la roca,
aseguró mis pasos.

Guárdanos Señor, en tu amor y misericordia

Dichoso el hombre que en el Señor
ha puesto toda su confianza,
y no se ha ido con los arrogantes
ni con los que se pierden en engaños.

Guárdanos Señor, en tu amor y misericordia

No he dejado de hablar de tu justicia,
he proclamado tu lealtad y tu salvación,
no he ocultado tu amor
y tu fidelidad a la gran asamblea.

Guárdanos Señor, en tu amor y misericordia

Que se alegren y se regocijen en ti
todos los que te buscan;
que no dejen de decir:
“¡¡Dios es grande!!”

Guárdanos Señor, en tu amor y misericordia

*PREPARACIÓN A LA LECTURA EVANGELICA
         Hermanos y hermanas, hoy nos vamos enfrentar a un texto del Evangelio de Lucas. Lucas es llamado el “evangelista de la misericordia de Dios”.
         Dios y el Espíritu Santo, en la persona de Jesús es el salvador y nos salva – no desde el poder, o el tener; sino desde la misericordia. Jesús salva desde la misericordia pero ¿dónde podemos encontrar a este Jesús?. Existen en el evangelio de Lucas dos narraciones que nos explican lugares en los que de una manera más genuina podemos encontrarnos personalmente con el Dios de la misericordia y la ternura. Una de ellas es “los discípulos de Emaús” donde es descubierta la presencia de Jesús en la eucaristía (fracción del pan), otra es la parábola del “Buen samaritano” donde se nos indica que nos encontramos con Dios cada vez nos acercamos al dolor de los hermanos, y nos alejamos del mismo si evadimos el mismo dolor. (...) Hacemos un momento de silencio y le rogamos a Dios, nuestro Padre, que abra nuestros corazones para entender y saber discernir su palabra. (...)
           
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas.10,25-37.

En esto se levantó un jurista y le preguntó
para ponerlo a prueba:
-Maestro,
¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
El le dijo:
-¿Qué está escrito en la ley?
¿Cómo es eso que recitas?
El jurista contestó:
-“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma,
con todas tus fuerzas y con toda tu mente.
Y a tu prójimo como a ti mismo”.
El le dijo:
-Bien contestado. Haz eso y tendrás vida.
Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:
-Y ¿quién es mi prójimo?
Jesús le contestó:
-Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó
y lo asaltaron unos bandidos; lo desnudaron,
lo molieron a palos y se marcharon
dejándolo medio muerto.
Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino;
al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.
Lo mismo hizo un clérigo que llegó a aquel sitio;
al verlo dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un samaritano, que iba de viaje,
llegó a donde estaba el hombre y,
al verlo, le dio lastima;
se acercó a él y le vendó las heridas,
echándoles aceite y vino;
luego lo montó en su propia cabalgadura,
lo llevó a una posada y lo cuidó.
Al día siguiente sacó unas monedas y,
dándoselos al posadero, le dijo:
-“Cuida de él, y los que gastes de más
te lo pagaré a la vuelta”.
Dijo Jesús:
-¿Que te parece?
¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó
en manos de los bandidos?
El letrado contestó:
-El que tuvo misericordia de él.
Jesús le dijo:
-Pues anda, haz tú lo mismo.

Palabra del Señor

(después de la proclamación del evangelio debes de leerlo de una manera interiorizada)
*Explicación del dibujo “Trinidad Misericordiosa”.
Panel realizado en arcilla por Sr. Caritas Müller.

*Reflexión a la luz de la Trinidad y el Evangelio.
            -El hombre está en el centro del amor de Dios. 
En el centro, para Dios, está el hombre, débil, pequeño, que no ha encontrado todavía su estatura de hombre. Es lo que Jesús nos ha revelado: durante toda su vida pone en el centro de su vida y de su acción a los hombres más pobres, los más débiles, los que no cuentan para nada, los desechados. Los que sufren y los pecadores. El hombre, cada uno personalmente, cuenta tanto a los ojos de Dios que lo coloca en el centro de sus preocupaciones. Toda la atención de Dios está centrada sobre su criatura. Se nos dice en el libro del Profeta Isaías:
“Yo te he llamado por tu nombre, tu eres mío... Eres precioso a mis ojos, eres estimado y yo te amo”. (Is 43, 1-5)


-El Padre en el Hijo (por el Espíritu Santo) se preocupan del hombre.
¿Quién es el Padre Creador, quién es el Hijo, Jesucristo?. Su intención es idéntica. Actitudes y gestos lo demuestran: una misma atención, un mismo amor apasionado los estimulan hacia el hombre. Un mismo amor hacia el hombre anima a la Santísima Trinidad. Se nos dice en el evangelio de Juan:
“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Yo no hago nada fuera del Padre.” (Jn 14,9-11)


-Padre e Hijo se preocupan por el hombre, creado del barro de la tierra.
El hombre, en el centro, es la figura más oscura de todas. Color de tierra es su color. Un ser creado por Dios, y que estaría sin vida, si esta no se la hubiese dado el Creador. Canta el salmista:
“Que es el hombre para que te acuerdes de él, para que te preocupes de él. Lo hiciste poco inferior a los ángeles” (Sal 8) Y se nos dice en el libro del Génesis: “Dios insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente”. (Gén 2,7)
                Es lo que recuerda el personaje de la derecha: un beso, un soplo de vida... Dios quiere tener al hombre, un ser viviente, como interlocutor, un hombre capaz de responder a su llamada a la vida. Desea un ser viviente, capaz de amar y asemejársele.


El hombre, imagen de Dios, llamado a responder y cooperar en el Reino de Dios llegado hasta nosotros
            “El Reino de Dios está en medio de vosotros” (lc 4,16-21). La venida del Reino de Dios en medio de nosotros, Jesús lo ha manifestado en toda su vida: “He venido a liberar a los cautivos, a devolver la vista a los ciegos” (lc14,16-21). Y nuestra vocación como cristianos es continuar la obra de Dios en el mundo: “Si yo, el Señor y Maestro, os he lavo los piés, también vosotros debéis hacer lo mismo. Bienaventurados si lo hacéis” (Jn13,14).
            En Iglesia, en un mismo amor, poner al pobre en el centro, al otro, devolverle su dignidad, darle la oportunidad de vivir el paso de la servidumbre al servicio.
 
¿Sirvo a la Trinidad, o soy servido por la Trinidad?
Cuando consigas ser consciente de que as sido sacado/a de las manos y amor de Dios, quizás entonces te empeñes en serle fiel y llegues a  ser todo vivencia y servicio de Dios. Con su ayuda y la de los hermanos llegaras algún día a estar tan absorbido por Dios que todo tu serás Él mismo. Leemos todos...

*Para compartir   
Mi fuerza y mi fracaso eres Tú, mi herencia y mi pobreza.
                Tú mi justicia, Jesús. Mi guerra y mi paz,
¡mi libre libertad! Mi muerte y mi vida, Tú.
Palabra de mis gritos, silencio de mi espera,
testigo de mis sueños, ¡Cruz de mi cruz!
Causa de mi amargura, perdón de mi egoísmo,
crimen de mi proceso, juez de mi pobre llanto,
razón de mi esperanza; ¡Tú!
Mi tierra prometida, eres Tú...
La pascua de mi Pascua, la eterna Navidad de mi vida,
¡nuestra gloria por siempre, Señor Jesús!


(guionista) Ahora vamos a compartir con el grupo nuestros pensamientos

*Clausura de la oración. (a 2 coros)

Salmo de corazón abierto.”
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo.
por ti, que me llamas de nuevo a la existencia,
por ti, que animas mi vida y la despiertas.
por ti, que abres mi corazón a la luz
y lo llamas a estar atento, vigilante.
Por ti, que me quieres presente, unificado,
todo entero y en armonía.

Tú me das razón para existir.
Tu vida; es el sentido de mi existencia.
Tu lealtad vale más que la vida.
Tu amistad, más que todos los triunfos.
Quiero saciarme de tu presencia.
Quiero llenarme de tu Santo Espíritu.
Quiero sentirme en plenitud de tu gracia.

Mi corazón se alegra contigo, Dios mío
porque mi vida te pertenece.
Mi corazón se alegra contigo, Dios mío,
porque tu Vida me pertenece.

Oh Dios, por ti siempre estoy despierto,
por ti, me mantengo en pie, en vela,
por ti espero cuando mi vida se sume en la tiniebla;
se que eres un Dios y Padre al que no hay que temer
sino querer y confiar como nos quieres Tu.
Orar a pié descalzo

*ORACIÓN FINAL
Oremos.
Te pedimos, Padre de bondad,
que continúes favoreciendo a estos hijos tuyos
enviados al mundo como heraldos del mensaje de Jesús
haz que, superando las dificultades de la vida,
y bajo la efusión de tu Espíritu Santo
alegren con su santidad a la Iglesia
y, por medio de sus obras y de su amor,
la hagan crecer en el mundo.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

BENDICIÓN Y FINAL DE LA CELEBRACIÓN
Se bendice al pueblo con las siguientes palabras:
Dios Padre todopoderoso, que os adoptó como hijos,
haciéndoos renacer del agua y del Espíritu Santo,
os bendiga y os haga siempre dignos de su amor.
         Amén.
El Hijo unigénito de Dios, que prometió
que el Espíritu de verdad estaría siempre en la Iglesia,
os bendiga y os fortalezca, para enseñar su mensaje.
         Amén.
El Espíritu Santo,
que encendió en el corazón de los discípulos
el fuego del amor,
os bendiga y, congregándoos en la unidad,
os conduzca a los gozos del reino eterno.
         Amén.
Y la bendición de Dios Todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
         Amén.

El párroco despide a la asamblea deseandole la paz:
Glorificad al Señor con vuestra vida. Podéis ir en paz.
Y el pueblo responde:
Demos gracias a Dios.

Esta oración fue preparada por la Delegación de Liturgia y Catequesis de la Parroquia de San Sebastián de Estepa, para celebrar un encuentro de Catequistas del Arciprestazgo de Estepa en Junio de 2004.